La inteligencia contra los test de inteligencia

La inteligencia a menudo se ha comparado con capacidades medibles mediante pruebas y test de inteligencia y hoy en día casi todo el mundo acepta que si alguien tiene muchos puntos en su CI (IQ en inglés) eso significa que es inteligente. Sin embargo, la fiabilidad de los test de inteligencia ha sido puesta en duda a menudo, y de hecho han sido modificados una y otra vez para adaptarse a las nuevas nociones que tenemos de inteligencia. Al final resulta difícil evitar la tautología o definición circular que ya mencioné en otra ocasión: los test de inteligencia miden la inteligencia y la inteligencia es esa cosa que miden los test de inteligencia.

El carácter discriminatorio de los test de inteligencia fue señalado de manera poderosa por el biólogo Stephen Jay Gould en su libro La falsa medida del hombre. Aunque algunos aspectos del libro son hoy discutibles a causa de posteriores investigaciones, destino al que están sometidas todas las teorías y propuestas que se basan en la observación y la ciencia, la esencia de lo que dice Gould sigue siendo válida.

En los primeros test de inteligencia empleados por el gobierno de Estados Unidos, los resultados para comunidades asiáticas, latinas y negras eran claramente inferiores a los de la comunidad blanca o puramente anglosajona (los llamados WASP, White Anglosaxon Protestant, blancos anglosajones y protestantes). Con el paso de los años, estos resultados han ido cambiando y los porcentajes se han ido equilibrando, a pesar de que es absurdo hablar de una mutación o evolución en los grupos estudiados que se haya producido en apenas unas cuantas décadas.

Una prueba de ello fue el bestseller Battle Hymn of the Tiger Mother, publicado en 2011 por la editorial Bloomsbury, en el que una madre de origen chino, Amy Chua, contaba cómo había educado a sus hijas siguiendo criterios de exigencia que hoy en día en muchos países nos parecen inhumanos. Su libro dio origen a la expresión “Madre Tigre” (Mother Tiger o Tiger Mom), que se define en el diccionario MacMillan como: “Una madre verdaderamente estricta que hace trabajar a sus hijos de manera particularmente dura y que reduce de manera drástica su tiempo libre para que continuamente alcancen los más altos retos”.

Según parece, en los últimos test de inteligencia los mejores resultados los obtienen personas procedentes de Asia Oriental (China, Japón y Corea del Sur), algo que parece tener mucha más relación con la cantidad de horas que las madres y padres obligan a estudiar a sus hijos que con otra improbable mutación genética.


[Publicado el 3 de abril de 2013 en Divertinajes]

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Originally posted 2018-01-23 00:45:34.

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Vestir con ropajes ajenos

Giordano-Bruno-mnemonic

Palabras e imágenes pueden penetrar en nosotros y actuar el fantasma, pero también el fantasma puede buscar la palabra o imagen en la que encarnarse. A veces no encuentra la adecuada y viste ropajes ajenos.

**********

[Publicado en 1999,2000,2004 y 2008]

NOTA EN 2013

Supongo que esto tiene que ver con las teorías de Giordano Bruno y El arte de la memoria, de Frances Yates. Intentaré entenderme ahora. lo que quería decir, si no me equivoco es que las palabras y las imágenes pueden activar la formación de una imagen mental o fantasma (nada que ver con fenómenos paranormales en este caso), que nos permite captar ese estímulo exterior de palabras e imágenes, pero que al mismo tiempo nos limita y encierra en esa superimagen o símbolo mental si se quiere. Ahora bien, también puede suceder que el fantasma sea lo primero que percibamos y que, al intentar darle sentido, busquemos rápidamente palabras o imágenes exteriores que justifiquen su aparición. Es decir, podemos imaginar -crear imágenes- a partir de lo externo y a partir de lo interno. En ambos casos, es fácil caer en errores, pero supongo que en el segundo caso son más difíciles de detectar esos errores, porque nuestra inteligencia cree operar a partir de una especie de certeza intuitiva, la del fantasma o imagen mental, que tal vez se ha producido por uan mera descarga química o puro azar.

