Detalles inútiles según Murasaki Shikibu

El Genji Monogatari (Historia de Genji) es una novela muy larga, tanto que ha habido que esperar mucho tiempo hasta que hemos podido disfrutar de una traducción íntegra (recientemente se han publicado dos al mismo tiempo ). Sin embargo, Murasaki Shikibu no gustaba de alargarse o detenerse en detalles innecesarios, como se puede comprobar por esta observación que deja caer cuando se dispone a contar una de las aventuras de Genji:

Koremitsu, para quien la idea de decepcionar a su señor era insoportable, organizó su amplia experiencia del cortejo para idear por fin una manera de introducirlo en la casa. Todo eso constituye un largo relato, por lo que, como de costumbre, lo he dejado al margen.

Para muchos autores, esa estratagema para colarse en el hogar de la amada habría sido la parte más importante del relato.


[Publicado en 2010]

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Originally posted 2018-08-19 14:20:54.

Frases hechas en el Genji

Genji conoce a una mujer de baja condición en una de sus primeras aventuras. Al despertarse en la casa de ella, escucha los primeros ruidos de la mañana, que le parecen tan sólo una “mezcolanza”, pues es incapaz de saber a qué corresponde cada uno. También escucha las conversaciones de la gente que se levanta temprano:

El alba debía de estar cerca, porque oía las rudas voces de los hombres de las casas vecinas saludándose al despertar. -¡Cielos, qué frío hace!

-No hay mucha esperanza de hacer negocio este año… ¡No iré al campo! ¡Qué vida esta!

Frases hechas, lugares comunes, que, se supone, debían evitarse a toda costa en la sofisticada corte de Heian.

Me recuerda aquel poema de Matsuo Basho que dice:

Admirable es aquel que cuando

relampaguea, no dice:

“La vida pasa como un rayo”


[Publicado en 2010]

En la ilustración: el poeta matsuo Basho. 

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Originally posted 2018-08-17 08:14:43.

Murasaki Shikibu y Cervantes

Es sin duda curioso que la obra que, según el miope canón occidental, es la primera novela moderna, el Don Quijote de Cervantes, comience casi de la misma manera que la obra que merece, al menos desde el punto de vista cronológico, esa consideración de primera novela moderna, el Genji Monogatari, de Murasaki Shikibu.

La dama de corte Murasaki Shikibu escribió el Genji hacia el año 1000. Miguel de Cervantes escribió Don Quijote seiscientos años después.

El Quijote se inicia con aquella célebre indeterminación espacial:

En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme.

El Genji con una indeterminación temporal:

En cierto reinado, ¿cuál pudo haber sido?


[Publicado en 2010]

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Genji recuerda

En uno de los primeros episodios del Genji Monogatari, el resplandeciente príncipe Genji tiene una amante de clase baja a la que visita en su casa. Por la mañana le sorprenden los ruidos vulgares de la calle, los trabajadores que se levantan temprano para empezar a trabajar, sus frases hechas y el horrible ruído de los paños estrujados y golpeados en la tabla de abatanar.

En un estupendo pasaje de la novela, tiempo después, Genji, en un momento de melancolía, echa de menos aquellos vulgares sonidos de la tabla de abatanar.

Reflexiones como estas son las que a menudo, cuando leemos el Genji monogatari, hacen ue pensemos que Murasaki Shikibu debería ser considerada una precursora de Marcel Proust.

Una mujer unta las telas con extracto de índigo, lo que, después de abatanarlas con el mazo mecánico o amano entre varios hombres y mujeres, les dará tonalidades que van del añil al índigo y al casi negro.

Telas prensadas y batea mecánica en el pequeño pueblo chino de Zaoxing. Todas las mañanas el golpear rítmico el mazo sobre la tela plegada nos despertaba en el pequeño hotel. Ahora, como le sucedía a Genji, lo que era una molestia que me impedía dormir se ha convertido también en un motivo para la nostalgia.

Ana a contraluz. A través de una de las ventanas se puede ver la esquina en la que se encontraba el mazo de abatanar.

 


[Publicado en 2010. Revisado en 2018]

La ilustración no pertenece al Genji monogatari, sino al Heike monogatari, pero la he elegido porque muestra una escena popular. Las fotografías fueron tomadas por mí en Zaoxing en 2017.

