El rey indio que se apostó a sí mismo

El Mahabharata, un texto varias veces más extenso que la Ilíada y la Odisea juntas cuenta la historia de los bharatas, es decir de los indios. Curiosamente, en esta tremenda epopeya, el juego de dados tiene una importancia fundamental. La historia es larga y llena de desvíos narrativos, pero intentaré resumirla aquí.

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Bhima, el Hércules de la India, lucha con un demonio Raksasa

Tres hermanos de la familia Pandava, Bhima, Arjuna y Yudhistira, son los protagonistas de la epopeya, que culmina en la terrible batalla de Kurukshetra, en la que se enfrentarán los Pandavas con sus rivales (pero también familiares), los Kaureva. De los tres hermanos, Bhima es una especie de Hércules imparable, mientras que Arjuna es un héroe complejo, que se debate entre el deber y sus escrúpulos morales en la batalla final, escena que se cuenta en el fragmento de la epopeya conocido como Baghavad Gita.

La batalla de Kurukshetra. Eñl dios azul Khrishna/Vishnú conduce el carro de Arjuna

Yudhistira -the_journey_to_heaven

El rey Yudhistira

El tercer hermano, el rey Yudhistira es razonable, sensato, justo e incorruptible, un verdadero ejemplo moral: es casi la personificación del dharma o ley moral y natural.

Aunque sus hermanos y todos los que le rodean valoran y respetan la rectitud y bondad de Yudhistira, el rey tiene una gran debilidad en el juego de dados: “Nunca puedo rechazar un desafío”. Como dice aquel célebre adagio: “Dadle a los grandes hombres grandes debilidades”.

Duryodhana, enemigo de los pandavas, decide aprovechar la debilidad del rey Yudhistira y le invita a un juego de dados en el que el astuto Shakuni jugará en su lugar. Yudhistira acepta, aunque es completamente consciente de que Shakuni es un experto en el juego y que, además, hará trampas para vencerle: “Un rey no puede rechazar el desafío de otro rey”, dice, apelando a su sentido del deber, aunque algunos comentadores explican que es tan sólo una forma de justificar su vicio por los juegos de azar.

Shakuni, el engañador

Se celebra entonces el combate de dados. El rey Yudhistira acepta incluso  jugar con los dados que han sido fabricados con los huesos del padre de Shakuni, su rival en la partida. Son unos dados que permiten que aparezca la cifra deseada por quien los lanza, es decir, neutralizan el azar propio de este juego.

—¿No es eso poco ortodoxo? -protesta levemente Yudhistira.
—¿Rechazas el desafío? —le pregunta su rival.
—Lo que debe ser será.

Como se ve, el rey de los Pandavas parece pertenecer a esa especie de fatalistas que aceptan cualqueir cosa que pase, sin plantearse siquiera que si decidiera no jugar eso también tendría que pasar. Pero podemos suponer que es otra de sus excusas para no rechazar una buena partida.

El juego comienza y Shakuni gana una y otra vez. Llega un momento en el que Yudhistira pierde todas sus posesiones. Apuesta tras apuesta, cegado por la pasión del juego, el rey se juega a sus hermanos Bhima y Arjuna y a todos los soldados de su ejército. Por fin, se apuesta a sí mismo y pierde de nuevo.

No le queda ya nada, excepto su esposa Draupadi, a la que también pierde. Draupadi, por cierto es esposa de los tres hermanos (Bhima, Arjuna y Yudhistira), algo insólito en casi cualquier cultura, donde son los hombres quienes suelen tener varias esposas y no al contrario.

Draupadi y sus cinco esposos. Con Yadhustira en el centro. A la izquierda el poderoso Bhima con su maza, a la derecha Arjuna. A los lados, dos hermanos Pandavas menos importantes.


Los rivales del rey Yadhustira van a buscar a Draupadi, pero ella rehúsa quedar en manos de los vencedores. Entonces, un tal Duhsasana quita las ropas a la mujer delante de todos, pero Draupadi sigue vestida. Una y otra vez le arranca las ropas y una y otra vez ella sigue allí, sin que su desnudez sea mostrada.

Un silencio absoluto desciende sobre el inmenso salón. Hay sólo dos personas en el mundo. Allí está Draupadi, vestida y dominada por la ira. Allí está Duhsasana, exhausto y repentinamente asustado. Se adelanta entonces Bhima y sus palabras se escuchan en los tres mundos: “Duhsasana, cuando llegue la batalla final, yo mismo te abriré el pecho y beberé tu sangre”.

El dios Krishna es quien impide que Draupadi quede desnuda

En el desenlace de esta historia, Draupadi obtiene la protección del propio padre de su rival, pues logra convencerlo de que ella no puede ser entregada como trofeo, puesto que su marido la apostó en el juego de dados cuando ya se había apostado a sí mismo, por lo que había perdido el derecho sobre ella y no podía jugársela en una nueva apuesta. El viejo rey ciego de os Kauravas, concede la razón a Draupadi, no porque haya quedado convencido por el impecable argumento, sino por el temor ante las consecuencias futuras, pues se ha dado cuenta de que los Pandavas cuentan con la protección del dios Krishna (que es la personificación de otro dios, Vishnu, en el Mahabharata). El viejo rey Kaurava concede a Draupadi varios deseos, que llevan a la liberación de los hermanos y del propio Yudishtira.

