Un torneo poético de ajedrez

El doble duelo /0

AJEDREZentrescantos

Un duelo entre Marcos Méndez Filesi y Daniel Tubau

Hace unos años a mi amigo Marcos y a mí se nos ocurrió llevar nuestros combates a terrenos inéditos y pensamos en mezclar varios juegos, como solemos hacer siempre. El resultado fue un torneo poético de ajedrez, o unos juegos florales poéticos sobre un tablero de ajedrez. Este es el aviso preliminar que escribí en 1996:

“Se nos ocurrió la idea porque ambos, en ese instante, estábamos muy interesados por la poesía. Marcos había iniciado, hacía no demasiado tiempo, una inmersión en las grandes obras de la poesía y el teatro, terrenos que tenía muy descuidados.

Daniel, enfermo, veía en los poetas a los compañeros ideales para pasar sus días de convalecencia. Semanas, antes, inspirado por la lectura de Du Bellay y Keats, Daniel había empezado a escribir sonetos. Marcos visitó un día a Daniel y, hablando en la terraza, llegaron al teatro y a la poesía, vieron los sonetos inacabados de Daniel y también una sextina, y poco a poco fue surgiendo la idea de iniciar un duelo poético, en el que ataque y contraataque serían sonetos.

Marcos aceptó ser quien golpease primero.

Sumergido entre libros (pues trabajaba entonces en la Feria del Libro), Marcos compuso el primer soneto. Además del movimiento poético, añadió el de un peón que iniciaba la apertura de una partida de ajedrez.

Las normas de este duelo se fueron construyendo verso a verso, y cada movimiento en el doble tablero supuso una novedad métrica.

Pero de todo ello se da cumplida cuenta en el texto encuadernado aparte, así como de las claves, trampas, bromas y significados ocultos y la explicación de algunas referencias que pueden resultar oscuras para quienes no estén interesados en los asuntos que suelen ocupar los días y las conversaciones de Marcos y Daniel”.

Aquí, en la página web, no hay tal texto encuadernado, sino que los comentarios se harán a continuación de cada movimiento.

Pero, antes de comenzar con el duelo, también había un prólogo escrito por alguien que, al parecer, nos conocía muy bien:

Que sepamos, no se conoce casi ningún juego de los emprendidos por Daniel y Marcos, al que no hayan sentido la irresistible tentación de cambiar las reglas. (Lo que, por cierto, si nos atenemos a la definición de juego que propone Huizinga, podría interpretarse como una constante búsqueda de aprehender realidades).

Sólo hay un juego que ha resistido y suponemos resistirá su constante escepticismo. Nos referimos, obviamente, al ajedrez.
Por lo tanto, si un juego por sus propias características no admite modificación alguna, Daniel y Marcos no tenían más posibilidades que jugar a la poesía sobre un tablero”

Y entonces, Marcos hizo el primer movimiento: “Solitario por valiente

 

*******

[Escrito en 1996]

AJEDREZ

Los ordenadores y el ajedrez

Read More
Estérhazy y Leko

Read More
El análisis retrospectivo
[SHERLOCK HOLMES-AJEDREZ]

Read More
Los dioses de Borges y el ajedrez
AJEDREZ-POESÍA

Read More
El misterioso caso de Sherlock Holmes
SHERLOCK HOLMES

Read More
Aquiles y Áyax se la juegan en Troya
Homéricas /008

Read More
Un torneo poético de ajedrez

El doble duelo /0


Read More
Solitario por valiente

El doble duelo /1


Read More
Algunos secretos tras el primer movimiento

El doble duelo /2


Read More

Blogger PostGoogle GmailLinkedInMySpaceDeliciousShare

Omar Jayyam entre Dios y el vino

 Omar Jayyam

Ghiyathuddin Abulfash Omar ben Ibrahim al Jayyam, conocido como Omar Jayyam (o Khayam) es un poeta, astrónomo y matemático persa que vivió en los siglos XI y XII. Nació en Nishapur y fue compañero en su juventud de Hassan al Sabbah, el fundador de la temida orden de los hassasin (que es el origen de la palabra asesino). Se dice que junto a otros siete sabios participó en la reforma del calendario musulmán. Amin Mahlouf le ha dedicado todo un libro, Samarcanda, que no he tenido el gusto de leer.

Samarcanda Maalouf

Desde que Edward Fitzgerald tradujo los Rubayyat al inglés, Jayyam se convirtió en el paradigma del poeta ateo y descreído, escéptico y volcado en los placeres del vino. Una especie de Anacreonte persa. Sin embargo, los sufíes niegan esta imagen de Jayyam y le convierten en uno de los adeptos a su secta.

