Ted Nelson y Xanadú
Cómo se invento el futuro /3

A finales del siglo 20 y principios del 21, se atribuía el hiperenlace a tres personas: Jorge Luis Borges, Vannevar Bush y Ted Nelson. Hoy estamos mejor informados, pero ello no nos ha hecho olvidar la gran aportacion de los tres.

Se consideraba entonces que Bush fue el primero que había imaginado el sistema de una manera general, pero que Nelson, joven en los inicios de la epoca algorítmica, lo formuló de manera explícita y lo llamó hiperenlace.

Sucedió en el año 1968.

Vannevar Bush anticipó el hiperenlace en su artículo As we may think, publicado en 1945, y lo llamó memex

Nelson es hoy en día más conocido por Xanadú y también por su lucha en favor de la liberación de los seres humanos a traves de las máquinas, así como por los primeros manifiestos a favor de la liberación de las propias máquinas, como cuando publicó aquel clásico inolvidable Computer Lib.De todo ello hablaremos aquí.

Un libro doble

Ted Nelson publicó en 1974 un libro doble: Computer Lib y Dream Machines. Empezabas leyendo Computer Lib, llegabas al final, le dabas la vuelta al libro y podías leer Dream Machines .

En el libro de Nelson no había ningún tipo de orden aparente, ni índices, ni títulos de capítulos que pudieran guiar al lector.

Se puede observar que el pie del superhéroe de Dream Machines asoma en la portada de Computer Lib. Aquí hemos invertido una de las portadas, pero en el ejemplar impreso, se vería una de ellas boca abajo. 

El titulo Computer Lib hacía alusión a la liberación a través de las computadoras y a la liberación de las computadoras mismas. Aunque el libro fue inspiración constante de la primera era hacker, la mayoría de los hackers de segunda generación no llegaron a comprender o aplicar muchas de las ideas básicas de Nelson, que a menudo fueron llevadas a cabo por los que deberían haberse considerado los enemigos naturales de Nelson: las grandes compañías.

Como es sabido, las grandes compañías, movidas por intereses comerciales, posibilitaron la revolución informática del siglo 20 e incluso propiciaron el vertiginoso desarrollo de un mundo hacker con pretensiones de subcultura pero con cientos de miles de adeptos que tenían a su disposición todo tipo de aparatos y tecnología.

El precedente más inmediato de Dream Machines/Computer Lib era The Whole Earth Catalog, de Stewart Brand, (1968).

En Computer Lib se pueden encontrar muchos de los intereses de Nelson en aquellos años: psicología hacker, ataques a IBM, hologramas, notación musical, el Watergate, cómo programar en Trac, las primeras muestras de arte ASCII y todo tipo de referencias literarias.

En cuanto a Xanadú, de lo que se hablará más adelante, ya se mencionaba en Dream Machines y se decía que:

  “Te dará una pantalla en tu casa desde la que podrás acceder a librerías de hipertexto, ofreciendo altas prestaciones en gráficos y servicios de texto por un precio asequible… permitiéndote enviar y recibir mensajes… y haciéndote participe de un nuevo mundo de literatura y arte donde todas tus dudas podrán ser respondidas” (Dream Machines).

Nelson incluso ofrecía un jingle o cancioncilla promocional:

 The greatest things you’ve ever seen
Dance your wishes on the screen
All the things that man has known
Comin’ on the telephone –
Poems, books and pictures too
Comin’ on the Xanadu

 

Nelson el precursor

Recordemos aquí  algunas de las ideas de Nelson. En primer lugar, como se puede leer en la portada de Computer Lib:

“You can and must understand computers NOW” (“Tú puedes y debes entender los computadores AHORA”).

Nelson, entre muchas otras cosas, decía en 1974:

“Tiene sentido que poseas tu propio ordenador”

Hay que recordar que entonces apenas había computadores personales y que los pocos que había tenían una capacidad tan limitada que resultaba difícil imaginar para qué otra cosa que no fuera hacer cálculos podían servir; por otra parte, apenas había metalenguajes accesibles a alguien que no fuera programador.
Uno de los seguidores de Nelson, Gregory es conocido como el primer particular, no subvencionado por ninguna empresa o institución, que se compró un ordenador Sun en 1982 (número de serie 82).

 “Los computadores rígidos e inhumanos son la creación de personas rígidas e inhumanas”.

“Recuerda la ley de Grosch: “No importa lo listos que sean los chicos del hardware, los chicos del software los superarán”

Esta era una de las ideas de Nelson que más inspiró a los hackers, quienes lo demostraron una y otra vez. A pesar de las continuas cerraduras, candados y puertas que los chicos del hardware pudieran colocar, olvidaban ingenuamente que al final de la cadena siempre se necesita pasar por las horcas claudinas de una instrucción de software.

Primera mención de los hackers (1963) Probablemente se trataba de John Draper

Los primeros discípulos de Nelson fueron un grupo de hackers llamado R.E.S.I.S.T.O.R.S. (Resistentes) es decir Radically Students Interested in Science, Technology and Other Research Studies (Estudiantes Radicales Interesados en Ciencia, Tecnología y Otros Estudios de Investigación), que tenían muchas cosas en común con los hackers posteriores pero que, al contrario que muchos de estos, además poseían sentido del humor y se interesaban por todo tipo de cosas.

Cuando los resistentes conocieron a Nelson, tenían una media de edad de 15 años, pero Nelson los consideraba más capaces que los adultos de ayudarle: “Algunas personas son demasiado orgullosas como para acudir a los niños en busca de información”. Con el paso de los años, en la era algorítmica acabó resultando imprescindible acudir a los niños para solucionar muchos de los problemas planteados por los ordenadores.

Los R.E.S.I.S.T.O.R.S en The Evening Times, Trenton, New Jersey, Wednesday, July 26, 1967.

  “Usar un computador siempre debería ser mas sencillo que no usar un computador”.

“Cualquier sistema que no pueda ser entendido por una persona instruida en diez minutos, con un tutor que responda sencillamente a sus dudas, es demasiado complicado.”

A pesar de la admiración que sentían hacia Nelson, durante los primeros 25 o 30 años de computación la obsesión de muchos hackers no fue el facilitar las cosas sino el complicarlas, construyendo una jerga ininteligible para los profanos y elaborando a menudo programas que solo podían ser manejados por personas que se pasaran 18 horas al día frente al computador.

