El regreso de Ulises y la traducción

Hace más de diez años, una de las primeras páginas que subí a la red se llamaba Utanapishti. Era un extraño título que expresaba de una manera alambicada la intención de esa página. Los aficionados a las culturas mesopotámicas, o quienes hayan leído La epopeya de Gilgamesh, sabrán quién es ese personaje llamado Utanapishti. Se trata de un anciano extraño que vive con su mujer en el confín del mundo y que cuenta al rey Gilgamesh cómo escapó del diluvio en un arca. Se trata, casi sin ninguna duda, del personaje que inspiró al Noé bíblico.

La página Utanapishti en una de sus primeras versiones

La página Utanapishti en una de sus primeras versiones

Sin embargo, mi página Utanapishti no se ocupaba de mitos sumerios o asirio-babilónicos, sino que reunía poemas relacionados con un motivo mítico griego, el regreso de Ulises a Ítaca. Es un tema que ahora se conoce como el “regreso a Ítaca” o sencillamente “Ítaca”, que se hizo de nuevo popular a partir del poema de Konstantino Kavafis llamado precisamente Ítaca:

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.

No temas a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni al colérico Posidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Posidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

 Pide que el camino sea largo,
Que sean muchas las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos antes nunca vistos.

Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes voluptuosos,
cuantos más abundantes perfumes voluptuosos puedas.

Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en tu pensamiento.
Tu llegada allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta
experiencia,

entenderás ya qué significan las Ítacas.

Este poema ha sido para mí, como para muchas otras personas, una referencia constante. Hace quizá veinte años lo aprendí de memoria y también he escrito diversas variaciones en mis viajes, en especial en una corta pero intensa estancia en Brasil, en 1997. Sin embargo, como ya he dicho, no se trata de un tema nuevo, sino que Kavafis recuperó un mitema (tema mitológico) y un motivo poético que había sido célebre durante siglos: el regreso a su tierra del héroe Ulises.

konstantinos-kavafis-descontexto

Kavafis (¿por Jaime Coello Manuell?)

El regreso de Ulises a Ítaca pertenece a un ciclo mítico mayor, el de los nostoi o regresos de aquellos que combatieron en Troya, o bien el exilio de los propios troyanos, como Eneas. Es por eso que mi antigua página Utanapishti se llama ahora Nostoi, los regresos, porque en ella reúno poemas relacionados con el tema “Ítaca” pero también porque sospecho que acabaré incluyendo algunos poemas relacionados con otros regresos.

En cuanto a por qué se llamaba Utanapishti antes y no “Ítaca” o “Ulises” o algo similar, la verdad es que sé que existía una razón, pero ya no recuerdo cuál era. Tal vez, ciertas semejanzas entre Ulises y Utanapishti, pues Ulises parece esconder una personalidad más compleja que la del rey de Ítaca que combate en Troya, rasgos que lo relacionan con personajes tan dispares como Sísifo, Hermes, Simbad o incluso Nasrudín: un viajero, astuto y mentiroso, casi un genio travieso.

Departure_of_Ulysses_from_the_Land_of_the_Pheacians

Partida de Ulises de la tierra de los feacios, por Claude Lorrain

Pero aquí quiero referirme a una curiosidad relacionada con el poema, que sin duda inspiró a Kavafis para escribir Ítaca. Se trata de uno de los poemas precursores o pioneros de este motivo del regreso a Ítaca, Exhortación a Ulises, de Petronio, que también incluí en Nostoi:

“Deja tus moradas y busca costas extranjeras,
oh joven: para ti nace un nuevo orden de cosas
No sucumbas al mal: te ha de renovar el Danubio
extremo,

el bóreas helado, los tranquilos reinos del Egipto
        que ven al sol levantarse y descender.
Y, más grande, que descienda Ulises en lejanas
playas”.

