El libre fluir del lenguaje

A River of Words, por Selina Springett (http://selinaspringett.com/wp/?p=166)

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En el artículo de “La línea de sombra”, Patria, me referí a la supuesta grandeza de algunos personajes históricos que, más que en los libros de historia al uso, deberían aparecer en la Enciclopedia del crimen o en la Historia Universal de la infamia que propusiera Borges. Hablé de muchos de esos grandes hombres y de alguna gran mujer que ocasionalmente ha contribuido a esa historia de la ignominia. Una lectora se sintió ofendida y comentó en mi página de Facebook:

Lo de “ocasionalmente alguna gran mujer” es gracias al patriarcado, hay muchas mas grandes mujeres, empezando por la que te parió a vos.

Como es obvio, la lectora no percibió la ironía de mi frase, a no ser que pensara que sería estupendo que hubiera más mujeres a las que podamos considerar asesinas de masas. Espero que la inclusión de mi madre entre esas grandes mujeres sólo tuviera la intención de ofenderme, porque me preocuparía verla incluida en la lista de grandes mujeres infames.

En mi respuesta a la lectora indignada, señalé que, aunque no me considero ni mucho menos un historiador profesional, me parecía que hay menos mujeres que hombres en los anales del crimen de masas. Tal vez el equívoco, añadí, se podría haber evitado si yo hubiera entrecomillado “grandes hombres”, pero de mi padre aprendí a no abusar de las comillas, aunque eso, como se ve, puede llevar a malentendidos cuando se tiene la costumbre de leer y escuchar, no sólo en Internet sino en todas partes, de manera apresurada y deseando más discutir que entender.

Sede de la RAE

Aunque es obvio que este asunto tiene que ver con los prejuicios, me gustaría señalar que en esa referencia a los habituales “grandes hombres” y a las ocasionales “grandes mujeres” no sólo había una ironía en el sentido más clásico, al desactivar la palabra “grandes” con su definición inmediata como “grandes criminales”, sino que también había un uso deliberado de la expresión “grandes hombres” en su sentido habitual, es decir machista, que incluye tanto a hombres como a mujeres. Todo esto tiene que ver, claro, con la reciente polémica (en 2012) surgida tras la publicación del informe de un académico de la lengua acerca del machismo del lenguaje y de los intentos de reforma por parte de algunas instituciones. Se trata de un debate en el que me da la impresión de que quienes participan lo hacen también de manera muy apresurada, muy poco reflexiva y casi con la única intención de proclamar en voz muy alta lo que opinan ellos y lo mal que les caen quienes opinan otra cosa. Cada uno busca los ejemplos más grotescos para refutar la postura contraria y pocos admiten que las cosas son más ambiguas, confusas y complejas de lo que parece, y que en ambas posturas hay aciertos y errores.


Resulta paradójico que quienes son contrarios a la reforma del lenguaje sexista, insistan una y otra vez en que el lenguaje es un organismo vivo cuya evolución no se puede someter a nuestros deseos reglamentistas. En primer lugar, es discutible que el lenguaje sea tan libre y salvaje como un anuncio de jabón Fa, y hay suficientes ejemplos en la historia para constatar que a menudo, por no decir casi siempre, ha sido creado y re-creado por las diversas instituciones y poderes. Basta con recordar que el francés escrito actual no es producto del libre fluir del lenguaje a través de las bocas del pueblo soberano, sino de las decisiones de unos monjes medievales que decidieron en momentos muy concretos añadir más o menos letras en las palabras, recurriendo, no a lo que se hablaba en la calle, sino a la etimología latina.

Saussure y su obra

Lo anterior lo explicaba muy bien Ferdinand de Saussure en su Curso de lingüística general, por ejemplo con la evolución escrita de la palabra “rey”, pero aquí podemos recordar ejemplos supremos de la disonancia entre el francés escrito, tal como lo definen los académicos, y el hablado, con sólo recordar que un lugar como Les Halles se pronuncia “Leal”. ¡Qué generosidad en la multiplicación de los grafemas!

