La razón de la emoción

Los expertos no se ponen de acuerdo en si nuestro cerebro funciona, desde el punto de vista psicológico, racional y emocional, mediante dos hemisferios o mediante diversos módulos.

La teoría psicológica del hemisferio derecho enfrentado al izquierdo ha sido muy matizada por los científicos en los últimos lustros, tras el entusiasmo inicial, que provocó un montón de teorías simplistas que lo explicaban todo, reduciendo nuestra vida mental a un contraste o balance entre esos dos hemisferios, uno creativo y otro racional, uno emotivo y otro intelectivo.

hemisferios cerebrales

Representación popular de los dos hemisferios

 En la actualidad los neurólogos, los neurobiólogos evolucionistas y los neuropsicólogos están haciendo interesantísimos descubrimientos acerca de cómo funciona nuestro cerebro cuando pensamos y cuando sentimos. No cabe duda de que en los próximos años nos esperan fascinantes descubrimientos.

A la espera de mayores aclaraciones acerca de hemisferios o módulos cerebrales, podemos admitir que existe una cierta diferencia en nuestros procesos mentales entre emoción y razón, pero también una indudable conexión entre ambas cosas, como mostró hace años el portugués Antonio Damasio en su fascinante libro El error de Descartes, en el que mostró la importancia de las emociones en las decisiones racionales. Por su parte, Daniel Kahneman en Pensar rápido, pensar despacio, propone distinguir entre Sistema 1 (más instintivo) y Sistema 2 (más analítico), pero aclarando que son dos maneras de pensar que no tienen por qué corresponderse con partes concretas del cerebro.

De todos modos, mi opinión es que la dicotomía clásica entre razón y emoción es falsa, o la menos incorrecta en algunos detalles. Siempre me ha llamado la atención, por ejemplo, que quienes hablan constantemente del “corazón” como guía de la conducta acaban mostrándose extraordinariamente intelectualistas y que una de las más interesantes paradojas del pensamiento mágico y espiritual es su exagerado materialismo (Cuando el mundo espiritual nos habla).

Del mismo modo, muchos de los que recomiendan guiarse por la razón desencarnada, en realidad se dejan llevar por sus emociones tanto como los otros. Por emociones que a menudo son muy mediocres, como las que hacen que alguien sea insensible a la muerte y el sufrimiento ajeno, o que incluso disfrute con ello. Los ejemplos son evidentes: Hitler, Lenin, Mao, Stalin… todos ellos muy científicos y razonadores en la construcción de sus crímenes. Porque la razón fría y calculadora es un tipo de emoción, excepto quizá en el caso extremo de los psicópatas.

La conclusión más razonable es que, en la mayoría de las situaciones,  ni la razón trabaja sin emoción ni la emoción trabaja sin razones.

Una vez establecido esto, vale la pena llamar la atención acerca de nuestra costumbre, a menudo exagerada, de superponer nuestras emociones a cualquier posible razonamiento. Hace tiempo leí que en una universidad de Estados Unidos habían comprobado que los votantes convencidos de una ideología eran literalmente incapaces de escuchar cualquier razonamiento de sus rivales.

Las pruebas se hicieron con personas que preferían a John Kerry (candidato demócrata a la presidencia del gobierno) y otros que preferían a George W.Bush (presidente y candidato a un segundo mandato). No es que a los votantes de Kerry les desagradasen las opiniones de Bush, sino que, antes incluso de oírlas, solo con ver su rostro, en su cerebro se activaba una zona que tiene relación con sentimientos de rechazo, como el odio, el asco y el miedo. Lo mismo sucedía entre los votantes de Bush cuando veían a Kerry. Sin embargo, cuando una persona veía a su candidato, se activaba un área cerebral relacionada con el razonamiento: ahora sí estaba dispuesto a reflexionar acerca de lo que escuchara. Lo expliqué con más detalle en La ciencia confirma el pensamiento no alternante, así que aquí sólo citaré una conclusión evidente:

“Si a alguien la mera visión de un político le causa irritación, sarpullidos, alergia o ira incontenible, sus opiniones acerca de cualquier cosa que diga ese político no resultarán muy fiables”.

Kerry y Bush

Kerry y Bush. Lo más probable, querido lector, es que, sin poder evitarlo, sientas un desagrado instintivo nada más ver a uno de los dos.

Continúa en El asco como categoría moral

**********************

[Publicado por primera vez en Divertinajes el 17 de octubre de 2012]

***************************

cuaderno-de-psicología-escher_bond

La memoria holográfica

Leer Más
La definición de inteligencia

Leer Más
Hardy, Casanova y el ideal

Leer Más
Las lecciones de la experiencia

Leer Más
Metáforas del cuenco

Leer Más
La identidad y el mito de los orígenes

Leer Más
Refrán intuitivo

Leer Más
Innato no significa ni bueno ni recomendable

Leer Más
Inteligencia intuitiva, de Malcom Gladwell

Leer Más
La ceguera psicológica

Leer Más
Curiosidad

Leer Más
Viaje a la esencia

Leer Más
La falsa modestia y la soberbia cierta

Leer Más
La obsesión por clasificar

Leer Más
CUADERNO DE PSICOLOGÍA Y NEUROCIENCIA

Leer Más
Percepciones no percibidas

Leer Más
Parientes cercanos

Leer Más
El diablo y la maledicencia

Leer Más
Vestir con ropajes ajenos

Leer Más
La inteligencia contra los test de inteligencia

Leer Más
Los personajes de Kundera

Leer Más
El asco como categoría moral

Leer Más
Maquiavelismo y narrativa

Leer Más
La persistencia de la sensación

Leer Más
El futuro en el presente: retroproyección futura

Leer Más
Enfermedades y emociones

Leer Más
Hacer y querer y terapia breve

Leer Más
McLuhan y la subjetividad

Leer Más
Freud renace

Leer Más
Los crímenes del amor

Leer Más

******

 BREVE INVESTIGACIÓN ACERCA DEL PESIMISMO Y EL OPTIMISMO

[pt_view id=”7b32bf09xy”]

