Los placeres de la soledad en Bai Juyi

Bai Juyi

 

En el año 832, el poeta chino Bai Juyi (Po’ Chui) reparó una parte desocupada del monasterio Hsiang-shan, en Lung-mên y se llamó a sí mismo el eremita de Hsiang-shan. Creo que allí escribió este poema:

 

 

DESCANSANDO SOLO EN EL TEMPLO HSIEN YU

La grulla de la playa permanecía

sobre las escalinatas.

Desde el estanque se veía brillar la luna

a través de una puerta abierta.

Encantado con el lugar

me quedé allí

dos noches sin moverme para nada,

contento de poder hallar

un lugar tan tranquilo;

satisfecho de que ningún acompañante

me incordiara.

Desde entonces he disfrutado

de esta soledad

y he decidido no venir nunca acompañado

 

*********

[Publicado por primera vez en 2002]

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Originally posted 2013-04-03 16:29:37.

El tigre , de William Blake

  El tigre es un poema de William Blake, muy conocido, sobre todo en los países anglosajones. Es uno de los más hermosos poemas que se han escrito y ha sido muy elogiado por Borges, que siempre admiró a Blake y que escribió al menos un cuento inspirado por el poema: Tigres azules.

He leído a menudo que William Blake nació en una época equivocada, pues vivió en tiempos ilustrados mientras que su temperamento era romántico.  Otras veces se dice (creo que así lo hace Chesterton)  que su temperamento era medieval o renacentista, o quizá gótico pero no barroco ni neoclásico.

Creo que esas opiniones quizá no son del todo erróneas pero sí falsas. En primer lugar porque son demasiado amplias; en segundo lugar, porque Blake vivió gran parte de su vida en la época romántica; en tercer lugar porque mezclan ideas de manera poco precisa, dando a entender que lo místico y lo irrazonable pertenece a las épocas anteriores o posteriores a la Ilustración, y en concreto a la Edad Media y al Romanticismo. Creo que eso es una simplificación tan repetida que acaba por perder su fondo de verdad, que lo tiene.

Muchas de las ideas de Blake sólo se pueden entender si se tiene en cuenta a qué otras ideas se oponían, a las ideas dominantes en su época. Blake gastó mucha energía en combatir ideas que entonces se hallaban muy establecidas y que hoy son sólo baratijas de anticuario. Los mismos términos pueden significar cosas muy diferentes según la época, como apunta con acierto uno de los prologuistas y traductores de Blake, Pablo Mané Garzón. Lo que entendemos hoy no es lo mismo que se entendía en la época de Blake, no tanto porque las palabras hayan cambiado de sentido, sino porque los que hemos cambiados somos nosotros, al vivir en un mundo muy diferente.

Por eso, conviene ser más preciso y menos simplista.

Incluso quienes, como yo, admiramos y amamos a los ilustrados casi por encima de todo, sabemos que las cosas no son tan simples como se suelen presentar en nuestra época, en la que la corriente dominante en las élites intelectuales es anti-Romántica.

Borges, por su parte, sitúa a Blake de manera más precisa de lo habitual:

“Blake fue cronológicamente contemporáneo de los románticos; mentalmente, de los neoplatónicos, de Swedenborg y de Nietzsche.”

También lo compara con Walt Whitman.

Esto me parece más interesante y acertado que los juicios tópicos acerca de Blake, porque no es una manera cerrada de clasificar a Blake, sino abierta: lo primero que uno se pregunta es cuáles son los nexos que lo unen a Swedenborg, Nietzsche, los neoplatónicos y Whitman. La investigación, creo, nos depara interesantes sorpresas.

Y aquí, el tigre  de Blake:

                  EL TIGRE

¡Tigre! ¡Tigre!, fuego que ardes
En los bosques de la noche,
¿Qué mano inmortal, qué ojo
Pudo idear tu terrible simetría?

¿En qué distantes abismos, en qué cielos,
Ardió el fuego de tus ojos?
¿Con qué alas osó elevarse?
¿Y que mano osó tomar ese fuego?

¿Y que hombro y qué arte,
podrían retorcer la nervadura de tu corazón
Y cuando tu corazón comenzó a latir
¿Qué formidable mano, qué formidables pies?

¿Qué martillo, qué cadena?
¿En qué horno se forjó tu cerebro?
¿En qué yunque? ¿Qué osadas garras
ciñeron su terror mortal?

Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas,
Y bañaron los cielos con sus lágrimas,
¿Sonrió al contemplar su obra?
¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo?

¡Tigre! ¡Tigre! luz llameante
En los bosques de la noche,
¿Qué ojo o mano inmortal
Osó idear tu terrible simetría?

             THE TYGER

Tyger! Tyger! burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Could frame thy fearful symmetry?

In what distant deeps or skies
Burn the fire of thine eyes?
On what wings dare he aspire?
What the hand dare sieze the fire?

And what shoulder, & what art,
Could twist the sinews of thy heart?
And when thy heart began to beat,
What dread hand? & what dread feet?

What the hammer? what the chain?
In what furnace thy brain?
What the anvil? what the dread grasp
Dare its deadly terrors clasp?

When the stars threw down their spear,
And water’d heaven with their tears,
Did he smile his work to see?
Did he who made the Lamb make thee?

Tyger! Tyger! burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Dare frame thy fearful symmetry?

**********

 [Publicado por primera vez el viernes 6 de febrero de 2004 en Angkor Byt, revisado en 2018]

  Volveré sigiloso como un tigre en la claridad digital de una página web

Otro tigre en Signos

POESÍA

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Originally posted 2012-04-04 14:43:59.

Goethe, ¿poeta de la experiencia?

goethe-experienciaNunca me he tomado la molestia de investigar qué significa exactamente la denominación “poesía de la experiencia”. Supongo que significará lo que parece que significa, y, de ser así, debemos considerar a Goethe un precursor de esa corriente:

“Todas mis composiciones líricas son poemas de circunstancias que han sido inspiradas por la realidad y que encuentran su fondo y su base en ella. A mi los poemas sacados del aire no me dicen nada”.


2015: Después de consultar en Wikipedia el concepto “poesía de la experiencia”, sigo sin saber qué significa y si se parece o no a esto que dice Goethe.

2019: Después de consultar algún artículo sobre el tema, descubro que al parecer la poesía de la experiencia consiste en crear un yo imaginario para contar entonces sus experiencias (pero sin llegar a los heterónimos de Pessoa, creo).


