CUADERNO DE PSICOLOGÍA Y NEUROCIENCIA

cuaderno-de-psicología-escher_bond

Resulta verdaderamente difícil distinguir entre ciencias, artes o disciplinas como: psicología, neurociencia, ética y moral y dianoética, filosofía, sociología, epistemología y gnoseología, ontología y metafísica, e incluso entre las anteriores y la religión, la física, la biología, la semiótica, las ciencias de la comunicación…

Es cierto que hay terrenos puros, digamos, de la filosofía o de la sociología, pero muchos asuntos están en un terreno difícil de delimitar. La cosa se complica cuando, como es mi caso, se tiene tendencia a divagar y desviarse del asunto tratado, cosa que hago casi por sistema. Así que agrupar las entradas relacionadas con la psicología, separándolas en ocasiones de las de filosofía, las de ética o incluso las de teología, resulta una tarea complejísima.

Aquí, pues, de una manera arbitraria y muy discutible agrupo las entradas dedicadas a asuntos psicológicos, ya se trate de psicoanálisis, psicología, psiquiatría, estudio de la mente, neurología, neurociencias cognitivas, etcétera. Pero conviene también consultar entradas del Cuaderno de Filosofía o del de ética, que quizá, en ocasiones tienen más relación con la psicología que con otra cosa (ver Cuaderno de filosofía).


 

Share

Freud renace

Acaba de morir por segunda vez y ya está aquí de nuevo. Freud había sido tirado a la basura en los últimos años, por culpa de los avances médicos, de las nuevas terapias y del tesón y persistencia en el disparate de sus discípulos.

No es extraño, porque decir “Freud” se había convertido en sinónimo de “irracional”, “ridículo” o “absurdo”. El caso de Freud muestra que lo peor que puede hacer un pensador es tener discípulos.

A mí me gusta mucho Freud, aunque no me gusten los freudianos ni las teorías freudianas al uso. Gracias a mi padre aprendí a apreciarlo como un gran escritor, pero también lo admiro por muchas de sus ideas. Sus libros son todo lo contrario de la imagen que se tiene de él. Suele ser moderado, duda casi siempre, adelanta una hipótesis con prudencia exquisita y siempre mantiene una última reserva que le impide afirmar de manera dogmática una teoría.

Me estoy refiriendo a los libros que he leído de Freud, que son quizás los que no integran el corpus del psicoanalisis (en los que quizá, no lo sé, se mostrará más dogmático): El malestar en la cultura, Moisés y el monoteísmo, Lo siniestro, etcétera.

Sé también, gracias a Martin Gardner y a Paul Roazen (Freud y sus discípulos, Hermano animal), que la vida de Freud tampoco fue muy ejemplar, pero eso no impide que me parezca uno de los pensadores más inteligentes que conozco. Ya dije antes que sus seguidores no están a su altura he incluso han reducido a su maestro a una estatura y aspecto de bufón maniático.

Los críticos del psicoanálisis, a los que les sobran razones, han tirado al niño con el agua de la bañera y no quieren saber nada de Freud, pero una cosa es decir que hay mejores maneras de solucionar los problemas de un paciente que pasarse veinte años escarbando en sus recuerdos de infancia, y otra cosa dictaminar que eso implica que el pasado no influye en nuestro comportamiento presente.

Sin duda sí que influye y no cabe duda de que somos hijos de nosotros mismos, pero es dudoso que el hecho de detectar el origen de un problema sea suficiente o incluso necesario para solucionarlo. Cuando alguien se rompe la cabeza suele ser innecesario conocer cómo se la ha roto: basta con saber dónde está la herida y qué métodos existen para curarla y de este modo evitar que los sesos se caigan al parqué.

Sin embargo, la influencia del pasado en nuestra vida presente y en nuestra forma de ser es un asunto fascinante y parece que ahora algunos científicos están recuperando ideas de Freud, como la de la represión, pero contrastándolas experimentalmente.

Dibujo de Freud que muestra las células nerviosas de la médula espinal de la lamprea y que se ha considerado un precursor de la teoría neuronal.


cuaderno-de-psicología-escher_bond

La memoria holográfica

Leer Más
La definición de inteligencia

Leer Más
Percepciones no percibidas

Leer Más
La persistencia de la sensación

Leer Más
Hacer y querer y terapia breve

Leer Más
Hardy, Casanova y el ideal

Leer Más
Coincidencias significativas

Leer Más
El diablo y la maledicencia

Leer Más
Las lecciones de la experiencia

Leer Más
Metáforas del cuenco

Leer Más
Controlar la mente es depresivo

Leer Más
La identidad y el mito de los orígenes

Leer Más
Refrán intuitivo

Leer Más
Innato no significa ni bueno ni recomendable

Leer Más
Enfermedades y emociones

Leer Más
Vestir con ropajes ajenos

Leer Más
Inteligencia intuitiva, de Malcom Gladwell

Leer Más
El futuro en el presente: retroproyección futura

Leer Más
La ceguera psicológica

Leer Más
McLuhan y la subjetividad

Leer Más
La razón de la emoción

Leer Más
El asco como categoría moral

Leer Más
Curiosidad

Leer Más
Los crímenes del amor

Leer Más
Viaje a la esencia

Leer Más
Maquiavelismo y narrativa

Leer Más
Los personajes de Kundera

Leer Más
La falsa modestia y la soberbia cierta

Leer Más
Parientes cercanos

Leer Más
La inteligencia contra los test de inteligencia

Leer Más


Originally posted 2004-01-18 12:00:41.