ENTRADAS DE ÉTICA Y COSTUMBRES

La máximas de Ptahhotep

Leer Más
Los charlatanes, según Plutarco

Leer Más
Somos lo que comemos

Leer Más
Ética y política en Aristóteles

Leer Más
La suavidad de las costumbres

Leer Más
El placer y la salud

Leer Más
La maledicencia

Leer Más
El feísmo y hacerlo mal demasiado bien

Leer Más
El diablo y la maledicencia

Leer Más
Menos humos

Leer Más
Casanova y los vividores

Leer Más
NO SMOKING (decía Varona)

Leer Más
Plutarco y los moralistas

Leer Más

ENTRADAS DE FILOSOFÍA

Creadores y desmitificadores

Leer Más
Los honestos materialistas

Leer Más
Níveles y metaniveles: autores y dioses

Leer Más
Test de Turing y solipsismo

Leer Más
La escuela negativa del taoísmo

Leer Más
Susan Sontag

Leer Más
Cornwallis y Demócrito

Leer Más
La metafísica de la ética

Leer Más
La fidelidad de la tradición

Leer Más
LOS SIETE SABIOS CHINOS /1

Los siete sabios del bosquecillo de bambú /1


Leer Más
Xi Kang (嵇康)

Los siete sabios del bosquecillo de bambú /2


Leer Más
William James y lo nuevo viejo

Leer Más
Ficción especulativa costumbrista

Leer Más
Breve historia de la decadencia de la lengua filosófica francesa

Leer Más
Las moscas, Hofstadter y los vampiros

Leer Más
Los buenos aforismos

Leer Más
Una regla de discusión de Juliano

Leer Más
Kungzi según Gore Vidal

Leer Más
Aristóteles en Toledo y la nariz de Freud

Leer Más
Semblanza de Enrique José Varona

Leer Más
El mundo de Oz

Leer Más
Consejos para banquetes y reuniones

Leer Más
Más sobre ética y metafísica

Leer Más
Filósofos – De Aristóteles a Zenón

Leer Más
La ética de la estética

Leer Más
Demócrito, filósofo y detective

Leer Más
La presencia en mentes ajenas

Leer Más
David de Dinant y los noumenos

Leer Más
Nozick y la justificación del mal

Leer Más
La autonomía de los personajes y Nozick

Leer Más

Originally posted 2014-01-12 12:46:37.

Controlar la mente es depresivo

hojaoceano

Se dice en el Gaudapada Gita:

“Controlar la mente sin caer en depresión es como usar una única hoja de hierba para vaciar el océano, gota a gota”.

No tengo muy claro si lo que critica es el deseo de controlar la mente por parte de ciertos yoguis o, lo que sería más interesante quizá, es un reconocimiento de que para controlar la mente hay que pasar por ciertas depresiones.

O tal vez sea una recomendación para acudir a un maestro o aceptar una metafísica o mística como la de su escuela para lograr controlar la mente sin caer en depresión.

 

GAUDAPADA GITA

Sueño y vigilia en el Gaudapada Gita

Leer Más
Los asombrosos sueños

Leer Más
Gaudapada contra el ritualismo

Leer Más
Metáforas del cuenco

Leer Más
Argumento contra la eternidad

Leer Más
Gaudapada y Wittgenstein

Leer Más
La ilusión de la ilusión

Leer Más
Las múltiples apariencias de lo que es

Leer Más
¿Es posible dialogar con un creyente?

Leer Más
Controlar la mente es depresivo

Leer Más
La analogía del tizón de Gaudapada

Leer Más

Originally posted 2007-12-05 16:33:57.

Coincidencias significativas

Jung, el discípulo herético de Freud, llamaba “sincronización” a esos momentos de revelación en los que cosas aparentemente inconexas parecen señalar en una misma dirección. Es lo que pasa en las películas cuando el héroe se decide a entrar en acción y lanzarse a la aventura. Pues bien, estos días he tenido varias de estas coincidencias significativas.

Primero recordé el chiste de una inundación en el Bilbao.

Cae una lluvia torrencial y un vecino, Patxi, se lo toma todo con mucha calma.

“Patxi”, le dicen sus vecinos, “mejor que te refugies porque va a caer una buena”. Y Patxi responde que no: “Dios proveerá”. Sigue la lluvia y las calles comienzan a inundarse.

Le dicen a Patxi que salga de casa y él dice que no: “Dios proveerá”. La lluvia llega ya hasta el segundo piso de las casas y Patxi se sube al tejado.

Llegan unos vecinos en una barca y le dicen: “Sube, Patxi, que te vas a ahogar”. Y Patxi que no: “Dios proveerá”.

Patxi ya está agarrado a la antena, con el agua al cuello, cuando llega un helicóptero y le dicen: “Sube por la escala, Patxi, que te ahogas”. Y Patxi que no: “Dios proveerá”.

Total, que Patxi se ahoga.

Llega al cielo y se encuentra con Dios y le dice: “Dios, qué pasa pues, que me has dejado morir. Yo que pensaba que me ibas a ayudar…”

Y Dios le dice: “Hombre, Patxi, te mandé a los vecinos nada más llover, te mandé la barca, te mandé un helicóptero, ¿qué mas querías que hiciera?”.