POESÍA

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Originally posted 2010-07-08 00:17:43.

Ono no Komachi, una poeta japonesa

En la literatura japonesa, especialmente en sus orígenes, hay muchas escritoras. No es extraño, porque la lengua japonesa común, escrita en caracteres hiragana, se considera una invención femenina. Sucedió porque las mujeres no tenían permitido usar los caracteres kanji, importados de China, y utilizaban una lengua simplificada, el hiragana, mientras que los hombres empleaban ese lenguaje, pero solo en su correspondencia amorosa con las mujeres. Con el tiempo, esa lengua casi secreta se convirtió en el japonés actual, en el más importante de sus cuatro silabarios, el hiragana. Los otros son el kanji, el katakana (creado por los bonzos o monjes) y el roomaji (caracteres occidentales).

historia_de_genji_1Las obras maestras de la época clásica están escritas por mujeres, como El libro de la almohada, de Sei Shonagon (del que ya he hablado en esta página) y El romance de Genji, de Murasaki Shikibu, que al parecer se está traduciendo íntegro por primera vez al español y que espero con impaciencia.

[Tras la publicación de esta entrada, en 2004, se han publicado  (escribo este comentario en 2015) al menos dos traducciones íntegras de El romance de Genji o Genji Monogatari, una en Atalanta y otra en Destino].

En un bellísimo libro que me regalaron recientemente, Cien poetas, cien poemas (Hyakunin Isshu), de la editorial Hiperión, descubrí a otra escritora japonesa muy interesante.

Se llama Ono no Komachi:

“Una mujer bellísima que vivió a mediados del siglo IX y que encarna todo el refinamiento y toda la melancolía de la época Heian. El poeta Ki no Tsurayuki la incluyó entre los seis mejores poetas de waka, es decir, como uno de los “seis genios” (rokkasen) de la antología Kokinshü, que contiene 18 poemas suyos”.

La historia de esta poeta extraordinaria es al mismo tiempo alegre y triste, o al menos así lo cuentan los cronistas, algo que también parece admitir la propia Ono no Komachi en algunos de sus poemas:

“Según la leyenda, Ono no Komachi, hija de un oficial, había nacido en la región de Akita y fue enviada a Kioto a la edad de 13 años. Allí destacó por su belleza y por su inteligencia, llegando a ser gran dama de la Corte, quizá sirviendo al emperador Nimmei, y fue requerida por numerosos pretendientes, a los que rechazó. Se cree que al final de su vida regresó a su tierra natal, donde murió, sola, pobre e ignorada, aferrada al orgullo de su belleza juvenil, “viendo caer las largas lluvias”, como dice en el maravilloso poema que la representa en esta antología… “

ono no komachi anciana

El poema de Ono no Komachi recogido en la antología precisamente trata de esa parte solitaria y triste de su vida:

“El color de las flores
se va desvaneciendo:
Así pasa mi vida, vanamente,
envuelta en tristes pensamientos
viendo caer las largas lluvias”.

En otra entrada tuve ocasión de hablar de los haikus (o haikai) con motivo de El haiku de Cuervo. El poema de Ono no Komachi no es haiku, sino tanka, que comparte con los haikus los tres primeros versos de cinco, siete y cinco sílabas, pero añade otros dos.

José María Bermejo y Teresa Herrero, los autores de la antología, explican que Ono no Komachi es un personaje especialmente reverenciado en la cultura japonesa:

“Ono no Komachi inspiró también algunas obras del teatro Nô, cinco de las cuales son atribuidas a Kan’ami o a Zeami. La más conocida, Sotoba Komachi, de Kan’ami, narra una historia estremecedora que tiene como fondo la supuesta crueldad de Ono con sus enamorados y amantes: a uno de ellos, el capitán Shii no Shoso, conocido también como Fukakusa, le impuso como condición, para acceder a sus deseos, que pasara cien noches ante su puerta; pero el capitán, que había acudido fielmente a cada cita, murió la última noche…”

OnonoKomashi y su amante

Ono no Komashi y su amante Shi no Shosho bajo las nieves de  Fukakusa

Existe quizá, dicen los antólogos una cierta relación, algo parecido a la ironía dramática, entre la actitud de Ono no Komachi y el desenlace de su historia:

“El triste final de Ono no Komachi, como una anciana pordiosera y vagabunda, parece marcado por ese amor frustrado, por esa historia absolutamente “romántica”. Su poesía, intensa y emotiva, rica en metáforas e impregnada de un fuerte erotismo, es, tal vez, el mejor retrato de esa misteriosa mujer que, según la tradición, adoptó al final de su vida, en el templo de Onosan Myoshoji, en Hazako, el nombre budista de “Myosho”.

 

1

Se conservan muchos retratos de Ono no Komachi:

“Varios siglos después, Eishi, el artista más aristocrático de ukiyo-e (tipo de grabado o ilustración japonesa), ilustró ese poema que aún nos sigue conmoviendo. Otro genio del grabado, Harunobu (1725-1770) recreó, en una bellísima “estampa de brocado” (nishikie) la figura legendaria de Ono no Komachi”.

En esta maravilla que es Internet, he encontrado unos cuantos poemas más de Ono no Komachi, aunque sólo están traducidos al inglés. Me gusta mucho este:

“Those gifts you left
have become my enemies:
without them
there might have been
a moment’s forgetting”.
         (Tr. Hirshfield & Aratani)

Intento ahora, en 2015, una apresurada traducción de este poema:

“Esos regalos que dejaste
son ahora mis enemigos
Sin ellos
podría tal vez tener 
un instante de olvido”.


Aquí puedes consultar dos páginas para leer más poemas de Ono no Komachi: Other Women Voices, Gotterdamerung, y una página muy interesante en la que se estudia la belleza fatal de Ono no Komachi como estándar de la belleza femenina en Japón.

 

[Publicado el 14 de diciembre de 2004. Revisado en 2015]

CUADERNO DE JAPÓN

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Originally posted 2012-06-21 01:00:15.

Prohibid los placeres (John Milton/Iván Tubau)

De John Milton se suele decir que era ciego, puritano y que escribió El paraíso perdido. Es un resumen muy útil para ignorar quién era Milton.