Share

La obsesión por clasificar

Ya lo he dicho varias veces, y en especial en Nada es lo que es: la mayoría de las personas no saben relacionarse con desconocidos. No se sienten cómodos en la incógnita  y enseguida quieren que esos desconocidos se conviertan en conocidos.

Que se conviertan en conocidos no solo en el sentido amistoso de la palabra, sino también en el sentido de manejables. La mejor manera, desde el punto de vista psicológico, de no enfrentarse a un desconocido consiste en encasillarlo cuanto antes, meterlo rápidamente en algún compartimento mental. Saber de dónde es, qué edad tiene, qué piensa acerca de algunas cuestiones básicas, saber cuál es su ideología o incluso cuál es su signo zodiacal. Gracias a estos datos triviales, el desconocido deja de serlo, o al menos eso parece a primera vista, porque, insisto, se trata de un mecanismo cuya finalidad es la tranquilidad psicológica, pero que tiene poco que ver con un sincero deseo de conocer.

Sucede que cuando obtenemos esos datos del desconocido, nos parece que ya lo conocemos, pero en realidad lo único que hemos conseguido es aplicarle los prejuicios e ideas hechas que hemos almacenado durante años acerca de esos datos, prejuicios que ahora nos devuelve nuestra intuición. Y de este modo logramos clasificarlo, es cierto, pero a cambio de perderlo como individuo. Y eso sucede no solo porque hemos sustituido un contacto real pero imperfecto por la suma de datos de un patrón prefabricado, sino también porque, al exigir tales informaciones y al darlas nosotros mismos, establecemos una relación viciada, un patrón de relaciones que se deslizará por los terrenos del tópico. Lo que suceda a continuación se va a adaptar inevitablemente a esa información intercambiada.

A mí, por el contrario, me gusta jugar durante más tiempo a conocer a alguien, prefiero evitar en la medida de lo posible las preguntas directas, tópicas, obligadas. Adivinar, deducir, descubrir. Me parece, además, que comportarse de este modo, convivir con lo desconocido, es una muestra de respeto y fascinación por la individualidad de cada persona, una preferencia por las personalidades únicas e irrepetibles.


Se podría  recordar, acerca de las personalidades irrepetibles, aquello que hizo Beethoven cuando se enteró de que Napoleón Bonaparte se había coronado a sí mismo Emperador: tachó la dedicatoria de la Quinta Sinfonía y mostró su desprecio hacia aquel acto supuestamente sublime del corso: “Es un hombre como los demás: pudiendo ser Napoleón, prefiere ser Emperador”.


[Escrito en la Escuela de San Antonio de los Baños (EICTV) de Cuba el 19 de febrero de 2017. Revisado en 2018]

Cuaderno de Cuba

Cuba-edificio

Psicología y neurociencia

 

Share

La inteligencia contra los test de inteligencia

La inteligencia a menudo se ha comparado con capacidades medibles mediante pruebas y test de inteligencia y hoy en día casi todo el mundo acepta que si alguien tiene muchos puntos en su CI (IQ en inglés) eso significa que es inteligente. Sin embargo, la fiabilidad de los test de inteligencia ha sido puesta en duda a menudo, y de hecho han sido modificados una y otra vez para adaptarse a las nuevas nociones que tenemos de inteligencia. Al final resulta difícil evitar la tautología o definición circular que ya mencioné en otra ocasión: los test de inteligencia miden la inteligencia y la inteligencia es esa cosa que miden los test de inteligencia.

El carácter discriminatorio de los test de inteligencia fue señalado de manera poderosa por el biólogo Stephen Jay Gould en su libro La falsa medida del hombre. Aunque algunos aspectos del libro son hoy discutibles a causa de posteriores investigaciones, destino al que están sometidas todas las teorías y propuestas que se basan en la observación y la ciencia, la esencia de lo que dice Gould sigue siendo válida.

En los primeros test de inteligencia empleados por el gobierno de Estados Unidos, los resultados para comunidades asiáticas, latinas y negras eran claramente inferiores a los de la comunidad blanca o puramente anglosajona (los llamados WASP, White Anglosaxon Protestant, blancos anglosajones y protestantes). Con el paso de los años, estos resultados han ido cambiando y los porcentajes se han ido equilibrando, a pesar de que es absurdo hablar de una mutación o evolución en los grupos estudiados que se haya producido en apenas unas cuantas décadas.

Una prueba de ello fue el bestseller Battle Hymn of the Tiger Mother, publicado en 2011 por la editorial Bloomsbury, en el que una madre de origen chino, Amy Chua, contaba cómo había educado a sus hijas siguiendo criterios de exigencia que hoy en día en muchos países nos parecen inhumanos. Su libro dio origen a la expresión “Madre Tigre” (Mother Tiger o Tiger Mom), que se define en el diccionario MacMillan como: “Una madre verdaderamente estricta que hace trabajar a sus hijos de manera particularmente dura y que reduce de manera drástica su tiempo libre para que continuamente alcancen los más altos retos”.

Según parece, en los últimos test de inteligencia los mejores resultados los obtienen personas procedentes de Asia Oriental (China, Japón y Corea del Sur), algo que parece tener mucha más relación con la cantidad de horas que las madres y padres obligan a estudiar a sus hijos que con otra improbable mutación genética.


