Pescando en internet

Solemos pensar en internet como una ventana o muchas ventanas. El sistema operativo Windows se nutre de esa metáfora abierta a un mundo casi infinito.
También comparamos internet con una autopista de la información, que recorremos a toda velocidad, en busca de nuevos alicientes estímulos.

Sin embargo, una metáfora más cercana y precisa es la de una caja de ganchos: nuestro ordenador, nuestra pantalla, ya sea de un teléfono móvil, de una tablet o de un ordenador de sobremesa, es un caja desde la que podemos lanzar ganchos y cuerdas que nos traen algunas de esas cosas que giran incensantemente, minuto a minuto, alrededor de la Tierra. Agarramos una cuerda y tiramos hacia nosotros, trayendo a nuestra caja-pantalla lo que el anzuelo o gancho ha atrapado en la red.

Phishing, cuando otros usuarios pescan en nuestros lagos particulares

Para precisar la metáfora, podemos comparar la red mundial de ordenadores conectados, como solía denominarse en sus inicios, como un río o un sistema de lagos, estanques y pantanos conectados en el que lanzamos el anzuelo de nuestra búsqueda para capturar a algunos de los peces o paquetes de información que navegan de uno a otro lado, o que permanecen en un tanque de agua o servidor. La única diferencia es que cuando capturamos un pez de bits no impedimos que siga nadando en la red mundial e incluso podemos crear una réplica para que también nade en nuestra pecera o disco duro.

En cualquier caso, al margen de los matices que se le puede poner a la metáfora, internet no parece ser una autopista por la que nos desplacemos para encontrar algo y tampoco una ventana, a no ser que ampliemos mucho el sentido y las características de una ventana.

 


[Escrito en 2016. Revisado en 2018]

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Originally posted 2018-04-20 19:08:37.

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¿Cómo debe ser una página web?

webpage-seoHay millones de páginas en Internet y cientos de miles de Weblogs. Son muchos los que han advertido acerca de esta proliferación en la que junto a cosas interesantes, útiles o hermosas se mezcla todo tipo de basura y ruído. Para poner remedio a esto, algunos expertos proponen ideas que permitan al cibernauta no contribuir con más páginas inútiles a la Red.

Uno de los más famosos expertos es Jakob Nielsen, promotor de la usabilidad. La usabilidad examina cómo son las páginas Web en función de lo que pretenden y de la facilidad de uso para el usuario al que van destinadas. Así, es célebre el ejemplo de una página de una importante empresa (creo que APPLE) en la que se ofrecía un catálogo de sus productos para venta a través de internet, pero que se olvidó de poner un botón COMPRAR.

Un test de usabilidad consiste en observar a unos cibernautas cualesquiera moverse por la página web que les proponemos. ¿Qué sucede? De pronto descubrimos que lo que a nosotros nos parecía tan evidente está lejos de serlo, que esos usuarios no encuentran los enlaces, que no saben como moverse entre las páginas, etcétera.

Otro aspecto relacionado con la proliferación de páginas de todo tipo es el de la estandarización. El mundo de Internet ha desarrollado un lenguaje propio, que permite que los usuarios, aunque pertenezcan a distintas culturas y países, se puedan mover con relativa facilidad por el mundo de la red. Así, en el navegador de Netscape, una flecha que señala a la izquierda quiere decir que vas a la página anterior si pulsas en ella. En casi todas las páginas, una flecha como esa siempre indica que retrocedes, por ejemplo, que vas de la página 45 a la 44 de la Divina Comedia electrónica. Pero si la flecha señala hacia la derecha, entonces irás a la página 46. Sin embargo, sería absurdo pensar que en algún lugar se halla esa Divina Comedia electrónica con sus páginas ordenadas de izquierda a derecha, en una larga hilera que tú vas recorriendo. Es simplemente un código intuitivo, que entendemos fácilmente, del mismo modo que entendemos que el autor de un ensayo impreso en papel escriba: “Cómo dije más arriba…”, a pesar de que eso que nos dijo “más arriba” quizá estaba en la parte inferior de la página 32 y nosotros estamos leyendo la parte superior de la página 33 (la costumbre procede de los libros antiguos en forma de rollo, en los que, efectivamente, lo anterior estaba más arriba y lo siguiente más abajo).

Bien, quiero ser breve, así que sólo mencionaré un ejemplo más de consejos para un buen uso de Internet, referido a los WEBLOGS, BLOGS o BITÁCORAS, es decir, a los Diarios en la Red. Cada vez hay más weblogs en los que los autores nos hablan de todo un poco: de la conjunción entre Saturno y Acuario, de lo que opinan de Bush o de Aznar, o de con qué humor se han levantado por la mañana. A menudo, hay un montón de palabras y pocas cosas realmente interesantes, así que están empezando a aparecer artículos de personas que recomiendan cómo hacer un weblog interesante. Por ejemplo Write a better Weblog, por Dennis A.Mahoney.

¿Cuál es mi opinión al respecto? Mi opinión es que me gustan muchos de los consejos que se dan en las páginas acerca de la usabilidad o acerca de cómo escribir un weblog, y creo que seguir los códigos estandarizados ahorra un montón de confusión y problemas a los cibernautas. Sin embargo, creo que Internet no tiene por qué ser de ninguna manera concreta. Nunca me ha molestado eso que llaman “proliferación de basura”, por la sencilla razón de que esa es una idea muy subjetiva: a mí me puede resultar muy interesante algo que a otros les resulta insípido o estúpido. Quizá yo he decidido hacer una investigación acerca de los hábitos mañaneros de los weblogers para compararlo con los de los escribas sumerios, y encuentro del máximo interés todas esas consideraciones acerca de si el mundo es horrible antes de un café o de si no soy un ser humano hasta que me doy una ducha.

No veo, insisto ningún problema en que haya muchas cosas: eres tú quien tiene que elegir. Hay muchos que se lamentan de que Michael Jordan siga jugando al baloncesto cuando ya no está a la altura de su leyenda o de que Borges “concediera demasiadas entrevistas”. Yo no veo el problema por ninguna parte: si te gusta la época de máximo esplendor de Michael Jordan, puedes ver una y otra vez sus partidos de hace ocho años. Si sólo te gustan los libros escritos por Borges y las tres primeras entrevistas que concedió, no leas las que vinieron después. Todos estos lamentos acerca de la multiplicación de los libros (“Se escriben decenas de libros que nunca deberían publicarse”) sólo parecen esconder un cierto tipo de frustración. Del mismo modo, quienes se lamentan de que haya tantísimas cosas interesantes que “nunca podrán llegar a conocer” muestran seguramente su egocentrismo: si realmente les gusta conocer cosas, mientras más haya, más placer a la vista.

