La pausa valorativa en Babilonia

babilonia

“A la orilla del Leman me senté y lloré…”
(La tierra baldía, T.S.Eliot)

“Sôbolos rios que vão
por Babilónia, me achei,
Onde sentado chorei
as lembranças de Sião
e quanto nela passei.”

“Sobre los ríos que van
por Babilonia me hallé
Donde sentado lloré
los recuerdos de Sión
y cuanto en ella pasé”.
 (Luís Vaz de Camões)

“Junto a los ríos de Babilonia, 
nos sentábamos a llorar, 
acordándonos de Sión.”
 (Salmo 137)

“Gilgamesh, entonces se sentó
y lloró.
Y las lágrimas resbalaban por sus mejillas.”
  (La epopeya de Gilgamesh)

En el poema mesopotámico la Epopeya de Gilgamesh se pueden encontrar muchos motivos literarios y mitológicos que reaparecerán en diversas culturas. El más comentado es sin duda el de la búsqueda de la inmortalidad.

Tras ver morir a su amigo EnkiduGilgamesh intenta alcanzar la inmortalidad y casi la consigue, pero en el último instante cae vencido por el sueño y la pierde, del mismo modo que la perderá Tideo en la guerra de los Siete contra Tebas, cuando Atenea va a entregársela pero se retira asqueada en el último momento, al ver cómo el héroe moribundo devora el cerebro de un enemigo. Es un motivo o mitema mitológico, el de la búsqueda de la inmortalidad que también aparece en los pactos con el diablo. 

Aurora-y-Titono-ya-anciano

Aurora y Titono, ya anciano

Los dioses suelen ofrecer la inmortalidad a los humanos desdichados, pero siempre con alguna trampa inesperada, como en el mito de Titonos y Eos, la Aurora, en el que el amante mortal logra la inmortalidad, pero olvida pedir también la eterna juventud y acaba convertido en un bulto arrugado. Da la impresión de que este mito nació a partir de un chiste que quizá se contaba en las tabernas.

En el mito de Gilgamesh también aparece, como en el de Adán y Eva, una serpiente, que es la que le arrebata la flor que devuelve la juventud. El  héroe pierde así, después de la inmortalidad, un premio menor pero no despreciable, a causa de un descuido un poco tonto, al no vigilar la flor milagrosa, por lo que no puede hacer otra cosa que lamentarse:

“Gilgamesh entonces se sentó
y lloró.”

Ya he dicho en alguna ocasión que resulta bastante asombroso que el héroe se detenga por un instante para sentarse y que sólo entonces llore, pero quizá sea más asombroso que se detenga el narrador del relato, y también, de manera inevitable, el lector. Es quizá uno de esos momentos que nos dejan percibir el instante real a través de los artificios de la ficción, porque da la impresión de que el narrador no se limita a escribir las escenas que imagina, sino que parece como si en realidad estuviera describiendo algo que tiene delante, un momento sencillo pero real.

Podemos imaginar que antes de que la serpiente se lleve la planta de la juventud, Gilgamesh estaba refrescándose en el pozo, o quizá descansaba tumbado sobre la hierba. Suponemos también que, al darse cuenta del robo, intenta atrapar a la serpiente, corre tras ella y no logra darle alcance. Comprende entonces que lo ha perdido todo, se detiene, embargado por una emoción incontenible, tal vez se tambalea, se sienta en el suelo y, sólo entonces, se pone a llorar. La imagen que aparece ante nosotros es, gracias a este detalle innecesario, más conmovedora que la de Gilgamesh llorando sin más. Hay aquí una pausa valorativa: Gilgamesh ya no corre, no da vueltas furioso, ha comprendido que todo es inútil, así que se sienta y, al hacerlo, acepta que ha perdido la última oportunidad de burlar a la muerte, y llora, quizá durante un  tiempo interminable.

*******************

Ya me referí en un artículo de La biblioteca imposible (El primer libro contiene todos los libros) a la influencia de ese verso de La epopeya de Gilgamesh en la Biblia judía, en concreto en el Salmo 137.

Allí mencioné también los títulos de dos libros, de Elizabeth Smart y de Paulo Coelho, que imitan ese mismo motivo. Otros ejemplos que repiten esa bella pausa valorativa son el verso de Eliot en La tierra baldía y la asombrosa redondilla del portugués Camões, a quien Saramago describió como “poeta absoluto” que puedes leer y escuchar íntegra en la voz de Leni Ribeiro aquí.

En cuanto al Salmo 137, hermoso y terrible, es sin duda uno de los textos bíblicos más conocidos, porque ha sido cantado desde hace siglos y fue popularizado hace no muchos años por el grupo Boney M en Rivers of Babylon. Aquí puedes disfrutar de la simpática coreografía greco-jamaicana-mongola de Boney M y leer el salmo íntegro: Junto a los ríos de Babilonia.

