La paradoja de secleb

Ana Aranda me ha enviado un correo a propósito de lo que dije acerca de la palabra secleb y de la paradoja que esconde (vínculo a SECLEB). El correo de Ana es tan interesante que lo reproduzco aquí:

“La definición de SECLEB es divina, me encanta. Creo que la paradoja está en esta definición: “Secleb es aquella palabra que se usa para referirse a las palabras que no existen en ningún idioma conocido”. Pero además Secleb es una palabra que no existe en ningún idioma conocido. Tiene una doble función. Si no me equivoco Secleb podría ser un ejemplo de la paradoja de Russel. Seblec podría ser un elemento de un conjunto que se contiene a sí mismo.
Tenemos un conjunto de palabras que no existen en ningún idioma conocido, con varios elementos, que podrían ser Sivanvi, ostrasli, uslekax… Pero además tenemos un conjunto con las palabras que se usan para referirse a las palabras que no existen en ningún idioma conocido, con un elemento: Secleb.
La paradoja de Russell ha sido expresada en este ejemplo que parece más sencillo: «El barbero de esta ciudad, que afeita a todos los hombres que no se afeitan a si mismos, ¿se afeita a sí mismo?»
Secleb es aquella palabra que se usa para referirse a las palabras que no existen en ningún idioma conocido. ¿Secleb es un Secleb?”

 Pues sí, no pensé en la paradoja de Russell de manera consciente, pero sí, parece que secleb es un habitante de ese mundo. El asunto es tan interesante, que dentro de poco haré una entrada dedicada a la paradoja de Russell.

Ana pone el ejemplo del barbero que afeita a todos los que no se afeitan a sí mismos en el pueblo… ¿se afeita a sí mismo?

Es un ejemplo excelente que me recuerda un texto breve de Mark Twain en el que cuenta que al llegar a un pueblo supo que sólo había dos barberos y que todo el mundo se cortaba el pelo con uno o con el otro. Uno de los barberos estaba desgreñado, tenía trasquilones y cortes en la cara. El otro tenía un corte de pelo excelente. Mark Twain, naturalmente, decidió cortarse el pelo y afeitarse en el barbero desgreñado y lleno de trasquilones y cortes.

Bertrand Russell

 

Volviendo a la paradoja de Russell, él hablaba de los conjuntos que se contienen a sí mismos, de los que no se contienen a sí mismos y del conjunto de los conjuntos que no se contienen a sí mismos. ¿Ese conjunto se contiene a sí mismo?

Paradojas semejantes, pero que no son realmente la paradoja de Russell, son palabras como esdrújula, que es esdrújula, o pentasílaba que es pentasílaba, mientras que monosílaba no es monosílaba.

Pero el caso de secleb como dice Ana, sí parece pertenecer al mundo de las paradojas de Russell, o hallarse muy cerca o incluso ir más lejos. Porque secleb es una palabra cuya definición es: “Aquella palabra que se usa para referirse a palabras que no existen en ningún idioma conocido”. Es decir, podemos decir que probablemente cretnyas es un secleb, pero que madre no lo es. El problema, como bien dice Ana, es si secleb es un secleb.

Lo era sin duda hace unos días, pero ¿lo sigue siendo ahora? Hace unos días secleb no aparecía en Google y ahora sí aparece. O eso parece…

En realidad, secleb no ha sido creada por mí, sino por Michel S. Gazzaniga, como puedes leer en la entrada correspondiente y por ello secleb ya aparecía antes que en Google en el libro de Gazzaniga El cerebro social. Por tanto existía en inglés (en el libro de Gazzaniga) y en español al menos. Si somos estrictos y acatamos las normas de la Academia de la lengua, tal vez se podría decir que secleb no existía en español, pero sí en inglés, porque los anglosajones siguen la sana costumbre de considerar palabras existentes todas aquellas que han aparecido impresas.

Sí, me dirás, entonces también son palabras de la lengua inglesa iasy o lomon, porque alguna vez alguien habrá publicado en algún libro easy y lemon con esas faltas de ortografía.

¿Y yo qué te respondo a esto? Pues nada, porque no sabría que decir. Ahí está el busilis. Casi nunca hay soluciones definitivas a nada, pero es posible que incluso en español existan palabras que creemos correctas y que proceden de un error que los primeros gramáticos (como el célebre Nebrija) no advirtieron.