Tras esta escena del juego de los dados hay mucho más, pero no puedo detenerme aquí a analizar todos sus detalles. Sí me interesa señalar lo curioso que resulta que Yadhustira, el personaje que es la personificación de la ley, la ley que gobierna la vida de los seres humanos pero también la ley natural y la ley moral, tenga una relación tan estrecha con el azar. En Yudhistira se combinan la rigidez del deber, la fatalidad y la imposibilidad de escapar al destino (“Lo que ha de ser, será”), con el azar de un juego de dados. Esta curiosa mezcla de azar y destino es una de las ideas centrales de la filosofía del pensador griego Demócrito, creador junto a su maestro Leucipo de la teoría atómica.

Por otra parte, el importantísimo papel que el juego de los dados tiene en el Mahabharata parece indicarnos algo acerca de las representaciones de partidas de dados entre héroes de la Ilíada. ya se trate de Palamedes y Tersites o de Áyax y Aquiles (ver Aquiles y Áyax se la juegan en Troya).  Quizá este juego de dados del Mahabharata señala hacia aquella escena perdida, que Homero no incluyó en su relato, pero que sí debió conservarse en las tradiciones populares de la guerra de Troya. Porque tal vez las coincidencias entre el Mahabharata indio y la épica griega no son casuales.


 

(Publicado por primera vez en Divertinajes, el 3 de octubre de 2013. Revisado en 2015)

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La venganza de Alcmeón

Un mito recuperado por Carlos García Gual

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“Hay en esta saga un objeto muy singular de extraña fuerza mágica, que ejerce un papel determinante en el destino de los héroes. Se trata de un collar, un collar de oro que pasa de unas manos a otras dejando un rastro sanguinolento… Acaso el collar simboliza cierta fatalidad que flota en la atmósfera del relato mítico. Objeto del deseo femenino, el collar resulta ser el motivo de dos actuaciones mortíferas”.
   Carlos García Gual, La venganza de Alcmeón


Al norte de la región del Ática,  cuya capital es Atenas, se extiende  Beocia, que tiene como ciudad principal Tebas, una de las principales polis griegas en la época clásica, en permanente rivalidad con Atenas. Sin embargo, ya antes, en plena edad micénica, Tebas era muy conocida. Varios mitos célebres transcurren en esta ciudad, como su fundación por el misterioso Cadmo, llegado desde Fenicia y que guarda una interesante relación con Egipto; el nacimiento de Dionisos y los crímenes de las bacantes enloquecidas, o la historia de Edipo, el hombre más sabio y más desgraciado, que desveló el enigma de la Esfinge pero no pudo comprender su propio enigma.

Grecia mitica

Beocia (en amarillo), región de Tebas; el Ática (en naranja), región de Atenas, y la Argólida (en verde) con su capital Argos, de donde partieron las dos expediciones contra Tebas.

Siete contra Tebas

Capaneo, uno de los Siete, escala las murallas de Tebas (“Seven against Thebes Getty Villa 92.AE.86” by English: Caivano Painter )

 Dentro del ciclo mitológico tebano existe un acontecimiento interesantísimo, el asedio a la ciudad por una alianza liderada por siete guerreros, número que coincide con las siete puertas de la ciudad. La guerra, organizada por el rey Adrasto de Argos, tenía como objetivo restituir en el trono de Tebas a Polinices, que había sido desterrado por su hermano Eteocles, quien debía compartir el poder tras el exilio del padre de ambos, Edipo. La expedición fracasó y los argivos y sus aliados fueron vencidos, pero tiempo después los hijos de aquellos guerreros, los llamados Epígonos, regresaron y esta vez conquistaron la ciudad. Se supone que aquello sucedió poco antes de la guerra de Troya y que esa pudo ser la razón por la que Tebas no participó en el conflicto inmortalizado por Homero en su Ilíada. Existe un tercer ciclo tebano, menos conocido que los de Edipo, los Siete contra Tebas o los Epígonos, que es el de Alcmeón, un personaje que no era tebano, pero que entretejió su destino con la célebre ciudad beocia.

Carlos García Gual ha dedicado un delicioso libro y una intensa investigación a recuperar este mito olvidado.

El mito es verdaderamente enrevesado, pero García Gual va guiando al lector poco a poco, desentramando la historia, uniendo hilos que un lector poco avisado no percibiría y descubriendo la riqueza de una leyenda que en la antigüedad fue tan celebrada como las de Edipo, Orestes o Medea y que, por diversos accidentes históricos, ha llegado a nosotros muy maltrecha y fragmentaria. Aquí solo me referiré a los detalles principales, dejando a los lectores el placer de sumergirse en toda su riqueza leyendo La venganza de Alcmeón.


El collar de Harmonía

Todo comienza poco después de la fundación de la ciudad, llamada entonces Cadmea por su fundador, Cadmo, un extranjero hijo de un rey fenicio (Agenor) y un rey egipcio (Belo), que parte en busca de su hermana Europa, que ha sido raptada por Zeus. Se trata, como es obvio, de un mito lleno de referencias geográficas, que parece recordar el origen o la expansión de diversos pueblos en el Mediterráneo.

