Siete maneras de ser, según los jainistas

Los jainistas pensaban o piensan que cuando respondemos acerca de lo que una cosa es, no existen  dos posibilidades (es/no es), sino siete. Me pregunto cuáles son.

Tal vez:

1- Sí es

2. No es

3. Sí es y no es

4. Sí es, pero no es

5. No es, pero sí es

6. Ni sí es ni no es

7. Todas las anteriores posibilidades juntas.

[Publicado en la red el 16 de octubre de 2004]

Mahavira, creador del jainismo

Mahavira, creador del jainismo

 

COMENTARIO EN 2013:

Escribí lo anterior tras leer en la página 19 del libro El jainismo, que Agustín Pániker hablaba de esas siete posibilidades. Probablemente leí el libro y aventuré mi hipótesis acerca de las siete respuestas antes de la fecha en la que publiqué la entrada (2004). No sé si más adelante en el libro llega a explicarlo con más detalle, pero ahora la curiosidad me ha llevado a buscar cuáles son esas siete posibilidades del ser (lo que en filosofía se llamaría el estatus ontológico de algo). He encontrado esta explicación en la Wikipedia inglesa:

La teoría syādvāda de la predicación condicionada aconseja que toda frase sea precedida por el epíteto syād, que significa algo así como “quizá” o “tal vez”, pero que en el contexto de syādvāda significa “en cierto modo” o “desde cierta perspectiva”. Por eso, las siete manera de decir que algo es, son:

  • syād-asti— en cierto modo, es 
  • syād-nāsti— en cierto modo, no es
  • syād-asti-nāsti—en cierto modo es y no es
  • syād-asti-avaktavyaḥ—en cierto modo es y es indescifrable
  • syād-nāsti-avaktavyaḥ—en cierto modo no es y es indescifrable
  • syād-asti-nāsti-avaktavyaḥ—en cierto modo es y no es y es indescifrable
  • syād-avaktavyaḥ—en cierto modo es indescifrable

Como se ve, algunas de las posibilidades de las que habla el sistema syādvāda coinciden con las que yo proponía, pero otras quizá (o syād, como dirían ellos) son diferentes. Estudiaré las diferencias, pero aquí sólo apuntaré algunas ideas o sugerencias que me vienen a la cabeza tras leer esta entrada:

  • Intentar adivinar: un buen método creativo consiste en que cuando uno se encuentra ante un planteamiento como “Los jainas pensabas que había siete maneras de responder ante la pregunta acerca de qué es una cosa”, es bueno interrumpir la lectura y, en vez de leer el desenlace o explicación, intentar adivinarlo. De este modo, a veces se llega a resultados tan interesantes como la respuesta correcta. En ocasiones quizá más interesantes. En otra ocasión hablé de un método semejante, el que consiste en entender mal las cosas: Cómo tener buenas ideas entendiendo mal las cosas.
  • El gusto de la teoría syādvāda, y en general de la llamada doctrina jaina del Anekantavada (un sistema pluralista que tiene en cuanta los diferentes puntos de vista posibles acerca de lo real) por los “quizás”, “tal vez” y “desde cierto punto de vista” me recuerda algún delicioso párrafo de Montaigne en el que explica cómo le gusta leer afirmaciones en las que los quizá, los puede ser, los tal vez y los podría ser se suceden, mostrando la duda escéptica, tan necesaria en la buena filosofía, en la vida sensata y en la relación y discusión con los demás. A mí también me encantan, y también los empleo, pero no como fórmula retórica (algo que sí hacen algunos) sino con verdadera convicción, si es que expresar la duda puede tener la cualidad de la convicción (supongo que sí). Como es obvio, he practicado esto muy a menudo en mis libros, en especial en Las paradojas del guionista y, por supuesto, en Nada es lo que es, el problema de la identidad, que es quizá una ilustración (sin yo saberlo, pues creo que ni siquiera menciono al jainismo) del sistema anekantavada, como su título parece indicar (“Nada es lo que es”).
  • También me recuerda algunas de las propuestas de la Semántica General de Alfred Korzybsky, que señalan la relatividad de ciertas afirmaciones, según el contexto, la perspectiva o el alcance que se les quiere dar. Por ejemplo aquello que proponía Korzybsky de usar subíndices con la fecha cuando nos referimos a una persona:

“Korzybsky sugería añadir subíndices a los términos empleados en una discusión, para así librarse de la idea de identificar cosas que, aunque lo parezcan, no son idénticas: A1 no es A2, es decir, la vaca1 no es la vaca2, el político1 no es el político2. También se pueden añadir fechas: Londres1665 no es Londres2006; Fidel Castro1957 no es Fidel Castro1962 ni Fidel Castro2007; Wittgenstein1921 no es Wittgenstein1953.