Como suele suceder, el cambio conceptual más radical vino propiciado por los avances tecnológicos de las primeras décadas del siglo 21, que hicieron posible que los ordenadores manejasen cantidades de información virtualmente infinitas a velocidades casi instantáneas. Ello propició la progresiva conversión de los lenguajes máquina y humano en uno solo y, tras la época oscura y la desaparición efectiva de consolas, teclados, ratones y discos duros, en el fin de la dualidad entre hardware y software, entre máquina y programa, incluso entre externo e interno y, por tanto, convirtió en obsoleta la distinción entre analógico y digital de una manera que, por supuesto, Ted Nelson no habría podido imaginar.

Pero hasta que todo eso sucedió, los verdaderos motores de la revolución fueron las grandes compañías, para las que trabajaban, casi siempre sin ser conscientes de ello, los propios hackers y que, por su parte, proporcionaban a los hackers los medios necesarios para convertirse en un fenómeno minoritario pero masivo.

 

  “El conocimiento, el aprendizaje y la libertad pueden ser acelerados mediante la promoción y el desarrollo de las consolas de computador.”

Aunque aquí Nelson expresa una idea correcta, la referencia a consolas y otros dispositivos de hardware externo hoy nos hace sonreír. Sin embargo, hay que tener en cuenta que estas confusiones entre las ideas y su soporte han sido habituales, como señala danieltubau.com en un ensayo de inicios del siglo 21: Por que el mundo digital no es digital (confusión en la que él mismo no puede evitar caer en algún momento).

“No importa la naturaleza de las máquinas, sino la de las ideas.”

Curiosamente, aquí Ted Nelson parece habernos captado y rectificado, por lo que, del mismo modo, nosotros rectificamos y elogiamos la clarividencia de Nelson.

 “Todo está profundamente interconectado.”

Lo acabamos de decir.

 

Nelson y el hiperenlace

Las anteriores eran algunas de las ideas que Nelson adelantó en Computer Lib y Dream Machines. También hablaba en este libro doble del hiperenlace, e incluso reproducía íntegro el artículo de Vannevar Bush As we may think. Pero la idea del hiperenlace la propuso años antes de publicar Dream Machines/Computer Lib, cuando asistió a la reunión anual de la asociación de maquinaria computacional (ACM) en 1968.

Nelson, en efecto, dio una conferencia con el título: “Una estructura de archivos para lo complejo, lo cambiante y lo indeterminado”. Allí habló del docuverso y del hipertexto. Allí dijo lo que repitió después en Dream Machines/ Computer Lib:

 “Con hipertexto, me refiero a una escritura no secuencial, a un texto que se bifurca, que permite que el lector elija y que se lea mejor en una pantalla interactiva. De acuerdo con la noción popular, se trata de una serie de bloques de texto conectados entre sí por nexos, que forman diferentes itinerarios para el usuario”.

Frente a los relatos secuenciales, frente a artes en mayor o menor grado secuenciales como el cine, el comic, o la televisión, Nelson anticipaba la no secuencialidad para los textos. Aunque se puede considerar que Nelson se refería tanto a la narración en sí como al manejo de la información, su influencia fue mayor en el segundo aspecto, y no se le puede atribuir, al menos de una manera directa experimentos no secuenciales como Rayuela, del escritor argentino Cortazar, los juegos de rol o los libro-juegos que empezaron a ponerse de moda en los años ochenta del siglo 20.

Página de un primitivo hipertexto impreso en papel, los llamados libro-juegos, en el que los lectores tenían que hacer las funciones de hipervínculo y pasar las páginas. Se trata de La espada mágica, de Daniel Tubau

En cuanto al multimedia, otro fenómeno mediático del siglo 20, ya existía desde mucho tiempo atrás, por ejemplo en una cita para ir al cine, que incluía estímulos auditivos, visuales, táctiles e incluso olfativos y gustativos, a través y mediante diversos soportes: pantallas, bafles, palomitas, bocas, cuerpos, perfumes, etcétera.

No es este el momento para hablar de la secuencialidad que encierra incluso un relato aparentemente no secuencial, o de la secuencialidad temporal que inevitablemente introduce el degustador del texto no secuencial al elegir un itinerario que se desarrolla secuencialmente en el tiempo, pues el aspecto mas importante del hipertexto nelsoniano tiene más que ver con la herramienta que con su uso.

Hiperenlaces siempre existieron antes de Nelson, por ejemplo en las notas a pie de página de un libro (no siempre situadas a pie de pagina) que hacían que el lector viajase del cuerpo principal del texto a aspectos específicos, como la referencia al autor del que procedía una cita, que a su vez podía hacer que el lector crease por sí mismo otro hiperenlace y viajase hasta un estante de su librería para tomar el libro mencionado y abrirlo por la pagina indicada, lo que podía hacer que estableciese un nuevo vínculo, por ejemplo, descolgando el teléfono para llamar a su profesor y consultarle una duda. Algo que desde hace mucho tiempo ya sucede en un mismo lugar.

Sin embargo, lo que proporcionaban los ordenadores y los soportes digitales primitivos era una facilidad de uso del hiperenlace que permitía explotar casi todas sus posibilidades.

Ahora en un texto, una señal sencilla, como una palabra subrayada en azul, permitía abrir un nuevo documento, leerlo y regresar de nuevo con un solo clic al lugar de origen. El hiperenlace reproducía de manera efectiva el modo de funcionar de un cerebro intelectualmente sano, que no se mantiene en un mismo carril, sino que salta continuamente a uno y otro lado, explorando las vías paralelas o perpendiculares.

En 1969 Nelson intentó llevar a la práctica sus ideas con uno de los primeros procesadores de texto que se estaba desarrollando en la Brown University. Adquirió el permiso para usar la novela Pálido Fuego de Nabokov con la intención de demostrar de manera práctica el funcionamiento del hipertexto. Una de sus ideas era que no se debía considerar el papel como el soporte básico, sino que las cosas debían ocurrir en la pantalla del ordenador. Pero las ideas de Nelson no gustaron a los inversores y tuvo que interrumpir el proyecto.

