El uso de la lógica en el razonamiento cotidiano

Dice Descartes en Principios de la filosofía:

“Hay nociones absolutamente simples y evidentes por sí, que se  hacen mas oscuras por las definiciones logicas; y tales nociones no deben incluirse entre los conocimientos adquiridos por el estudio” (Principios de filosofía, Punto 10).

Y añade:

“A menudo he advertido que los filósofos se equivocan en esto, porque intentan explicar por definiciones logicas nociones que son absolutamente simples y evidentes de por sí, haciendolas así muy oscuras (Punto 10).”

 Yo también creo que es a veces exagerada la aplicación de símbolos y formulas lógicas a nociones sencillas. Y esto ocurre especialmente en Filosofía de la Ciencia, pues muchos autores son muy aficionados al uso de símbolos lógicos. Un uso que yo no desestimo en absoluto, ni niego sea útil, pero escribir todo un libro de  filosofía con fórmulas lógicas, como casi  hace Rivadulla, me parece una exageración.

De todos modos, hay que reconocer que para alguien que  tenga un conocimiento de la lógica similar al que puede tener un compositor  respecto de la música, tal uso de la lógica  no resultará  exagerado.

He de confesar mi ignorancia en lógica, porque sólo soy capaz de entender nociones o fórmulas lógicas muy sencillas sin necesidad de traducirlas al lenguaje cotidiano. Es decir, si yo veo un Modus Ponens:

Lo puedo entender mirando los símbolos, pero lo entiendo mejor si digo (aunque sea mentalmente): “Si A, entonces B; A, luego  B”.

Sin embargo, cuando veo los símbolos 2+2=4,  no necesito hacer esa traducción, sino que la comprensión se produce casi tan instantáneamente como la percepción de los signos.

Además, en cuanto una fórmula lógica es medianamente compleja, necesito elaborar una ‘ejemplificación’,  es decir, imagino: “Si todos los británicos son europeos y todos los  europeos son blancos, etc”, algo que tampoco tengo necesidad de hacer en matemáticas, donde no necesito pensar:  “Dos manzanas más dos manzanas son igual a cuatro manzanas”,  sino que me basta  con pensar de modo abstracto en dos unidades sumadas a otras  dos unidades.

En consecuencia, entiendo que mi poca familiaridad intuitiva con las fórmulas lógicas es una deficiencia personal y que es posible que para algunas personas “leer” lógica sea lo mismo que leer castellano. A esas personas quizá les resulte útil la inclusión de fórmulas  lógicas.

Ahora bien, aunque sean útiles, creo que el uso de demasiadas fórmulas lógicas puede llegar a resultar engañoso y que raramente son imprescindibles.

“Los pingüinos son blanco y negro, los viejos shows de televisión son blanco y negro, por lo tanto, algunos pingüinos son viejos shows de televisión”. [LÓGICA: otra cosa en la que los pingüinos no son muy buenos].

Nota en 2012: Aunque más o menos estoy de acuerdo con lo que dije en este apunte, y creo que no hay que abusar de la lógica, no se me oculta que en muchas ocasiones recurrir a una fórmula lógica puede solucionar también con rapidez una confusión. Por ejemplo, son muchísimas las personas que confunden razonamientos elementales como los que se expresan en el modus ponens y en el modus tolens. Demasiado a menudo se cae en errores lógicos de parvulario al concluir, por ejemplo, que si todos los A son B entonces un B es necesariamente A. Nadie suele creer, después de una frase como “los alemanes hablan alemán” que cualquiera que hable alemán sea también alemán, pero en cuanto los términos del razonamiento no son tan inmediatamente evidentes, es frecuentísimo que se cometa el error antes descrito, o el del pingüino del chiste.

Nota en 2015: Esta breve nota de mi lectura de Principios de la filosofía de Descartes es, junto a Fuerzas de atracción, la entrada más visitada de todo mi sitio web. Ignoro la causa.


[miércoles 17 de enero de 1990]

 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

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El origen de la idea de Dios

Anselmo de Canterbury propuso el llamado argumento ontológico para demostrar la existencia de Dios:

“Y, ciertamente, algo tan grande que nada mayor pueda ser pensado no puede estar únicamente en el entendimiento, ya que si sólo estuviera en el entendimiento, también podría pensarsele como parte de la realidad, y en ese caso sería aún mayor. Esto es, que si algo tal que nada mayor pueda ser pensado estuviera únicamente en el entendimiento, entonces esa misma cosa tal que nada mayor pueda ser pensado sería algo tal que algo mayor sí pudiera pensarse, algo que no puede ser.”

Es decir, Dios debe existir porque el concepto de Dios significa “aquello más grande que pueda ser pensado” y, en consecuencia, si ese algo más grande fuera pensado pero no existiera, entonces podríamos pensar en algo más grande, en un ser que además de ser la cosa más grande pensada, además existiera. Ese ser más grande en todos los sentidos es Dios.

Gaunilo de Marmoutiers, conocido en las historias de la filosofía como “el monje Gaunilo” respondió al argumento de Anselmo diciendo que él podía imaginar la isla mayor y más perfecta, pero que lo más probable es que una isla quien invitó a sus lectores a concebir la mayor y más perfecta isla. Pero esa isla debería  contemner todos los atributos de la perfección, a pesar de ello, es muy probable que tal isla no exista. Y así, podríamos seguir aplicando el argumento a todo tipo de cosas.

