Autores virtuosistas

Me ha sorprendido mucho encontrar en Teorías métricas del siglo de oro, de Emiliano Díaz Echarri, la referencia a varios autores de versos virtuosistas (o como se quiera llamar) que no aparecen en Verbalia de Marius Serra. Estos autores son:

Poemas de Simnias de Rodas

Simmias de Rodas: escribió composiciones que adoptan formas de huevo, alas, segur… (ver López de Toro: Tres poemas difíciles de Simmias de Rodas)

Porfirio Optaciano: escribió un panegírico al emperador Constantino, en el que se “agotan todas las combinaciones métricas imaginables”.

Publio Porcio: escribió Pugna Porcorum, en honor a su propio nombre, en el que todas las palabras empiezan por “P” e imitan el sonido de los gruñidos de los cerdos.

Pedro Compostelano: De consolationes rationes, combinaciones en hexámetros.

Vicens: sonetos que se pueden leer de cincuenta maneras

A todos estos los compara Días Echarri con Caramuel y su Metamétrica, diciendo que no pueden igualarlo.

También menciona a los árabes “con sus extrañas recetas de la aliteración idéntica, suficiente, alargada, compuesta, aproximada, invertida, contigua; con sus versos de triple rima y sus enigmas y logogrifos por métodos facilitantes, productivos, perfectos y accesorios[1].

Podría hablar de todo esto en ESKLEPSIS, como una especie de anexo al libro de Serra.

Siempre me ha gustado hacer anexos a los libros que parecen contenerlo todo: el Libro de los seres imaginarios, de Borges, el Diccionario de Mitología de Alianza Editorial. Podría ser una nueva sección de ESKLEPSIS llamada Algo más, o algo parecido.


[Escrito el 29 de junio de 2001]

2017: que yo sepa, nunca hice esa sección en Esklepsis, aunque sí intenté la reconstrucción de libros perdidos, como el del Emperador Amarillo o el Tritogenia de Demócrito. Hace muchos años, en la adolescencia, hice varios caligramas bastante sofisticados, con siluetas de mujeres desnudas, por ejemplo, pero creo que no conservo ninguno.


 

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  1. [1](G. de Tassy: Rethorique et prosodie des langues de l’Orient musulman)

El libre fluir del lenguaje

A River of Words, por Selina Springett (http://selinaspringett.com/wp/?p=166)

A River of Words, por Selina Springett (http://selinaspringett.com/wp/?p=166)

En el artículo de “La línea de sombra”, Patria, me referí a la supuesta grandeza de algunos personajes históricos que, más que en los libros de historia al uso, deberían aparecer en la Enciclopedia del crimen o en la Historia Universal de la infamia que propusiera Borges. Hablé de muchos de esos grandes hombres y de alguna gran mujer que ocasionalmente ha contribuido a esa historia de la ignominia. Una lectora se sintió ofendida y comentó en mi página de Facebook:

Lo de “ocasionalmente alguna gran mujer” es gracias al patriarcado, hay muchas mas grandes mujeres, empezando por la que te parió a vos.

Como es obvio, la lectora no percibió la ironía de mi frase, a no ser que pensara que sería estupendo que hubiera más mujeres a las que podamos considerar asesinas de masas. Espero que la inclusión de mi madre entre esas grandes mujeres sólo tuviera la intención de ofenderme, porque me preocuparía verla incluida en la lista de grandes mujeres infames.

En mi respuesta a la lectora indignada, señalé que, aunque no me considero ni mucho menos un historiador profesional, me parecía que hay menos mujeres que hombres en los anales del crimen de masas. Tal vez el equívoco, añadí, se podría haber evitado si yo hubiera entrecomillado “grandes hombres”, pero de mi padre aprendí a no abusar de las comillas, aunque eso, como se ve, puede llevar a malentendidos cuando se tiene la costumbre de leer y escuchar, no sólo en Internet sino en todas partes, de manera apresurada y deseando más discutir que entender.