Es cierto que era ciego, pero no siempre lo fue; es cierto que era puritano y partidario de Cromwell, pero no un fanático como lo fue el Lord Protector, y es cierto que escribió El paraíso perdido, pero también El paraíso recobrado, y otros muchos poemas y ensayos. Hoy imaginamos a Milton como a un ciego que nos mira a través de sus cuencas vacías, pero quienes fueron con él a la escuela le llamaban “la damisela del College” a causa de sus largos cabellos rubios y, según él mismo cuenta, a pesar de ser ciego, sus ojos azules parecían perfectamente sanos. También era republicano y escribió una de las primeras defensas del divorcio, que inició cuando su joven esposa de 17 años le abandonó. También es autor de un libro extraordinario en defensa de la libertad de imprenta y de prensa, Areopagitica, que ha sido razonablemente comparado con otro delicioso y poderoso ensayo inglés, Sobre la libertad, de John Stuart Mill.

La breve síntesis de la vida de Milton que nos ofrecen las enciclopedias nos oculta, como suele suceder, la personalidad del autor al que creemos definir. Milton es sin duda uno de los personajes más complejos e interesantes de la literatura clásica inglesa, que muchos, y yo me incluyo entre ellos, sólo conocen de una manera superficial, como una suma de resúmenes y síntesis.

Un pasaje interesante de la Areopagítica de  Milton es cuadno dice a quienes quieren prohibirlo todo:

“Si pensamos en regular las prensas, para con ello enderezar los modales, deberemos regular toda casta de solaces y pasatiempos, todo aquello en que los hombres hallaren su deleite. No habría que oír música, ni debería ir canción al pentagrama o ser entonada, como no fueran dóricas y graves. Ni sin permiso debería espaciarse la danza, para guardar a nuestra mocedad de ademán, movimiento o porte de los que vuestro permiso no estimara honestos…”

Es un párrafo que me recuerda un hermoso poema de mi padre, Iván Tubau:

WALKMAN
Un barco, el mar
cuando anochece
– ¿cómo
decir cuando anochece que anochece

sin decir que anochece?-
y el saxo de John Coltrane estallando
directamente en tu cerebro:
¿Queréis droga más dura?
¿Cómo es posible
que aún sean legales
el mar, la muerte lenta
del sol,
los barcos
grandes como el mundo,
Miles Davis
y la cinta magnética, los Aiwa
portátiles baratos, las pilas
de todos los timbres que vos apretás
y sobre todo
los demoniácos auriculares?
Prohibid
la música y el mar y los atardeceres:
dan placer.

*********

[Publicado por primera vez el 8 de diciembre de 2008]

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Originally posted 2012-04-10 01:15:04.

Bai Juyi

Bai Juyi (772-846) es un poeta chino que vivió durante la dinastía Tang.

La dinastía Tang se sitúa entre los años 618 y 907, y es considerada uno de los momentos de mayor esplendor de la cultura china. Los soberanos Tang extendieron sus dominios más allá de la China propiamente dicha, controlando a todos los pueblos de la ruta de la seda. La economía prosperó, el norte y el sur quedaron unidos gracias a la apertura del Gran Canal. La cría de caballos pasó de 5000 a 700.000 unidades. En la capital, Chang’an, vivía más de un millón de personas y era sin duda la mayor urbe de su época.

Durante la dinastía Tang, la poesía se desarrolló de manera extraordinaria, no sólo por razones puramente estéticas, sino porque era una de las pruebas que se exigían en los exámenes oficiales, que eran algo muy semejante a las modernas oposiciones de Occidente.

A finales del siglo XVIII se hizo una recopilación de la Poesía Tang, reuniéndose 48.900 poemas, pertenecientes a 2.200 poetas diferentes. Se calcula que esta cifra representa un diez por ciento de lo que se escribió.

En la época Tang también se crearon nuevas formas poéticas:

    • Los guti (estilo antiguo). Ni el número de versos ni el de palabras de cada verso está determinado. Sus esquemas rítmicos también son flexibles.
    • Los jinti (estilo nuevo): ocho versos. Aunque no era un metro nuevo, sí fue sometido a estrictas reglas métricas. Así, el segundo y tercer verso de cada estrofa debían seguir el paralelismo, que no sé muy bien qué es.
    • Los jueju: poemas de cuatro versos, que tampoco eran nuevos, pero que sí fueron sometidos a reglas.
    • Los ci: aparecieron en la segunda mitad de la dinastía y eran poemas líricos de ocho versos de metro irregular, puestos en música y hechos para ser cantados. El número de frases y de palabras por frase se establecían por reglas definidas.

En la poesía de la época Tang, los temas predilectos son: la denuncia social y la protesta, el amor, la amistad, los campos, los paisajes y una continua melancolía.

Bai Juyi nació en Xinzheng (Henan). Pertenecía a una familia humilde, pero se convirtió en funcionario, ocupó altos cargos y llegó a ser ministro, aunque fue desterrado varias veces por pedirle al Emperador que acabase con las guerras. Así, estuvo desterrado o fue enviado a trabajar a Jiangzhou (la actual Jiujiang), Hangzhou y Suzhoy. Finalmente, viajó a Luoyang, donde murió a los 75 años.

Escribió, durante la dinastía Tang, más poemas que nadie, cerca de 3000.

Era discípulo de Tu Fu y, como éste, creía que la literatura debía combatir los males sociales. Escribió poemas populares, sencillos, directos y rápidos que no consideraba dignos si su sirvienta no los entendía totalmente, al contrario de Eugenio D’Ors, quien, tras dictar a su secretaria le preguntaba:

– ¿Se entiende, Antoñita?
– Sí, maestro, perfectamente.
– Pues, oscurezcámoslo.

Bai Juyi ha sido comparado con Horacio y se considera que es el poeta chino más cercano al gusto occidental. Sus tendencias son confucianas.

C.G. Moral dice que su poema “Canción de la pena sin fin” es uno de los más hermosos de toda la época Tang, pero yo he preferido otros de los que se incluyen en la Antología de poesía de la época Tang. El que más me ha gustado es “A Li Chen”.

Al final de los poemas, añado algunos comentarios a alguna cuestión que se relaciona o menciona en ellos.