La falta de tiempo a menudo es realmente lamentable, pero peor sería que sobrase tiempo y faltasen intereses.

Para terminar: creo que la Red no es ni esto ni aquello, que es un medio en el que se puede ofrecer y encontrar cualquier cosa, creo que es lo mejor que ha ocurrido en muchos años y que es un placer poder disfrutar de ello, aunque todavía no sepamos cómo se debe hacer y usar (espero que no lleguemos a descubrirlo nunca del todo). No estoy en contra de los consejos acerca de la usabilidad en los weblogs y a menudo los sigo. También, en principio, soy partidario  de los estandares, porque me gusta poder comunicarme con los demás (esa es una de las principales funciones del lenguaje, supongo, a pesar de lo que se ve en Krazy Kat 3). Sin embargo, esta página personal la hago fundamentalmente para mi propio placer, así que prefiero que en ella no haya enlaces azules subrayados. Si la hiciese para vender algo, probablemente pondría enlaces azules subrayados. Por otra parte, todavía no sé hacer casi nada, así que muchas de las cosas que están mal hechas no están mal hechas a propósito (esta es una tendencia reciente en el diseño actual), sino que se deben sólo a mi torpeza y mal gusto.

Me doy cuenta de que este artículo es también muy torpe, así que aclararé algunas cosas en otro artículo más pausado (este lo escribo de corrido en Dreamweaver, porque no sé cómo hacerlo en Word y luego ponerlo aquí), que se llamará algo así como: ¿Qué es internet y para qué sirve?.

Voy a añadir una sección en la página que se llamará Il Saggiatore, en la que iré subiendo (“subiendo” es parte del nuevo lenguaje de Internet) ensayos de todo tipo, aunque los primeros tratarán sobre temas relacionados con la Web, supongo. Otro que ya he empezado a escribir es: “¿Por qué el mundo digital no es digital?”

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 [Publicado en 2003]

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Originally posted 2003-09-24 16:25:03.

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Esto no es una página web (y otras paradojas)

webpagelarge_web_page_basics_istockA muchos, el título de esta entrada les sonará a paradoja. Otra paradoja al estilo de aquel ensayo que tanta polémica causó en su primera edición: Por qué el mundo digital no es digital.

Es posible que los lectores también recuerden el célebre cuadro de Magritte “Ceci n’est pas une pipe” (“Esto no es una pipa”).

Entonces, ¿se trata de una nueva paradoja, ante la que debemos sonreír con suficiencia y un poco de fatiga?

Yo creo que no.

A mí me gustan todo tipo de paradojas, pero mis preferidas no son las paradojas locas, aquellas que tan sólo plantean cosas imposibles o absurdas. A menudo son muy divertidas, pero no son las que más me gustan. Tampoco las que me gustan son aquellas que no ofrecen ninguna salida posible, al estilo de los koans del zen, frases que el pobre novicio se mata por desentrañar hasta que, de pronto, en mitad del esfuerzo y tal vez ayudado por un bastonazo de su maestro, alcanza el satori o iluminación.

No, tampoco son esas mis favoritas.

Una antología de koans acaba resultando casi siempre aburrida. Tienen gracia cuando el contexto es interesante, pero en sí mismos, los koans no resultan interesantes, precisamente porque carecen de sentido. Si hallamos un sentido interesante a un koan, entonces habremos encontrado algo que su autor no quería que encontrásemos.

Un koan: "Cuando encontréis a un maestro en la calle, no le saludéis con palabras ni sin ellas.¿cómo debéis tratarlo?   Me pregunto lo siguiente: puesto que hoy en día todo el mundo que se interesa por el zen sabe que un koan no tiene sentido, el aprendiz zen que vaya a un monasterio y le digan un koan, ¿para qué se va a tomar el esfuerzo de desentrañarlo?

Un koan: “Cuando encontréis a un maestro en la calle, no le saludéis con palabras ni sin ellas.¿cómo debéis tratarlo?” Me pregunto lo siguiente: puesto que hoy en día todo el mundo que se interesa por el zen sabe que un koan no tiene sentido, el aprendiz zen que vaya a un monasterio y le digan un koan, ¿para qué se va a tomar el esfuerzo de desentrañarlo?

Volviendo a las paradojas y a los diferentes tipos de paradojas, ¿cuáles son las paradojas que más me gustan?

Son las que expresan o revelan de alguna manera algo muy cierto o algo muy falso, o algo que no resulta tan evidente como parecía, o que muestran una relación entre dos cosas que parecían lejanas, o que revelan una diferencia entre dos cosas que parecían casi iguales. Una buena manera de definir este tipo de expresiones paradójicas es la que emplea Borges para referirse al paradójico Oscar Wilde:

“Leyendo y releyendo, a lo largo de los años, a Wilde, noto un hecho que sus panegiristas no parecen haber sospechado siquiera: el hecho comprobable y experimental de que Wilde, casi siempre, tiene razón”.

Habrá quien se tome, de nuevo, la frase de Borges como una expresión paradójica e ingeniosa, es decir, como un comentario acerca de Oscar Wilde escrito al estilo de Oscar Wilde. Esa es una de las bellezas del comentario de Borges, pero su principal belleza es que lo que dice es cierto: Wilde solía tener razón.

Para Borges, no existe ningún escritor con más encanto que Wilde: "Lo fue en el diálogo casual, en la amistad, lo fue en los años de dicha y en los años adversos. Sigue siéndolo en cada línea que ha trazado su pluma"

Para Borges, no existe ningún escritor con más encanto que Wilde: “Lo fue en el diálogo casual, en la amistad, lo fue en los años de dicha y en los años adversos. Sigue siéndolo en cada línea que ha trazado su pluma”

Wilde, al contrario de lo que piensa mucha gente, no sólo era un escritor delicioso y encantador, sino que, además, era uno de los pensadores más rigurosos y profundos de su época. Lo que pasa es que a menudo la profundidad y la seriedad se confunden con el aburrimiento. Oscar Wilde, rodeado de revolucionarios y conservadores furibundos y dogmáticos, escribió uno de los mejores libros de política de su época: El alma del hombre bajo el socialismo, que todavía en los años setenta causaba escándalo en las filas de la izquierda reaccionaria, que son casi tan numerosas como las de la derecha reaccionaria (y esta no es una observación paradójica, sino sólo descriptiva). Wilde, en definitiva, es uno de los autores más sensatos. A menudo, cuando nos reímos con una de sus ingeniosidades, debemos detenernos un momento y darnos cuenta de si la gracia está en el contenido aparentemente extravagante o en su escandalosa sensatez.