Sede de la RAE

Aunque es obvio que este asunto tiene que ver con los prejuicios, me gustaría señalar que en esa referencia a los habituales “grandes hombres” y a las ocasionales “grandes mujeres” no sólo había una ironía en el sentido más clásico, al desactivar la palabra “grandes” con su definición inmediata como “grandes criminales”, sino que también había un uso deliberado de la expresión “grandes hombres” en su sentido habitual, es decir machista, que incluye tanto a hombres como a mujeres. Todo esto tiene que ver, claro, con la reciente polémica (en 2012) surgida tras la publicación del informe de un académico de la lengua acerca del machismo del lenguaje y de los intentos de reforma por parte de algunas instituciones. Se trata de un debate en el que me da la impresión de que quienes participan lo hacen también de manera muy apresurada, muy poco reflexiva y casi con la única intención de proclamar en voz muy alta lo que opinan ellos y lo mal que les caen quienes opinan otra cosa. Cada uno busca los ejemplos más grotescos para refutar la postura contraria y pocos admiten que las cosas son más ambiguas, confusas y complejas de lo que parece, y que en ambas posturas hay aciertos y errores.


Resulta paradójico que quienes son contrarios a la reforma del lenguaje sexista, insistan una y otra vez en que el lenguaje es un organismo vivo cuya evolución no se puede someter a nuestros deseos reglamentistas. En primer lugar, es discutible que el lenguaje sea tan libre y salvaje como un anuncio de jabón Fa, y hay suficientes ejemplos en la historia para constatar que a menudo, por no decir casi siempre, ha sido creado y re-creado por las diversas instituciones y poderes. Basta con recordar que el francés escrito actual no es producto del libre fluir del lenguaje a través de las bocas del pueblo soberano, sino de las decisiones de unos monjes medievales que decidieron en momentos muy concretos añadir más o menos letras en las palabras, recurriendo, no a lo que se hablaba en la calle, sino a la etimología latina.

Saussure y su obra

Lo anterior lo explicaba muy bien Ferdinand de Saussure en su Curso de lingüística general, por ejemplo con la evolución escrita de la palabra “rey”, pero aquí podemos recordar ejemplos supremos de la disonancia entre el francés escrito, tal como lo definen los académicos, y el hablado, con sólo recordar que un lugar como Les Halles se pronuncia “Leal”. ¡Qué generosidad en la multiplicación de los grafemas!

La elección del español estándar que hoy escribirmos fue también una decisión política, tomada desde las instituciones, en la que se eligió la variante dialectal de Castilla, en vez de la andaluza del propio reformador, Antonio de Nebrija. Esa variante, no sé si entonces, coincidiendo con el final la Reconquista, pero sí desde luego ahora, es mayoritaria, en especial por su mayor cercanía con la manera de hablar el español en casi toda América. Así que el idioma que recomienda la Academia y sus partidarios tampoco es el idioma que se habla en la calle, ya que, incluso en España, el geolecto andaluz es el mayoritario hoy en día frente al de Castilla, aunque resultaría bastante complejo determinar en algunos casos de manera sencilla si el castellano hablado en Cataluña, el País Vasco, Valencia o Galicia debe sumarse a uno, a otro o a ninguno.

Por otra parte, resulta muy llamativo que quienes defienden este libre fluir y evolución del idioma no se den cuenta de que estas discusiones y polémicas acerca del sexismo del idioma son precisamente parte de ese fluir que tanto elogian. Ese intercambio de opiniones, quizá a veces en exceso acalorado, es lo que hace que el idioma evolucione, junto a esa otra intervención de las instituciones, ya sea para crear el delicioso y absurdo francés escrito o para imponer el dialecto toscano como “italiano” o para idear una lengua imaginaria que nadie ha hablado nunca como son el “euskera”, el “gallego” y el “catalán” estándar que hoy se supone todos deben imitar.

La elección del español estándar que hoy escribirmos fue también una decisión política Clic para tuitearPor mi parte, creo que es bueno que el idioma evolucione y soy partidario de que lo haga más en función de la evolución social que de la imposición por parte de instituciones, ya se trate de la Academia de la Lengua o de las que han redactado algunos de esos manuales que la Academia criticaba. También me parece que todos los debates son beneficiosos y estimulantes, pero serían mucho más interesantes si quienes participan en ellos disfrutaran más de la disensión y no fueran tan dogmáticos.

Dicho lo anterior, añado que también creo que la mejor manera de cambiar el lenguaje consiste en cambiar la manera de pensar. Una ley como la del matrimonio homosexual tiene la virtud inmediata de modificar una definición que se ha mantenido durante siglos, a pesar de que la Academia siga, incluso en su página web (que se puede actualizar en un instante), definiéndolo de la siguiente manera:

 MATRIMONIO.
(Del lat. matrimonĭum). m. Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales.