 

******

[Publicado el 24 de febrero de 2011 en Divertinajes ]

Sobre el Salmo 137

El diabolus ex machina

Leer Más
El primer libro contiene todos los libros

Leer Más
Junto a los ríos de Babilonia

Leer Más
El Salmo 137 y la influencia babilonia

Leer Más
La pausa valorativa en Babilonia

Leer Más

dragon-mecanico2

El arte y la visión mística

Leer Más
El héroe en el estiercol

Leer Más
Lo innecesario, Sócrates y Steve McQueen

Leer Más
David Chase contra la televisión convencional

Leer Más
Jerome Perceval, el crítico perfecto

Leer Más
El montaje transparente de Georges Simenon

Leer Más
El rey Lear en tres dimensiones

Leer Más
La lógica demente en El jovencito Frankenstein

Leer Más

 

Share

El Salmo 137 y la influencia babilonia

He escrito varias veces acerca del Salmo 137, y lo he comparado con un pasaje de la Epopeya de Gilgamesh:

 Junto a los ríos de Babilonia,

allí nos sentábamos, y aun llorábamos,

acordándonos de Sión.”

(Salmo 137)

“Gilgamesh, entonces se sentó
y lloró.
Y las lágrimas resbalaban por sus mejillas.”
(Epopeya de Gilgamesh)

Me llamaba la atención que en ese pasaje se emplease la misma figura literaria cuando el  narrador primero se sienta y, sólo después de hacerlo, llora. El recurso, que es uno de esos momentos en los que nos parece estar viendo la vida misma y no una ficción literaria, aquello que Stendhal llamaba “ilusión perfecta”, ha sido empleado también, y no cabe duda de que lo hizo imitando el Salmo 137, por Elizabeth Smart en el título de uan de sus novelas: En Grand Central Station me senté y lloré, y más recientemente por Paulo Coelho: A orillas del río Piedra me senté y lloré.

Antes de continuar, no debo ocultar que algunos hebraístas explican lo de sentarse antes de llorar como una referencia a que los protagonistas adoptan una actitud religiosa que consiste en sentarse y elevar los brazos en plegaria al Señor, gritando y lamentándose en ocasiones. Pero yo seguiré con la otra interpretación, que considero de mayor interés literario.

Como es obvio, al comparar los dos textos, podría parecer que yo estaba sugiriendo de manera implícita que los judíos autores del himno (atribuido al rey David) habían copiado el recurso literario de sentarse y sólo después llorar, del poema de Gilgamesh o de algún texto similar de la cultura mesopotámica. En efecto, esa era mi intención. Creo que el motivo literario mencionado, e incluso otras partes del salmo, fue tomado de fuentes mesopotámicas.

Con esta hipótesis en mente, he investigado un poco y he averiguado algunas cosas interesantes. Pero antes conviene recordar el salmo:

 SALMO 137
Junto a los ríos de Babilonia

Junto a los ríos de Babilonia,
nos sentábamos a llorar,
acordándonos de Sión.
En los sauces de las orillas
teníamos colgadas nuestras cítaras.
Allí nuestros carceleros
nos pedían cantos,
y nuestros opresores, alegría:
“¡Canten para nosotros un canto de Sión!”
¿Cómo podríamos cantar un canto del Señor
en tierra extranjera?

Si me olvidara de ti, Jerusalén,
que se paralice mi mano derecha;
que la lengua se me pegue al paladar
si no me acordara de ti,
si no pusiera a Jerusalén
por encima de todas mis alegrías.

Recuerda, Señor, contra los edomitas,
el día de Jerusalén,
cuando ellos decían: “¡Arrásenla!
¡Arrasen hasta sus cimientos!”
¡Ciudad de Babilonia, la devastadora,
feliz el que te devuelva el mal que nos hiciste!
¡Feliz el que tome a tus hijos
y los estrelle contra las rocas!

Naturalmente, el hecho de que en el salmo se mencione dos ciudades mesopotámicas como Babilonia y Edom ya nos hace pensar que mi hipótesis no es tan insólita. Se supone que el salmo fue escrito durante la cautividad de los judíos en Babilonia, cuando Jerusalen fue invadido por los babilonios de Nabucodonosor II y el rey Jeconías fue deportado a Babilonia. Ya antes, su padre, el rey Joaquím de Judá, se había entregado a los invasores y había sido deportado a Babilonia, junto con diez mil judíos. Hay que recordar que los asirios habían destruido poco tiempo antes el otro reino judío, el de Israel, haciendo emigrar a sus pobladores, las famosas diez tribus perdidas de Israel. Por fin, como ya he dicho, hacia el -586 los babilonios invadieron nuevamente Jerusalén y en esta ocasión incendiaron la ciudad y destruyeron el templo, deportando a su población. De este modo se puso fin a los dos reinos judíos, aunque todavía se produjo una nueva deportación en -582. Pocos judíos permanecieron en Palestina y, de los que no fueron deportados, muchos acabaron emigrando a Egipto.