La anterior es la traducción que incluí en Nostoi en 2003, donde también ofrecí el poema latino:

“Linque tuas sedes alienaque litora quaere,
o iuvenis: maior rerum tibi nascitur ordo.
Ne succumbe malis: te noverit ultimas Hister,
te Boreas gelidus securaque regna Canopi,
quique renascentem Phoebum cernuntque iacentem:
maior in externas Ithacus descendat Harena”.
                             Petronio, Exortatio ad Ulixem

En 2012, Graciela Mendaro me envío otra traducción y añadió un interesante comentario:

“Abandona tus Estados y boga hacia tierras extrañas, joven héroe.
Una carrera más noble se abre delante de ti. Arrostra todos los peligros; visita las orillas del Ister, allá en los confines del mundo, y las regiones heladas del Bóreas, y el sosegado reino de Canope, y los climas en que renace Febo, y aquellos otros en que termina su carrera.
Rey de Itaca, tú debes descender más grande a esas arenas remotas”.

Daniel, qué interesante la diferencia de la traducción. Supongo que la tuya es más correcta”.

Debo aclarar, por si hubiera alguna duda, que la otra traducción no es mía, y tampoco sé de dónde la tomé. Supongo que la encontré en internet sin referencia al traductor.

La verdad es que la diferencia entre las dos traducciones es muy interesante y en ocasiones uno duda si está leyendo el mismo poema.

Algunas diferencias se deben tan solo a una preferencia más o menos subjetiva, nacida de la pluralidad de significados de una palabra: “moradas” o “estados” por “sedes”; “tierras extrañas”, “costas extranjeras” por “aliena litora”. En otros casos se conserva el nombre antiguo en vez del moderno: “Íster” por “Danubio”, “reinos canopeos” por “Egipto”, o incluso “Febo” por “sol”.

Pero uno de los aspectos más llamativos es que en una traducción leamos: “que descienda Ulises en lejanas playas”, mientras que en la otra se dice “Rey de Ítaca, tú debes descender…”

La traducción, en este caso, depende del original “Ithacus”, claro, que ha sido convertido en “Ulises” o en “rey de Ítaca”. Mis conocimientos de la lengua latina son tan escasos que no me atrevería a decir qué es más correcto. Tal vez la palabra justa sería “itacense”, pero debo confesar que, al leer este último verso, la traducción que me vino a la cabeza fue muy distinta (sin duda debido a mi ignorancia). Algo así como:

“Y, más grande, desciende en la arena de lejanas
Ítacas”

O bien:

“Y, más grande, desciende en la arena de
otras Ítacas”

Probablemente es un error interpretar “externas Ithacus” como “lejanas Ítacas”, o bien: “otras Ítacas”, pero me parece un verso más feliz que las otras variantes, y además tiene un aroma claro al final del Ítaca de Kavafis:

“Así, sabio como te has vuelto, con tanta
experiencia,

entenderás ya qué significan las Ítacas”.

La riqueza de significados y sugerencias que ofrece el que Ulises descienda en “lejanas Ítacas”, en vez de “en Ítaca” o en “tierras lejanas”, es, en mi opinión, digna de tenerse en cuenta, como también lo era, al parecer, para Kavafis. Estoy hablando, por supuesto de significado o posibilidades de interpretación, no de cadencia ni de métrica, que probablemente podrían mejorarse mucho.

Ahora, bien, intrigado por el asunto de cómo debía traducirse el poema y ese verso en concreto, busqué información en internet y di con una entrada dedicada precisamente a ese poema de Petronio, lo que me desalentó un poco en mi investigación, pues al parecer alguien se me había adelantado.

A time of gifts

PatrickLeighFermor

A Time of Gifts, libro de Patrick Leigh Fermor en el que él mismo cita los versos de Petronio, según parece.

La entrada a la que me refiero se llama “Patrick Leigh Fermor, Petronio, Ulises y Odiseo“, y pertenece a una página llamada Patrulla de salvación. Su autor o autora, pues se esconde tras el seudónimo “la sargento Margaret”, cuenta que en la biografía de Artemis Cooper dedicada a Patrick Leigh Fermor (“aventurero, soldado e historiador inglés y posiblemente el mejor escritor de viajes de los últimos tiempos”) se incluye la Exhortación a Ulises de Petronio. La razón de la presencia de ese poema es que cuando Leigh Fermor emprendió su primer periplo por Europa, su madre Æleen le escribió el poema en la solapa de la edición de Horacio que le regaló.