Originally posted 2008-05-10 12:01:50.

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El diablo y la maledicencia

Para sacar la contraria y mostrar cierta imparcialidad en estos momentos de felicidad tras unos días horribles, me permitiré citar a un Papa, a Juan Pablo I.

albinoLucianiAlbino Luciani (Juan Pablo I) era un hombre excelente que no tuvo tiempo para mostrar si habría sido un buen Papa, si estaría a la altura de los dos que le dieron nombre (Juan XXIII y Pablo VI), puesto que fue Papa solo durante 33 días.

Antes de ser Papa, Luciani escribió una deliciosas cartas dirigidas a todo tipo de destinatarios, como Mark Twain, Chesterton o el propio Jesucristo. Me gustan muchísimo y estoy de acuerdo en muchas cosas. En algunas no estoy de acuerdo, porque sería pedir un imposible que las ideas de un Papa coincidiese con todas mis ideas: si así sucediera, la Iglesia católica ya no existiría. En consecuencia, si no presto mucha atención a algunos detalles de los argumentos y paso de largo ciertas cuestiones, las cartas de Albino Luciani son una maravilla.

Boileau santerre_nicolas.boileau.despreaux

En la carta que Luciani dirige a Pavel Ivánovic Cicikov, el pérfido protagonista de Las almas muertas de Gogol, cita a una Hermana de la Caridad del siglo XVII, Magdalena de Lamoignon.

“Al leer las sátiras de Boileau, Magdalena de Lamoignon le dijo que las encontraba hirientes. Boileau le respondió que intentaría no serlo tanto pero que al menos se le diese la oportunidad de atacar en sus sátiras al Turco, “enemigo acérrimo de la Iglesia”. Ni siquiera eso le pareció bien a Magdalena.
__Me dejaréis al menos hacer una sátira contra el diablo -sonrió Boileau-, no negaréis que se la merece.
__El diablo ya está bastante castigado. Tratemos de no hablar mal de nadie, para no correr el riesgo de acabar como él.

Madeleineche-17-16520628arnauld-lamoignon


[Publicado en 2004]

Comentario en 2013

Curiosamente, poco después de que el brevísimo (33 días) Papa Luciani obtuviera el cargo confesó a su amigo Germano Pattaro que estaba viviendo «un mes de infierno», un vía crucis:

«Comienzo a entender ahora cosas que no había comprendido antes. Aquí cada uno habla mal del otro. Si pudieran, hablarían mal hasta de Jesucristo».

Supongo que entonces se acordaría de aquella conversación entre Boileau y Lamoignon.


Aunque tal vez sin llegar al extremo de Magdalena de Lamoignon, hablé de algo parecido hablé en  La maledicencia.


He hablado de la dependencia y el contagio al que se exponen los maledicentes en:

El contagio por los adversarios

ENTRADAS DE FILOSOFÍA

Originally posted 2004-03-16 12:00:10.

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Parientes cercanos

Existen muchas maneras de definir qué es la inteligencia. Una de las más interesantes y precisas es:

La inteligencia consiste en ser capaz de modificar la conducta al tener en cuenta la información que se recibe del medio circundante.

Esta definición es bastante convincente, pero tiene el problema de que su campo de aplicación es muy amplio. Muchos animales pueden ser considerados inteligentes, como las abejas de las que hablé en Lo que sí está en los genes, capaces de señalar a sus compañeras dónde encontrar un buen campo de margaritas. Ahora bien, quizá no nos parecen tan inteligentes aquellas otras abejas de la especie higiénica que son capaces de abrir celdillas infectadas pero que no tiran la larva enferma, a pesar de tenerla allí delante, ya que carecen de la instrucción genética para realizar esa segunda tarea, a primera vista tan obvia. El comportamiento instintivo no nos parece inteligente y tampoco creo que lo sea el intuitivo, que es una especie de instinto, pero adquirido durante la vida del individuo, como dije en Inteligencia intuitiva.

Volvamos a la definición de inteligencia.