Este último ejemplo, nos permite observar que en el mundo filosófico a menudo se aplica una técnica equivalente a los subíndices, ya que se habla del Primer Wittgenstein y del Segundo Wittgenstein. El primero escribió el Tractatus Logico-Philosophicus y creía en un lenguaje filosófico basado en la lógica; el segundo escribió las Investigaciones lógicas, y estaba más interesado en observar el lenguaje que en dictaminar qué es lo que había que hacer con él.”  (Nada es lo que es).

  • También, por supuesto, me recuerda algunas distinciones presocráticas acerca de lo que es y lo que no es y las categorías de Aristóteles, acerca de las diversas cosas que se puede decir del ser de un ente o predicar de un sujeto. Y la duda metódica de Descartes (Descartes, dudas y certezas) y todo lo relacionado con el escepticismo clásico y moderno, que me llevó a editar mi revista Esklepsis (escepticismo/eclecticismo). A lo que habría que añadir mi lento comentario al Zhuangzi (Lectura del Zhuangzi) y todas mis disquisiciones acerca de la Escuela de los Nombres china y la paradoja de Gongsung Long que dice: “Un caballo blanco no es un caballo“.
  • Y me recuerda también a mis Variaciones ontológicas, donde intento examinar las diversas posibilidades del ser y el no ser. Hace poco subí la primera, que debió resultar incomprensible para los lectores que encontraran esa entrada por causalidad, sin saber que es el inicio de una serie: Todo es.

Como se ve, este tema de lo que es y no es, siempre me ha interesado mucho.

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Nada es lo que es tiene buena distribución en toda España, pero aquí tienes la dirección de algunas librerías. Si no lo encuentras, escríbeme a este correo: danieltubau@gmail.com

  • Ali I Truc, LLibreria

965453864. Passeig de les Eres de Santa Llucia, 5 y 7 . Elche CP 03202 (Alicante)

93 3181739. C/ Pau Claris, 85. Barcelona CP 08010 (Barcelona)

987223987. Pl. Santo Domingo, 4. León CP 24001 (León)

941 25 17 62. Portales, 23. Logorño CP 26001 (Rioja, La)

975 220 599. Plaza El Rosel y San Blas, 3. Soria CP 42002 (Soria)

985170080. San Bernardo 31. Gijón CP 33201 (Asturias)

947201443. Plaza Mayor 22. Burgos CP 09003 (Burgos)

985207761. C/ Doctor Casal, 9. Oviedo CP 33001 (Asturias)

950 235613. C/ Reyes Católicos, 17. Almería CP 04001 (Almería)

  • Publics, Librería

965780543. C/ Patricio Ferrandiz, 16-B . Denia CP 03700 (Alicante)

958 536910. C/ Obispo Hurtado, 5. Granada CP 18002 (Granada)

941 252 955 . C/Doctores Castroviejo, 19. Logroño CP 26003 (Rioja, La)

965219712. Avda. General Marvá Nº14 . Alicante CP 03004 (Alicante)

983 213560. C/ Teresa Gil, 12. Valladolid CP 47002 (Valladolid)

950235265. Plaza Santa Rita, 2. Almería CP 04004 (Almería)

 

Si quieres encontrarlo en Madrid, ponte en contacto conmigo: danieltubau@gmail.com

 

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¿Qué es Nada es lo que es?

“Daniel Tubau estudió filosofía pero no es filósofo; tampoco es guionista ni director, aunque haya ejercido esas profesiones durante más de veinte años. Su nombre en la portada de este libro parece indicar que es su autor, aunque el título, Nada es lo que es, también nos hace dudar. Esa es precisamente la intención de Daniel Tubau al examinar el complejo problema de la identidad: hacernos dudar, invitarnos a reflexionar sobre lo que creemos. Es una invitación sugerente, irresistible, cautivadora, en el estilo de los escépticos antiguos, para quienes skepsis, escepticismo, no significaba una negación caprichosa o displicente, sino una invitación a “seguir investigando” y a moderar las afirmaciones dogmáticas. En Nada es lo que es, Daniel Tubau nos propone una investigación acerca de la identidad de las cosas, de los conceptos, de las ideas, de las naciones y de nosotros mismos; una investigación que nos llevará, a lo largo de un viaje fascinante, desde la Grecia mítica de Teseo a la India arcaica, desde la China de los Reinos Combatientes a la Inglaterra victoriana de Sherlock Holmes, desde el Japón de la época Tokugawa a un inquietante pero cercano futuro.”