Esta es la traducción española del poema de Petronio tal como se publicó en la edición de RBA del libro de Artemis Cooper:

“Abandona tu hogar, y busca costas extranjeras, oh joven: para tí nacerá un estado más grande de las cosas. No cedas al infortunio: el lejano Danubio te conocerá, el frío viento boreal y los tranquilos reinos de Canopo y quien contempla el renacer de Febo y su ocaso haga que, más grande, desciendas en arenas extrañas”.

La sargento Margaret investiga el fascinante asunto de las diversas traducciones inglesas y españolas y acaba por proponer “una buena traducción al español”:

“Deja tus moradas y busca costas extranjeras, oh joven: para ti nace un nuevo y más grande orden de las cosas. No sucumbas ante la desgracia: te ha de renovar el Danubio extremo, el bóreas helado, los tranquilos reinos del Egipto que ven al sol levantarse y descender. Y así, el que desembarca en lejanas playas llegará a ser el hombre más grande”.

Insisto en que mis conocimientos de latín y mi torpeza en el terreno de la poesía me impiden juzgar si se trata de una buena traducción, y tampoco querría verme enredado en las pullas que los expertos suelen lanzarse por una palabra aquí u otra allá, como sucede con algunos comentarios recibidos en la página de la sargento Margaret, pero creo que el último verso deja mucho que desear y que es el peor de todas las traducciones propuestas.

Al lector quizá le llame la atención que del verso haya desaparecido cualquier referencia a “Ulises” o al “rey de Ítaca” o a “Ítaca” misma, a pesar de que en el original aparece la palabra “Ithacus” (la propia sargento Margaret ofrece el verso en latín en el que aparece esa palabra: “maior in externas Ithacus descendat Harena”).

Tras investigar un poco, creo que he descubierto la razón de esa extraña ausencia, que también es la causa de la disparidad de algunas traducciones inglesas. Sucede que el verso de Petronio se conoce en dos formas:

“maior in externas Ithacus descendat harena”

o bien:

“maior in externas fit qui descendit harenas”.

La segunda forma es la propuesta por Baehrens, o más exactamente:

“maior in externas itacui descendat Harena”

Eso me hace pensar que la “buena traducción española” procede de la traducción inglesa de Michael Heseltine a partir de la segunda variante del verso de Petronio (“maior in externas fit qui descendit harenas”), que es: “he that disembarks on distant sands, becomes thereby the greater man”, que suena, quizá, un poco mejor en inglés, pero que en español es un verso aparatoso y difícil de leer y con una cadencia que parece crecer por un instante pero que luego se diluye hacia una mortecina grandielocuencia en su final.

Prefiero las otras traducciones y también ese verso final que quizá sea fruto de un error, o si se quiere de una variación, el que habla de otras Ítacas, y sospecho que algo parecido debía pensar Kavafis cuando leyó a Petronio y escribió Ítaca.

*********

SIGNOS

Hable como un verdadero experto

Lenguaje de expertos /1


Leer Más
¿Qué es el Trund?

Leer Más
Signos, semiótica y lenguaje

Leer Más
Leibniz y la claridad: los antiguos y los modernos

Leer Más
Andrew Ingraham y el lenguaje

Leer Más
Breve historia de la decadencia de la lengua filosófica francesa

Leer Más
Los filoetimólogos

Leer Más
Comprender sin definir, Wittgenstein y Huizinga

Leer Más
Bola de nieve y la doble sinecdoque

Leer Más
El revés y la trama

Leer Más
El regreso de Ulises y la traducción

Leer Más
Sherlock Holmes, los jeroglíficos y el córnico

Cómo descifrar códigos y lenguajes /1


Leer Más
Detectives en el laberinto de Creta

Cómo descifrar códigos y lenguajes /2


Leer Más
Expertos y marxistas

Lenguaje de expertos /2


Leer Más
Hablar, escribir… ¿bitear?