La elección del español estándar que hoy escribirmos fue también una decisión política, tomada desde las instituciones, en la que se eligió la variante dialectal de Castilla, en vez de la andaluza del propio reformador, Antonio de Nebrija. Esa variante, no sé si entonces, coincidiendo con el final la Reconquista, pero sí desde luego ahora, es mayoritaria, en especial por su mayor cercanía con la manera de hablar el español en casi toda América. Así que el idioma que recomienda la Academia y sus partidarios tampoco es el idioma que se habla en la calle, ya que, incluso en España, el geolecto andaluz es el mayoritario hoy en día frente al de Castilla, aunque resultaría bastante complejo determinar en algunos casos de manera sencilla si el castellano hablado en Cataluña, el País Vasco, Valencia o Galicia debe sumarse a uno, a otro o a ninguno.

Por otra parte, resulta muy llamativo que quienes defienden este libre fluir y evolución del idioma no se den cuenta de que estas discusiones y polémicas acerca del sexismo del idioma son precisamente parte de ese fluir que tanto elogian. Ese intercambio de opiniones, quizá a veces en exceso acalorado, es lo que hace que el idioma evolucione, junto a esa otra intervención de las instituciones, ya sea para crear el delicioso y absurdo francés escrito o para imponer el dialecto toscano como “italiano” o para idear una lengua imaginaria que nadie ha hablado nunca como son el “euskera”, el “gallego” y el “catalán” estándar que hoy se supone todos deben imitar.

La elección del español estándar que hoy escribirmos fue también una decisión política Clic para tuitearPor mi parte, creo que es bueno que el idioma evolucione y soy partidario de que lo haga más en función de la evolución social que de la imposición por parte de instituciones, ya se trate de la Academia de la Lengua o de las que han redactado algunos de esos manuales que la Academia criticaba. También me parece que todos los debates son beneficiosos y estimulantes, pero serían mucho más interesantes si quienes participan en ellos disfrutaran más de la disensión y no fueran tan dogmáticos.

Dicho lo anterior, añado que también creo que la mejor manera de cambiar el lenguaje consiste en cambiar la manera de pensar. Una ley como la del matrimonio homosexual tiene la virtud inmediata de modificar una definición que se ha mantenido durante siglos, a pesar de que la Academia siga, incluso en su página web (que se puede actualizar en un instante), definiéndolo de la siguiente manera:

 MATRIMONIO.
(Del lat. matrimonĭum). m. Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales.


Unos años después, en 2016, he podido comprobar que la Academía de la Lengua ya ha añadido una segunda definición que recoge el cambio social propiciado por la ley aprobada durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y que ha hecho que ahora todos los españoles usen de manera diferente la palabra “matrimonio”:

1. m. Unión de hombre y mujer, concertada mediante ciertos ritos o formalidades legales, para establecer y mantener una comunidad de vida e intereses.

2. m. En determinadas legislaciones, unión de dos personas del mismo sexo, concertada mediante ciertos ritos o formalidades legales, para establecer y mantener una comunidad de vida e intereses.

Espero que en futuras ediciones, regresemos a una única definición, aunque me temo que los países musulmanes se van a tomar su tiempo para aprobar una ley semejante. Algo así como:

1. m. Unión de dos personas, concertada mediante ciertos ritos o formalidades legales, para establecer y mantener una comunidad de vida e intereses.

Naturalmente, se podrá mantener la vieja acepción como tercera o cuarta posibilidad, aclarando: “antiguamente, referido a la unión de hombre y mujer”, o algo parecido.

Si en el futuro se casan tres o cuatro personas y se hace una ley que lo reconozca, la Academia tarde o temprano deberá cambiar de nuevo su definición, porque esa ley cambiará la manera de pensar y, consecuentemente, de emplear el término “matrimonio”.