(Texto de la contraportada)

 

En esta página dedicada a Nada es lo que es, puedes ver entradas relacionadas con el libro, pero que también añaden nuevos contenidos o incluso temas que no se tratan en el libro.


Nada es lo que es

Helena de Troya y su doble

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¿Qué es Nada es lo que es?

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Prejuicios y reacciones de identificación

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Todo lo que es Nada es lo que es

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La identidad y el chiste de Epicarmo

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La identidad y el chiste de Epicarmo

En una de las historietas de Filocomic hice un chiste a partir de una escena que al parecer tenía lugar en una comedia de Epicarmo. En el chiste decidí poner a Heráclito y Diógenes el cínico como protagonistas. Lo reproduzco aquí.

 

 

Sin embargo, parece que Epicarmo no empleó, como sucede en el chiste, el argumento de Heráclito de que todo fluye para negar la identidad, o al menos no de manera directa, sino que el deudor planteaba más o menos lo siguiente:

DEUDOR: Si tienes una cantidad determinada y le quitas una parte entonces ya no tienes esa cantidad. ¿De acuerdo?

ACREEDOR: Así es.

DEUDOR: Entonces yo no soy ya la misma persona que te pidió el dinero, puesto que los seres humanos nos vamos trasformando a cada momento.

El acreedor entonces se quedaba callado, sin saber qué decir, pero finalmente le daba un puñetazo al deudor. Desde el suelo, el deudor se lamentaba y le preguntaba por qué le había pegado. El otro le ayudaba a levantarse amablemente y le decía:

ACREEDOR: Siento lo que te ha sucedido, pero yo no tengo la culpa, porque yo ya no soy el mismo hombre que te dio el puñetazo.

Como se ve, existen muchas maneras de poner en duda la noción de identidad, o al menos la de la identidad continua a través del tiempo. En los primeros capítulos de Nada es lo que es me he referido a varias de ellas, algunas fascinantes, como el problema (también de origen griego) llamado “el barco de Teseo”; o ese otro dilema que aparece en un libro grecoindio delicioso, Las preguntas de Milinda; o el que en el cuento japonés La joven de Edo, sirve para resolver una disputa amorosa; entre otros muchos ejemplos, puesto que todo el libro está dedicado al problema de la identidad.

Pero el argumento de Epicarmo tiene también relación con reflexiones lógicas más complejas, que evité tratar en mi libro, acerca de los todos y las partes.

Veamos una de estas reflexiones.

Algunos filósofos antiguos planteaban lo siguiente:

Si una persona no fuera idéntica a la suma de las partes que la constituyen (por ejemplo, sus átomos o las diversas partes de su cuerpo), entonces deberíamos pensar que en un mismo lugar puede haber dos cosas al mismo tiempo, lo que es imposible: un hombre y la suma de sus partes.

Para evitar ese absurdo, debemos concluir que una persona es lo mismo que todas las partes que lo constituyen. En tal caso, si una de esas partes deja de existir, por ejemplo unas cuantas células (cada segundo mueren y nacen nuevas células), entonces ninguna persona puede ser la misma que aquella que estaba allí cinco minutos antes.

Estos enredos, tremendamente ingeniosos pero aparentemente sin sentido u ociosos, dieron mucho trabajo a Crisipo de Solos, tercer director de la escuela estoica o Stoa, que escribió más de 700 libros y se ocupó de los todos y sus partes, y de si las personas siguen siendo las mismas personas si, por ejemplo, pierden una pierna (ese es el “problema de Dion y Theon”, del que hablaré en otro momento).

crisipo de solos

Todos los libros de Crisipo se han perdido y los pocos fragmentos que se conservan son de muy difícil interpretación. Sin embargo, aunque casi hasta el siglo XIX y XX se despreció la lógica estoica, hoy en día se considera que fueron precursores de muchas ideas actuales, no sólo en el terreno de la lógica, sino en el de la matemática e incluso en el de la física y metafísica, si es que entendemos por “metafísica” algo parecido a lo que se entendió desde Andrónico de Rodas. Andrónico, en efecto, clasificó las obras de Aristóteles y decidió situar unas cuantas obras dispersas inclasificables detrás (en el volumen siguiente) a la Física (Meta-Física). De ahí el afortunado equívoco que nos dice que la Metafísica es lo que está más allá de la física.