[Publicado el 3 de abril de 2013 en Divertinajes]

CUADERNO DE PSICOLOGÍA

La memoria holográfica

Leer Más
La definición de inteligencia

Leer Más
Percepciones no percibidas

Leer Más
La persistencia de la sensación

Leer Más
Hacer y querer y terapia breve

Leer Más
Hardy, Casanova y el ideal

Leer Más
Coincidencias significativas

Leer Más
El diablo y la maledicencia

Leer Más
Las lecciones de la experiencia

Leer Más
Metáforas del cuenco

Leer Más
Controlar la mente es depresivo

Leer Más
La identidad y el mito de los orígenes

Leer Más
Refrán intuitivo

Leer Más
Innato no significa ni bueno ni recomendable

Leer Más
Enfermedades y emociones

Leer Más
Vestir con ropajes ajenos

Leer Más
Inteligencia intuitiva, de Malcom Gladwell

Leer Más
El futuro en el presente: retroproyección futura

Leer Más
La ceguera psicológica

Leer Más
McLuhan y la subjetividad

Leer Más
La razón de la emoción

Leer Más
El asco como categoría moral

Leer Más
Curiosidad

Leer Más
Los crímenes del amor

Leer Más
Viaje a la esencia

Leer Más
Maquiavelismo y narrativa

Leer Más
Los personajes de Kundera

Leer Más
La falsa modestia y la soberbia cierta

Leer Más
Parientes cercanos

Leer Más
La inteligencia contra los test de inteligencia

Leer Más

Share

Parientes cercanos

Existen muchas maneras de definir qué es la inteligencia. Una de las más interesantes y precisas es:

La inteligencia consiste en ser capaz de modificar la conducta al tener en cuenta la información que se recibe del medio circundante.

Esta definición es bastante convincente, pero tiene el problema de que su campo de aplicación es muy amplio. Muchos animales pueden ser considerados inteligentes, como las abejas de las que hablé en Lo que sí está en los genes, capaces de señalar a sus compañeras dónde encontrar un buen campo de margaritas. Ahora bien, quizá no nos parecen tan inteligentes aquellas otras abejas de la especie higiénica que son capaces de abrir celdillas infectadas pero que no tiran la larva enferma, a pesar de tenerla allí delante, ya que carecen de la instrucción genética para realizar esa segunda tarea, a primera vista tan obvia. El comportamiento instintivo no nos parece inteligente y tampoco creo que lo sea el intuitivo, que es una especie de instinto, pero adquirido durante la vida del individuo, como dije en Inteligencia intuitiva.

Volvamos a la definición de inteligencia.

Minsky y un amigo

El comportamiento inteligente podría incluir no solo animales como las abejas, los cuervos, los perros y los gatos, y quién sabe si las esponjas (que tardaron hasta 1765 en ser reconocidas como animales), sino también a los ordenadores personales e incluso a los termostatos. Eso último es lo que opinó hace muchos años Marvin Minsky, uno de los pioneros de la Inteligencia Artificial. Minsky opinaba que un termostato que mantiene estable la temperatura de una habitación es inteligente, puesto que recibe información del medio circundante, por ejemplo que la temperatura es de 12 grados, y a continuación modifica su conducta, dando salida a aire caliente hasta que la temperatura se eleva a 18 grados. Cuando vuelve a recibir la información de que esa temperatura ha sido alcanzada, vuelve a modificar su conducta e interrumpe o disminuye la salida de aire caliente. La provocación de Minsky tenía la intención de señalarnos lo difícil que resulta definir la inteligencia, a pesar de lo que creen los partidarios de los test de inteligencia, quienes acaban en la inevitable conclusión de que la inteligencia es esa cosa que miden sus test.

Elementos de la inteligencia del termostato

Aristóteles ya nos ofreció una brillante distinción entre las tres clases de alma o naturaleza: la de las plantas, con alma vegetativa; la de los animales, con alma vegetativa y sensitiva, y la de los seres humanos, con alma vegetativa, sensitiva e intelectiva. Pero también podríamos considerar que las plantas, los animales, los seres humanos e incluso los termostatos pertenecemos a una extraña especie o género, la de los “procesadores de información”. Nos distinguimos unos de otros según sea nuestra mayor o menor capacidad de procesamiento. Probablemente, un termostato sea en esta clasificación un pariente cercano de una esponja, mientras que los más avanzados ordenadores comienzan a compartir con nosotros un cierto aire de familia.

 


 

Cuaderno de Psicología

La memoria holográfica

Leer Más
La definición de inteligencia

Leer Más
Percepciones no percibidas

Leer Más
La persistencia de la sensación

Leer Más
Hacer y querer y terapia breve

Leer Más
Hardy, Casanova y el ideal

Leer Más
Coincidencias significativas

Leer Más
El diablo y la maledicencia

Leer Más
Las lecciones de la experiencia

Leer Más
Metáforas del cuenco

Leer Más
Controlar la mente es depresivo

Leer Más
La identidad y el mito de los orígenes

Leer Más
Refrán intuitivo

Leer Más
Innato no significa ni bueno ni recomendable

Leer Más
Enfermedades y emociones

Leer Más
Vestir con ropajes ajenos

Leer Más
Inteligencia intuitiva, de Malcom Gladwell

Leer Más
El futuro en el presente: retroproyección futura

Leer Más
La ceguera psicológica

Leer Más
McLuhan y la subjetividad

Leer Más
La razón de la emoción

Leer Más
El asco como categoría moral

Leer Más
Curiosidad

Leer Más
Los crímenes del amor

Leer Más
Viaje a la esencia

Leer Más
Maquiavelismo y narrativa

Leer Más
Los personajes de Kundera

Leer Más
La falsa modestia y la soberbia cierta

Leer Más
Parientes cercanos

Leer Más
La inteligencia contra los test de inteligencia

Leer Más

Share

La falsa modestia y la soberbia cierta

A menudo se dice que alguien muestra una falsa modestia o una modestia estudiada.