Minsky y un amigo

El comportamiento inteligente podría incluir no solo animales como las abejas, los cuervos, los perros y los gatos, y quién sabe si las esponjas (que tardaron hasta 1765 en ser reconocidas como animales), sino también a los ordenadores personales e incluso a los termostatos. Eso último es lo que opinó hace muchos años Marvin Minsky, uno de los pioneros de la Inteligencia Artificial. Minsky opinaba que un termostato que mantiene estable la temperatura de una habitación es inteligente, puesto que recibe información del medio circundante, por ejemplo que la temperatura es de 12 grados, y a continuación modifica su conducta, dando salida a aire caliente hasta que la temperatura se eleva a 18 grados. Cuando vuelve a recibir la información de que esa temperatura ha sido alcanzada, vuelve a modificar su conducta e interrumpe o disminuye la salida de aire caliente. La provocación de Minsky tenía la intención de señalarnos lo difícil que resulta definir la inteligencia, a pesar de lo que creen los partidarios de los test de inteligencia, quienes acaban en la inevitable conclusión de que la inteligencia es esa cosa que miden sus test.

Elementos de la inteligencia del termostato

Aristóteles ya nos ofreció una brillante distinción entre las tres clases de alma o naturaleza: la de las plantas, con alma vegetativa; la de los animales, con alma vegetativa y sensitiva, y la de los seres humanos, con alma vegetativa, sensitiva e intelectiva. Pero también podríamos considerar que las plantas, los animales, los seres humanos e incluso los termostatos pertenecemos a una extraña especie o género, la de los “procesadores de información”. Nos distinguimos unos de otros según sea nuestra mayor o menor capacidad de procesamiento. Probablemente, un termostato sea en esta clasificación un pariente cercano de una esponja, mientras que los más avanzados ordenadores comienzan a compartir con nosotros un cierto aire de familia.

 


 

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Originally posted 2017-04-14 14:05:54.

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Percepciones no percibidas

 “La sensación es desde el punto de vista informacional tan profusa y específica como una respuesta (?) pictórica”

Tiene que ver con algo que he pensado muy a menudo: que percibimos cosas que nos pasan inadvertidas, pero que “archivamos”.

Sherlock Holmes le dice a Watson que él (Holmes) mira, mientras que Watson sólo ve. Esto no sólo hay que entenderlo en el sentido  exterior de la percepción, sino también en el interior.

Si yo he visto y mirado una habitación, después, sin estar en la habitación, puedo recordar detalles particulares que no había advertido antes, del mismo modo que lo haría si hubiese tomado una fotografía de la habitación y la mirase. El grado de perfección de las fotografías mentales depende, creo, de cierto entrenamiento.

Originally posted 1990-06-07 12:02:29.

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CUADERNO DE PSICOLOGÍA Y NEUROCIENCIA

cuaderno-de-psicología-escher_bond

Resulta verdaderamente difícil distinguir entre ciencias, artes o disciplinas como: psicología, neurociencia, ética y moral y dianoética, filosofía, sociología, epistemología y gnoseología, ontología y metafísica, e incluso entre las anteriores y la religión, la física, la biología, la semiótica, las ciencias de la comunicación…

Es cierto que hay terrenos puros, digamos, de la filosofía o de la sociología, pero muchos asuntos están en un terreno difícil de delimitar. La cosa se complica cuando, como es mi caso, se tiene tendencia a divagar y desviarse del asunto tratado, cosa que hago casi por sistema. Así que agrupar las entradas relacionadas con la psicología, separándolas en ocasiones de las de filosofía, las de ética o incluso las de teología, resulta una tarea complejísima.

Aquí, pues, de una manera arbitraria y muy discutible agrupo las entradas dedicadas a asuntos psicológicos, ya se trate de psicoanálisis, psicología, psiquiatría, estudio de la mente, neurología, neurociencias cognitivas, etcétera. Pero conviene también consultar entradas del Cuaderno de Filosofía o del de ética, que quizá, en ocasiones tienen más relación con la psicología que con otra cosa (ver Cuaderno de filosofía).


 

Originally posted 2004-03-16 12:00:10.