Cuando yo empleaba en mi artículo Patria la expresión “grandes hombres”, estaba jugando con la intuición lingüística de los lectores, porque sabía que esa expresión les llevaría a pensar en “grandes hombres y grandes mujeres”, debido a que “hombres” a veces incluye los dos géneros y a veces no, pero luego yo mismo refutaba ese instinto al referirme a ocasionales “grandes mujeres”. Como ya he dicho, al menos un lector, o para ser de nuevo más preciso en este caso, una lectora, entendió precisamente lo contrario de loq ue yo quería expresar.

Jesús Mosterín

Como opinión personal, diré que soy partidario de emplear siempre que se pueda “seres humanos”, “humanos”, “personas”, “gente” o cualquier otra expresión en vez de “hombres” con el sentido de “humanidad”. Yo lo hago siempre que puedo y casi nunca resulta chocante ni extravagante.

En mi libro futurista Recuerdos de la era analógica me permití incluir una pequeña broma en forma de nota escrita por los antólogos del siglo XXV:

“En la época en que fue escrito ese texto, todavía era costumbre em­plear la palabra «hombre» (en vez de «ser humano», «humanes» o «huma­nos») para referirse tanto a las personas de sexo masculino como a hombres y mujeres en general. Una práctica que, como es obvio, en el siglo 25 nos parece abe­rrante y primitiva”.

Está claro que los antólogos del siglo XXV han leído al gran filósofo y lógico Jesús Mosterín, que proponía emplear “human” para referirse a los seres humanos y “humanes” cuando fuese plural. Suena raro, es cierto, pero la rareza no es la piedra de toque con la que se calibra un idioma, sino una consecuencia del hábito: a cosas más raras nos hemos acostumbrado.

Por cierto, como se ve en la nota de los antólogos, en el siglo XXV también parece que se abandonará entonces la costumbre de escribir los siglos de esa manera arcaica y absurda que consiste en emplear cifras latinas. En el siglo XXV se escribe “siglo 25”, como es lógico y razonable, y me atrevería a decir que también más hermoso, aunque ahora resulte extraño a nuestros hábitos actuales.


[Publicado el 21 de marzo de 2012. Revisado en 2016]

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marxismSin duda, usted, al ver la lista de palabras recomendadas en Hable como un verdadero experto, se habrá dado cuenta de que existe un cierto aire de familia entre el lenguaje de los expertos y el de los antiguos marxistas. No es extraño, puesto que hasta hace no mucho ambas tendencias y lenguajes solían ir unidos. Por otra parte, seguramente  ya habrá usted notado que en los últimos años vuelven a soplar vientos marxistas, o al menos una brisa neomarxista, tras el silencio en que cayeron bajo los cascotes del muro de Berlín. Sin embargo, le recomendamos (use siempre que pueda este tipo de plural, aunque sólo opine usted), que no se arriesgue todavía a utilizar expresiones como:

marxism stalin1)  “superado”, “metalectura”, “Modo de Producción”.

2) “praxis” (sustituya esta utilísima expresión por “practicidad”),

3) “burgués”, “burguesía”: los burgueses desaparecieron al mismo tiempo que los marxistas, aunque gente poco informada todavía se refiere a ellos, causando hilaridad o incomprensión en las filas más jóvenes de los expertos.

4) “Desviaciones”.

5) “Articular” (esta expresión ya ha pasado al lenguaje vulgar), “enfoque, “factores económicos”.

6) “Aporte dialéctico” (y todas las variables de “dialéctica”).

7) “lógicamente necesario” (en contextos no lógicos)

8) “objeto real-concreto”, y  todas las combinaciones con guión en las que parece que se dice lo mismo a un lado y al otro del guión (¡Pero no es así, ojo!, es sólo una trampa dialéctica).

Sin embargo (2003), este es un momento ideal para que usted compre las obras completas de Marx, Engels, Lenin, Mao , Stalin, Althusser, etcétera, que los marxistas vendieron hace 10 o 15 años y que todavía se pueden encontrar a precios de risa en las librerías de saldo. A lo mejor, dentro de poco, los precios se disparan.