SOBRE LA TORRE DESDE LA QUE SE DOMINA EL RíO

Junto al río se encuentra, presuntuosa,
la torre de treinta metros de alto;
Por allí pasa una enorme
carretera de mil kilómetros;
Me basta contemplar el lejano horizonte
desde esta altura
para confortar
la mente y el espíritu.
Los correos no se detienen
a lo largo del camino,
los soldados se precipitan
hacia sus destacamentos.
En tiempos tan alborotados
siento de manera especial
que es bueno estar desocupado.
Ahora que he pasado los cuarenta,
en verdad no es demasiado pronto
para que me retire.
Déjame que ahora limpie
los vestidos manchados de polvo.
No es demasiado tarde
para que vuelva a las colinas.


DESCANSANDO SOLO EN EL TEMPLO HSIEN YU

La grulla de la playa permanecía
sobre las escalinatas;
Desde el estanque se veía brillar la luna
a través de una puerta abierta.
Encantado con el lugar
me quedé allí
dos noches sin moverme para nada,
contento de poder hallar
un lugar tan tranquilo;
Satisfecho de que ningún acompañante
me incordiara.
Desde entonces he disfrutado
de esta soledad
y he decidido no venir nunca acompañado.


 

A LI CHI

En los primeros tiempos
para encauzar el curso de mi vida,
directamente acudí
a Chuang Tzu, capitulo primero.
Pero en los últimos años
el espíritu es mi preocupación;
me convertí a la Dhyana
de la Escuela del Sur.

Exteriormente, acepto
el mundo tal como es;
íntimamente, supero las limitaciones
que imponen los sentidos.
Afuera, no siento aversión
ni por la aldea ni por la Corte;
en mi casa, no necesito
la compañía de nadie.

Desde que aprendí este arte,
adondequiera que vaya
mi mente está en sosiego
y no necesito
de inflexiones y estiramientos
para el bienestar de mis miembros;
ni de ríos ni de lagos
para calmar mis pensamientos.

Si tengo propensión al vino,
algunas veces bebo;
si no tengo nada que hacer
me siento reposadamente,
silencioso y tranquilo
hasta muy tarde
y al siguiente día, duermo profundamente
hasta que el sol está muy alto.

No me causan nostalgia, en otoño,
las noches largas;
no me lamento en primavera
por los días que pasan.
Enseñé a mi cuerpo a olvidar
si es joven o viejo,
y a mi alma, que aprecie igual
la vida que la muerte.

En la conversación que sostuvimos
ayer, cuando te vi,
diste a mis pensamientos
lo que llaman «corazón y médula»,
Porque también mi Camino es
como lo «inexpresable»
Y a no ser por ti, jamás
lo hubiese explicado con palabras.


CORAZÓN EN OTOÑO

Pocos visitantes atraviesan esta puerta.
Frente a las gradas crecen
numerosos pinos y bambúes,
la pared oriental resguarda
del aire del otoño.
Por el patio occidental
sopla la brisa fresca.
Aunque tengo un arpa
no tengo ganas de tañerla.
Tengo libros, pero
me falta tiempo para leer.
Todo el santo día, en esta región
de una pulgada cuadrada,
sólo existe la tranquilidad
y la ausencia de pasión.
¿Para qué habría de agrandar
mi casa?
No tiene sentido hablar mucho.
Una habitación mediana
es suficiente para el cuerpo;
dos tazones de arroz
bastan para el estómago.
Además de esto, sin ninguna habilidad
para el manejo de los negocios,
haraganeo y recibo
el salario que me da el Emperador.
Jamás he plantado una sola morera,
ni abrí un solo surco para el arroz.
No obstante, me alimento bien
todos los días
y ando bien ataviado
durante el año.
Con semejante conciencia
y conociendo mi retraimiento,
¿Por qué habría de estar descontento?


SOBRE LOS POEMAS DE BAI JUYI

Del poema Descansando solo en el templo Hsien Yu me encantan los tres últimos versos, que me parecen de una sensibilidad e inteligencia perfectas.

El poema A Li Chen es mi favorito.

El capítulo primero de Chuang Tzu (o Zhuangzi) al que se refiere en el cuarto verso se titula Placentera libertad y en él se cuentan varias historias, por ejemplo la del pez llamado Kun que es enorme y se convierte en pájaro (y entonces se llama Peng); la intención de estas historias es mostrar la relatividad de las cosas, que debería llevar a mantener opiniones menos dogmáticas. En otro momento explicaré qué quiero decir con ‘relatividad de las cosas’ y que creo que quiere decir Zhuang Zi, porque no se trata de eso de “Todo es relativo” como traducción de “Todo es igual de bueno o igual de malo”.

También cuenta ese primer capítulo del Zhuangi cómo el emperador Yao se retiró del mundo después de ponerlo en orden y establecer la paz en “las tierras entre los cuatro mares”. Además, se comenta por primera vez la virtud de ser inútil y la naturaleza del hombre perfecto: “El hombre perfecto no tiene yo, el hombre espiritual no tiene éxito, los grandes sabios no tienen nombre”, lo que sin duda tiene relación con las palabras finales del poema, cuando se explica por qué fue escrito.

El momento al que se refiere esta pintura sería cuando Bai Juyi se encontró con el monje Daolin, que hacía meditación en las ramas de los árboles, con tanto sosiego que hasta los pájaros construían sus nidos junto a él. Bai Juyi pidió al monje que le enseñará las verdades del budismo. Daolin le dijo: “Abstente de causar el mal y practica buenas acciones”. Bai Juyi mostró su frustración nte el consejo y dijo: “Incluso un niño de tres años sabe eso”. Daolin replicó: “Un niño de tres años puede decir eso, pero incluso un anciano a los ochenta años puede no practicarlo”. Probablemente es una anécdota apócrifa.

La escuela budista Dhyana de la Escuela del Sur, que se menciona en los versos 7 y 8, es una secta budista que dio origen al Ch’an chino, que a su vez dio origen al zen japonés. Los dhyanas (Jhänas en pali), son medios de trascender el efecto de los estímulos sensoriales y nuestras reacciones normales frente a dicho efecto. Ch’an es la traducción china de Dhyana y significa meditación. Curiosamente, hacia el año 700 el Ch’an chino se constituyó como escuela separada. Según Edward Conze, el año 734 Sheng Hui, discípulo de Hui Neng, fundó una escuela en el sur de China. Tal vez sea esta la escuela a la que se refiere Bai Juyi. El ch’an prosperó en la época Tang y hacia el año 100 era la secta budista más importante, con excepción del Amidismo.

Así que lo que dice Bai Juyi en los siguientes versos parece un resumen de las enseñanzas ch’an.