Cadmo llegó a la región de Beocia y tras matar a un dragón consagrado al dios de la guerra Ares, se casó con Harmonía, hija adulterina de Ares con Afrodita. Los dioses asisten a las bodas y ofrecen diversos regalos. Los padres de la novia, Ares y Afrodita, le regalan un collar fabricado por el dios herrero Hefesto, por lo que se sospecha que ya entonces el collar estaba maldito, pues quizá de este modo Hefesto quiso vengar el adulterio de su esposa con el dios de la guerra.  Se trate o no de un regalo maldito, conducirá a la perdición a todos los que lo deseen o posean.

Las bodas de Cadmo y Harmonía en un mosaico descubierto en 1986 en las ruinas romanas de La Malena, en Azuara (Zaragoza). Los dioses, presididos por Zeus, rodean a los novios.

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Detalle del mosaico de La Malena. No soy capaz de distinguir el collar de Harmonía, la novia. Eso puede deberse a distintas razones: quizá el collar sea esa pieza verde esmeralda que parece llevar en su regazo, o tal vez el collar se ha borrado o fue robado debido a que las piezas del mosaico eran especiales (¿doradas o de oro?), pues mientras que las otras diosas llevan collares muy reconocibles, el cuello de Harmonía parece especialmente dañado. También podría ser que la diosa situada a la izquierda sostuviera el peplo y el collar que los dioses regalaron a Harmonía, y que también se haya perdido esa parte del mosaico.

No estoy muy seguro de si las desventuras del propio Cadmo tienen relación con el collar, pero lo cierto es que  todos los reyes de Tebas que descienden de Cadmo y Harmonía mueren de manera trágica o parten al exilio. Cadmo y Harmonía son los primeros en exiliarse; el sobrino de Cadmo y su heredero, Penteo, muere desgarrado por su madre y sus tías, que cumplen así una venganza del dios Dionisos (primo de Penteo, por cierto).

Aunque la cronología de los reyes de Tebas es confusa, Polidoro, hijo de Cadmo, parece heredar el trono, aunque otras versiones dicen que partió al exilio con Cadmo. El hijo de Polidoro, Lábdaco también será rey de Tebas y también morirá a manos de bacantes enfurecidas. Muchos sitúan aquí el verdadero origen de la maldición, que habría sido causada por la negativa de Lábdaco a aprobar los cultos a Dionisos. El hijo de Lábdaco,  Layo, morirá a manos de su propio hijo, Edipo, quien cederá el trono a sus hijos Eteocles y Polinices, pero antes también los maldecirá. Polinices parte al exilio cuando Eteocles se niega a compartir el trono, y se refugia en la corte de Adrasto de Argos. Es aquí cuando comienza el ciclo que culminará en la historia de Alcmeón, porque Polinices se lleva consigo el collar de Harmonía.

Edipo maldice a su hijo POlinices en presncia de sus hijas

Edipo maldice a su hijo Polinices en presencia de sus hijas Antígona e Ismene (Marcel Baschet)

 

Casa real de Tebas

Genealogía de Cadmo y algunos de sus descendientes, en especial los relacionados con el collar de Harmonía: Cadmo, Harmonía, Polidoro, Lábdaco, Layo, Yocasta, Edipo, Eteocles y Polinices, y Tersandro.

 


 

El collar de Erifila (que antes fue de Harmonía)

Cuando el exiliado Polinices llega a Argos con el collar de Harmonía, la joya se desvía desde las manos de la familia real tebana a la de los reyes de Argos. Nos encontramos entonces con otro ciclo, que tiene su origen en uno de los personajes más interesantes de la mitología, el adivino Melampo, pero aquí tan solo señalaré que en Argos también existía un conflicto entre los descendientes de Melampo y su hermano Biante, que se habían repartido el reino.

Tras diversas peripecias, en Argos reinan Adrasto, decendiente de Biante, y Anfiarao, descendiente de Melampo, que han logrado hacer las paces gracias a la boda de Anfiarao con Erifila, hermana de Adrasto. Antes de esta boda, Anfiarao había matado a un tercer hermano de Adrasto y Erifila, llamado Prónax, primo del propio Anfiarao, aunque otras versiones, dice García Gual, aseguran que a quien mató fue a su tío Tálao, padre de Prónax (y de Erifila y Adrasto). Como se ve, en la Grecia mítica no hay nada más peligroso que tener familia, como bien señala García Gual en el capítulo “Los peligros de las bodas y los parientes políticos”. Sea como sea, el pacto entre Adrasto y Anfiarao establece una condición: siempre que haya una disputa entre ambos, Erifila, hermana de uno y esposa del otro, será quien decida lo que debe hacerse.

POlinices entrega a Erifila el colalr de Harmoníoa

Polinices entrega a Erifila el collar de Harmonía. Supongo que una de las razones para sumar a Anfiarao a la expedición pudo ser que, en ausencia de Adrasto, podría tener la tentación de hacerse con todo el poder en Argos.