Y vuelvo a Gazzaniga. No he leído su libro en el original inglés, así que es posible que él pusiera una palabra que no existe en inglés pero que sí existe en español y que entonces secleb pertenezca al traductor.

En cualquier caso, aunque seguramente Gazzaniga o el traductor pueden presumir de ser autores de la primera aparición de secleb impresa, he sido yo quien la ha definido por primera vez. Y también quien la ha puesto en la red mundial (o al menos en la red mundial conocida por Google).

 

La otra paradoja de Secleb

Pero yo pensaba en otra paradoja relacionada no directamente con secleb sino con las palabras que son seclebs.

Decimos que cretnyas es un secleb: una palabra que no existe en ningún idioma conocido. Pero, el acto de decir que cretnyas es un secleb, ¿no hace que cretnyas deje de ser un secleb?

A lo mejor podemos distinguir entre los secleb conocidos y de los secleb no conocidos…

(continuará)

 

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Publicado por primera vez el 8 de septiembre de 2005

Originally posted 2005-09-07 12:01:00.

Secleb y la Biblioteca de Babel

Borges es uno de mis autores favoritos. He leído probablemente todos sus libros, algunos de ellos varias veces y también muchos dedicados a analizar su obra, entrevistas o conferencias. Pero Borges apenas ha aparecido en mi página. Es una ausencia que comienza a ser corregida con esta entrada.

Borges no sólo es una delicia inagotable por sus cuentos y ensayos, sino que es uno de esos autores que hacen interesantes a todos o casi todos sus comentadores. Ya me he referido alguna vez a esto, pero aplicándoselo a otros autores igual de estimulantes y contagiosos, como Shakespeare, Platón, Einstein o Goethe. Muchos desprecian a Eckerman, el confidente de la vejez de Goethe, pero pocos consideran que sus Conversaciones no sean una lectura extraordinaria (incluído el siempre implacable Nietzsche).

Los biógrafos de Borges tampoco pueden evitar escribir libros interesantes. Es obvio que casi todo el mérito pertenece a Borges: sólo de vez en cuando surge un Samuel Johnson capaz de aportar tanto al comentario sobre Shakespeare como el propio Shakespeare.

No sé si has leído el cuento de Jorge Luis Borges La biblioteca de Babel. Si no lo has hecho, puedes leerlo antes de continuar con esta entrada: Jorge Luis Borges, La biblioteca de Babel

Doy por supuesto que ya lo has leído.

La biblioteca de Babel fue escrito en 1941 y ha sido tal vez uno de los más interpretados por lectores y expertos en Borges. Además, Internet rebosa de artículos y páginas dedicadas a La Biblioteca de Babel. Una de las razones de esta presencia de Borges en la red es que existen ciertas semejanzas evidentes entre la Red Mundial digital o Internet y la Biblioteca imaginada por Borges. Pero también hay diferencias.

 

“El universo (que otros llaman la Biblioteca)…”

La Biblioteca de Babel, de forma hexagonal, contiene un número que parece infinito de libros, pero que quizá sólo es inconcebible para nuestras mentes, que se pierden mucho antes de llegar a imaginar diez mil seres:

“A cada uno de los muros de cada hexágono corresponden cinco anaqueles; cada anaquel encierra treinta y dos libros de formato uniforme; cada libro es de cuatrocientas diez páginas; cada página, de cuarenta renglones; cada renglón, de unas ochenta letras de color negro”.

Si a este dato se le añade el límite de los símbolos empleados…

“Todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto”.

…se puede calcular la cifra:

“Así, cada libro tiene 410 páginas (al revés, 014, número recurrente en Borges. ¿Casualidad?). Cada página tiene 40 renglones, es decir 164000 renglones en un libro. Cada renglón tiene 80 letras, esto es, hay 1.312.000 letras en un libro. Ya que sólo pueden utilizarse 25 símbolos, el número total de posibilidades es de 251312000 (número, aunque vastísimo, no infinito)”.

Cálculos realizados por SANTIAGO GALLEGO FRANCO en Borges el cuentista

251.312.000. Un número descomunal, pero no infinito. Aunque me asalta la duda de si a ese número no habría que sumarle muchos más, puesto que Borges, o el pobre desdichado que en su cuento “fatiga los hexágonos de la Biblioteca”, dice que los libros están escritos en todos los idiomas que existen (¿se supone que transcritos a 22 caracteres y tres signos de puntuación concretos?).