En cuanto al verso antepenúltimo, parece referirse, según el anotador y traductor de los poemas (C.G.Moral) a las palabras preliminares del Tao Te Ching (o Lao Zi). Las busco… En la versión de Iñaki Preciado no están en el primer capítulo, sino en el 45, pues Preciado sigue el manuscrito del Lao Zi encontrado en 1973. En ese manuscrito, al contrario de lo usual, el libro del de aparece antes del libro del dao. Por cierto, aprovecho aquí, ahora que estoy aprendiendo chino, para aclarar una duda que yo mismo tenía hasta hace poco: de y dao deben pronunciarse te y tao, mientras que si escribimos te y tao, deberemos pronunciar t’e y t’ao (es decir, expulsando aire, como escupiendo, al pronunciar la ‘t’).

Este es el texto al que se refiere el traductor de Bai Juyi:

El dao que puede expresarse con palabras,
no es el dao permanente.
El nombre que puede ser nombrado,
no es el nombre permanente.
Lo que no tiene nombre (wu ming),
es el principio de todos los seres.
Lo que tiene nombre (you ming),
es la madre de todas las cosas.
La permanente ausencia de deseos (wu wu),
permite contemplar su esencia escondida;
la constante presencia del deseo (you wu),
lleva a contemplar sus manifestaciones.
Ambos (wu, you) tienen el mismo origen,
con nombres diferentes designan una misma realidad.
El profundo misterio,
es la llave de las transformaciones de los seres.

 *********

[Publicado en 1998 e impreso en la revista Esklepsis. Las ilustraciones son de 2018, excepto la primera que es de la revista]

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Omar Jayyam entre Dios y el vino

 Omar Jayyam

Ghiyathuddin Abulfash Omar ben Ibrahim al Jayyam, conocido como Omar Jayyam (o Khayam) es un poeta, astrónomo y matemático persa que vivió en los siglos XI y XII. Nació en Nishapur y fue compañero en su juventud de Hassan al Sabbah, el fundador de la temida orden de los hassasin (que es el origen de la palabra asesino). Se dice que junto a otros siete sabios participó en la reforma del calendario musulmán. Amin Mahlouf le ha dedicado todo un libro, Samarcanda, que no he tenido el gusto de leer.

Samarcanda Maalouf

Desde que Edward Fitzgerald tradujo los Rubayyat al inglés, Jayyam se convirtió en el paradigma del poeta ateo y descreído, escéptico y volcado en los placeres del vino. Una especie de Anacreonte persa. Sin embargo, los sufíes niegan esta imagen de Jayyam y le convierten en uno de los adeptos a su secta.

Los sufíes son una variante o especialización mística del Islam, que se podría comparar a los gnósticos cristianos, aunque las coincidencias entre ambas corrientes son sólo ocasionales. Ali-Shah, que se declara sufí, tradujo los Rubayyat en colaboración con Robert Graves, el autor de Yo, Claudio, la crónica de la primera guerra mundial Adios a todo eso y libros de mitología como Los mitos griegos o La diosa blanca. Ali Shah y el propio Graves  reprochan a Fitzgerald haber realizado una traducción completamente desfigurada de Jayyam, tanto en la forma como en el fondo.

Del mismo modo que hizo Juan de la Cruz con el Cantar de los Cantares de Salomón, estos sufíes interpretan mediante alegorías la poesía de Jayyam: el vino es Dios, los efebos sus compañeros de religión, la taberna es la iglesia.

Así pues, el mito del Jayyam epicúreo se tambalea. ¿Quién tiene razón? Lo ignoro, pero me atreveré con algunas consideraciones dispersas.

En cuanto al asunto de la traducción, es casi seguro que es más fiel la de Shah y Graves (Alejandro Calleja en la versión castellana, porque la traducción original es en inglés) que la de Fitzgerald.

Sin embargo, ahora (en 2010) he descubierto que la traducción de Ali Shah es considerada muy inexacta por los islamistas, pero no sé si hay que entender islamistas en el sentido religioso y en tal caso con el sentido o no de extremismo religioso o islamistas en el sentido de estudios del Islam. Tengo que aclarar, en cualquier caso que el Ali Shah que tradujo los Rubayyat es Omar Ali Shah, y no su hermano Idries Shah, de quien no me fío demasiado, a pesar de que me encantan sus antologías, no sé si reales o en parte inventadas, de los dichos de ese gran sirvegüenza llamado Nasrudín.

En cuanto a si hay que interpretar alegóricamente el texto, estos autores que critican la traducción de Ali Shah también ofrecen argumentos poderosos en favor de la idea de que Jayyam era sufí (eso me hace suponer que me refería a “islamistas” en el sentido religioso). Ahora bien, el hecho de que sea sufí no valida sin más su interpretación alegórica.

Otro asunto interesante es el de los traductores y traidores (tradutore/traditore). Es cierto que hay traductores que más que traducir ofrecen variaciones sobre un tema, un tema insinuado o contenido en los poemas de la víctima, es decir, el autor. Pero unos lo hacen mejor y otros lo hacen peor.

A veces las variaciones son tan interesantes o más que el original. Esto no sucede, en mi opinión, con las traducciones homéricas de Agustín García Calvo, que me fatigan a pesar de su erudición y saber, pero sí en el de Fitzgerald. Tengo que reconocer que me gustan más las versiones de Fitzgerald, que las de Shah/Graves/Calleja. ¿Qué le voy a hacer?

Un ejemplo:

Oh, Tú que al hombre de tierra vil hiciste,
y que junto con el Edén creaste a la serpiente
por todo el pecado con el que el rostro del hombre
se ennegrece, da el perdón al hombre, !y tómalo!
(Fitzgerald)

Tú, siempre consciente de todos los secretos;
Quien socorres a toda carne en su hora de necesidad,
Concédeme arrepentimiento, también concédeme misericordia
Tú que perdonas todo, Tú que castigas todo.
(Graves/Shah/Calleja)

Como se ve, la diferencia es grande. Lo que en la versión de Fitzgerald es una poderosa acusación a un Dios que creó al ser humano a su imagen y semejanza, pero que, además, creo a la serpiente para tentarlo, sabiendo que era inevitable que lo consiguiera, y que le castigó: ¿no es acaso ese Dios el responsable de los males que ha causado a su criatura?