Después de este chiste, Iván me contó uno parecido:

Un escalador está casi en la cumbre del Himalaya y entonces se cae montaña abajo. El escalador grita y se lamenta: “Socorro, socorro, que alguien me ayude! Socorro, hay alguien ahí? ¿Hay alguien ahí?”. Y se oye una voz atronadora que dice: “Sí, soy Dios, estoy aquí”.

Y dice el escalador: “Ya, ya… pero, ¿hay alguien más?”

Tras esto, leyendo proverbios griegos en la Biblioteca encontré este:

“Aun contando con la ayuda de Atenea, mueve la mano”

El proverbio se cuenta por un luchador al que antes del combate la diosa Atenea le aseguró que iba a vencer. Así que el púgil entró en el pugilato y se quedo quieto y el rival le molió a golpes. Y perdió, claro.

carnaka y elefante

Esto me llevó a la historia del discípulo vedanta al que su maestro le dice que todo es lo mismo, que todo es Uno y que no hay diferencias, que tú eres yo y que yo soy tú.

Un día el discípulo va caminando y se encuentra con un elefante desbocado que va contra él. Y el conductor del elefante le dice que se aparte y el discípulo piensa: “Yo y el elefante somos la misma cosa, no tengo nada que temer.” Y no se aparta. Y el elefante le tritura.

Cuando se ha recuperado, va a ver a su maestro vedanta y le dice: “Fíjate lo que me ha pasado por creer lo que me dijiste: como tú me habías dicho que todo era lo mismo, yo pensé que el elefante era yo, así que no temí nada”.

“Ya, dice el maestro, pero tú también eras el conductor del elefante y ¿es que no te oíste a ti mismo diciéndote que te apartaras?”

Y finalmente, todo esto, más o menos conectado, se conectó del todo cuando revisando el curso de guión para las clases vi el consejo de Buda que dice: “No se cura uno leyendo el prospecto, sino tomándose la medicina”.

*********

[6 de noviembre de 2003]

cuaderno-de-psicología-escher_bond

La memoria holográfica

Leer Más
La definición de inteligencia

Leer Más
Hardy, Casanova y el ideal

Leer Más
Las lecciones de la experiencia

Leer Más
Metáforas del cuenco

Leer Más
La identidad y el mito de los orígenes

Leer Más
Refrán intuitivo

Leer Más
Innato no significa ni bueno ni recomendable

Leer Más
Inteligencia intuitiva, de Malcom Gladwell

Leer Más
La ceguera psicológica

Leer Más
Curiosidad

Leer Más
Viaje a la esencia

Leer Más
La falsa modestia y la soberbia cierta

Leer Más
La obsesión por clasificar

Leer Más
CUADERNO DE PSICOLOGÍA Y NEUROCIENCIA

Leer Más
Percepciones no percibidas

Leer Más
Parientes cercanos

Leer Más
El diablo y la maledicencia

Leer Más
Vestir con ropajes ajenos

Leer Más
La inteligencia contra los test de inteligencia

Leer Más
Los personajes de Kundera

Leer Más
El asco como categoría moral

Leer Más
Maquiavelismo y narrativa

Leer Más
La persistencia de la sensación

Leer Más
El futuro en el presente: retroproyección futura

Leer Más
Enfermedades y emociones

Leer Más
Hacer y querer y terapia breve

Leer Más
McLuhan y la subjetividad

Leer Más
Freud renace

Leer Más
Los crímenes del amor

Leer Más

Originally posted 2003-11-06 12:00:15.

Los crímenes del amor

A lo largo de la historia de la humanidad es probable que se hayan cometido más crímenes a causa del amor y la generosidad que del egoísmo. La frase anterior parece una provocación gratuita, pero no lo es.

Quizá algún lector objetará que esos crímenes cometidos a causa de la generosidad  han tenido otra causa, puesto que el amor puro y la verdadera generosidad es incompatible con el crimen. Ante esa protesta, mi primer impulso es admitir que tiene razón ese lector y que no hay crímenes causados por la generosidad, sino, en todo caso, cometidos en nombre de la generosidad, de una generosidad mal entendida. Pero como creo que no hay que fiarse de los primeros instintos o intuiciones, rechazo ese primer impulso, me detengo por un momento, examino de nuevo la cuestión y, por fin, me reafirmo: “crímenes cometidos a causa del amor y la generosidad”.

G.K.Chesterton

G.K.Chesterton

En primer lugar, hay que recordar que, como vimos Viaje a la esencia, un recurso fácil para proteger de cualquier crítica a los que consideramos nuestros aliados  o amigos es recurrir a las definiciones esencialistas: si nos consideramos liberales pero alguien nos muestra algunas de las cosas que han hecho quienes se llaman a sí mismos liberales, podemos argumentar que no se trataba de verdaderos liberales. He escuchado eeste argumento en personas de cualquier ideología o credo imaginable: fascistas, comunistas, cristianos, musulmanes o harekrishnas. Para todas esas personas, los crímenes de quienes dicen palicar esas doctrinas nunca son suyos pero las cosas buenas y las utopías maravillosas (nunca vistas en este mísero planeta) sí que lo son. Chesterton ya se dio cuenta de esta estratagema (que él mismo usaba para defender el catolicismo) y en una ocasión observó con su ingenio habitual: “Nunca he dejado de creer en el liberalismo, pero hace ya mucho tiempo que dejé de creer en los liberales”. Algo que podríamos aplicar a todos los mensionados antes,

Con la generosidad sucede algo parecido: siempre podemos decir que quien hizo aquello en nombre de la generosidad o del amor… en realidad no lo hizo por eso, sino por otras razones. Sin embargo, me temo que el recurso a la esencia, a la definición sagrada de una cosa (“comunismo”, “liberalismo”, “cristianismo”, “generosidad”) no servirá esta vez para refutar la frase que inicia este artículo. Sin embargo, quizá valga la pena, antes de continuar y para no suscitar dudas innecesarias, definir la generosidad.

