La duda cartesiana y la vida practica

Después de decir Descartes en sus Principios de Filosofía que se debe dudar de todo al menos una vez en la vida, añade:

“Mientras tanto, esa duda no debe afectar a la practica de la vida” (Punto 3).

Este es, evidentemente, un precepto mucho mas pragmático que otros de los que da Descartes y no está mal.

Ahora bien, una vez establecida la duda, y tras la reflexión posterior, quizá si se produzca una modificación de la vida, porque resultaría bastante triste, además de sospechoso, que un acto de reflexión profunda no modificase en nada nuestro carácter, nuestra manera de vivir o nuestra actitud. Aquí quizá habría que recordar a Juan de Salisbury, quien opina que el filosofo debe seguir en su vida práctica las consecuencias a las que le conduce su reflexión teórica, en oposición a aquellos que piensan que teoría y práctica no tienen relación, como ha podido verse en el caso Heidegger. En el caso de Wittgenstein, aunque a veces no fue consecuente con ello, hay que reconocer que el filosofo vienes opinaba como Juan de Salisbury.

Por otra parte, lo que dice Descartes es lo que decía el escéptico Sexto Empírico. Otra coincidencia más de Descartes con los escépticos, en la que quizá debemos percibir también un consejo para mantener cierta prudencia en cuestiones polémicas (en especial, claro, con la doctrina de la Iglesia católica).

NOTA 1996
El caso más extremo de divorcio entre teoría y práctica es Schopenhauer. Sin embargo, hay que poner un matiz: la reflexión teórica puede llegar a conclusiones que después no es tan fácil llevar a la práctica. La razón es que, al igual que sucede en Física, la reflexión moral trata de situaciones idealizadas, sin tener en cuenta cosas como la fricción, la irregularidad del terreno, la no esfericidad perfecta de una esfera de metal, etcétera, que sí se dan en la realidad.

NOTA 1999:
Esta es una buena idea, que voy a intentar desarrollar en otro lado. Por ahora la voy a poner en Cronos 5, para no olvidarme de ella.

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 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[lunes 15 de enero de 1990]

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Originally posted 1990-04-17 23:25:00.

Ser vencido al vencer al enemigo

Dice Descartes que un defecto que se puede observar en la mayor parte de las disputas es que:

      “Siendo la verdad intermedia entre las dos opiniones que se sostienen, cuanto mayor es la inclinación a refutar la opinión contraria, tanto mas se aleja uno de la verdad”.

 Esta también me parece una opinión acertada acerca de los filósofos y de las disputas filosóficas.

2012__
De esto he hablado en otro de estos comentarios a Los principios de la filosofía, al referirme a la distorsionada y desfigurada disputa entre empiristas y racionalistas: cuando se adopta una etiqueta para definir el propio pensamiento, a menudo uno acaba defendiendo o lo indefendible o lo absurdo, tan sólo para mantener la coherencia.

Puse a este breve comentario el título “Ser vencido por los enemigos” [que ahora he cambiado por “Ser vencido al vencer al enemigo”]  porque siempre me ha interesado mucho algo que les sucede a casi todos los polemistas y disputadores. Llega un momento en que ya no defienden lo que creen, sino que tan solo se ocupan de atacar lo que creen sus rivales o enemigos. A eso lo llamo “ser vencido por los enemigos al vencerlos”, ese momento en el que uno se preocupa más por no coincidir con sus rivales que por pensar con serenidad.


 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[lunes 8 de enero de 1990]

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Originally posted 1990-04-09 17:14:58.

Sobre la construcción de sistemas filosóficos

Cuando discutía la opinión de Descartes de que había que partir de unos primeros principios para deducir de ellos todas las cosas (Modos de conocimiento en Descartes) me interesaba llegar a un punto que el propio Descartes señala: muchos sistemas filosóficos acaban convirtiéndose en un dogma al que adaptar cualquier nueva idea. Eso sucedió con el aristotelismo, al que Descartes se opuso[1]. Descartes, por supuesto, considera que su sistema no cae en este error porque es el sistema correcto.