En primer lugar, ¿no podríamos pensar también que la soberbia es igualmente estudiada? Solemos considerar que la soberbia es algo que surge de manera no tan calculada o hipócrita como la falsa modestia, pero hay ejemplos que demuestran que la soberbia puede ser también muy estudiada. Según cuentan los amigos de Dalí, cuando el pintor veía que los periodistas se habían ido, se bajaba los bigotes y decía algo así como: “Bueno, ahora que ya estamos solos, no hace falta seguir con el personaje”.

“Cada mañana cuando me despierto, siento de nuevo un placer supremo, el de ser Salvador Dalí”

Si quisiéramos ir más lejos, podríamos preguntar si cualquier presunción no sólo es estudiada, debido a que que el presuntuoso se examina a sí mismo con esmero para ver qué méritos suyos puede señalar a los demás, sino que, además, por paradójico que parezca, la presunción puede ser falsa. ¿Por qué? Porque la necesidad de presumir suele esconder una cierta desconfianza en uno mismo: puesto que no se espera que los demás admiren los méritos propios, el presuntuoso se ve obligado a insistir en ellos y resaltarlos.

Casi todos los que mi padre llamaba “papanatas” practican esa soberbia calculada, que a menudo esconde gran inseguridad. Es lo que  dice Mariel Hemingway, que se da cuenta en Manhhattan de lo que esconde la pedante Diane Keaton tras el primer encuentro: “Creo que estaba nerviosa e insegura”.

Por otra parte, ¿es bueno o malo eso de la estudiada modestia? ¿Sería preferible tener una modestia descuidada? ¿No disminuiría eso el mérito del modesto, que lo sería sin siquiera darse cuenta de que lo es, cuando la verdadera dificultad sería el tener razones o impulsos hacia la presunción y, sin embargo, ser modesto?

Por poner un ejemplo, Borges, a quien se acusa de practicar una estudiada modestia, se mostraba, en efecto, modesto muy  a menudo, a pesar de que tenía sobrados argumentos para presumir. Si su modestia no hubiese sido estudiada sería sin duda pura hipocresía, más falsa que la falsa modestia. Una modestia no estudiada en Borges haría dudar acerca del conocimiento de sí mismo , porque tenía muchas razones para decir aquello que dijo Villiers de L’Isle Adam: “Me estimo poco cuando me examino, mucho cuando me comparo”.

Todo esto no impide que  se pueda ser modesto sin estar fingiendo. Por supuesto que sí, se puede ser modesto con verdadera convicción. Uno puede ser sinceramente modesto porque siente que no hay nada en lo que pueda destacar.

Lo que resulta más difícil es fingir que no adviertes que otros te miran como modesto o falso modesto, y el hecho de percibir eso influirá en tu comportamiento. Entonces serás un modesto que se da cuenta de que los demás no creen que debas mostrarte modesto, lo que, probablemente, te convierta, al menos en la relación social, en un falso modesto.


[Publicado el 4 de enero de 2008]

Share

Los personajes de Kundera

Veo que los personajes de Milan Kundera se comportan como pacientes arquetípicos del psicoanálisis, Entonces, ¿no significa eso que tenía razón Freud? En contra de mis propios prejuicios, me doy cuenta de que Freud tenía más razón de lo que puede parecer, pero, hay un “pero”…

Se comportan así y atribuyen sus problemas a sus traumas, a sus madres, etc., pero ello no implica que sea así de verdad (que sus problemas procedan de esos traumas), ni tampoco que sea correcto (ser víctima de los propios traumas), y que no sea lamentable que una persona no sea capaz de sobreponerse a ello.

El cerebro busca orden y se complace con cualquier cosa que le parezaca justificadora (que sirva como explicación de algo).

Por otro, lado, cuán cierto lo que dice Kundera: los amores, como los grandes imperios, se basan en un ideal y mueren cuando ese ideal muere.


[Escrito antes del 30 de agosto de 1998. Lo que está escrito en otro color es de 2016]

Comentario en 2016

Se trata de una nota de lectura, tras leer algo de Kundera. En la parte escrita en negrita (estaba así en el original) está quizá una clave y un matiz importante a lo de que Freud tenía razón. Como es obvio, Freud tenía razón en muchas cosas y probablemente no la tenía en muchas más, o por decirlo de otra manera, su afán por explicarlo todo hizo que muchas de sus mejores observaciones acerca de la psicología perdieran gran parte de su valor y precisión, al estar supeditadas a un sistema dogmático.

Pero no me refería a eso con lo del ansia de explicación, sino más bien (si lo recuerdo bien), a que con la llegada del psicoanálisis, muchas personas vieron ahí un filón para explicar cualquier cosa imaginable, y en especial sus propios problemas, inseguridades  y rasgos de carácter.

Es obvio que cualquier cosa que nos suceda puede influir sobre nosotros y dejar una huella más o menos profunda y más o menos negativa. Sería absurdo negarlo, porque ¿de qué otra manera podría formarse nuestra personalidad? Dentro de estas influencias, las mayores suelen ser las que proceden de nuestros padres, porque son los seres que comienzan a definir (para nosotros) lo que es el mundo, después nos pueden influir novios, novias, jefes, amigos. Todo ellos van dando forma a nuestra personalidad, no cabe duda.