Y aquí es donde se juntan las dos historias, la del exiliado tebano Polinices y la de Anfiarao. Adrasto casa a su hija Argía con Polinices y se compromete a ayudarle a recuperar el trono de Tebas. Para ello organiza un ejército formado por siete caudillos: Adrasto mismo, Capaneo, Tideo, Hipomedonte, Partenopeo, Polinices… y Anfiarao. Sin embargo, Anfiarao, que ha heredado las dotes de adivino de su antepasado Melampo, sabe que morirá si acude a la expedición contra Tebas. Es entonces cuando Polinices decide recurrir al collar de Harmonía y se lo regala a la esposa de Anfiarao, Erifila. A cambio le pide que convenza a su esposo para unirse al ejército que asediará Tebas.

Erifila, recordando el pacto entre Adrasto y Anfiarao que le concedía a ella el poder de decidir en sus disputas, obliga a su esposo a partir al combate. Antes de dirigirse a lo que él sabe una muerte segura, Anfiarao hace prometer a su hijo Alcmeón que algún día tomará venganza.


Es muy posible que aquí se represente la partida de Anfiarao hacia Tebas

Se cree que en esta plancha podría representarse la partida de Anfiarao hacia Tebas. Su esposa Erifila que lo despide, llevando sobre sus hombros al niño Alcmeón.


La venganza de Alcmeón

Sacrificio de los siete cauJuramento de los Siete contra Tebas, entre ellos POlinices y Anfiarao.d

Juramento de los Siete contra Tebas ante un caballo sacrificado. Entre ellos están Adrasto, Polinices y Anfiarao. La escena rrcuerda inevitablemente el célebre Ashvameda o sacrificio del caballo que aparece en los textos de la India védica.

Como él mismo había previsto, Anfiarao muere ante Tebas, aunque su muerte es más honrosa que la de sus compañeros: al ver que Anfiarao no podrá escapar de uno de sus enemigos, Zeus abre la tierra “para acogerlo en el mundo de los muertos”, desde donde seguirá haciendo sus predicciones a todo el que lo visite.

Muerte de Eteocles y Polinices

Muerte de Eteocles y Polinices

Tebas, pues, resiste el asedio y todos los capitanes del ejército atacante mueren, a excepción de Adrasto, lo que nos podría hacer sospechar que toda la guerra es una conspiración entre Adrasto y su hermana Erifila, ya sea para vengar la muerte de su padre Tálao o de su hermano Prónax, ya para librarse de un nada fiable pariente, aunque lo cierto es que no he encontrado ningún indicio claro que señale en esa dirección. En cualquier caso, en el combate no solo muere Polinices, sino también su hermano Eteocles, pues ambos se enfrentan y se matan en combate singular.

Esta es la primera parte de la maldición. La segunda tiene como protagonista a Alcmeón y sucede cuando Adrasto organiza una nueva expedición para poner en el trono de Tebas a Tersandro, el hijo de Polinices. En esta ocasión, Tersandro ofrece a Erifila otro regalo que los dioses hicieron a Harmonía en su boda, un peplo o vestido maravilloso, para que convenza ahora a su propio hijo para acudir al nuevo asedio.

Erifila convence a Alcmeón, que marcha junto a los hijos de los héroes que perecieron ante Tebas y el propio rey Adrasto. De este segundo combate ante los muros de Tebas no tenemos un equivalente a la Ilíada homérica, lo que es una pena. En esta ocasión muere tan solo Egialeo, hijo de Adrasto por parte de los atacantes, lo que parece probar que, como dice Diomedes en la Ilíada ante los reproches del anciano Néstor, en nada tienen que envidiar estos héroes a sus padres, pues fueron los epígonos quienes lograron derribar los muros de la altiva Tebas.

Alcmeón regresa entonces a la Argólide, quizá tras pasar por Delfos y recibir el beneplácito de Apolo para vengar la muerte de Anfiarao, y mata a su madre Erifila. Los mandatos de los dioses son caprichosos y a menudo paradójicos: por una parte un hijo debe vengar la muerte de un padre o de un hermano, pero si lo hace, será castigado y torturado por las temibles Erinías. Es algo semejante a aquella medalla del Imperio Austrohúngaro que se concedía a quienes habían ganado una batalla desobedeciendo las órdenes de sus superiores: eso sí, si no ganaban la batalla eran condenados a muerte. En el caso de Alcmeón, si obedece al mandato de Apolo y de la sangre, será castigado por impiedad filial pues mata a su madre; si no la mata, se expone al castigo… por infidelidad filial, pues no habrá cumplido el juramento dado a su padre. Este era un tema que gustaba mucho a los mitógrafos griegos: hay que vengar la impiedad filial pero al mismo tiempo el hacerlo es una impiedad filial.