Charlas en el templo masónico


Leer Más
El libre fluir del lenguaje

Leer Más
Autores virtuosistas

Leer Más
Félix Guattari
|| Breve historia de la decadencia de la lengua filosófica francesa/2

Leer Más


 NOSTOI

El regreso de Ulises y la traducción

Leer Más
Sobre un verso extranjero, de Seferis

Leer Más
Du Bellay: Feliz quien como Ulises

Leer Más
La fiel Penélope

Leer Más
Kavafis: Ítaca

Leer Más
Neruda Peregrino

Leer Más
Tennyson: Ulises

Leer Más
Petronio: Exhortación a Ulises

Leer Más
NOSTOI, los regresos

Leer Más

elrestoesliteratura

El resto es literatura

Leer Más
La colina de los sueños de Arthur Machen

Leer Más
La autonomía de los personajes y Nozick

Leer Más
Coincidencias con Proust

Leer Más
Un par de ojos azules, de Thomas Hardy

Leer Más
Hardy, Casanova y el ideal

Leer Más
Acerca de las descripciones

Leer Más
La materia intelectual

Leer Más
Los escritos póstumos de Musil

Leer Más
El olvidado William Cornwallis

Leer Más
Verso y prosa en Ovidio y Moliere

Leer Más
El subrayado es suyo (de Nina Berberova)

Leer Más
¿Dónde están los escritores soviéticos?

Leer Más
La Poética y Aristóteles

Leer Más
Casanova, segundo acto

Leer Más
Rabelais, precursor de la Ilustración

Leer Más
Fuerza y debilidad de Chesterton

Leer Más
Arthur Schnitzler y su época

Leer Más
Demócrito, precursor de la Biblioteca Total de Borges

Leer Más
La confianza lamentable de Dionisio de Halicarnaso

Leer Más
El mundo de Oz

Leer Más
Ántal Szerb: el viajero bajo la luz de la luna

Leer Más
Kenneth Rexroth, una biografía

Leer Más
El regreso de Ulises y la traducción

Leer Más
La ética de la estética

Leer Más
Johnson y el espectador ingenuo

Leer Más
Samuel Johnson, el perezoso

Leer Más
La caja de herramientas

|| Mientras escribo , de Stephen King /1


Leer Más
Debe ser evitada la voz pasiva

|| Mientras escribo , de Stephen King /2


Leer Más
Dijo King regiamente

|| Mientras escribo , de Stephen King /3


Leer Más

Share

Sobre un verso extranjero, de Seferis


 

Dichoso quien hizo el viaje de Odiseo.
Dichoso si al marchar sintió firme la coraza de un amor
extendida por su cuerpo, como las venas donde
bulle la sangre.

De un amor con cadencia sin fin, invencible como la
música y eterno
porque nació cuando nacimos y cuando nos muramos, si es
que muere, ni nosotros ni nadie lo sabe.

Pido a Dios que me ayude a decir, en un momento de gran
felicidad, cuál es este amor:
me siento a veces rodeado del exilio y escucho su lejano
bramido como el fragor del mar mezclado con la
borrasca inexplicable.

Una y otra vez surge ante mí el fantasma de Odiseo, con
los ojos arrasados por la sal de las olas
y por el deseo maduro de ver de nuevo el humo que brota
del hogar de su morada y su perro ya viejo
aguardándole a la puerta.

Inmenso él, se detiene musitando tras sus barbas encanecidas
palabras en nuestra lengua, como la hablaban
hace tres mil años.
Extiende una mano encallecida por las jarcias y el timón,
con la piel curtida por el cierzo, la canícula
y las nieves.

Parece querer arrojar de nosotros mismos al Cíclope
sobrehumano que mira por un único ojo, a las Sirenas
que te imponen el olvido, si las escuchas,
a Escila y Caribdis:
a tantos monstruos extraños que nos impiden pensar que
también él fue un hombre que luchó en el mundo
con cuerpo y alma.

Es el gran Odiseo: aquel que sugirió construir el caballo
de madera con el que los aqueos conquistaron
Troya.