En 1981, Nelson publicó otro libro en el que hacía una descripción extensa del hipertexto: Literary Machines. El libro tenía un capítulo Cero, dos capítulos Uno, un capítulo Dos y siete capítulos Tres. Nelson proponía al lector que empezara con uno de los capítulos Uno, leyera entonces el Dos, después uno de los capítulos Tres, y regresara con otro de los capítulos Uno, para leer luego otra vez el capítulo Dos y a continuación otro de los Tres. Literary Machines era, pues, una ejemplificación del hiperenlace y uno de los primeros hipertextos que realmente aprovechaban las caracterísicas narrativas del hiperenlace.

 

El proyecto Xanadu

Años despues de Literary Machines, Nelson se sumergió en un proyecto llamado Xanadú, que le llevo décadas a él y a sus colaboradores y que fue de fracaso en fracaso. Durante más de treinta años, no se llegó a saber  si lo que tenían entre manos era realmente importante o no, y hubo muchos que pensaron que Nelson solo vendía humo pero, tras los años de colapso de la ArqueoRed, el sistema de Nelson fue adoptado como modelo base de la nueva red universal. El modelo pronto fue corregido, pero sin duda llevando a su desarrollo lógico las ideas de Nelson.

Sin embargo, a comienzos del siglo 21 lo que se sabía de Xanadú, fuera del círculo de Nelson y sus seguidores, era que el nombre procedía del célebre poema de Coleridge “Kublai Khan”. En efecto, en el siglo 19 el poeta Coleridge tuvo un sueño de opio y en ese sueño le fue ofrecido un largo poema acerca de la legendaria ciudad de Xanadú y el emperador chino de origen mongol Kublai Khan. Coleridge empezó a escribir todo lo que recordaba hasta que, inesperadamente, recibió una visita a la que no pudo dejar de atender. Pero eso hizo que el resto del poema desapareciera de su mente.

Resulta que el propio Nelson vivía esa pesadilla de Coleridge en su vida diaria, pues padecía el Síndrome de Atención Deficitaria (Attention Deficit Dissorder), una enfermedad que hace a quienes la padecen extremadamente sensibles a las interrupciones. Si el hilo de los pensamientos de Nelson era cortado, ya no podía recordar de que estaba hablando. Debido a ello, iba siempre cargado de un arsenal de libretas y de grabadoras que registraban todo lo que decía. De este modo, cuando olvidaba de qué estaba hablando, rebobinaba la grabadora y podía reanudar el tema donde lo había dejado.

No es casual, por ello, que fuese precisamente Nelson quien concibiese el proyecto Xanadú como una manera de ayudarse a sí mismo, un método para encontrar “ese magico sitio de la memoria literal donde nada se pierde nunca”.

Curiosamente, el poema de Coleridge también tuvo una influencia directa en uno de los héroes de infancia de Nelson: Orson Welles.

El Xanadú de Orson Welles

No conformismo

Entre los héroes de Nelson estaban famosos no conformistas y hombres de negocios: Buckminster Fuller, Bertrand Russell, Walt Disney, H.L.Mencken, Orson Welles y, por supuesto, Alfred Korzybsky.

La presencia de Korzybsky nos hace suponer que a Nelson también le gustarían las novelas de ciencia ficción El mundo de NO-A y Los jugadores de No-A, de A. E.Van Vogt. Curiosamente, uno de los colaboradores de Nelson, Marc Stiegler, escribió una novela de ciencia ficción en la que el hiperenlace salvaba a la humanidad: David’s Sling.

Desde pequeño, Nelson tenía cuatro máximas favoritas:

 La mayor parte de la gente está loca

Casi toda autoridad es maligna

Dios no existe

Todo está equivocado.

Su tendencia en las discusiones era a simpatizar siempre con la idea rechazada o despreciada.

Hay que aclarar, sin embargo, que Nelson estaba muy orgulloso de su enfermedad, y consideraba que el Síndrome de Atención Deficiente fue llamado así por los Chovinistas de la Regularidad. Los Chovinistas de la Regularidad son “esa gente que insiste en que tienes que hacer la misma cosa todos los días”. Nelson prefería un nombre más positivo para su enfermedad, algo así como Mente Revoloteadora.

También en danieltubau.com, se publicó un artículo premonitorio en el que se argumentaba en contra de algunas de las ideas de los defensores de la no-autoría, pero no desde el punto de vista de las grandes corporaciones: Un regreso a la Edad Media.

Xanadú, el Docuverso y la Arqueo-Red

El término vaporware fue acuñado para describir lo ocurrido con una paquete de software para DOS, llamado vaporware, que fue anunciado en 1983 por Ovation Tecnologies y nunca se comercializó

Nelson quedó muy decepcionado cuando la Arqueo-Red iniciada por Berners Lee y Andreessen adoptó un sistema de hiperenlaces incompatible con Xanadu, es decir, de un sólo sentido y compuesto de múltiples copias en vez de vínculos a un único texto. Porque otra de las funciones de Xanadu era, paradójicamente, defender los derechos de copyright, con lo que Nelson, de nuevo, se anticipó incluso a sus seguidores, durante mucho tiempo partidarios de la desaparición del autor.

Todos los que trabajaban en el proyecto Xanadú tenían prohibido hablar de él y de su algoritmo secreto. Sólo se sabía que una de sus claves era algo llamado enfilade.

En efecto, el docuverso de Nelson no era otra cosa que un universo textual, de tal manera que cuando alguien citaba a otro autor, no copiaba en su texto la cita, sino que tan sólo ponía una flecha o gancho que apuntaba al fragmento en cuestión (que se hallaba en el docuverso) y lo situaba entre las comillas.

Ted Nelson era hijo del director de cine Ralph Nelson, que hizo Soldado azul, una de las primeras películas que mostraron la conquista del oeste desde el punto de vista indio, como un exterminio cruel y salvaje

Algo semejante a lo que hacía, en aquellos tiempos primitivos, un programa de dibujo vectorial, que en vez de archivar todos los puntos que constituían un cuadrado, lo que hacía era guardar la fórmula matemática que definía dicho cuadrado y aplicarla cada vez que se quería ver ese cuadrado. De este modo, se ocupaba menos memoria en tiempos en que la energía era tan escasa como la energía eléctrica.