De todos modos, en este caso, como señala García Gual al ocuparse de la historia de Calírroe (tambien tentada por el collar de Harmonía/Erifila) y la hermosa historia de Alfesibea/Arsínoe, se puede detectar el conflicto entre la fidelidad a la familia y la fidelidad al esposo o amante: Alcmeón venga a su padre al matar a su madre, pero Erifila no ha matado o sido cómplice de la muerte de un familiar, excepto en segundo o tercer grado, sino a su marido. García Gual incluso apunta la inquietante posibilidad de que Erifila en realidad no creyese en las predicciones de su esposo, del mismo modo que los troyanos no creían en las de Casandra o Laocoonte, y que, en consecuencia, no pensara que estaba enviando a su esposo a una muerte cierta.


El collar de Calírroe (que antes fue de Erifila y antes de Harmonía)

Alcmeón atormentado por las Erinías

Alcmeón atormentado por las Erinías

Perseguido por las Erinías, temibles diosas que atormentan a quienes han matado a un pariente, Alcmeón parte al exilio buscando la purificación. En la Psófide se casa con la hija del rey Fegeo, a la que algunos llaman Alfesibea y otros Arsínoe. Alcmeón regala a su esposa el collar maldito, pero se ve obligado por las Erinías a seguir huyendo, hasta llegar a una tierra junto a la desembocadura del río Aqueloo. Allí se casa con la hija de Aqueloo y tiene dos hijos, además de lograr la ansiada purificación. Sin embargo, ahora es Calírroe quien desea el collar, así que Alcmeón regresa a la corte de Fegeo a buscarlo, donde es asesinado por el rey. Es aquí donde tiene lugar el curioso episodio que tiene por protagonista a Alfesibea, la anterior esposa de Alcmeón, quien se niega a colaborar con su familia en la venganza pero que posiblemente colabora en la que los hijos de Calírroe llevan a cabo contra su propio padre y hermanos. Es, como señala García Gual en el capítulo que dedica a este personaje, un curioso ejemplo de la ruptura de la fidelidad familiar a causa de una fuerza más poderosa, el amor. En palabras de Propercio: “Alfesibea vengó a su esposo en sus hermanos; el amor rompió los lazos de la misma sangre”.

Yo encuentro en este desenlace, una de esas simetrías que nos complacen, como dice García Gual, en este caso una simetría inversa, pues el mito comienza con la muerte de un hermano o un padre (los de Erifila), continúa con la colaboración en la muerte de un esposo y un hijo (Anfiarao y Alcmeón). Y quizá termina, al menos según alguna de las versiones, en la venganza que lleva a cabo Alfesibea por la muerte de un esposo (Alcmeón), venganza que ahora cae sobre los hermanos y el padre (Fegeo y sus hijos). Pero debo admitir que mi interpretación del acto de Erifila como motivado por la venganza y no por la codicia creo que no tiene sustento en los textos, y no recuerdo que García Gual lo sugiera, al menos de manera explícita.

Este es un brevísimo resumen de la minuciosa investigación de García Gual, llena de detalles sugerentes, que nos permiten darnos cuenta de la riqueza que encerraba este mito y sentir pena por todos los testimonios que se han perdido y que se enumeran en uno de los primeros capítulos, por ejemplo unos Epígonos de Esquilo y otros de Sófocles, varias obras de Eurípides con Almeón como protagonista, un Anfiarao, un Alcmeón y tal vez una Erifila, de Sófocles, aparte de las obras perdidas de otros muchos dramaturgos. Menciona también García Gual un poema de Estesícoro dedicado a Erifila, del que se han recuperado recientemente algunos versos, que me gustaría leer, teniendo en cuenta el buen trato que este poeta dio a Helena, en contra de la opinión casi general.

A partir de todos los fragmentos dispersos, Carlos García Gual reconstruye este mito injustamente olvidado, que está lleno de matices que aquí no he podido mencionar, como el análisis de la fatalidad o libertad de los actos del héroe trágico que es Alcmeón, pero también de los otros personajes principales, como Erifila, Alfesibea o Anfiarao, y esa oportuna reflexión acerca de “los peligros de las bodas y de los parientes políticos”.


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La venganza de Alcmeón. Un mito olvidado
Carlos García Gual

Fondo de Cultura Económica
México, 2014


NOTAS

En Zinedine Zidane y la tragedia griega he contado la muerte del héroe Tideo, que pierde la inmortalidad precisamente por la intervención de Anfiarao.

Al leer el repaso a todos los textos perdidos que nos ofrece García Gual, es inevitable pensar que en los dos asedios de Tebas se concentra un momento fundamental de la época micénica, un fin de época que quizá tenga una relación más estrecha de lo que se cree con la posterior caída de Troya. Espero ocuparme de ello en alguna ocasión en Homéricas.


 

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Cómo descubrí cómo Teseo escapó del laberinto poco después de leer a Borges

Estaba el otro día, que en este caso es ayer, leyendo el cuento de Borges El jardín de senderos que se bifurcan, que trata de laberintos que se comparan con el universo, cuando, intentando describir un laberinto más complejo de lo habitual, escribí:

“Naturalmente, el laberinto propuesto por Borges no es un sencillo laberinto en dos dimensiones que sólo ofrece una, dos o cinco bifurcaciones al final de cada sendero, sino que se trata de algo mucho más complejo, que difícilmente puede ser reproducido, ni siquiera en tres dimensiones, porque también hay que añadir la dimensión temporal. Pensemos en varios laberintos de Creta superpuestos y en un sendero que no sólo nos ofrece caminos a derecha o izquierda, sino también hacia arriba o hacia abajo, y hacia el pasado y el futuro. Tal vez a eso se parecen las intrincadas conexiones de nuestras neuronas”.