Sueño que viene a enseñarme cómo construir yo un caballo
de madera con el que conquistar mi propia Troya.
Habla quedo y tranquilo, sin esfuerzo, parece conocerme
como un padre
o como uno de esos viejos marineros que apoyados en sus
redes – cuando había tormenta y bramaba el viento –
me decían, en mis años infantiles, la canción de Erotócrito
con lágrimas en los ojos
– temblaba yo en medio de mi sueño al escuchar la triste
suerte de Areti al bajar los peldaños de mármol.

Me dice el penoso esfuerzo de sentir las velas de tu
nave henchidas de nostalgia y de tu alma
convertida en timón.
Y también que estás solo, inmerso en la tiniebla de la
noche y a la deriva como la parva en la era.

La amargura de ver naufragar a tus amigos entre los
elementos dispersos: uno a uno.
Y qué vigor extraño sientes al hablar con los muertos
cuando los vivos que quedaron ya no bastan.

Habla… Aún veo sus manos que sabían comprobar si estaba
bien tallado, a proa el mascarón
que me den un sereno mar azul en el corazón del invierno.

Yorgos Seferis

(Traducción: Pedro Bádenas de la Peña)

 


 

 NOSTOI

El regreso de Ulises y la traducción

Leer Más
Sobre un verso extranjero, de Seferis

Leer Más
Du Bellay: Feliz quien como Ulises

Leer Más
La fiel Penélope

Leer Más
Kavafis: Ítaca

Leer Más
Neruda Peregrino

Leer Más
Tennyson: Ulises

Leer Más
Petronio: Exhortación a Ulises

Leer Más
NOSTOI, los regresos

Leer Más


Share

Du Bellay: Feliz quien como Ulises

Soneto XXXI – Feliz quien como Ulises…

 Feliz quien, como Ulises, fin da a su travesía,
O como el argonauta que conquistó el toisón,
Y de regreso, lleno de experiencia y razón,
Entre los suyos vive el resto de sus días.

¡Ay! ¿Cuándo hacia mi aldea retornaré la vía
(La chimenea espera, humeando),  en cuál sazón
Veré otra vez las vallas de mi pobre mansión,
Esa provincia íntima que a nada más se alía?

Me place más la casa que hicieron mis abuelos
Que los audaces frontis en el romano suelo:
Me placen no los mármoles sino pizarra fina:

Más mi Loire de los galos que el Tíber de latinos;
Más mi aldea, Liré, que el monte Palatino;
Más que el aire de mar, la dulzura angevina.

 

 

Sonnet XXXI – Heureux qui, comme Ulysse…

Heureux qui, comme Ulysse, a fait un beau voyage,
Ou comme cestuy-là qui conquit la toison,
Et puis est retourné, plein d’usage et raison,
Vivre entre ses parents le reste de son âge !

Quand reverrai-je, hélas, de mon petit village
Fumer la cheminée, et en quelle saison
Reverrai-je le clos de ma pauvre maison,
Qui m’est une province, et beaucoup davantage ?

Plus me plaît le séjour qu’ont bâti mes aïeux,
Que des palais Romains le front audacieux,
Plus que le marbre dur me plaît l’ardoise fine :

Plus mon Loir gaulois, que le Tibre latin,
Plus mon petit Liré, que le mont Palatin,
Et plus que l’air marin la doulceur angevine.

 

(La traducción  es de: Juan Carlos Sánchez Sottosanto)

 


 NOSTOI

El regreso de Ulises y la traducción

Leer Más
Sobre un verso extranjero, de Seferis

Leer Más
Du Bellay: Feliz quien como Ulises

Leer Más
La fiel Penélope

Leer Más
Kavafis: Ítaca

Leer Más
Neruda Peregrino

Leer Más
Tennyson: Ulises

Leer Más
Petronio: Exhortación a Ulises

Leer Más
NOSTOI, los regresos

Leer Más

Este es uno de los poemas que recopilé en una página llamada Utanapishti (2003)


 

Share

La fiel Penélope

Para continuar nuestra indagación como si fuera un paseo, usaremos otro método que también practicaba Aristóteles: lo mejor que se puede hacer si se quiere averiguar qué es la prudencia es observar cómo son aquellas personas a las que llamamos prudentes. Decimos que Pericles es prudente, así que si observamos a Pericles, tal vez lograremos descubrir qué es la prudencia.