Unos años después, en 2016, he podido comprobar que la Academía de la Lengua ya ha añadido una segunda definición que recoge el cambio social propiciado por la ley aprobada durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y que ha hecho que ahora todos los españoles usen de manera diferente la palabra “matrimonio”:

1. m. Unión de hombre y mujer, concertada mediante ciertos ritos o formalidades legales, para establecer y mantener una comunidad de vida e intereses.

2. m. En determinadas legislaciones, unión de dos personas del mismo sexo, concertada mediante ciertos ritos o formalidades legales, para establecer y mantener una comunidad de vida e intereses.

Espero que en futuras ediciones, regresemos a una única definición, aunque me temo que los países musulmanes se van a tomar su tiempo para aprobar una ley semejante. Algo así como:

1. m. Unión de dos personas, concertada mediante ciertos ritos o formalidades legales, para establecer y mantener una comunidad de vida e intereses.

Naturalmente, se podrá mantener la vieja acepción como tercera o cuarta posibilidad, aclarando: “antiguamente, referido a la unión de hombre y mujer”, o algo parecido.

Si en el futuro se casan tres o cuatro personas y se hace una ley que lo reconozca, la Academia tarde o temprano deberá cambiar de nuevo su definición, porque esa ley cambiará la manera de pensar y, consecuentemente, de emplear el término “matrimonio”.

Cuando yo empleaba en mi artículo Patria la expresión “grandes hombres”, estaba jugando con la intuición lingüística de los lectores, porque sabía que esa expresión les llevaría a pensar en “grandes hombres y grandes mujeres”, debido a que “hombres” a veces incluye los dos géneros y a veces no, pero luego yo mismo refutaba ese instinto al referirme a ocasionales “grandes mujeres”. Como ya he dicho, al menos un lector, o para ser de nuevo más preciso en este caso, una lectora, entendió precisamente lo contrario de loq ue yo quería expresar.

Jesús Mosterín

Como opinión personal, diré que soy partidario de emplear siempre que se pueda “seres humanos”, “humanos”, “personas”, “gente” o cualquier otra expresión en vez de “hombres” con el sentido de “humanidad”. Yo lo hago siempre que puedo y casi nunca resulta chocante ni extravagante.

En mi libro futurista Recuerdos de la era analógica me permití incluir una pequeña broma en forma de nota escrita por los antólogos del siglo XXV:

“En la época en que fue escrito ese texto, todavía era costumbre em­plear la palabra «hombre» (en vez de «ser humano», «humanes» o «huma­nos») para referirse tanto a las personas de sexo masculino como a hombres y mujeres en general. Una práctica que, como es obvio, en el siglo 25 nos parece abe­rrante y primitiva”.

Está claro que los antólogos del siglo XXV han leído al gran filósofo y lógico Jesús Mosterín, que proponía emplear “human” para referirse a los seres humanos y “humanes” cuando fuese plural. Suena raro, es cierto, pero la rareza no es la piedra de toque con la que se calibra un idioma, sino una consecuencia del hábito: a cosas más raras nos hemos acostumbrado.

Por cierto, como se ve en la nota de los antólogos, en el siglo XXV también parece que se abandonará entonces la costumbre de escribir los siglos de esa manera arcaica y absurda que consiste en emplear cifras latinas. En el siglo XXV se escribe “siglo 25”, como es lógico y razonable, y me atrevería a decir que también más hermoso, aunque ahora resulte extraño a nuestros hábitos actuales.


[Publicado el 21 de marzo de 2012. Revisado en 2016]

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marxismSin duda, usted, al ver la lista de palabras recomendadas en Hable como un verdadero experto, se habrá dado cuenta de que existe un cierto aire de familia entre el lenguaje de los expertos y el de los antiguos marxistas. No es extraño, puesto que hasta hace no mucho ambas tendencias y lenguajes solían ir unidos. Por otra parte, seguramente  ya habrá usted notado que en los últimos años vuelven a soplar vientos marxistas, o al menos una brisa neomarxista, tras el silencio en que cayeron bajo los cascotes del muro de Berlín. Sin embargo, le recomendamos (use siempre que pueda este tipo de plural, aunque sólo opine usted), que no se arriesgue todavía a utilizar expresiones como:

marxism stalin1)  “superado”, “metalectura”, “Modo de Producción”.