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Freud renace

Acaba de morir por segunda vez y ya está aquí de nuevo. Freud había sido tirado a la basura en los últimos años, por culpa de los avances médicos, de las nuevas terapias y del tesón y persistencia en el disparate de sus discípulos.

No es extraño, porque decir “Freud” se había convertido en sinónimo de “irracional”, “ridículo” o “absurdo”. El caso de Freud muestra que lo peor que puede hacer un pensador es tener discípulos.

A mí me gusta mucho Freud, aunque no me gusten los freudianos ni las teorías freudianas al uso. Gracias a mi padre aprendí a apreciarlo como un gran escritor, pero también lo admiro por muchas de sus ideas. Sus libros son todo lo contrario de la imagen que se tiene de él. Suele ser moderado, duda casi siempre, adelanta una hipótesis con prudencia exquisita y siempre mantiene una última reserva que le impide afirmar de manera dogmática una teoría.

Me estoy refiriendo a los libros que he leído de Freud, que son quizás los que no integran el corpus del psicoanalisis (en los que quizá, no lo sé, se mostrará más dogmático): El malestar en la cultura, Moisés y el monoteísmo, Lo siniestro, etcétera.

Sé también, gracias a Martin Gardner y a Paul Roazen (Freud y sus discípulos, Hermano animal), que la vida de Freud tampoco fue muy ejemplar, pero eso no impide que me parezca uno de los pensadores más inteligentes que conozco. Ya dije antes que sus seguidores no están a su altura he incluso han reducido a su maestro a una estatura y aspecto de bufón maniático.

Los críticos del psicoanálisis, a los que les sobran razones, han tirado al niño con el agua de la bañera y no quieren saber nada de Freud, pero una cosa es decir que hay mejores maneras de solucionar los problemas de un paciente que pasarse veinte años escarbando en sus recuerdos de infancia, y otra cosa dictaminar que eso implica que el pasado no influye en nuestro comportamiento presente.

Sin duda sí que influye y no cabe duda de que somos hijos de nosotros mismos, pero es dudoso que el hecho de detectar el origen de un problema sea suficiente o incluso necesario para solucionarlo. Cuando alguien se rompe la cabeza suele ser innecesario conocer cómo se la ha roto: basta con saber dónde está la herida y qué métodos existen para curarla y de este modo evitar que los sesos se caigan al parqué.

Sin embargo, la influencia del pasado en nuestra vida presente y en nuestra forma de ser es un asunto fascinante y parece que ahora algunos científicos están recuperando ideas de Freud, como la de la represión, pero contrastándolas experimentalmente.

Dibujo de Freud que muestra las células nerviosas de la médula espinal de la lamprea y que se ha considerado un precursor de la teoría neuronal.


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Originally posted 2004-01-18 12:00:41.

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La obsesión por clasificar

Ya lo he dicho varias veces, y en especial en Nada es lo que es: la mayoría de las personas no saben relacionarse con desconocidos. No se sienten cómodos en la incógnita  y enseguida quieren que esos desconocidos se conviertan en conocidos.

Que se conviertan en conocidos no solo en el sentido amistoso de la palabra, sino también en el sentido de manejables. La mejor manera, desde el punto de vista psicológico, de no enfrentarse a un desconocido consiste en encasillarlo cuanto antes, meterlo rápidamente en algún compartimento mental. Saber de dónde es, qué edad tiene, qué piensa acerca de algunas cuestiones básicas, saber cuál es su ideología o incluso cuál es su signo zodiacal. Gracias a estos datos triviales, el desconocido deja de serlo, o al menos eso parece a primera vista, porque, insisto, se trata de un mecanismo cuya finalidad es la tranquilidad psicológica, pero que tiene poco que ver con un sincero deseo de conocer.