Eso significa que un libro que contenga los mismos caracteres podría estar escrito en dos idiomas, que un libro en el que encontremos la palabra “sin” debamos leer lo que esta palabra significa en español (lo opuesto de “con”), pero que en otro libro la lectura correcta será su significado anglosajón: “pecado”. En un tercero, quizá en una transcripción de una gramática de griego antiguo, “sin” significaría “con”.

Pero tal vez esas interpretaciones pertenezcan al lector, y la combinación de caracteres, líneas y páginas sea sólo una para todos los idiomas y combinaciones de idiomas. Por este camino tal vez llegaríamos a plantear que bastaría un sólo libro para contener todos los libros: en algún idioma posible cualquier significado posible será expresado por cualquier combinación de signos.

Sin embargo, no voy a ir por ese camino que, en mi opinión, prohíbe explícitamente el relato de Borges. Esa interpretación tal vez se acerque más a algunas sugerencias de los místicos árabes acerca del Corán. Lo que ahora me interesa del asunto es la relación inesperada entre secleb y la Biblioteca de Babel (si no has leído las entradas dedicadas a secleb, puedes hacerlo ahora, accediendo a ella desde los enlaces de la barra lateral).

Digo que es una relación inesperada porque, aunque es evidente que existía cierta relación entre secleb y la Biblioteca de Babel y que yo leí el cuento de Borges hace quince años o más, pero en el momento de definir secleb hace unos días yo no era consciente de esa relación. La sorpresa vino cuando revisé las últimas novedades en Google acerca de secleb.

Como dije en el artículo inicial de Secleb, cuando escribí secleb en mi página por primera vez, el día 6 de septiembre de 2005 , no había en Google ninguna página en la que se hablase de secleb. Pero, al buscar secleb en Google ayer, día 19 de septiembre de 2005, he encontrado cinco páginas con la palabra secleb. Tal como preví, la primera de ellas era mi propia página:

secleb

Otras dos páginas parecen referirse no a secleb directamente, sino a una combinación de dos abreviaturas: SECleb y SECLEb.

Otra de las páginas resulta especialmente intrigante porque secleb aparece como una dirección de correo electrónico. Ya he escrito a esa persona y espero los resultados.

Pero la página más interesante que aparece en Google al poner secleb es esta:

secleb

Sí, en efecto, es una página de uno de los libros de la Biblioteca de Babel. Como es lógico, secleb es una de las palabras que tiene que aparecer en los libros de la biblioteca imaginada por Borges, porque SECLEB es una combinación de ese abecedario de 22 letras, punto, coma y espacio. ¿Quiere decir algo secleb en el libro babélico en el que aparece o es sólo una mera combinación de letras?

Lo curioso es que cuando viajas al vínculo de la biblioteca de Babel encuentras, en efecto, una página de ese libro e incluso te indican la posición exacta del libro en los hexágonos sin fin:

You are in hexagon 227652, -129486, 341339 and you are reading the two hundred twenty-eighth page of the twentieth book of the ninth shelf.

Novena estantería, libro veinte, página doscientos veintiocho…

Sin embargo (lo he comprobado) en la página, en esa página 228, no aparece la palabra secleb.

Así que me pregunto por qué secleb es reconocida como una palabra de la Bibliotecade Babel y sin embargo no se corresponde la referencia: ¿algún bibliotecario descuidado intercambió dos libros?

También me hago otra pregunta: antes no aparecía secleb en Google, ni siquiera en esa Biblioteca de Babel digital, ¿por qué aparece ahora? ¿Aparece porque yo la puse en Internet?, ¿por simple casualidad?, ¿porque ese libro no era accesible? Probablemente porque la Biblioteca de babel rastrea de manera automática cualquier nueva palabra aparecida en Internet y la asigna a un hexágono (¿real o imaginado?).

 


 

BORGES EN BABEL DIGITAL

Los vínculos a Borges y a las obras de Borges no acabarían nunca, pues es uno de los autores más mencionados y comentados en Internet, así que me limito a proporcionar algunos especialmente interesantes.

BORGES BABEL BUILDER

Ofrece un cálculo quizá más correcto que el que mencioné antes, acerca de la cantidad de libros que hay en la Biblioteca de Babel:

Borges secleb

También te da la posibilidad de construir tu propia Biblioteca, con formas distintas al hexágono (precisamente los cinco sólidos platónicos de los que hablé hace unos días al referirme a Kepler.