2) “praxis” (sustituya esta utilísima expresión por “practicidad”),

3) “burgués”, “burguesía”: los burgueses desaparecieron al mismo tiempo que los marxistas, aunque gente poco informada todavía se refiere a ellos, causando hilaridad o incomprensión en las filas más jóvenes de los expertos.

4) “Desviaciones”.

5) “Articular” (esta expresión ya ha pasado al lenguaje vulgar), “enfoque, “factores económicos”.

6) “Aporte dialéctico” (y todas las variables de “dialéctica”).

7) “lógicamente necesario” (en contextos no lógicos)

8) “objeto real-concreto”, y  todas las combinaciones con guión en las que parece que se dice lo mismo a un lado y al otro del guión (¡Pero no es así, ojo!, es sólo una trampa dialéctica).

Sin embargo (2003), este es un momento ideal para que usted compre las obras completas de Marx, Engels, Lenin, Mao , Stalin, Althusser, etcétera, que los marxistas vendieron hace 10 o 15 años y que todavía se pueden encontrar a precios de risa en las librerías de saldo. A lo mejor, dentro de poco, los precios se disparan.


Epílogo en 2015: la predicción, en cierto modo se ha cumplido y ahora, en 2015, con la crisis, los libros marxistas han regresado a las librerías e incluso vuelven a escucharse palabras perdidas. Así que, esté usted muy atento a las novedades y a los nuevos vientso que soplan: desempolvar el viejo repertorio le puede resultar muy útil.


[Escrito en 2003]

 Esta entrada pertenece a mi Diccionario para idiotas ilustrados (antes conocido como Diccionario para intelectuales selectos)


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Detectives en el laberinto de Creta

Cómo descifrar códigos y lenguajes /2

fox - laberintoEn su libro El enigma del laberinto, Margalit Fox cuenta el desciframiento del lineal B,  un misterioso lenguaje encontrado en Creta. Compara la tarea a la que se enfrentaron los descifradores del misterioso lenguaje con el género de historias de detectives más enigmático: «Realmente fue el equivalente lingüístico del misterio de la habitación cerrada».  Los cuentos de habitación cerrada son aquellos en los que se ha cometido un crimen en un lugar cerrado o claramente delimitado y en el que parece imposible solucionar el misterio mediante explicaciones que no sean sobrenaturales. Uno de los primeros cuentos de habitación cerrada es una de las aventuras de Auguste Dupin, el personaje creado por Edgar Allan Poe: “Los crímenes de la calle Morgue”.  Varias de las aventuras de Sherlock Holmes son de habitación cerrada, como “Las gafas de oro” o “La banda de lunares”.

las gafas de oro

Holmes en “Las gafas de oro”, por Dorr Steele

Es interesante observar que Fox recurre en El enigma del laberinto a la aventura holmesiana “Los bailarines” para ilustrar las dificultades a las que se enfrentaban quienes intentaron descifrar el lineal B, en especial Alice B. Kober, cuyas contribuciones no fueron reconocidas en su momento, pues todo el mérito se atribuyó a Michael Ventris y su ayudante Chadwick.

dancing men

El extraño código al que tiene que enfrentarse Sherlock Holmes en “Los bailarines”. En No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes he dedicado a este cifrado y otros semejantes el apartado “Criptografía en Holmes”

Kober murió cuando estaba cerca de descifrar el lineal B, pero sus investigaciones resultaron fundamentales para que Ventris lo lograra dos años después, haciendo realidad un sueño de infancia.

Cuando todavía era un niño, Michael Ventris había escuchado una conferencia de Arthur Evans, el descubridor de la civilización minoica de Creta y del palacio de Cnosos, donde se suponía que había estado el laberinto construido por Dédalo. Evans se lamentó en aquella conferencia de que, tras treinta años de esfuerzo, todavía no se hubieran descifrado dos lenguajes encontrados allí, el lineal A y el lineal B, a pesar de que también se habían encontrado tablillas similares en las excavaciones de Pylos. La mayor dificultad era que no se sabía a qué idioma de los hablados en la antigüedad pertenecían esos signos y tampoco se disponía de una piedra de Rosetta que permitiera comparar un mismo texto en diferentes lenguajes.