Epílogo en 2015: la predicción, en cierto modo se ha cumplido y ahora, en 2015, con la crisis, los libros marxistas han regresado a las librerías e incluso vuelven a escucharse palabras perdidas. Así que, esté usted muy atento a las novedades y a los nuevos vientso que soplan: desempolvar el viejo repertorio le puede resultar muy útil.


[Escrito en 2003]

 Esta entrada pertenece a mi Diccionario para idiotas ilustrados (antes conocido como Diccionario para intelectuales selectos)


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Detectives en el laberinto de Creta

Cómo descifrar códigos y lenguajes /2

fox - laberintoEn su libro El enigma del laberinto, Margalit Fox cuenta el desciframiento del lineal B,  un misterioso lenguaje encontrado en Creta. Compara la tarea a la que se enfrentaron los descifradores del misterioso lenguaje con el género de historias de detectives más enigmático: «Realmente fue el equivalente lingüístico del misterio de la habitación cerrada».  Los cuentos de habitación cerrada son aquellos en los que se ha cometido un crimen en un lugar cerrado o claramente delimitado y en el que parece imposible solucionar el misterio mediante explicaciones que no sean sobrenaturales. Uno de los primeros cuentos de habitación cerrada es una de las aventuras de Auguste Dupin, el personaje creado por Edgar Allan Poe: “Los crímenes de la calle Morgue”.  Varias de las aventuras de Sherlock Holmes son de habitación cerrada, como “Las gafas de oro” o “La banda de lunares”.

las gafas de oro

Holmes en “Las gafas de oro”, por Dorr Steele

Es interesante observar que Fox recurre en El enigma del laberinto a la aventura holmesiana “Los bailarines” para ilustrar las dificultades a las que se enfrentaban quienes intentaron descifrar el lineal B, en especial Alice B. Kober, cuyas contribuciones no fueron reconocidas en su momento, pues todo el mérito se atribuyó a Michael Ventris y su ayudante Chadwick.

dancing men

El extraño código al que tiene que enfrentarse Sherlock Holmes en “Los bailarines”. En No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes he dedicado a este cifrado y otros semejantes el apartado “Criptografía en Holmes”

Kober murió cuando estaba cerca de descifrar el lineal B, pero sus investigaciones resultaron fundamentales para que Ventris lo lograra dos años después, haciendo realidad un sueño de infancia.

Cuando todavía era un niño, Michael Ventris había escuchado una conferencia de Arthur Evans, el descubridor de la civilización minoica de Creta y del palacio de Cnosos, donde se suponía que había estado el laberinto construido por Dédalo. Evans se lamentó en aquella conferencia de que, tras treinta años de esfuerzo, todavía no se hubieran descifrado dos lenguajes encontrados allí, el lineal A y el lineal B, a pesar de que también se habían encontrado tablillas similares en las excavaciones de Pylos. La mayor dificultad era que no se sabía a qué idioma de los hablados en la antigüedad pertenecían esos signos y tampoco se disponía de una piedra de Rosetta que permitiera comparar un mismo texto en diferentes lenguajes.

Años más tarde, Ventris, que se había convertido en arquitecto, intentó descifrar aquellas misteriosas tablillas. Para lograrlo, siguió los consejos propuestos por Grotefend para descifrar una lengua desconocida.

– En primer lugar, el examen minucioso de los textos para buscar cualquier regularidad o clave relacionada con la ortografía, sintaxis o estructura.

– En segundo lugar, la sustitución experimental de valores fonéticos para intentar encontrar palabras que recordasen a alguna lengua conocida, como en el caso elemental del inglés en “Los bailarines” o el del córnico y el caldeo que intenta Holmes en “El pie del diablo” (ver Sherlock Holmes, los jeroglíficos y el córnico).