El mismo método que empleaba Aristóteles con la prudencia podemos aplicarlo nosotros para averiguar qué es la fidelidad. ¿A quiénes llamamos fieles?

Por ejemplo, a Romeo y Julieta o a Penélope, ejemplos de fidelidad amorosa y marital.

En cuanto a Penélope, estaba casada con el héroe Ulises. Cuando su marido partió hacia Troya para rescatar a la infiel Helena, ella lo esperó durante los diez años que duró la guerra y a lo largo de los otros diez que Ulises tardó en regresar. Durante esos veinte años, Penélope aguantó el asedio de decenas de pretendientes, tejiendo y destejiendo la tela que era el símbolo de su fidelidad. Así pudo mantenerse fiel a su marido, al que todos daban por muerto.

Sin embargo, en este caso, no hubo reciprocidad: Ulises fue infiel a Penélope varias veces a lo largo de sus aventuras, por ejemplo con Circe y con Calipso, y volvió a Ítaca, como dice Kavafis, «cargado de experiencias». Ya sabemos que la diosa de la seducción, Peitho, recompensa a los hombres cuando son infieles pero castiga a las mujeres que lo son. Penélope no cedió nunca a las muchísimas tentaciones de los pretendientes a lo largo de casi veinte años de ausencia de Ulises, y por ello fue recompensada con el regreso de su marido, a no ser que podamos dudar, como Yannis Ritsos de que aquello fuera una verdadera recompensa:

¿Por él había gastado veinte años,

veinte años de espera y de sueños,

por este desdichado, salpicado de sangre, de barba ya blanca?

Se echó sin habla en una silla,

miró lentamente a los pretendientes muertos en el suelo,

como si mirase muertos sus propios deseos.

Romeo y Julieta y Penélope son quizá los ejemplos más famosos de fidelidad, aunque, en honor a la verdad, hay que decir que Romeo y Julieta, aparte del hecho de matarse por fidelidad a la memoria del otro, apenas tuvieron tiempo para demostrarse esa fidelidad jurada. Representan más bien el amor pasional extremo. En cuanto a Penélope, sí es con justicia un ejemplo de la fidelidad, y en concreto de la fidelidad marital y sexual. Un perfecto ejemplo de fidelidad, admirado e imitado durante siglos por las perfectas esposas.

Eso sí, también sabemos que las mujeres tenían que aceptar, como Penélope y la Desdémona de Ulises, que la cosa no era recíproca: ellas sí podían ser traicionadas por los hombres.

(Fragmentos de Elogio de la infidelidad)

Incluyo aquí el poema completo de Ritsos:

No era que lo le hubiera conocido a la luz del hogar, no eran sus

andrajos de mendigo, su transfiguración –no, había claros indicios:

la cicatriz de su rodilla, su robustez, la astucia de su mirada. Asustada,

apoyando la espalda en la pared, buscaba una excusa,

una prórroga de un poco de tiempo, para no contestar

para no traicionarse. ¿Por él había gastado veinte

años, veinte años de espera y de sueños, por este desdichado,

salpicado de sangre, de barba ya blanca? Se echó sin habla

en una silla, miró lentamente a los pretendientes muertos en el suelo, como si mirase

muertos sus propios deseos. Y: «bienvenido», le dijo,

escuchando extraña, lejana, su propia voz. En el rincón, su telar

llenaba el techo de zigzagueantes sombras, y todos los pájaros

que había tejido con brillantes hilos rojos en un follaje verde,

de repente, esta noche del regreso, se volvieron de color ceniza y

negro, volando por el cielo llano de su última espera.