Antes de Freud todo esto también se sabía, por supuesto, y se puede encontrar en casi cualquier escritor: célebres son los casos de los personajes de Shakespeare, que el propio Freud empleó como ejemplo, en especial Hamlet, que quizá se puede considerar uno de los padres del psicoanálisis, mucho más que Edipo, puesto que Edipo no se atormenta tanto como Hamlet por el aspecto puramente psicológico, sino más bien por el hecho mismo de que ha matado a su padre y se acuesta con su madre. Freud llevó al extremo la idea y proporcionó una explicación poderosa, lo que hizo que muchos se refugiaran en ella, pudiendo por fin explicar los rasgos de su carácter, y a  menudo su falta de carácter para cambiar esos rasgos, mediante una justificación que sonaba convincente. De este modo, las explicaciones del psicoanálisis, al margen de su posible verdad o falsedad concreta, sustituyeron las explicaciones anteriores, como la religiosa: ya no se trataba de un problema de pecado original o de recibir o no la gracia divina, de arrepentimiento y redención, sino de traumas infantiles.


La memoria holográfica

Leer Más
La definición de inteligencia

Leer Más
Percepciones no percibidas

Leer Más
La persistencia de la sensación

Leer Más
Hacer y querer y terapia breve

Leer Más
Hardy, Casanova y el ideal

Leer Más
Coincidencias significativas

Leer Más
El diablo y la maledicencia

Leer Más
Las lecciones de la experiencia

Leer Más
Metáforas del cuenco

Leer Más
Controlar la mente es depresivo

Leer Más
La identidad y el mito de los orígenes

Leer Más
Refrán intuitivo

Leer Más
Innato no significa ni bueno ni recomendable

Leer Más
Enfermedades y emociones

Leer Más
Vestir con ropajes ajenos

Leer Más
Inteligencia intuitiva, de Malcom Gladwell

Leer Más
El futuro en el presente: retroproyección futura

Leer Más
La ceguera psicológica

Leer Más
McLuhan y la subjetividad

Leer Más
La razón de la emoción

Leer Más
El asco como categoría moral

Leer Más
Curiosidad

Leer Más
Los crímenes del amor

Leer Más
Viaje a la esencia

Leer Más
Maquiavelismo y narrativa

Leer Más
Los personajes de Kundera

Leer Más
La falsa modestia y la soberbia cierta

Leer Más
Parientes cercanos

Leer Más
La inteligencia contra los test de inteligencia

Leer Más


CONTRA EL JUICIO INSTANTÁNEO

lapaginanoaltEn La página noALT traté hace años algunas cuestiones relacionadas
con la polarización política, ideológica e idealógica.

 

Share

Maquiavelismo y narrativa

Habla Michael Carrithers del pensamiento maquiavélico como útil para la especie.

Y lo es, sin duda, pero no sé si también se podría decir que el pensamiento maquiavélico es, además, una sofisticación cultural de esa sofisticación evolutiva o cultural que es el pensamiento narrativo.

“Quien engaña siempre encontrará a personas que desean ser engañadas” (El perfecto credo del narrador, en especial de la mayoría de los guionistas de películas y series)

Es tal vez algo parecido a cómo un guionista o un escritor se aprovecha de los códigos y prejuicios para romperlos en su propio beneficio: puesto que los demás van  a aplicar el mecanismo planteamiento-desarrollo y desenlace, yo les supero, les engaño, les pongo una trampa rompiendo ese mecanismo. Por ejemplo, recurriendo a un deus ex machina (un tiro inesperado, por ejemplo) o de manera más sofisticada, rompiendo las leyes del discurso. Un maquiavélico utilizaría un arma de fuego en un duelo aunque se hubiese pactado no usarlas. Por su parte, un guionista deseoso de sorprender al espectador, usara un deus ex machina en una película.


[Publicado el 13 de enero de 2008, revisado en 2016]

DEUS EX MACHINA y DIABOLUS EX MACHINA

¿Qué es el deus ex machina?

||DEUS EX MACHINA (Y DIABOLUS)


Leer Más
Dios y el deus ex machina

Leer Más
Cómo usar bien un deus ex machina

Leer Más
Primera defensa del deus ex machina

Leer Más
Aristóteles como deus ex machina

Leer Más
El diabolus ex machina

Leer Más
La siembra de Gilgamesh

Leer Más
El deus ex machina de la Medea de Eurípides

Leer Más
Maquiavelismo y narrativa

Leer Más

 

Share

Viaje a la esencia

diccionadiodelalengua

Existen muy diversas maneras de intentar definir, entender o describir algo. Una es el esencialismo, que afirma que existe una definición “correcta” o “esencial” de las cosas, de los objetos, de los entes o de las palabras. El esencialismo es la teoría preferida por los reglamentistas, que aseguran que instituciones como la Academia de la Lengua son las que deben determinar si el uso de esta o aquella palabra es adecuado o incorrecto.

democrito8Otra manera de decidir lo que significan las palabras es el recurso a la etimología: se busca el origen de la palabra y de este modo se decide su significado. A este método era muy aficionado Platón, que polemizó desde Atenas con el abderita Demócrito acerca de la naturaleza del lenguaje. Demócrito pensaba que el lenguaje es fruto de una convención y que no existe un nexo necesario entre una cosa y la palabra que se usa para designarla. Ofreció varios argumentos casi para probar su tesis, como estos dos:

  • Las palabras homónimas. Si dos cosas diferentes se definen con una misma palabra, eso prueba que no hay un encadenamiento inevitable y natural entre el nombre y la cosa. “Banco” puede referirse a un lugar donde se sienta uno, a una entidad de crédito o a un grupo de peces.
  • Los sinónimos. Si una cosa se define con dos o más palabras diferentes, entonces eso es un indicio, aunque quizá no una prueba definitiva, de que no existe una conexión, o al menos una conexión única, entre las palabras y las cosas.  “Casa”, “hogar” y “morada” se definen a una misma cosa.
Samuel Johnson