Pero la intención de Nelson no era ahorrar memoria, sino, entre otras cosas, crear un sistema de copyright (llamado transcopy o transclusion) en el que los royalties no se recibían por textos enteros, sino por párrafos, palabras o bytes utilizados.

Sin embargo, Nelson desmintió a sus críticos y a los escépticos a principios del siglo 21, cuando presentó el primero de sus productos informáticos: zigzag

Lamentablemente, la censura aplicada a la Arqueo-Red nos impide saber qué hizo después Nelson y si Xanadú llegó a aplicarse antes de la Época Oscura, pero obsérvese que el símbolo de ZigZag casi podría ser también el de Xanadú.

AristotelesAnimalsAristotle

Los problemas para un sistema como Xanadu no solo se debían a la dificultad primera de crear enlaces a fragmentos en vez de a documentos como decidió hacer la antigua World Wide Web (la Arqueo-Red), sino en la determinación de los contenidos de ese docuverso, la selección de la variante correcta de cada texto, la catalogación de todos los textos a incluir y la preparación de una edición princeps binaria de cada uno de ellos, etcétera.

Este con ser un gran problema, se solucionó en gran parte con el proyecto The Whole Universe Catalog. Pero el problema de la catalogación no era el más grave.

El mayor problema era que lo que Nelson proponía chocaba incluso con sus propias ideas, con las posibilidades que el mismo hipertexto proporcionaba, pues proponía un docuverso rígido, casi inmutable, forjado sobre intereses (los de quienes pertenecían a él o poseían los fragmentos transcopyrighteados). Un docuverso en el que las cosas apenas cambiaban, en el que las variantes o eran descartadas o exigían un trabajo casi infinito. En la década del 2020 un ingenioso ensayista pudo mostrar en “El dilema de Agustín” como un texto se convertía en otro, cambiando en cada paso una sola palabra (y usando siempre textos ya publicados). Algo semejante hizo Hertzwig con textos construidos a partir de cualquiera de los idiomas conocidos y los creados por James Joyce en el Finnegans wake, en este caso cambiando tan solo una letra cada vez para crear palabras y frases siempre dotadas de significado . ¿Quién poseería entonces el copyright de esa transición casi indetectable entre uno y otro texto?

El problema era similar a otro que planteaba Agustín de Hipona: cuando tenga lugar el Juicio final y la resurrección de los muertos, ¿a quién pertenecerá la carne que ha sido devorada por un canibal: al devorado o al devorador?

Como se ve, nuevamente, todo esta relacionado, pues este proyecto nos recuerda inevitablemenre a la revista que inspiró Dream Machines/ Computer LibThe Whole Earth catalog. Una interesante premonición del sistema de catalogación universal se puede encontrar en la colección de ensayos y relatos arcaicos publicada en Recuerdos de la era analógica, en el ensayo Que nada se crea (una antología en la que también se incluye este ensayo).

 


En el libro Recuerdos de la era analógica, de Daniel Tubau, publicado por Evohé en el siglo 21, aparecen algunas reflexiones semejantes, pero no idénticas, a las de esta entrada, dentro del fanzine o ezine desplegable “Mundo analógico”.  Puedes conseguir un ejemplar digital o impreso del libro a través de la página de Evohé o de Amazon.

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Kubla Khan or “A vision in a dream. A fragment” (Samuel Taylor Coleridge)

In Xanadu did Kubla Khan
A stately pleasure-dome decree:
Where Alph, the sacred river, ran
Through caverns measureless to man
Down to a sunless sea.
So twice five miles of fertile ground
With walls and towers were girdled round :
And there were gardens bright with sinuous rills,
Where blossomed many an incense-bearing tree;
And here were forests ancient as the hills,
Enfolding sunny spots of greenery.

But oh ! that deep romantic chasm which slanted
Down the green hill athwart a cedarn cover!
A savage place ! as holy and enchanted
As e’er beneath a waning moon was haunted
By woman wailing for her demon-lover !
And from this chasm, with ceaseless turmoil seething,ç

As if this earth in fast thick pants were breathing,
A mighty fountain momently was forced :
Amid whose swift half-intermitted burst
Huge fragments vaulted like rebounding hail,

Or chaffy grain beneath the thresher’s flail :
And ‘mid these dancing rocks at once and ever
It flung up momently the sacred river.
Five miles meandering with a mazy motion
Through wood and dale the sacred river ran,
Then reached the caverns measureless to man,
And sank in tumult to a lifeless ocean :
And ‘mid this tumult Kubla heard from far
Ancestral voices prophesying war !
The shadow of the dome of pleasure
Floated midway on the waves ;
Where was heard the mingled measure
From the fountain and the caves.
It was a miracle of rare device,
A sunny pleasure-dome with caves of ice !
A damsel with a dulcimer
In a vision once I saw :
It was an Abyssinian maid,
And on her dulcimer she played,
Singing of Mount Abora.
Could I revive within me
Her symphony and song,
To such a deep delight ‘twould win me,
That with music loud and long,
I would build that dome in air,
That sunny dome ! those caves of ice !
And all who heard should see them there,
And all should cry, Beware ! Beware !
His flashing eyes, his floating hair !
Weave a circle round him thrice,
And close your eyes with holy dread,
For he on honey-dew hath fed,
And drunk the milk of Paradise.

En danieltubau.com (ArqueoRed, por supuesto) se puede encontrar una de las primeras galerías virtuales de arte ASCII


La primera aparición conocida de esta entrada en lo que los autores llaman ArqueoWeb tuvo lugar en 2004 en una página llamada nuestroS antepasadoS. Este es aspecto primitivo-futurista que tenía:

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CÓMO SE INVENTÓ EL FUTURO

Marshall McLuhan

Cómo se inventó el futuro / 4


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Vannevar Bush y el memex
Cómo se invento el futuro /1

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Borges, santo patrón del hipertexto

Cómo se invento el futuro /2


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Ted Nelson y Xanadú
Cómo se invento el futuro /3

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Borges, santo patrón del hipertexto

Cómo se invento el futuro /2

Cuando los historiadores del mundo digital, internet y la hipernarrativa rastrean en el pasado en busca de precursores del hiperenlace, encuentran libros como el Talmud editado por Daniel Blomberg, o el Diccionario filosófico de Pierre Bayle. Se trata, en efecto, de hipertextos antes del hipertexto.