(Yannis Ritssos. Antología. Plaza y Janés, Barcelona 1979.
Versión de Dimitri Papageorgiou)

 

Otro ejemplo de este mitema o tema mitológico que es la espera de Penélope, tratado de una manera semejante a la de Ritsos, con gran melancolía y dulzura, es la canción de Georges Brassens que puedes escuchar aquí con subtítulos en español:

 

Aquí está la letra en francés. hace años mi padre me hizo una traducción al español, que intentaré encontrar.

 Toi l’épouse modèle

Le grillon du foyer

Toi qui n’a point d’accrocs

Dans ta robe de mariée

Toi l’intraitable Pénélope

En suivant ton petit

Bonhomme de bonheur

Ne berces-tu jamais

En tout bien tout honneur

De jolies pensées interlopes

De jolies pensées interlopes…

Derrière tes rideaux

Dans ton juste milieu

En attendant l’retour

D’un Ulysse de banlieue

Penchée sur tes travaux de toile

Les soirs de vague à l’âme

Et de mélancolie

N’as tu jamais en rêve

Au ciel d’un autre lit

Compté de nouvelles étoiles

Compté de nouvelles étoiles…

N’as-tu jamais encore

Appelé de tes vœux

[Más Letras en http://es.mp3lyrics.org/SxYK]

L’amourette qui passe

Qui vous prend aux cheveux

Qui vous compte des bagatelles

Qui met la marguerite

Au jardin potager

La pomme défendue

Aux branches du verger

Et le désordre à vos dentelles

Et le désordre à vos dentelles…

N’as-tu jamais souhaité

De revoir en chemin

Cet ange, ce démon

Qui son arc à la main

Décoche des flèches malignes

Qui rend leur chair de femme

Aux plus froides statues

Les bascul’ de leur socle

Bouscule leur vertu

Arrache leur feuille de vigne

Arrache leur feuille de vigne…

N’aie crainte que le ciel

Ne t’en tienne rigueur

Il n’y a vraiment pas là

De quoi fouetter un cœur

Qui bat la campagne et galope

C’est la faute commune

Et le péché véniel

C’est la face cachée

De la lune de miel

Et la rançon de Pénélope

Et la rançon de Pénélope…

(Georges Brassens, Pénélope)

Otra versión de Brassens muy anterior, con más ritmo, pero quizá más triste:


 

Eros, Afrodita y Peitho

Peitho es la diosa de la seducción (“que no conoce rechazo” pero, según parece, puede hacer felices a los hombres si no se oponen a ella pero infelices a las mujeres, si ceden a su tentación. Es una diosa que hizo olvidar a la bruja Medea los deberes contraídos por sus padres a cambio de un amor obsesivo y que, al conocer la infidelidad de su amado Jasón asesinó, llevada por los celos a su rival Glauca y tal vez también, según nos cuenta Eurípides, a sus propios hijos.

 


No sé si todos los lectores de mi libro habrán advertido la pequeña broma cuando digo: “Para continuar nuestra indagación como si fuera un paseo….”  y enseguida hablar de Aristóteles, el fiósofo peripatético, ambulante o paseante, porque daba sus clases paseando.

El contrapunto de Penélope es, por supuesto, La infiel Helena


Esta entrada pertenece no sólo a la página de Elogio de la infidelidad, sino también a Numen (mitología comparada) y a Nostoi, los regresos, que reúne poesías dedicadas a los regresos de los héroes griegos tras la guerra de Troya. Esos regresos también incluen las esperas de sus esposas, hijos y todo los que se relacionan con ellos. Por eso en la barra lateral aparecen enlaces a las tres páginas.

******

ELOGIO DE LA INFIDELIDAD

Helena de Troya y su doble

Leer Más
Fidelidad e infidelidad en la China caballeresca

Leer Más
Entrevista en Gleeden

Leer Más
Helena, Penélope y la infiel Afrodita
Entrevista en Radio 4 /2

Leer Más
La fiel Penélope

Leer Más
La infiel Helena

Leer Más
Mosca y la infidelidad

Leer Más
Tres poemas infieles de Roser Amills

Leer Más
William James y lo nuevo viejo

Leer Más
La falsa virtud de la fidelidad
Entrevista en Radio 4 /1

Leer Más
Más infidelidad en la red

Leer Más
La cabra y la infidelidad

Leer Más
¿Qué es Elogio de la infidelidad?

