Potencia y acto en Shakespeare

 

Aristóteles afirmaba que todas las cosas tienen ciertas cualidades en potencia y ciertas cualidades en acto. ES decir, que hay cosas que pueden ser (en potencia) y cosa que son (en acto).

Una persona es, cuando nace, un ser humano en acto, pero no es todavía un ser inteligente. Por el momento, solo lo es en potencia. Es decir, se convertirá en un ser inteligente si crece y es educado convenientemente.

El lingüista Noam Chomsky considera que nada más nacer todo ser humano es un usuario del lenguaje en potencia, porque los seres humanos poseemos una gramática innata. Pero esa gramática innata debe hacerse efectiva, convertirse en acto, actualizarse.

Los niños salvajes, criados lejos de la civilización, no tienen lenguaje; muchos de ellos, cuando lose encuentran y los educan, nunca logran adquirir o manejar el lenguaje con la habilidad con la que lo manejamos los seres humanos criados en una cultura humana. Es probable que se deba a que los dos primeros años de vida de un bebé son fundamentales para el desarrollo, porque es entonces cuando se establecen las principales conexiones entre las neuronas. Es entonces cuando esa gramática innata que está en potencia debe actualizarse.

Para entender claramente la diferencia entre potencia y acto, pensemos en una piedra. Una piedra no es un ser inteligente en acto (espero que el lector esté de acuerdo), pero tampoco lo es en potencia. Por mucho esfuerzo que hagamos para pulir un poco la piedra, por mucho que la cuidemos, “eduquemos” y perfeccionemos, nunca será un ser inteligente.

Aristóteles se dio perfecta cuenta de eso y distinguió entre los seres inertes, como las piedras; los vegetativos, como las plantas, los sensibles o sensitivos, como los animales, y, finalmente, los seres inteligentes, como los humanos.

Los seres humanos reúnen las cualidades de las plantas y de los animales, pero añaden la inteligencia, que tenemos en potencia cuando nacemos, pero no necesariamente en acto. La inteligencia debe actualizarse, no sólo durante la infancia, sino a diario, aunque es fácil darse cuenta de que muchos seres humanos olvidan esta sencilla recomendación y algunos casi parecen esforzarse, una vez llegados a una cierta edad, en no aprender nada más.

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¿Una moderna tabula rasa?

Resulta curioso, por cierto, que Noam Chomsky haya construido su teoría de la gramática innata en abierta polémica con Aristóteles. Chomsky, en efecto, ataca la idea aristotélica de que al nacer nuestra mente es como una tabula rasa (una tableta no escrita), pero olvida que, como acabo de decir, para Aristóteles los seres pensantes son distintos de los seres inertes, de los vegetativos e incluso de los animales: para Aristóteles hay algo que distingue a los seres humanos como tales ya desde el nacimiento. Eso que distingue a los seres pensantes podría incluir sin ninguna dificultad una gramática innata o, en términos aristotélicos: una gramática en potencia, una tábula rasa que espera ser escrita, pero que tiene ya ciertas cualidades, como lo tiene una tableta iPad, por ejemplo, antes de que empecemos a usarla.

 

Personajes en potencia y en acto

Los personajes de una historia, una novela, una obra de teatro, un guión, también son algo en potencia y algo en acto. Un personaje como Ricardo III puede ser, al comenzar la obra, rey de Inglaterra en potencia, pero, hasta que no elimine a la larga lista de candidatos que se sitúan antes que él en el camino al trono, no podrá ser rey de Inglaterra en acto. Consciente de ello, Ricardo se propone actualizar la potencialidad que cree albergar. El camino de muerte que le lleva al trono es precisamente esa actualización y la trama misma de la obra.

Ricardo III atormentado por los espectros de todos los que se interponían en su camino al trono

También puede suceder que un personaje no esté enamorado de otro en acto, pero que sí lo esté en potencia. Cuando en Los dos hidalgos de Verona Proteo conoce a Silvia, la amada de su amigo Valentín, sabemos, ya antes de su encuentro, incluso antes de que Proteo viaje a Milán, que Proteo es un personaje que en potencia se puede enamorar de Silvia.

La verdad es que cualquier personaje de la obra podría enamorarse de Silvia, pues ya hemos visto que incluso Ricardo, el contrahecho, odiado y segundón Ricardo, puede llegar a ser rey. La mayoría de los personajes de Los dos hidalgos de Verona están en cierto modo enamorados de Silvia, desde Valentín y Proteo a Turio, desde los criados y bufones hasta el viudo Eglamur. Quizá incluso Julia. Todos ellos podrían enamorarse de Silvia (son silviaenamoradizos en potencia), pero no todos se enamoran de ella en acto.

Tres silviaenamoradizos intentan actualizar su deseo

Ahora bien, el paso de la potencia al acto en el amor hacia Silvia que más interesa a Shakespeare, y el que más nos interesa a nosotros como espectadores, tiene relación con Proteo: sabemos que si ese amor de Proteo a Silvia se actualizara  también se produciría la situación más conflictiva en todos los sentidos, la de los dos amigos, Proteo y Valentín, enfrentados a causa de una mujer.

Aunque cualquier personaje de una obra literaria puede ser cualquier cosa en potencia, y por tanto trasformarse en cualquier cosa o hacer cualquier otra, la sabiduría del narrador consiste en provocar y dirigir el interés del espectador hacia ciertas posibilidades, ciertas potencialidades, determinados cambios y trasformaciones en particular y, además, lograr convencer al espectador de que son inevitables. Eso es lo que hace Shakespeare, que nos induce desde el principio a sospechar la futura transformación de Proteo, aunque no lleguemos a darnos cuenta de manera consciente de que estamos siendo manipulados. Veamos algunas sugestiones shakesperianas.

 

Proteo

En primer lugar, el protagonista se llama Proteo.

Proteo es un personaje de la mitología griega, un dios marino que podía trasformarse a voluntad. De él procede el adjetivo proteico, es decir, cambiante.

El dios marino Proteo

En segundo lugar, Proteo, enamorado de Julia, ha aceptado que su amigo Valentín se vaya solo a Milán (“Él va en pos del honor; yo del amor”), pero poco después es obligado por su padre a establecerse también en Milán. Antes de irse, Proteo jura a Julia que siempre la amará:

PROTEO: “He aquí mi mano, en testimonio de mi constancia inalterable. Y cuando deje pasar un solo instante del día sin suspirar por ti, ¡que me castigue, Julia, una irreparable desgracia por el olvido de mi amor!.”

Proteo, en definitiva, afirma que nunca cambiará, jura que está enamorado de Julia y que seguirá así por siempre. Insiste tanto, que despierta en nosotros la sospecha. Cuando Proteo dice que no cambiará, Shakespeare, al mismo tiempo,  nos está diciendo lo contrario.

 

Romeo y Proteo

Ya antes de Shakespeare se sabía que cuando un personaje insiste demasiado en algo eso suele ser un indicio de que está mintiendo o de que, aunque no mienta, cambiará de opinión. Shakespeare empleó este método con más frecuencia que otros autores.

Comparemos la situación de Proteo en Los dos hidalgos de Verona con la obra que es el paradigma del amor eterno, incluso más allá de la muerte, Romeo y Julieta. Al inicio de la obra encontramos a un Romeo enamoradísimo:

ROMEO
¡Ay!… ¡Mísero de mí!… Mucho da que hacer aquí el odio, pero más el amor… Pluma de plomo, humo resplandeciente, fuego helado, robustez enferma, sueño en perpetua vigilia, que no es lo que es! Tal es el amor que siento sin sentir en tal amor amor alguno.

BENVOLIO
Dime, en serio, ¿de quién estás enamorado?

ROMEO
¡Cómo? ¿Tendré que decírtelo sollozando?

Muchos pensarán, ¿cómo no hacerlo?, que Romeo se está refiriendo a Julieta y que es por su afán de ver a Julieta por lo que aceptará ir a la fiesta de sus rivales, los Capuletos. Pero no es así:

BENVOLIO
En esa misma antigua casa de los Capuletos cena la encantadora Rosalina, a quien tanto amas, en unión de las más admiradas hermosuras de Verona.

En efecto, Romeo está enamorado, eternamente enamorado, pero no de Julieta, sino de Rosalina, a quien olvidará al conocer a Julieta, del mismo modo que Proteo olvidará a Julia al conocer a Silvia.

Para los seguidores del llamado “viaje del héroe” quizá sería interesante investigar si Shakespeare hace recorrer a sus personajes este viaje o no: una de las etapas iniciales consiste en que el héroe se niega a separarse de lo que tiene, de su cotidianeidad, del mundo en el que vive. La aventura consiste casi siempre en el paso del mundo ordinario o habitual al mundo extraordinario.

Podríamos considerar que Romeo vive en el mundo ordinario de su amor a Rosalina y Proteo en el de su amor a Julia. Ese amor es para ellos su mundo ordinario, lo establecido, es el territorio que se debe abandonar para que comience la aventura, la historia que nos quiere contar Shakespeare.

Romeo, guiado por Benvolio y sus amigos, que quieren desenamorarle, entrará en un mundo extraordinario en el que nunca ha estado antes, el de sus enemigos jurados, los Capuletos. En la fiesta de los Capuletos, queriendo ver de nuevo a Rosalina, Romeo verá a Julieta.

Proteo, por su parte, abandonará Verona, a pesar de que ha jurado no abandonar nunca la ciudad, para no alejarse de Julia, y viajará a Milán, donde ya le espera su amigo Valentín. En Milán, Proteo conocerá a Silvia, la mujer de la que se ha enamorado el antes escéptico Valentín.

Esa primera etapa del viaje del héroe es también el paso de la potencia al acto: entrar en el mundo extraordinario es una potencialidad del héroe, que espera ser actualizada.

Sin embargo, tal vez deberíamos analizar con más cuidado si los dos héroes de Shakespeare realmente se resisten a la aventura y a dar el primer paso en el mundo extraordinario. Eso le sucede a Valentín, y también a Julieta, pero es dudoso que podamos aplicárselo a Romeo y Proteo. En el caso de Romeo, un verdadero cambio sería de no estar enamorado a sí estarlo, pero Romeo empieza la obra locamente enamorado, aunque de Rosalina. Simplemente sustituye, quizá con una facilidad asombrosa para el símbolo del amor eterno, una pasión por otra.

 

El juego de la potencia y el acto

En cuanto al amigo de Proteo, Valentín,  Shakespeare también nos sugiere ese paso de potencia a acto antes de que suceda. Del mismo modo que la obra se inicia con los juramentos de amor de Proteo, Valentín se burla del amor de su amigo y asegura que él nunca se enamorará.

Así que ya sabemos qué es lo que le va a suceder a Valentín, porque ya hemos visto que Shakespeare suele conducirnos de la potencia al acto haciendo que el personaje diga lo contrario de lo que va a suceder. Recordemos, en efecto, que en Shakespeare los personajes a menudo no piensan lo que dicen, pero, aunque lo piensen, es frecuente que tampoco hagan lo que afirman que harán, sino todo lo contrario.

A ese juego entre lo que el personaje piensa, dice y hace, que sirve para hacer a los personajes menos previsibles y más complejos, yo lo llamo Tritogenia, recordando que el filósofo griego Demócrito definía como Tritogenia la correspondencia entre pensamiento, palabra y acción, una gran virtud que debemos imitar en lo posible, pero que no deben imitar nuestrros personajes.

Después de ver las primeras escenas, tenemos indicios suficientes para saber que Valentin es un hombre no enamorado en acto pero sí un enamorado en potencia, y que Proteo es un enamorado en acto (de Julia), pero también un enamorado en potencia (de Silvia) y un desenamorado en potencia (de Julia).

Proteo es presentado a Silvia, lo que desactualiza rapidamente su amor eterno hacia Julia y convierte su amor en potencia hacia Silvia en acto puro

Sin embargo, Shakespeare no nos cuenta todo desde el principio: sabemos que Proteo o Valentín pasarán de la potencia al acto, pero no sabemos exactamente de qué manera ni cuándo.

Es fácil sospechar que Valentín se enamorará de Julia, la mujer a la que ama Proteo. Pero no es eso lo que sucede cuando los dos amigos se separan.

Lo primero que sucede es que Valentín actualiza su posibilidad de enamorarse, pero se enamora de Silvia, y en Milán.

Lo segundo, que Proteo desactualiza su amor por Julia, se desenamora de ella, precisamente en el mismo instante en que actualiza su amor por Silvia, porque “un clavo saca otro clavo”, como dice Benvolio a Romeo en Romeo y Julieta y Proteo a sí mismo en Los dos hidalgos de Verona:

“Así como un clavo saca a otro clavo, así también un nuevo amor me ha hecho perder la ilusión de mi amor primero (II,IV)”.

Proteo conoce a Silvia y olvida a Julia al instante. ¿Por qué lo hace? ¿Sólo por amor a Silvia? Quizá no, pero no es este lugar para discutir esa interesante cuestión.

Por ahora nos basta con saber que Proteo, respondiendo por fin a su nombre, cambia, se transforma, convirtiendo las potencialidades sugeridas por Shakespeare, en actos.

Tambien las mujeres de la obra, Julia y Silvia, se mueven entre la potencia y el acto en su pasión por Proteo y Valentín. Shakespeare, en efecto, nos hace dudar de si Silvia cederá o no al acoso amoroso de Proteo y de si Julia podrá desenamorarse de Proteo.

Los dos hidalgos de Verona, es tal vez una obra menor en el índice shakesperiano, pero esconde algunos tesoros que no habría que descuidar, como este sabio y constante juego entre potencia y acto.

En otras obras de Shakespeare, sin embargo, un personaje puede permanecer inalterable toda la obra, como le sucede a Elena en su amor a Beltrán en A buen fin no hay mal principio. Y como le sucede al propio Beltrán, tozudo como ella, en el rechazo a ese amor. Tan solo al final uno de los dos cambiará, y ese amor o desamor en potencia se actualizará. En el camino, Shakespeare nos mantendrá atrapados, dudando acerca de si ese cambio se va a producir y cómo.

Todos los anteriores son buenos ejemplos de cómo podemos utilizar los prejuicios y las expectativas del espectador a nuestro favor: para satisfacerlas o para defraudarlas.

 

Potencia, acto y tensión sexual

Si quisiéramos contar todo esto en un lenguaje moderno y televisivo, podríamos considerar que el ejemplo más evidente del juego entre potencia y acto es la llamada “tensión sexual no resuelta”. Ese truco narrativo que se emplea cuando dos personajes están siempre a punto de besarse (o a punto de pegarse o de separarse), pero que nunca llegan a hacerlo.

Momentos de tensión sexual no resuelta en Expediente X (X Files). ¿Pasarán los agentes Mulder y Scully de la potencia al acto?

Momentos de tensión sexual no resuelta en Expediente X (X Files). ¿Pasarán los agentes Mulder y Scully de la potencia al acto?

Esa situación está siempre en potencia, revoloteando en cada minuto, en cada nuevo encuentro, pero nunca se convierte en acto. En Expediente X era un dogma de fe que nunca debía actualizarse la pasión entre los dos protagonistas, para no cometer el error de Luz de luna y ver caer la audiencia. Pero en Shakespeare esa actualización casi siempre sucede: Othelo mata a Desdémona, Hamlet al usurpador, Romeo se acuesta con Julieta, Macbeth es vencido por el bosque de Durhan y por un hombre no nacido de mujer.

En las obras que tienen un principio y un final, como una obra de teatro o una película, las cosas casi siempre acaban pasando de la potencia al acto, al contrario que en las series de televisión o los comics de continuará. Se necesita tensión sexual… resuelta.

Pero es recomendable que no sucedan exactamente como el espectador imagina que va a suceder: Los dos Hidalgos de Verona, al contrario que otras obras de celos, como Otelo, El médico de su honra o El pintor de su deshonra (ambas de Calderón de la Barca) no termina con la muerte de los adúlteros o el castigo a los culpables, sino con una insólita reconciliación. Quien no conozca Los dos hidalgos de Verona, puede leerla y añadir su opinión y su perplejidad a la de tantos otros lectores:  el desenlace es tan sorprendente que ha provocado continuas discusiones entre los expertos en Shakespeare.

 

 Cuando los personajes actúan

Ahora bien,aunque no haya leído nunca a Aristóteles,  cualquier persona sensata sabe que es algunas cosas en potencia y otras en acto. A menudo las cosas que esa persona es en potencia pasan por su mente cuando sueña, o cuando imagina situaciones en las que hace lo que en la vida real no se atreve a hacer. Cuántas veces hemos oído a un amigo decir, refiriéndose a una discusión que ha tenido con su jefe o con su amante:

Y, claro, yo fui y le dije:“A ver si te enteras de una vez de que…”

Pero en realidad no han dicho nada de eso, sólo han imaginado (con evidente placer) que lo decían; cuando les preguntamos. “¿De verdad se lo dijiste?”, nos responden: “No, pero lo pensé”.

 

Actuar como los actores

Valentín es un enamorado en potencia, como todos los hombres, como todas las mujeres, como todos los seres humanos. Pero, además, se enamora en acto. Eso es lo que nos ofrece la ficción: el espectáculo del paso de la potencia al acto.

El arte, como ya entendieron los griegos, es un sustituto de la vida. Vemos hacer a los actores lo que a nosotros nos gustaría hacer, convertir en actuales esas potencialidades. Por eso los actores imitan a las personas y las personas imitan a los actores. Porque, de vez en cuando, en ocasiones estimulados por lo que hemos visto hacer a un actor, también nosotros nos decidimos y actualizamos nuestras potencialidades.

Como espectadores, nos interesa mucho observar lo que un personaje es y adivinar o intuir lo que podría ser. Lo que dice y lo que desearía decir. Es algo que nos interesa también cuando nos convertimos en nuestro propio espectáculo, es decir, cuando nos observamos a nosotros mismos. Somos esto, pero podríamos ser aquello.

Pocas veces se ha expresado mejor el paso de la potencia al acto que en el poema de Pedro Salinas Perdóname por ir así buscándote:

Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.
Perdóname el dolor alguna vez.
Es que quiero sacar
de ti tu mejor tú.
Ese que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en lo alto como tiene
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.
Y entonces tú
en su busca vendrías, a lo alto.
Para llegar a él
subida sobre ti, como te quiero,
tocando ya tan sólo a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.
Y que a mi amor entonces le conteste
la nueva criatura que tú eres.

A cualquier persona que le digan: “Eres esto, pero podrías ser esto otro”, o “Pareces ser esto, pero eres aquello”, la idea le parecera muy razonable: todos sabemos que, efectivamente, somos más de lo que parecemos. Sin embargo, sólo los tontos se quedan satisfechos con ese dictamen y presumen de que su personalidad está escrita en las estrellas, en las líneas de la mano o en la mirada de un poeta. Porque no se convierte uno en lo que puede ser mediante incienso, posturas o gestos más o menos extravagantes o la lectura de su signo zodiacal, ni siquiera tras una intensa meditación. Uno se convierte en eso que puede ser de otra manera: investigando, leyendo, observando, aprendiendo a pensar, conociendo a desconocidos, escuchando de verdad a los demás, descubriendo los propios prejuicios, acumulando, en definitiva, experiencias. Modelando y moldeando su ser. Porque, en casi todas las cosas, sólo somos en potencia lo que podríamos ser.

Si, además de serlo en potencia, queremos ser algo en acto, debemos, como es obvio, actuar. Al actuar, convertiremos lo que estaba en potencia en acto, pero no como quien saca los regalos de una caja, sino como quien fabrica sus propios regalos con materiales que ha encontrado a lo largo de su búsqueda.

Los adivinos dicen: “Eres otro: descúbrete a ti mismo”. Y muchos se creen que la cosa consiste en ponerse a escarbar dentro de uno mismo. Pero si vivimos en un pozo lleno de arena, lo único que encontraremos será arena. Hay que salir del pozo o al menos mirar hacia fuera. Mirar hacia lo que no somos nosotros. Eso es lo que nos permite pasar de la potencia al acto, porque, como bien saben los físicos, para que un sistema se mantenga vivo, o al menos caliente, necesita extraer energía del exterior.

 

 

 

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[Publicado en 2009 en Variaciones ]

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4. La teoría de la evolución de Lamarck

Jean-Baptiste Lamarck

En el episodio anterior (“La trágica historia de la bistun betularia”), vimos cómo unas polillas blancas que vivían en los árboles de Manchester quedaron a merced de los pájaros cuando la Revolución Industrial comenzó a oscurecer esos árboles: ahora su color blanco destacaba sobre la madera oscurecida.

Eso hizo que al cabo de una décadas, en los árboles de Manchester casi todas las polillas fueran oscuras, desapareciendo casi por completo las blancas.

Lo curioso es que recientemente, cuando se tomaron medidas para acabar con la contaminación, los árboles volvieron a ser blancos y poco a poco las polillas volvieron a recuperar el color claro que tenían antes de la Revolución Industrial, despareciendo casi por completo las más oscuras.

Estos fenómenos de transformación parecen claramente un refuerzo a la evolución, pero ¿a cuál de las teorías evolutivas?

En el capítulo de hoy, Mosca presenta a Caja la teoría de la evolución lamarquiana.

(Si ves las letras o los dibujos distorsionados, aumenta o disminuye el zoom de la página, es decir, haz clic a la vez en Control y + o en Control y )

 

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INTRODUCCIÓN A LA BIOLOGÍA MOSCA Y CAJA

1. Invitación a la biología

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2. Teorías evolutivas de las moscas y las cajas

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3. La trágica historia de la Bistun Betularia

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4. La teoría de la evolución de Lamarck

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5. La evolución de las jirafas
Brevísima introducción a la biología

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ENCICLOPEDIA DE FILOSOFÍA DE BOLSILLO MOSCA Y CAJA

La reencarnación en la India

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Buda (-543/-478)

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David Hume

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Ludwig Wittgenstein (1889-1951)

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Erwin Schrödinger (1887/1961)

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George Berkeley (1685-1753)
Las inquietudes de Mosca (2ª parte)

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George Berkeley (1685-1753)
“Mosca y Caja conocen a Berkeley” (1ªparte)

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Descartes (1596/1650)

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Lucrecio (-90/-55)

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Platón (-427/-347)

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Anaxágoras (-500/-428)

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Heráclito (-535/-484)

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¿Existe el movimiento? || Zenón de Elea

Cómo es el mundo /3 ||Enciclopedia de Filosofía de bolsillo Mosca y Caja


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Zhuangzi (-570/-475)

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Jenófanes de Colofón (-570/-475)

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El cómic más sencillo del mundo presenta…
Enciclopedia de Filosofía de Bolsillo Mosca y Caja

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OTRAS AVENTURAS DE MOSCA Y CAJA

Presentación de Uno

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La prudencia en los viajes

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Mosca y Caja conocen a David Hume en Amman

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Cuervo y Mosca en un templo budista

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Cómo comunicarse con una mosca

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Mosca y la infidelidad

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La pura nada

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Las moscas, Hofstadter y los vampiros

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Mosca y Caja en 2015

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Con Charlie Hebdo y contra el fanatismo

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Todas las entradas de cómic de danieltubau.com en:

 El noveno cielo

 

 

 

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Los antorcheros

De nuevo en Cancún tras pasar por Isla Mujeres, tomé enseguida el autobús para Valladolid. Me tocó viajar con una niña india muy guapa, pero muy tímida. Todo me lo hacía saber con gestos: que le diese chicles, galletas, que cerrase o abriese la ventana, que le diese a su hermanita pequeña y la pusiera sobre su regazo (la pequeña estaba con su madre en el asiento de al lado). Al final se fue animando un poco y me di cuenta de que no era que no supiese español, sino que yo le daba un poco de miedo.

Además de hacerme amigo de una extraña y silenciosa manera con la niña de al lado, veía pasar de vez en cuando, en ambos sentidos de la carreta, coches llenos de gente vestida de varios colores -los de la bandera mejicana, creo, pero quizá algunos más-, y de tanto en tanto niños y niñas que corrían llevando antorchas. Después supe que se trata de una  especie de competición o reto deportivo-religioso relacionado con la Virgen de Guadalupe, patrona de México, que se celebra el día nacional, el 12 de diciembre. Estos muchachos recorren montones de kilómetros de una ciudad a otra, seguidos de camiones y coches que les animan y que llevan imágenes de la Virgen, que luego serán bendecidas. Era bastante impresionante ver correr a estos niños descalzos por la carretera bordeada por la jungla.

antorcheros

Pasamos por varios pueblos, apenas unas casas, que no aparecen en los mapas (aunque todavía no he conseguido un buen mapa de la zona) e hicimos una parada en Ignacio Zaragoza, donde compré una estupenda revista de arqueología mejicana.

La gente de estos pueblos es mayoritariamente india. En Ignacio Zaragoza vi a dos niños diminutos encorvados bajo dos grandes haces de leña. La cosa ya empieza a ser distinta de la disneylandia cancunense. Casi todos los indios son muy pequeños, a veces encorvados o con la cabeza casi unida al cuerpo (casi sin cuello). Es fácil pensar que un invasor español, aunque midiese sólo 1.60, pues los españoles siempre hemos tenido fama de bajitos, les resultase bastante impresionante.

IMGUn detalle en el autobús: un cartel de prohibido fumar y otro de prohibido llevar pistolas. También estaba prohibido beber alcohol, por lo que el conductor hizo bajar a un infractor.

Algunos pueblos por los que pasamos: El Pocito, Esperanza, Agua Azul, Valladolid Nueva, Nuevo Xcan… A ambos lados de la carretera, una selva de aspecto bastante impenetrable.

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NOTA 2013: Al comprobar el nombre Ignacio Zaragoza, no he encontrado un pueblo con ese nombre, pero sí a un héroe patrio, que nació en Texas, creo. No sé muy bien si el pueblo se llama simplemente Zaragoza o Juchitan Zaragoza (quizá Juchitan sea sinónimo de Ignacio y el pueblo se llama así en honor a aquél prócer)

 

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[11 de diciembre de 1995]

CUADERNO DE MAYAB (YUCATÁN-MÉXICO)

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Brevísima historia de Isla Mujeres

Antes de seguir con el viaje a Valladolid, contaré algo sobre Isla Mujeres, que me pareció la típica isla ideal para pasar una semana tranquila y agradable. El nombre de la isla se explica de dos maneras:

1) En 1517 Francisco Hernández de Córdoba llegó a la isla desde Cuba, en busca de esclavos, pero sólo encontró estatuas que representaban mujeres. Según parece, la isla era una etapa en el viaje de los mayas a Cozumel, donde se ofrendaban sacrificios a Ixchel, diosa de la fertilidad.

2) La otra leyenda cuenta que la isla estaba habitada por muchas mujeres. Quizá ambas leyendas sean ciertas.

Por otra parte, la isla fue tiempo después refugio de piratas, especialmente del célebre pirata Mundaca. De no ser por la tormenta me habría quedado un día más y tal vez habría visto las ruinas mayas (un montón de piedras que acabó de arrasar un ciclón en 1988) y la hacienda Mundaca, una mansión que el pirata construyó para seducir a una española. La española se casó con otro y él murió de pena en su palacio.

Y esto es casi todo sobre Isla Mujeres.

Tumba del pirata Mundaca (fuente: jeffc5000)

 

 

 

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[11 de diciembre de 1995]

CUADERNO DE MAYAB (YUCATÁN-MÉXICO)

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Cómo vivir más tiempo

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Muchas personas se preguntan cómo se puede vivir más tiempo, disfrutar de más años de vida. Aquí voy a ofrecer algunos consejos para ganar más años de vida, mas meses, más horas y más minutos.

Viajes en coche

Se suele considerar que un viaje en coche de una ciudad a otra ha de ser lo más rápido posible. Madrid-Barcelona en cinco horas. Se va por la autopista o la autovía, se pone el coche a toda pastilla y… se tiran cinco horas a la basura.

Porque cinco horas a toda velocidad, sin disfrutar del paisaje (¿qué paisaje hay en una autopista a no ser los encantadores molinos eólicos de Aragón?), sin detenerse excepto para tomar un café en un feo centro/bar//restaurante/kiosko de carretera. A una velocidad que impide, al menos al conductor, mantener una conversación sosegada y con todos los pasajeros  pendiente de que el conductor no se despiste o no se duerma. Tiempo perdido. Se cree ganar mucho tiempo, ahorrar horas, pero lo único que se hace es perder tiempo: las cinco horas del viaje.

Quien espera desespera

Esperamos a alguien. O esperamos un avión o un tren en el que vamos a viajar. Ese tiempo de espera lo catalogamos rápidamente como tiempo inútil. Un tiempo de transición en el que no puede suceder nada interesante porque no podemos iniciar nada en serio. Nos dejamos llevar por la desgana y tiramos minutos u horas a la basura. Si el amigo tarda en llegar a la cita, nos pasamos todo el tiempo pensando en cómo le regañaremos cuando llegue, y después, además, nos enfadamos.

Si cambiamos nuestra mentalidad de espera y en vez de pensar que nuestro amigo ya debía estar aquí, pensamos que es una suerte que todavía no  haya llegado, todo cambia de sentido. Ahora podemos observar lo que sucede a nuestro alrededor, mirar a aquellos tres que discuten en una mesa cercana, a esa muchacha que escribe al fondo del local, al ese camarero tan peculiar, enseguida encontraremos un nexo común entre todos ellos o un tema de reflexión adecuado para pasar los minutos de espera, que ya no serán minutos de espera, sino de vida vivida.

Salas de espera, aviones, trenes

En un viaje lleno de escalas uno cree perder valiosas horas de tiempo en las salas de los aeropuertos, en el interior de los aviones, en eso que Marc Augé llama no lugares. Yo he descubierto, sin embargo, que los no lugares son un lugar perfecto para pensar, escribir, iniciar investigaciones. Ya lo hice en Escrito en el cielo y en ningún lugar, cuando inicié dos investigaciones durante una serie de viajes con muchas escalas, una acerca de las máscaras y otra acerca de los no lugares. Recientemente, en un viaje a América, inicié una interesante investigación acerca de cierres, conectores y cerrojos. En todos mis viajes soy un ávido cazador de momentos e ideas, y muchos de ellos los obtengo no ante el paisaje fenomenal y ansiado, sino en el camino de un lugar a otro, o en el autobús que me lleva a la Ciudad de la imagen para dar mis clases. Los modernos medios electrónicos, como el programa para tomar notas Evernote, permiten no sólo escribir en el móvil estés donde estés, sino además tomar fotos del momento. Así voy llenando mi libreta electrónica de notas.

Trayectos

El tiempo que transcurre entre un lugar y otro, el recorrido que nos lleva de aquí a allá. Para muchas personas, ese tiempo no existe, es también un tiempo perdido, que se quiere que acabe, que no gusta. Muchas personas, en vez de caminar o pasear, trasladan sus cuerpos de un lugar a otro. Pero en cualquier traslado del propio cuerpo se lleva también ese extraordinario juguete que es la mente. Conviene usarla, no sólo para esquivar el tráfico o pensar en la prisa que se tiene y en el tiempo que se está tardando.

Si se suman todos los minutos ganados en estas y otras actividades que suelen ser consideradas tiempo perdido, se descubrirá que añadimos a nuestra existencia quizá entre cinco y diez años más de vida vivida.

 


 [Publicado por primera vez en Salón digital el 8 de mayo de 2010]

Inventario, de Daniel Tubau

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