Sucede que cuando obtenemos esos datos del desconocido, nos parece que ya lo conocemos, pero en realidad lo único que hemos conseguido es aplicarle los prejuicios e ideas hechas que hemos almacenado durante años acerca de esos datos, prejuicios que ahora nos devuelve nuestra intuición. Y de este modo logramos clasificarlo, es cierto, pero a cambio de perderlo como individuo. Y eso sucede no solo porque hemos sustituido un contacto real pero imperfecto por la suma de datos de un patrón prefabricado, sino también porque, al exigir tales informaciones y al darlas nosotros mismos, establecemos una relación viciada, un patrón de relaciones que se deslizará por los terrenos del tópico. Lo que suceda a continuación se va a adaptar inevitablemente a esa información intercambiada.

A mí, por el contrario, me gusta jugar durante más tiempo a conocer a alguien, prefiero evitar en la medida de lo posible las preguntas directas, tópicas, obligadas. Adivinar, deducir, descubrir. Me parece, además, que comportarse de este modo, convivir con lo desconocido, es una muestra de respeto y fascinación por la individualidad de cada persona, una preferencia por las personalidades únicas e irrepetibles.


Se podría  recordar, acerca de las personalidades irrepetibles, aquello que hizo Beethoven cuando se enteró de que Napoleón Bonaparte se había coronado a sí mismo Emperador: tachó la dedicatoria de la Quinta Sinfonía y mostró su desprecio hacia aquel acto supuestamente sublime del corso: “Es un hombre como los demás: pudiendo ser Napoleón, prefiere ser Emperador”.


[Escrito en la Escuela de San Antonio de los Baños (EICTV) de Cuba el 19 de febrero de 2017. Revisado en 2018]

Cuaderno de Cuba

Cuba-edificio

Psicología y neurociencia

 

Originally posted 2004-03-16 12:00:10.

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La falsa modestia y la soberbia cierta

A menudo se dice que alguien muestra una falsa modestia o una modestia estudiada.

En primer lugar, ¿no podríamos pensar también que la soberbia es igualmente estudiada? Solemos considerar que la soberbia es algo que surge de manera no tan calculada o hipócrita como la falsa modestia, pero hay ejemplos que demuestran que la soberbia puede ser también muy estudiada. Según cuentan los amigos de Dalí, cuando el pintor veía que los periodistas se habían ido, se bajaba los bigotes y decía algo así como: “Bueno, ahora que ya estamos solos, no hace falta seguir con el personaje”.

“Cada mañana cuando me despierto, siento de nuevo un placer supremo, el de ser Salvador Dalí”

Si quisiéramos ir más lejos, podríamos preguntar si cualquier presunción no sólo es estudiada, debido a que que el presuntuoso se examina a sí mismo con esmero para ver qué méritos suyos puede señalar a los demás, sino que, además, por paradójico que parezca, la presunción puede ser falsa. ¿Por qué? Porque la necesidad de presumir suele esconder una cierta desconfianza en uno mismo: puesto que no se espera que los demás admiren los méritos propios, el presuntuoso se ve obligado a insistir en ellos y resaltarlos.

Casi todos los que mi padre llamaba “papanatas” practican esa soberbia calculada, que a menudo esconde gran inseguridad. Es lo que  dice Mariel Hemingway, que se da cuenta en Manhhattan de lo que esconde la pedante Diane Keaton tras el primer encuentro: “Creo que estaba nerviosa e insegura”.

Por otra parte, ¿es bueno o malo eso de la estudiada modestia? ¿Sería preferible tener una modestia descuidada? ¿No disminuiría eso el mérito del modesto, que lo sería sin siquiera darse cuenta de que lo es, cuando la verdadera dificultad sería el tener razones o impulsos hacia la presunción y, sin embargo, ser modesto?

Por poner un ejemplo, Borges, a quien se acusa de practicar una estudiada modestia, se mostraba, en efecto, modesto muy  a menudo, a pesar de que tenía sobrados argumentos para presumir. Si su modestia no hubiese sido estudiada sería sin duda pura hipocresía, más falsa que la falsa modestia. Una modestia no estudiada en Borges haría dudar acerca del conocimiento de sí mismo , porque tenía muchas razones para decir aquello que dijo Villiers de L’Isle Adam: “Me estimo poco cuando me examino, mucho cuando me comparo”.

