Las palabras y las cosas

|| Entrevista con Luis de Luis Otero /1

Luis de Luis Otero, alias Jabez Wilson en Círculo Holmes, me hizo una mágnífica entrevista en 2017 para Círculo Holmes. Como él mismo descubrió, tengo la costumbre de comentar mis propios artículos y comentarios, en un proceso de aprendizaje y revisión continuos. Eso es lo que ahora comienzo a hacer a partir de su entrevista.

He descrito el placer de contestar a esa entrevista aquí: Luis de Luis Otero demuestra que no es tan elemental. Puedes leer la entrevista completa original, tal como fue publicada en Círculo Holmes: Entrevista a Daniel Tubau.

Cuando añado un comentario al texto original, lo señalo en color naranja. Los comentarios están al final de la entrada, tras la entrevista.

 

Con su libro No tan elemental, cómo ser Sherlock Holmes Daniel Tubau ha escrito un libro –en todos los sentidos– único. Es, en última instancia, un viaje a las entrañas y recovecos de la mente del detective  y, como todo viaje que merezca la pena, está cuajado de cunetas, meandros, sentidos y carreteras secundarias. Es un viaje que va a todas y a ninguna parte. Es un viaje que no acaba (ni debe) acabar nunca y así lo cuenta Tubau.

 

Tubau.jpgLUIS DE LUIS OTERO: Iniciamos la conversación pero usted desconfía de las palabras que nos guían por tópicos, entrañan vacíos, limitan  el conocimiento. Son, en definitiva, una trampa…
DANIEL TUBAU: Es cierto, yo diría que no solo las palabras, sino también los conceptos e incluso las ideas (o los memes, si aceptáramos la terminología de Dawkins y Blackmore). En especial, lo que más nos limita son las definiciones y las categorías o clasificaciones. Es curioso porque, a pesar de mi desconfianza hacia las definiciones, en casi todos mis libros hago en un momento dado una especie de búsqueda de definiciones y etimologías. Lo hice en Elogio de la infidelidad con el término “fidelidad”; en Nada es lo que es, el problema de la identidad, con “identidad”, en Defensa perfecta de la imperfección con “perfección” y en El arte del engaño con “guerra” o “estrategia”, entre otros ejemplos. Pero lo hago con dos intenciones, me parece.

LUIS: ¿Que son…?
DANIEL: En primer lugar, lo hago para dejar claro de qué estamos hablando:

“Yo entiendo por fidelidad esto, pero no afirmo que fidelidad sea esto…. así que ya sabe usted, querido lector, a qué me estoy refiriendo en este libro cuando emplee el término”.

El segundo sentido en el que recurro a las definiciones a pesar de desconfiar tanto de ellas es que creo que en muchas de esas palabras aparentemente positivas, como fidelidad, perfección o identidad, se esconden ideas y obsesiones que considero muy negativas.

LUIS: Entonces, ¿no seguimos? 
DANIEL: Claro que sí, porque, aunque creo que es verdad todo lo anterior y que las palabras limitan en cierto modo el conocimiento, también es cierto que sin palabras, e incluso sin definiciones, tampoco puede existir siquiera el conocimiento. Yo soy quizá partidario de la teoría de Tarsky de la verdad:

“La hierba es verde” es verdad si la hierba es verde.

LUIS: ¡Gran verdad!
DANIEL: La verdad, la modesta verdad, es la correspondencia entre una expresión lingüística y una observación empírica: “Veritas es adaequatio rei et intelectus”: “La verdad es la correspondencia entre las cosas y lo pensado (o expresado)”, como decía Tomás de Aquino.

 

COMENTARIOS EN 2018

Los memes: Me refiero, por supuesto, a la ciencia de la memética, sugerida como un juego o una metáfora por Richard Dawkins en El gen egoísta, pero desarrollada por Susan Blackmore y otros autores. He escrito un breve ensayo acerca del tema: “Memes, ideas y mundos“.

De qué estamos hablando:  Se trata, en cierto modo, de un contrato tácito con el lector: le digo acerca de qué voy a discutir y de qué no voy a discutir. Si él entiende por fidelidad otra cosa que lo que entiendo yo, entonces mis argumentos quizá no le afecten. Pero también busco casi siempre adecuarme al sentido más común en el que se emplean esas palabras o conceptos, no a uno que me invente yo para mi propia conveniencia.