Página del Diccionario de Bayle

Pero no es a Bayle o a Blomberg a quienes señalan los historiadores como padres fundadores, sino a Vannevar Bush y a Jorge Luis Borges. Así lo hacen Janet Murray y Lev Manovich, los autores de la deliciosa antología The New Media Reader (El lector de los nuevos medios). En The New Media Reader se reúnen textos que anticiparon o establecieron los nuevos modos narrativos que apenas ahora empezamos a aprender a disfrutar, casi todos ellos basados en el hiperenlace, desde los videojuegos a la literatura interactiva o la multinarrativa audiovisual.

Portada de The New Media Reader, en la que se rinde un homenaje a Vannevar Bush, reproduciendo una de las ilustraciones (el rostro con gafas y una minicámara en la frente) de su artículo As We May Think

Vannevar Bush habló en su artículo As we may think, publicado en 1945, de un aparato llamado Memex que anticipaba los ordenadores actuales y el hipervínculo que nos permite conectar informaciones diversas y dispersas en un instante. Aunque es posible que Bush pensara en el memex años antes de hacer públicas sus ideas, lo cierto es que su histórico artículo apareció en 1945, mientras que Borges se anticipó y publicó su cuento El jardín de senderos que se bifurcan (The Garden of the Forking Paths, en la traducción al inglés),en 1941.

El jardín de senderos que se bifurcan

El jardín de senderos que se bifurcan dedicado por Borges a su hermana Norah y a su sobrino Miguel

El cuento de Borges ha anticipado muchas ideas, como la de los universos paralelos o Mundos Múltiples, de Hugh Everett, que intenta responder al célebre experimento cuántico de la doble rendija: resulta imposible predecir si un fotón lanzado contra una placa en la que hay dos rendijas entrará por una rendija o por la otra. Es interesante destacar que este experimento marca la diferencia entre la física clásica newtoniana, en la que es posible predecir el comportamiento de la materia, por ejemplo dos bolas de billar sobre una mesa, y la física cuántica, en la que tal predicción, por lo menos a nivel subatómico, resulta imposible. Es la diferencia entre un universo determinista y predecible y un universo indeterminista e impredecible.

La teoría de los universos paralelos o mundos múltiples propone que lo que sucede cuando lanzamos el fotón es que no entra por la rendija izquierda o por la derecha, sino por las dos. Lo que sucede, dijo Everett, es que en un universo lo hace por la derecha y en otro por la izquierda. Si observamos que ha entrado por la rendija derecha será porque estamos en uno de esos dos universos, pero, en un universo paralelo, otra persona, en todo idéntica a nosotros, verá que el electrón  ha entrado por la rendija izquierda.

El gato de Schrödinger

El gato de Schrödinger es un experimento imaginario que ilustra algunas de las paradojas de la física cuántica, tanto el principio de incertidumbre de Heisenberg, como la teoría de los mundos múltiples o universos paralelos. Pronto subiré a mi página un mi ensayo La filosofía de la física cuántica(1995), donde se intenta explicar esta paradoja, pero por ahora recomiendo a quien no conozca el asunto la extraordinaria página de Pedro Gómez-Estebán Cuántica sin fórmulas.

 

 

Borges y el hiperenlace

Aquí nos interesa El jardín de senderos que se bifurcan no por su relación con la física cuántica, sino porque se considera el primer texto en el que se expresa con claridad la idea del hiperenlace. No es casualidad que una de las obras pioneras de la novela hipertextual se llame Victory Garden: su autor, Stuart Moulthrop, quiso rendir un homenaje a El jardín de senderos que se bifurcan. Moulthrop también adaptó el cuento de Borges a la forma hipertextual.

En el cuento de Borges se desarrolla una trama que se ramifica hasta alcanzar una complejidad inabarcable, pero que se puede resumir en su aspecto más trivial con cierta sencillez. Parafraseo la sinopsis que ofrece la Wikipedia:

“El espía chino Yu Tsun, que trabaja para los alemanes, huye de Londres perseguido por el capitán inglés Richard Madden. Yu Tsun encuentra en una guía telefónica la dirección del sinólogo Stephen Albert y se reúne con él en su casa de campo. Los dos hombres hablan y descubrimos que Yu Tsun es el bisnieto de Ts’ui Pên, un astrólogo chino que se había propuesto construir un laberinto infinitamente complejo y escribir una novela interminable: El Jardín de Senderos que se Bifurcan. Después de su muerte, se pensó que había fracasado en sus dos tareas: no se sabía que existiera el laberinto y la novela estaba incompleta y resultaba absurda e incoherente, por ejemplo, algunos personajes morían y reaparecían en capítulos posteriores.Albert acaba por revelar a Yu Tsun que ha descubierto el secreto de la novela: el libro es el laberinto, y el laberinto no es espacial sino temporal. El jardín de senderos que se bifurcan es la imagen incompleta del universo tal como lo concebía Ts’ui Pên.”

Este resumen, que no abarca el cuento de Borges porque es uno de esos relatos que no pueden ser resumidos, lo he tomado con algunas modificaciones de la Wikipedia; he eliminado, por ejemplo, la expresión “fortuita coincidencia borgeana” para explicar el encuentro entre Yu Tsun y Stephen Albert, en primer lugar, porque no se trata de una coincidencia; en segundo lugar, porque Borges detestaba que se calificara algo como borgeano. No le gustaban adjetivos como dantesco o cervantino, como recuerda Bioy Casares:

“A Cervantes cuando escribió el Quijote, no se le ocurrió ser cervantino ni a Kant kantiano ni a Goethe goetheano.”

Un día le preguntó un conocido crítico cómo debía definirse su obra, “borgeana” o “borgeseana”:

“Simplemente como la obra de Borges”.

Y recuerda también Bioy Casares:

“Al poco tiempo me propuso la siguiente broma:

–Por qué no hablamos de la obra “Joséortegaygasseteana”, o de la obra “Marcelinamenéndezypelayesca”. De paso inventamos las frases más largas de la lengua castellana, ¿qué le parece?”