Los sufíes son una variante o especialización mística del Islam, que se podría comparar a los gnósticos cristianos, aunque las coincidencias entre ambas corrientes son sólo ocasionales. Ali-Shah, que se declara sufí, tradujo los Rubayyat en colaboración con Robert Graves, el autor de Yo, Claudio, la crónica de la primera guerra mundial Adios a todo eso y libros de mitología como Los mitos griegos o La diosa blanca. Ali Shah y el propio Graves  reprochan a Fitzgerald haber realizado una traducción completamente desfigurada de Jayyam, tanto en la forma como en el fondo.

Del mismo modo que hizo Juan de la Cruz con el Cantar de los Cantares de Salomón, estos sufíes interpretan mediante alegorías la poesía de Jayyam: el vino es Dios, los efebos sus compañeros de religión, la taberna es la iglesia.

Así pues, el mito del Jayyam epicúreo se tambalea. ¿Quién tiene razón? Lo ignoro, pero me atreveré con algunas consideraciones dispersas.

En cuanto al asunto de la traducción, es casi seguro que es más fiel la de Shah y Graves (Alejandro Calleja en la versión castellana, porque la traducción original es en inglés) que la de Fitzgerald.

Sin embargo, ahora (en 2010) he descubierto que la traducción de Ali Shah es considerada muy inexacta por los islamistas, pero no sé si hay que entender islamistas en el sentido religioso y en tal caso con el sentido o no de extremismo religioso o islamistas en el sentido de estudios del Islam. Tengo que aclarar, en cualquier caso que el Ali Shah que tradujo los Rubayyat es Omar Ali Shah, y no su hermano Idries Shah, de quien no me fío demasiado, a pesar de que me encantan sus antologías, no sé si reales o en parte inventadas, de los dichos de ese gran sirvegüenza llamado Nasrudín.

En cuanto a si hay que interpretar alegóricamente el texto, estos autores que critican la traducción de Ali Shah también ofrecen argumentos poderosos en favor de la idea de que Jayyam era sufí (eso me hace suponer que me refería a “islamistas” en el sentido religioso). Ahora bien, el hecho de que sea sufí no valida sin más su interpretación alegórica.

Otro asunto interesante es el de los traductores y traidores (tradutore/traditore). Es cierto que hay traductores que más que traducir ofrecen variaciones sobre un tema, un tema insinuado o contenido en los poemas de la víctima, es decir, el autor. Pero unos lo hacen mejor y otros lo hacen peor.

A veces las variaciones son tan interesantes o más que el original. Esto no sucede, en mi opinión, con las traducciones homéricas de Agustín García Calvo, que me fatigan a pesar de su erudición y saber, pero sí en el de Fitzgerald. Tengo que reconocer que me gustan más las versiones de Fitzgerald, que las de Shah/Graves/Calleja. ¿Qué le voy a hacer?

Un ejemplo:

Oh, Tú que al hombre de tierra vil hiciste,
y que junto con el Edén creaste a la serpiente
por todo el pecado con el que el rostro del hombre
se ennegrece, da el perdón al hombre, !y tómalo!
(Fitzgerald)

Tú, siempre consciente de todos los secretos;
Quien socorres a toda carne en su hora de necesidad,
Concédeme arrepentimiento, también concédeme misericordia
Tú que perdonas todo, Tú que castigas todo.
(Graves/Shah/Calleja)

Como se ve, la diferencia es grande. Lo que en la versión de Fitzgerald es una poderosa acusación a un Dios que creó al ser humano a su imagen y semejanza, pero que, además, creo a la serpiente para tentarlo, sabiendo que era inevitable que lo consiguiera, y que le castigó: ¿no es acaso ese Dios el responsable de los males que ha causado a su criatura?

Se dice que Fitzgerald era un poeta mediocre, y tal vez sea cierto. Es posible, aunque yo lo dudo, que sea más hermosa la traducción de Graves/Shah/Calleja, pero no puedo evitar sentir algo parecido a la indiferencia al leer la cuarteta traducida por los tres puristas (quizá no haya que incluir a Calleja, como traductor de traductor (Graves) de traductor (Ali Shah). En el caso purista me parece estar ante poco más que una plegaria formal e insípida, mientras que siento algo mucho más intenso, desde un punto de vista emocional e intelectual, al leer esos versos en los que es Dios el que ha de pedir el perdón de los hombres. Tal vez sea debido a que soy un ateo decimonónico, no lo sé, pero la idea trasmitida en los versos de Fitzgerald-Jayyam me parece más intensa, más atinada y más interesante desde cualquier punto de vista.

Omar Ali Shah

Omar Ali Shah

La interpretación alegórica puede ser interesante cuando se ejercita en ella un talento como el de Juan de la Cruz, pero empleada como llave interpretativa casi siempre convierte algo espléndido en pura trivialidad sólo apta para almas transidas por la religión y/o el fanatismo.

Son los dudosos placeres del simbolismo barato, tan de moda hoy en día, que permite interpretar cualquier cosa como cualquier otra.