Se dice que Fitzgerald era un poeta mediocre, y tal vez sea cierto. Es posible, aunque yo lo dudo, que sea más hermosa la traducción de Graves/Shah/Calleja, pero no puedo evitar sentir algo parecido a la indiferencia al leer la cuarteta traducida por los tres puristas (quizá no haya que incluir a Calleja, como traductor de traductor (Graves) de traductor (Ali Shah). En el caso purista me parece estar ante poco más que una plegaria formal e insípida, mientras que siento algo mucho más intenso, desde un punto de vista emocional e intelectual, al leer esos versos en los que es Dios el que ha de pedir el perdón de los hombres. Tal vez sea debido a que soy un ateo decimonónico, no lo sé, pero la idea trasmitida en los versos de Fitzgerald-Jayyam me parece más intensa, más atinada y más interesante desde cualquier punto de vista.

Omar Ali Shah

Omar Ali Shah

La interpretación alegórica puede ser interesante cuando se ejercita en ella un talento como el de Juan de la Cruz, pero empleada como llave interpretativa casi siempre convierte algo espléndido en pura trivialidad sólo apta para almas transidas por la religión y/o el fanatismo.

Son los dudosos placeres del simbolismo barato, tan de moda hoy en día, que permite interpretar cualquier cosa como cualquier otra.

Quienes no gozamos del dudoso privilegio de disfrutar de las equivalencias triviales seguiremos leyendo vino donde pone vino, efebo donde pone efebo y crueldad donde pone crueldad. Después que vengan los teólogos y los simbólogos y digan lo que quieran: con sus interpretaciones lo único que consiguen es convertir el tacto verdadero de las cosas, del vino, de las rosas y de los cuerpos desnudos en brillo vulgar de revelación y religión. Pero hay muchos matices que añadir a este tema tan complejo; algunos de ellos se pueden leer en Entre la mística y lo carnal.

omarjayyamEn fin, no creo que se pueda resolver el problema de la traducción fácilmente, pues cada traductor de las Rubayyat no sólo ofrece su versión particular, sino que incluso da un número distinto de cuartetas atribuidas a Jayyam: Fitzgerald tradujo cien, Shrubsole trescientas cuarenta y seis, Gibert/Navarro doscientas cincuenta, más el poema Kuza-Nama (Las ollas y el ollero), y Sha/Graves/Calleja ciento once. Otro problema es que hay muchos manuscritos diferentes de las Rubayyat. Uno de ellos, al parecer el más importante, se encuentra en una de las cajas de seguridad del Titanic.

Copio a continuación algunas de las Rubayyat que más me gustan, citando siempre al final el nombre de cada traductor:

No obtuvo el universo provecho a mi llegada,
ni aumentará mi marcha su rango y esplendor,
ni de nadie escucharon mis oídos jamás
por qué un día llegué y otro me marcharé.
(Behnam/Munárriz)

El día que yo muera se acabarán las rocas,
los labios, los cipreses, las albas, los crepúsculos,
la pena y la alegría. Y el mundo habrá dejado
de ser, que su existencia está en nosotros mismos.
(Gibert/Navarro)

Si es la naturaleza obra del hacedor,
¿por qué permitió en ella excesos y defectos?
Si resultaba hermosa, ¿por qué, pues, destruirla?
Si hay rostros poco hermosos, ¿de quién será la culpa?
(Behnam/Munárriz)

Mi norma es beber vino y así vivir alegre;
mi religión no incluye blasfemia ni oración;
a la novia del mundo pregunté por su dote
y me dijo: -Es mi dote tu alegre corazón.
(Behnam/Munárriz)

Donde nace una rosa roja, vertióse antaño
de un príncipe la sangre. Del lunar de un efebo
procede la violeta. Las flores del jacinto
nacieron de una frente que fue tersa y brillante.
(Gibert/Navarro)

Os cambio la diadema del Khazam, mi turbante de seda
y el airón del Shah, por la armonía
del canto de la flauta. Por un vaso de vino
doy a cambio el rosario que rezan los hipócritas.
(Gibert/Navarro)

Tú sentencias; nosotros actuamos mejor:
aunque borrachos,somos más lúcidos que tú;
tú viertes sangre humana,nosotros la de la uva;
se justo y dictamina: ¿quién es más sanguinario?
(Behnam/Munárriz)

!Animo!, no te apene el mundo pasajero;
del instante que pasa, goza con alegría:
si fuese la constancia lo propio de este mundo,
nunca habría llegado, tras los otros, tu turno.
(Behnam/Munárriz)

A los labios del jarro uní ansioso mis labios
pidiéndole una ayuda para mi larga vida;
sus labios en mis labios, me dijo sigiloso:
bebe vino, que al mundo nunca más volverás.
(Behnam/Munárriz)

!Oh Tú que hiciste al hombre de deleznable barro
y en el Edén pusiste la serpiente! Por negro
de pecados que veas al ser que Tú creaste,
perdónale y procura que él también te perdone.
(Gibert/Navarro)

*******************

Este artículo es la revisión en 2010 de otro que escribí en mi revista Esklepsis en 1994, aunque he aprovechado para releer el texto y corregirlo cuando me ha parecido necesario (si te interesa el texto original, puedes leerlo en la edición digital del número 1 de Esklepsis.

Cuando escribí esta revisión en 2010 encabecé el texto con este párrafo: “En estos días tan difíciles para Irán, cuando la esperanza de un cambio de régimen se ha diluido de nuevo, tal vez sea un buen momento para recordar a uno de los grandes poetas persas, Omar Jayyam”. Y añadí: “Dieciséis años después, quizá valga la pena darse una vuelta por el mundo literario y por Internet para ver cómo está la cuestión “Jayyam”. Lo haré cuando tenga un poco de tiempo”.

Esta de ahora, en 2014 es la tercera revisión importante del artículo, que me ha llevado a dividirlo en tres partes. Esta es la primera. Las otras dos son: “Un persa ateo lee a Jayyam” y “Entre lo místico y lo carnal”

************

[Publicado en 1994 en Esklepsis. Publicado en Signos el 7 de noviembre de 2010. Revisado en noviembre de 2014]

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EL ALBUM DE PANDORA

Leí algo acerca de los Álbumes de Pandora en un libro que tenía que corregir para la editorial Mondadori. Se trataba de un estudio sobre Rembrandt, si no recuerdo mal. En ese libro se explicaba que en la época de Rembrandt era frecuente tener un Álbum de Pandora, es decir, un libro con hojas en blanco. El libro se iba llenando con dibujos o con regalos: una flor seca que han besado los labios del amante, una cinta de tela con la que ella ataba su cabello.