The Library of Babel (La biblioteca de Babel), es la página en la que están, se supone, todos los libros de la Biblioteca de Babel. De ser cierto, la Biblioteca estaría contenida en Internet, en vez de a la inversa. Esta Biblioteca parece haber sido construida por los constructores del Borges Babel Builder. El enlace a la página en la que puede verse la Biblioteca de Babel y leerse el cuento de Borges en inglés es este: The Library of Babel. Pero si lo que quieres es consultar un libro, puedes hacerlo con este enlace: Página del libro en la que debería aparecer secleb.

The Borgesian Cyclopedia, es una página completísima desde la que puedes enlazar con otras páginas dedicadas a Borges.

Especialmente interesante es A dictionary of Borges, un libro de 279 páginas escrito por Evelyn Fishburn y Psiche Hughes y con prólogos de Anthony Burgess y Mario Vargas Llosa. Trata de los personajes, obras y autores reales o ficticios de las que habla Borges en sus cuentos, pero no de las invenciones propiamente borgianas. Así, hay una entrada para Lord Jim de Joseph Conrad o para Zunz, pero no una para La Biblioteca de Babel (aunque sí para Babel y para Babilonia).

En cuanto al ensayo Borges el cuentista, de Santiago Gallego Franco, que he mencionado antes, es una buena aproximación al tema, breve y clara.

Acerca de las semejanzas y diferencias entre la Red o Internet y la Biblioteca de Babel, un artículo escrito por Christopher Rollason en respuesta a otro de Ignacio Ramonet: Borges, Libray of Babel and the Internet

Escribí un comentario al Prefacio de Samuel Johnson a las obras de Shakespeare en el weblog Turista en Madrid: Johnson y Shakespeare. Pero es más interesante un texto específicamente dedicado a comentar el libro Shakespeare según Johnson.

Sobre Goethe he escrito de vez en cuando, por ejemplo en el weblog Circolo dei forestieri el día 27 de agosto de 2003. Pero también escribí un comentario al libro de Goethe Viaje a Italia.

Sobre Einstein, hace poco he hablado en este blog (Mundo flotante) de la biografía de Dennis Overbye y volveré a hacerlo pronto.

Acerca del Corán como libro eterno (como la Biblioteca de Babel) y ciertas interpretaciones, escribí hace años un cuento llamado La nueva teología, del que hablaré próximamente, también en relación con secleb.

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 [Publicado por primera vez el 20 de septiembre de 2005 en Mundo flotante]

NOTA  de 2012

He escrito recientemente un artículo acerca de Borges como precursos de Internet y el hipervínculo: Borges, santo patrón del hiperenlace. También lo cuento en El guión del siglo 21.

El cuento que menciono en relación al Corán y la interpretación de los textos sagrados, La nueva teología, ganó poco después el segundo premio del II concurso de relatos La Revelación, y apareció publicado en El camino de los mitos II, que puedes conseguir aquí. El relato pertenece a la antología del futuro Recuerdos de la era analógica, también editada por Evohé, aunque no está incluido en ella al haber sido editado anteriormente.

Algunos de los textos y enlaces que menciono más arriba no funcionan, pero los activaré en los próximos días.


JORGE LUIS BORGES

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¿Qué es secleb?

Está página está dedicada a secleb, una idea que nació en el weblog Mundo flotante.

Aquí reuniré todas las entradas y comentarios relacionados con secleb, así como los hallazgos de secleb en Internet. Lo primero que nos interesa es la definición de secleb.

SECLEB:

“Dícese de aquella palabra que se usa para referirse a las palabras que no existen en ningún idioma conocido”.

Y con este acto, me apropio la definición de una nueva palabra, que a partir de ahora espero que Google encuentre.

Gracias a mí, Secleb existe en la Red. Decía Goodman que las palabras crean mundos, así que los constructores de palabras estamos creando nuevos mundos. Y la verdad es que resulta bastante fácil.

No sé si a alguien se le habrá ocurrido la idea de crear nuevas palabras, pero de vez en cuando crearé alguna nueva, poniéndola en circulación mundial al escribirla en esta página.

[Quizá Google todavía no encuentre Secleb, pero seguro que tras su próximo rastreo de fin de mes sí]

Paradoja: quizá te has dado cuenta, al leer lo anterior, de que una paradoja acecha. ¿Sabes cuál? Mientras lo piensas, te contaré el origen de Secleb.

De cómo apareció secleb

Secleb apareció por casualidad, al rescatar de mis ediciones privadas un comentario al libro de Michel S.Gazzaniga El cerebro social.