Anticipandose a la objeción que el monje Gaunilo hizo al argumento ontológico de San Anselmo, Descartes dice:

“En los conceptos de las otras cosas no se contiene del mismo modo la existencia necesaria, sino solo la contingente”  (Principios de la filosofía,  Punto 15).

 Es decir, como ya dijera Anselmo en su respuesta a Gaunilo, el argumento ontologico solo es aplicable a Dios, porque, de no ser así, ya podemos imaginar la farsa que se armaría si aplicaramos tan efectivo argumento para demostrar la existencia de todas las cosas que nos apetece que existan.

Más adelante, Descartes explica por qué la idea innata de Dios no es accesible a todos los hombres, por qué, en definitiva, no les es innata: a causa de sus prejuicios. Pero si, como dice el abate  Bergier en su Diccionario teológico, los primeros hombres creían de manera unánime en Dios único, ¿por qué dejaron de creer en Él?  ¿Por la intervención de Satán? Aquí, me temo, podemos caer  en profundas disputas teológicas. Pero no es este momento ni lugar.

 

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 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[domingo 14 de enero de 1990]

 

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Entendimiento y voluntad en Descartes

Tras intentar demostrar o fingir intentar demostrar la existencia de Dios de varias maneras no muy convincentes, Descartes se preocupa de la distinción entre la percepción del entendimiento y la operación de la voluntad.

Sentir, imaginar y el puro entender son modos de percibir, mientras que desear, rehusar o afirmar, son modos del querer.

El error, nos dice, y aquí Descartes se enfrenta con los escépticos, nunca se halla a la percepción, sino en todo caso en el juicio hecho sobre una percepción, pues en el juzgar se requiere tanto el entendimiento como la voluntad. El problema surge porque la voluntad se extiende más allá del entendimiento, pues en cierto modo es infinita, mientras que nuestro entendimiento, al ser creado, es finito. En cualquier caso, conviene recordar, nos recomienda Descartes, que la mayor perfección del hombre consiste en el obrar libre, por lo que somos nosotros la causa de nuestros errores y no Dios. Finalmente, vuelve a insistir en que el libre arbitrio es evidente de por sí.

Aquí yo señalaría tan sólo que, ahora que sabemos más de la manera en la que percibimos, seguramente deberíamos admitir que la percepción y el entendimiento están más estrechamente ligados de lo que parece y que existen ciertas situaciones en las que nuestro entendimiento es engañado por una teoría no nacida de nuestra voluntad, sino de nuestro propio sistema perceptivo, que en función del contexto interpreta de diferente manera la realidad. Me refiero a ilusiones como la siguiente:

optical-illusion-blocks

La parte central de los dos recuadros es exactamente del mismo color.

Una ilusión como la anterior, ¿procede de nuestros sentidos o de nuestro entendimiento? Resulta difícil decirlo, pero parece que su origen está en algo más que la simple percepción de los colores y en algo menos que nuestra voluntad.

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[Escrito antes de 2000, excepto el comentario final (texto en verde) que fue escrito en 2014]

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La teoría hologramática del cerebro

La teoría hologramática del cerebro compara el cerebro o alguna de sus facultades, como la memoria, con un holograma. Imaginemos una fotografía de una mujer y un holograma de la misma mujer.

Si dividimos la fotografía en dos, en una parte tendremos el cuerpo de la señora y en la otra las piernas.

Sin embargo, si dividimos el holograma en dos, no sucede eso, sino que en cada parte del holograma tendremos entera la imagen de la mujer. Y si seguimos dividiendo el holograma, seguiremos teniendo la imagen completa en cada parte.

hologram-6

Esta asombrosa particularidad de los hologramas ha sido comparada con algunos descubrimientos hechos en pacientes que tenían dañadas áreas del cerebro vitales y a pesar de ello mantenían las facultades normales de cualquier persona.


 

[Escrito en 1999]

[Creo que leí por vez primera esta teoría hologramática del cerebro en el libro de Karl Pribram y J.Martín Ramírez Cerebro, mente y holograma, que leí en 1988].

 

Este texto es un comentario de 1999 a mi lectura de Los principios de la filosofía de Descartes.

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Programas de investigación deductivos

LavoisierNo se puede decir de una manera absoluta que sea imposible llevar a cabo un programa filosófico deductivo (deducir todo a partir de ciertas premisas o principios).

Sin embargo, ese tipo de programas plantea dificultades de todo tipo, que lo hacen muy poco plausible:

1) Hay que saber cuáles son las premisas correctas de las que partir.

2) Hay que dar por supuesto que en la realidad existe una continuidad absoluta.

3) Incluso aunque se dé una continuidad tal en la naturaleza, puede que haya lagunas entre uno y otro territorio.

Hoy en día, por ejemplo, existe un hiato que separa la física de la química. Es decir, no se puede deducir la química a partir de la física. Falta algo para que se establezca ese nexo. Quizá en el futuro se tienda el puente que una esas dos ciencias, pero difícilmente se conseguirá deduciéndolo a partir de los datos físicos y químicos que se conocen hoy en día: habrá que encontrar nuevos elementos o datos, quizá más sencillos, quizá más complejos.


 

[Escrito en 1999]

 

Este texto es un comentario a El programa de investigación de Descartes (Lectura de Los principios de la filosofía, de Descartes)


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