Una de esas cosas que cayeron por casualidad tras el libro de la Física se parece mucho, en mi opinión, a la semiótica.

Volviendo a Crisipo, los pocos fragmentos que se conservan de él resultan fascinantes, y espero ocuparme de ellos en algún momento.

En cualquier caso, conviene no pensar que las paradojas y los rompecabezas lógicos son una pérdida de tiempo, porque casi siempre esconden algo que sólo tras un estudio profundo llega a entenderse, y a menudo señalan un camino que vale la pena explorar. Las célebres paradojas del movimiento de Zenón, por ejemplo, todavía deparan sorpresas, como el hecho de que una reciente teoría física acerca del tiempo, parece darle la razón al paradójico Zenón.

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FILOCOMIC (cómic y filosofía)

CUADERNO DE FILOSOFÍA

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Todo lo que es Nada es lo que es

En este tablero de Pinterest se presentan de manera breve los distintos capítulos de Nada es lo que es. Permite darse cuenta de un vistazo del viaje que propone el libro por muchas de las culturas del mundo en busca de la identidad. No sólo la identidad de las cosas o los conceptos, sino también la de las personas o las naciones.
Puedes verlo con más claridad y a mayor tamaño con este enlace: Nada es lo que es.

Prejuicios y reacciones de identificación

Las reacciones de identificación consisten en unl impulso a considerar no sólo que pertenecemos a un grupo determinado, sino pensar también que los demás, los otros, comparten las características del grupo con el que los definimos o al que parecen pertenecer, como “hombre”, “mujer”, “español”, “musulmán”, “analfabeto” o “astronauta”.

El problema de las reacciones de identificación es que se deslizan con mucha facilidad por todos los usos posibles del verbo ser. Si establezco la igualdad «una mujer conductora es un mal conductor», entonces cualquier individuo que reúna las características «mujer» y «conductora» se ganará al instante la pertenencia a la clase «malos conductores».

Dice Hayakawa:

«La mayor parte de nuestros errores de valoración surgen de las reacciones de identificación que nos conducen a ignorar las diferencias que existen entre individuos pertenecientes a clases a las que se les da el mismo nombre, y a ignorar además los cambios que ocurren a lo largo del tiempo».

Hayakawa cuenta el caso de un alumno suyo que tenía mala opinión de los judíos, pero que un día decidió hacer un experimento e invitó a un judío a tomar unas cervezas: «Cultivó su amistad y vio con sorpresa que el judío era un tipo estupendo». Algo parecido le sucedió al escritor Howard Phillips Lovecraft, quien detestó toda su vida a los judíos, hasta que conoció a alguien que le cayó muy bien y descubrió que era judío. También él, como el estudiante de Hayakawa, pudo librarse de su absurda reacción de identificación (judío= despreciable) y cambió de opinión.

A menudo es muy difícil librarse de los prejuicios o reacciones de identificación, precisamente porque esos prejuicios hacen que no observemos lo que sucede a nuestro alrededor (como nuestro taxista que sólo veía «mujeres conductoras»), o que condicionemos la percepción de la realidad con nuestros prejuicios; por ejemplo, adoptando una actitud agresiva de manera inconsciente que haga que nuestro interlocutor muestre lo peor de sí mismo. Hayakawa hace un interesante análisis de cómo el racismo (que es una reacción de identificación de las más claras) puede ser estimulado no sólo por el racista, sino por su víctima, que, al temer llamar la atención, actúa de una manera que llama todavía más la atención.

Las reacciones de identificación son codificadas y estimuladas por el lenguaje. Por eso, el aspecto positivo de eso que se ha llamado “lenguaje políticamente correcto” es su intento de quebrar algunos prejuicios que gozan de muy buena salud, precisamente porque están firmemente asentados en el lenguaje, aunque ya no se correspondan (en muchos casos quizá nunca lo han hecho) con lo que realmente percibimos. El aspecto negativo podría ser el que se intente sustituir la realidad percibida por palabras, cayendo de nuevo en una mistificación lingüística y pretendiendo que esas cosas dejen de ser percibidas, simplemente porque les hemos cambiado el nombre. Sin embargo, aunque los defensores de lo políticamente correcto quizá pecan de candidez, probablemente demuestran más ingenuidad quienes piensan que ahí afuera existen cosas como los «negros», el «romanticismo», la «libertad» o cualquiera de esos conceptos y palabras que hemos acabado confundiendo con las cosas percibidas.