 Recordé en ese momento una conversación que tuvimos mi amigo Marcos y yo acerca de laberintos y de cómo escapa una esfera de un laberinto bidimensional: simplemente, elevándose.

Lo cuenta Abbot en Planilandia.

Una esfera atraviesa Planilandia gracias a la tercera dimensión. Los habitantes de Planilandia solo ven una sucesión de círculos que van aumentando y después disminuyendo

Fue entonces cuando, en una de esas  iluminaciones súbitas que de vez en cuando nos alegran la vida, comprendí cómo había escapado Teseo del Laberinto.

BOrges en el laberinto (Knossos)

Borges en Knossos, probablemente muy cerca del Laberinto

He de decir, en primer lugar, que siempre me había extrañado la historia del ovillo de lana que Ariadna dio a Teseo para escapar del laberinto. Recordemos cómo lo cuenta Plutarco en su Teseo:

“Dédalo, antes de salir de Creta, había dado a Ariadna un ovillo de hilo mágico y le dio instrucciones sobre la manera de entrar y salir del Laberinto. Debía abrir la puerta de entrada y atar al dintel el extremo suelto del hilo; el ovillo iría desenredándose y disminuyendo a medida que avanzase, tortuosamente y dando muchas vueltas, hacia el recinto más recóndito donde se alojaba el Minotauro. Ariadna entregó ese ovillo a Teseo y le dijo que siguiera el hilo hasta que llegara donde dormía el monstruo, al que debía asir por el cabello y sacrificar a Posidón. Luego podría volver siguiendo el hilo, que iría enrollando y formando de nuevo el ovillo”.

TEseo en el laberinto

Eso es lo que le contaron los cretenses a Pausanias, claro, pero es una historia que resulta difícil de creer, especialmente si recordamos aquel dicho de Epiménides: “Todos los cretenses son mentirosos”. El problema es que, como Epiménides también era cretense, no sabemos si estaba mintiendo, por lo que cualquier testimonio cretense acerca de lo que hizo Ariadna (que también era cretense) no es muy fiable. ¿Y si Ariadna hubiese mentido a Teseo? No sigamos por este camino.

En cualquier caso, la historia que cuenta Pausanias nos obliga a imaginar a Teseo encerrado en el laberinto y a los guardianes dejando la puerta abierta para que, tras matar al monstruo, el héroe, una vez llegado al inicio del ovillo, saliera tranquilamente de la espantosa prisión. Eoo si que parece difícil de creer.

Es obvio que la puerta del Laberinto no podía permanecer abierta, porque si el Minotauro encontraba por casualidad la salida, también él escaparía del laberinto. Lo más razonable es pensar que los cautivos atenienses eran encerrados en el Laberinto y que después se cerraban las puertas a cal y canto.

Un ovillo de lana no parece tampoco una herramienta muy útil para escapar de un laberinto con las puertas cerradas. Ahora bien, si no se tratase exactamente de un ovillo de hilo o de lana, entonces quizá podríamos descubrir una mejor manera de escapar.

Eso es lo que entendí en aquél momento de iluminación: que no se trataba de un ovillo de hilo, sino de una soga.

Una soga bien enhebrada, una cuerda recia con la que descolgarse desde las ventanas o las terrazas del laberinto.

La solución es evidente, aunque sospecho que el lector no estará todavía convencido, así que le daré argumentos, procedentes de la leyenda, que parecen confirmar mi hipótesis:

“Cuando Teseo salió del Laberinto, salpicado con sangre, Ariadna le abrazó apasionadamente y condujo al puerto a todo el grupo ateniense”.

Es decir, que no sólo las puertas del laberinto estaban abiertas, sino que, además, no había guardias por allí y pudieron llegar hasta el puerto,  tanto el ensangrentado Teseo como todos los prisioneros que huían con él, sin que nadie los descubriera y detuviera en su camino.

¿No parece más razonable que la cuerda permitiese a Teseo y sus compañeros descender ya cerca del puerto, o incluso sobre la cubierta de un barco detenido junto al acantilado?

Laberinto medieval

Representación medieval del Laberinto que nos permite ver claramente que, aunque Teseo encontrase el camino a la puerta, de nada le serviría si estuviera cerrada, pero que si se descolgase con una cuerda eso le permitiría estar ya en el mar o en el puerto.

El segundo detalle de la leyenda que confirma mi teoría ya lo habrá adivinado cualquier aficionado a la mitología: Dédalo, es decir, la otra persona que logró escapar del laberinto (junto a su hijo Ícaro), ¿cómo lo hizo?

También por el aire, en efecto, con sus alas de cera.

Qué había terrazas o ventanas en el Laberinto es evidente, como nos confirma Marcos Méndez Filesi en su libro El laberinto, historia y mito, ya que esa  es la única manera de lanzarse a volar al aire libre.