Lo mismo sucede con la mayoría de las paradojas de Chesterton, a quien cito tan abundantemente que, por una vez, me privaré de hacerlo.

magritte

En cuanto a la paradoja de Magritte y la pipa, su sentido más evidente es muy simple. Además de simple, es interesante: una pipa dibujada no es una pipa. No se puede fumar con ella. Es una afirmación coincidente con aquella que dice: “El mapa no es el territorio”.

Lo interesante de estas paradojas es que nos hacen advertir de una manera brutal algo que a menudo se presenta de una forma más sutil. Pocas veces nos vamos a enfrentar a alguien que pretenda que una pipa dibujada es una pipa o que un mapa de España es España, pero sí que nos encontraremos muchas veces con situaciones menos definidas en las que se expresan pretensiones igual de disparatadas.

Cuando yo digo: Esto no es una página WEB, ¿a qué me refiero?

No me refiero a la frase misma “Esto no es una página WEB”. No, no se trata de una auto-referencia de la frase sobre sí misma. Me refiero de veras a lo que el lector ha pensado espontáneamente: a esta página web llamada danieltubau.com, en la que se incluyen todo tipo de cosas, entre ellas este artículo.

Afirmo que esto no es una página web porque lo importante no es que todas estas cosas se hallen en una página web. Yo estoy haciendo en cierto modo una página web, pero en un modo más fundamental estoy haciendo otra cosa, otras cosas. Para aclarar la supuesta paradoja de un modo quizá didáctico pero espero que no ofensivo, pondré una sencilla comparación: ¿El Hamlet de Shakespeare es un libro? Parece que sí lo es. Pero, si vemos Hamlet representado sobre un escenario, ¿sigue siendo un libro? ¿Lo es si lo escuchamos grabado en un cassete? Quizá lo de que sea un libro es difícil de rechazar debido al hábito fuertemente arraigado, pero, lo pondré más fácil: ¿Hamlet en cassete es un cassete? ¿Lo importante del Hamlet grabado en cassette es que se trata de un cassete?

Lo mismo sucede con esta página web, que es una página web porque de no ser así tú no estarías leyendo esto ahora, pero que, al mismo tiempo, y fundamentalmente, no es una página web.

La conclusión de todo ello es que me siento bastante libre para hacer lo que me apetece en esta página web, puesto que nunca he pretendido hacer una página web.

 *********

[Publicado en  junio de 2003]

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Originally posted 2003-06-24 16:26:34.

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Páginas que tienen relación con el mundo digital, el desarrollo de los ordenadores y la inteligencia artificial y todo lo relacionado con aquello que hace no mucho era el futuro de la ciencia ficción y que hoy es el presente.

 

CÓMO SE INVENTÓ EL FUTURO

Marshall McLuhan

Cómo se inventó el futuro / 4


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Vannevar Bush y el memex
CÓMO SE INVENTÓ EL FUTURO /1

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Borges, santo patrón del hipertexto

Cómo se invento el futuro /2


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Ted Nelson y Xanadú
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FUTURO

Originally posted 2014-06-11 11:53:32.

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Rudimentos de Prognóstica Aplicada


En Maneras de predecir el futuro… o el pasado hablé de los trucos para predecir el futuro, que en realidad suele tratarse de una predicción desde el presente, pero atribuida a profetas imaginarios, como sucede en la lectura del sueño de Nabucodonosor, que se atribuye al Daniel bíblico. También me referí a las dificultades de los historiadores soviéticos para predecir el pasado en función de los gustos cambiantes de Stalin.

Según se deduce de la lectura  de Recuerdos de la era analógica, en los siglos venideros la predicción del futuro se convertirá en una disciplina científica llamada prognóstica aplicada:

Como es de sobra conocido, la predicción del futuro era uno de los géneros favoritos de los escritores del pasado, antes de que la prognóstica aplicada convirtiera tales tareas en trámites mecáni­cos carentes de incertidumbre y emoción. Hoy en día, la verdadera dificultad no consiste en predecir el futuro, sino el pasado.

 

Se supone que el texto anterior será escrito en el año 2412, lo que significa que todavía queda tiempo para desarrollar esa nueva ciencia, de la que podemos obtener algunos atisbos en el “Manifiesto contra los mundos virtuales”:

El pensamiento utópico, esa manera de imaginar un futuro luminoso, fue durante siglos un estímulo constante para el asesinato, la discrimi­nación y la locura visionaria. Pasaría mucho tiempo antes de que sus potencialidades prácticas pudieran ser reguladas de manera científi­ca a favor y no en contra de la humanidad, gracias al desarrollo de los universos posibles o virtuales y de la prognóstica aplicada.

Parece, en consecuencia, que la prognóstica aplicada será una disciplina que empleará los métodos de otras ciencias predictivas (como la meteorología o predicción del tiempo atmosférico), a asuntos sociales y políticos, para diseñar, no utopías imposibles, sino mundos posibles en los que experimentar nuevas hipótesis político-sociales.

Podemos suponer, en fin, que esa prognóstica aplicada será el desarrollo lógico de las cada vez más frecuentes simulaciones por ordenador, que permiten observar con precisión aspectos de la realidad que en el mundo digital resultan más comprensibles que en el analógico. Gracias a los simuladores se han inventado aviones antes siquiera de ensamblar dos piezas, se ha diseñado con éxito una operación a vida o muerte sin tocar el cuerpo del paciente y se ha conseguido predecir la evolución de una tormenta tropical y evitar en gran parte el desastre. En el futuro, quizá antes del siglo 25, se podrá diseñar una estructura económica que evite las crisis periódicas del capitalismo o que se anticipe a los problemas políticos y sociales más acuciantes, poniendo la venda antes que la herida y el parche antes de que se produzca el pinchazo.

A lo mejor esas simulaciones acabarán por resultar tan efectivas que hasta nosotros preferiremos vivir en ellas en vez de en el mundo real, tan sometido a lo imprevisible y catastrófico, como parece adivinarse en algunos textos de Recuerdos de la era analógica, en especial en “Manifiesto contra los mundos virtuales”.