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Vínculos del pasado en el Genji Monogatari

Genji Monogatari

 

En la Historia de Genji, de Murakami Shikibu, podemos observar la influencia cada vez mayor del budismo en Japón (estamos en el año 1000), que convive con las doctrinas confucianas y la antigua religión autóctona de los kami, y tal vez con algunos rasgos taoístas llegados a través de Corea o China.

Del budismo y su insistencia en que toda acción produce un efecto, incluso en vidas o reencarnaciones sucesivas, hay bastantes ejemplos, como aquel en el que el protagonista, el joven Genji no logra explicarse por qué ama tanto a una mujer:

“Cada noche en que la discreción le mantenía alejado de ella, se sentía tan mal que pensó en llevársela a Nijó, sin que le importara quién fuese ni la vergüenza que podría sentir a causa de los chismorreos. A su pesar, se preguntaba qué vínculo del pasado podría haber despertado una pasión tan devoradora y tan nueva para él”.

Genji, en definitiva, no consigue explicarse su obsesión por aquella mujer y piensa que ello ha de deberse a algo que sucedió en una vida anterior. Desde su punto de vista, es una conclusión perfectamente razonable. Como dije en Algunas aproximaciones a la noción de Karma, la doctrina de la reencarnación parece explicar de manera coherente fenómenos como un amor o un odio súbito hacia alguien a quien ni siquiera conocemos: en realidad, ya lo odiábamos o lo amábamos en una vida anterior. Nuestros sentimientos actuales son una herencia de los que tuvimos en otras existencias.

En definitiva, la doctrina del karma, de las causas y efectos que se prolongan no en una vida sino en vidas sucesivas es una forma de las formas más extremas de causalismo (y probablemente de materialismo). Es otro ejemplo más de eso que he llamado espiritualismo materialista, el tremendo apego de los espiritualistas a las explicaciones causalistas e incluso materialistas. Se explica muy bien en El espiritualismo materialista, uno de los textos recogidos en Recuerdos de la era analógica.

Recuerdos de la era analógica Daniel TubauEL ESPIRITUALISMO MATERIALISTA  (en Recuerdos de la  era analógica)

Se trata de un examen de la asignatura «Supersticiones Antiguas». No nos sorprende la excelente calificación que obtuvo el alumno, quien, como era corriente entonces y también ahora, era estimulado a expresar no sólo datos fiables, sino también sus propias opiniones, pues ¿qué sentido tendría repetir una información que cualquiera posee?



Recuerdos de la era analógica,
una antología del futuro Amazon

¿Qué es Recuerdos de la era analógica?

 

 

 

[Publicado el 9 de febrero de 2010 en Improbable]

 

Cuaderno de Japón

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A continuación, puedes ver entradas dedicadas a Recuerdos de la era analógica encontradas en la Arqueo Red (que nosotros llamamos Internet)

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COMENTARIOS RECIBIDOS A ESTA ENTRADA

 Ana Aranda (27 de enero de 2010)

A lo mejor es eso a lo que se refiere el budismo. Al final tampoco se puede decir que ese atómo o trozo de yoquesé somos nosotros. Esto me recuerda también a San Agustín y el problema que se ma va montar el día del juicio final, sobre todo con los caníbales!!!!
je je

Daniel Tubau (27 de enero de 2010)

Bueno, en el budismo, así como en el hinduismo, se considera que nos reencarnamos enteros. Si tenemos mala suerte, en perro o en mujer, si tenemos buena suerte, en un brahman o un kasitra (guerreros). En el budismo supongo que no ponen en el mismo escalafón a perros y mujeres, cosas que sí hacen las doctrinas védicas.
Sí, lo de Agustín está muy bien observado.

  Ana Aranda (27 de enero de 2010)

Muy bueno lo que dices. Gracias por la explicación. La verdad es que lo de las reencarnaciones tiene mucho sentido si pensamos que existe algo parecido al eterno retorno. La cuestión es -y esto no sé cómo lo resuelve el budismo- en el caso de que nos reencarnáramos, quizá nuestros pequeños trocitos de cuerpos podrían reencarnarse en muchas cosas -y no sólo una- un átomo de perro, una pizca de jarrón, una ameba… en fin todo nuestro yo repartido por las cosas que hay en el mundo hasta disolvernos en algo demasiado pequeño para existir como un ser. Si bien y según dice la ciencia sería una transformación. En fin en el caso de que las reencarnaciones existieran, podríamos entender efectos como el déjà vu. Gracias de nuevo.