Quienes no gozamos del dudoso privilegio de disfrutar de las equivalencias triviales seguiremos leyendo vino donde pone vino, efebo donde pone efebo y crueldad donde pone crueldad. Después que vengan los teólogos y los simbólogos y digan lo que quieran: con sus interpretaciones lo único que consiguen es convertir el tacto verdadero de las cosas, del vino, de las rosas y de los cuerpos desnudos en brillo vulgar de revelación y religión. Pero hay muchos matices que añadir a este tema tan complejo; algunos de ellos se pueden leer en Entre la mística y lo carnal.

omarjayyamEn fin, no creo que se pueda resolver el problema de la traducción fácilmente, pues cada traductor de las Rubayyat no sólo ofrece su versión particular, sino que incluso da un número distinto de cuartetas atribuidas a Jayyam: Fitzgerald tradujo cien, Shrubsole trescientas cuarenta y seis, Gibert/Navarro doscientas cincuenta, más el poema Kuza-Nama (Las ollas y el ollero), y Sha/Graves/Calleja ciento once. Otro problema es que hay muchos manuscritos diferentes de las Rubayyat. Uno de ellos, al parecer el más importante, se encuentra en una de las cajas de seguridad del Titanic.

Copio a continuación algunas de las Rubayyat que más me gustan, citando siempre al final el nombre de cada traductor:

No obtuvo el universo provecho a mi llegada,
ni aumentará mi marcha su rango y esplendor,
ni de nadie escucharon mis oídos jamás
por qué un día llegué y otro me marcharé.
(Behnam/Munárriz)

El día que yo muera se acabarán las rocas,
los labios, los cipreses, las albas, los crepúsculos,
la pena y la alegría. Y el mundo habrá dejado
de ser, que su existencia está en nosotros mismos.
(Gibert/Navarro)

Si es la naturaleza obra del hacedor,
¿por qué permitió en ella excesos y defectos?
Si resultaba hermosa, ¿por qué, pues, destruirla?
Si hay rostros poco hermosos, ¿de quién será la culpa?
(Behnam/Munárriz)

Mi norma es beber vino y así vivir alegre;
mi religión no incluye blasfemia ni oración;
a la novia del mundo pregunté por su dote
y me dijo: -Es mi dote tu alegre corazón.
(Behnam/Munárriz)

Donde nace una rosa roja, vertióse antaño
de un príncipe la sangre. Del lunar de un efebo
procede la violeta. Las flores del jacinto
nacieron de una frente que fue tersa y brillante.
(Gibert/Navarro)

Os cambio la diadema del Khazam, mi turbante de seda
y el airón del Shah, por la armonía
del canto de la flauta. Por un vaso de vino
doy a cambio el rosario que rezan los hipócritas.
(Gibert/Navarro)

Tú sentencias; nosotros actuamos mejor:
aunque borrachos,somos más lúcidos que tú;
tú viertes sangre humana,nosotros la de la uva;
se justo y dictamina: ¿quién es más sanguinario?
(Behnam/Munárriz)

!Animo!, no te apene el mundo pasajero;
del instante que pasa, goza con alegría:
si fuese la constancia lo propio de este mundo,
nunca habría llegado, tras los otros, tu turno.
(Behnam/Munárriz)

A los labios del jarro uní ansioso mis labios
pidiéndole una ayuda para mi larga vida;
sus labios en mis labios, me dijo sigiloso:
bebe vino, que al mundo nunca más volverás.
(Behnam/Munárriz)

!Oh Tú que hiciste al hombre de deleznable barro
y en el Edén pusiste la serpiente! Por negro
de pecados que veas al ser que Tú creaste,
perdónale y procura que él también te perdone.
(Gibert/Navarro)

*******************

Este artículo es la revisión en 2010 de otro que escribí en mi revista Esklepsis en 1994, aunque he aprovechado para releer el texto y corregirlo cuando me ha parecido necesario (si te interesa el texto original, puedes leerlo en la edición digital del número 1 de Esklepsis.

Cuando escribí esta revisión en 2010 encabecé el texto con este párrafo: “En estos días tan difíciles para Irán, cuando la esperanza de un cambio de régimen se ha diluido de nuevo, tal vez sea un buen momento para recordar a uno de los grandes poetas persas, Omar Jayyam”. Y añadí: “Dieciséis años después, quizá valga la pena darse una vuelta por el mundo literario y por Internet para ver cómo está la cuestión “Jayyam”. Lo haré cuando tenga un poco de tiempo”.

Esta de ahora, en 2014 es la tercera revisión importante del artículo, que me ha llevado a dividirlo en tres partes. Esta es la primera. Las otras dos son: “Un persa ateo lee a Jayyam” y “Entre lo místico y lo carnal”

************

[Publicado en 1994 en Esklepsis. Publicado en Signos el 7 de noviembre de 2010. Revisado en noviembre de 2014]

Poesía

Un poema de Louise Labé

Read More
Goethe, ¿poeta de la experiencia?