RECUERDOS DE LA ERA ANALÓGICA
Una antología del futuro

Comprar

 

 

 


A continuación, puedes ver entradas dedicadas a Recuerdos de la era analógica encontradas en la Arqueo Red (que nosotros llamamos Internet)

LIBROS PUBLICADOS

losgrandesinventosdetubau

Originally posted 2013-06-19 18:22:41.

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Hamlet en la holocubierta y Janet Murray

Marshall McLuhan predijo en el siglo XX muchos de los cambios que estamos presenciando, cuando se refirió a la trasformación que estaba teniendo lugar entre una civilización basada en los libros, la galaxia Gutemberg, y otra electrónica, la galaxia Marconi, que haría que el mundo se convirtiera en una «aldea global», en la que lo audiovisual sustituiría a lo textual. McLuhan murió en 1980, por lo que apenas pudo conocer Internet y los ordenadores personales, que han desbordado sus más locas predicciones de profeta de la nueva era.

En 1997,Janet Murray se ocupó de ese nuevo mundo y de sus posibilidades narrativas en Hamlet en la holocubierta. Aunque han pasado bastantes años desde la primera edición, Murray, como Nicholas Negroponte en El mundo digital, anunció muchas de las cosas que están sucediendo en nuestro presente y algunas que todavía están por llegar. No es casualidad que los dos trabajaran en el laboratorio creativo Medialab del MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts), un lugar en el que se hacen las cosas diez o quince años antes que en el resto del mundo. En el título del libro de Murray se dan cita el pasado y el futuro. Hamlet es, por supuesto, el personaje de Shakespeare, pero ¿qué es la holocubierta?

Antes de continuar leyendo, lo mejor es que el lector vea por sí mismo la holocubierta…

holocubierta from daniel tubau on Vimeo.

La holocubierta es un lugar de la nave Voyager de la serie de televisión Star Trek, un cubo negro, vacío, en el que un ordenador proyecta simulaciones muy elaboradas. Cuando un tripulante entra en la holocubierta puede participar en historias que se transforman segundo a segundo, en respuesta a sus acciones, y puede experimentar una vida virtual que es casi tan real como la vida cotidiana, porque incluso puede tocar a las personas o los objetos de ese mundo imaginario. La comandante de la Voyager, Kathryn Janeway, visita a menudo la holocubierta en busca de mundos fantásticos, por ejemplo para convertirse en Lucy Davenport, la institutriz de los dos hijos del viudo Lord Burleigh, en un mundo que recuerda el de las novelas de Jane Austen y las hermanas Brontë. Como es previsible, la institutriz se enamora de Lord Burleigh.

La holocubierta a punto de activarse

Hay que recordar que, como en casi todas las series de televisión, lo que importa en Star Trek no son los extraños seres y razas extravagantes de alienígenas. Eso sólo es el macguffin, la excusa, porque la verdadera intención de los guionistas es situar a sus personajes ante dilemas morales, se trata de una ficción de relaciones sociales y trasfondo psicológico. Muchas personas son incapaces de entender que el género de la ciencia ficción, incluso el de naves espaciales y luchas con espadas láser, lo
único que hace es plantear los mismos problemas de siempre pero en escenarios distintos. No saber leer el subtexto, e incluso el texto, y quedarse sólo en los adornos cienciaficcioneros es quizá tan grave como rechazar a Shakespeare porque sus historias transcurren en una Inglaterra llena de reyes con armadura y reinas con collarín, o a Sófocles porque Edipo va siempre medio desnudo y con sandalias. Da igual que el medio de trasporte se llame La Reina de África o Voyager, si quienes viajan en él se ven sometidos a conflictos y emociones similares. Un ejemplo del planteamiento psicológico de Star Trek es cuando la comandante, en su papel de Lucy Davenport, besa a Lord Burleigh y se pregunta si eso la convierte en una mujer infiel:
¿ha traicionado a su marido al besar a un ente virtual? Lo que quizá a más de uno le recuerde que el papa Juan Pablo II alertó en su momento de los pecados virtuales cuando dijo que pensar en ser infiel ya era en cierto modo ser infiel.

El lector ya se habrá dado cuenta de que cuando los personajes de Star Trek visitan la holocubierta no eligen increíbles futuros tecnológicos, sino que prefieren viajar al pasado. Resulta curioso, en efecto, que la comandante Janeway, que vive en un futuro lleno de naves espaciales y alienígenas, busque en sus fantasías los extraños mundos de la novela realista del siglo xix. Las fronteras entre realidad y fantasía, o entre costumbrismo o ciencia ficción, se están haciendo cada vez más difusas, como veremos en próximos capítulos.

Pero todavía no he explicado por qué en el libro de Murray  conviven Hamlet y la holocubierta. La respuesta es una pregunta que se hace Murray: «¿Cuándo tendremos en el mundo de la llamada hipernarrativa un equivalente al Hamlet de Shakespeare?». Es decir, ¿cuándo encontraremos en el mundo digital, interactivo, hipertextual, obras de calidad comparable a las de Shakespeare?

Continúa en El guión del siglo 21

 

Más sobre mundo digital y futuro en El futuro ya está aquí


El guión del siglo 21

El futuro de la narrativa en el mundo digital

“Si en Las paradojas del guionista Daniel Tubau nos ponía en guardia contra las teorías dogmáticas, en El guión del siglo 21 nos anuncia que el guión previsible de Hollywood y de la televisión convencional está en crisis. Los guionistas ya no quieren seguir esquemas simples o fórmulas mágicas. Frente al miedo instintivo hacia las nuevas narrativas, cada día surgen alternativas interesantes, gracias a este asombroso futuro que nos ofrecen las nuevas tecnologías, desde la narrativa hipertextual y la realidad aumentada a los videojuegos o Internet; desde las series de canales como HBO al crossmedia o el transmedia. Otras propuestas e ideas se encuentran en el pasado, en la historia audiovisual. Tubau demuestra que la profesión de guionista se está trasformando y que no se limita a la televisión o el cine, sino que puede y debe invadir todos los medios, o incluso la realidad misma.”

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La realidad

La realidad… es ficción

ENTRADAS DE EL GUIÓN DEL SIGLO 21

En  esta página dedicada a El guión del siglo 21 amplío los contenidos del libro, corrijo errores, trato nuevas cuestiones y muestro ejemplos en vídeo que, como es obvio, no podían estar presentes en un libro analógico. Los temas son casi inabarcables y para que el visitante de esta página pueda orientarse es muy recomendable que lea el libro (Casa del Libro). También en ebook en cualquier lugar del mundo.