Samuel Johnson

Frente al reglamentismo o esencialismo, ya sea por dictamen de las Autoridades o por etimología, encontramos diferentes métodos basados en la observación, en el método empírico. Es decir, observamos cómo se emplean las palabras y eso nos permite saber qué significan. Ese era el método que seguía casi siempre Aristóteles, que cuando quería averiguar qué era la prudencia observaba a los prudentes. Decimos que Pericles es prudente y entonces nos preguntamos qué cosas hace Pericles. Observamos lo que hace y descubrimos que muchas de las cosas que hace parecen tener rasgos comunes. Uno de esos rasgos es lo que llamamos prudencia. , porque se supone que tendrán relación con la prudencia. Este es el también el estilo anglosajón, frente al reglamentismo francés o español, que siguieron personas como Samuel Johnson al crear su diccionario: en vez de dictaminar qué era correcto y qué era incorrecto, recopilar todas las palabras publicadas en libros y revistas. Al parecer, Johnson sólo olvido una de importancia: “bond” (criada).

Wittgenstein-

Ludwig Wittgenstein

En el siglo XX, Wittgenstein reinventó el método aristotélico y creó la filosofía del lenguaje más influyente de las últimas décadas, lo que se ha llamado la teoría del lenguaje como valor de uso. Aunque en esencia se trata de lo mismo que hacían Demócrito, Aristóteles o Samuel Johnson, Wittgenstein logró que sus ideas parecieran distintas de manera un poco paradójica, porque puso un límite claro a cualquier ambición definidora. Wittgenstein observaba cómo se usaban las palabras, pero se detenía ahí, en la observación, sin pretender extraer reglas, más allá de la constatación de que existen diferentes “juegos de lenguaje” o de que no puede existir un lenguaje privado. Aristóteles, por el contrario, a partir del empirismo iniciaba la construcción de complejos esquemas y precisas categorizaciones y buscaba las leyes ocultas bajo el caos aparente.

En cualquier caso, lo que aquí me interesa de las definiciones esencialistas o empiristas es que también se pueden aplicar, y de hecho se aplican, en el terreno de la discusión ideológica o ética. El esencialismo en sus diversas variantes ha sido de mucha utilidad para exonerar de crímenes o desmanes a aquellas personas, movimientos, ideologías o religiones a las que nos sentimos cercanos. Gracias al esencialismo podemos decir:

“Aunque muchos cristianos cometieron crímenes, eso no son crímenes del cristianismo, ya que esas personas se consideraban cristianas pero no lo eran”.

[bctt tweet=”El esencialismo ha sido muy útil para excusar todo tipo de crímenes” username=”danieltubau”]Lo mismo vale para el comunismo, el fascismo, el colonialismo, el anticolonialismo, el budismo, el liberalismo o cualquier otra cosa. El argumento es más o menos el siguiente: “En la definición esencial de cristianismo, comunismo o fascismo, no estaba contenida su aplicación futura”.

Por el contrario, las teorías empiristas dicen, como Aristóteles, que al observar las acciones de los comunistas, los fascistas, los liberales, los cristianos, vemos que abundan las injusticias, los abusos y los crímenes, por lo que parece razonable concluir que algo de responsabilidad se debe atribuir a esas doctrinas.

No se puede negar que el argumento esencialista es adecuado en algunos casos y que en muchas ocasiones  alguien que se limitó a formular una teoría, a proponer una ideología o a propagar una religión no puede ser responsabilizado de los crímenes de sus partidarios, algunos de ellos distantes cientos de años en el futuro. No parece razonable atribuir a Buda o a Laozi los crímenes cometidos en Sri Lanka en el siglo XX o en la China de la época Qin. Los responsables de esos crímenes podían considerarse, y así eran considerados por sus propios partidarios, como taoístas y budistas, pero no por ello Buda o Laozi tienen por qué heredar de manera retrospectiva las culpas de sus seguidores futuros. Ahora bien, en casos como los anteriores, si la excusa esencialista funciona será precisamente porque se base en el empirismo, es decir en observar lo que hicieron o no hicieron Buda o Laozi.

Existen otros muchos ejemplos, sin embargo, en los que parece posible y razonable trazar una línea que conecta al creador de la doctrina con los desmanes de sus seguidores. En algunos casos hay pocas dudas, porque el propio fundador ha tenido en sus manos los instrumentos del poder y ha podido demostrar las consecuencias prácticas de sus doctrinas. Entre ellos podríamos mencionar al inflexible Moisés, al conquistador Mahoma o a tantos ideólogos y al mismo tiempo líderes supremos que produjo el siglo XX, como Lenin, Mussolini, Stalin, Hitler, Franco o Mao Zedong, que cito aquí por orden de aparición en lo más alto de la escena política.

Decía Agustín de Hipona, en una definición quizá esencialista, que del mismo modo que el hierro se prueba en la fragua, el ser humano se prueba en el poder. La verdad es que muy pocos han logrado pasar esa prueba, demostrando el dicho empírico de Lord Acton: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. 