Read More
Anaxágoras (-500/-428)

Read More
Carta a Bruno

Read More
El tigre , de William Blake

Read More
Prohibid los placeres (John Milton/Iván Tubau)

Read More
El haiku de Cuervo

Read More
Ono no Komachi, una poeta japonesa

Read More
La librería Rafael Alberti

Read More
Poseído por Dostoievsky (Kim Chun-Su)

Read More
Antonio Salmerón y Wang Wei

Read More
La miasma y el retrato de la dama (John Donne)

Read More
Fábula del origen del mundo y primera tentación

Read More
¿Qué culpa tiene la rosa?

Read More
Sextina de amistad

EL ALBUM DE PANDORA


Read More
Los placeres de la soledad en Bai Juyi

Read More
Toda la poesía

Read More
Omar Jayyam entre Dios y el vino

Read More
Un torneo poético de ajedrez

El doble duelo /0


Read More

 

Otro Islam es posible

El Islam según Meddeb

Read More
Cambios en el mundo musulmán

Read More
Otro Islam es posible

Read More
No hay que fiarse de los curas

Read More
¿Dónde está la izquierda?

Read More
Marjane Satrapi y Persépolis

Read More
Omar Jayyam entre Dios y el vino

Read More

Blogger PostGoogle GmailLinkedInMySpaceDeliciousShare

Toda la poesía

Aquí puedes ver todas las secciones dedicadas a la poesía en mi sitio web.

POESÍA

Un poema de Louise Labé

Read More
Goethe, ¿poeta de la experiencia?

Read More
Anaxágoras (-500/-428)

Read More
Carta a Bruno

Read More
El tigre , de William Blake

Read More
Prohibid los placeres (John Milton/Iván Tubau)

Read More
El haiku de Cuervo

Read More
Ono no Komachi, una poeta japonesa

Read More
La librería Rafael Alberti

Read More
Poseído por Dostoievsky (Kim Chun-Su)

Read More
Antonio Salmerón y Wang Wei

Read More
La miasma y el retrato de la dama (John Donne)

Read More
Fábula del origen del mundo y primera tentación

Read More
¿Qué culpa tiene la rosa?

Read More
Sextina de amistad

EL ALBUM DE PANDORA


Read More
Los placeres de la soledad en Bai Juyi

Read More
Toda la poesía

Read More
Omar Jayyam entre Dios y el vino

Read More
Un torneo poético de ajedrez

El doble duelo /0


Read More


NOSTOI

NOSTOI, los regresos

Read More
Petronio: Exhortación a Ulises

Read More
Tennyson: Ulises

Read More
Neruda Peregrino

Read More
Kavafis: Ítaca

Read More
La fiel Penélope

Read More
Du Bellay: Feliz quien como Ulises

Read More
Seferis: Sobre un verso extranjero

Read More
El regreso de Ulises y la traducción

Read More

Blogger PostGoogle GmailLinkedInMySpaceDeliciousShare

Los placeres de la soledad en Bai Juyi

Bai Juyi

 

En el año 832, el poeta chino Bai Juyi (Po’ Chui) reparó una parte desocupada del monasterio Hsiang-shan, en Lung-mên y se llamó a sí mismo el eremita de Hsiang-shan. Creo que allí escribió este poema:

 

 

DESCANSANDO SOLO EN EL TEMPLO HSIEN YU

La grulla de la playa permanecía

sobre las escalinatas.

Desde el estanque se veía brillar la luna

a través de una puerta abierta.

Encantado con el lugar

me quedé allí

dos noches sin moverme para nada,

contento de poder hallar

un lugar tan tranquilo;

satisfecho de que ningún acompañante

me incordiara.

Desde entonces he disfrutado

de esta soledad

y he decidido no venir nunca acompañado

 

*********

[Publicado por primera vez en 2002]

Algo parecido sucede quizá en el cine: Meterse en la película

 ***********

POESÍA EN DANIELTUBAU.COM

Un torneo poético de ajedrez

El doble duelo /0


Read More
Omar Jayyam entre Dios y el vino

Read More
Toda la poesía

Read More
Los placeres de la soledad en Bai Juyi

Read More
Sextina de amistad

EL ALBUM DE PANDORA


Read More
¿Qué culpa tiene la rosa?

Read More
Fábula del origen del mundo y primera tentación

Read More
La miasma y el retrato de la dama (John Donne)

Read More
Antonio Salmerón y Wang Wei

Read More
Poseído por Dostoievsky (Kim Chun-Su)

Read More
La librería Rafael Alberti

Read More
Ono no Komachi, una poeta japonesa

Read More
El haiku de Cuervo

Read More
Prohibid los placeres (John Milton/Iván Tubau)

Read More
El tigre , de William Blake

Read More
Carta a Bruno

Read More
Anaxágoras (-500/-428)

Read More
Goethe, ¿poeta de la experiencia?