La televisión La televisión… ya no es televisión

 

 

El guión El guión… la crisis y las alternativas

 

 

InternetTransmedia

Multinarrativa

Multinarrativa

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Transmedia… Hipertexto
Videojuegos
Interactividad

 

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[Todas las ilustraciones son de Samuel Velasco]

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El movil de McLuhan

marshallMarshall McLuhan pensaba que cada nuevo medio, la televisión, el cine, la radio, la imprenta, cambia nuestra manera de relacionarnos con el mundo, pero que también transforma los antiguos medios. Además, supone una extensión o un nuevo uso de alguno de nuestros sentidos;  de ahí la célebre frase “El medio es el mensaje”.

Para McLuhan la palabra “medio” no se refería exactamente a medios como los que he enumerado antes (cine, televisión, imprenta), sino más bien a todo el contexto creado por esas nuevas extensiones de nuestros sentidos,  tampoco se refiere la palabra tan solo a los medios de comunicación o a los sentidos como tales, sino a todo nuestro cuerpo, incluyendo en ello nuestra mente y sensibilidad. Para McLuhan, en efecto, la ropa es una extensión de la piel y la rueda una extensión del pie, como también lo es una canoa, a pesar de que remamos con los brazos y las manos, pues tanto la rueda como la canoa nos permiten multiplicar el poder de desplazamiento del pie.

A menudo me pregunto qué habría pensado McLuhan de los nuevos medios y del nuevo medio creado por internet y los ordenadores. Él apenas vivió para ver los comienzos de la era digital, por lo que su poderoso ingenio metafórico y analógico no pudo aplicarse en toda su plenitud a este nuevo mundo tan lleno de novedades al que ya casi toda la humanidad nos hemos acostumbrado, por no decir entregado, permitiendo que transforme de manera radical nuestra vida cotidiana.

teléfonoPensemos en el teléfono, que sí conoció McLuhan, y en su evolución,  el móvil o celular. A primera vista, si consideramos ambos aparatos solo en teniendo en cuenta sus cualidades telefónicas, es decir si olvidamos que un smartphone o teléfono inteligente también puede contener documentos, canciones, brújulas, linternas, cuentakilómetros, GPS y otras mil utilidades; si nos limitamos a comparar el teléfono tradicional y el móvil o celular atendiendo tan solo a lo que tienen en común, descubrimos, junto a la semejanza,  una diferencia notable que transforma no solo al aparato en sí sino a nosotros mismos y a nuestra relación con el mundo. Esa diferencia consiste en que el teléfono tradicional no era transportable, mientras que el móvil, como su nombre indica (al menos en países como España), sí lo es: es un aparato móvil, que se puede llevar de un lugar a otro. Esta característica supone un cambio notabilísimo que hace que los dos aparatos sean absolutamente diferentes y que den origen a un medio, entendido en el sentido amplio macluhiano completamente diferente.

mcluhan-El teléfono tradicional, aparte de la función de comunicarnos con otras personas, tenía otras funciones o consecuencias de importancia vital: era un gancho, un lazo que nos atrapaba y nos unía a un lugar: nuestra casa y nuestra oficina. Era una herramienta propia de una civilización sedentaria, que nos emparentaba con nuestros antepasados agrícolas y ganaderos: creaba un lugar fijo en nuestras vidas, un lugar al que regresar y al que acudir, un lugar del que no podíamos alejarnos demasiado tiempo sin temor a perdernos algo vital o importante, un lugar que también nos ofrecía de manera mágica la posibilidad de contactar con personas que se hallaban en lugares muy distantes. También condicionaba nuestro comportamiento, al permitirnos establecer citas a distancia, pero al obligarnos también a ajustar esas citas en los períodos en los que sabíamos que nosotros o la otra persona contábamos con la posibilidad de pasar por nuestros dos centros fundamentales de comunicación: nuestro hogar o nuestra oficina. El teléfono tradicional, en consecuencia, acentuaba nuestro sedentarismo: tarde o temprano  (más bien temprano) debíamos regresar al lugar en el que ese artilugio nos permitiría contactar con aquellas personas que nos interesaban o con las que nos veíamos obligados a mantener contacto a distancia.

Es cierto que podíamos usar una cabina de teléfonos pública, pero, de hacerlo, al menos la otra persona debía estar en uno de los lugares que definían su vida sedentaria, su casa o su oficina. Cuando la comunicación con otra persona se convertía en imprescindible o necesaria, por ejemplo tras una ruptura amorosa, en los días, semanas o meses en los que todavía no sabíamos si esa ruptura era definitiva, nos veíamos obligados a permanecer encerrados en casa con la esperanza, casi siempre vana, de que el maldito aparato sonase de una vez y nos transmitiese el sonido de la voz amada.

Con el teléfono móvil o celular, todo lo anterior queda cancelado y volvemos a los hábitos de una tribu trashumante y cazadora, olvidando las costumbres sedentarias. Ahora podemos llevar el aparato de comunicación encima, estemos donde estemos, con lo que el regreso al hogar o a la oficina ya no es obligado, ya no nos inquietamos si llevamos demasiado tiempo fuera de esos lugares en los que antes se encontraba el mágico aparato de comunicación. Podemos lanzarnos a la caza de presas con las que comunicar caminando por las calles, por los montes e incluso por los mares (siempre que haya cobertura).

 

Marshall McLuhan atropellado por su hijo Eric

Marshall McLuhan atropellado por su hijo Eric

Las ventajas de este cambio son evidentes, pero las desventajas quizá son mayores, al menos para quienes son víctimas del aparato y se convierten, como también diría McLuhan, en servomecanismos de su móvil, en  esclavos orgánicos de un aparato mecánico, aplicando a la inversa aquel consejo de Jesucristo acerca del sábado: “No se hizo el móvil para el hombre, sino el hombre para el móvil”.

Con la adopción del móvil es cierto que ya no estamos atados a un lugar o  dos, pero no porque nos hayamos liberado, sino porque estamos mucho más atados que antes. Si el teléfono tradicional era la jaula o prisión a la que teníamos que regresar cada cierto tiempo, como si fuéramos presos en libertad condicional que tienen que fichar regularmente, con el móvil nos hemos regalado a nosotros mismos una cadena portátil que llevamos siempre con nosotros. Si con el teléfono fijo disponíamos de un tiempo de libertad pleno entre la oficina y el hogar, de unas horas en las que podíamos disfrutar de nuestra soledad e intimidad sin temor a ser localizados o detectados, con el móvil esto se hace casi imposible: estamos localizados en todo momento. Existen excusas, por supuesto: “Se me acabó la batería”, “No había cobertura”, “Me robaron el móvil…”, pero no se pueden mantener por mucho tiempo sin empezar a despertar sospechas.