No existía, en consecuencia, ninguna otra manera de escapar del laberinto que saliendo de él, de su trazado, pero no limitándose al plano en dos dimensiones, sino recurriendo a la altura. Un ovillo de lana que permita escapar de un enrevesado laberinto parece más propio de un cuento de hadas que de la fama de Dédalo como arquitecto y constructor del laberinto.

Dedalo e Ícaro

Dédalo e Ícaro en las alturas del laberinto

Por otra parte, podemos preguntarnos, si lo del ovillo de lana fuera cierto, por qué Dédalo no usó también un ovillo de lana para escapar. La respuesta parece evidente: Dédalo no necesitaba el ovillo porque ya sabía cómo salir del laberinto: el lo había construido y conocía el secreto de sus intrincados senderos. Pero de nada le servía ese conocimiento si las puertas estaban cerradas.

El lector también puede preguntarse ¿y por qué no usó una cuerda como Teseo?

Hay varias respuestas a esa pregunta.

La primera, porque Minos encerró a  Dédalo y a su hijo sin que pudieran hacerse antes con una cuerda como la de Teseo.

La segunda, que es compatible con la primera: porque Dédalo escapó del Laberinto después de que lo hiciera Teseo, así que ese truco ya se lo sabían sus captores y estaban prevenidos.

Es cierto que en muchas versiones se dice que primero escapó Dédalo y luego Teseo; por ejemplo, lo dice Robert Graves en Los mitos griegos. Pero eso es absurdo, puesto que el mito más aceptado, que cuenta el propio Graves, asegura que cuando Dédalo escapó del laberinto el rey Minos le persiguió hasta la corte del rey Cócalo , y que allí las hijas del rey mataron a Minos:

“Las hijas de Cócalo no querían perder a Dédalo, que les hacía tan bellos juguetes, y con ayuda de él trazaron un plan. Dédalo pasó un caño a través del techo del cuarto de baño y por él vertieron agua hirviendo o, según dicen algunos, pez sobre Minos cuando éste estaba disfrutando de un baño caliente”.

Si Minos murió allí, ¿cómo pudo recibir después a Teseo en Creta y encerrarlo en el laberinto? Sí Dédalo escapó antes, ¿cómo pudo darle el ovillo o la soga a Ariadna para que se la diera a Teseo?

Es obvio, por tanto, que cuando Teseo estuvo en Creta todavía estaba allí Dédalo, y que fue él quien contó a Ariadna cómo escapar del laberinto, pero no con un hilo, sino con una soga.

Existen otros detalles que completan y refuerzan mi teoría, pero los reservo para otro momento.

Minotauro

El Minotauro contempla el mar

[Publicado por primera vez el 12 de agosto de 2010 en El azar y la necesidad]. Revisado en 2014

El laberinto, historia y mito (Marcos Méndez Filesi)

La mejor historia del laberinto que conozco

Marcos Méndez Filesi

El laberinto, historia y mito


[No hace falta aclarar, supongo que en el título de esta entrada se da la paradoja chomnskyana de “Ayer vi a Juan mientras corría” (¿quién corría, Juan o yo?). En este caso, “Cómo descubrí cómo Teseo escapó del Laberinto mientras leía a Borges”, se ha  de entender de la sigueinte manera: era yo quien leía a Borges, no Teseo. Más sobre esta paradoja en: El juego de la ambigüedad de Chomsky y Pinker]

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Podemos preguntarnos si nuestra opinión acerca de la calidad literaria de la Epopeya de Gilgamesh o incluso de la Ilíada cambiaría si descubriéramos que fueron escritas tres siglos antes, o un milenio después de la fecha que hoy aceptamos. Borges ya nos mostró en “Pierre Menard, autor del Quijote” lo diferente que era el Quijote escrito en el siglo XVII y escrito a principios del siglo XX.

Para mostrar que nuestro juicio puede ser más voluble de lo que creemos, quizá sirva de ayuda mencionar un caso reciente en el que una obra ha visto modificada o discutida su datación. Se trata del poema indio Mahabharata, que se puede traducir como El cantar de los barathas o la Gran India.

Se dice que esta obra colosal pudo llegar a ser escrita porque el sabio Vyasa se la dictó al dios elefante Ganesha, también llamado Ganapati. Se trata de una curiosa inversión del procedimiento habitual, en el que son los dioses los que dictan o inspiran a los humanos los textos sagrados. Ya vimos algunos ejemplos de la inspiración divina en otro estante de esta biblioteca imposible (Los libros de Dios), cuando Alah dictó el Corán a Mahoma. Yavhé también inspiró al menos a los profetas y las musas a Homero y a un simplón rápsoda. llamado Ión con el que dialoga Sócrates en un diálogo de Platón.
La curiosa circunstancia de que en la India sea un dios el que escribe las palabras del cantor Vyasa es una muestra más de la gran paradoja de la mitología india, según la cual los seres humanos son superiores a los dioses, ya están más cerca de la salvación que ellos. La razón es precisa y convincente: los dioses viven cegados por su poder y sumergidos en los placeres, por lo que no tienen demasiadas ganas de progresar espiritualmente ni de disolverse en la nada o en el nirvana.