Read More
Un poema de Louise Labé

Read More

UN EXPERIMENTO CHINO
(TRADUCIR A WANG WEI)

Antonio Salmerón y Wang Wei

Read More
Primera traducción del poema (#2)

Read More
Un experimento chino
Primera traducción del poema (#1)

Read More
Invitación a traducir un poema chino

Read More

NOSTOI, LOS REGRESOS
(EL REGRESO DE ULISES)

El regreso de Ulises y la traducción

Read More
Seferis: Sobre un verso extranjero

Read More
Du Bellay: Feliz quien como Ulises

Read More
La fiel Penélope

Read More
Kavafis: Ítaca

Read More
Neruda Peregrino

Read More
Tennyson: Ulises

Read More
Petronio: Exhortación a Ulises

Read More
NOSTOI, los regresos

Read More

***********

ENTRADAS CHINAS

LA ÉPOCA TANG

Los placeres de la soledad en Bai Juyi

Read More
Antonio Salmerón y Wang Wei

Read More
Xue T’ao, poeta y cortesana

Read More
Gaozu y la familia Li, el origen de la dinastía Tang

Read More
Presentación de la época Tang

Read More
La época Tang

Read More
El emperador taoísta

Read More

 CHINA

UNA LECTURA DEL ZHUANGZI

Viajes al Otro Mundo

Lectura del Zhuangzi /13


Read More
Los soplos de la voz

Lectura del Zhuangzi /12


Read More
Palabras en el viento

Lectura del Zhuangzi /11


Read More
El maestro de todos
Lectura del Zhuangzi /10

Read More
Nos cortamos con el filo de las cosas
Lectura del Zhuangzi /9

Read More
El origen de todas las cosas
Lectura del Zhuangzi /8

Read More
Daniel Tubau

Read More
La gran sabiduría y la pequeña
[Lectura del Zhuangzi /7]

Read More
La música del cielo

Lectura del Zhuangzi /6


Read More
La calabaza de Huizi
Lectura del Zhuangzi /5

Read More
Los disparates de Jieyu
Lectura del Zhuangzi /4

Read More
Xu You y el gobierno del mundo
Lectura del Zhuang Zi /3

Read More
Zhuang visita la caverna de Platón
Lectura del Zhuangzi /2c

Read More
Otros mundos
Lectura del Zhuangzi /2b

Read More
El pájaro Peng
Lectura del Zhuangzi /2

Read More
¿Qué es el Zhuangzi ?

Read More

Otros mundos: Uexkhull y el Zhuang Zi

Read More
Platón: el mito de la caverna

Read More
Bibliografía

Read More
Voltaire: Primera carta sobre los cuáqueros

Read More
Enciclopedia del Zhuangzi
Lectura del Zhuangzi

Read More

WANG WEI

UN EXPERIMENTO CHINO

Antonio Salmerón y Wang Wei

Read More
Primera traducción del poema (#2)

Read More
Un experimento chino
Primera traducción del poema (#1)

Read More
Invitación a traducir un poema chino

Read More

CUADERNO DE PEKÍN

Mr.Lee, la respuesta china a KFC (Kentucky Fried Chicken)

Read More
Los linternones: figuras en los tejados chinos

Read More
Mi nombre en chino

Read More
¿Pekín o Beijing?

Read More
El pato de Pekín

Read More
Nombres que se repiten en chino

Read More
Xu Wei y cada momento es nuevo

Read More
Por qué un caballo blanco no es un caballo

Read More

CUADERNO DE YUNNAN

En casa de Yang Wen

Read More
Cuervo y Mosca en un templo budista

Read More
Una noche en Hong Kong

Read More
La realidad imita a la ficción

Read More
Mansiones Chungking

Read More
Amman, Jordania

Read More
Fairuz entre Hong Kong y Madrid

Read More
Mosca y Caja conocen a David Hume en Amman

Read More
La prudencia en los viajes

Read More
Tiempo de espera

Read More

Blogger PostGoogle GmailLinkedInMySpaceDeliciousShare

Sextina de amistad

EL ALBUM DE PANDORA

Leí algo acerca de los Álbumes de Pandora en un libro que tenía que corregir para la editorial Mondadori. Se trataba de un estudio sobre Rembrandt, si no recuerdo mal. En ese libro se explicaba que en la época de Rembrandt era frecuente tener un Álbum de Pandora, es decir, un libro con hojas en blanco. El libro se iba llenando con dibujos o con regalos: una flor seca que han besado los labios del amante, una cinta de tela con la que ella ataba su cabello.

Tal vez en el libro se explicaba que Rembrandt tenía un Libro de Pandora en el que dibujaban sus amigos pintores, o tal vez algunos de sus dibujos se han conservado en los libros de Pandora de sus amigos. No me acuerdo.

Es fácil darse cuenta de que el Álbum de Pandora es una versión amable de la célebre caja de Pandora de la mitología griega, un mito que aprovecho para recordar ahora.

En los primeros tiempos, el titán Prometeo había robado a Zeus el fuego y se lo había entregado a los desdichados hombres que vagaban como salvajes por la tierra, sumidos en uan oscuridad perpetua. Prometeo, además, había logrado capturar todos los males y los había encerrado en una vasija para que no acosasen a los humanos.