Ahora bien, el cambio del teléfono fijo al móvil tiene muchas más consecuencias. Es cierto que ahora, ante una ruptura amorosa, no estamos obligados a dejar pasar las horas encerrados en casa con nuestra angustia, pues podemos salir a la calle, pasear, distraernos, ir al cine… Cierto, pero, a cambio, en todo momento estaremos pensando que puede sonar el móvil, con lo que no tendremos un verdadero momento de libertad, descanso o intimidad. En la ya lejana época del teléfono fijo, si lográbamos salir de casa, sabíamos que, al menos durante esas horas, no podía sonar el teléfono (o al menos no podríamos oírlo).

Otra consecuencia del cambio de fijo a trasportable es que el móvil permite que también nos tengan localizados en el trabajo, que en todo momento estemos al alcance de nuestros jefes o colaboradores, incluso en horas fuera del horario laboral. El móvil, como cadena portátil que nosotros mismos enganchamos a nuestra muñeca o que llevamos en el bolsillo, nos convierte en prisioneros en una jaula sin muros, pero de la que es casi imposible escapar, pues sus eslabones invisibles nos pueden mantener atados de una punta a otra de un país, de un continente e incluso del planeta entero.

Por otra parte, aunque ya he dicho que ese aspecto no lo voy a analizar aquí, no sólo estamos encadenados por el teléfono como tal, sino por el correo electrónico o cualquier aplicación del smartphone que nos mantenga atados a las redes sociales. El móvil, que por un lado supone un paso en el camino hacia la liberación laboral, al facilitar el trabajo a distancia y fuera de las oficinas, por otro lado lleva a lo contrario, al permitirnos llevar nuestra jaula a cuestas. Obsérvese, por cierto, que también los ordenadores fueron en su momento un gancho que nos mantenía unidos a nuestros hogares y oficinas, pero que su evolución ha ido en la misma dirección que la del móvil, la portabilidad, a través de portátiles, ultraligeros y tablets.  La liberación de las oficinas, un paso sin duda beneficioso para la humanidad, o al menos para las personas, puede tener la consecuencia de que todo nuestro tiempo se convierta en tiempo de oficina, puesto que llevamos a cuestas el aparato que nos permite seguir trabajando. Cuando empecé a trabajar con un ordenador portátil en una cafetería, hace ya unos cuantos años, me gustaba la sensación de estar allí pensando y escribiendo mientras los que me rodeaban desayunaban o charlaban, pero cada vez más las cafeterías se empiezan a parecer a oficinas, en las que todas las mesas están ocupadas por personas que escriben en un ordenador. Incluso algunas de ellas resuelven asuntos de oficina desde su móvil, sin levantarse de la mesa y haciéndonos escuchar a todos las típicas conversaciones que creíamos desterradas de nuestras vidas cuando huimos de las oficinas.

Tómese todo lo anterior más con humor que con ardor, pues no es mi intención denunciar sino describir, y regresemos a la diferencia entre el antiguo teléfono, como gancho que nos ataba a un lugar o dos (el hogar y la oficina), ejerciendo un cierto control sobre nuestra vida y nuestra libertad, y el móvil, que nos permite movernos con libertad pero que en realidad nos mantiene encadenados casi durante toda nuestra vigilia.

Mi intención ha sido tan solo mostrar el cambio trascendental que un nuevo medio (o una evolución de un antiguo medio) ha provocado o puede provocar en nuestra vida. No es el único cambio, pues hay otros, aunque sin duda menos radicales que el regresar desde el sedentarismo a la caza y la recolección o la aceptación voluntaria de llevar nuestra propia cadena. Otro cambio notable es que mientras que el teléfono fijo permitía que las conversaciones a distancia fueran privadas (en casa) o semiprivadas (en la oficina), el móvil ha hecho que ahora se hagan públicas (en cafeterías, trenes, autobuses, caminando por la calle). No menos trascendental es el hecho de que el móvil casi ha acabado con la posibilidad de establecer plazos de desconexión real con el mundo exterior, que nos impida entregarnos al olvido y el anonimato, a la libertad de no ser interrumpidos, a la posibilidad de que nuestra mente mire hacia el futuro inmediato, a corto o a medio plazo, con la tranquilidad de que no será interrumpida por el sonido de nuestra cadena portátil, por el ladrido inesperado de ese perro guardián que llevamos en el bolsillo, recordándonos que estamos atrapados, estemos donde estemos.

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Escrito en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, en Cuba, donde algún eslabón de la cadena del móvil y de internet se quiebra, regesando a los viejos tiempos de la desconexión, con todo lo malo… y lo bueno.


Originally posted 2013-06-19 18:22:41.

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Conocemos porque conocemos

neuronic-connections

El cerebro de cualquier persona adulta contiene más cosas de las que puede manejar.

La cantidad de información que el cerebro de cualquier ser humano acumula en veinte o treinta años de vida es tan inmensa que ni él mismo podría preparar un catálogo mínimo de lo que tiene. Hace veinte años escribí un cuento, que comenzaba así:

EL HOMBRE QUE RECUERDA

Un joven imaginado por nosotros vive veinte años en el mundo y, trascurrido este tiempo, se encierra en una habitación de paredes blancas. En este aposento no entra la luz del sol ni se adivina la oscuridad nocturna. Hay tan sólo, si es posible imaginarlo, una claridad no definida, neutra, que no produce sombra alguna. El hombre no saldrá jamás del lugar donde queremos verle, se somete a nuestros deseos y renuncia a seguir viviendo. Su tarea, la única, será recordar sus años de libertad, sus momentos de libre albedrío. Para ello le concedemos sesenta, cien años si los requiere.

La intención de este cuento era mostrar que ese hombre no tendría tiempo suficiente para recordar aquellos 20 años de vida, ni siquiera si se le concedieran cien o más años. Hay que tener en cuenta que su misión es recordar absolutamente todo.