La primera y la segunda deportación judía a Asiria y a Babilonia

La primera y la segunda deportación judía a Asiria y a Babilonia

El Salmo 137, aunque se atribuye al rey David por convención, fue probablemente escrito varios siglos después de su reinado, por exiliados judíos en Babilonia, como parece demostrar el propio texto: “Junto a los ríos de Babilonia”.  Los  “ríos” de los que se habla parece que son los canales de agua de aquella ciudad asombrosa que fue Babilonia.

Los judíos exiliados tuvieron la suerte o la desgracia de vivir en Babilonia poco antes de su caída definitiva como gran potencia y ya cerca del final de las culturas mesopotámicas como tales, que se remontaban a tiempos de los sumerios, allá por el tercer milenio antes de nuestra era.

Vivieron en el reino Neo-Babilonio de Nabucodonosor, que había derrotado al reino asirio de Nínive, y que acabó a su vez conquistado por los persas de Ciro, y ,más tarde por Alejandro Magno, quien quiso restaurar el esplendor perdido de Babilonia, pero murió envenenado aates de lograrlo. Ciro, el rey persa, permitió a los judíos regresar a Palestina, así que es muy posible que el judaísmo deba su pervivencia a quien hoy Israel considera su gran enemigo: Irán, es decir, la antigua Persia.

Mural de la sinagoga Hurva de Israel, que representa el pasaje del Salmo 137

Mural de la sinagoga Hurva de Israel, que representa el pasaje del Salmo 137

Parece que los judíos no fueron esclavizados en Babilonia, o al menos no sufrieron tortura y grandes castigos. Por ello, aunque hay discusión entre los estudiosos, en la traducción del salmo se deberían emplear palabras como “captores” y “opresores” y no, como se hace en ciertas ocasiones “torturadores” o incluso “carceleros”, pero no me atrevería a meterme en cuestiones filológicas hebraicas:

“En los sauces de las orillas
teníamos colgadas nuestras cítaras.
Allí nuestros carceleros
nos pedían cantos,
y nuestros opresores, alegría”

La misma situación que parece transmitirnos el poema está lejos de parecer una cárcel: los judíos tienen colgadas sus cítaras en los sauces y sus captores les piden que entonen alguno de los cantos de Sión. Sin embargo, los judíos no quieren entonar ese canto. ¿Por qué?

La primera razón es obvia: su país ha sido arrasado, el templo de su dios destruido y ellos han sido forzados a emigrar a Babilonia.

La segunda razón es más interesante. Aunque Sión se suele identificar con Jerusalén o con Israel o con la Ciudad de David, en ciertos contextos se entiende también como una referencia al monte Sión o incluso al Templo del monte Sión. Su origen es una fortaleza jebusea llamada así, que fue conquistada por el rey David. Los jebuseos eran un pueblo semita al que no convendrá perder de vista en futuras investigaciones. Al parecer, aquel lugar, la colina de Sión, ya fue tomado por un lugar sagrado quizá desde el tercer milenio antes de nuestra era, con lo que los judíos, como después los cristianos y después los musulmanes, adoptaron Jerusalén como ciudad sagrada siguiendo el ejemplo de un pueblo anterior. Como es sabido, el honor de ser una ciudad sagrada para tres religiones ha supuesto para Jerusalén continuas guerras y conflictos, que continúan en la actualidad. Más una maldición eterna que una bendición.

En cualquier caso, Sión no se debe identificar, o al menos no siempre, con Jerusalén sin más, sino como Jerusalén entendida como símbolo de la religiosidad judía. En la clasificación de salmos y cantos incluso se distingue entre dos asuntos, los cantos de Sión y los de Jerusalén. El Salmo 137 pertenece a ambos géneros. Si no me equivoco es el único en el que se mencionan a la vez tanto Sión como Jerusalén. En consecuencia, en este contexto, al hablar de Sión en muchas ocasiones debemos entender cantos de alabanza a Yahveh, a Dios, mientras que al hablar de Jerusalén se alude a la ciudad perdida y que se añora desde el exilio.