 Daniel Tubau (27 de enero de 2010)

Muy interesante lo que dices: nos podríamos reencarnar a la manera homeopática, disolviendo nuestro ser en millones de seres hasta hacernos tan indistinguibles e ineficaces como el agua que venden los homeópatas.
De hecho, lo que dices ya existe, como tú misma insinúas, pues nuestro cadáver se disuelve, dando vida a gusanos, insectos y nutriendo la tierra, así que por algún lado seguirá flotando una molécula o átomo que algún día perteneció a Shakespeare y que quizá compartió siglos más tarde Caruso, quien la expulsó por su poderosa garganta.

  Ana Aranda (27 de enero de 2010)

De causalismo extremo creo que lo entiendo, pero lo de materialismo se me escapa. ¿A qué te refieres?

  Daniel Tubau (27 de enero de 2010)

Sí, tienes razón, tal vez se podría imaginar un mecanismo espiritualista de trasmisión de esas causas y efectos a través de las sucesivas reencarnaciones, aunque en el budismo se suele hablar en términos bastante materiales de los espíritus o del Yo que se reencarna. Como en casi todas las creencias espiritualistas, por cierto, antes de que las grandes religiones monoteístas crearan ese absurdo que es el puro espíritu, distinto y separado de la materia. Hay que tener en cuenta que la energía es también materia en todas sus formas conocidas: electricidad, fuego, viento, calor, etc. En definitiva, lo que quería decir es que hay algo que se reencarna y ese algo es materia de algún modo, un ser. Como quizá sabes, la meta del budismo es dejar de reencarnarse, dejar de ser, convertirse en nada, que es tal vez lo que más se parece al espíritu y menos a la materia.
En fin una respuesta que espero responda a lo que dices, a pesar de lo enrevesada que me ha quedado.

Logomanía y el libro de la almohada

“A medida que va corriendo mi pluma, me voy dando cuenta de que todo esto ya está magistralmente descrito con palabras de rancio sabor en la Historia de Genyi y en El libro de la almohada. Pero que no digan que no tendría que andar repitiendo lo mismo con palabras nuevas, porque si no expresara lo que aflora en mi mente, creo que se me inflamaría el vientre de irritación y de cólera. Así que prefiero dar rienda suelta a mi pluma; faena inútil y digna de lástima. Estos papeles están destinados a la papelera y en ellos no se detendrá el ojo de nadie.”

(Kenko Yoshida, Tsurezuregusa)

Logomanía, escribir por escribir, sin ningún objeto, ambición ni otro motivo que las propias ganas de escribir. Eso le pasaba a Kenko Yoshida, que escribía sus papelitos en su choza. Eso me pasa a mí.

Recuerdo que me impresionó hace más de veinte años leer algo de Ortega acerca de un filósofo alemán al que le pasaba lo mismo. Ya lo buscaré.

Los libros que menciona Yoshida en su papelito de la choza son dos clásicos japoneses escritos por cortesanas: La historia de Genji, de Murasaki Shibiku y El libro de la almohada, de Sei Shoganon.

Las dos vivieron hacia el año mil e incluso se conocieron, aunque, si recuerdo bien, no se apreciaban. La historia de Genji se considera la primera novela de la historia, aunque creo que hay novelas anteriores, como El asno de oro, de Apuleyo. Tal vez se podría decir que, aunque esté escrita en verso, que la primera novela de la historia es ta,bién casi la primera obra literaria de la historia: El poema de Gilgamesh, mi libro favorito. Y también las obras de Homero, posteriores.

En el Libro de la almohada, Sei Shonagon describe la vida en la corte, y enumera qué cosas le gustan y qué cosas no le gustan. Por ejemplo, dice en el capítulo Cosas deprimentes:

“Estoy escuchando absorta un relato, y de pronto alguien se entromete intentando probar que es la única persona ingeniosa de la reunión. Aborrecible persona.”

“Es bastante tarde y una dama está esperando a un visitante esa noche. Como oye finalmente un golpeteo furtivo, envía a su criada a abrir el portón y espera excitada. Pero el nombre anunciado por la criada es el de alguien por quien no tiene el menor interés. De todas las cosas deprimentes, ésta es de lejos la peor”

Un libro delicioso que, como Kenko Yoshida, yo también empecé a imitar en La almohadilla digital.

*********
[Entrada publicada en Tsurezuregusa el 6 de octubre de 2004]

  

 


 

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