No es que esas palabras no puedan designar algo, pero no se debe olvidar que esa denominación es un producto de una convención, que nos sirve para señalar lo que percibimos, y que su campo semántico ha sido inevitablemente influido por la cultura y la sociedad de cada momento histórico. No se llama «negros» a los negros simplemente porque coincidan con el color negro en la escala cromática (cosa que no sucede, por cierto), sino porque los usos sociales y el lenguaje han impuesto la arbitraria idea de que si alguien tiene sangre negra (antepasados negros) entonces es negro, a pesar de que también tenga antepasados blancos, a pesar de que, en muchos casos, tenga más antepasados blancos que negros. Una reciente investigación genética en Brasil demostró que muchas personas consideradas blancas tenían más antepasados negros que blancos, y que también sucedía a menudo a la inversa. No existía, en definitiva, una correspondencia fiable entre el aspecto exterior y los marcadores genéticos.

Resulta verdaderamente asombroso que en una época en la que ya no clasificamos a las especies animales a partir de su apariencia externa, como hacía Linneo, sigamos haciéndolo con los seres humanos, distinguiéndolos por el color de su piel. A la actriz Hale Berry, cuando se lamentaba porque sólo le ofrecían papeles de «negra», un productor le dijo: «Un vaso de leche con una gota de café es un café con leche».

Alexander Pushkin

Alejandro Dumas


 

 

 

 

 

 

 




Sin embargo, existen excepciones al prejuicio tan extendido de considerar negra a cualquier persona que tenga una gota de sangre negra. Esas excepciones, curiosamente, también son causadas por el racismo, porque no se desea que un prócer de un país de blancos, como Francia o Rusia, sea considerado negro. Me estoy refiriendo a casos como los de Alejandro Dumas en Francia y de Alexander Pushkin en Rusia. Dumas era hijo de una esclava negra de las Indias del Oeste y un colono francés blanco, mientras que Pushkin era bisnieto de un príncipe etíope.

George Herriman

En otras ocasiones, personas negras han fingido ser blancas para evitar la discriminación, como al parecer tuvo que hacer el que es considerado por muchos el dibujante más importante de la historia del comic, George Herriman, creador de Krazy Kat (la Gata loca), quien casi siempre aparece en las fotografías con sombrero, para así ocultar su rizado cabello; una excepción es la foto de su boda. Tal vez no sea casualidad que su célebre personaje sea una gata negra o un gato negro, porque en la versión original en inglés el sexo del personaje a menudo no se explicita y en algunos momentos se refieren a Krazy Kat como él («he» y no «she»). Esta es otra muestra de la ambigua identidad de este personaje.


Foto de boda de George Herriman


[Fragmento de Nada es lo que es, el problema de la identidad]

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¿Como empieza Nada es lo que es ?

Quiero comenzar esta investigación con un sencillo relato japonés, La joven de Edo. Poco a poco, capítulo a capítulo, el problema de la identidad se irá haciendo más complejo, aunque confío en que eso no lo haga más incomprensible.En La joven de Edo se cuenta la historia de una hermosa muchacha llamada Ohatsu, que vive en Edo. Aunque es hija de un jardinero, su belleza ha atraído la atención de dos jóvenes nobles, Koretsune y Noboyushi, que se quieren casar con ella. El jardinero no se atreve a elegir a ninguno de los dos, porque le da miedo que su decisión pueda ofender a la familia del rechazado. Para evitar que la rivalidad amorosa acabe en tragedia, el jardinero decide establecer uno de esos pactos a la japonesa que tanto llaman la atención en Occidente, en los que se mezclan a partes iguales la lógica y el azar, el cálculo y algún tipo de destino dirigido por fuerzas impersonales.En primer lugar, el padre de Ohatsu regala a cada pretendiente una pequeña planta, lo que ahora todos conocemos como bonsái. A Noboyushi le corresponde un pequeño bosquecillo de bambú…

¿Qué hay en Nada es lo que es ?