La razón por la que los cautivos no quieren entonar un canto de Sión, como les piden sus opresores, se ofrece en el propio texto: esos cantos sólo se pueden entonar en el Templo, en el templo destruido de Jerusalén :

¿Cómo podríamos cantar un canto del Señor
en tierra extranjera?

Los expertos interpretan el pasaje anterior como si significara que entonar himnos de alabanza al señor en tierra extraña y lejos de la propia casa del señor es casi una impiedad. Creo que esa interpretación es correcta, pero cabe una remota posibilidad de que también aluda al rencor y a las dudas que al parecer sintieron muchos judíos durante su cautiverio en Babilonia acerca de un dios que, de nuevo, no había sabido protegerlos. Los judíos empezaban a preguntarse en los jardines de Babilonia aquello que se habían preguntado el ateo griego Diágoras de Melos, o aquel otro ateo indio que aparece en las Upanisads: “Si Dios no puede proteger su propio templo, poco podrá protegerme a mí”. Sin embargo, a pesar de lo tentador de esta última interpretación, creo que la interpretación correcta es la aceptada por los expertos: no está bien alabar al señor en tierra extranjera, o al menos entonar cierto tipo de cantos que están destinados al templo de Jerusalén.

Así que los narradores del salmo, que quizá sean un grupo de músicos, como parece revelar el que hayan dejado sus cítaras o harpas colgadas en los sauces, no pudiendo entonar un canto de Sión o de alabanza al Señor, ¿qué hicieron?

Probablemente decidieron entonar un canto de lamentación, como es el mismo Salmo 137, por lo que la composición, en cierto sentido, podría tomarse como un ejemplo de metalenguaje: “Me pides un canto de Sión y yo entono este canto de lamentación, porque no puedo entonar los cantos que me pides”. Lo cierto es que la clasificación del Salmo 137 resulta muy complicada, porque no tiene las características de otros salmos. Carece, por ejemplo, de la usual invocación inicial y no es un canto de ruego, imprecación, sermón o exhortación. Así que se ha definido como canto de lamentación, con elementos de nostalgia o saudade, y se ha comparado con mucho acierto con el fado portugués. También se sabe que la estancia de los judíos en Babilonia influyó mucho en la cultura y la música de los judíos.

Tal vez, esa sería mi aventurada hipótesis, los cautivos tomaron un aire musical, y tal vez una estructura e incluso algunas frases de cantos babilonios, y todo ello lo adaptaron a sus propios sentimientos, conservando frases como aquella en la que se sientan y lloran, que se encuentra al final de la Epopeya de Gilgamesh, cuando la serpiente roba a Gilgamesh la planta de la juventud y él se sienta y llora, quizá lamentándose, como harían siglos después aquellos judíos en Babilonia, y entonando un canto de saudade y tristeza antes de regresar, derrotado, viejo y cansado, a Uruk.

******************

Toda la mitología en MITOLOGÍA

Teología, mística y religión en Ensayos de teología

Sobre el Salmo 137

La pausa valorativa en Babilonia

Leer Más
El Salmo 137 y la influencia babilonia

Leer Más
Junto a los ríos de Babilonia

Leer Más
El primer libro contiene todos los libros

Leer Más
El diabolus ex machina

Leer Más

 

Share

Junto a los ríos de Babilonia

Ríos de Babilonia

Hace tiempo escribí acerca de un pasaje de La epopeya de Gilgamesh, refiriéndome a la versión ninivita del poema, escrita o transcrita por Sinleke Ununni. En ese pasaje, Gilgamesh se lamenta después de haber perdido la flor que rejuvenece (El diabolus ex machina). En un artículo de mi Biblioteca Imposible (El primer libro contiene todos los libros) también mencioné un párrafo, aludiendo a su influencia en el judaísmo:

Gilgamesh, entonces se sentó
y lloró.
Y las lágrimas resbalaban por sus      mejillas.”

Mencioné después dos novelas modernas que emplean el mismo recurso, la de Elizabeth Smart: En Grand Central Station me senté y lloré, y la de Paulo Coelho: A orillas del río Piedra me senté y lloré:

Smart y Coelho tal vez no supieran que sus títulos procedían de Gilgamesh y creyeran que el origen es el Salmo 137:

“Junto a los ríos de Babilonia,
allí nos sentábamos, y aun llorábamos,
acordándonos de Sion.”

Traigo aquí todo esto, simplemente para añadir que ese Salmo 137, hermoso y terrible, es uno de los más conocidos por todo tipo de público, porque lo popularizó el grupo Boney M con su adaptación en Rivers of Babylon.

Al parecer, el autor del salmo no se refería a los ríos de Tigris y Eúfrates, que están  a más sesenta kilómetros de distancia, sino a los canales que había en Mesopotamia.