Pues bien, he consultado las definiciones del Diccionario de la Academia y he llegado a la conclusión de que no son de mucha utilidad para definir la generosidad, así que propondré otra en la que creo será fácil estar de acuerdo. Una persona es generosa cuando da algo a cambio de nada, cuando se desprende de algo que de alguna manera le pertenece, incluido su tiempo, y lo entrega a otros, cuando hace un esfuerzo para ayudar a los que carecen de algo, o para contribuir a una tarea en beneficio de un grupo o comunidad, sin la esperanza de obtener algo a cambio de ese esfuerzo o donación.

En cuanto al amor, me ahorraré el mal trago de intentar definirlo, porque creo que todos tenemos muy claro qué es, aunque nadie lo sepamos definir.

Fontenelle

Pues bien, hay muchas personas que han cometido todo tipo de crímenes e injusticias movidas por el amor y la generosidad. Podría repetir aquí mi lista habitual de tiranos, dictadores y revolucionarios que, llevados por el amor a sus súbditos, han matado a diestro y siniestro, incluso a sus propios súbditos y seguidores, aquellos a los que se puede aplicar lo que Fontenelle dijo del emperador Constantino: “Queriendo aumentar el número de los cristianos, redujo el de los seres humanos”. Pero prefiero mencionar a alguien que parecía sentir un verdadero amor hacia los más discriminados por la sociedad y que dedicó su vida de manera generosa a ellos: la madre Teresa de Calcuta.


Teresa de Calcuta

Llevada por su amor y generosidad, por su deseo de salvar a los pecadores del infierno y la maldad, la madre Teresa recomendó que no se usaran preservativos, siendo responsable casi directa de la muerte de cientos personas durante los peores años del SIDA; también se opuso a medidas de control de la natalidad, absolutamente indispensables para frenar la pobreza y la muerte infantil en India y otro países superpoblados. No sólo eso, también pensaba que el sufrimiento era bueno para el alma, así que lo recomendaba y se oponía al uso de analgésicos e incluso a los tratamientos, pues lo que verdaderamente le preocupaba era tutelar a los moribundos en su camino al cielo, pero no curar a los enfermos, por lo que sus hospitales, a pesar de las generosísimas donaciones, carecían de las necesidades y medicinas más básicas.

Las anteriores son algunas de las características de la labor de la madre Teresa de Calcuta que Christopher Hitchens denunció en 1995, tanto en su documental “Ángel del infierno” como en su libro The Missionary Position. Hay otros muchos detalles que nos podrían hacer dudar de que la generosidad de la madre Teresa fuera desinteresada, pero no quiero ocuparme aquí de eso . Lo que he querido mostrar, a través de un ejemplo bien conocido, es que el amor y la generosidad pueden causar dolor, sufrimiento e incluso la muerte de muchos seres humanos de manera indirecta e incluso directa, al no aplicar la curación que podría haberles salvado, o al condenarles al contagio masivo de enfermedades como el SIDA (algo de lo que también es responsable el Papa Juan Pablo II, por cierto). Aparte del sufrimiento impuesto a sus propias monjas, para quienes el dolor era una de las tres reglas básicas que las hacían ser amadas por Dios. Dios, el dios cristiano, judío y musulmán no es otro personaje que añadir a la lista de los grandes criminales amorosos.

Torquemada predicando a los REyes Católicos el amor a Dios en 1478 --- Image by © Stefano Bianchetti/Corbis

Torquemada predicando a los Reyes Católicos el amor a Dios en 1478
— Image by © Stefano Bianchetti/Corbis

 

Quizá el amor y la generosidad de la madre Teresa no era muy diferente a lo que decía el inquisidor medieval Torquemada, quien aseguraba que lo que le llevaba a quemar a los herejes era el amor que sentía hacia ellos, hacia sus almas, ya que mediante la breve hoguera terrenal, escapaban de una eternidad de sufrimiento entre las llamas del infierno. Este es un ejemplo de que la idea de que uno debe hacer a los demás lo que desearía que ellos le hicieran a él, formulada con diversas variantes por Kant, Jesucristo, Pitágoras y Confucio, no siempre se debe aplicar: un masoquista haría sufrir a los demás, porque eso es lo que él desea que le hagan, y se convertiría, en consecuencia, en un sádico, como al parecer lo fueron Torquemada y la madre Teresa de Calcuta.

Torquemada, frente a Reyes Católicos arroja una cruz ante un judío y se da comienzo a las consecuencias de su amor: la expulsión de los judíos de España.


[Una primera versión de esta entrada se publicó el 14 de septiembre de 2012 en Divertinajes.
Revisado en 2016]

 

cuaderno-de-psicología-escher_bond

La memoria holográfica

Leer Más
La definición de inteligencia

Leer Más
Hardy, Casanova y el ideal

Leer Más
Las lecciones de la experiencia

Leer Más
Metáforas del cuenco

Leer Más
La identidad y el mito de los orígenes

Leer Más
Refrán intuitivo

Leer Más
Innato no significa ni bueno ni recomendable

Leer Más
Inteligencia intuitiva, de Malcom Gladwell

Leer Más
La ceguera psicológica

Leer Más
Curiosidad

Leer Más
Viaje a la esencia

Leer Más
La falsa modestia y la soberbia cierta

Leer Más
La obsesión por clasificar

Leer Más
CUADERNO DE PSICOLOGÍA Y NEUROCIENCIA

Leer Más
Percepciones no percibidas

Leer Más
Parientes cercanos

Leer Más
El diablo y la maledicencia

Leer Más
Vestir con ropajes ajenos

Leer Más
La inteligencia contra los test de inteligencia

Leer Más
Los personajes de Kundera

Leer Más
El asco como categoría moral

Leer Más
Maquiavelismo y narrativa

Leer Más
La persistencia de la sensación

Leer Más
El futuro en el presente: retroproyección futura

Leer Más
Enfermedades y emociones

Leer Más
Hacer y querer y terapia breve

Leer Más
McLuhan y la subjetividad

Leer Más
Freud renace

Leer Más
Los crímenes del amor

Leer Más

Originally posted 2016-05-17 11:19:05.