Tarsky: Alfred Tarsky fue un importante lógico polaco. A pesar de la sencillez aparente de la expresión, lo de que “la hierba es verde” si y  solo si la hierba es verde esconde una gran complejidad epistemológica e incluso metafísica. Implica que quizá no podemos acceder a la esencia última de la realidad, pero que sí podemos establecer la verdad de ciertas proposiciones que hacemos acerca del mundo tal como lo observamos. Naturalmente, también se necesita una definición previa o implícita de “hierba” y de “verde”, cosa que no es tan sencilla como parece. Pero una vez alcanzadas o pactadas esas definiciones, podemos hacer ciertas proposiciones acerca de esta o de aquella hierba y determinar si son correctas o erróneas, lo que no es poco. Por otra parte, también se puede hablar de proposiciones o hipótesis sobre el mundo no únicamente linguisticas: una mujer neandertal que ve unas huellas en el fango puede lanzar la hipótesis “Hay una fiera aquí cerca” y, gracias a esa proposición sobre la realidad, salvarse. [/ref]

Tomás de Aquino: la definición de verdad de Aquino es muy semejante a la de Tarsky y toda su teoría del conocimiento sería bastante convincente si no nos encontraramos con la fastidiosa presencia de un ente imaginario en un recodo del camino: Dios.

Continuará…


Puedes leer la entrevista completa en Círculo Holmes: Luis de Luis Otero “Hay algo que siempre cambia en Holmes y algo que siempre permanece”.


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Demócrito, filósofo y detective

Cuando Watson conoce a Sherlock Holmes queda sorprendido por la amplitud de los intereses de su amigo y su aparente dispersión. En Estudio en escarlata se encuentra la célebre lista de las “áreas de conocimiento” de Holmes:

«1. Literatura… Cero.
2. Filosofía… Cero.
3. Astronomía… Cero.
4. Política… Ligeros.
5. Botánica… Desiguales. Al corriente sobre la belladona, opio y venenos en general. Ignora todo lo referente al cultivo práctico.
6. Geología… Conocimientos prácticos, pero limitados. Distingue de un golpe de vista la clase de tierras. Después de sus paseos me ha mostrado las salpicaduras que había en sus pantalones, indicándome, por su color y consistencia, en qué parte de Londres le habían saltado.
7. Química… Exactos, pero no sistemáticos.
8. Anatomía… Profundos.
9. Literatura sensacionalista… Inmensos. Parece conocer con todo detalle todos los crímenes perpetrados en un siglo.
10. Toca el violín.
11. Experto boxeador y esgrimidor de palo y espada.
12. Posee conocimientos prácticos de las leyes de Inglaterra».

Antes de que su amigo le revele la profesión que une todos estos intereses (“detective consultor”), Watson se muestra desesperanzado de encontrar la solución:

«Si el coordinar todos estos conocimientos y descubrir una profesión en la que se requieren todos ellos resulta el único modo de dar con la finalidad que este hombre busca, puedo desde ahora renunciar a mi propósito».

Sin embargo, podemos encontrar listas similares a la que ofrece  Watson en la agenda de un científico como Robert Hooke, el gran rival de Isaac Newton, que anotaba de manera incansable todo lo que se proponía investigar:

«El uso de un carruaje.
Los ojos de los cachorros de perro recién nacidos.
Las plumas, picos y uñas de las aves que aún no han roto el cascarón.
La pólvora, entera y molida.
Insectos y otras criaturas que parecen exánimes en invierno.
La serpiente de Moisés y el agua transmutada.
Que la belleza no hace a las partes, sino que resulta de ellas, así como la salud.
La armonía, la simetría.
Que las formas internas acaso no sean sino disposiciones duraderas forjadas por los objetos externos.
El barómetro sellado y las consecuencias de semejante aparato.
Monstruos, y los antojos y temores de las mujeres encinta.
La reparación torpe de muelles a martillazos.
Pinchar una burbuja en el cristal de un barómetro».

El impresionante dibujo de una pulga, que Robert Hooke hizo mientras el animal le chupaba la sangre.

No es difícil imaginar que algunas de estas cosas podrían resultar muy útiles en una investigación detectivesca, pero el aparente caos y dispersión de los intereses de Holmes y Hooke obedece también a un impulso irreprimible: la curiosidad. Los dos personajes coinciden en su afán por descubrir los secretos de la naturaleza, aunque Holmes delimita su campo de estudio un poco más que Hooke y parece conformarse con aquello que se relaciona  con la vida criminal. Los científicos también quieren resolver un misterio: el de la naturaleza.