Babilonia

Aquí puedes disfrutar de la simpática coreografía greco-jamaicana de Boney M.

 Imagen de previsualización de YouTube

SALMO 137
Junto a los ríos de Babilonia

Junto a los ríos de Babilonia,
nos sentábamos a llorar,
acordándonos de Sión.
En los sauces de las orillas
teníamos colgadas nuestras cítaras.
Allí nuestros carceleros
nos pedían cantos,
y nuestros opresores, alegría:
“¡Canten para nosotros un canto de Sión!”
¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor
en tierra extranjera?
Si me olvidara de ti, Jerusalén,
que se paralice mi mano derecha;
que la lengua se me pegue al paladar
si no me acordara de ti,
si no pusiera a Jerusalén
por encima de todas mis alegrías.

Recuerda, Señor, contra los edomitas,
el día de Jerusalén,
cuando ellos decían: “¡Arrásenla!
¡Arrasen hasta sus cimientos!”
¡Ciudad de Babilonia, la devastadora,
feliz el que te devuelva el mal que nos hiciste!
¡Feliz el que tome a tus hijos
y los estrelle contra las rocas!

Si prefieres una versión más cercana al ska-regage de Jamaica, aquí tienes a The Melodians:

Imagen de previsualización de YouTube******

[Publicado el 10 de enero de 2011 en Material sensible]

Sobre el Salmo 137

El diabolus ex machina

Leer Más
El primer libro contiene todos los libros

Leer Más
Junto a los ríos de Babilonia

Leer Más
El Salmo 137 y la influencia babilonia

Leer Más
La pausa valorativa en Babilonia

Leer Más

Share

El primer libro contiene todos los libros

El primer libro no se escribió sobre papel, pergamino, bambú ni seda, sino sobre piedras y barro cocido. Se llama la Epopeya de Gilgamesh.

La epopeya de Gilgamesh en una tablilla de barro (pasaje que narra el diluvio)

Me estoy refiriendo al género de la ficción, porque el I Ching, escrito por una civilización que todavía no podía llamarse china, quizá sea anterior. Tampoco podemos asegurar que no se escribiera antes alguna crónica, novela, poema o drama ahora  perdido, que quizá convertiría en menos asombrosos los recursos literarios que descubrimos en el relato de Gilgamesh.

Aunque hoy en día consideramos la Epopeya de Gilgamesh un relato de ficción, quienes lo escribieron lo consideraban la crónica historia de un hecho verdadero. En El Mahabharata y otros libros del tiempo dije que el tiempo escribe y reescribe los libros, pero a veces también cambia su género literario, como en este caso.

En la epopeya, que es como uan novela aunque está escrita en versos, se cuenta la historia de Gilgamesh, rey de la ciudad sumeria de Uruk, su rivalidad y amistad con el hombre bestia Enkidu y su búsqueda de la inmortalidad. Se cree que el rey Gilgamesh vivió hacia el año 2650 antes de nuestra era.

Trescientos años después, cuando ya reinaba el acadio (semita) Sargón en la ciudad de Akad, comenzaron a escribirse las primeras historias acerca de Gilgamesh.

En tiempos del rey Hammurabi de Babilonia, hacia el -1700, se escribió la llamada “versión antigua” de la epopeya de Gilgamesh, que se difundió por todas las tierras vecinas, en especial durante la dominación de Babilonia por los casitas.

Hacia el año -1000, bajo el imperio asirio, un exorcista llamado Sinleke’unnennî realizó la versión más conocida hoy en día, llamada “ninivita” porque fue encontrada en las ruinas de Nínive, en la biblioteca del rey Asurbanipal. Podemos considerar que Sinleke es el primer autor conocido de la historia.

El hombre bestia Utanapishti lucha con un león

El último fragmento conservado de la epopeya es del año -250, aunque todavía en el año 200 de nuestra era el autor latino Claudio Eliano se refiere a un antiguo héroe al que llama Gilgamos.

La mención más reciente, nos dice Jean Bottéro, es la del monje nestoriano Teodoro bar Qoni, quien, en el año 600, “le llama Gilgmos y lo convierte en el último de una serie de diez reyes antiguos que fueron contemporáneos de Abraham”.

Joaquín San Martín asegura que su nombre aparece en conjuros musulmanes del siglo XV. Finalmente, existe otra curiosísima influencia de Gilgamesh de la que hablaré en otro momento.

 

Un libro precursor de muchos libros

La Epopeya de Gilgamesh fue no sólo la primera obra literaria de la humanidad, sino también el primer bestseller, pues se hicieron traduciones de la historia desde el sumerio original a lenguas semitas como el acadio, el asirio, el babilonio e incluso el arameo, la lengua que hablaba Jesucristo. Pero también fue traducido a lenguas indoeuropeas como el hitita y a otras que no son semitas ni indoeuropeas, como el hurrita.