Yo estoy de acuerdo con esa aversión de Borges, como puede comprobar quien lea mi ensayo Nada es lo que es, el problema de la identidad, donde dedico un capítulo a este asunto y explico por qué Kafka no es kafkiano.

Volvamos ahora, en este artículo con tantas bifurcaciones, al cuento de Borges de los senderos que se bifurcan.

Las primeras anticipaciones del hiperenlace en el cuento de Borges se encuentran en lo que dice su personaje Stephen Albert  al contar a Yu Tsun el proyecto de su abuelo:

“A diferencia de Newton y de Schopenhauer, su antepasado no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos. En éste, que un favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, usted, al atravesar el jardín, me ha encontrado muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma.”

Narrativa hipertextual: esquema de una novela hipertextual

En otro pasaje del cuento parece describirse una novela hipertextual muchos años antes de que aparecieran:

“En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts’ui Pên, opta —simultáneamente— por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también, proliferan y se bifurcan. De ahí las contradicciones de la novela. Fang, digamos, tiene un secreto; un desconocido llama a su puerta; Fang resuelve matarlo. Naturalmente, hay varios desenlaces posibles: Fang puede matar al intruso, el intruso puede matar a Fang, ambos pueden salvarse, ambos pueden morir, etcétera. En la obra de Ts’ui Pên, todos los desenlaces ocurren; cada uno es el punto de partida de otras bifurcaciones.Alguna vez, los senderos de ese laberinto convergen; por ejemplo, usted llega a esta casa, pero en uno de los pasados posibles usted es mi enemigo, en otro mi amigo.”

Se encuentra en el relato de Borges la presencia constante de los laberintos, una construcción y una figura que no es frecuente en China, aunque aparece en El sueño del pabellón rojo, que fue tal vez la inspiración más evidente de El jardín de senderos que se bifurcan, pues Borges amaba aquel libro chino. También hay un laberinto en El romance de los tres reinos, que no sé si Borges llegó a leer.

El laberinto occidental de Pekín

Es casi seguro que Borges oyó hablar o leyó algo acerca del Yuan Ming Yuan, el antiguo Palacio de Invierno de Pekín, en el que había dos laberintos, uno a la manera china y otro que imitaba los occidentales. Cada uno de los laberintos parece una metáfora de distintos tipos de narrativa hipertextual.

Laberinto occidental del Palacio de Invierno de Pekín, trazado por los jesuitas

En el laberinto occidental se propone un cosmos ordenado y geométrico, cartesiano, casi como si se tratara de un libro lineal que se lee de principio a fin con una sucesión de capítulos, apartados y páginas ordenadas en forma jerárquica y de índices alfabéticos.

Por el contrario, en el laberinto chino de Pekín reina un aparente desorden y los caminos parecen fruto del azar, como un hipertexto sin ordenar, como internet, donde los hiperenlaces nos llevan a sitios a menudo inesperados, donde la información se dispersa en forma de redes y se conecta mediante asociación de ideas, semejanzas o puro azar.

Aunque en el laberinto chino el emperador proponía un recorrido de 42 escenas, lleno de agradables sorpresas, de perspectivas insólitas, de rincones encantadores o misteriosos, cada visitante podía elegir otra bifurcación y crear nuevos senderos, como si leyera Rayuela o 62/modelo para armar, las dos novelas hipertextuales de Cortázar.

Recorrido numerado de las 40 escenas del emperador

Esos dos laberintos quizá fueron la causa de que el espía Yu Tsun trabajara para los alemanes en el cuento de Borges, porque durante la Segunda Guerra del Opio de 1860 los ingleses y los franceses incendiaron y destruyeron aquellos increíbles jardines, que eran una imagen del universo mismo.

Yuan Ming Yuan

Janet Murray, antóloga de The New Media Reader establece una comparación interesante entre Borges y Bush, aludiendo a que ambos escribieron sus textos durante la Segunda Guerra Mundial, que sin duda es un primer atisbo de la “globalización”. No es extraño que  en esos años, durante los que cualquier persona se acostumbró a oír hablar de italianos, alemanes, ingleses, chinos, japoneses, estadounidenses, rusos, húngaros, australianos; y de lugares como Bélgica, París, Berlín, Pearl Harbor, Tokyo, Nankín, Stalingrado, Varsovia, Egipto, El Alemein o las Árdenas, muchos llegaran a imaginar el mundo como un laberinto complejo, lleno de senderos, de idiomas, de lenguas, de claves y de pasadizos ciegos.

Es cierto también que tanto Borges como Vannevar Bush imaginan un laberinto que comparan con la mente humana y el universo, pero para Borges se trata de  un lugar en el que uno no tiene más remedio que perderse, mientras que Bush lo considera como un problema o un acertijo que sí se puede resolver.

En esta encrucijada nos detenemos, dejando para otro momento la solución imaginada por Vannevar Bush al caos hipertextual y otras coincidencias que lo acercan a Borges, como su aversión al orden alfabético.

 


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[Publicado por primera vez en Divertinajes, La biblioteca ideal, el 11 de diciembre de 2010. Revisado en 2013 y 2014]

Sobre laberintos occidentales, el libro más completo que conozco es el de mi amigo Marcos Méndez Filesi: El laberinto, historia y mito

Los ingleses emplean dos palabras para referirse a los laberintos: labyrinth y maze. Aunque en el lenguaje común se usan indistintamente, algunos expertos emplean labyrinth para referirse al laberinto unidireccional, como una espiral con un centro y maze para referirse a los multidireccionales que ofrecen diferentes senderos en cada bifurcación. Sin embargo, los antólogos de The New Media Reader prefieren traducir el “laberinto” de Borges como “labyrinth”, a pesar de que es uno de los más complejos laberintos. Su elección es, en mi opinión, acertada, pues la idea de que el laberinto cretense era una simple espiral procede de las ciertas representaciones simples que se hicieron célebres en la Antiguedad, pero el relato cretense habla sin duda de un laberinto de múltiples caminos y encrucijadas, pues, si se tratara de una simple espiral, Teseo no habría necesitado el hilo de Ariadna.

En el libro de Marcos Méndez Filesi El laberinto, historia y mito, se muestra la complejidad de los laberintos y cómo escapar de aquellos en los que el truco de avanzar con una mano pegada siempre a la pared, que se menciona en el relato de Borges, no sirve.