Mosca dibujada por Robert Hooke

En realidad, tanto la curiosidad como esa caótica pluralidad de intereses es propia de los investigadores y filósofos de la naturaleza ya desde los tiempos de los pensadores presocráticos. Demócrito de Abdera no solo concibió el sistema atómico (o el molecular, según se interpreten sus «átomos»), sino que también estaba interesado por el origen de las palabras, por el movimiento de los planetas, por la causa de los colores y los sabores o por cuestiones relacionadas con la geometría, la física, el arte y la matemática. En su obsesión por descubrir misterios ocultos, abandonó todo lo que poseía, por lo que fue llevado a juicio, pero salió airoso al leer uno de sus tratados ante el tribunal.

Su actitud de ensimismamiento investigador, tal como la describe el poeta latino Horacio, nos recuerda inevitablemente a Sherlock Holmes: «Qué asombroso que el ganado entre en los campos de Demócrito y eche a perder la cosecha, mientras su alma, olvidándose del cuerpo, se va corriendo veloz».

Por otra parte, si Holmes «odiaba cualquier forma de vida social con toda la fuerza de su alma bohemia» y buscaba la soledad para entregarse a sus ensoñaciones o reflexiones, Demócrito, «para poder dejar un mayor espacio a su propia imaginación», solía pasar largos periodos de tiempo «en la soledad del desierto o entre las tumbas de los cementerios».

Además, el filósofo griego era capaz de hacer deducciones asombrosas, como cuando al tomar un vaso de leche dijo: «Esta leche ha sido ordeñada de una cabra negra y primeriza», cosa que se comprobó correcta. En otra ocasión saludó a una amiga del médico Hipócrates con la frase «buenos días, muchacha», y al día siguiente la saludó con un «buenos días, mujer»: la muchacha, nos dice el cronista, que no es otro que el propio Hipócrates, había tenido aquella noche su primera experiencia sexual.

Otro dibujo de Robert Hooke

En el primer caso, podemos imaginar una explicación holmesiana en la que lo asombroso acaba por resultar sencillo, como que en el vaso de leche había algún pelo de cabra negro y que la persona que había ordeñado al animal tenía la ropa manchada o rasguños en los brazos, lo que podía revelar que la cabra todavía no estaba acostumbrada a ser ordeñada. Tampoco resulta difícil imaginar algún detalle en la muchacha, en su actitud o en su atuendo que le revelase al filósofo la experiencia que había tenido aquella noche.

Por otra parte, se atribuían a Demócrito poderes adivinatorios, porque en sus viajes había estudiado con los magos persas y caldeos, pero nunca recurrió a lo sobrenatural en sus explicaciones y, como Holmes y los miembros de la Royal Society, siempre acababa revelando las observaciones que le habían llevado a sus conclusiones. Como el propio Demócrito escribió: «Prefiero descubrir una ley causal que convertirme en rey de los persas».

Demócrito cargando con algunos de sus escritos


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Esta entrada es un fragmento de No tan elemental: cómo ser Sherlock Holmes, aunque he modificado algunos detalles.

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Holmes, el violinista

Las otras profesiones de Sherlock Holmes

Es muy conocida la afición al violín de Sherlock Holmes, pero muchos aficionados a las aventuras del detective tienen la impresión de que Holmes lo tocaba horriblemente. También está muy generalizada la idea de que Watson tenía una pésima opinión de las dotes musicales de su amigo. Sin embargo, no es eso lo que nos dice el buen Watson, quien considera que la habilidad de su compañero de piso era notable, aunque excéntrica:

“Sabía yo perfectamente que él era capaz de ejecutar piezas de música, piezas difíciles, porque había tocado, a petición mía, algunos de los lieder de Mendelssohn y otras obras de mucha categoría”. [1]Arthur Conan Doyle, Estudio en escarlata 

Jeremy Brett demostrando la habilidad de Holmes con el violín

La razón por la que tantas personas piensan que Holmes no era un buen violinista se debe a otros pasajes de las aventuras, donde Watson describe uno de los hábitos de su amigo:

“Era raro que, abandonado a su propia iniciativa, ejecutase verdadera música o tratase de tocar alguna melodía conocida. Recostado durante una velada entera en un sillón, solía cerrar los ojos y pasaba descuidadamente el arco por las cuerdas del violín, que mantenía cruzado sobre su rodilla. A veces las cuerdas vibraban sonoras y melancólicas. En ocasiones sonaban fantásticas y agradables. Era evidente que reflejaban los pensamientos de que se hallaba poseído.” [2]Arthur Conan Doyle, Estudio en escarlata 

Es obvio que esa manera de tocar el violín puede poner nervioso a cualquiera, así que, tras “aquellos solos irritantes”, el detective terminaba ejecutando para su compañero de piso “toda una serie de mis piezas favoritas, a modo de ligera compensación por haber puesto a prueba mi paciencia”.[3]Arthur Conan Doyle, Estudio en escarlata 

Por otra parte, en una de las aventuras de Holmes, “Los planos del Bruce-Partington”, Watson dice que en cuanto solucionó el caso (una de sus mayores contribuciones a la seguridad del Imperio Británico), el detective “regresó con fuerzas renovadas a su tratado sobre los motetes polifónicos de Lassus, que desde entonces ha sido impreso en edición privada, y dicen los expertos que es la última palabra sobre el tema” [4]Arthur Conan Doyle, “Los planos del Bruce-Partington”, en Su último saludo en el escenario.

Uno de los complejos motetes de Orlando de Lasso, “Temor y temblor”, la expresión de Pablo de Tarso que es también el origen de un ensayo extraordinario de Kierkegaard: «Así pues, queridos míos, de la misma manera que habéis obedecido siempre, no sólo cuando estaba presente sino mucho más ahora que estoy ausente, trabajad con temor y temblor por vuestra salvación, pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece”.

 

La música parece una de las pocas cosas que consigue relajar a Sherlock Holmes cuando no tiene un misterio que resolver a la vista, no solo rasgando las cuerdas del violín o interpretando alguna pieza para Holmes, sino también asistiendo a conciertos:

“Sarasate toca en St.James esta tarde. ¿Qué le parece, Watson? Podrían sus pacientes esperar durante unas pocas horas”. [5]Arthur Conan Doyle, “La liga de los pelirrojos”, en Las aventuras de Sherlock Holmes.

Pablo Sarasate

Una malagueña de Sarasate, aunque no interpretada por él, sino por Gil Shaham

Después, Watson describe el placer que Holmes obtuvo en ese concierto y asegura que Holmes también era un buen compositor:

“Mi amigo era un entusiasta de la música, no sólo un intérprete muy dotado, sino también un compositor de méritos fuera de lo común. Se pasó toda la velada sentado en su butaca, sumido en la más absoluta felicidad, marcando suavemente el ritmo de la música con sus largos y afilados dedos, con una sonrisa apacible y unos ojos lánguidos y soñadores que se parecían muy poco a los de Holmes el sabueso, Holmes el implacable, Holmes el astuto e infalible azote de criminales.” [6]Arthur Conan Doyle, “La liga de los pelirrojos”, en Las aventuras de Sherlock Holmes.

Sería demasiado extenso reseñar aquí la intensa afición de Holmes a la música, así que animo a los lectores a que acudan a las aventuras del detective, porque  seguro que pronto encuentran muchos más ejemplos.

Ilustración de Samuel Velasco para No tan elemental: cómo ser Sherlock Homes

Esta entrada es un pasaje que escribí para No tan elemental.Cómo ser Sherlock Holmes, que finalmente quedó fuera del libro. En las páginas de No tan elemental podrás encontrar muchas otras profesiones de Holmes y conocer las razones de su éxito como detective.

 


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carlos-garcc3ada-gualCarlos García Gual ha dicho de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes:
Es una mis mejores lecturas  de ensayos literarios en mucho tiempo, tanto por su originalidad como por su estilo. Y sobre un tema  para mí fascinante ya que me trae recuerdos de lecturas juveniles… Me tiene admirado su manejo de todos esos registros tan bien usados en esta trama tan erudita y esa disección tan inteligente, de fina “filología” (en el buen sentido de la palabra)… Creo que el resultado final es espléndido y muy divertido”.