Años más tarde, Ventris, que se había convertido en arquitecto, intentó descifrar aquellas misteriosas tablillas. Para lograrlo, siguió los consejos propuestos por Grotefend para descifrar una lengua desconocida.

– En primer lugar, el examen minucioso de los textos para buscar cualquier regularidad o clave relacionada con la ortografía, sintaxis o estructura.

– En segundo lugar, la sustitución experimental de valores fonéticos para intentar encontrar palabras que recordasen a alguna lengua conocida, como en el caso elemental del inglés en “Los bailarines” o el del córnico y el caldeo que intenta Holmes en “El pie del diablo” (ver Sherlock Holmes, los jeroglíficos y el córnico).

– Finalmente, el tercer método consiste en comprobar con material virgen si las hipótesis son correctas y no se deben «a la fantasía, la coincidencia o un razonamiento circular», como también sucede en “Los bailarines” cuando Holmes recibe nuevos mensajes. Es decir, se trata de aventurar una interpretación a partir de los textos de que disponemos y después comprobar si esa interpretación es compatible con otros textos no examinados, para escapar al peligro de que el desciframiento tan solo consista en la habilidad del intérprete para encontrar un sentido a un número finito de signos.

Fox explica El enigma del laberinto algo que conté en No tan elemental al hablar de cómo Sherlock Holmes dedujo en la aventura de “Los bailarines” que cuando un monigote sostiene una bandera eso sirve para separar palabras. Kober, Ventris y Chadwick lo tuvieron más fácil que Homes, pues en las inscripciones en lineal B la separación entre palabras se veía claramente indicada, gracias a una rayita vertical:

lineal b

Sin embargo, Ventris se enfrentaba a una dificultad mayor que Holmes, pues no solo el código (los signos del lineal B) eran desconocidos, sino que también lo era la lengua a la que correspondían. Margalit Fox ofrece una tabla de las posibles combinaciones entre signos y lenguajes, que van desde ninguna dificultad, cuando se conoce tanto la lengua como los signos, hasta el grado III, cuando, como en el caso del lineal B, no se conoce ni la lengua ni los signos.

lenguajes

En los mensajes cifrados de “Los bailarines”  o “El escarabajo de oro” (de Poe)  los signos son muy extraños, pero se sabe que el lenguaje con el que se corresponden es el inglés, lo que facilita mucho la tarea de desciframiento. Eso sucede con casi cualquier lenguaje cifrado. Pero enseguida conoceremos una excepción realmente asombrosa.

Continuará

 

 


[Esta entrada ha sido escrita a partir de capítulos inéditos de No tan elemental: cómo ser Sherlock Holmes, que al final no incluí en el libro. El lector puede encontrar en No tan elemental un capítulo dedicado íntegramente a la relación de Sherlock Holmes con la criptografía: “Códigos secretos”]


 

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carlos-garcc3ada-gualCarlos García Gual ha dicho de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes:
Es una mis mejores lecturas  de ensayos literarios en mucho tiempo, tanto por su originalidad como por su estilo. Y sobre un tema  para mí fascinante ya que me trae recuerdos de lecturas juveniles… Me tiene admirado su manejo de todos esos registros tan bien usados en esta trama tan erudita y esa disección tan inteligente, de fina “filología” (en el buen sentido de la palabra)… Creo que el resultado final es espléndido y muy divertido”.


 

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Sherlock Holmes, los jeroglíficos y el córnico

Cómo descifrar códigos y lenguajes /1

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Elogio o panegírico al rey Fernando III escrito por Athanasius Kircher, supuestamente en egipcio

Durante siglos se pensó que los jeroglíficos egipcios eran tan solo dibujos o, como creía Athanasius Kircher y otros seguidores de la tradición hermética, misteriosos símbolos que escondían significados arcanos.

Todo cambió cuando, durante la expedición napoleónica en Egipto, se encontró la piedra de Rosetta, en la que un mismo texto aparecía escrito en tres idiomas diferentes, griego, copto y aquellos indescifrables jeroglíficos que durante siglos habían traído de cabeza a los estudiosos. Gracias a la piedra de Rosetta, el francés Champollion pudo intentar descifrar los extraños dibujos y al mismo tiempo demostrar que no se trataba de un lenguaje simbólico.