La leyenda cuenta que Ganesha le puso una condición a Vyasa para tomar nota del inmenso Mahabharata: que no dejase nunca de recitar. Si Vyasa, por cualquier causa, interrumpía el dictado, él dejaría de escribir. Vyasa aceptó, pero puso su propia condición: que Ganesha sólo escribiese una vez que hubiera asimilado el significado de cada verso. De este modo, Vyasa pudo tomarse pequeños respiros al recitar pasajes de difícil interpretación, que se le atragantaban al pobre dios elefante. Aun así, se calcula que la tarea ocupó un mínimo de 56 horas seguidas, pues el Mahabharata es la segunda obra literaria más extensa de la humanidad, con 100 000 versos. La primera es la epopeya tibetana El cantar del rey Gesar, con un millón de versos.

Pues bien, hasta hace poco, se consideraba que el Mahabharata había sido escrito hacia el año -1200, aunque otros lo situaban en el -600. Algunos, llevados por otro de los rasgos más característicos de la India,  la exageración, lo situaban en el -5000.

Sin embargo, desde hace un tiempo, empieza a ganar adeptos una datación que cambia de manera radical nuestra percepción del texto: el Mahabharata pudo ser escrito hacia el año 200 antes de nuestra era.

Si esta fecha fuera correcta, estaríamos obligados a leer de nuevo el Mahabharata o, si se prefiere, a descubrir otro Mahabharata que coincide línea por línea con el anterior, pero que difiere en todo; del mismo modo que son diferentes el Quijote de Miguel de Cervantes y el de Pierre Menard, como ya dije al analizar el célebre artículo “Pierre Menard, autor del Quijote”, que Jorge Luis Borges escribió en recuerdo de su amigo Menard.

En el caso del Mahabharata, la diferencia entre el año -200 y cualquier otra fecha posterior al -330 haría que el poema indio dejase de ser el original y se convirtiera en una copia. ¿Copia u original respecto a qué? Respecto a la Ilíada.

En efecto, resulta que entre el Mahabharata de Vyasa y la Ilíada de Homero existen similitudes asombrosas, que han dado pie a todo tipo de teorías acerca de la influencia de la India en Grecia.

Cualquiera que haya leído las dos obras no tiene más remedio que concluir que es sin duda inverosímil pensar que ambos textos no estén relacionados de alguna manera. El problema es que, si el Mahabharata fue escrito hacia el año -200, entonces Alejandro Magno ya habría estado en la India, dejando tras él diversos reinos griegos, como el de Sagala o el de Bactria, en los que la literatura griega se difundió.

En su delicioso y documentadísimo Grecia en la India, el repertorio griego del Mahabharata, Fernando Wulff Alonso muestra las similitudes entre el largo poema indio y obras clásicas griegas, y sostiene que la influencia va de Grecia a la India, y no al contrario. La conclusión es que Vyasa, el dios elegfante Ganesha o quien fuese el autor del Mahabharata, habría intentado escribir una épica india “a la manera griega”.

La originalidad de Vyasa, ese aroma antiguo y lejano que, según las dataciones anteriores, Homero habría  en cierto modo imitado, se convertiría ahora en una copia imperfecta y quizá en exceso prolija de un poema conocido en todo el ámbito dominado por los griegos que sucedieron a Alejandro. En el peor de los casos, se podría llegar a pensar que Vyasa es sólo un vulgar imitador, recordando aquella célebre sentencia: el primero que comparó los labios de una mujer con una rosa era un genio, pero que quien lo hace hoy en día es un poeta mediocre, o un cursi.

El cambio de fechas también modificaría la interpretación de la leyenda que cuenta cómo fue escrito el Mahabharata. La historia  tradicional de Vyasa dictando el libro al elefante Ganesha ha servido para justificar los errores detectados en el texto, atribuidos al dios elefante, que no podía escribir tan rápido como el sabio hablaba. Entre los que situaban la obra en fechas tan lejanas como el año -5000, algunos pensaban que el mito escondía una verdad histórica: que el Mahabharata fue recopilado en una de las primeras repúblicas indias, cuando uno de sus líderes decidió transcribir las historias de los cantores ambulantes. La razón por la que los escribas (es decir, el dios Ganesha) no lograban apuntarlo todo era que los recitadores no podían interrumpir su discurso, ya que éste se enlazaba sin pausa mediante técnicas de memorización.

Ahora bien, si la obra fue escrita después de la llegada a la India de Alejandro Magno (que siempre llevaba consigo la Ilíada en sus viajes), entonces el hecho de recurrir a un dios elefante e incluso el atribuir la obra al legendario sabio Vyasa, habría servido para esconder un fraude histórico.

Si la nueva datación, la que sitúa el origen del libro después de las conquistas de Alejandro, fuese correcta, la frase que aparece en el primer libro del Mahabharata: “Lo que se encuentra aquí se puede encontrar en otros lugares, pero lo que no se encuentra aquí, no se encontrará en ningún otro lugar”, ahora podría interpretarse como una defensa ante las más que previsibles acusaciones de quienes, al leer el Mahabharata, dijeran que esto o aquello ya lo habían leído antes, y en concreto en la Ilíada de Homero.

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