Dice Michel S. Gazzaniga:

“Cómo es posible que el cerebro pueda reconocer casi instantáneamente que “secleb” no es una palabra de nuestro idioma? El vocabulario de una persona puede estar compuesto por 250.000 palabras, “Secleb” podría ser una de ellas, ya que posee todos los elementos fonémicos y grafémicos característicos de una palabra; con todo, nos hemos dado cuenta de inmediato de que no es una palabra de nuestra lengua. ¿Por qué no ha sido necesario que el cerebro consultase su diccionario palabra por palabra antes de tomar una decisión?”.

Me preguntaba yo entonces ante la pregunta de Gazzaniga: “¿Y si sí lo ha hecho?”, ¿y si el cerebro sí que ha consultado ese diccionario palabra por palabra?

Más adelante dice Gazzaniga:

“¿Por que un humano (un cerebro humano) trabaja más rápido cuanto más sabe, mientras que un artefacto (un ordenador) cuantos más conocimientos tiene más lento trabaja? “.

[Fin de las Notas de 1997 y 2000 a Michel S. Gazzaniga: El cerebro social, 192ss]

 

Apunté al margen:

“Esto es muy interesante y cierto. Cuando un ordenador está cerca de llenar su capacidad de memoria se enlentece. Le podemos añadir más memoria para que recupere su ritmo normal. Esto no parece ser el caso del cerebro, a no ser, hipótesis descabellada tal vez, que la propia información que proporcionamos al cerebro se convierta también de algún modo en nutriente del cerebro. Otra teoría más plausible sería que la información abriese más y más módulos de memoria, de tal modo que el cerebro aumentase su capacidad a medida que aumenta también su información. Sería interesante encontrar una metáfora o comparación de algo que actúe igual que el cerebro, es decir que aumente su eficacia cuando aumenta su complejidad (sin limitarnos a la mera suma de energía externa de los ordenadores).”

Y tiempo después añadí:

NOTA 15 de noviembre de 2000:
Pero sigo preguntando lo mismo: Gazzaniga dice que el cerebro no tiene necesidad de consultar su tremendo diccionario, pero quizá sí lo haga. Quizá sí que lo consulte. De hecho, resulta difícil explicar de otra manera por qué el cerebro sabe al instante que secleb no es una palabra castellana.

Ahora, en septiembre de 2005, sigo pensando lo mismo. Aunque Gazzaniga da por sentado que el cerebro no repasa su vocabulario de 250.000 palabras para decidir que “secleb” no estaba allí archivada como palabra válida, pero hay razones para pensar que sí lo hace. Cuando usamos un corrector de textos en un ordenador, las palabras son reconocidas al instante como correctas o incorrectas. Es evidente que el ordenador lo hace por comparación con las que tiene almacenadas en su memoria. De este modo, precisamente, encuentra que Secleb no está ahí.

No sé cuántas palabras puede tener un corrector de estilo de un procesador de texto, pero pensemos sencillamente en Google, que puede acceder en instantes a millones de palabras y reconocer que “Secleb” no existe ni en español ni en ninguno de los idiomas que maneja: he hecho la prueba y Google no ha encontrado ni un sólo documento con “secleb”. Según todos los cálculos, las combinaciones que hacen nuestras neuronas superan de manera prodigiosa a las que están al alcance de cualquier ordenador.

[Publicado en Mundos flotantes, 6 de septiembre de 2005]

Ahora, en este ‘ahora’ que corresponde ahora a noviembre de 2011, me reafirmo en mi opinión de que el cerebro sí consulta el diccionario, aunque lo haga en un tiempo tan asombrosamente breve que no nos demos cuenta de ello. También consulta su increíble banco de imágenes, olores, sabores y recuerdos cada vez que vemos algo o probamos un alimento u olemos un perfume. No se me ocurre otra explicación para entender cómo sabemos, a menudo al instante, que algo ya lo hemos visto, y no sé qué otra posible explicación consideraba Gazzaniga. Ahora que los ordenadores hacen en instantes lo que antes tardaban días, horas o minutos, empezamos a atisbar las inmensas capacidades de nuestras neuronas.

En cuanto a Secleb, ahora en Google aparecen más resultados que antes, aunque muchos de ellos están relacionados con mis propias páginas acerca de Secleb.


SECLEB

¿Qué es secleb?

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Secleb y la Biblioteca de Babel

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La paradoja de secleb

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