Para deshacer los favores del titán a los hombres, Zeus encargó al herrero divino Hefesto, que fabricase una mujer semejante a las diosas. Esta mujer fue llamada Pandora y reunió todas las perfecciones divinas. Atenea la vistió, las Gracias la llenaron de joyas, las Horas la cubrieron de flores, Afrodita le dio su belleza y, por último, Hermes le confirió la maldad y la falta de inteligencia. Después de dar vida a la figura, Zeus envió a esta primera mujer como regalo a Epimeteo, hermano de Prometeo.

Pese a los consejos de su hermano, Epimeteo, que no era muy listo, se casó con Pandora.

Como era de esperar, pues lo mismo sucede en el Génesis con Eva, la curiosidad de Pandora la llevó a abrir la vasija en la que Prometeo había encerrado todos los males, que enseguida se escaparon y se extendieron sobre la tierra. Solo quedó dentro de la vasija la esperanza, que con sus consejos falaces y sus pobres consuelos, impide a los humanos suicidarse.

Pero existe otra versión, de un autor optimista, según la cual en la vasija Zeus había puesto los bienes, entregados como un presente para la humanidad. Cuando Pandora abrió la caja, todos los bienes escaparon hacia el Olimpo, excepto la esperanza.

Todo lo anterior me sirve para explicar en qué consiste esta sección de Esklepsis: recuerdos de mis amigos, no necesariamente regalos que me hayan hecho.

Sin embargo, empezaré con un presente que hice yo a un amigo.

 

Sextina de amistad

Se trata de un tipo de poema bastante complejo y en completo desuso llamado sextina, aunque tengo la duda de si Gil de Biedma llegó a escribir alguna en el siglo XX.

El poema se compone de seis sextetos y un terceto final. Ahora bien, las últimas palabras de los versos de cada sexteto son siempre las mismas, pero ordenadas de diferente manera.

La palabra que está al final del primer verso es la que pasa a ser la primera en el siguiente, mientras que la primera del primer verso se convierte en la segunda. El resto igual: la quinta pasa a tercera y la segunda a cuarta; mientras que la cuarta pasa a tercera y la tercera a cuarta.

Además de esto, en el terceto final se han de utilizar las seis palabras, dos en cada verso (se supone que una en cada hemistiquio). Es más fácil ver esta combinatoria en el poema que explicarla. De todos modos, en la siguiente tabla se puede ver la estructura de una sextina, con las palabras de final de verso que yo mismo empleé en mi primera sextina:

1er verso      2ºverso        3er verso    4º verso        5ºverso       6ºverso
sextina          paciencia   oculto          amistad        prisión         arte
arte               sextina       paciencia    oculto           amistad       prisión
oculto           amistad      prisión         arte              sextina         paciencia
prisión          arte            sextina         paciencia     oculto          amistad
amistad        prisión       arte              sextina         paciencia    oculto
paciencia     oculto         amistad       prisión         arte              sextina

 

Llamé a esta sextina, que escribí tumbado sobre la hierba en el parque del Retiro de Madrid, Sextina amicitiae, es decir, sextina de amistad.


 

SEXTINA AMICITIAE (1991)

                                              A Manuel Abellá

Será esta la primera sextina
que componga de ingenio mi arte
buscando el feliz hallazgo oculto
en los versos de la métrica prisión
en que voluntario me encerró amistad
y en que me mantiene paciencia.

Si virtud teologal es la paciencia
obra divina ha de ser esta sextina
que ha de redimirme por amistad
y en alquimia de técnica y arte
permitirme escapar de la prisión
hallando el camino ahora oculto.

Muchas dificultades, no lo oculto,
podrían acabar con mi paciencia
y cerrarme en del oprobio la prisión
quedando en el limbo la sextina
de las inconclusas obras de arte
que a buen puerto no llevó amistad.

Mas si sudor es lo que exige amistad
no han de dejar mis versos oculto
que mayor esfuerzo por el arte
no se encontrará ni más paciencia
que la que da carne a esta sextina
cubriendo su esqueleto que es prisión

Otra peor y más terrible que prisión
desgracia sería perder la amistad
por no saber componer una sextina,
aunque mi temor yo aquí no oculto
de que esta de Job la paciencia
no haga olvidar la falta de arte.

Como el titán Prometeo dando el arte
de hacer fuego padeció cruel prisión
soportando el suplicio con paciencia
por tener de los hombres la amistad
dejo yo un álbum de Pandora oculto
que esperanza convirtió en sextina.

En fin, no oculto que esta mi sextina
hija es de paciencia y no tanto de arte
de días prisión y castigo de amistad.

***********

[Artículo publicado por primera vez en el número 3 de mi revista Esklepsis 3, 1997]

Ver también: El álbum de Pandora

POESÍA

Un poema de Louise Labé

Read More
Goethe, ¿poeta de la experiencia?