Leer Más
Los celos en Shakespeare y Calderón de la Barca

Leer Más
La fidelidad como falsa virtud

Leer Más
La infidelidad del guionista

Leer Más

LA DISCOTECA INFIEL

La fiel Penélope

Leer Más
Champagne, de Peppino Di Capri

Leer Más
Pénélope (Brassens) por Barbara

Leer Más
Una carezza in un pugno, de Adriano Celentano

Leer Más
Anche se, de Gino Paoli

Leer Más

LA DISCOTECA MORTAL

Canción para mi muerte, de Sui Generis

Leer Más
Albergo a ore y Les amants d’un jour

Leer Más
Une petite cantate, de Barbara

Leer Más
Vecchio frak, de Domenico Modugno

Leer Más
El señor de las sombras

Leer Más
Súplica para ser enterrado en la playa de Sète, de Georges Brassens

Leer Más

LA CAJA DE MÚSICA

Sweet Molly Malone

Leer Más
Nick Cohn y “A wop bop A Loo Bop”

Leer Más
Significado, intención y doble lectura en Cole Porter y Barbara

Leer Más
Dutronc de nuevo

Leer Más
Xu Wei y cada momento es nuevo

Leer Más
Fairuz entre Hong Kong y Madrid

Leer Más
Impíos mexicanos

Leer Más
Dos versiones muy diferentes de una canción
Micah P. Hinson y Emmy the Great

Leer Más
Junto a los ríos de Babilonia

Leer Más
Casanova y los vividores

Leer Más
La caja de música

Leer Más
Bola de nieve y la doble sinecdoque

Leer Más
Edie, Moe y Nico

Leer Más

 NOSTOI

El regreso de Ulises y la traducción

Leer Más
Sobre un verso extranjero, de Seferis

Leer Más
Du Bellay: Feliz quien como Ulises

Leer Más
La fiel Penélope

Leer Más
Kavafis: Ítaca

Leer Más
Neruda Peregrino

Leer Más
Tennyson: Ulises

Leer Más
Petronio: Exhortación a Ulises

Leer Más
NOSTOI, los regresos

Leer Más

Share

Kavafis: Ítaca


 

Cuando emprendas tu viaje a Itaca

pide que el camino sea largo,

lleno de aventuras, lleno de experiencias.

No temas a los lestrigones ni a los cíclopes,

ni al colérico Posidón,

seres tales jamás hallarás en tu camino,

si tu pensar es elevado, si selecta

es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Ni a los lestrigones ni a los cíclopes

ni al salvaje Posidón encontrarás,

si no los llevas dentro de tu alma,

si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo,

Que sean muchas las mañanas de verano

en que llegues -¡con qué placer y alegría!-

a puertos antes nunca vistos.

Detente en los emporios de Fenicia

y hazte con hermosas mercancías,

nácar y coral, ámbar y ébano

y toda suerte de perfumes voluptuosos,

cuantos más abundantes perfumes voluptuosos puedas.

Ve a muchas ciudades egipcias

a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu pensamiento.

Tu llegada allí es tu destino.

Mas no apresures nunca el viaje.

Mejor que dure muchos años

y atracar, viejo ya, en la isla,

enriquecido de cuanto ganaste en el camino

sin aguardar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.

Sin ella no habrías emprendido el camino.

Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.

Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,

entenderás ya qué significan las Ítacas.

 

*****************

NOSTOI

El regreso de Ulises y la traducción

Leer Más
Sobre un verso extranjero, de Seferis

Leer Más
Du Bellay: Feliz quien como Ulises

Leer Más
La fiel Penélope

Leer Más
Kavafis: Ítaca

Leer Más
Neruda Peregrino

Leer Más
Tennyson: Ulises

Leer Más
Petronio: Exhortación a Ulises

Leer Más
NOSTOI, los regresos

Leer Más

Share