 


En “Mundo analógico”, el fanzine desplegable (que es en sí mismo un hiperenlace extendido) que se incluye en mi libro Recuerdos de la era analógica se menciona a Borges, a Vannevar Bush y a Ted Nelson en relación con el hiperenlace, coincidencia que sin duda no es casual. Puedes visitar la página dedicada al libro para obtener más información: Recuerdos de la era analógica o conseguir el libro en la página de la editorial: Evohé.

En El guión del siglo 21, escribí un apartado titulado Jorge Luis Borges, santo patrón de la multinarrativa, en el que se recogen muchas ideas de este texto, pero se añaden otras (siempre que recupero un  texto intento mejorarlo, matizarlo, ampliarlo y plantear nuevos aspectos).

Escribí en “La biblioteca ideal” de Divertinajes un artículo sobre el mismo asunto pero más breve, que no vale la pena que leas si ya has leído éste, pues solo añade algunas cosas que incluiré en futuros artículos de esta especie de folletín ensayístico que es “Cómo se inventó el futuro”.

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CÓMO SE INVENTÓ EL FUTURO

Marshall McLuhan

Cómo se inventó el futuro / 4


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Vannevar Bush y el memex
Cómo se invento el futuro /1

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Borges, santo patrón del hipertexto

Cómo se invento el futuro /2


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Ted Nelson y Xanadú
Cómo se invento el futuro /3

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JORGE LUIS BORGES

Demócrito, precursor de la Biblioteca Total de Borges

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La mirada crítica y el poema Instantes

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Cómo se invento el futuro /2


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Menardismo y anacronismo deliberado

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Vannevar Bush y el memex
Cómo se invento el futuro /1

Vannevar Bush era el consejero científico del presidente Roosevelt cuando publicó, en julio de 1945, un artículo titulado As we may think (Cómo podríamos pensar), en la revista Atlantic Monthly.

El artículo original en Atlantic Monthly

 

Bush se había dado cuenta de que el aumento de la información en el siglo XX había alcanzado unas proporciones tan desmesuradas que empezaba a resultar imposible manejarla. En siglos anteriores, una persona educada podía conocer gran parte del conocimiento impreso e incluso leer lo que se consideraba más importante, pero ahora un especialista sólo podía conocer a duras penas su limitado campo de trabajo:

“Hay una enorme montaña de investigaciones científicas que no para de crecer pero, paradójicamente, cada vez está más claro que hoy en día nos estamos quedando atrás debido a nuestra creciente especialización. El investigador se encuentra abrumado por los descubrimientos y conclusiones de miles de compañeros, hasta el punto de no disponer de tiempo para aprehender, y mucho menos de recordar, sus diferentes conclusiones a medida que van viendo la luz”.

Quizá al lector le haya venido a la cabeza aquél capítulo tan citado de La rebelión de las masas de Ortega y  Gasset titulado “La barbarie del especialismo”, en el que se dice que el mundo se está llenando de especialistas que sólo conocen una parcela miserable de la realidad, y que cada vez son menos las personas que pueden alcanzar una visión global de la cultura:

“El especialista es un hombre que, de todo lo que hay que saber para ser un personaje discreto, conoce sólo una ciencia determinada, y aún de esa ciencia sólo conoce bien la pequeña porción en que él es activo investigador. Llega a proclamar como una virtud el no enterarse de cuanto quede fuera del angosto paisaje que especialmente cultiva, y llama diletantismo a la curiosidad por el conjunto del saber”.

Los argumentos de Ortega y los de Bush son similares. Los dos advirtieron el nuevo problema al que se enfrentaba la civilización y la cultura: el conocimiento humano había salido de una larga época de tanteos y había emprendido, apenas hacía tres siglos, un camino más seguro, más riguroso, que exigía no sólo opinar, sino también recopilar información, comprobar, experimentar.  El mundo era mucho más ancho y ajeno de lo que parecía. Ya el filósofo Leibniz se refirió a “esa terrible masa de libros que continúa aumentando” y vaticinó de manera precisa lo que podía suceder en el futuro:

“Al final, el desorden se hará casi insuperable; la infinita multitud de autores pronto los expondrá a todos al peligro del olvido universal; el afán de gloria que anima a muchos que se dedican al estudio, cesará súbitamente; quizá ser escritor llegue a ser considerado tan deshonroso como fue antes honorable”.

Leibniz y Sofía

Leibniz con la princesa Sofía, , sin duda charlando de filosofía.

 

A inicios del siglo XX, Fritz Mauthner consideraba imposible estar al tanto del estado presente de cada ciencia y aceptaba feliz la calificación de diletante:

“Sin duda no soy profesional en muchas ciencias… No soy profesional en las ramas de la lógica, matemáticas, mecánica, acústica, óptica, astronomía, biología de las plantas, fisiología animal, historia, psicología, gramática, ciencia lingüística india, románica, germánica, eslava… Hace muchos años hice un cálculo. Yo necesito para mi trabajo conocimientos de 50 hasta 60 disciplinas… Para cada una de estas disciplinas precisa una cabeza acondicionada lo menos cinco años para asimilarse solamente los fundamentos de un saber profesional. Yo necesitaría, pues, unos trescientos años de incesante trabajo antes de poder comenzar a escribir mis propios pensamientos…”

Sin embargo, ni siquiera trescientos años de lectura sin descanso serían suficientes:

“No soy tímido ante el trabajo. Yo hubiera ocupado en ello gustoso los trescientos años, no introduciendo en juego, como se acostumbra, ante un problema de tal magnitud, la medida de la vida humana. Pero yo me decía: suerte de las disciplinas científicas, excluidas algunas pocas, es que sus leyes no duren trescientos años; que yo, pues, tras los trescientos años de trabajo hubiera sido siempre y únicamente profesional en la última y estudiada disciplina, un diletante en las disciplinas cuyos estudios quedarán unos diez o veinte años atrás y un ignorante en las demás”.

Ahora bien, a pesar de las críticas que se pueden hacer a los especialistas, también es evidente que su trabajo de hormigas recopiladoras es necesario para que filólogos como Mauthner puedan comparar con precisión una desinencia sánscrita con una latina y adelantar una teoría acerca de la relación entre ambas lenguas; o para que filósofos como Ortega y Gasset puedan hacer sus grandes síntesis filosóficas a partir de datos de las más diversas disciplinas.