Read More
Anaxágoras (-500/-428)

Read More
Carta a Bruno

Read More
El tigre , de William Blake

Read More
Prohibid los placeres (John Milton/Iván Tubau)

Read More
El haiku de Cuervo

Read More
Ono no Komachi, una poeta japonesa

Read More
La librería Rafael Alberti

Read More
Poseído por Dostoievsky (Kim Chun-Su)

Read More
Antonio Salmerón y Wang Wei

Read More
La miasma y el retrato de la dama (John Donne)

Read More
Fábula del origen del mundo y primera tentación

Read More
¿Qué culpa tiene la rosa?

Read More
Sextina de amistad

EL ALBUM DE PANDORA


Read More
Los placeres de la soledad en Bai Juyi

Read More
Toda la poesía

Read More
Omar Jayyam entre Dios y el vino

Read More
Un torneo poético de ajedrez

El doble duelo /0


Read More

NUMEN
Mitología comparada
[Toda la mitología aquí]

Dioses viajeros
ESCRITO EN EL CIELO 20

Read More
El origen de los indoeuropeos

Read More
Las invasiones afortunadas

Read More
Helena de Troya y su doble

Read More
La fidelidad de la tradición

Read More
Los indoeuropeos y la mitología comparada

Read More
Tuan Mac Carell
Seres proteicos 2

Read More
El álbum de Pandora

Read More
¡Felicidades!

Read More
Héroes trágicos o victoriosos

Read More
Primera defensa del deus ex machina

Read More
La prostitución masculina en los mitos armenios

Read More
Hefesto y el nacimiento de Atenea, reinterpretación de un mito

Read More
Atenea y Satana: el dios “embarazado”

Read More
La maternidad extravagante de Atenea y Satana

Read More
El barco de Teseo

Read More
Teseo y la identidad

Read More
La fiel Penélope

Read More
La infiel Helena

Read More
El héroe en el estiercol

Read More
Salvado por el terror (y la mitología)

Read More
El tiempo de los mitos

Read More
Hipótesis mitológicas

Read More
La mitología comparada, ¿arte o ciencia?

Read More
Mitología, mística y religión

Read More
Daniel Tubau

Read More
El deus ex machina de la Medea de Eurípides

Read More
El Mahabharata y otras obras del tiempo

Read More
Cómo descubrí cómo Teseo escapó del laberinto poco después de leer a Borges

Read More
Mitología, mística y religión (2)

Read More

NUMEN, mitología comparada

Read More
Un mito y su interpretación

Read More
Sextina de amistad

EL ALBUM DE PANDORA


Read More


Blogger PostGoogle GmailLinkedInMySpaceDeliciousShare

¿Qué culpa tiene la rosa?

La rosa es uno de esos símbolos literarios o imágenes poéticas tan manoseados que se han convertido casi en un cliché. “No la toquéis más, así es la rosa”, decía Juan Ramón Jiménez, tocando, también él de nuevo, la rosa en un poema. Alguien dijo una vez: “El primero que comparó los labios de su amada con una rosa era un genio, el último es un imbécil”.

Pero hay aquí una observación que hacer: ¿qué culpa tiene la rosa?, ¿es que la rosa no sigue siendo, a pesar de todo, una hermosa imagen, un reflejo o réplica de los labios amados? La mejor defensa de la rosa que yo conozco, aparte de la de Juan Ramón Jiménez (que es más una súplica o un mandato), es la de Chesterton.

Chesterton decía que aunque la rosa sea un símbolo muy viejo, cada nueva rosa es joven en las manos del amante o del poeta que la compara con los labios de su amada. Un tipo de defensa semejante es  lo que escribí junto a la fotografía de un bello atardecer en la ciudad uruguaya de Colonia:

Aunque se dice despectivamente: “Era un atardecer de postal”, hay que recordar que primero fueron los atardeceres y después las fotografías de atardeceres. Muchas personas parecen incapaces de disfrutar de la belleza porque les recuerda los comentarios sobre la belleza.

Ahora bien, la desactivada rosa cobra de nuevo fuerza si, repitiendo en esencia la comparación, varíamos levemente el contexto. Por ejemplo, si quien compara la rosa y los labios es una mujer hablando de un hombre, o hablando de otra mujer, o si es un hombre hablando de otro hombre. O si esa rosa alude no sólo a los labios o las mejillas encendidas de una mujer. Al variar levemente la comparación, al romper el hábito, la rosa parece cobrar nueva vida y renovarse.

Podemos sospechar que gran parte del interés de la película de Ang Lee Brokeback Mountain se debe a que el amor entre hombres resulta menos tópico en el cine que el de hombres y mujeres. Cuando la hosexualidad vaya perdiendo su carácter inevitablemente combativo, la rosa homosexual también acabará convertida en un tópico sin vida.

Pero las reflexiones anteriores no son el asunto al que me quería referir con la pregunta “¿Qué culpa tiene la rosa?”.