Tal vez en el libro se explicaba que Rembrandt tenía un Libro de Pandora en el que dibujaban sus amigos pintores, o tal vez algunos de sus dibujos se han conservado en los libros de Pandora de sus amigos. No me acuerdo.

Es fácil darse cuenta de que el Álbum de Pandora es una versión amable de la célebre caja de Pandora de la mitología griega, un mito que aprovecho para recordar ahora.

En los primeros tiempos, el titán Prometeo había robado a Zeus el fuego y se lo había entregado a los desdichados hombres que vagaban como salvajes por la tierra, sumidos en uan oscuridad perpetua. Prometeo, además, había logrado capturar todos los males y los había encerrado en una vasija para que no acosasen a los humanos.

Para deshacer los favores del titán a los hombres, Zeus encargó al herrero divino Hefesto, que fabricase una mujer semejante a las diosas. Esta mujer fue llamada Pandora y reunió todas las perfecciones divinas. Atenea la vistió, las Gracias la llenaron de joyas, las Horas la cubrieron de flores, Afrodita le dio su belleza y, por último, Hermes le confirió la maldad y la falta de inteligencia. Después de dar vida a la figura, Zeus envió a esta primera mujer como regalo a Epimeteo, hermano de Prometeo.

Pese a los consejos de su hermano, Epimeteo, que no era muy listo, se casó con Pandora.

Como era de esperar, pues lo mismo sucede en el Génesis con Eva, la curiosidad de Pandora la llevó a abrir la vasija en la que Prometeo había encerrado todos los males, que enseguida se escaparon y se extendieron sobre la tierra. Solo quedó dentro de la vasija la esperanza, que con sus consejos falaces y sus pobres consuelos, impide a los humanos suicidarse.

Pero existe otra versión, de un autor optimista, según la cual en la vasija Zeus había puesto los bienes, entregados como un presente para la humanidad. Cuando Pandora abrió la caja, todos los bienes escaparon hacia el Olimpo, excepto la esperanza.

Todo lo anterior me sirve para explicar en qué consiste esta sección de Esklepsis: recuerdos de mis amigos, no necesariamente regalos que me hayan hecho.

Sin embargo, empezaré con un presente que hice yo a un amigo.

 

Sextina de amistad

Se trata de un tipo de poema bastante complejo y en completo desuso llamado sextina, aunque tengo la duda de si Gil de Biedma llegó a escribir alguna en el siglo XX.

El poema se compone de seis sextetos y un terceto final. Ahora bien, las últimas palabras de los versos de cada sexteto son siempre las mismas, pero ordenadas de diferente manera.

La palabra que está al final del primer verso es la que pasa a ser la primera en el siguiente, mientras que la primera del primer verso se convierte en la segunda. El resto igual: la quinta pasa a tercera y la segunda a cuarta; mientras que la cuarta pasa a tercera y la tercera a cuarta.

Además de esto, en el terceto final se han de utilizar las seis palabras, dos en cada verso (se supone que una en cada hemistiquio). Es más fácil ver esta combinatoria en el poema que explicarla. De todos modos, en la siguiente tabla se puede ver la estructura de una sextina, con las palabras de final de verso que yo mismo empleé en mi primera sextina:

1er verso      2ºverso        3er verso    4º verso        5ºverso       6ºverso
sextina          paciencia   oculto          amistad        prisión         arte
arte               sextina       paciencia    oculto           amistad       prisión
oculto           amistad      prisión         arte              sextina         paciencia
prisión          arte            sextina         paciencia     oculto          amistad
amistad        prisión       arte              sextina         paciencia    oculto
paciencia     oculto         amistad       prisión         arte              sextina

 

Llamé a esta sextina, que escribí tumbado sobre la hierba en el parque del Retiro de Madrid, Sextina amicitiae, es decir, sextina de amistad.


 

SEXTINA AMICITIAE (1991)

                                              A Manuel Abellá

Será esta la primera sextina
que componga de ingenio mi arte
buscando el feliz hallazgo oculto
en los versos de la métrica prisión
en que voluntario me encerró amistad
y en que me mantiene paciencia.

Si virtud teologal es la paciencia
obra divina ha de ser esta sextina
que ha de redimirme por amistad
y en alquimia de técnica y arte
permitirme escapar de la prisión
hallando el camino ahora oculto.

Muchas dificultades, no lo oculto,
podrían acabar con mi paciencia
y cerrarme en del oprobio la prisión
quedando en el limbo la sextina
de las inconclusas obras de arte
que a buen puerto no llevó amistad.

Mas si sudor es lo que exige amistad
no han de dejar mis versos oculto
que mayor esfuerzo por el arte
no se encontrará ni más paciencia
que la que da carne a esta sextina
cubriendo su esqueleto que es prisión

Otra peor y más terrible que prisión
desgracia sería perder la amistad
por no saber componer una sextina,
aunque mi temor yo aquí no oculto
de que esta de Job la paciencia
no haga olvidar la falta de arte.

Como el titán Prometeo dando el arte
de hacer fuego padeció cruel prisión
soportando el suplicio con paciencia
por tener de los hombres la amistad
dejo yo un álbum de Pandora oculto
que esperanza convirtió en sextina.

En fin, no oculto que esta mi sextina
hija es de paciencia y no tanto de arte
de días prisión y castigo de amistad.

***********

[Artículo publicado por primera vez en el número 3 de mi revista Esklepsis 3, 1997]

Ver también: El álbum de Pandora

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¿Qué culpa tiene la rosa?

La rosa es uno de esos símbolos literarios o imágenes poéticas tan manoseados que se han convertido casi en un cliché. “No la toquéis más, así es la rosa”, decía Juan Ramón Jiménez, tocando, también él de nuevo, la rosa en un poema. Alguien dijo una vez: “El primero que comparó los labios de su amada con una rosa era un genio, el último es un imbécil”.

Pero hay aquí una observación que hacer: ¿qué culpa tiene la rosa?, ¿es que la rosa no sigue siendo, a pesar de todo, una hermosa imagen, un reflejo o réplica de los labios amados? La mejor defensa de la rosa que yo conozco, aparte de la de Juan Ramón Jiménez (que es más una súplica o un mandato), es la de Chesterton.