Freud renace

Acaba de morir por segunda vez y ya está aquí de nuevo. Freud había sido tirado a la basura en los últimos años, por culpa de los avances médicos, de las nuevas terapias y del tesón y persistencia en el disparate de sus discípulos.

No es extraño, porque decir “Freud” se había convertido en sinónimo de “irracional”, “ridículo” o “absurdo”. El caso de Freud muestra que lo peor que puede hacer un pensador es tener discípulos.

A mí me gusta mucho Freud, aunque no me gusten los freudianos ni las teorías freudianas al uso. Gracias a mi padre aprendí a apreciarlo como un gran escritor, pero también lo admiro por muchas de sus ideas. Sus libros son todo lo contrario de la imagen que se tiene de él. Suele ser moderado, duda casi siempre, adelanta una hipótesis con prudencia exquisita y siempre mantiene una última reserva que le impide afirmar de manera dogmática una teoría.

Me estoy refiriendo a los libros que he leído de Freud, que son quizás los que no integran el corpus del psicoanalisis (en los que quizá, no lo sé, se mostrará más dogmático): El malestar en la cultura, Moisés y el monoteísmo, Lo siniestro, etcétera.

Sé también, gracias a Martin Gardner y a Paul Roazen (Freud y sus discípulos, Hermano animal), que la vida de Freud tampoco fue muy ejemplar, pero eso no impide que me parezca uno de los pensadores más inteligentes que conozco. Ya dije antes que sus seguidores no están a su altura he incluso han reducido a su maestro a una estatura y aspecto de bufón maniático.

Los críticos del psicoanálisis, a los que les sobran razones, han tirado al niño con el agua de la bañera y no quieren saber nada de Freud, pero una cosa es decir que hay mejores maneras de solucionar los problemas de un paciente que pasarse veinte años escarbando en sus recuerdos de infancia, y otra cosa dictaminar que eso implica que el pasado no influye en nuestro comportamiento presente.

Sin duda sí que influye y no cabe duda de que somos hijos de nosotros mismos, pero es dudoso que el hecho de detectar el origen de un problema sea suficiente o incluso necesario para solucionarlo. Cuando alguien se rompe la cabeza suele ser innecesario conocer cómo se la ha roto: basta con saber dónde está la herida y qué métodos existen para curarla y de este modo evitar que los sesos se caigan al parqué.

Sin embargo, la influencia del pasado en nuestra vida presente y en nuestra forma de ser es un asunto fascinante y parece que ahora algunos científicos están recuperando ideas de Freud, como la de la represión, pero contrastándolas experimentalmente.

Dibujo de Freud que muestra las células nerviosas de la médula espinal de la lamprea y que se ha considerado un precursor de la teoría neuronal.


cuaderno-de-psicología-escher_bond

La memoria holográfica

Leer Más
La definición de inteligencia

Leer Más
Hardy, Casanova y el ideal

Leer Más
Las lecciones de la experiencia

Leer Más
Metáforas del cuenco

Leer Más
La identidad y el mito de los orígenes

Leer Más
Refrán intuitivo

Leer Más
Innato no significa ni bueno ni recomendable

Leer Más
Inteligencia intuitiva, de Malcom Gladwell

Leer Más
La ceguera psicológica

Leer Más
Curiosidad

Leer Más
Viaje a la esencia

Leer Más
La falsa modestia y la soberbia cierta

Leer Más
La obsesión por clasificar

Leer Más
CUADERNO DE PSICOLOGÍA Y NEUROCIENCIA

Leer Más
Percepciones no percibidas

Leer Más
Parientes cercanos

Leer Más
El diablo y la maledicencia

Leer Más
Vestir con ropajes ajenos

Leer Más
La inteligencia contra los test de inteligencia

Leer Más
Los personajes de Kundera

Leer Más
El asco como categoría moral

Leer Más
Maquiavelismo y narrativa

Leer Más
La persistencia de la sensación

Leer Más
El futuro en el presente: retroproyección futura

Leer Más
Enfermedades y emociones

Leer Más
Hacer y querer y terapia breve

Leer Más
McLuhan y la subjetividad

Leer Más
Freud renace

Leer Más
Los crímenes del amor

Leer Más


Originally posted 2004-01-18 12:00:41.

McLuhan y la subjetividad

mcluhan-joven Ofrezco aquí una buena observación de McLuhan, que deberíamos recordar cada vez que, llevados por nuestra moralidad o nuestra ideología, nos olvidamos de observar las cosas y de plantearlas con claridad y sosiego, cegados por el único objetivo de dejar muy claro qué es lo que pensamos y cuál es nuestra posición moral o ideológica ante cualquier asunto que pase por delante:

“Durante muchos años vengo observando que los moralistas suelen sustituir la ira por la percepción”.

Lo que se completa con otra interesante observación suya, de especial interés si tenemos en cuenta que pocas veces encontraremos a un pensador con un punto de vista más poderoso que el propio McLuhan :

“Un punto de vista puede ser un lujo peligroso cuando ocupa el lugar de la comprensión y el entendimiento”.

Esto último me recuerda aquello que decía Confucio y que es un recordatorio que siempre intento tener presente:

“Pensar sin aprender es peligroso, aprender sin pensar inútil”.