La piedra de Rosetta, escrita en jeroglíficos, en demótico y en griego

Después, observando las letras que parecían repetirse en los dos cartuchos, dedujo que aquellos jeroglíficos representaban dichas letras. A partir de esta primera certeza, el desciframiento de la milenaria lengua egipcia inició un camino seguro que acabó revelando los significados de aquel milenario lenguaje, que no eran tan arcanos como suponían los filósofos herméticos.

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Fragmento de la piedra de Rosetta en el que se puede ver el cartucho que contiene el nombre del rey Tolomeo.

Lo que Kircher había traducido en su Obeliscus Pamphilius como: «el que origina toda fecundidad y vegetación es Osiris, cuyo poder generador lleva del cielo a su reino el Sagrado Mophtha», Champollion lo tradujo como “Autócrata, emperador, hijo del sol y soberano de las coronas [César Domiciano Augusto]». Del mismo modo la figura del león que supuestamente representa al misterioso Mophtha, al que Kircher “dedica páginas y páginas de exégesis mística», para Champollion es simplemente la letra L<1>.

Champollion tuvo la inmensa fortuna de contar con ese diccionario trilingüe que era la piedra de Rosseta, pero en otras circunstancias el desciframiento resulta casi imposible si no se conoce la lengua que se corresponde con los caracteres desconocidos. Sherlock Holmes intentó, según parece, descifrar una lengua misteriosa, el córnico, la lengua hablada en Cornualles, como nos cuentaWatson, en “El pie del diablo”:

«El antiguo idioma de Cornualles había despertado su interés, y recuerdo que se le metió en la cabeza la idea de que estaba emparentado con el caldeo y que derivaba en gran parte del lenguaje de los traficantes de estaño fenicios. Había recibido un cargamento de libros de filología, y ya se disponía a la tarea de desarrollar su tesis cuando, de pronto…»

Lamentablemente, Holmes es interrumpido por otra aventura, lo que le impide revolucionar los estudios de filología céltica, aunque, ¿quién sabe?, tal vez algún día se encuentren en los archivos perdidos de Sherlock Holmes sus conclusiones acerca de la lengua de Cornualles, o al menos eso nos hace suponer el final de la aventura:

«Y ahora, querido Watson, creo que podemos borrar el asunto de la mente y regresar, con la conciencia tranquila, al estudio de las raíces caldeas que se advierten sin lugar a dudas en la rama córnica del gran idioma celta”.

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Sherlock Holmes en Cornualles, caminando entre piedras córnicas

El lenguaje córnico dejó de emplearse en el siglo XVIII. Se cuenta que la última hablante murió en 1777, que se llamaba Dolly Pentreath y que sus últimas palabras fueron “Me ne vidn cewsel sawznek! (“¡No quiero hablar inglés!”). Se supone, por tanto, que Holmes se interesaba tan solo por los testimonios escritos, aunque no se puede descartar que encontrara a algún hablante del córnico posterior a Dolly, pues existen testimonios y rumores de que siguió hablándose el córnico en algunos hogares rurales de Cornualles.

Al lector quizá le interese saber que los expertos consideran que el córnico estaba emparentado con las otras lenguas británicas, el bretón y el galés, todavía en uso. Tenía, en consecuencia, raíces celtas, con posibles influencias de otras lenguas indoeuropeas como el latín, el griego, el ruso, e incluso el sánscrito.

 


[Esta entrada está escrita a parir de capítulos escritos para No tan elemental: cómo ser Sherlock Holmes, que al final no incluí en el libro]

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No tan elemental
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carlos-garcc3ada-gualCarlos García Gual ha dicho de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes:
Es una mis mejores lecturas  de ensayos literarios en mucho tiempo, tanto por su originalidad como por su estilo. Y sobre un tema  para mí fascinante ya que me trae recuerdos de lecturas juveniles… Me tiene admirado su manejo de todos esos registros tan bien usados en esta trama tan erudita y esa disección tan inteligente, de fina “filología” (en el buen sentido de la palabra)… Creo que el resultado final es espléndido y muy divertido”.


 

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Notanelemental-portada

No tan elemental
Cómo ser Sherlock Holmes.
Daniel Tubau
A la venta en todo el mundo
(y en: Amazon, La FugitivaRafael Alberti, Laie…)


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Además…

La vida secreta de Sherlock Holmes

 

Sobre el libro No tan elemental: cómo ser Sherlock Holmes


 

International: Not So Elementary

 

  1. Umberto Eco, La búsqueda de la lengua perfecta []
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