Kropotkin

Kropotkin

A la memoria me vienen ahora cuatro ejemplos de personas que sí pasaron la prueba: Buda quizá, el anarquista Kropotkin sin dudaGandhi y Nelson Mandela. Lo demás son hipótesis: ¿qué habría hecho Jesucristo si hubiera logrado expulsar no sólo a los mercaderes del templo, sino también a los sacerdotes?, ¿habría llevado los gérmenes de intolerancia, presentes aquí y allá en ciertos momentos de su biografía y de su doctrina, hasta el exceso de un Calvino? ¿O más bien habría  mostrado su lado más amable y tolerante, como cuando ante la mujer adúltera dijo: “Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”. No podemos saberlo.

En cualquier caso, mi intención no es señalar que las definiciones esencialistas sean erróneas, sino que, lo sean o no, son empleadas demasiado a menudo para ocultar o disimular certezas que todos nos veríamos obligados a admitir a partir de una simple observación empírica. El esencialismo, en definitiva, es otro método para no ver, para adentrarnos en la oscuridad de la justificación partidista y atravesar la línea de sombra del crimen con la conciencia tranquila. Otra poderosa adormidera intelectual.

[Una primera versión de esta entrada se publicó el 9 de mayo de 2012 en Divertinajes.
Revisado en 2016]

 

cuaderno-de-psicología-escher_bond

La memoria holográfica

Leer Más
La definición de inteligencia

Leer Más
Percepciones no percibidas

Leer Más
La persistencia de la sensación

Leer Más
Hacer y querer y terapia breve

Leer Más
Hardy, Casanova y el ideal

Leer Más
Coincidencias significativas

Leer Más
El diablo y la maledicencia

Leer Más
Las lecciones de la experiencia

Leer Más
Metáforas del cuenco

Leer Más
Controlar la mente es depresivo

Leer Más
La identidad y el mito de los orígenes

Leer Más
Refrán intuitivo

Leer Más
Innato no significa ni bueno ni recomendable

Leer Más
Enfermedades y emociones

Leer Más
Vestir con ropajes ajenos

Leer Más
Inteligencia intuitiva, de Malcom Gladwell

Leer Más
El futuro en el presente: retroproyección futura

Leer Más
La ceguera psicológica

Leer Más
McLuhan y la subjetividad

Leer Más
La razón de la emoción

Leer Más
El asco como categoría moral

Leer Más
Curiosidad

Leer Más
Los crímenes del amor

Leer Más
Viaje a la esencia

Leer Más
Maquiavelismo y narrativa

Leer Más
Los personajes de Kundera

Leer Más
La falsa modestia y la soberbia cierta

Leer Más
Parientes cercanos

Leer Más
La inteligencia contra los test de inteligencia

Leer Más

Share

Los crímenes del amor

A lo largo de la historia de la humanidad es probable que se hayan cometido más crímenes a causa del amor y la generosidad que del egoísmo. La frase anterior parece una provocación gratuita, pero no lo es.

[bctt tweet=”Es probable que se hayan cometido más crímenes a causa del amor y la generosidad que del egoísmo” username=”danieltubau”]Quizá algún lector objetará que esos crímenes cometidos a causa de la generosidad  han tenido otra causa, puesto que el amor puro y la verdadera generosidad es incompatible con el crimen. Ante esa protesta, mi primer impulso es admitir que tiene razón ese lector y que no hay crímenes causados por la generosidad, sino, en todo caso, cometidos en nombre de la generosidad, de una generosidad mal entendida. Pero como creo que no hay que fiarse de los primeros instintos o intuiciones, rechazo ese primer impulso, me detengo por un momento, examino de nuevo la cuestión y, por fin, me reafirmo: “crímenes cometidos a causa del amor y la generosidad”.

G.K.Chesterton

G.K.Chesterton

En primer lugar, hay que recordar que, como vimos Viaje a la esencia, un recurso fácil para proteger de cualquier crítica a los que consideramos nuestros aliados  o amigos es recurrir a las definiciones esencialistas: si nos consideramos liberales pero alguien nos muestra algunas de las cosas que han hecho quienes se llaman a sí mismos liberales, podemos argumentar que no se trataba de verdaderos liberales. He escuchado eeste argumento en personas de cualquier ideología o credo imaginable: fascistas, comunistas, cristianos, musulmanes o harekrishnas. Para todas esas personas, los crímenes de quienes dicen palicar esas doctrinas nunca son suyos pero las cosas buenas y las utopías maravillosas (nunca vistas en este mísero planeta) sí que lo son. Chesterton ya se dio cuenta de esta estratagema (que él mismo usaba para defender el catolicismo) y en una ocasión observó con su ingenio habitual: “Nunca he dejado de creer en el liberalismo, pero hace ya mucho tiempo que dejé de creer en los liberales”. Algo que podríamos aplicar a todos los mensionados antes,

Con la generosidad sucede algo parecido: siempre podemos decir que quien hizo aquello en nombre de la generosidad o del amor… en realidad no lo hizo por eso, sino por otras razones. Sin embargo, me temo que el recurso a la esencia, a la definición sagrada de una cosa (“comunismo”, “liberalismo”, “cristianismo”, “generosidad”) no servirá esta vez para refutar la frase que inicia este artículo. Sin embargo, quizá valga la pena, antes de continuar y para no suscitar dudas innecesarias, definir la generosidad.

Pues bien, he consultado las definiciones del Diccionario de la Academia y he llegado a la conclusión de que no son de mucha utilidad para definir la generosidad, así que propondré otra en la que creo será fácil estar de acuerdo. Una persona es generosa cuando da algo a cambio de nada, cuando se desprende de algo que de alguna manera le pertenece, incluido su tiempo, y lo entrega a otros, cuando hace un esfuerzo para ayudar a los que carecen de algo, o para contribuir a una tarea en beneficio de un grupo o comunidad, sin la esperanza de obtener algo a cambio de ese esfuerzo o donación.