No podría recordar veinte años ni siquiera en cien años, debido a diversas razones que ahora ni yo mismo recuerdo (no terminé el cuento), pero entre ellas porque el mundo del pensamiento no es el mundo de las cosas, sino el de las relaciones entre las cosas y porque, hablando de manera estricta, no conocemos las cosas reales, existan o no, sino sólo la relación que establecemos entre nuestra mente y algo exterior a ella. Es decir, de nuevo relaciones, como bien decía Leibniz, relaciones entre las cosas, entre nuestra percepción y las cosas, y entre nuestra percepciones.

Como es obvio, la idea que tenemos acerca de nuestra propia mente es también una relación entre datos de observación recibidos por ella y gracias a ella. No conozco a nadie que lo haya dicho mejor que Demócrito en su juicio entre la razón y los sentidos, del que sólo posemos unos fragmentos, como este de Galeno en De medicina empírica:

Después de haber dicho “por convención el color, por convención lo dulce, por convención lo salado, pero en realidad sólo existen átomos y vacío”, Demócrito hace que los sentidos, dirigiéndose a la razón, hablen de este modo: “¡Oh, mísera razón que tomas de nosotros tus certezas! ¿Tratas de destruirnos? Nuestra caída, sin duda, será tu propia destrucción”.

Ahora bien, de todas las cosas que un cerebro contiene, las que más influyen en su manera de pensar son las primeras que aprendió.

Nuestro aprendizaje se mueve de lo conocido a lo desconocido. Los nuevos conocimientos se asientan sobre los antiguos, por lo que quizá es imposible que podamos conocer algo realmente nuevo, algo que no tenga relación con algo que ya sabemos. Como dije antes, el conocimiento de las cosas es conocimiento de relaciones, relaciones en gran parte o totalmente de lo nuevo con lo antiguo. Incluso aquellas cosas que consideramos verdaderamente nuevas se relacionan con lo antiguo, puesto queson distintas de aquellas que ya conocemos. 

Decía Jenófanes: lo conocido es la base de lo desconocido.

La consecuencia de esto es que nuestros primeros conocimientos son la base sobre la que se apoyan los posteriores, que están muy condicionados por ellos.

Del mismo modo que cuando aprendemos mal una palabra, después nos cuesta aprenderla bien, también nos resulta muy difícil librarnos de nuestros prejuicios, incluso aunque seamos conscientes de ellos y los despreciemos. Por un movimiento intuitivo del todo natural, nuestro cerebro se pone a trabajar con los parámetros a los que está habituado.

Esto, que es un hecho observable de la conciencia individual, se puede fácilmente trasponer a la conciencia social o colectiva. Para decirlo sin que parezca que se trate de una especie de cerebro social: las sociedades establecidas intentan resolver los problemas recurriendo a métodos que han funcionado antes. Cuando el método nuevo no parece funcionar, les da por romperlo todo.

Lo mismo hacemos las personas: ante una dificultad que no podemos resolver por los cauces habituales caemos en la depresión, la ira, la desesperación o el nihilismo. O la ironía.

Por otra parte, uno de los mayores problemas de lo seres humanos es su deseo de tener claras las cosas.

Nuestro deseo de tener claras las cosas puede deberse a diversas causas, que aquí se van a enumerar, o tal vez a ninguna de ellas. Tampoco resulta de vital importancia descubrir su origen, sino que es mucho mejor simplemente darse cuenta de que tal cosa sucede y cómo sucede: Newton no sabía cuál era la causa de la gravedad, pero sí sabía que esta fuerza existía y supo explicar cómo actuaba.

Pues bien, el origen de ese ansia por tener las cosas claras puede deberse a una estrategia de supervivencia biológica de la especie, o puede deberse a que nuestros padres y en general los adultos nos educaron durante la infancia con dicotomías simples: “Esto es bueno, esto es malo, haz esto, no hagas esto”.

Posteriormente, seguimos aplicando este método y nuestra mente coloca en categorías más o menos estancas las cosas que va aprendiendo. Preferimos tener un enemigo claro al que podemos insultar que la incertidumbre de llegar a entendernos con él, porque eso podría hacer que se tambalearan nuestras seguridades y nuestro ordenado mundo mental.

De esta manera establecemos barreras infranqueables que nos separan de ciertas personas, como si se tratara de seres de otro planeta o de otra especie con la que la comunicación es imposible. Pero no somos tan distintos de ellos.

 

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..este artículo continúa en cierto modo en El cerebro auxiliar


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El cerebro auxiliar

La escritura supone un cambio en nuestra manera de relacionarnos con la realidad, porque permite que nos observemos a nosotros mismos.

Las páginas web, los weblogs y en general todo el procesamiento de información gracias a los computadores nos permite contemplarnos mejor que antes.

También nos permite acceder de manera rápida a nuestras propias ideas, que también podemos guardar y ordenar casi mejor que en nuestro propio cerebro.

En efecto, cuando guardamos nuestras ideas en nuestro cerebro biológico, esas ideas no se quedan allí tal como las dejamos, sino que evolucionan y se desarrollan. No es que tengan vida propia. Lo que sucede es que nuestro cerebro trabaja por su cuenta en un plano no consciente o no inmediatamente consciente. Prefiero no utilizar aquí ningún térrmino concreto, como subconsciente, preconsciente o inconsciente. Términos que están asociados a teorías con las que no estoy seguro que coincidan mis ideas.

Lo importante es que nuestro cerebro trabaja en un plano que no es siempre inmediatamente perceptible para nuestra conciencia habitual. Esto se puede comprobar de diversas maneras.

Cogemos un libro de fotografías de un tema que nos guste, por ejemplo, de artistas de cine.

Miramos una a una las fotografías y apuntamos el nombre de cada artista. Probablemente habrá algunos de los que no nos acordaremos.

Cambiamos de tema y nos olvidémonos del álbum.

Al cabo de unas horas o de unos días, tomamos de nuevo el álbum. Descubriremos que, sin siquera pensar en ello, en cuanto vemos las fotos, nos vienen a la memoria nombres que en la ocasión anterior no habíamos recordado. También seremos capaces, en muchos casos, de adivinar cuál será la siguiente fotografía, aunque en su momento no le hayamos dado a nuestro cerebro la orden consciente de percibir y memorizar ese orden.

Se pueden hacer muchas experiencias similares a esta, que prueban que el cerebro trabaja por su cuenta: no conseguimos recordar el nombre de un actor o el de un amigo. Nos damos por vencidos. De pronto, segundos, minutos o incluso horas más tarde, ese nombre se nos presenta de manera inesperada a nuestro yo consciente.

Se habla de la Red mundial o Internet como una especie de conciencia colectiva. No es el tema que me interesa en este momento. Yo sólo quiero hablar del almacenamiento de información en computadores o páginas de la Red como si se tratara de un cerebro supletorio.

Internet

Cuando uno escribe en una página web y no se limita a dejar ahí las entradas y olvidarse de ellas, sino que regresa, las relee y establece nuevos nexos entre cosas nuevas y antiguas, está actuando de manera semejante a como lo hacen nuestras neuronas todos los días.

En realidad lo está haciendo de manera doble, porque todo trabajo de acumulación de datos y de establecimiento de nexos en el ordenador está efectuándose en paralelo en el interior de nuestro propio cerebro. Es una especie de trabajo duplicado.

Ahora bien. No somos plenamente conscientes de los nexos que se establecen entre nuestras neuronas cuando digerimos información. No podemos, por el momento, observar esos nexos y catalogarlos. No podemos decir que tal o cual conocimiento pasa de esta a aquella neurona a través de un axón concreto.

Pero sí podemos trazar un mapa y reconstruir los nexos que hemos establecido en nuestra página web (e incluso con páginas web externas).

La metáfora de la telaraña o red mundial no es del todo adecuada, puesto que en una telaraña, aunque haya muchos hilos, estos suelen estar en una estructura ordenada y no se establecen conexiones siguiendo patrones caóticos. Excepto cuando las arañas son sometidas a alucinógenos y empiezan a tejer de manera verdaderamente caótica.

spiderCaffeinatedSpider

Telarañas de arañas sometidas a diferentes estimulantes

La metáfora adecuada para internet sería tal vez la de las neuronas, si es que fuese cierto que cualquier neurona del cerebro puede conectarse con cualquier otra, lo que no es seguro: en la red mundial es posible establecer en principio una conexión entre dos puntos cualesquiera mediante un enlace directo, se encuentren donde se encuentren.

Esto superaría quizá a las neuronas, aunque las neuronas, por el momento, superan a cualquier sistema creado por el ser humano en capacidad de almacenamiento y procesado.

Sucede, sin embargo, que la fusión entre neuronas e información computacional está cada vez más cerca. La duda es cómo se producirá esta fusión y qué condicionará a qué: las neuronas a los bits o los bits a las neuronas. La posibilidad de una policía del cerebro a través de la conexión por microchips biológicos parece cercana, y quizá sea difícil escapar a ella.

Lo que sí parece seguro es que en el futuro desaparecerán los teclados, las pantallas y cualquier otro artilugio de hardware como ahora lo conocemos.

Sí, quizá sigan existiendo, pero resultarán innecesarios: tendremos toda esa información directamente acoplada al cráneo, o ni siquiera eso: podremos acceder a ella de manera eléctrica, aunque esté alojada externamente. Algo parecido a la telepatía. Quiero decir con ello que nos bastará pensar en que queremos consultar un dato para acceder a ese dato. Podremos navegar por internet sin teclear y sin mirar a una pantalla física: lo veremos todo dentro de nuestra cabeza. No creo que falte mucho para eso.

A quien le parezca algo difícil de creer debería reflexionar en qué es lo que hacemos cuando pulsamos las teclas de un teclado. En milésimas de segundo pensamos: “Voy a apretar la tecla a y luego la r y luego la t y luego la e“.

Y efectivamente, no sólo lo pensamos, sino que además mandamos esa instrucción a nuestro cuerpo, que aprieta cuatro teclas. El lector puede detenerse un momento a pensar en lo complejísimo que resulta algo aparentemente tan sencillo como escribir arte en el teclado de un ordenador.

Parece infinitamente más sencillo pensar en la palabra arte sin más y verla aparecer en la pantalla. De hecho, ya existe la comunicación concepto mental/ordenador sin teclado ni ratón , sólo con el pensamiento. Naturalmente, hace falta un chip o un electrodo conectado al cerebro, pero a partir de ahí, la persona puede manejar el ordenador sólo pensando. Pensando, sin mover las manos ni la boca, puede hacer que el ordenador abra un nuevo documento o lo cierre, o escriba “SÍ” o escriba “NO”. Esto es sólo el principio.

El final de ese camino será que podremos contemplar todo lo que tenemos en el cerebro como quien lo contempla en la pantalla de un ordenador. Y también se producirá, al menos en una primera fase, una especie de fusión entre nuestros datos externos, los de nuestro ordenador o nuestra página web y los de nuestro cerebro o cerebros ajenos.

Esto, sin duda, tendrá mucha importancia en el tratamiento de lo que hoy se consideran enfermedades mentales o psicológicas. Me atrevo a predecir que algunas de las ideas de Freud serán recuperadas, pero por un camino bastante inesperado para los propios psicoanalistas. Ahora el psiconanálisis, con razón, está en horas muy bajas, casi agonizando, pero algunas de las intuiciones de Freud podrán ser aplicadas de nuevo, aunque no de la manera cuasi mística y acientífica en que fueron aplicadas en el siglo XX, manera a la que él mismo contribuyó o no supo resistirse (a pesar de su amor por la ciencia rigurosa), y se recuperará parte de su validez original, tan desperdiciada por aprendices de brujo de los divanes, que quizá no disponían de las herramientas necesarias para no caer en la magia vulgar.

Naturalmente, esta fusión entre cerebros y ordenadores será la llave de la inmortalidad, pero ciertos fenómenos químicos hacen todavía dudar de si tal inmortalidad será realmente personal y de si podremos seguir hablando de identidad individual.

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[Escrito el 31 de enero de 2006]

Este artículo es en cierto modo la conclusión de Conocemos porque conocemos

NOTAS

2006: Acerca del asunto del control cerebral de ordenadores he publicado un cuento llamado Vidas vicarias, que puedes leer en Escrito en el agua (julio y agosto de 2006).

2014: Ahora el cuento es uno de los que se incluyen en Recuerdos de la era analógica, que puedes conseguir en digital o en papel en la edición de Evohé 2009.

Recientemente, investigadores han logrado exactamente lo que predije en Vidas vicarias: “Tú apuntas, yo disparo”.

Más sobre Vidas vicarias:

Vidas vicarias y Avatar

¿Qué es recuerdos de la era analógica?

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A continuación, puedes ver entradas dedicadas a Recuerdos de la era analógica encontradas en la Arqueo Red (que nosotros llamamos Internet)

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