La epopeya de Gilgamesh, por tanto, influyó en todas las culturas vecinas a Mesopotamia durante al menos dos milenios, pese a que después cayese en el olvido casi absoluto a lo largo de casi otros dos mil años, hasta que, en el siglo XIX, las expediciones arqueológicas rescataron las civilizaciones mesopotámicas y descifraron la escritura cuneiforme. Por eso resulta tan asombroso que en este primer libro estén contenidos todos los libros.

Gilgamesh

En efecto, siempre que vuelvo a leer La epopeya de Gilgamesh encuentro nuevos orígenes: el primer viaje, el primer diluvio, la primera amistad, la primera relación de amor homosexual, la primera dicotomía entre naturaleza y civilización, el mito del buen salvaje, la primera interpretación de los sueños, las primeras ceremonias iniciáticas, la primera explicación etiológica, la primera tentativa de escapar a la muerte, y tantas otras cosas que están ahí por primera vez, por la razón ya mencionada: se trata de la primera obra literaria, y en cierto sentido, aunque esté escrita en verso, es también, como dije antes, la primera novela.

El mito del diluvio de Noé, por ejemplo, es el plagio más antiguo conocido. En La epopeya de Gilgamesh, Noé se llama Utanapishti, un hombre al que los dioses dicen que construya un gran barco porque va a caer un terrible diluvio sobre la tierra:

“Embarqué a mi familia
Y a toda la gente de mi casa,
Y animales salvajes, grandes y pequeños”

Al cabo de días y días de lluvia, la tierra quedó cubierta por las aguas. Utanapishti lanzó al aire golondrinas y palomas, que siempre regresaban al barco, porque no tenían donde posarse. Finalmente, lanzó un cuervo:

“El cuervo se fue
Pero al ver que las aguas se habían retirado,
Picoteó, grazno, chapoteó
Y ya no regresó.”

Hay otras asombrosas coincidencias entre los textos del Antiguo Testamento y el relato de Gilgamesh (y otros textos mesopotámicos), que ayudan a reconstruir el complejo origen de esa religión que Abraham aprendió en Ur de los caldeos y que Moisés llevó a Palestina, tras la estancia en Egipto, pero creo que los investigadores no han advertido la deuda contraída por los autores judíos con uno de los pasajes finales de la Epopeya de Gilgamesh:

“Gilgamesh, entonces se sentó
y lloró.
Y las lágrimas resbalaban por sus mejillas.”

El lector sin duda habrá advertido ese extraordinario matiz que introduce Sinleke’unnunni cuando dice que Gilgamesh “se sentó y lloró”. Lo habitual en estos casos, y eso es lo que hacen muchos narradores triviales, es decir tan sólo: “Lloró y las lágrimas resbalaban por sus mejillas”, pero Sinleke nos dice que Gilgamesh primero se sienta, y sólo entonces comienza a llorar. Es uno de esos detalles que nos permiten ver a través de la ficción la vida real, lo que James Wood llama, en Los mecanismos de la ficción, la hecceidad:

 “Por hecceidad entiendo cualquier detalle que atrae la abstracción hacia sí misma, y parece matar esa abstracción con una ráfaga de palpabilidad, cualquier detalle que centra nuestra atención gracias a su concreción”.

Uno de esos detalles concretos, dice Wood, se encuentra en Enrique IV de Shakespeare, cuando Falstaff cuenta cómo fue asaltado y describe el color del traje de sus atacantes: “Tres canallas vestidos de paño verde de Kendal me acometieron por la espalda”. Otro es aquel de Flaubert en Madame Bovary, cuando Emma Bovary acaricia los zapatos de satén “cuyas suelas habían amarilleado con la cera de la tarima del baile”.  Otro cuando Homero nos cuenta que en la dura carrera por las armas de Aquiles el gran héroe Áyax resbala en “estiércol de vaca”. En esos pasajes vemos esos detalles concretos, el paño verde de Kendal, las suelas manchadas de cera amarilla de la pista de baile, el estiércol de vaca, que quizá son innecesarios, pero que transmiten una sensación de realidad.

Por otra parte, quizá a algunos lectores el párrafo de Sinleke cuando Gilgamesh se sienta y llora la pérdida de la planta de la juventud les habrá recordado el hermoso título de una de las novelas de Elizabeth Smart: En Grand Central Station me senté y lloré, o la versión de Paulo Coelho: A orillas del río Piedra me senté y lloré.

Smart y Coelho tal vez no supieran que sus títulos procedían de Gilgamesh y creyeran que el origen es el Salmo 137:

“Junto a los ríos de Babilonia,
allí nos sentábamos, y aun llorábamos,
acordándonos de Sion.”

Es, por cierto, una curiosa paradoja que el autor del vengativo texto bíblico, en el que se dice “Dichoso el que tomare y estrellare tus niños contra la peña” refiriéndose a Babilonia, iniciara su salmo con un brillante recurso literario copiado de esos enemigos a los que detesta.

**********


[Publicado por primera vez en Divertinajes, La biblioteca ideal]

Esta entrada pertenece tanto a La biblioteca imposible como a La epopeya de Gilgamesh

LA EPOPEYA DE GILGAMESH

La epopeya de Gilgamesh

Leer Más
Gilgamesh y Canetti

Leer Más
El diabolus ex machina

Leer Más
La siembra de Gilgamesh

Leer Más
La paradoja de Gilgamesh

Leer Más
Dos hombres y un destino: Gilgamesh y Enkidu

Leer Más
El primer libro contiene todos los libros

Leer Más
Cuando los dioses hacían de hombres

Leer Más
¿Quién es el cazador furtivo?

Leer Más
Un jardín, un hombre, una mujer y una serpiente

Leer Más
Un poco de evemerismo mesopotámico

Leer Más
Junto a los ríos de Babilonia

Leer Más
El Salmo 137 y la influencia babilonia

Leer Más
La pausa valorativa en Babilonia

Leer Más
Las aventuras de Gilgamesh y Enkidu

Leer Más
Sinleke Unumi, uno de los primeros escritores

Leer Más

*************

Sobre el Salmo 137

El diabolus ex machina

Leer Más
El primer libro contiene todos los libros

Leer Más
Junto a los ríos de Babilonia

Leer Más
El Salmo 137 y la influencia babilonia

Leer Más
La pausa valorativa en Babilonia

Leer Más

LA BIBLIOTECA IMPOSIBLE

Libros que hablan

Leer Más
El Talmud y otros libros que contienen todos los libros

Leer Más
El primer libro contiene todos los libros

Leer Más
De nasis y el género nasal

Leer Más
Tritogenia , de Demócrito, y otros libros recuperados

Leer Más
Metalenguaje y otros libros que no has escrito

Leer Más
Cardenio, la obra perdida de Shakespeare
Shakespeare y Cervantes /1

Leer Más
El Shakespeare cervantino
Shakespeare y Cervantes /2

Leer Más
Los libros que queremos leer y el Cardenio
Shakespeare y Cervantes /3

Leer Más
La ciencia fuera de la ley

Leer Más
Los Cuatro Libros del Emperador Amarillo

Leer Más
Los libros de Dios

Leer Más
La Nueva Teología, deconstruyendo al Autor

Leer Más
Ossian de Macpherson

Leer Más
Los libros que escriben los lectores

Leer Más
Instantes de “Jorge Luis Borges”

Leer Más
LA HISTORIA NEMINE Y OTROS LIBROS DE NADIE

Leer Más
El libro en blanco

Leer Más
El Mahabharata y otras obras del tiempo

Leer Más
Pierre Menard, autor de Ficciones

Leer Más
Multi-funcionalismo , de Karin Öpfel

Leer Más
El revés y la trama

Leer Más
El libro múltiple y sus hiperlectores

Leer Más
La vida es una obra de teatro

Leer Más
Literatura mortal y otros libros que matan

Leer Más
Falsarios anónimos

Leer Más
A Juliana , de Jeffrey Aspern

Leer Más
Los libros improbables de la biblioteca imposible

Leer Más

Share

El diabolus ex machina

El deus ex machina es la intervención inesperada de algo o alguien que no tiene nada que ver con lo que se está contando, que aparece de improviso como un conejo de la chistera del mago, para solucionarle la vida a los personajes o al guionista o narrador.

Lo que hace el diabolus ex machina es, por supuesto, lo contrario: cuando ya todo parece solucionado, cuando estamos ya casi en el final feliz y el mal ha sido vencido, entonces una circunstancia inesperada, imprevisible y fortuita viene a estropearlo todo.

El primer ejemplo de diabolus ex machina se encuentra en la primera obra literaria de la humanidad, La epopeya de Gilgamesh, un relato conservado en muchos idiosmas, entre otros el sumerio, el acadio y el arameo. La epopeya cuenta el fracaso del rey de Uruk, Gilgamesh en su búsqueda de la inmortalidad. Ya casi en el desenlace de la historia, cuando Gilgamesh se dispone a regresar frustrado a Uruk, el barquero Utanapishti, un extraño personaje que recuerda a Noé (más bien habría que decirlo a la inversa, pues es aceptado que el mito del bíblico imita al de Utanapishti), le dice:

“Gilgamesh, tu viniste hasta aquí
con gran dolor y fatiga:
¿Qué te voy a dar cuando regreses a tu país?
Voy a revelarte
un misterio
A comunicarte
un secreto de los dioses

Se trata de una planta
con la raíz semejante a la del Falso-Jazmín,
Y cuyas espinas son como las de la zarza
listas para pincharte las manos.
Si consigues hacerte con ella,
habrás encontrado la vida prolongada.

No es lo mismo que la eternidad que acaba de perder, pero al menos Gilgamesh sí podrá prolongar su vida y recuperar la vitalidad de la juventud. Y quizá, ¿quién sabe?, intentar de nuevo alcanzar aquella inmortalidad perdida. Gilgamesh no lo duda un instante y se sumerge hasta el fondo del mar:

Donde encontró la planta.
Se apoderó de ella pese a los pinchazos

Entonces, el héroe, feliz y satisfecho tras todas las penurias que ha sufrido, le dice a su barquero UrShanabi:

“UrShanabi, ésta es la planta
Contra el miedo a la muerte:
Con ella,
se puede recobrar la vitalidad.
Voy a llevarla a Uruk, de los cercados,
donde para probar su eficacia
haré que la tome un viejo:
Porque su nombre es:
“El viejo rejuvenece”
Luego la tomaré yo mismo,
para recuperar mi juventud.

El regreso a Uruk es ahora feliz, gracias a este inesperado regalo de Utanapishti, que podríamos considerar un deus ex machina, pues se trata de un personaje que hasta entonces no había aparecido en la obra. Sin embargo, después de recorrer trescientos kilómetros, Gilgamesh y UrShanabi acampan:

Al ver Gilgamesh
un pozo de agua fresca,
Entró en él
para bañarse
Pero al olor de la planta
una serpiente
salió furtivamente de su madriguera
y se la llevó
De regreso
se quitó una piel.

La serpiente roba a Gilgamesh la planta de la juventud

La serpiente que roba a Gilgamesh la planta de la juventud, cuando ya todo parecía conducir al feliz desenlace, es el primer diabolus ex machina literario conocido. El desenlace feliz se ha convertido en trágico de manera imprevista:

Gilgamesh, entonces se sentó
y lloró
Y las lágrimas resbalaban por sus mejillas.
Tomó la mano de UrShanabi el Barquero
y le dijo:
“¿Para quién se agotaron mis brazos?
¿Para quién la sangre de mi corazón
se ha derramado?

El robo de la planta de la juventud también sirve para explicar por qué las serpientes cambian de piel y, de este modo, rejuvenecen.


La expresión diabolus ex machina es la contraparte del conocido deus ex machina, del que hablo tanto en mi libro Las paradojas del guionista como  en la página dedicada al libro: El deus ex machina.

El deus ex machina y el diabolus ex machina

¿Qué es el deus ex machina?

Leer Más
Dios y el deus ex machina

Leer Más
Cómo usar bien un deus ex machina

Leer Más
Primera defensa del deus ex machina

Leer Más
Aristóteles como deus ex machina

Leer Más
El diabolus ex machina

Leer Más
La siembra de Gilgamesh

Leer Más
El deus ex machina de la Medea de Eurípides

Leer Más
Maquiavelismo y narrativa

Leer Más

Sobre el Salmo 137

El diabolus ex machina

Leer Más
El primer libro contiene todos los libros

Leer Más
Junto a los ríos de Babilonia

Leer Más
El Salmo 137 y la influencia babilonia

Leer Más
La pausa valorativa en Babilonia

Leer Más

LA EPOPEYA DE GILGAMESH

Sinleke Unumi, uno de los primeros escritores

Leer Más
Las aventuras de Gilgamesh y Enkidu

Leer Más
La pausa valorativa en Babilonia

Leer Más
El Salmo 137 y la influencia babilonia

Leer Más
Junto a los ríos de Babilonia

Leer Más
Un poco de evemerismo mesopotámico

Leer Más
Un jardín, un hombre, una mujer y una serpiente

Leer Más
¿Quién es el cazador furtivo?

Leer Más
Cuando los dioses hacían de hombres

Leer Más
El primer libro contiene todos los libros

Leer Más
Dos hombres y un destino: Gilgamesh y Enkidu

Leer Más
La paradoja de Gilgamesh

Leer Más
La siembra de Gilgamesh

Leer Más
El diabolus ex machina

Leer Más
Gilgamesh y Canetti

Leer Más
La epopeya de Gilgamesh

Leer Más

Share