Volvamos a Chesterton e imaginemos a un joven que vive al margen de toda la literatura rosácea que nosotros conocemos y de sus metáforas. Por ejemplo, un joven de Babilonia o un joven de un lugar remoto y aculturizado. Este joven descubre un día que los labios de su amada y las rosas son semejantes. Las rosas le recuerdan los labios que tal vez ya besó y los labios le recuerdan las rosas que se abren dóciles a sus caricias. Este joven compara rosas y labios. Nosotros, conociendo quién es y dónde vive, descubrimos que la manida metáfora ya no lo es tanto, y le perdonamos la comparación que no perdonaríamos a nuestro vecino de la gran ciudad.

Algo semejante sucede en un delicioso relato que leí en una antología de literatura hebrea que compré hace poco en Buenos Aires. En ese cuento, que transcurre en Palestina hacia finales del siglo XIX, un judió procedente de Europa viaja con una mujer desconocida en un coche. El chófer es también judío, aunque ha vivido siempre en Palestina y, creyendo que el turista americano no habla hebreo, no para de insultar en voz alta al hombre y decirle a la mujer lo mucho que la ama, comparando sus labios con rosas, sus dientes con perlas y sus senos con palomas. Y allí está el turista, simulando no entender nada, molesto por los insultos pero fascinado por el discurso exuberante del conductor, como también lo estamos nosotros, los lectores.

Se ve por el ejemplo anterior que una misma metáfora, un mismo poema o un mismo discurso cambia sin cambiar y con las mismas palabras es diferente. Lo cierto es que para los seres humanos las cosas en sí no existen, o no pueden ser percibidas, sino tan sólo, como decía Leibniz, las relaciones entre las cosas. Un poema raramente se lee desde una posición neutral, por lo que a ese chófer analfabeto palestino (entonces a los judíos de Palestina se les llamaba todavía palestinos) le permitimos lo que no le permitiríamos a un poeta que ha ganado el premio Nobel, como Neruda.

Pablo Neruda

Neruda, al contrario que el chófer palestino, se ve obligado a hablar no sólo de rosas o de labios, sino también de metalenguaje:

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir por ejemplo…”

Dice Neruda, y sólo después de este preámbulo dirigido a nuestro juicio crítico, se puede permitir la sucesión de tópicos:

«La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

En una sociedad altamente culturizada, como lo es la nuestra o como lo fue la época del helenismo posterior a Alejandro, o la época Tang y Song de China, a un autor no se le perdona que no conozca su tradición y se le exige, además, que demuestre que la conoce, incluso aunque no venga a cuento, incluso, si no hay más remedio, de manera un poco pedante. Wittgenstein hablaba del valor de uso del lenguaje, pero en la poesía y las metáforas lo que se aplica es “el valor de lo usado”: mientras más usado, menos permitido.

Me atrevo a creer, en contra de la opinión común de los expertos, que esta exigencia es en parte un error. Que el lector debería ser capaz de abstraerse de muchos de los dogmas y prejuicios de su tradición cultural, y que a menudo la ironía y el metalenguaje suponen una pérdida mayor para la sensibilidad que la ignorancia. Pero es una opinión que no quiere ser dogmática, de alguien que ama también el metalenguaje (aunque a veces el metalenguaje está tan o más manoseado que la rosa) y que considera que el poema metalingüístico de Neruda es también hermoso, o que al menos lo son algunos de sus versos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo

Por otra parte, no creo que esté fuera de lugar ni sea pedante establecer aquí una comparación entre la manera en la que cada uno de nosotros vivimos nuestra vida y la manera en la que lo hacen las culturas desde el primitivismo al refinamiento (sin añadir a ambos términos ningún valor positivo o negativo). Me refiero a que del mismo modo que la rosa y los labios, los dientes y las perlas o los pechos y las palomas pierden su efectividad a medida que van siendo repetidos una y otra vez en una cultura, lo mismo nos sucede a nosotros cuando leemos por primera vez esas metáforas en la niñez y la adolescencia y cuando lo hacemos pasados ya muchos años: versos que nos emocionaron pierden ahora gran parte de su poder y algunos se deslizan, incluso a pesar de las coartadas metalinguisticas, inevitablemente hacia lo cursi y lo artificioso. Eso es lo que me ha sucedido al volver ahora a leer el poema de Neruda, que tanto me emocionó en la infancia y del que, como dije antes, ahora sólo salvaría algunos versos que escapan del tópico vacío o recargado.

Me doy cuenta de que con esta última observación, quizá estoy refutando casi todo lo que he dicho antes.

*********

Un tipo de defensa de la rosa semejante a la de Chesterton  son los poemas Fábula del origen del mundo y primera tentación, que publiqué en el weblog Pasajero.

Vínculo a: Atardecer en Colonia

[Publicado por primera vez el 5 de marzo de 2005]

 

Blogger PostGoogle GmailLinkedInMySpaceDeliciousShare