A veces lo aplico literalmente, otras modifico un poco la traducción, porque hay diversas variantes igual de interesantes, como:

“Pensar [y dictaminar] sin investigar es peligroso, investigar sin pensar [y reflexionar] es inútil”.

En honor de McLuhan hay que decir que se aplicaba su propio consejo, porque, según se ve en la larga entrevista que concedió a Playboy (”Una cándida conversación con el gurú de las nuevas tecnologías”), sus análisis, descripciones y predicciones se desarrollaban en contra de sus propias opiniones personales. En efecto, en Playboy confesó, tal vez por primera vez, que no le gustaba ese futuro que predecía.

  **********

 CUADERNO DE PSICOLOGÍA

La memoria holográfica

Leer Más
La definición de inteligencia

Leer Más
Hardy, Casanova y el ideal

Leer Más
Las lecciones de la experiencia

Leer Más
Metáforas del cuenco

Leer Más
La identidad y el mito de los orígenes

Leer Más
Refrán intuitivo

Leer Más
Innato no significa ni bueno ni recomendable

Leer Más
Inteligencia intuitiva, de Malcom Gladwell

Leer Más
La ceguera psicológica

Leer Más
Curiosidad

Leer Más
Viaje a la esencia

Leer Más
La falsa modestia y la soberbia cierta

Leer Más
La obsesión por clasificar

Leer Más
CUADERNO DE PSICOLOGÍA Y NEUROCIENCIA

Leer Más
Percepciones no percibidas

Leer Más
Parientes cercanos

Leer Más
El diablo y la maledicencia

Leer Más
Vestir con ropajes ajenos

Leer Más
La inteligencia contra los test de inteligencia

Leer Más
Los personajes de Kundera

Leer Más
El asco como categoría moral

Leer Más
Maquiavelismo y narrativa

Leer Más
La persistencia de la sensación

Leer Más
El futuro en el presente: retroproyección futura

Leer Más
Enfermedades y emociones

Leer Más
Hacer y querer y terapia breve

Leer Más
McLuhan y la subjetividad

Leer Más
Freud renace

Leer Más
Los crímenes del amor

Leer Más

 

Originally posted 2013-11-13 21:00:53.

Hacer y querer y terapia breve

Algunas notas  relacionadas con libros de psicología cognitiva o quizá con la terapia breve,que escribí en 2002.

1. Aunque parezca absurdo, desde el punto de vista psicológico a menudo es más importante hacer que querer.

De nada vale querer mucho, desear con toda la intensidad del mundo curarse. Toneladas de “querer” no son nada comparadas con un gramo de acción, de hacer.

Hay que recordar lo que dijo Goethe: “Al principio fue la acción”. Dios no hizo el mundo por su querer, sino por su acción: “Y dijo Dios: “Hágase la luz”.

No se dice en el Génesis: “Y pensó Dios”, sino “Y dijo Dios”.

La aparente paradoja es que para “hacer” es necesario querer hacer. Pero se trata de una contradicción tan solo aparente, porque:

a) Se puede hacer sin querer: en un trance hipnótico.

b) Se puede hacer sin querer porque no sabes que estás “haciendo”. Por ejemplo, te ves en una situación que no has querido o buscado, pero que te obliga a reaccionar. Por ejemplo: te engañan para que hagas algo sin saber que lo estás haciendo.

c) Te pueden obligar a hacer algo que no quieres hacer.

Pero las razones más convincentes acerca de la posibilidad del hacer sin querer tienen que ver con las diferentes cosas que uno quiere:

  • Uno quiere curarse, pero no quiere dar los pasos que le llevan a la curación (lo dice Watzlawick al final de El lenguaje del cambio).
  • Uno está dispuesto a dar los pasos, pero no sospecha (o no admite) que le llevarán a la curación: porque no cree en el método o incluso porque no cree que haya necesidad de ninguna curación (de esto hablaré en el siguiente apartado)

2. Para curarse, lo primero que uno ha de saber que está enfermo (idea que hay que conciliar con lo de Eysenck: “Desaparecido el síntoma, desaparecida la enfermedad”).

[2018 Quizá haya que aclarar que el dictum de Eysenck solo se aplica a la vida mental, al trauma psiológico, por ejemplo,pero no a uan enfermedad: podemos tomar calmantes o sedantes y, al desaparecer el dolor, pensar que ya no tenemos una peritonitis, y equivocarnos, claro. En cuanto a la vida mental, no se puede descartar que la desaparición de un síntoma no implique necesariamente que ha desaparecido la enfermedad, pues parece que nuestro cerebro trabaja en mchos asuntos sin que nuestro yo de la vigili o consciente los perciba, al menos en todas sus operaciones. Pero, a grandes rasgos, tomada con prudencia, es una idea bastante correcta: cuando reaparezca el problema psicológico, al fin y al cabo también habrá reaparecido el síntoma]


[Escrito en 2002. Revisado en 2018]

[pt_view id=”52312c5z05″]

Originally posted 2002-08-01 12:01:13.

Enfermedades y emociones

Da la impresión de que cuando estás enfermo te encuentras menos protegido contra las emociones. Es frecuente que durante la enfermedad nos acordemos y revivamos todos nuestros problemas y angustias.

Esta observación, que cualquiera puede hacer, me parece muy interesante.

Podemos intentar explicar este mecanismo pensando que lo que sucede es que al estar débil no estás bien y que, por un mecanismo simpático (en el sentido de la magia simpática, “por semejanza”) vienen a la mente otros momentos en los que no has estado bien.

O tal vez la explicación sea que no es la enfermedad la que desprotege, sino la salud la que protege: que cuando estás sano las tristezas están controladas, o algo parecido. Al enfermar se abrirían esas compuertas hacia la tristeza.

Lo curioso del mecanismo es que parece actuar a la inversa de lo razonable: no te protege cuando resulta más necesario protegerte: no sólo tienes que soportar la enfermedad, sino además todas las tristezas asociadas que empiezan a caer sobre ti.

Ahora bien, se me ocurre una razón que pudiera explicar este extraño mecanismo biológico-psicológico. Si un animal, digamos un hominido hace millones de años, enfermaba, ello podía deberse a diversos motivos, por ejemplo, haber bebido agua en mal estado, que se le infectase una herida que le hizo un león semanas antes, por ejemplo. Por eso, cuando enfermaba, sería bueno que pasaran por su mente las diversas situaciones, tristes o peligrosas que había vivido, porque en una de ellas podía estar la causa, y quizá también la solución a su mal actual.


Teorías sobre mis enfermedades

ENFERMEDAD


Leer Más
OCURRENCIAS DE UN ENFERMO

Leer Más
Enfermedades y emociones

Leer Más
La memoria holográfica

Leer Más
La definición de inteligencia

Leer Más
Hardy, Casanova y el ideal

Leer Más
Las lecciones de la experiencia

Leer Más
Metáforas del cuenco

Leer Más
La identidad y el mito de los orígenes

Leer Más
Refrán intuitivo

Leer Más
Innato no significa ni bueno ni recomendable

Leer Más
Inteligencia intuitiva, de Malcom Gladwell

Leer Más
La ceguera psicológica

Leer Más
Curiosidad

Leer Más
Viaje a la esencia

Leer Más
La falsa modestia y la soberbia cierta

Leer Más
La obsesión por clasificar

Leer Más
CUADERNO DE PSICOLOGÍA Y NEUROCIENCIA

Leer Más
Percepciones no percibidas

Leer Más
Parientes cercanos

Leer Más
El diablo y la maledicencia

Leer Más
Vestir con ropajes ajenos

Leer Más
La inteligencia contra los test de inteligencia

Leer Más
Los personajes de Kundera

Leer Más
El asco como categoría moral

Leer Más
Maquiavelismo y narrativa

Leer Más
La persistencia de la sensación

Leer Más
El futuro en el presente: retroproyección futura

Leer Más
Enfermedades y emociones

Leer Más
Hacer y querer y terapia breve

Leer Más
McLuhan y la subjetividad

Leer Más
Freud renace

Leer Más
Los crímenes del amor

Leer Más

Originally posted 2008-03-12 20:36:14.

El futuro en el presente: retroproyección futura

Hace muchos años empecé a aplicar un método (al que todavía recurro alguna vez) que es muy semejante a la prognóstica aplicada, la ciencia que se ocupa de la predicción del futuro. Mi método tiene similitudes también con el análisis premortem y con los obituarios del marketing, como el de Coca-Cola.

Es algo que podríamos llamar “retroproyección futura” y que se podría definir de la siguiente manera: “Recordar el futuro desde el presente”.

El método consiste en situarse en un hipotético futuro e imaginar cómo será recordado el presente que estamos viviendo, qué pensaremos entonces acerca de las acciones que estamos realizando ahora, que nos parecerán las decisiones que estamos tomando en este momento.

En definitiva, cuando me encuentro en una situación en la que me resulta difícil  encontrar soluciones, hago un ejercicio de prognóstica o proyección futura y me digo a mí mismo: “Cuando transcurran unos cuantos años y recuerde este momento y en estos problemas, ¿a qué conclusiones llegaré?”. En definitiva, me dedico a imaginar a mi yo del futuro reflexionando acerca de los errores de mi yo del presente. A continuación, intento expresar las conclusiones de ese yo futuro. Un ejemplo de lo que podría pensar mi yo futuro: “Entonces no me daba cuenta de que no era tan difícil dejar el trabajo y cambiar de profesión”. O cualquier otro planteamiento semejante.

La razón de que aplicase este curioso método es que había observado que tenemos las cosas bastante claras cuando examinamos desde el presente el pasado, no solo por la razón obvia de que ahora disponemos de más información que entonces y sabemos cómo acabó todo, sino también porque podemos juzgar desde cierta distancia, con otra perspectiva, y sobre todo con menos implicación emocional. Eso nos permite examinar con serenidad y mayor objetividad una situación pasada. La conclusión a la que solemos llegar, cuando pensamos en esos problemas de nuestro pasado que tanto nos inquietaban, suele ser que casi existían otras posibilidades o líneas de acción que no supimos, que no quisimos o que no pudimos ver entonces.

En la película “Looper” se emplea un método semejante a la retroproyección futura

Probablemente también llegué a este método aplicando un razonamiento inductivo que me ha servido en muchas ocasiones para quitar dramatismo a ciertas situaciones:

“Ahora que estás desesperado, deprimido o angustiado recuerda todas las veces que has estado en una estado anímico semejante, o en situaciones igual de preocupantes…  y pregúntate: ¿cuántas de esas situaciones tuvieron consecuencias irreparables?”.

La respuesta a esta pregunta suele ser: “Pocas o ninguna”. Casi nunca pasa nada terrible o irreparable. Es cierto que a veces hemos tomado decisiones que son irreversibles, como una ruptura amorosa definitiva, pero con el paso del tiempo, incluso en estos casos llegamos a considerar que lo que sucedió era inevitable, o al menos que pudimos seguir viviendo a pesar de ello.

Es verdad que en algunas ocasiones no nos hemos recuperado del todo y que el dolor todavía nos afecta en ciertos momentos, pero, si somos sinceros, esos casos son muy pocos, tal vez dos o tres, quizá cinco o siete. Sin embargo, lo más probable es que hayamos estado deprimidos decenas o cientos de veces. El porcentaje de consecuencias verdaderamente dramáticas suele ser mucho más pequeño de lo que creemos de manera intuitiva.

Este método inductivo, semejante al que consiste en pensar que si algo sucede a menudo lo más probable es que siga sucediendo (por ejemplo, que el sol saldrá mañana como ha salido durante miles de días de nuestra vida), nos hace concluir que los problemas que ahora nos angustian se acabarán resolviendo de alguna manera y que existe una muy pequeña probabilidad de que no se resuelvan: el sol seguirá saliendo durante miles de día, Aunque es cierto que algún día no saldrá, al menos para nosotros y para quienes habiten en el planeta Tierra cuando el Sol colapse, o cuando no estemos allí para contemplar el amanecer Pero, al fin y al cabo, el método inductivo no es demostrativo.


PSICOLOGÍA/CÓMO PENSAR MEJOR
 
Primer intento filosófico

Leer Más
La inteligencia

Leer Más
La memoria holográfica

Leer Más
La definición de inteligencia

Leer Más
Manera de leer Principios de filosofía y otros libros

Leer Más
Hardy, Casanova y el ideal

Leer Más
Las lecciones de la experiencia

Leer Más
La cortina y los prejuicios

Leer Más
Metáforas del cuenco

Leer Más
La identidad y el mito de los orígenes

Leer Más
Refrán intuitivo

Leer Más
Innato no significa ni bueno ni recomendable

Leer Más
La ley de Hofstadter

Leer Más
Inteligencia intuitiva, de Malcom Gladwell

Leer Más
Reglas para leer filosofía

Leer Más
Una regla de discusión de Juliano

Leer Más
La ceguera psicológica

Leer Más
Curiosidad

Leer Más
¿Es posible la multitarea?

Leer Más
Viaje a la esencia

Leer Más
Una intuición muy entrenada

Leer Más
Definición de prejuicio

Leer Más
La falsa modestia y la soberbia cierta

Leer Más
La filosofía de la ciencia

Leer Más
La obsesión por clasificar

Leer Más
CUADERNO DE PSICOLOGÍA Y NEUROCIENCIA

Leer Más
Los escépticos no son escépticos

Leer Más
Percepciones no percibidas

Leer Más
Parientes cercanos

Leer Más
Explicar y justificar: Isaiah Berlin

Leer Más

Creatividad y teorías bastante extravagantes

 

INVENTARIO

|| Búsqueda azarosa


Leer Más
Un enlace casual en Google

Leer Más
Los dioses de Khemi
Comparación Automática 001

Leer Más
Cambiar de tema para aprender mejor

Leer Más
Cómo descifré anoche el disco de Phaistos antes de irme a bailar

Leer Más
Fantasías científicas de ayer y hoy presenta…

Leer Más
La profesión de escaparatista
[COSAS QUE SIEMPRE HAN EXISTIDO]

Leer Más
Cómo salir de los círculos cerrados

Leer Más
Cómo vivir más tiempo

Leer Más
Cómo descubrí cómo Teseo escapó del laberinto poco después de leer a Borges

Leer Más
La Regla del 9 contra el perfeccionismo

Leer Más
El genio no nace, se hace

Leer Más
El himno de batalla de la madre tigre

Leer Más
Hacer algo o nada

Leer Más
Impronta

Leer Más
Cómo tener buenas ideas entendiendo mal las cosas

Leer Más
El futuro en el presente: retroproyección futura

Leer Más
Nuevos lenguajes y creatividad

Leer Más
Las comparaciones no son odiosas

Leer Más
Cómo transmitir información a mayor velocidad que la de la luz…

Leer Más

Originally posted 2013-06-26 18:48:41.

La persistencia de la sensación

El otro día hablaba con mi amigo Marcos del problema de averiguar si dos personas ven lo mismo, el mismo color, cuando dicen que ven un objeto rojo.

Yo creo que ese problema no es realmente importante, pues, vean lo que vean, una vez definido un color, esos dos individuos pueden ponerse fácilmente de acuerdo en si un objeto es o no es de ese color. El problema real, creo, es el de la persistencia de las sensaciones en un mismo sujeto.  (1990)


2018: Creo que con “la persistencia de la sensación” me refería al hecho de que una persona pueda considerar que experimenta la misma sensación o percepción en dos momentos diferentes de su vida. Existe un célebre problema que es el de los degustadores de café. Para identificar un café y seguir obteniendo la semilla y el sabor exacto a través de todos los procesos, además tener en cuenta toda la posible variabilidad en esos procesos (la tierra en la que se cultiva, el agua empleada, las máquinas utilizadas) se debe contar con la persistencia del gusto en el degustador que verifica que el sabor del café no ha cambiado. A veces no cambia el café, sino el degustador.

En un reciente viaje a Cuba me enfrenté a un problema similar en el Duty Free del aeropuerto. Busqué dos de los perfumes que me gustaban cuando usaba perfume o colonia (cosa que ya no hago), Kouros, de Yves Saint-Laurent y Antaeus, de Chanel. Los olí y llegué  a la conclusión de que habían cambiado. Cuando se lo dije a la encargada, me aseguró que la fórmula se había mantenido inalterada, opinión ante la que mostré mi absoluto escepticismo. Días después pude averiguar, mediante una investigación a través de internet, que la formula de los dos perfumes se había modificado (Ver Kouros, the scent of gods). Incluso se venden a un precio elevado los “grandes reservas” de esos perfumes, en especial de mi favorito, Kouros (pero no sé si el aroma se puede conservar durante tanto tiempo en un perfume).


[pt_view id=”52312c5z05″]

Originally posted 1990-11-28 12:01:19.