Chesterton decía que aunque la rosa sea un símbolo muy viejo, cada nueva rosa es joven en las manos del amante o del poeta que la compara con los labios de su amada. Un tipo de defensa semejante es  lo que escribí junto a la fotografía de un bello atardecer en la ciudad uruguaya de Colonia:

Aunque se dice despectivamente: “Era un atardecer de postal”, hay que recordar que primero fueron los atardeceres y después las fotografías de atardeceres. Muchas personas parecen incapaces de disfrutar de la belleza porque les recuerda los comentarios sobre la belleza.

Ahora bien, la desactivada rosa cobra de nuevo fuerza si, repitiendo en esencia la comparación, varíamos levemente el contexto. Por ejemplo, si quien compara la rosa y los labios es una mujer hablando de un hombre, o hablando de otra mujer, o si es un hombre hablando de otro hombre. O si esa rosa alude no sólo a los labios o las mejillas encendidas de una mujer. Al variar levemente la comparación, al romper el hábito, la rosa parece cobrar nueva vida y renovarse.

Podemos sospechar que gran parte del interés de la película de Ang Lee Brokeback Mountain se debe a que el amor entre hombres resulta menos tópico en el cine que el de hombres y mujeres. Cuando la hosexualidad vaya perdiendo su carácter inevitablemente combativo, la rosa homosexual también acabará convertida en un tópico sin vida.

Pero las reflexiones anteriores no son el asunto al que me quería referir con la pregunta “¿Qué culpa tiene la rosa?”.

Volvamos a Chesterton e imaginemos a un joven que vive al margen de toda la literatura rosácea que nosotros conocemos y de sus metáforas. Por ejemplo, un joven de Babilonia o un joven de un lugar remoto y aculturizado. Este joven descubre un día que los labios de su amada y las rosas son semejantes. Las rosas le recuerdan los labios que tal vez ya besó y los labios le recuerdan las rosas que se abren dóciles a sus caricias. Este joven compara rosas y labios. Nosotros, conociendo quién es y dónde vive, descubrimos que la manida metáfora ya no lo es tanto, y le perdonamos la comparación que no perdonaríamos a nuestro vecino de la gran ciudad.

Algo semejante sucede en un delicioso relato que leí en una antología de literatura hebrea que compré hace poco en Buenos Aires. En ese cuento, que transcurre en Palestina hacia finales del siglo XIX, un judió procedente de Europa viaja con una mujer desconocida en un coche. El chófer es también judío, aunque ha vivido siempre en Palestina y, creyendo que el turista americano no habla hebreo, no para de insultar en voz alta al hombre y decirle a la mujer lo mucho que la ama, comparando sus labios con rosas, sus dientes con perlas y sus senos con palomas. Y allí está el turista, simulando no entender nada, molesto por los insultos pero fascinado por el discurso exuberante del conductor, como también lo estamos nosotros, los lectores.

Se ve por el ejemplo anterior que una misma metáfora, un mismo poema o un mismo discurso cambia sin cambiar y con las mismas palabras es diferente. Lo cierto es que para los seres humanos las cosas en sí no existen, o no pueden ser percibidas, sino tan sólo, como decía Leibniz, las relaciones entre las cosas. Un poema raramente se lee desde una posición neutral, por lo que a ese chófer analfabeto palestino (entonces a los judíos de Palestina se les llamaba todavía palestinos) le permitimos lo que no le permitiríamos a un poeta que ha ganado el premio Nobel, como Neruda.

Pablo Neruda

Neruda, al contrario que el chófer palestino, se ve obligado a hablar no sólo de rosas o de labios, sino también de metalenguaje:

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir por ejemplo…”

Dice Neruda, y sólo después de este preámbulo dirigido a nuestro juicio crítico, se puede permitir la sucesión de tópicos:

«La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

En una sociedad altamente culturizada, como lo es la nuestra o como lo fue la época del helenismo posterior a Alejandro, o la época Tang y Song de China, a un autor no se le perdona que no conozca su tradición y se le exige, además, que demuestre que la conoce, incluso aunque no venga a cuento, incluso, si no hay más remedio, de manera un poco pedante. Wittgenstein hablaba del valor de uso del lenguaje, pero en la poesía y las metáforas lo que se aplica es “el valor de lo usado”: mientras más usado, menos permitido.

Me atrevo a creer, en contra de la opinión común de los expertos, que esta exigencia es en parte un error. Que el lector debería ser capaz de abstraerse de muchos de los dogmas y prejuicios de su tradición cultural, y que a menudo la ironía y el metalenguaje suponen una pérdida mayor para la sensibilidad que la ignorancia. Pero es una opinión que no quiere ser dogmática, de alguien que ama también el metalenguaje (aunque a veces el metalenguaje está tan o más manoseado que la rosa) y que considera que el poema metalingüístico de Neruda es también hermoso, o que al menos lo son algunos de sus versos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo

Por otra parte, no creo que esté fuera de lugar ni sea pedante establecer aquí una comparación entre la manera en la que cada uno de nosotros vivimos nuestra vida y la manera en la que lo hacen las culturas desde el primitivismo al refinamiento (sin añadir a ambos términos ningún valor positivo o negativo). Me refiero a que del mismo modo que la rosa y los labios, los dientes y las perlas o los pechos y las palomas pierden su efectividad a medida que van siendo repetidos una y otra vez en una cultura, lo mismo nos sucede a nosotros cuando leemos por primera vez esas metáforas en la niñez y la adolescencia y cuando lo hacemos pasados ya muchos años: versos que nos emocionaron pierden ahora gran parte de su poder y algunos se deslizan, incluso a pesar de las coartadas metalinguisticas, inevitablemente hacia lo cursi y lo artificioso. Eso es lo que me ha sucedido al volver ahora a leer el poema de Neruda, que tanto me emocionó en la infancia y del que, como dije antes, ahora sólo salvaría algunos versos que escapan del tópico vacío o recargado.

Me doy cuenta de que con esta última observación, quizá estoy refutando casi todo lo que he dicho antes.

*********

Un tipo de defensa de la rosa semejante a la de Chesterton  son los poemas Fábula del origen del mundo y primera tentación, que publiqué en el weblog Pasajero.

Vínculo a: Atardecer en Colonia

[Publicado por primera vez el 5 de marzo de 2005]