Todo esto no impide que  se pueda ser modesto sin estar fingiendo. Por supuesto que sí, se puede ser modesto con verdadera convicción. Uno puede ser sinceramente modesto porque siente que no hay nada en lo que pueda destacar.

Lo que resulta más difícil es fingir que no adviertes que otros te miran como modesto o falso modesto, y el hecho de percibir eso influirá en tu comportamiento. Entonces serás un modesto que se da cuenta de que los demás no creen que debas mostrarte modesto, lo que, probablemente, te convierta, al menos en la relación social, en un falso modesto.


[Publicado el 4 de enero de 2008]

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Los personajes de Kundera

Veo que los personajes de Milan Kundera se comportan como pacientes arquetípicos del psicoanálisis, Entonces, ¿no significa eso que tenía razón Freud? En contra de mis propios prejuicios, me doy cuenta de que Freud tenía más razón de lo que puede parecer, pero, hay un “pero”…

Se comportan así y atribuyen sus problemas a sus traumas, a sus madres, etc., pero ello no implica que sea así de verdad (que sus problemas procedan de esos traumas), ni tampoco que sea correcto (ser víctima de los propios traumas), y que no sea lamentable que una persona no sea capaz de sobreponerse a ello.

El cerebro busca orden y se complace con cualquier cosa que le parezaca justificadora (que sirva como explicación de algo).

Por otro, lado, cuán cierto lo que dice Kundera: los amores, como los grandes imperios, se basan en un ideal y mueren cuando ese ideal muere.


[Escrito antes del 30 de agosto de 1998. Lo que está escrito en otro color es de 2016]

Comentario en 2016

Se trata de una nota de lectura, tras leer algo de Kundera. En la parte escrita en negrita (estaba así en el original) está quizá una clave y un matiz importante a lo de que Freud tenía razón. Como es obvio, Freud tenía razón en muchas cosas y probablemente no la tenía en muchas más, o por decirlo de otra manera, su afán por explicarlo todo hizo que muchas de sus mejores observaciones acerca de la psicología perdieran gran parte de su valor y precisión, al estar supeditadas a un sistema dogmático.

Pero no me refería a eso con lo del ansia de explicación, sino más bien (si lo recuerdo bien), a que con la llegada del psicoanálisis, muchas personas vieron ahí un filón para explicar cualquier cosa imaginable, y en especial sus propios problemas, inseguridades  y rasgos de carácter.

Es obvio que cualquier cosa que nos suceda puede influir sobre nosotros y dejar una huella más o menos profunda y más o menos negativa. Sería absurdo negarlo, porque ¿de qué otra manera podría formarse nuestra personalidad? Dentro de estas influencias, las mayores suelen ser las que proceden de nuestros padres, porque son los seres que comienzan a definir (para nosotros) lo que es el mundo, después nos pueden influir novios, novias, jefes, amigos. Todo ellos van dando forma a nuestra personalidad, no cabe duda.

Antes de Freud todo esto también se sabía, por supuesto, y se puede encontrar en casi cualquier escritor: célebres son los casos de los personajes de Shakespeare, que el propio Freud empleó como ejemplo, en especial Hamlet, que quizá se puede considerar uno de los padres del psicoanálisis, mucho más que Edipo, puesto que Edipo no se atormenta tanto como Hamlet por el aspecto puramente psicológico, sino más bien por el hecho mismo de que ha matado a su padre y se acuesta con su madre. Freud llevó al extremo la idea y proporcionó una explicación poderosa, lo que hizo que muchos se refugiaran en ella, pudiendo por fin explicar los rasgos de su carácter, y a  menudo su falta de carácter para cambiar esos rasgos, mediante una justificación que sonaba convincente. De este modo, las explicaciones del psicoanálisis, al margen de su posible verdad o falsedad concreta, sustituyeron las explicaciones anteriores, como la religiosa: ya no se trataba de un problema de pecado original o de recibir o no la gracia divina, de arrepentimiento y redención, sino de traumas infantiles.


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CONTRA EL JUICIO INSTANTÁNEO

lapaginanoaltEn La página noALT traté hace años algunas cuestiones relacionadas
con la polarización política, ideológica e idealógica.