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  Para saber más acerca del libro: No tan elemental, querido Holmes
Para saber más acerca de Daniel Tubau: Algunas pistas acerca del autor


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Sobre el libro


SÓLO PARA TUS OJOS 
(Lectores de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes)


Además…

La vida secreta de Sherlock Holmes


Cómo descifrar códigos y lenguajes

(con Sherlock Holmes)]


International: Not So Elementary

 


 

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Luis de Luis Otero demuestra que no es tan elemental

Luis de Luis Otero, alias Jabez Wilson en Círculo Holmes, me ha hecho una entrevista de esas que da verdadero placer contestar. La verdad es que siempre me tomo las entrevistas con interés, como una manera de conocer mis propios libros y como una oportunidad de charlar acerca de temas que me interesan (de no ser así, no habrá escrito esos libros, claro). Pero de vez en cuando llega un entrevistador como Luis de Luis, capaz de llegar más allá de las apariencias y de descubrir cosas que a veces uno pone en los libros pensando que casi nadie lo advertirá, o que incluso descubre cosas que uno mismo no era consciente de haber puesto. Se supone que estas son dos de las grandes características que debe tener el crítico literario, ya se llame Samuel Johnson, William Hazzlit, Susan Sontag, Umberto Eco, Jerome Perceval o Jan Kott.

 Las preguntas de Luis de Luis me sorprendieron por lo inesperado y lo preciso, pues no solo descubrió algunos de los Huevos de Pascua del libro (no me refiero a los puramente holmesianos, que son los más fáciles), sino que fueron un verdadero estímulo para la reflexión. Buñuel decía que la lectura de los libros y críticas de Bazin había hecho que entendiera mejor sus propias películas. Lo mismo puedo decir de esta entrevista de Luis de Luis, que puedes leer, por supuesto, en Círculo Holmes: “Hay algo que siempre cambia en Holmes y algo que siempre permanece”.

Espero haber estado a la altura en mis respuestas y haber aportado algo interesante. A mí, después de leer la entrevista, me apetece desarrollar algunos asuntos tratados, cosa que haré en el futuro.

Continuará…


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Sherlock Holmes, el inconformista

Alexandra von Schelling en la reseña y entrevista que publicó en El mundo el 30 de enero de 2014 (“Para que Watson sea como Sherlock”), proponía un destacado que me parece muy acertado y que expresa muy bien uno de los aspectos que más me interesaron al estudiar al detective en No tan elemental: “El detective de Conan Doyle tiene un valor científico/moral: el inconformismo, la fe en la observación, el naturalismo…”

Benedict Cumberbatch y Martin Freeman como Holmes y Watson en la serie de la BBC.

Dice Alexandra von Schelling:

“Daniel Tubau acaba de publicar ‘No tan elemental’ (Ariel), una profunda investigación del icono de la cultura londinense Sherlock Holmes. Tan icónico que el personaje creado por Arthur Conan Doyle, mil veces confundido con una persona real, ha empapado disciplinas como como la ciencia forense y la psicología y, aún más importante, ha propiciado suficiente literatura derivada como para convertirse en un subgénero. Ahí es donde encontramos ahora a Daniel Tubau, que no sólo descifra el genio de Holmes y sus métodos: también proporciona las herramientas necesarias para que sus lectores puedan imitarlo e incluso refinar su percepción del universo.

 El libro empieza por demostrar la genialidad del detective comparándolo con algunos de las grandes mentes pensantes de la Historia. Por ejemplo, el autor hace una comparación entre el crítico de arte Giovanni Morelli y su habilidad para distinguir entre cuadros sólo por la forma de una oreja y la habilidad de Holmes para encontrar pistas en detalles minúsculos como el orificio de un pendiente. Lo compara con Francis Bacon y con otros filósofos naturalistas como Robert Hooke porque Holmes  desmenuza el misterio igual que los filósofos desmenuzan el universo. Y mejor aún, da un consuelo ‘sherlockiano’ a las personas que piensan que el mundo es rutinario: contra la depresión, un poco de ‘pensamiento Holmes’.”



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carlos-garcc3ada-gualCarlos García Gual ha dicho de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes:
Es una mis mejores lecturas  de ensayos literarios en mucho tiempo, tanto por su originalidad como por su estilo. Y sobre un tema  para mí fascinante ya que me trae recuerdos de lecturas juveniles… Me tiene admirado su manejo de todos esos registros tan bien usados en esta trama tan erudita y esa disección tan inteligente, de fina “filología” (en el buen sentido de la palabra)… Creo que el resultado final es espléndido y muy divertido”.


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Sobre el libro


SÓLO PARA TUS OJOS 
(Lectores de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes)