El enigmático William Smullyan

Willyan Smullyan es un arquitecto al que se menciona en Recuerdos de la era analógica. En una reseña del libro, Agatha hablaba de la torre de Smullyan como metáfora de mi libro:

“Recuerdos de la era analógica es un libro muy ambicioso que ofrece continuas vueltas de tuerca sobre temas tan controvertidos o candentes como la identidad, la realidad virtual o las diversas dicotomías que han hecho correr ríos de tinta a la filosofía, la ciencia, el arte, la literatura o el universo controvertido de las lexías y sus significados: mortalidad-inmortalidad; la realidad y su autoflagelación; el concepto de belleza, implícito en el estudio de las disciplinas artísticas y sus mutaciones; la distinción entre conceptos y cosas, similar a la polivalencia que sentimos al observar el edificio construido por William Smullyan formado por miles de cristales microscópicos, etc.”
(Agatha en una recensión acerca de Recuerdos de la era analógica)

 

William Smullyan

La cita al edificio de William Smullyan demuestra una lectura realmente atenta del libro y es especialmente significativa para mí porque esconde un pequeño secreto, un error relacionado con el cuento del que la cita ha sido extraída: La identidad.

Según confiesan los antólogos del siglo 25, a los que se debe la recopilación Recuerdos de la era analógica, ellos no lograron encontrar La identidad al rastrear la Arqueo_red, sino que solo obtuvieron algunas capturas de pantalla de la vieja librería Amazon. Hay que suponer que esas capturas de pantalla fueron tomadas por algún pirata informático que quería descargarse el libro, capturando las páginas que Amazon ofrece gratis, para luego escanearlas con un programa de reconocimiento de texto.

La captura de pantalla en la que se ve el libro La identidad, tal como estuvo o estará alguna vez en Amazon. Esta y otras capturas semejantes es lo que encontraron los antólogos del siglo 25.

Nada es lo que es, el problema de la identidad publicado en 2012 por la editorial Devenir

Pues bien, ahora puedo decir, en tanto que autor de la edición del siglo XXI, que La identidad era uno de los textos fundamentales de Recuerdos de la era analógica, pero que se hizo tan largo (unas 60 páginas), que decidí quitarlo y sustituirlo por esas capturas de Amazon.

Con aquellas 60 páginas del cuento “La identidad”, escribí un libro de más de 200, (que es el que los antólogos no logran encontrar), que se publicó en septiembre de 2011 con el título Nada es lo que es, el problema de la identidad, en la editorial Devenir (el libro también ganó el premio de ensayo Ciudad de Valencia). En 2019 o 2020 aparecerá una edición revisada y aumentada de Nada es lo que es, que tal vez tenga como nuevo título Los problemas de la identidad.

El índice de La Identidad, en la captura de Amazon encontrada en el futuro.

Como es obvio, La identidad, tal como aparecerá en Amazon en el futuro, y Nada es lo que es, tal como es en el presente, no son exactamente el mismo libro. Por otra parte, tampoco los antólogos son capaces de descifrar correctamente la información que obtienen con las capturas de Amazon.

Al leer el índice de capítulos, por ejemplo, hacen algunas deducciones erróneas, pero a veces más interesantes que las verdaderas, que no revelaré aquí. Tan sólo diré que se equivocan al creer que el capítulo que se titula “La torre de Smullyan” tiene relación con el arquitecto William Smullyan. Quienes hayan leído Nada es lo que es saben por qué.

(2019: ahora puedo decir que el Smullyan al que se refiere el índice encontrado en esa captura de Amazon, no es William, sino Raymond. Raymond Smullyan, el célebre lógico estadounidense muerto recientemente. Y la torre de Smullyan no es un edificio, sino una pieza de ajedrez).

En definitiva, la relación entre La identidad y Nada es lo que es puede considerarse un ejemplo de eso que tan bien señala Agatha:

“Todos estos textos anclados en el pasado se mueven en el terreno incierto de las elucubraciones resbaladizas, de ahí el continuo vaivén de comentarios que pretenden ahondar en su procedencia o datación, las erratas encontradas en sus suposiciones, el antiguo lenguaje empleado  (findelmilenio) y las lagunas que plantean los propios documentos reelaborados a partir de otros.”

No deja de ser una paradoja, por otra parte, que el texto que más ha cambiado de todos los que se incluyen en Recuerdos de la era analógica sea precisamente La identidad.


Recuerdos de la era analógica,
una antología del futuro
Editorial Evohé

Libro electrónico (ebook) en Editorial Evohé
Libro en papel en Editorial Evohé

 

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[Publicado el 6 de septiembre de 2011. Revisado en diciembre de 2012, y en 2019]


A continuación, puedes ver entradas dedicadas a Recuerdos de la era analógica encontradas en la Arqueo Red (que nosotros llamamos Internet)

LIBROS PUBLICADOS

 

Originally posted 2012-12-01 12:09:45.

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Marshall McLuhan, antes y después de su tiempo

Entre las muchas ideas y paradojas del pensador canadiense Marshall McLuhan, una de las más interesantes es la que dice que los medios son extensiones del ser humano. Se refiere no sólo a los medios de comunicación, sino a cualquier aparato, artilugio, mecanismo, instrumento u objeto que prolongue de alguna manera el alcance de nuestros sentidos, desde unos binoculares al bastón de un ciego. Si pensamos en el bastón de un ciego Y en este caso creo que el ejemplo es mío, pero tal vez sea del propio McLuhan): ¿la mano termina al comienzo del bastón o en su punta? ¿es el bastón el que percibe un obstáculo, o es la mano la que lo percibe? ¿O lo hace en realidad el cerebro que recibe la señal de la mano que recibe la señal del bastón? ¿Cuál es el límite, entonces, de nuestro cerebro, las neuronas implicadas en un acto de conciencia, la corteza cerebral, la caja craneal, el brazo, la mano o la punta del bastón?


Algunos de los pasajes más interesantes de McLuhan acerca de los medios como extensiones del ser humano son aquellos en los que habla de medios-extensiones como la azada, los paraguas, la ropa o una de las extensiones nuestra memoria. En cuanto a la azada, dice:

«Obsérvese a un hombre cavando con una azada: su an­tebrazo derecho se ha alargado artificialmente y su mano se ha transformado en articulación. El puño que remata el mango de la azada es como la protuberancia, la apófisis, que existe en el extremo del húmero; el mango mismo es el hueso añadido, y la pala oblonga de hierro, es la nueva for­ma de mano que permite a su poseedor remover la tierra como no habría podido hacerlo con su mano primitiva».

En cuanto a paraguas y libretas:

«¿Hasta qué punto no vivimos ya por medio de nuestros miembros exteriores? Nuestro aspecto físico varía con las estaciones, con la edad, y según nuestra for­tuna vaya en incremento o venga a menos. Cuando llueve vamos provistos de un órgano vulgarmente llamado para­guas, ideado con el fin de proteger nuestros vestidos o nuestra piel contra los efectos nocivos de la lluvia. El hom­bre posee ya muchos miembros extracorporales, que tie­nen para él mucha más importancia que gran parte de su pelo o en todo caso que su barba. Lleva su memoria en un cuaderno de bolsillo. Se vuelve cada vez más complejo a medida que va envejeciendo. Se le ve entonces provisto de aparatos para ver, acaso con pelo y dientes artificiales».

La libreta como una memoria de bolsillo, que ahora se ha hecho más poderosa con las tablet, los smartphones, los ordenadores portátiles. Ahora bien, debo decir al lector que los pasajes que acabo de citar, cuya naturaleza mcluhiana es innegable, no aparecen en ninguna de las obras publicadas por Marshall McLuhan y tampoco en ninguna de sus entrevistas o declaraciones en cualquier tipo de soporte.

¿Cómo es eso posible?

Intentaré desentrañar este misterio y compartir con el lector el asombro que yo mismo experimenté a lo largo de esta investigación.

 

Antólogos de la Arqueo Red

Existe en la Red una extraña página llamada Antólogos de la Arqueo Red. Quizá habría que decir “existía”, porque en el momento en que escribo esto ha desaparecido de la red. Sin embargo, todavía se puede encontrar si viajamos en la Máquina del Tiempo Digital, The Wayback Machine (alojada en archive.org), que nos permite ver cómo eran páginas de Internet ya desaparecidas o en sus primeras versiones. No me cabe duda, por otra parte, de que existe, o tal vez existirá en el futuro, una conexión entre The Wayback Machine, el misterioso proyecto Xanadu de Ted Nelson y las ediciones princeps digitales, algo tras lo que no me extrañaría que estuvieran  expertos en el arcano arte de la restauración digital como Lino García Morales.

En la página de los Antólogos de la Arqueo Red se ofrecía este extraño vídeo, que luego comentaré en detalle.

 

Como se ve, los antólogos plantean una serie de preguntas relacionadas con McLuhan, pero las posibles respuestas que ofrecen nos sumergen en un mar de dudas.

Veamos la primera pregunta, relacionada con la célebre idea macluhiana de que los medios son extensiones del ser humano y de sus sentidos:.

¿Cuándo y dónde escribió McLuhan: “El hombre ya posee muchos miembros extracorporales: lleva su memoria en un cuaderno de bolsillo?”.

Es decir, la cita que yo mismo reproduje al comienzo de este artícula.

Para esta pregunta, los misteriosos antólogos de la Arqueo Red proponen tres posibles respuestas:

> 1972

> 1872

> 2072

Sabemos que McLuhan vivió entre 1910 y 1980, así que la respuesta correcta sólo puede ser 1972.

Sin embargo, al buscar la respuesta de los antólogos, descubrimos que nos hemos equivocado, porque nos aseguran que aquello fue escrito en 1872. ¡Casi cuarenta años de que naciera McLuhan!

Los antólogos, sin darnos tiempo a recuperarnos de la sorpresa, no es preguntan entonces: “¿En qué libro aparece la cita anterior?”

En esta ocasión nos ofrecen cuatro posibles respuestas:

> Computer Lib

> Días del futuro pasado 

> Entendiendo los medios 

> El libro de las máquinas 

Antes de intentar responder a esta nueva pregunta, quizá el lector necesite algo de información acerca de alguno de los libros propuestos:

Computer Lib y Dream Machines eran dos libros en uno. Cuando terminabas de leer uno, le dabas la vuelta y leías el otro

Computer Lib (1972)

Significó la adaptación del movimiento de liberación femenino (Women Lib) y de las luchas por los derechos civiles del Black Power al mundo de las máquinas. 

Se trata de un libro doble que escribió Ted Nelson, el creador del hiperenlace, en 1972. Era doble porque cuando terminabas de leerlo, podías darle  la vuelta e iniciabas la lectura de Dream Machines.

Días del futuro pasado (1981), fue una novela gráfica de Chris Claremont y John Byrne publicada en 1981. Quizá trascurra en 2072 (una de las fechas propuestas en la primera pregunta de los antólogos de la Arqueo Red), pero no es seguro. En la novela se cuenta el exterminio de los mutantes en el futuro y cómo alguno de ellos logra viajar al pasado para intentar cambiar el destino que les espera. Recientemente se hizo una película basad en la novela gráfica.


Entendiendo los medios (1964)

Se trata, por supuesto, del libro publicado por McLuhan en 1964, así que todo  parece indicar que esta es la respuesta correcta: es en este libro dónde McLuhan dijo aquello de que llevamos nuestra memoria en el bolsillo.

El problema es que allí no aparece esa cita y tampoco las otras mencionadas más arriba (la del paraguas y la de al azada).


El libro de las máquinas (hacia 1600)

No existe ningún libro con ese título en las bibliotecas analógicas o digitales, a pesar de que los antólogos de la Arqueoweb nos aseguran que El libro de las máquinas fue escrito hacia el año 1600. Así que parece que nos encontramos en un callejón sin salida, pero entonces llegamos a la siguiente pregunta de este extraño juego.

La última pregunta

Como puede verse en el vídeo encontrado en la Arqueo Red, los antólogos dice que el Libro de las máquinas fue publicado hacia 1600 y no sabemos que con esta mención quieren decir que es en este libro en el que fue publicado ese párrafo macluhiano acerca de la memoria de bolsillo. A continuación, formulan una última pregunta:

“¿Qué autor posterior fue el primero en publicar varios fragmentos de El libro de las máquinas, rescatándolo del olvido?”.

ES decir, ¿quién mencionó El libro de las máquinas en otro libro, rescatándolo del olvido, aunque yo diría que con poco éxito, porque ese Libro de las máquinas sigue permaneciendo en el misterio.

En esta ocasión, nos ofrecen cuatro respuestas:

> Lin Bao en el siglo 23

> Samuel Butler en 1872

> Cellarius en 1863

> Ted Nelson en 1972.

Tras una completa revisión de sus libros, puedo asegurar que no fue Ted Nelson en 1972.

Como es evidente, no se puede saber saber en este momento si fue Lin Bao quien recuperó del olvido El libro del las máquinas, porque eso sucederá dentro de dos siglos, en el siglo XXIII (o 23 cómo escriben los antólogos de la Arqueo Red). De Cellarius (un nuevo enigma) hablaré más adelante, así que quizá debamos preguntar si se trata de Samuel Butler.

Otro profeta llamado Samuel

Samuel Butler, ¿el profeta de Erewhon?

Samuel Butler es uno de los escritores más fascinantes que han existido. Propuso teorías en cualquier campo de la ciencia o las humanidades, siempre heterodoxas y siempre desde fuera de las academias.

Una de esas teorías sostiene que la Odisea fue escrita por una mujer siciliana. Esta opinión causó cierto escándalo en su época, aunque  casi nadie le prestó la atención debida. Ahora se sabe que muchas de sus ideas eran correctas o al menos plausibles. En el siglo XX, Robert Graves y otros mitólogos recuperaron la hipótesis de la autora de la Odisea.

Butler también opinaba que la comparación de los cuatro evangelios mostraba infinidad de incongruencias en lo que se refiere a la resurrección de Jesucristo . Hoy en día pocos se atreven a negar que, efectivamente, los cuatro evangelios están tan llenos de contradicciones que es imposible saber qué le sucedió a Jesucristo, e incluso si debemos o no creer lo que él mismo dice de sí mismo:

“Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. 32 Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero.” (Juan 5:31-32)

 “Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy.” (Juan 8:14)

¿Qué debemos pensar de alguien cuyo testimonio consiste en decir que no debemos creer en su propio testimonio? ¿Y que poco después nos ofrece otro testimonio en el que nos dice que sí que debemos creer en su testimonio? Parece demasiado complicado entender a este otro profeta de Judea, que sin duda fue muy influido por las paradojas griegas, célebres en su época.

Pero Samuel Butler no se hizo famoso por sus estudios bíblicos o sus hipótesis homéricas, tampoco  por su extraordinario libro El camino de la carne, sino por una novela utópica llamada Erewhon.

Erewhon es tal vez la más interesante utopía que se ha escrito. Ha influido en autores como Aldous Huxley (Un mundo feliz), George Orwell (1984) o Frank Herbert (Dune).

Los habitantes de Erewhon, según nos cuenta el narrador, un viajero que ha llegado a este extraño país atravesando las montañas, destruyeron las máquinas, al darse cuenta de que era cuestión de tiempo que evolucionaran hasta superar al ser humano y convertirlo en su esclavo. Como se ve, aquí está también una de las influencias de Matrix.

La decisión de destruir las máquinas supuso una guerra civil entre los erewhonianos, divididos entre los partidarios de las máquinas y sus detractores. La guerra fue causada  precisamente por las terribles profecías que se anunciaban en… ¡El libro de las máquinas!

“La desdicha consiste en que el hombre haya permaneci­do ciego tanto tiempo ya. La confianza que le inspiraba el empleo del vapor le ha inducido pérfidamente a crecer y multiplicarse. La abolición repentina del vapor como fuer­za motriz no tendrá por efecto el reducirnos al estado en el cual nos hallábamos cuando fue descubierto; sobreven­drán una bancarrota general y un período de anarquía como nunca se han conocido. Será como si nuestra población se hubiera triplicado de repente sin tener más medios para alimentarse que los de que actualmente disponemos. El aire que respiramos apenas es más necesario para nuestra vida animal de lo que para nuestra civilización lo es el empleo de cualquier máquina con la cual contábamos al ver aumentar el número de nuestros habitantes”. 

Como se ve, hemos encontrado por fin El Libro de las Máquinas, citado en el interior de de Erewhon, lo que parece resolver la pregunta acerca de quién recuperó el Libro de las máquinas, puesto que Butler, en efecto, cita varios pasajes extensos de ese libro en su novela.

La cuestión que plantean los antólogos, sin embargo, no está todavía resuelta, pero antes de explicar por qué, conviene detenerse en otros pasajes de ese libro misterioso, que al parecer fue escrito en Erewhon, como este:

“Son las máquinas las que influyen sobre el hombre y le hacen hombre, tanto como él ha hecho las máquinas e influido sobre ellas. Pero hemos de escoger entre arrostrar muchos sufrimientos ahora, o ver­nos gradualmente suplantados por nuestras propias crea­ciones, hasta que nos hallemos con relación a ellas en tan humillante situación como los animales del campo se en­cuentran con relación a nosotros.”

Marshall McLuhan, ¿el profeta de Erewhon?

Marshall McLuhan

Además del temor a las máquinas y de la mutua redefinición de la naturaleza humana y maquinal a través de nuestra relación con las máquinas, en los capítulos de El libro de las máquinas que reproduce Samuel Buttler en Erewhon, podemos leer muchos otros pasajes acerca de los medios como extensiones del ser humano, como los citados al inicio de este artículo, pues es en El libro de las máquinas donde aparecen esas citas de los paraguas y la azada como extensiones del ser humano.


Todo lo anterior parece conducirnos a una revelación inesperada y absurda, pero que resulta difícil eludir:  ¡Marshall McLuhan es el autor del Libro de las Máquinas!

 

¿Un enigma sin respuesta?

Conviene recapitular. El vídeo de los arqueólogos de la Arqueo Red nos ha llevado a la conclusión de que párrafos macluhianos como:

«¿Hasta qué punto no vivimos ya por medio de nuestros miembros exteriores? Nuestro aspecto físico varía con las estaciones, con la edad, y según nuestra for­tuna vaya en incremento o venga a menos. Cuando llueve vamos provistos de un órgano vulgarmente llamado para­guas, ideado con el fin de proteger nuestros vestidos o nuestra piel contra los efectos nocivos de la lluvia. El hom­bre posee ya muchos miembros extracorporales, que tie­nen para él mucha más importancia que gran parte de su pelo o en todo caso que su barba. Lleva su memoria en un cuaderno de bolsillo.

aparecen en El libro de las máquinas, un libro que supuestamente fue escrito hacia 1600 por un profeta de Erewhom, aunque la única certeza que tenemos es que en 1872 ese texto y otros fragmentos de El libro de las máquinas se publicaron en la utopía Erewhom o Más Allá de las Montañas, escrita por Samuel Butler.

Puesto que la guerra contra las máquinas tuvo lugar trescientos años antes de la publicación de Erewhon, es decir, hacia 1600, no es posible que McLuhan escribiera ese libro.

Podríamos pensar, por supuesto, que El libro de las máquinas es una obra imaginada por Samuel Butler. Sin embargo, eso tampoco hace posible que esos pasajes los escribiera McLuhan, quien ni siquiera había nacido  cuando Butler murió.

El enigma resulta difícil de resolver, porque tan sólo podemos afirmar que Erewhon fue escrito en 1872 y que allí se incluyen varios pasajes de El libro de las máquinas, pasajes que a cualquier lector le revelarán la mano macluhiana.

Una solución sencilla consistiría en acusar a McLuhan de plagio, lo que no es muy verosímil, si recordamos la insistencia de McLuhan en reconocer que lo mejor de sus ideas procedía de otros, en especial de Harold Innis. Ahora bien, aunque no he podido revisar uan a una todas las obras de MacLuhan, no he encontrado ninguna mención en todo lo que he leído de él a Samuel Butler. Ausencia llamativa en alguien que parecía conocer a fondo toda la literatura inglesa.

¿Por qué MacLuhan no menciona a Butler, o al autor de El libro de las máquinas, entre sus precursores?

 

¿Quién es Cellarius?

Recordemos, sin embargo, que existía una cuarta posibilidad en el extraño juego de los antólogos de la Arqueo Red: que El libro de las máquinas hubiera sido citado por primera vez, no por Samuel Butler en 1872, sino por un tal Cellarius en 1863.

¿Se trata de una invención o de un dato cierto? ¿Quién es Cellarius?

Tal vez algún lector sepa la respuesta, o tal vez esté en Recuerdos de la era analógica.


NOTA EN 2012

En el tiempo transcurrido desde que inicié esta investigación, puedo afirmar que he resuelto el misterio, o al menos uno de sus aspectos más inquietantes, relacionados con Celarius. En atención a mis lectores más inquisitivos, les dejaré que intenten averiguarlo por sí mismos, antes de revelarles la respuesta. Pueden lograrlo utilizando la asombrosa herramienta creativa que (casi) lo contiene todo y que sólo los ignorantes desprecian: la Arqueo Red, es decir, Internet.


Nota en 2016

Puesto que ningún lector parece haber dado con la respuesta, yo mismo la revelaré en breve en esta página de la Arqueo Red que es Diletante y que tal vez ayude a los antólogos del futuro en sus pesquisas acerca de sus antepasados.


Algunas claves más en…

Recuer­dos de la era analóg­ica, una antología del futuro
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Ver­sión impresa
Evohé, Ama­zon


 Recuerdos de la era analógica

MARSHALL MCLUHAN

Cinema and other media

Understanding new audiovisual media 3


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Originally posted 2012-05-27 01:18:44.

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Rudimentos de Prognóstica Aplicada


En Maneras de predecir el futuro… o el pasado hablé de los trucos para predecir el futuro, que en realidad suele tratarse de una predicción desde el presente, pero atribuida a profetas imaginarios, como sucede en la lectura del sueño de Nabucodonosor, que se atribuye al Daniel bíblico. También me referí a las dificultades de los historiadores soviéticos para predecir el pasado en función de los gustos cambiantes de Stalin.

Según se deduce de la lectura  de Recuerdos de la era analógica, en los siglos venideros la predicción del futuro se convertirá en una disciplina científica llamada prognóstica aplicada:

Como es de sobra conocido, la predicción del futuro era uno de los géneros favoritos de los escritores del pasado, antes de que la prognóstica aplicada convirtiera tales tareas en trámites mecáni­cos carentes de incertidumbre y emoción. Hoy en día, la verdadera dificultad no consiste en predecir el futuro, sino el pasado.

 

Se supone que el texto anterior será escrito en el año 2412, lo que significa que todavía queda tiempo para desarrollar esa nueva ciencia, de la que podemos obtener algunos atisbos en el “Manifiesto contra los mundos virtuales”:

El pensamiento utópico, esa manera de imaginar un futuro luminoso, fue durante siglos un estímulo constante para el asesinato, la discrimi­nación y la locura visionaria. Pasaría mucho tiempo antes de que sus potencialidades prácticas pudieran ser reguladas de manera científi­ca a favor y no en contra de la humanidad, gracias al desarrollo de los universos posibles o virtuales y de la prognóstica aplicada.

Parece, en consecuencia, que la prognóstica aplicada será una disciplina que empleará los métodos de otras ciencias predictivas (como la meteorología o predicción del tiempo atmosférico), a asuntos sociales y políticos, para diseñar, no utopías imposibles, sino mundos posibles en los que experimentar nuevas hipótesis político-sociales.

Podemos suponer, en fin, que esa prognóstica aplicada será el desarrollo lógico de las cada vez más frecuentes simulaciones por ordenador, que permiten observar con precisión aspectos de la realidad que en el mundo digital resultan más comprensibles que en el analógico. Gracias a los simuladores se han inventado aviones antes siquiera de ensamblar dos piezas, se ha diseñado con éxito una operación a vida o muerte sin tocar el cuerpo del paciente y se ha conseguido predecir la evolución de una tormenta tropical y evitar en gran parte el desastre. En el futuro, quizá antes del siglo 25, se podrá diseñar una estructura económica que evite las crisis periódicas del capitalismo o que se anticipe a los problemas políticos y sociales más acuciantes, poniendo la venda antes que la herida y el parche antes de que se produzca el pinchazo.

A lo mejor esas simulaciones acabarán por resultar tan efectivas que hasta nosotros preferiremos vivir en ellas en vez de en el mundo real, tan sometido a lo imprevisible y catastrófico, como parece adivinarse en algunos textos de Recuerdos de la era analógica, en especial en “Manifiesto contra los mundos virtuales”.


RECUERDOS DE LA ERA ANALÓGICA
Una antología del futuro

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A continuación, puedes ver entradas dedicadas a Recuerdos de la era analógica encontradas en la Arqueo Red (que nosotros llamamos Internet)

LIBROS PUBLICADOS

losgrandesinventosdetubau

Originally posted 2012-12-01 12:09:45.

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Que nada se crea

|| Recuerdos de la era analógica

Que nada se crea es uno de los textos incluidos en Recuerdos de la era analógica, una antología realizada en el siglo 21 pero publicada a comienzos del siglo XXI por Daniel Tubau en la editorial Evohé.

Era el día 28 de diciembre y yo viajaba en un tren. Fue entonces cuando advertí que en mi cabeza estaban revoloteando ciertas ideas muy importantes. Para que no se escapasen, apunté todo lo que se me iba ocurriendo en el billete que me había dado el revisor (pues las taquillas estaban cerradas y tuve que abonar el viaje una vez en el tren). Gracias a ese billete conservo la fecha de este descubrimiento, que puede ser comparado con el que tuvo lugar el 12 de octubre de 1492. En mi caso se trataba, y de eso me di cuenta enseguida, del descubrimiento de un nuevo continente mental.
Tener una idea única y, al mismo tiempo, la certeza de que lo es, no ocurre muchas veces en la vida: en cuanto el billete quedó lleno de palabras, busqué más papeles y continué escribiendo. Supongo que tardé quince minutos en anotar las ideas básicas que luego me permitieron reconstruir la teoría que me había salido del cerebro casi completa, como Atenea nació   adulta y armada de la cabeza de Zeus cuando Hefesto se la abrió en dos para acabar con el terrible dolor de cabeza del padre de los dioses.

Tenía ante mí una teoría que iba a conmover el mundo del pensamiento, pero me inquietaba una duda: que alguien concibiese o hubiese concebido ya esta teoría, que yo pudiera pasar, al publicar mi descubrimiento, por un plagiario. En fin, que yo llegase después que otro y pretendiese haberlo hecho antes.

Tardé muy poco tiempo en advertir que esa posibilidad, lejos de resultar terrible, no era otra cosa que la confirmación de la propia teoría. El lector, si continúa leyendo (y no sé por qué iba a dejar de hacerlo), también se dará cuenta de que no le miento y acabará dándome la razón.

Puesto que lo que ahora escribo es una comunicación científica (y no una pieza literaria), dejo ya los preámbulos y me dispongo a revelar lo que supe aquel 28 de diciembre, día de los Inocentes (lo que, sin duda, no es casual), en aquel tren que me llevaba de regreso a mi casa, después de haber pasado el fin de semana con mi madre.

Lo que supe, era esto: «Que nada se crea, que nada se inventa, que todo se descubre».

Tal vez el lector se sienta ahora decepcionado y exclame: «¡Ah, claro, pero eso ya lo sabe todo el mundo!». Por supuesto, respondo yo, todo el mundo lo sabe, pero, como le sucedía al esclavo de Platón, casi nadie sabe que lo sabe.

Afirmar que nada se crea no es una idea al estilo de «Nada nuevo bajo el Sol», «Lo que no es tradición es plagio» o «Quien se cree el primero en descubrir algo es porque no conoce el tamaño de su ignorancia». Esas frases son sólo la expresión de una idea sencilla: que nadie es el primero en nada, que todo tiene un antecedente, que siempre existe un precursor. Por ejemplo: que cualquier cosa imaginable ya la pensaron los griegos.

Pero si aplicamos esta teoría a los propios griegos, ¿con qué nos encontramos? Nos encontramos, por simple lógica, con la certeza de que ellos tampoco pueden ser precursores, sino que debieron tomar sus ideas de algo que existió antes, y así podemos llegar a los austrolopitecus, los dinosaurios y las amebas, a los protozoos y a los primeros organismos de la sopa originaria. Pero tampoco tenemos que detenernos ahí en nuestra búsqueda del origen: todavía podemos retroceder hasta las moléculas, los átomos o los electrones. Finalmente, sin duda acabaremos atribuyendo el «To be or not to be» de Hamlet a un fotón en el Big Bang que dio origen al Universo. ¿Y cuál será el precedente de este shakesperiano fotón? Como habrá entendido ya el lector, la idea de que todo tiene un antecedente se refuta a sí misma. Es una idea sencilla, sí, pero también absurda.

Yo, por supuesto, no me refiero a esa simpleza de buscar el origen de cualquier cosa, porque yo considero que, en cierto sentido (pero sólo en cierto sentido), todo es nuevo bajo el sol. Yo no propongo una ley seudocientífica ni hablo en sentido metafórico. Cuando digo: «Nada se crea, nada se inventa, todo se descubre», quiero decir exactamente eso. No estoy jugando a la metáfora ingeniosa ni a la frase de doble sentido. Quien consiga entender la verdad de mi teoría sabrá que la pólvora no fue inventada, sino descubierta, y que la Capilla Sixtina no fue pintada, sino, también, descubierta.

Tal vez ahora el lector comienza a preguntarse si está tratando con un loco o con un imbécil. Como no quiero que siga dudando de mi seriedad, y mucho menos de mi seriedad científica, me propongo ofrecer aquí mismo una primera aproximación a la teoría, una teoría que no he inventado yo, pero que sí he descubierto, y que a partir de ahora denominaré la Teoría. Se la mostraré poco a poco al lector, para que pueda digerirla sin atragantarse.

 

Introducción a la Teoría

Un día le preguntaron a Miguel Ángel cuál era el secreto de su arte, cómo había sido capaz de crear una obra tan extraordinaria como su David. Miguel Ángel respondió: «Fue muy fácil. El David estaba ya en el pedazo de mármol que me entregaron: sólo tuve que quitar el mármol sobrante». Esta es sin duda una de las más claras formulaciones de la Teoría que se han hecho nunca, pero la más rigurosa, desde el punto de vista filosófico, se encuentra en Platón. Es su célebre «Teoría de las Ideas».

Platón afirma que todo lo que existe en el mundo es una réplica de las Ideas o Formas que habitan en un mundo más perfecto. Nuestras almas habitaron en una vida más feliz en el mundo de las Ideas o Arquetipos y allí contemplaron todas las perfecciones. En ese mundo de las Ideas se encuentra, por ejemplo, el Caballo ideal, del que son copias imperfectas los caballos que conocemos.

Selección de réplicas del caballo ideal por el Demiurgo (Heinrich Kley)

La «Teoría de las Ideas» de Platón ha tenido que hacer frente a constantes burlas desde que fue hecha pública. De él se rieron los cínicos y también creyó refutarlo su discípulo Aristóteles. Este desprecio de los ignorantes será un precio que también deberá afrontar la Teoría que yo ahora presento a la comunidad pensante, y que no es otra cosa que la cristalización científica de las intuiciones de Platón. Ahora bien, a quienes se reían y se ríen de Platón y su teoría de las ideas, preguntándole si existía también un asno ideal y un fango ideal, yo les pido que respondan a una sencilla pregunta: ¿Qué es el número 2?

 

Refutación de los refutadores

Si yo escribo en esta hoja el número 2, tú, lector, sabes al instante, mirando ese número 2, que es mayor que el número 1 y menor que el número 3, y que multiplicado por sí mismo da por resultado 4.

Tú sabes todo eso y muchas más cosas relacionadas con el número 2. Yo también sé esas cosas. Los dos estamos de acuerdo. Sin embargo, esas cosas que sabemos, esas propiedades indiscutibles del número 2, ¿se refieren al número 2 que escribo ahora en un cuaderno, al que tú lees impreso en esta página mucho tiempo después, alq ue aparece en la pantalla de un dispositivo electrónico…? ¿Podrían también referirse a un número 2 que escribieses tú?

Sin duda piensas que todas esas propiedades matemáticas se pueden aplicar a mi número 2 y a tu número 2 y a cualquier otro número 2. Eso es lo que nos han enseñado en la escuela, ¿no es cierto? También estarás de acuerdo en que ni mi número 2 en un cuaderno, ni el número 2 impreso en la hoja que ahora lees, ni tu número 2 imaginado son «el número 2».

El número 2 es algo de lo que el tuyo y el mío son simples réplicas, porque, si no sucediera así, tú y yo, que quizá ni siquiera nos conocemos, no podríamos ponernos nunca de acuerdo en que tu número 2 y el mío tienen las mismas propiedades. Ahora bien, ¿dónde está ese número 2 del que el tuyo y el mío son réplicas?

Tras reflexionar un instante, quizás me respondas:

«El número 2 es un concepto, una convención matemática. Usted y yo conocemos esa convención y por eso cada vez que vemos el signo ‘2’ sabemos que ese signo tiene unas determinadas propiedades».

De acuerdo, te respondo: el número 2 es una convención creada por el ser humano. Ahora bien, si es una convención, ¿por qué siempre que juntamos una manzana con otra manzana tenemos dos manzanas? ¿Es que las manzanas también aceptan nuestras convenciones?

Para ser una convención, el número 2 parece depender muy poco de nosotros, los humanos. Ojalá yo pudiera tener dos manzanas y establecer otra convención para garantizarles a seis personas hambrientas que no tengo dos manzanas, sino seis. O doce, o venticuatro. Es posible que sus seis cerebros se pusieran de acuerdo, pero dudo que sus seis estómagos hambrientos aceptasen tan fácilmente la nueva convención y que se comiesen las dos manzanas con el mismo placer con el que se comerían seis manzanas.

Espero que estas reflexiones hayan abierto un poco la mente de mis lectores y que poco a poco entiendan que el mundo de las Ideas de Platón no es tan extravagante como puede parecer a primera vista. Confiando en que así haya sucedido, ha llegado el momento de ofrecer una primera y apresurada formulación de la Teoría.

Selección de réplicas de la sirena ideal (Heinrich Kley)

 

La Teoría

Lo formularé de manera rápida y sin ambigüedades:

«Existe un mundo en el que se encuentran todas las ideas y conceptos que habitualmente llamamos creaciones o invenciones. Ese mundo tiene unas coordenadas físicas y puede ser recorrido y explorado como se recorre un territorio. Toda invención o creación no es sino una visita inadvertida a ese mundo».

Conviene, en primer lugar, distinguir la Teoría de la «Teoría de las Ideas de Platón» que he examinado antes, porque quizá muchos lectores han pensado que se trata de lo mismo pero dicho con otras palabras. Insisto en que Platón fue uno de los primeros en atisbar la Teoría, y quizá quien más cerca ha estado de alcanzarla. Pero se quedó a medio camino, envuelto en vaguedades que no supo resolver.

Para Platón, en efecto, el mundo de las Ideas es una especie de «otro mundo», un lugar en el que habitan las almas antes de reencarnarse en cuerpos. En ese lugar, contemplando frente a frente las Ideas, las almas lo aprenden todo. Sin embargo, cuando las almas eligen un cuerpo y habitan en la Tierra, olvidan todo lo que han
aprendido. Por eso, nacer es en cierto modo morir y el conocimiento consiste en recordar lo que se ha olvidado:

«Y ocurre así que, siendo el alma inmortal, y habiendo nacido muchas veces y habiendo visto tanto lo de aquí como lo del Hades y todas las cosas, no hay nada que no tenga aprendido; con lo que no es de extrañar que también sobre la virtud y sobre las demás cosas sea capaz ella de recordar lo que desde luego ya antes sabía. Pues siendo, en efecto, la naturaleza entera homogénea, y habiéndolo aprendido todo el alma, nada impide que quien recuerda una sola cosa (y a esto llaman aprendizaje los hombres), descubra él mismo todas las demás, si es hombre valeroso y no se cansa de investigar. Porque el investigar y el aprender, por consiguiente, no son en absoluto otra cosa que reminiscencia».

Bien, esta es una concepción que bordea el terreno de la Teoría, pero que, en vez de penetrar en él, se queda dando vueltas y vueltas de un modo infantil y precientífico. En primer lugar, Platón niega no solo la invención sino también el descubrimiento: la única fuente de conocimiento verdadero consiste en recordar.

En segundo lugar, Platón no indica nada acerca de la localización espacial de ese mundo ideal, porque ni siquiera le interesa: usa un mito para ilustrar su genial intuición, pero acaba creyéndoselo, como quien cree en una fábula repetida por sus padres y no indaga nunca su verdadero origen y naturaleza.

No hay que culpar a Platón por esta torpeza, pues no fue el primero, ni sería el último, en extraviarse. En Babilonia ya existían mitos que aseguraban que las grandes ciudades eran réplicas de otras ciudades ideales, pero, en este caso, sí se intentó facilitar las coordenadas de ese mundo ideal. El error fue situarlo muy lejos y atendiendo a una tosca geometría tridimensional: las ciudades terrestres eran réplicas de modelos divinos que se hallaban en las diferentes constelaciones: Nínive, en la Osa Mayor; Assur, en Arturo; Sippar, en Cáncer.

Las Ideas de Platón y las Ciudades Celestiales de Babilonia son dos de los más tempranos precedentes de la Teoría. Ahorraré al lector la fatigosa enumeración de ejemplos anteriores a los mencionados, pues ya le he demostrado la inutilidad de buscar el origen último de cualquier cosa. La indagación genética, la pregunta por el origen, no sirve para demostrar una teoría científica: da igual si Galileo tiró o no dos piedras de peso desigual desde la torre de Pisa, porque la validez de sus descubrimientos no depende de esa anécdota chusca.

En cualquier caso, no hace falta aclarar que el hecho de que ya en épocas precientíficas los pensadores más audaces hayan imaginado versiones sencillas de la Teoría es un argumento intuitivo muy fuerte en favor de la misma. Pero, insisto, soy perfectamente consciente de que una razón intuitiva no es una razón demostrativa. A pesar de que en el momento actual de mis investigaciones me veo obligado a ofrecer argumentos casi intuitivos, estoy trabajando en el diseño de un experimento que me permitirá poner a prueba la Teoría desde un punto de vista empírico. Porque yo creo, como ese otro gran descubridor, amigo y rival de Galileo que fue Kepler, que el vuelo de la imaginación no debe ser detenido por las exigencias del método científico, pero que sus hallazgos y resultados sí que deben ser contrastados por la observación y el experimento.

Mientras llega el momento de presentar al mundo mi propuesta experimental, ofreceré algunas razones a favor de la Teoría. En primer lugar, me gustaría argumentar contra un materialismo mal entendido que, creyendo ajustarse al método científico, en realidad se aleja de él sin remedio.

 

Nada nace de la nada

Quizá el lector conoce un antiquísimo principio que ya mencionaba el poeta latino Lucrecio: «Nada nace de la nada», principio que sólo por torpeza puede confundirse con aquella frase simplona que dice «Nada nuevo bajo el sol».

Es innecesario que me detenga a demostrar que el de Lucrecio es un principio que no admite discusión; como él mismo explica, si algo pudiera nacer de la nada, entonces todo podría nacer de todo:

«Cualquiera podría salir de cualquiera, nada necesitaría semilla; del mar podrían surgir de repente los hombres, de la tierra la familia escamosa, y las aves brotarían del cielo».

Porque, en efecto, la diferencia que hay entre «nada» y «algo» es inmensa: que de la nada surja un átomo es infinitamente más difícil y extravagante que el hecho de que del vientre de una ballena nazca la luna. No es una cuestión de complejidad, de cantidad o de número, sino de esencia y ontología. También de sentido común.

Aplicando este principio a la Teoría, afirmar que algo pueda ser inventado o creado sería lo mismo que afirmar que algo que no existía ha surgido de la nada. En consecuencia, como se sigue de la formulación de la Teoría que he ofrecido antes («Nada se crea, nada se inventa, todo se descubre»), debemos concluir que todo lo que conocemos, todo lo que consideramos fruto de nuestra invención, es en realidad producto de un descubrimiento: no inventamos ni creamos nada, sino que todo lo descubrimos. Para ser más precisos, no hacemos otra cosa que -literalmente- inventar. Cualquier lector educado en los clásicos ya habrá advertido que los antiguos intuían, aunque fuera de una manera confusa, la Teoría, pues la etimología nos revela que la palabra «inventar» procede de in-venio, «hacer venir», «llegar hacia», «descubrir». En efecto, pese a los disparatados cantos a la “originalidad” propios de la presunción moderna, un invento no es otra cosa que un descubrimiento. Originalidad, por cierto, también procede de “origen”.

Queda por aclarar, sin embargo, «dónde» descubrimos todas esas cosas. La tentación evidente es responder: «Las descubrimos dentro de nuestra cabeza», con lo que volveríamos a alejarnos de la Teoría y a caer en los mitos del genio y la invención. Por el contrario, yo afirmo que descubrimos todas esas cosas en un lugar tan material como nuestro mundo conocido, un mundo al que accedemos, eso sí, tal vez mediante sentidos cuya existencia ignoramos, pero que son el equivalente para el mundo de las ideas de lo que son los sentidos conocidos para el mundo inmediatamente sensible y perceptible. Sospecho también que, aunque ese mundo es material, sus leyes y las del nuestro quizá no sean en todo coincidentes.

Estoy seguro de que pronto podré aclarar cuál es la exacta relación entre ambos territorios. Por ahora sólo diré que, en cierto modo, el mundo que conocemos es la parte inmediatamente perceptible para nuestros sentidos tradicionales de ese otro mundo que todavía es necesario cartografiar mediante el uso consciente de esos otros sentidos o receptores que utilizamos constantemente, aunque no seamos conscientes de que lo hacemos y cómo lo hacemos. Eso que llamamos invenciones o creaciones no son sino la prueba tangible de lo que estoy diciendo, pero también son tan sólo el resultado visible que nos ofrece nuestra mente  de un proceso que, por el momento, permanece oculto. Por fortuna, nosotros mismos estamos descubriendo sin saberlo el camino que nos llevará a detectar ese mecanismo secreto, que es lo que yo entendí por fin en aquel tren en el que vislumbre por vez primera la Teoría.

Además, en esa misma dirección avanza la física actual, por ejemplo con su teoría de las supercuerdas, que pretende explicar los enigmas cuánticos y propone que nuestro universo puede tener diez o más dimensiones. Sin duda no es casual que mi descubrimiento y los de los universos multidimensionales, como el de las supercuerdas, y de los no-euclidianos hayan casi coincidido en el tiempo, porque la Teoría, de eso estoy seguro, necesita de unas matemáticas capaces de operar en más dimensiones que las tres tradicionales. Antes de continuar en esa dirección y tomar de nuevo el tren que nos lleva a la Teoría, debemos detenernos un instante en la estación del materialismo espiritualista.

 

Los materialistas espiritualistas

¿Qué son los materialistas espiritualistas? Yo llamo así a los materialistas que niegan (y que negarán) mi Teoría y que, en consecuencia, se ven (y se verán) obligados a aceptar el mundo de los espíritus. Queriendo huir de la mistificación caerán sin remedio en los brazos del misticismo. Voy a demostrarlo que es inevitable que tal cosa suceda por reducción al absurdo. Es decir, mostraré que sus argumentos solo pueden conducir al sinsentido.

Los salvajes arquetípicos que aparecen en las crónicas de los antropólogos retroceden asustados al ver sobre su cabeza un helicóptero (que es un ejemplo de objeto poco natural, pero en ningún caso sobrenatural) y después inventan leyendas y cultos para intentar explicar la existencia de ese pájaro de metal sin por ello quebrar su primitiva, pero a veces muy compleja, concepción del mundo. De una u otra manera consiguen que algo tan material como un helicóptero se convierta en una especie de espíritu del aire, semejante a otros que inventaron quizá tras verlos en un sueño.

Del mismo modo, los materialistas estrictos serán los primeros que retrocederán, asustados como esos salvajes, ante mi propuesta de extender el reino de la materia más allá de los estrechos límites que una ciencia incompleta le ha marcado, de tal modo que invada y conquiste el imperio del espíritu. Porque mi intención es extender el reino de la materia hasta ese mundo de las Ideas inmateriales del que tanto se burlan, hacia el mundo inteligible platónico. No quiero postular, como un nuevo Descartes, una separación entre materia y espíritu, sino diluir de una vez para siempre sus fronteras.

En primer lugar, los materialistas estrictos, si son consecuentes, deberán admitir, como Lucrecio, que no es posible que algo surja de la nada. Si la nada existe, entonces la nada no es materia y si algo puede surgir de lo que no es materia, entonces: ¿para qué diablos se necesita la materia? Sustituyamos la materia lucreciana por la energía einsteniana y obtendremos la misma conclusión. La materia o la energía sólo puede surgir de la materia o la energía, sólo puede transformarse, nunca crearse.

Ahora bien, si se admite, como hacen ellos (y hago yo), que no es posible que algo surja de la nada, entonces es absurdo que después se retroceda aterrorizado cuando nos proponemos explorar y fijar las coordenadas del territorio en el que descubrimos las cosas.

Porque, o bien las cosas inteligibles o no materiales se «crean», y por o tanto no existen antes de que la imaginación les dé su ser, tras hacerlas surgir de la nada, o bien se «descubren» y, por lo tanto, tienen que existir en alguna parte y de alguna manera. No hay más posibilidades. Afirmar, por ejemplo, que lo que sucede es que no hay tal descubrimiento, sino que todo se explica por la naturaleza misma de las cosas, es lo mismo que no decir nada, pues ¿de qué manera se halla en la naturaleza misma de las cosas una idea?

Sólo un pensamiento de corto alcance, acostumbrado a los tópicos al uso, puede ser incapaz de darse cuenta de que si una idea está en la naturaleza de las cosas y al mismo tiempo no está en ninguna parte físicamente localizable del universo, entonces es que esa idea es un espíritu. ¿Será necesario seguir argumentando que esta consecuencia es inevitable?

Supongo que no, pero todavía me asombra escuchar a personas que se tienen por materialistas sostener esta opinión absurda: que las ideas están en la naturaleza de las cosas sin estar, al mismo tiempo, en algún lugar. Yo les pregunto: ¿se hallan en la naturaleza de las cosas en forma material o espiritual? ¿O son, simplemente, un algo que surge de la nada?

Esas personas, esos materialistas inconsecuentes, se ríen del teleologismo de Aristóteles, de su causa final, preguntándose dónde se halla esa causa que parece actuar desde un futuro que aún no existe. Y, ciertamente, el teleologismo es una idea ridícula, pero yo les digo a ellos que más asombroso es lo que ellos proponen: que existen causas que operan, no desde el futuro, sino desde la nada. Porque si algo puede ser creado desde la nada entonces su causa está contenida de algún modo en la nada.

La conclusión final de mi argumento es que si los materialistas no aceptan el territorio de la Teoría, tendrán que aceptar el territorio de los espíritus.

Para terminar con este asunto, quiero señalar lo ambigüa que es la frontera que separa el materialismo del espiritualismo: ¿Acaso podemos encontrar a alguien más materialista que el idealista Platón, quien consideraba la idea de Caballo tan sólida como un caballo de carne y hueso y la imaginaba galopando por los mundos ideales? No es casual que materialismo y espiritualismo se alimenten uno de otro, como espero demostrar gracias a mi Teoría.

Pero quizá ha llegado el momento de examinar otro indicio de la verdad de la Teoría, y revelar también en qué se equivocó Platón.

Seis réplicas del cangrejo ideal, sometidas a las limitaciones del crecimiento y la forma, según D’Arcy Thompson, el biólogo que más se ha acercado a la Teoría (Sobre el crecimiento y la forma, 1945).         Se trata de las siguientes variaciones: 1. Geryon  2. Corystes 3. Syramathia 4. Paralomis 5. Lupa 6. Chorinus.

 

El error de Platón

La lectura atenta de sus obras, muestra con claridad que Platón recorrió más de una vez los territorios de la Teoría, sin duda alertado por su maestro Sócrates.

Si Platón hubiese tenido las ambiciones metódicas y el amor a las clasificaciones de su discípulo Aristóteles, sin duda habría logrado trazar alguno de los contornos de ese territorio que sólo yo he descubierto de manera definitiva.

En su diálogo Ión, Platón se acerca mucho a la Teoría. Todo se inicia con una conversación casual entre Ión y Sócrates. Ión es uno de los rápsodas más admirados de Atenas y conoce tan bien las obras de Homero que es capaz de disertar sin pausa acerca de ellas ante un auditorio fascinado:

«Cuando se trata de cualquier otro poeta, ni tan siquiera presto atención; impotente soy para decir algo sobre él, algo que valga la pena; es más, hasta me duermo escuchando. Pero que se mencione tan siquiera a Homero y ya me tienes despierto, atento y tan dispuesto que las ideas me asaltan en tropel».

Sócrates le dice a Ión que lo que le sucede parece absurdo, pues ¿cómo es posible que alguien que es capaz de disertar sin pausa acerca de la obra de Homero, sobre el acierto de sus metáforas y la belleza de sus versos, no pueda siquiera opinar acerca de los versos de otros poetas? Al menos, dice Sócrates, Ión debería poder decir que esos poetas carecen de éste o aquel rasgo que sí posee Homero.

Desde el punto de vista del sentido común, lo que dice Ión parece absurdo y eso le sirve a Platón para desprestigiar a los poetas, pero desde el punto de vista de la Teoría, la respuesta al problema que plantea Sócrates es muy sencilla: Ión sólo puede hablar de Homero porque el territorio homérico es el único que ha descubierto, el único al que tiene acceso. Por ello, Ión puede ser un genio hablando de Homero y un zote si se trata de Arquíloco.

Porque sucede que Ión no inventa, no crea, ni siquiera piensa, lo único que hace es observar: mira en el mundo de la Teoría, como quien contempla un paisaje desde una ventana. No hace falta inteligencia para recorrer el mundo de la Teoría. Se puede ser perfectamente estúpido y, sin embargo, ser capaz de disertar con acierto durante horas acerca de algo que ni siquiera se entiende. Pero que sí se ve.

¿Es necesario señalar al lector, a quien me atrevo a considerar inteligente, que el caso de Ión no es otra cosa que un ejemplo de esos idiots savants («idiotas sabios») que tanto han asombrado a los científicos? Los niños autistas que son capaces de componer sinfonías y dirigir orquestas; los gemelos de los que nos habla el neurólogo Oliver Sacks, que eran incapaces de hablar con nadie y que, sin embargo, se comunicaban entre ellos diciéndose el uno al otro números primos cuyo cálculo sólo estaba al alcance de grandes computadores.

Esos misterios, que parecían irresolubles, se explican sin dificultad cuando se acepta que existe un territorio en el que los números primos pueden ser contemplados como si fueran montañas, vacas, árboles o caballos.

Por cierto, un apunte para investigadores inquietos: la fascinante relación que parece existir entre la sabia idiotez y la percepción del mundo de la Teoría merece sin duda una investigación a fondo; quienes hayan leído algo sobre el tema quizá hayan observado que muchos de estos idiotas sabios, bastantes de ellos sinestésicos, describen sus experiencias matemáticas como un paseo entre formas, colores e incluso sabores.

Volviendo al diálogo entre Ión y Sócrates, tenemos que lamentar que Platón se aleje de nuevo del que podría haber sido su mayor descubrimiento y atribuya las capacidades de Ión a algo semejante a la posesión divina:

«Porque así como los que son presa del delirio de los Coribantes no están en su razón cuando danzan, así tampoco los poetas líricos disfrutan del pleno dominio de sí mismos cuando componen sus hermosísimos versos».

Platón, más bien que acusar a Ión de delirante intoxicado o drogado, debería decir que este rápsoda es incluso más ciego que Homero, puesto que sólo ve ciertos colores en el mapa de la poesía épica: los que trazó la mano de Homero. O también podría comparar a Ión con un perro guardián, que es capaz de oír sonidos que no existen para nosotros y que, sin embargo, es nuestra mascota y está a nuestro servicio, y no nosotros al suyo, aunque tengamos peor oído.

No ha sido Platón (o Sócrates) el único que ha confundido una percepción afinada, pero limitada, del mundo de las Ideas con la inteligencia, o con eso que llaman creatividad.

En cualqueir caso, la Teoría no sólo explica el caso de Ión o el de los idiotas sabios, sino que tiene respuesta para otros enigmas quizá más interesantes.

 

La Teoría y los descubrimientos simultáneos

La humanidad, y los científicos en particular, siempre se han preguntado por qué son tan frecuentes los descubrimientos simultáneos. Es cierto que resulta asombroso que en un mismo momento dos o más personas sin ninguna relación propongan una teoría que ha esperado siglos para ser descubierta.

Los descubrimientos simultáneos, como el de la evolución de los seres vivos por Darwin y Alfred Russell Wallace, también confirman la Teoría y parecen indicar cambios de posición en ese territorio del descubrimiento cuya topología, por el momento, nos resulta tan difícil concebir. Aunque Darwin se hallaba en Inglaterra y Russell Wallace en Australia, es posible que la intrincada cartografía multidimensional del mundo de las Ideas atravesase en aquel momento todo el planeta y conectase dos lugares tan alejados.

No resultará tan extraño, cuando se recorra el mundo de las Ideas, que también hayan surgido más o menos en la misma época (hacia el año 400 antes de nuestra era) los grandes reformadores de la humanidad: Buda y Majavira en la India, Confucio y Lao Zi en China, los presocráticos, Sócrates y Platón en Grecia. Karl Jaspers llamó a esa explosión de pensamiento Era Axial y la situó en el tiempo, pero debió haberla situado también en el espacio, en el territorio de las Ideas.

Podría poner muchos más ejemplos de coincidencias significativas, algunas en el terreno artístico, otras en el literario, varias en el religioso, muchas en lo social y político, pero no lo haré, porque quiero evitar que el lector se sumerja en la anécdota y pierda de vista la importancia teórica de lo que aquí le estoy proponiendo.

Dos manifestaciones del mismo Pez Arquetípico, el Diodon y el Orthagoriscos (Sobre el crecimiento y la forma, de D’Arcy Thompson)

Ya he admitido que no sé cómo está entretejida la tela de las Ideas; si tiene una estructura determinada, si la inmensidad de sus elementos y relaciones puede ser traducida a algún tipo de orden comprensible y utilizable, si puede trazarse un mapa, en dos o en tres dimensiones, de ese mundo que no sabemos cuántas posee. Pero estoy seguro de que, como sucede con la moderna física cuántica, será posible encontrar sus leyes, aunque no podamos nunca llegar a representárnoslo a la manera de una pintura, o imaginarlo como quien imagina un paisaje. Desde el punto de vista visual, me temo que sólo podemos acceder a ese territorio de una manera intuitiva y abstracta, tan sólo metafórica, como metafórico es el átomo de Bohr. Eso sí, podemos plantearnos si es posible tener un olfato especialmente adaptado o un sentido de la orientación privilegiado para recorrer el mundo de la Teoría, un oído como el de los perros guardianes, capaz de captar vibraciones sonoras que a otros les resultan inaudibles.

¿Es sólo casualidad que ya el abuelo de Darwin, Erasmus, tantease territorios cercanos a los que luego exploraría con éxito su nieto? ¿No podría ser que la percepción de ese mundo de las Ideas fuese una especie de herencia genética, quizá producto de una mutación, en la familia Darwin? ¿Puede pensarse que la estructura concreta del cerebro de cada individuo está preparada para sintonizar con una parte o una zona de ese fluido, de esas ondas, de ese territorio cuya naturaleza física todavía no podemos describir? Si así fuera, la coincidencia entre las ideas de Darwin y las de su abuelo dejaría de ser una casualidad, pues podría haberse transmitido de padres a hijos. Quizá incluso exista una relación entre el genotipo familiar y el mapa de las Ideas. A los miembros de una misma familia les podrían resultar más accesibles, por alguna razón que confieso ser incapaz siquiera de intuir, algunos lugares concretos del Mundo de las Ideas.

La Musa ayuda a un hombre a crear, es decir, a recordar, a recuperar lo que ya conoció en el mundo de las Ideas (por Heinrich Kley). Es una visión interesante pero ingenua de la Teoría.

 

Fenómenos paranormales

A cualquier científico le inquieta el avance de las seudociencias, una preocupación comprensible, puesto que todas ellas se basan en apelaciones al espíritu y a influencias no materiales. Pero también es inquietante que la ciencia nunca haya podido acallar de una vez por todas a la superstición. La Teoría viene en ayuda de la ciencia, no porque refute los fenómenos paranormales, sino porque los disuelve, al incorporarlos de manera definitiva al mundo material.

Sólo la falta de tiempo para mis investigaciones me impide ofrecer los resultados de ciertos experimentos que serán definitivos para esclarecer viejos enigmas que han preocupado a la humanidad. Aquí sólo daré unas indicaciones.

En primer lugar, el misterioso e inaprensible mundo de los sueños, en el que nos parece recorrer territorios que no se ajustan a las leyes espaciotemporales del mundo de la vigilia, y que parece ser la manera más aproximada que tenemos de contemplar ese mundo de las Ideas en forma de imágenes o sonidos asimilables por nuestros sentidos tradicionales y al margen de nuestros prejucios perceptivos.

En segundo lugar, la adivinación, de la que hay que decir que no es una visión temporal, sino espacial: el adivino no ve un futuro que está más allá del momento presente, sino que contempla un territorio al que no se puede acceder por los medios habituales. Dentro de ese territorio está eso que torpemente llamamos futuro y que no existe tal como lo solemos concebir, puesto que todo es presente absoluto en el mundo de las Ideas, ya sea en este universo o en cualquiera de los universos paralelos que postula la física cuántica, y entre los que la única comunicación posible quizá sea precisamente el mundo de las Ideas, que parece inmune a cualquier distancia espaciotemporal.

En tercer lugar, las visiones de los santos, de los místicos o de los locos, que no serían otra cosa que una percepción refinada de ese mundo, inaccesible a la mayoría de nosotros, al menos en forma de imágenes vívidas. Así eran las visiones de aquella mística medieval llamada Hildegard de Bingen, en cuyos extraños dibujos parece querer plasmarse la topología multidimensional del mundo de las Ideas.

En cuarto lugar, la telepatía, encuentro feliz entre dos mentes que perciben y se perciben una a otra recorriendo una misma zona del territorio de la Teoría.

Finalmente, tampoco escapan a la claridad resolutiva que ofrece el mundo de la Teoría algunas hipótesis recientes, como los memes, o genes culturales, de Richard Dawkins, una actualización de la teoría platónica, que pretende comprimir toda la vastedad del mundo ideal en el reducido espacio de nuestro cerebro; o los campos morfogenéticos de Rupert Sheldrake, que pretenden explicar la comunicación entre especies, y que, aunque formulan por una vez la posibilidad de localizar ese mundo ideal, caen en el lamentable error de hacerlo depender exclusivamente de factores como el parentesco.

Coros de ángeles, réplicas del ángel arquetípico, localizadas sin duda en el territorio de las Ideas (Hildegard von Bingen: Symphonia armonie celestium revelationum)

 

A modo de conclusión

Podría sugerir otros muchos terrenos a los que la Teoría aporta luz, terrenos que hasta ahora habían permanecido en la oscuridad, como los Arquetipos de Carl Gustav Jung, que no son patrones comunes de un inconsciente colectivo, sino puntos privilegiados en el territorio de las Ideas; o las mónadas de Leibniz, que él llamaba átomos espirituales, ventanas desde las que se ve un mismo mundo desde diferentes perspectivas, que ha sido sin duda el mayor acercamiento a la verdad de la Teoría desde los tiempos de Platón y una de las pocas veces en que un pensador ha comprendido que las Ideas no las vemos dentro de nuestra cabeza, ni las recordamos, sino que las contemplamos, aunque sin llegar a explicar de qué manera lo hacemos. Pero no quiero abrumar al lector con más ejemplos.

Quede aquí, pues, este primer anuncio de la Teoría, de una teoría que es mía y no es mía, porque ella también forma parte de ese territorio en el que se hallan todas las cosas que creemos inventar y que en realidad descubrimos. Porque allí se halla, en definitiva, todo, incluidos los Caballos de Platón y los asnos y el fango de los cínicos, las almas que contemplan la perfección y los cuerpos en que se encarnan, materia en ambos casos, pero también origen de nuestra confusión conceptual. Allí está la teoría de la evolución que cada descubridor ve de distinta manera a causa de las deficiencias de su percepción y a su punto de vista leibniciano irrepetible.

Como en una de esas imágenes especulares que se contienen a sí mismas, la propia Teoría se halla en algún lugar del mundo de la Teoría. Otros antes que yo han paseado cerca del paraje en el que se encuentra la Teoría misma, pero yo he sido el primero que ha tenido la fortuna de poder hacerlo en el momento en el que el desarrollo de la ciencia moderna permite entender un lenguaje tan complejo, que para mis predecesores se asemejaba más a una fábula o a una intuición divina.

Naturalmente, como en el caso de los descubridores de un continente o de un nuevo elemento químico, la gloria de ser el primero, o uno de los primeros cazadores que han logrado atrapar una idea, es un orgullo y un placer incomparable, que apenas podrá verse aumentado por el reconocimiento que la sociedad culta y común le dedique y me dedique. Espero, una vez publicado este primer esbozo, poder contribuir, aunque sea modestamente, al desarrollo de la Teoría y participar en la tarea de cartografiar este nuevo mundo.

Finalmente, he de decir que he aprendido la mayor lección de mi teoría: que no es mi teoría. Que no pertenece a nadie o, si se quiere expresar de un modo más positivo, que nos pertenece a todos.


Comentario de los Antólogos

Cuando descubrimos este texto nos quedamos asombrados. Deseamos que el visitante comparta nuestro asombro: Que nada se crea fue escrito antes del año 2025, pero hay razones para pensar que podría datarse incluso en el siglo 20[1] La fecha ante quem es 1993; la fecha post quem, como ya hemos dicho, 2025. Algunas teorías científicas que el autor menciona como contemporáneas (supercuerdas o Big Bang) revelan la antigüedad del texto. (Nota de los Antólogos)..

Que nada se crea está firmado por alguien llamado Francisco Sánchez. Sin duda, se trata de un seudónimo, elegido en homenaje a otro Francisco Sánchez, que escribió, durante la Edad Media Occidental, un libro casi con el mismo título que el texto que estamos comentando: Que nada se sabe. ¿Por qué el autor no quiso firmar con su propio nombre y se escondió bajo un alias? Creemos que la razón es que no se hallaba muy seguro de que la comunidad científica recibiese su teoría de manera favorable, como repite él mismo varias veces.

Posiblemente sus temores se vieron confirmados, pues no hemos descubierto nada relacionado con este texto o con su autor en el territorio franciscosanchez de la Arqueo-Red. No descartamos, sin embargo, que tal vez pueda hallarse más información en territorios afines difíciles de explorar[2] Hay que tener en cuenta que en el siglo 20 y 21 el soporte digital apenas empezaba a ser empleado, todavía en dura competencia con los libros, las revistas, los periódicos, las cintas de vídeo y otros soportes hoy inaccesibles. Tan sólo la apertura completa de la Arqueo-Red podría resolver muchas de nuestras dudas. (Nota de los Antólogos).. No obstante, hemos encontrado una mención bajo el rastreador nadasecrea que quizá tenga relación con nuestro texto. Se trata de un correo electrónico de principios del siglo 21 en el que se puede leer:  «Harto de que no le tomen en serio, ha decidido enviar lo de Que nada se crea a un concurso de cuentos».

A favor de una datación temprana de este texto, hay que señalar que ya en las primeras décadas del siglo 21 se empezaron a crear algoritmos que permitieron cartografiar el Mundo de las Ideas (a pesar de que entonces se ignoraba su existencia). Los ordenadores digitales empezaron a descubrir en apenas unos minutos los leyes físicas que a los seres humanos les habían costado siglos de investigación, como la del péndulo; con el tiempo los algoritmistas y los algoritmísticos intentaron explorar también territorios creativos, descubriendo el lugar en el que se encontraba un ensayo de Frontón (el que fuera discípulo del emperador Marco Aurelio) y otro de Demócrito, ambos acerca de las imágenes. Estos descubrimientos casi fortuitos les guiaron en sus exploraciones posteriores.

¿Podemos entonces concluir que este ensayo excepcional y visionario, escrito al menos 100 años antes que el Nuevo Erewhon de Lin Bao, se adelantó tanto a su propio tiempo que acabó convirtiéndose en una obra de ficción?

La respuesta es sin duda afirmativa, pues, de no ser así, Lin Bao nunca habría pasado a la historia como descubridor y primer cartógrafo del Mundo de las Ideas, pero también podemos preguntarnos: ¿conoció Lin Bao Que nada se crea antes de iniciar su búsqueda?

Para esta pregunta no tenemos respuesta, aunque sin duda se hallará en algún lugar de este vasto Arqueo Mundo que sólo recientemente hemos comenzado a recorrer, y todavía con muchas restricciones.


Comentario de Daniel Tubau en 2017

En el momento de la publicación de Recuerdos de la era analógica por la editorial Evohé en 2009, en el Epílogo “Textos encontrados”, se dice lo siguiente:

Que nada se crea
Hay registros en Google del ensayo
Que nada se crea, como publicado en 1999, pero no se ha encontrado en búsquedas recientes.

No he encontrado esos registros en Google, pero sigo buscándolos.

Can Jie

También se puede ver en Youtube un vídeo bilingüe (en chino y en español) llamado Que nada se crea, publicado el 24 de enero de 2012 en el que se habla de un explorador del Territorio de las Ideas, el legendario Can Jie, al que se atribuye la invención del idioma chino.

 

 


¿Quieres leer Recuerdos de la era analógica ahora mismo?: ebook

Si prefieres la edición en  papel: libro


A continuación, puedes ver entradas dedicadas a Recuerdos de la era analógica encontradas en la Arqueo Red (que nosotros llamamos Internet)

LIBROS PUBLICADOS

Originally posted 2012-12-01 12:09:45.

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Comentario de los antólogos del siglo 25 al Manifiesto contra los mundos posibles

Esta obra es una de las últimas muestras de la mentalidad arcaica que rechazaba todo lo nuevo, todo lo que quebrase las seguridades, las costumbres y los hábitos adquiridos a lo largo de milenios.

Encuadrada en la variedad negativa o distópica del género utópico, esta invectiva no está exenta de vigor y rezuma moralismo, pero no hay que olvidar que las utopías negativas se escribían en un mundo cuyos ingredientes principales eran la guerra, el hambre, la crueldad y la indiferencia ante el dolor. Un mundo tan lleno de sufrimiento que resulta difícil creer que haya existido alguna vez.

Lo cierto es que el pensamiento utópico positivo también fue durante siglos un estímulo constante para el asesinato, la discriminación y la locura visionaria. Pasaría mucho tiempo antes de que sus potencialidades prácticas pudieran ser reguladas de manera científica a favor, y no en contra, de la humanidad, gracias al desarrollo de los universos posibles o virtuales y de la prognóstica aplicada.

Al autor del texto, sin embargo, se le podría aplicar aquel célebre dicho de Samuel Gorn: «Para distinguir lo real de lo irreal, antes hay que conocer ambas cosas». Resulta paradójico, en definitiva, que el autor del Manifiesto lance tales diatribas contra los mundos virtuales sin saber que vive en uno de ellos.



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LA NUEVA TEOLOGÍA
(Recuerdos de la era analógica)

Existe un texto de importancia fundamental que no está incluido en la edición de Recuerdos de la era analógica de 2009, pero que sí se publicó en El Camino de los Mitos. Se trata de “La Nueva Teología“, una recensión del ensayo en tres tomos de Ludwig Hertzen (también conocido a veces como Ludwig von Hertz) titulado La Nueva Teología. En este ensayo se habla de la relación entre Dios y el Libro y del desciframiento de todos los textos sagrados que propone el teólogo y mitógrafo asustriaco Ludwig Hertzen. La recensión se puede leer gratis por gentileza de la editorial Evohé con este enlace: La Nueva Teología.

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Manifiesto contra los mundos posibles

manifiesto

La humanidad siempre ha tenido la asombrosa capacidad de convertir los paraísos en infiernos y los remedios en enfermedades; la droga, decía Seingalt, es medicina en manos del sabio y veneno en las del necio. Vemos una y otra vez los buenos propósitos empedrando el camino que lleva al infierno, los sueños que se convierten en pesadillas (el sueño de la razón produce monstruos) y las utopías que devienen cárceles. Un mundo feliz se convierte en el peor de los mundos posibles y la felicidad en un instrumento para la represión, la ceguera y la guerra entre unos y otros.

Los seres humanos lo imitan todo, pero inclinándose siempre hacia el mal, el hombre es un lobo para el hombre, pues no somos como mansos corderos sino como fieros tigres. El arte también es imitación de la vida, pero empieza copiando lo más hermoso y acaba reproduciendo tan sólo el horror, así que no es extraño que también la vida imite las peores creaciones del arte y  que Stalin lleve a la práctica la premonición de Orwell en 1948. Podemos elegir entre ascender hacia los ángeles o descender hacia las bestias, pero somos peores que los animales salvajes y carecemos de las virtudes de las criaturas celestes.

Al ver a los buitres devorando los restos del carnaval, a los amigos que se convierten en verdugos de quienes aman, a las víctimas extender sumisas el cuello, al observar que la amistad entre las naciones aumenta con la distancia y que entre vecinos el desprecio, el odio y la guerra son la norma, al ver que quien hoy te salva mañana te condena, al contemplar el triste espectáculo de dos amantes que al separarse convierten el amor en odio, al advertir que la ciencia es un laboratorio para la devastación, el crimen y la explotación, al descubrir que el derecho a una muerte digna es la excusa para el asesinato de los pobres, al constatar que la tecnología no ayuda a la humanidad sino que es su peor enemigo, al contemplar toda esa suma de muerte, pobreza, abandono, alienación, cobardía, traición, fingimiento y falsedad, al ver todo esto, lo más natural es querer escapar.

Escapar, salvarse, emigrar, buscar otro mundo, salir de la cueva platónica o agustina, huir de la prisión que es el sueño de la vida, saltar a otro plano de existencia, elevarse desde el mundo de una dimensión a otro de dos, pero únicamente para descubrir que tan sólo se multiplica el sufrimiento, el abuso, que se refinan los métodos de tortura, que el dolor se duplica y hay que escapar de nuevo: tres, cuatro dimensiones, dolor infinito en todas direcciones.

Porque todo es igual en todas partes, como dijo Arlequín y nos confirman las leyes de todas las físicas, la relativista, la newtoniana revisada, la semiofísica de Aristóteles, la mecánica cuántica: miles de universos paralelos multiplicando el dolor. Millones de átomos entre los dos abismos de Pascal, entre el infinito de lo grande y el de lo pequeño: la misma calavera reflejada en las infinitas mónadas leibnicianas.

Y no hay escapatoria, no hay refugio, no existe un lugar apartado del ruido y la furia, una isla en la que nacer de nuevo como Robinsón o Andrenio, una Luna habitada como la de Cyrano o la de Luciano, una Atlántida platónica o baconiana, el interior de la Tierra de Verne o Casanova, un Erewhon en el que destruyen las máquinas cuando descubren que se han convertido en sus esclavos, el país de Nuncajamás, América o la tierra de los bienaventurados, la Ciudad del Sol o la de Dios, una comarca poblada por salvajes inocentes, por taoístas puros, por comunistas sin propiedad privada, por cristianos verdaderos.

Nada de todo eso existe o ha existido, porque también esos mundos ficticios son provincias del horror, habitadas por ángeles o demonios lobotomizados. Felicidad a granel para todos con la única condición de no pensar.

Pero, si de eso se trata, no hace falta viajar a Utopía, a Ucronía, a todo lo que puede ser y no es, al millón de mundos imaginarios. Quédate en nuestro pequeño mundo y ponle una cremallera a tu cerebro. No dejes que salgan las ideas, no pienses, no sientas con verdad, no tengas emociones que cuestionen lo establecido, la construcción social de la realidad aceptada y certificada en las urnas o en las espadas, en la punta de las bayonetas o en el estruendo de los cañones. Sé feliz como nosotros y no busques más, no busques otra cosa. Libertad, ¿libertad para qué? Libertad para hacer lo que hay que hacer, lo que el Estado dice que hay que hacer, la libertad hegeliana, la libertad para obedecer los dictados del Partido, la libertad marxista-leninista, la libertad para que los más ricos puedan ser libres para matarte de hambre. Sonríe mientras agonizas.

Y ahora, por fin, algo todavía mejor: la utopía convertida en realidad, una utopía doméstica, la utopía hecha a la medida de cada cual. ¿No puedes entenderte con tus semejantes, con tus amigos, con tu novio, con tus vecinos? ¿Desearías matar a tu familia y a tu jefe? ¿Renunciarías a ser feliz con tal de que ellos tampoco lo fueran? ¿Quieres una felicidad privada? ¿Una isla para ti solo? ¿Un lugar en el que todo suceda a tu antojo, en el que no tengas que dar explicaciones a nadie, en el que tú seas el legislador, el juez y todas las partes implicadas? ¿Es eso lo que quieres, lo que deseas, lo que has estado anhelando toda tu vida?

Eres afortunado, has heredado un mundo, te ha tocado la lotería, te ha llovido maná del cielo, porque ya está aquí. Ayer tuviste un sueño y hoy se ha cumplido. Ya ha llegado, está a tu alcance, lo tienes en la palma de la mano. Es barato y efectivo, funciona las
veinticuatro horas del día de los doce meses de todos los años de tu vida. Un mundo creado exclusivamente para ti, diseñado en todos sus detalles tan sólo para ti, sin aristas, sin problemas, sin nada que te pueda molestar, aleluya por ti porque puedes tener todo lo que tú quieras, todo lo que te gusta: mujeres, hombres, animales, coches, grandes ciudades, campos inmensos, hoteles de diecisiete estrellas, restaurantes de cuarenta tenedores, mansiones victorianas con chimeneas y caballerizas, conversaciones interesantes, sexo a todas horas. Todo lo que tú quieras. Todo, absolutamente todo. Ahora puedes cambiar el presente y el pasado, hacerlos a tu medida. ¿Quisieras que Shakespeare hubiera escrito el Quijote, que Trotsky no hubiese asesinado a Stalin o que Alejandro Magno hubiese conquistado China? ¿Te gustaría que Inglaterra no hubiera sido nazi o que Julio César nunca hubiese sido emperador? Puedes tenerlo todo: un pasado a tu medida y un presente a tu antojo.

Vamos, amigo, compañero, hermano, primo, vecino, ciudadano, compadre, conéctate, enchufa tu alma a la utopía, deja que por tus venas circule el fluido eléctrico de los sueños, convierte tus deseos en realidad. Ya no tienes que moverte, no tienes que hacer nada, clava los electrodos en tu blanda masa encefálica y disfruta de una nueva realidad hecha a imagen y semejanza de ti mismo. Un universo nacido de tu mejor paja.

Date prisa, hay pocas plazas. Abandona este mundo superpoblado, huye de las calles saturadas, hazte parte de la máquina y así harás algo por ti y por los demás: desde tu lecho virtual ingresarás en un mundo en el que sobra sitio, en el que podrás moverte, saltar, correr, bailar, conducir un coche a más de cinco kilómetros por hora. No sólo encontrarás la libertad, tú libertad, además harás algo bueno por los demás: les dejarás un poco de sitio a los menos afortunados, a los que no pueden costearse la utopía, a los que no pueden pagar por una mentira tan hermosa. Porque tú ya no eres uno de ellos, ya no vas a necesitar tu coche ni tu casa, ya no te hace falta tu mesa en la oficina, una butaca en las salas de entretenimiento, un banco en el parque, porque a partir de ahora tan sólo ocuparás dos metros por uno. Bienvenido a tu tumba, a la tumba que te dará una nueva vida.


Lee el Comentario de los antólogos del siglo 25 a este Manifiesto


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Recuerdos de la era analógica

Recuerdos de la era analógica es un libro de ciencia ficción,  o de ficción especulativa, pero también un ensayo sobre la identidad, el conflicto entre el mundo digital y analógico, la mortalidad y la inmortalidad y muchos otros asuntos.

Se trata de una antología de textos que en gran parte todavía no se han escrito pero que los antólogos encontrarán en el futuro, en lo que ellso llaman la Arqueo Red y que es nuestra actual Internet. Para ellos, se trata de textos que proceden del pasado;  para nosotros, son parte de nuestro presente y de nuestro futuro.

[bctt tweet=”Recuerdos de la era analógica es un libro de ciencia ficción o de ficción especulativa” username=”danieltubau”]A pesar de sus diferencias, todos los escritos parecen tener alguna característica común, quizá porque en cierta manera predicen el futuro en el que viven los antólogos.

Por alguna razón la Arqueo Red en el siglo XXV está cerrada, pero investigadores, como los antólogos de Recuerdos de la era analógica, pueden acceder a ella y rescatar algunos textos, a los que añaden comentarios al inicio o al final, intentando descifrarlos o entenderlos.

A continuación, puedes leer algunos fragmentos de los textos encontrados y de los comentarios de los antólogos.

LA MEMORIA DE LOS SIGLOS

«Soy francés, ruso, español, italiano, alemán y húngaro. Soy un hombre alto y moreno, rubio y obeso, de ojos verdes, azules, negros y marrones, robusto, flaco, ingenioso, torpe, estúpido, egoísta, generoso y cobarde. Soy una mujer alegre, descarada y tímida, triste, hermosa y discreta. Y sobre todo soy joven. Los recuerdos de mi eterna juventud se desarrollan en mil ciudades, en mil familias…”

La memoria de los siglos debió ser escrito hacia 1912. Hay poderosas razones para esta datación, no sólo la mención a la Gran Guerra, que es como llamaban a la Primera Guerra Mundial quienes participaron en ella, sino también por la descripción que hace el supuesto conde de Saint Germain de la teoría evolutiva…

 

UNA CONVERSACIÓN EN LA ISLA DE PATMOS

“—Von Hertz sostiene que Dios no revela los libros sagrados, sino que sigue las instrucciones del Libro para crear el mundo.
—Pero, si así fuera, ese libro es anterior a Dios.
—Sí, o al menos coeterno.
—He oído hablar de teorías semejantes. El Libro es el software y el mundo el hardware. Dios, supongo, el programador. ¿La Nueva teología propone ese concepto de Dios?
—Sí pero, no sólo eso. Al parecer La Nueva Teología se llama así porque es una nueva teoría de Dios y del mundo, un nuevo Libro, un nuevo software, como tú lo llamas, no sé si acertadamente o no. Un manual de instrucciones para crear el universo de nuevo…”

Este es un texto que genera más dudas que certezas. Fue hallado en la Arqueo Red mediante topos blancos a través de un enlace de gusano que estaba oculto en un carácter de una gramática china. Podría tratarse de una paradoja temporal clásica, pero creemos que la verdadera explicación es otra, que los visitantes, los degustadores de esta antología, probablemente serán capaces de entender…

 

Recuerdos de la era analógica _ Daniel Tubau

PICASSO Y LOS INDISCERNIBLES

«Picasso acariciaba la idea de realizar esta obra desde hacía mucho tiempo. Probablemente desde que, en 1901, cayó en sus manos La Logique de Leibniz, de Louis Couturat, en la que el pensador francés expone la célebre teoría de los indiscernibles de Leibniz.
Leibniz, nos recuerda Couturat, sostenía que «no hay en la naturaleza dos seres reales y absolutos indiscernibles». Del mismo modo que Dios elige crear el mejor de los mundos posibles, tiene también que tener una razón para permitir que exista cualquier cosa en el universo. ¿Y por qué razón iba Dios a crear dos veces la misma cosa? A Picasso le llamaron vivamente la atención los pasajes del libro de Couturat y se propuso refutar a Leibniz.”

La página del catálogo de un museo virtual llamado Museo de los Mundos Paralelos, donde  se cuenta el intento de Pablo Picasso de pintar una copia perfecta de “Las señoritas de Avignon”. Lo más asombroso es que existe un museo similar, llamado Museo de los Mundos Posibles, en el que se puede ver al obra (u obras) de Picasso…

 

Recuerdos de la era analógica Daniel Tubau

LA IDENTIDAD

«Si nuestro hermano intercambia su cerebro con una mujer, ¿quién será nuestro hermano tras la operación? ¿El cuerpo de nuestro hermano con el cerebro de la mujer o el cuerpo de la mujer con el cerebro de nuestro hermano? ¿Con quién compartiremos nuestros recuerdos…?”

La identidad es un ensayo escrito a comienzos del siglo 21. No hemos podido encontrar el texto completo, sino tan sólo varias capturas de pantalla obtenidas de la página oficial de la librería virtual Amazon (que en el 2012 se convertiría en Googlezon). Hoy sabemos que La identidad es un libro que se publicó también en 2012, aunque con otro título: Nada es lo que es, el problema de la identidad

 

Recuerdos de la era analógica Daniel Tubau

EL ESPIRITUALISMO MATERIALISTA

Se trata de un examen dela asignatura «Supersticiones Antiguas». No nos sorprende la excelente calificación que obtuvo el alumno, quien, como era corriente entonces y también ahora, era estimulado a expresar no sólo datos fiables, sino también sus propias opiniones, pues ¿qué sentido tendría repetir una información que cualquiera posee?

 

UN MUNDO DISTINTO PERO IGUAL

«Hace mucho mucho tiempo, en una galaxia muy lejana, existía un planeta que orbitaba alrededor de un sol como el nuestro. En aquel planeta existían ríos como el Ganges, el Nilo y el Amazonas. También había cientos de ciudades, que se llamaban Roma y París, Shanghai y Melbourne. Aquel mundo tenía bibliotecas como las nuestras…»

Este cuento infantil es uno de los ejemplos más conocidos de lo que en mitología comparada se llama in illo tempore, «en aquel tiempo». Se trata, efectivamente, de un mito de fundación, que resulta confuso porque ha perdido gran parte de sus valores soteriológicos o liberadores…

 

VIDAS VICARIAS

  «Me acerqué a ella, acaricié sus piernas bajo las sábanas y le di un último beso en el cuello. No se despertó y pude salir de la casa sin despedirme. Esperé tres cuartos de hora en la habitación del hospital y, al mismo tiempo, tomé un taxi para ir a mi encuentro. Al verme frente a mí mismo, me miré con lástima y pedí que me desconectaran….»

Vidas vicarias recoge el testimonio de uno de los primeros usuarios de los enlaces vicarios, que cuenta qué se siente al convertirse en otra persona así cómo los problemas psicológicos y legales provocados por las primeras conexiones vicarias…

 

EL DILEMA DE AGUSTÍN

«Por último, existe una teoría que, aunque sea sólo como curiosidad, hace posibles la teoría de las Ideas, la mémética y los tres mundos de Popper…»

Nos ha parecido interesante ofrecer una muestra de la dificultad del registro universal Xanadú y de las paradojas del Docuverso, tal como fue establecido por Ted Nelson…

 

EL ÚLTIMO SIGLO MORTAL

«En el siglo 20 hubo guerras, revoluciones y grandes cambios en el mundo del arte, los comienzos del cine, la televisión, la realidad virtual, los primeros ordenadores y la energía nuclear. Pero cada vez son más los historiadores que opinan que el siglo 20 es importante por otra razón: fue el último siglo en el que los hombres fueron mortales…»

Este texto está datado en el año 2199. Como es obvio, la fecha es tan incierta y dudosa como cualquier otra de las que se ofrecen en esta antología. Se trata de un largo «Informe acerca de algunas tendencias recientes». Dichas tendencias son artísticas, políticas, filosóficas y religiosas…

 

GABOR

«Es posible que tras el nombre Adrián Gabor se esconda el nombre de un verdadero artista y que algunos de sus hechos hayan sido modificados para hacerlo irreconocible. Tal vez lo que  se cuenta en Gabor no es mera ficción y que, aunque bajo una distorsionada forma literaria, es el recuerdo de un suceso real. El nombre Gabor podría esconder a un artista de comienzos del siglo 21 que llegó a ser muy conocido y que también desapareció de manera misteriosa…»

Este documento es interesante por varios motivos. En él se alude, aunque no de una manera explícita, a la época inmediatamente anterior a la dispersión artística y a los micromercados teóricos del arte, que desde hace siglos convierten en absurdo cualquier intento de sistematización estética a la que tan proclives eran nuestros antepasados analógicos.

 

QUE NADA SE CREA

«Era el día 28 de diciembre y yo viajaba en un tren. Fue entonces cuando advertí que en mi cabeza estaban revoloteando ciertas ideas muy importantes. Para que no se escapasen, apunté todo lo que se me iba ocurriendo en el billete que me había dado el revisor. Gracias a ese billete conservo la fecha de este descubrimiento, que puede ser comparado con el que tuvo lugar el 12 de octubre de 1492. En mi caso se trataba, y de eso me di cuenta enseguida, del descubrimiento de un nuevo continente mental.»

La Teoría que logra explicar las geniales intuiciones de Platón, los descubrimientos simultáneos, las fabulaciones de la percepción extrasensorial y las verdaderas causas del descubrimiento científico…

 

EL REGISTRO UNIVERSAL

«El DEMANDADO alega no poseer ingresos suficientes para pagar los derechos de las conversaciones que mantiene. En consecuencia, no pudiendo hacer frente a las deudas con las empresas enumeradas en el Anexo 3, todas ellas propiedad de la Corporación TRIVIAL LANGUAGE, solicita ser declarado en quiebra intelectual…»

Se recogen aquí diversos documentos relacionados con el registro universal, los derechos de autor y empresas como Trivial Language.

 

SIGNOS