Mi desconfianza hacia los sistemas se debe a varias razones. Una de las más importantes es que si eliges un sistema falso, un sistema incorrecto, si partes de unas reglas rígidas para examinar la realidad, corres el  peligro de echar a perder toda tu investigación. No una parte de lo que descubres, sino todo. Si tus consecuencias o deducciones se basan en principios falsos, casi con toda seguridad esas deducciones serán falsas también (las correctas lo serán por mera casualidad, no porque se basen en esos principios).

Se me puede replicar que, si pienso así, no sería posible encontrar cosas ciertas en los textos de cualquier filósofo, por ejemplo Descartes, que haya adoptado un sistema que después se ha demostrado erróneo.

A esto respondo que es posible hallar razonamientos correctos e ideas  interesantes y brillantes en filósofos que defendieron un sistema filosófico que hoy carece de crédito alguno. Y es posible por varias razones:

1) La ya mencionada casualidad: en ocasiones, filósofos y científicos han descubierto algo importante sin darse cuenta, o creyendo que se trataba de otra cosa.

2) Porque a veces los filósofos primero piensan y luego adoptan un sistema, y no a la inversa, de tal modo que sus investigaciones pueden seguir siendo correctas, válidas o interesantes incluso cuando no nos parezca correcto el modo en que tales investigaciones han sido explicadas por el propio filósofo.

3) Porque a menudo los filósofos no siguen el sistema que dicen seguir.

4) Porque a veces el error de un filósofo nos enseña más que sus aciertos.

En consecuencia, sólo  aquellos que siguen rígidamente sistemas consideran inútil el trabajo de los demás pensadores (ya se trate o no de constructores de sistemas).

Para terminar por ahora con este tema: opino que los filósofos que siguen sistemas rígidos acaban actuando y razonando del mismo modo que las personas que adoptan una filosofía dogmática: al final son incapaces de ver las cosas que se tienen ante sus mismos ojos. Y lo que es peor,  se niegan  a verlas, se niegan a contemplar, examinar o escuchar cualquier hecho que contradiga su dogmática ideología o su  rígido sistema. Eso les hace inventar explicaciones ad hoc cada vez más grotescas para justificar todas esas incompatibilidades.

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[Explicaciones ad hoc: en el buen sentido, explicaciones adecuadas a uan situación concreta. En el mal sentido, que es el que yo empleo aquí, explicaciones sacadas de la manga, inventadas para salir del paso, para resolver de manera chapucera un problema inesperado o no previsto por una teoría]

 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[martes 9 de enero de 1990]

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Originally posted 1990-04-11 16:25:47.

  1. [1]2012

De nuevo la duda cartesiana

Dice Descartes al comienzo de Principios de la filosofía:

“Para indagar la verdad hay que dudar cuanto se pueda de todas las cosas, al menos una vez en la vida (Punto 1)”

 Esto mismo dice en el Discurso del Método, cosa con la que estoy perfectamente de acuerdo. Me parece un principio básico (no se si se puede hablar aquí de principios) para filosofar bien, y no solo  para filosofar bien, sino para ser honesto.

Me parece un principio básico (no sé si se puede hablar aquí de principios) para filosofar bien, y no sólo para filosofar bien, sino para ser honesto.

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¿1996?: Más que dudar una vez en la vida (y con eso quitarse el asunto de encima), yo diría que hay que ser capaz en cualquier momento de nuestra vida de dudar.

 

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 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[jueves 4 de enero de 1990]

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Originally posted 1990-04-15 16:19:36.

El origen de la idea de Dios

Anselmo de Canterbury propuso el llamado argumento ontológico para demostrar la existencia de Dios:

“Y, ciertamente, algo tan grande que nada mayor pueda ser pensado no puede estar únicamente en el entendimiento, ya que si sólo estuviera en el entendimiento, también podría pensarsele como parte de la realidad, y en ese caso sería aún mayor. Esto es, que si algo tal que nada mayor pueda ser pensado estuviera únicamente en el entendimiento, entonces esa misma cosa tal que nada mayor pueda ser pensado sería algo tal que algo mayor sí pudiera pensarse, algo que no puede ser.”

Es decir, Dios debe existir porque el concepto de Dios significa “aquello más grande que pueda ser pensado” y, en consecuencia, si ese algo más grande fuera pensado pero no existiera, entonces podríamos pensar en algo más grande, en un ser que además de ser la cosa más grande pensada, además existiera. Ese ser más grande en todos los sentidos es Dios.

Gaunilo de Marmoutiers, conocido en las historias de la filosofía como “el monje Gaunilo” respondió al argumento de Anselmo diciendo que él podía imaginar la isla mayor y más perfecta, pero que lo más probable es que una isla quien invitó a sus lectores a concebir la mayor y más perfecta isla. Pero esa isla debería  contemner todos los atributos de la perfección, a pesar de ello, es muy probable que tal isla no exista. Y así, podríamos seguir aplicando el argumento a todo tipo de cosas.

Anticipandose a la objeción que el monje Gaunilo hizo al argumento ontológico de San Anselmo, Descartes dice:

“En los conceptos de las otras cosas no se contiene del mismo modo la existencia necesaria, sino solo la contingente”  (Principios de la filosofía,  Punto 15).

 Es decir, como ya dijera Anselmo en su respuesta a Gaunilo, el argumento ontologico solo es aplicable a Dios, porque, de no ser así, ya podemos imaginar la farsa que se armaría si aplicaramos tan efectivo argumento para demostrar la existencia de todas las cosas que nos apetece que existan.

Más adelante, Descartes explica por qué la idea innata de Dios no es accesible a todos los hombres, por qué, en definitiva, no les es innata: a causa de sus prejuicios. Pero si, como dice el abate  Bergier en su Diccionario teológico, los primeros hombres creían de manera unánime en Dios único, ¿por qué dejaron de creer en Él?  ¿Por la intervención de Satán? Aquí, me temo, podemos caer  en profundas disputas teológicas. Pero no es este momento ni lugar.

 

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 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[domingo 14 de enero de 1990]

 

Originally posted 2012-09-15 22:01:31.

La divisibilidad

divisible

En el Punto 26 de Principios de la filosofía dice Descartes:

“La cantidad es indefinidamente divisible”.

Esto puede parecer probable, pero es un tema difícil en sus dos alternativas, puesto que es casi igual de inconcebible la divisibilidad infinita como [también la existencia de] una partícula indivisible.

En otra parte he hablado en algún lugar de la posibilidad de una partícula indivisible en la realidad pero divisible mediante la razón.

 

NOTA 2015
No sé ahora a qué lugar me refería en el que he escrito acerca de esa partícula divisible mediante la razón pero no en la realidad, pero supongo que es algo perfectamente concebible. Por ejemplo, si imaginamos una partícula subatómica que no pueda ser dividida ni con toda la fuerza concentrada del resto del universo. Podría ser, me parece, una imposibilidad física pero no inimaginable: es decir, podríamos distinguir partes en esa partícula, pero no ser capaces de dividir esas partes. Supongo que en aquel texto me refería yo a algo parecido.


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Originally posted 1990-05-09 12:02:16.

Prejuicios y universos simbólicos

universosimbolico

Dice Descartes en Principios de la filosofía:

Punto 47: “Durante la infancia, la mente juzgó entonces sobre muchas cosas; y a ello se deben muchos prejuicios, que después no han sido abandonados nunca por la mayoría de los hombres.”

Esto me parece muy acertado. Coincide con uno de los aciertos de Freud en su sistema del psicoanálisis, sistema que considero básicamente erróneo.

En efecto, un gran acierto de las investigaciones de Freud ha sido su insistencia en señalar la importancia que tienen los prejuicios adquiridos durante la infancia.

Hace tiempo que quiero escribir algo sobre los universos simbólicos, y sobre cómo las ideologías son universos simbólicos, que reemplazan a los universos simbólicos adoptados durante la infancia.

“Universo simbólico” es un concepto que puede sonar un poco sofisticado y de poca aplicabilidad al ser humano, pero creo que es un concepto que describe algo real, y de ello hablaré. No hay que asustarse ante el término. No se trata de que alguien construya un universo “arquitectónico”, sino de que construya un sistema de referencias acerca de la realidad, la moral, la ideología, etcétera, que acaban por determinar su comportamiento, para bien y para mal.

Pero ya trataré este tema más adelante.

 

NOTA 2014

No sé si llegué a desarrollar el asunto en otro momento, pero supongo que mi intención era señalar no sólo la semejanza entre los universos simbólicos de la infancia y los de las ideologías en sí, sino también cómo uno y otro, en el caso concreto de cada persona, guardan estructuras comunes e incluso cómo el universo simbólico de la ideología reproduce la estructura de algunas concepciones infantiles, lo que los hace emocionalmente muy poderosos y peligrosos, debido a su dependencia de lo sentimental e irracional. Pero tal vez me interesaban otros aspectos que ahora he olvidado.

NOTA 2015
He intentado completar la intención del texto original (es al parte escrita en marrón)


 

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Originally posted 1990-05-17 12:02:54.

Empiristas y racionalistas, una dicotomía simplista

Antes de comenzar el comentario a Principios de filosofía: en la contraportada del libro, se dice que Descartes y Leibniz se han incluido, con razón, en el mismo capítulo de la historia de la filosofía, a pesar de las diferencias entre ambos, debido a que los dos comparten la idea central del racionalismo: el conocimiento y la verdad tienen que ver mas con el entendimiento que con los sentidos.

En mi opinión, esta dicotomía empirismo/racionalismo no es correcta, al menos no lo es cuando se presenta como dos posturas extremas y sin matices. Ningún empirista serio sostiene que los sentidos puedan tener conocimiento por sí mismos, ni siquiera el que suele ser considerado el fundador del empirismo: Francis Bacon. Es obvio que ambas posturas, racionalismo y empirismo, pueden ser ridiculizadas de manera grotesca y que tan sin sentido es pensar en un empirista que sostiene que la nariz o las glándulas olfativas piensan, como en un racionalista que sostenga que no es necesario usar los sentidos para conocer el mundo, por ejemplo para saber cómo huelen las rosas.

Francis Bacon

La verdad es que me siento mucho más cercano a los empiristas que a los racionalistas, e incluso creo que ni siquiera es necesario buscar ese siempre deseable término medio entre los dos bandos porque, insisto, los empiristas no subestimaban, ni mucho menos el papel de la mente, alma o cerebro (o como quiera llamarse), que añadían a la tarea de los sentidos. El propio Francis Bacon advertía del  peligro de pensar que los sentidos o la mera recolección de datos sirviese para conocer y no equivocarse. Así, dice:

    “La filosofía de los empíricos lleva a resultados aún mas monstruosos que los de la filosofía sofística o racional. La verdadera filosofía nace del consorcio entre la labor de los empíricos y el trabajo de los racionales” [1].

 

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[martes 2 de enero de 1990]

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cuadernodefilosofia

 

 

Originally posted 1990-04-02 15:31:26.

  1. [1] Citado en Paolo Rossi,  Los filósofos y  las maquinas, 86

Una solución divina

Dios y Jesus Paradise_Lost_10

Principios de la filosofía:

“Punto 40: Es fácil que nos enredemos en grandes dificultades si intentamos conciliar la preordenación divina con nuestro libre albedrío y comprender ambas cosas a la vez”

¡Y tan grandes dificultades! Pero, seguro que Descartes es capaz de resolverlo, como ya antes que él lo han resuelto tantos teólogos.

Así, el Punto 41 ofrece un título esperanzador: “Cómo se concilian nuestra libertad y la preordenación de Dios”. Y respecto a aquellas grandes dificultades,  explica:

“Nos libraremos de ellas si recordamos que nuestra mente es finita, mientras que el poder de Dios, por el cual previó, y además quiso y preordenó desde la eternidad todo lo que es o puede ser, es infinito”.

En fin, se demuestra nuevamente la utilidad de ciertos conceptos (por llamar a eso “concepto”) como el de infinito, para resolver cuestiones irresolubles, un método común a casi todos los teólogos.

Por otra parte, se utiliza el concepto de infinito de distinta manera aplicado a los hombres y a la naturaleza que aplicado a Dios.

2015: Y lo que es más importante, se resuelve la gran dificultad diciendo simplemente: “No tengo ni idea de cómo se resuelve, pero supongo que Dios sí que lo sabrá, puesto que su entendimiento es infinito”. No está claro si argumentos tan absurdos como este los escribió Descartes para no poner en duda las doctrinas de la Iglesia y arriesgarse a un castigo como el de Galileo o el de Bruno o si porque creía en ellos. La segunda posibilidad es, desde luego, indigna de alguien tan inteligente como Descartes, pero no sería la primera vez en la que alguien se deja cegar por la fuerza de un concepto como “infinito” o “todopoderoso”, que, como es obvio, puede resolver cualquier problema.


 

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Originally posted 1990-05-16 12:02:56.

Descartes, ¿empirista?

A Descartes y a Leibniz se les clasifica en la historia de la filosofía como racionalistas, frente a empiristas como Locke y Hume. Sin embargo, en contra del antiempirismo que muchos atribuyen a Descartes (y que él mismo parece sostener a veces), en la página 24 de Principios de la filosofía dice:

       “Ahora bien, para cumplir plenamente este proyecto, también debería explicar del mismo modo la naturaleza de cada uno de los cuerpos particulares que hay sobre  la tierra,  a saber, los minerales, las plantas, los animales y, principalmente, el hombre; y finalmente debería tratar rigurosamente la medicina, la moral y la mecánica”.

 Y continúa:

       “Esto es lo que yo debería hacer para dar a los hombres un cuerpo de filosofía completo; y aun no me siento tan viejo, ni desconfío tanto de mis fuerzas, ni me encuentro tan alejado del conocimiento que me falta para no  atreverme a intentar acabar ese proyecto, si tuviera oportunidad de hacer todas las experiencias que debería hacer para apoyar y justificar mis razonamientos” (la negrita es mía)

Aquí parece haber un cierto elogio de la experimentación, pero también un reconocimiento de que no tiene los medios. Esto coincidiría con la opinión de la profesora de Filosofía de la Naturaleza, Ana Rioja: Descartes no entra en la historia de la ciencia porque no se ocupó de medir, calcular, etcétera. Pero lo podía haber hecho perfectamente y, de haberlo hecho, sin duda habría ocupado un lugar tan importante en la historia de la ciencia como el que ocupa  en el mundo de la filosofía.

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1999: Creo, como decía entonces, que si Descartes hubiese hecho esas experiencias, habría llegado a resultados importantes y ocuparía un lugar de primer orden en el mundo de la ciencia, con lo que ahora podría discutirse si su talento, inteligencia o lo que sea no le situaban entre los tres primeros genios de la humanidad, tal vez el primero: Newton, Einstein, Goethe, etc.

2012: Hay que aclarar que Descartes, por supuesto sí ha entrado en la historia de la ciencia, no sólo por las coordenadas cartesianas, sino por descubrimientos en óptica y otras disciplinas. Él mismo consideraba que lo más importante de su pensamiento era la Física. Pero es cierto que su contribución podría haber sido mucho mayor. Lo paradójico es que tal vez el Descartes científico fue perjudicado por el Descartes filósofo.

 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[jueves 11 de enero de 1990]

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Originally posted 1990-04-13 00:59:14.