En cuanto al amor, me ahorraré el mal trago de intentar definirlo, porque creo que todos tenemos muy claro qué es, aunque nadie lo sepamos definir.

Fontenelle

Pues bien, hay muchas personas que han cometido todo tipo de crímenes e injusticias movidas por el amor y la generosidad. Podría repetir aquí mi lista habitual de tiranos, dictadores y revolucionarios que, llevados por el amor a sus súbditos, han matado a diestro y siniestro, incluso a sus propios súbditos y seguidores, aquellos a los que se puede aplicar lo que Fontenelle dijo del emperador Constantino: “Queriendo aumentar el número de los cristianos, redujo el de los seres humanos”. Pero prefiero mencionar a alguien que parecía sentir un verdadero amor hacia los más discriminados por la sociedad y que dedicó su vida de manera generosa a ellos: la madre Teresa de Calcuta.


Teresa de Calcuta

Llevada por su amor y generosidad, por su deseo de salvar a los pecadores del infierno y la maldad, la madre Teresa recomendó que no se usaran preservativos, siendo responsable casi directa de la muerte de cientos personas durante los peores años del SIDA; también se opuso a medidas de control de la natalidad, absolutamente indispensables para frenar la pobreza y la muerte infantil en India y otro países superpoblados. No sólo eso, también pensaba que el sufrimiento era bueno para el alma, así que lo recomendaba y se oponía al uso de analgésicos e incluso a los tratamientos, pues lo que verdaderamente le preocupaba era tutelar a los moribundos en su camino al cielo, pero no curar a los enfermos, por lo que sus hospitales, a pesar de las generosísimas donaciones, carecían de las necesidades y medicinas más básicas.

Las anteriores son algunas de las características de la labor de la madre Teresa de Calcuta que Christopher Hitchens denunció en 1995, tanto en su documental “Ángel del infierno” como en su libro The Missionary Position. Hay otros muchos detalles que nos podrían hacer dudar de que la generosidad de la madre Teresa fuera desinteresada, pero no quiero ocuparme aquí de eso . Lo que he querido mostrar, a través de un ejemplo bien conocido, es que el amor y la generosidad pueden causar dolor, sufrimiento e incluso la muerte de muchos seres humanos de manera indirecta e incluso directa, al no aplicar la curación que podría haberles salvado, o al condenarles al contagio masivo de enfermedades como el SIDA (algo de lo que también es responsable el Papa Juan Pablo II, por cierto). Aparte del sufrimiento impuesto a sus propias monjas, para quienes el dolor era una de las tres reglas básicas que las hacían ser amadas por Dios. Dios, el dios cristiano, judío y musulmán no es otro personaje que añadir a la lista de los grandes criminales amorosos.

Torquemada predicando a los REyes Católicos el amor a Dios en 1478 --- Image by © Stefano Bianchetti/Corbis

Torquemada predicando a los Reyes Católicos el amor a Dios en 1478
— Image by © Stefano Bianchetti/Corbis

 

Quizá el amor y la generosidad de la madre Teresa no era muy diferente a lo que decía el inquisidor medieval Torquemada, quien aseguraba que lo que le llevaba a quemar a los herejes era el amor que sentía hacia ellos, hacia sus almas, ya que mediante la breve hoguera terrenal, escapaban de una eternidad de sufrimiento entre las llamas del infierno. Este es un ejemplo de que la idea de que uno debe hacer a los demás lo que desearía que ellos le hicieran a él, formulada con diversas variantes por Kant, Jesucristo, Pitágoras y Confucio, no siempre se debe aplicar: un masoquista haría sufrir a los demás, porque eso es lo que él desea que le hagan, y se convertiría, en consecuencia, en un sádico, como al parecer lo fueron Torquemada y la madre Teresa de Calcuta.

Torquemada, frente a Reyes Católicos arroja una cruz ante un judío y se da comienzo a las consecuencias de su amor: la expulsión de los judíos de España.


[Una primera versión de esta entrada se publicó el 14 de septiembre de 2012 en Divertinajes.
Revisado en 2016]

 

cuaderno-de-psicología-escher_bond

La memoria holográfica

Leer Más
La definición de inteligencia

Leer Más
Percepciones no percibidas

Leer Más
La persistencia de la sensación

Leer Más
Hacer y querer y terapia breve

Leer Más
Hardy, Casanova y el ideal

Leer Más
Coincidencias significativas

Leer Más
El diablo y la maledicencia

Leer Más
Las lecciones de la experiencia

Leer Más
Metáforas del cuenco

Leer Más
Controlar la mente es depresivo

Leer Más
La identidad y el mito de los orígenes

Leer Más
Refrán intuitivo

Leer Más
Innato no significa ni bueno ni recomendable

Leer Más
Enfermedades y emociones

Leer Más
Vestir con ropajes ajenos

Leer Más
Inteligencia intuitiva, de Malcom Gladwell

Leer Más
El futuro en el presente: retroproyección futura

Leer Más
La ceguera psicológica

Leer Más
McLuhan y la subjetividad

Leer Más
La razón de la emoción

Leer Más
El asco como categoría moral

Leer Más
Curiosidad

Leer Más
Los crímenes del amor

Leer Más
Viaje a la esencia

Leer Más
Maquiavelismo y narrativa

Leer Más
Los personajes de Kundera

Leer Más
La falsa modestia y la soberbia cierta

Leer Más
Parientes cercanos

Leer Más
La inteligencia contra los test de inteligencia

Leer Más

Share