Ortega parecía pensar que se podían seguir empleando los viejos métodos del siglo XIX en un mundo intelectual cada vez más inabarcable que, además, empezaba a globalizarse de verdad (¿qué mayor globalización que dos guerras mundiales en apenas treinta años?), pero Vannevar Bush creía que se podía y se debía encontrar una solución a la sobreabundancia de información. Él era consciente de que la especialización era necesaria, porque lo había podido comprobar como director del departamento científico durante la Segunda Guerra Mundial, cuando dirigió a más de 6000 científicos de todas las disciplinas. También sabía que era imprescindible la comunicación entre los investigadores de diferentes ciencias:

“La suma de las experiencias del género humano está creciendo de una manera prodigiosa, y los medios que utilizamos para desenvolvernos a través de la maraña de informaciones hasta llegar a lo que nos interesa en cada momento son exactamente los mismos que se utilizaban en la época de aquellos barcos cuya vela de proa era cuadrada”.

Bush, en definitiva, quería actualizar la célebre frase de Francis Bacon que se convirtió en el lema de la Royal Society y que ayudó a crear la ciencia moderna y al mismo tiempo proporcionó a Inglaterra un imperio: “La información es poder”. A mediados del siglo XX, ante el aumento constante de la información, lo importante ya no era sólo tener la información, sino poder y saber manejarla:

Para entender la complejidad del problema, podemos comparar el método de trabajo de Ortega y Gasset (y tal vez también el del propio Vannevar Bush) con las nuevas posibilidades que Bush profetizaba.

 

 

Las mesas de Ortega y la mesa de Bush

Ortega y Gasset

La mesa de escribir de Ortega y Gasset

En alguno de los libros de Ortega y Gasset, o tal vez en los comentarios de alguno de sus biógrafos, leí el método que el filósofo empleaba en su trabajo. Intentaré contarlo aquí fiándome de la memoria, porque, ay, no he encontrado el pasaje original entre los miles de libros de mi biblioteca analógica (lo que es una confirmación más del problema que estamos tratando en este artículo).

Cuando Ortega tenía que escribir un libro, lo primero que hacía era buscar en su biblioteca  todos los libros que creía que podían relacionarse con el tema. A veces tenía que solicitarlos a bibliotecas públicas o privadas o pedírselos a autores que vivían en otros países. Poco a poco iba reuniendo todos los libros que consideraba pertinentes y comenzaba a buscar y marcar las páginas en las que había citas interesantes. Después, en las cuatro mesas que tenía en su despacho, comenzaba a colocar los libros abiertos por la página que más le interesaba. Era entonces cuando comenzaba a escribir. A medida que necesitaba una u otra cita, se paseaba alrededor de las mesas y la buscaba entre las varias docenas de libros abiertos o marcados con papelitos; copiaba la cita, anotaba el número de la página y quizá, si ya no había ningún pasaje citable en ese libro, lo devolvía a la biblioteca y aprovechaba el espacio libre para colocar un nuevo volumen.

Por el contrario, la mesa de trabajo que Vannevar Bush proponía en Cómo podríamos pensar era muy diferente, aunque sólo fuera una  hipótesis:

Vannevar Bush
La mesa de Vannevar Bush

 En vez de varias mesas, Bush proponía una única mesa con un extraño artilugio:

“Consideremos un futuro artefacto de uso individual, una especie de archivo privado mecanizado y biblioteca. Necesita un nombre, y para escoger uno al azar, lo llamaremos ‘Memex’ (MEMory EXtended System). Un ‘memex’ es un artefacto mecanizado en el cual un individuo puede almacenar todos sus libros, archivos y comunicaciones, y que permite ser consultado con gran velocidad y flexibilidad”.

El memex permitiría encontrar rápidamente cualquier dato y relacionarlo con otros muchos, sin necesidad de ordenar toda esa información de manera lineal o puramente secuencial. Bush se había dado cuenta de que la mente humana no funciona como un libro, ni como una enciclopedia o diccionario:

“Nuestra ineptitud a la hora de acceder al archivo está provocada por la artificialidad de los sistemas de indización. Cuando se almacenan datos de cualquier clase, se hace en orden alfabético o numérico, y la información se puede localizar (si ello resulta posible) siguiéndole la pista a través de clases y subclases. La información se encuentra en un único sitio, a menos que se utilicen duplicados de ella, y se debe disponer de ciertas reglas para localizarla, unas reglas que resultan incómodas y engorrosas. Y una vez que se encuentra uno de los elementos, se debe emerger del sistema y tomar una nueva ruta”.

Por eso, todos los sistemas que intentan ordenar la información de manera alfabética, temática o siguiendo cualquier otro orden jerárquico de clases y subclases, contradicen la manera en la que trabaja el cerebro:

“La mente opera por medio de la asociación. Cuando un elemento se encuentra a su alcance, salta instantáneamente al siguiente que viene sugerido por la asociación de pensamientos según una intrincada red de senderos de información que portan las células del cerebro”.

Es llamativo, por cierto, que en este texto, considerado como la primera formulación científica del concepto de hiperenlace, se emplee la expresión “senderos de información”, porque el otro texto precursor del hiperenlace es El jardín de los senderos que se bifurcan, de Jorge Luis Borges.

En definitiva, lo que Bush proponía con su Memex era un sistema de búsqueda de información que no necesitara de complicaras estructuras jerárquicas, de clasificaciones llenas de categorías y subcategorías, sino que las búsquedas se pudieran hacer por la mera similitud entre el término buscado y los resultados. Los ordenadores y la red mundial, con la inestimable ayuda de los algoritmos de Google, han convertido en realidad el viejo sueño de encontrar una aguja en un pajar: basta con escribir la palabra “aguja”.

 

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Aquí puedes ver una animación de la descripción que Bush hizo del memex en una curiosa animación realizada en 1995 con el software Macromedia Director:

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De la relación de Borges con el hipertexto hablo en otro artículo: Jorge Luis Borges, santo patrón del hipertexto

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CÓMO SE INVENTÓ EL FUTURO

Marshall McLuhan

Cómo se inventó el futuro / 4


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