Índice del libro:
¿QUÉ ES LA IDENTIDAD?
La joven de Edo
El barco de Teseo
El carro de Milinda
La mesa de Bertrand Russell
La torre de Smullyan
El caballo blanco de Gongsun Long
El mapa de Korzybski
Las identidades asesinas de Maalouf
LA IDENTIDAD PERSONAL
Teseo y la identidad
Martin Guerre y la identidad usurpada
M. Butterfly y la identidad fingida
Helena de Troya y la identidad duplicada
Gottlob Frege y la identidad
¿Quién es Silvia?
Hofstadter y la identidad repetible
La Eva futura
EPÍLOGO : LA BÚSQUEDA DE LA IDENTIDAD

 

¿Qué es Nada es lo que es?

“Daniel Tubau estudió filosofía pero no es filósofo; tampoco es guionista ni director, aunque haya ejercido esas profesiones durante más de veinte años. Su nombre en la portada de este libro parece indicar que es su autor, aunque el título, Nada es lo que es, también nos hace dudar. Esa es precisamente la intención de Daniel Tubau al examinar el complejo problema de la identidad: hacernos dudar, invitarnos a reflexionar sobre lo que creemos. Es una invitación sugerente, irresistible, cautivadora, en el estilo de los escépticos antiguos, para quienes skepsis, escepticismo, no significaba una negación caprichosa o displicente, sino una invitación a “seguir investigando” y a moderar las afirmaciones dogmáticas. En Nada es lo que es, Daniel Tubau nos propone una investigación acerca de la identidad de las cosas, de los conceptos, de las ideas, de las naciones y de nosotros mismos; una investigación que nos llevará, a lo largo de un viaje fascinante, desde la Grecia mítica de Teseo a la India arcaica, desde la China de los Reinos Combatientes a la Inglaterra victoriana de Sherlock Holmes, desde el Japón de la época Tokugawa a un inquietante pero cercano futuro.”
(Texto de la contraportada)

AMAZON: Nada es lo que es

[bctt tweet=”Una investigación acerca de la identidad de las cosas, los conceptos, las ideas, las naciones y nosotros mismos” username=”danieltubau”]En esta página dedicada a Nada es lo que es, puedes ver entradas relacionadas con el libro, pero que también añaden nuevos contenidos o incluso temas que no se tratan en el libro.

A continuación, puedes ver todas las entradas.


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Helena de Troya y su doble

Helena y paris

Helena y Paris en la versión de Jacques Louis David

  Todo el mundo sabe que Helena de Troya era una hermosa mujer que vivía con el rubio Menelao de Esparta hasta que pasó por allí el troyano Paris y la raptó. Así se inició la guerra de Troya, que duró diez años, causó terribles muertes y crueldades en ambos bandos e inspiró a un poeta ciego a escribir la Ilíada. Ese rapto, según Herodoto, fue la causa de las guerras entre griegos y asiáticos, que culminarían con la conquista del imperio persa por Alejandro. Pero lo que no es tan conocido es que Helena ya había sido raptada en una ocasión anterior por alguien a quien ya conocemos muy bien, Teseo de Atenas.

Ella era una niña de doce años, a la que se conocía todavía como Helena de Esparta, cuando fue raptada por un Teseo ya anciano, que la mantuvo al cuidado de su propia madre, Etra, esperando el momento de casarse con ella. Sin embargo, los hermanos de Helena, Cástor y Pólux, los temibles Dioscuros, la rescataron, aprovechando que Teseo había quedado atrapado en el Tártaro cuando descendió allí para raptar a otra mujer, Perséfone, la esposa del monarca infernal, Hades.

Pero no es la aventura de Helena con Teseo lo que me interesa aquí, sino la explicación que, tras la guerra de Troya, se dio al otro rapto que sufrió a manos del troyano Paris, lo que la convirtió en Helena de Troya.

¿Quién es Helena de Troya?
Cuando Troya fue vencida y saqueada por los griegos, nadie sabía qué iba a pasar con Helena, causa de la guerra que había durado diez años. La costumbre que se seguía con las esposas infieles era matarlas y además casi todo el mundo pensaba que Helena no había sido raptada sino que habría huido con Paris por su propia voluntad. Helena era para toda Grecia el símbolo de la pasión y el sexo, frente a las virtudes de la castidad y la fidelidad de Penélope, quien esperó a su esposo Ulises durante veinte años en Ítaca, resistiendo el acoso de sus pretendientes.

Se decía que durante el sitio de Troya Aquiles había logrado pasar una noche con Helena y, por si esto fuera poco, cuando murió Paris, se casó con otro de los hijos del rey de Troya, Deífobo, con el que vivió hasta que los griegos conquistaron la ciudad. A ello hay que añadir los amores que quizá tuvo, cuando era casi una niña, con su primer raptor, Teseo. ¿Y quién sabe qué sucedió durante el tiempo en que todos los héroes de Grecia acudieron a la corte del espartano Tindáreo y pusieron al rey en un apuro terrible, pues todos querían casarse con su hermosa hija? Temiendo que los pretendientes rechazados iniciaran una guerra, Tindáreo, aconsejado por Ulises, les hizo prometer que ayudarían al marido elegido en cualquier circunstancia. En consecuencia, cuando Helena fue raptada, todos tuvieron que acudir a Troya para rescatarla.

Cuando Troya fue conquistada y arrasada, muchos caudillos griegos exigieron un escarmiento a la voluble Helena. Estaban furiosos porque por su culpa habían sufrido durante diez años. Menelao no les hizo caso: perdonó a su esposa y se la llevó con él en su regreso a Esparta. Sin embargo, los rumores acerca del comportamiento de Helena en Troya eran atronadores, entre otras cosas porque los guerreros que se habían ocultado en el caballo habían podido escuchar, desde dentro de su escondite, cómo ella se divertía con su último amante, Deífobo, y cómo se burlaba de los griegos.

Helena y Menelao

Helena huye del victorioso Menelao y parece implorar ayuda a un arbusto sagrado (¿un olivo de Atenea?). Pero la intención de Menelao no parece ser matar a Helena, pues ya ha dejado caer la espada. Tal vez, al verla de nuevo, olvidó sus deseos de venganza. Este dibujo parece confirmar una versión que recoge Robert Graves: “Algunos dicen que Helena misma le hundió una daga en la espalda a Deífobo , y que esta acción, y la vista de sus pechos desnudos, debilitó de tal modo la resolución de Menelao, quien había jurado: «¡Ella morirá!», que arrojó su espada y la condujo a salvo a las naves.” (Los mitos griegos)

Para salvar la reputación de Helena, alguien ideó una solución que actualmente se emplea mucho para combatir los rumores y que consiste en propagar un rumor contrario: Helena nunca había estado en Troya.

Resultaba difícil creerlo porque la guerra había durado diez años y cientos de troyanos y aqueos habían visto a Helena en la ciudad sitiada. Pero la imaginación griega no se detenía ante detalles tan nimios. Según el rumor hábilmente propagado, Paris no había raptado a Helena, sino a una réplica exacta, hecha de nubes. Platón cuenta esta versión, tal vez con algo de ironía, en el Fedro:

«Hay un antiguo medio de purificación para aquellos que se han equivocado hablando de los dioses. Homero no lo conoció, pero Estesícoro se sirvió de él. Privado de la vista por haber hablado mal de Helena, no despreció, como Homero, la causa de su desgracia, sino que, hombre inspirado por las Musas, apenas se dio cuenta de lo que ocurría, cantó:

«He hablado con mentira, Helena pura
Decir de ti cual dije fue tramoya
pues de embarcar te libró la cordura
¿Cómo pudiste, pues, nunca ir a Troya?»

Imaginemos por un momento que la gente llegara a creerse la historia que Estesícoro inventó a cambio de recuperar la vista, que Paris se había llevado una falsa Helena hecha de nubes a Troya, pero: ¿dónde había estado entonces la verdadera Helena durante diez años?

En el país del misterio para los antiguos griegos, Egipto.

Cuando la falsa Helena fue raptada, aseguraban los rumorólogos, la diosa Hera ordenó a Hermes que llevara a la verdadera Helena a la corte del rey egipcio Proteo. Así que Helena pasó los diez años que duró la guerra de Troya en Egipto, resistiendo el acoso del hijo del rey Proteo, Teoclímeno, a semejanza de lo que hacía la fiel y admirada esposa de Ulises, Penélope, en Ítaca.

Cuando Menelao regresó de Troya con la falsa Helena, se detuvo en el reino de Proteo, justo a tiempo de salvar a la verdadera Helena del último acoso de Teoclímeno. Los dos esposos se reconocieron y la falsa Helena se disolvió para siempre.

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