– Finalmente, el tercer método consiste en comprobar con material virgen si las hipótesis son correctas y no se deben «a la fantasía, la coincidencia o un razonamiento circular», como también sucede en “Los bailarines” cuando Holmes recibe nuevos mensajes. Es decir, se trata de aventurar una interpretación a partir de los textos de que disponemos y después comprobar si esa interpretación es compatible con otros textos no examinados, para escapar al peligro de que el desciframiento tan solo consista en la habilidad del intérprete para encontrar un sentido a un número finito de signos.

Fox explica El enigma del laberinto algo que conté en No tan elemental al hablar de cómo Sherlock Holmes dedujo en la aventura de “Los bailarines” que cuando un monigote sostiene una bandera eso sirve para separar palabras. Kober, Ventris y Chadwick lo tuvieron más fácil que Homes, pues en las inscripciones en lineal B la separación entre palabras se veía claramente indicada, gracias a una rayita vertical:

lineal b

Sin embargo, Ventris se enfrentaba a una dificultad mayor que Holmes, pues no solo el código (los signos del lineal B) eran desconocidos, sino que también lo era la lengua a la que correspondían. Margalit Fox ofrece una tabla de las posibles combinaciones entre signos y lenguajes, que van desde ninguna dificultad, cuando se conoce tanto la lengua como los signos, hasta el grado III, cuando, como en el caso del lineal B, no se conoce ni la lengua ni los signos.

lenguajes

En los mensajes cifrados de “Los bailarines”  o “El escarabajo de oro” (de Poe)  los signos son muy extraños, pero se sabe que el lenguaje con el que se corresponden es el inglés, lo que facilita mucho la tarea de desciframiento. Eso sucede con casi cualquier lenguaje cifrado. Pero enseguida conoceremos una excepción realmente asombrosa.

Continuará

 

 


[Esta entrada ha sido escrita a partir de capítulos inéditos de No tan elemental: cómo ser Sherlock Holmes, que al final no incluí en el libro. El lector puede encontrar en No tan elemental un capítulo dedicado íntegramente a la relación de Sherlock Holmes con la criptografía: “Códigos secretos”]


 

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carlos-garcc3ada-gualCarlos García Gual ha dicho de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes:
Es una mis mejores lecturas  de ensayos literarios en mucho tiempo, tanto por su originalidad como por su estilo. Y sobre un tema  para mí fascinante ya que me trae recuerdos de lecturas juveniles… Me tiene admirado su manejo de todos esos registros tan bien usados en esta trama tan erudita y esa disección tan inteligente, de fina “filología” (en el buen sentido de la palabra)… Creo que el resultado final es espléndido y muy divertido”.


 

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Cómo descifrar códigos y lenguajes /1

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Elogio o panegírico al rey Fernando III escrito por Athanasius Kircher, supuestamente en egipcio

Durante siglos se pensó que los jeroglíficos egipcios eran tan solo dibujos o, como creía Athanasius Kircher y otros seguidores de la tradición hermética, misteriosos símbolos que escondían significados arcanos.

Todo cambió cuando, durante la expedición napoleónica en Egipto, se encontró la piedra de Rosetta, en la que un mismo texto aparecía escrito en tres idiomas diferentes, griego, copto y aquellos indescifrables jeroglíficos que durante siglos habían traído de cabeza a los estudiosos. Gracias a la piedra de Rosetta, el francés Champollion pudo intentar descifrar los extraños dibujos y al mismo tiempo demostrar que no se trataba de un lenguaje simbólico.

La piedra de Rosetta, escrita en jeroglíficos, en demótico y en griego

Después, observando las letras que parecían repetirse en los dos cartuchos, dedujo que aquellos jeroglíficos representaban dichas letras. A partir de esta primera certeza, el desciframiento de la milenaria lengua egipcia inició un camino seguro que acabó revelando los significados de aquel milenario lenguaje, que no eran tan arcanos como suponían los filósofos herméticos.

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Fragmento de la piedra de Rosetta en el que se puede ver el cartucho que contiene el nombre del rey Tolomeo.

Lo que Kircher había traducido en su Obeliscus Pamphilius como: «el que origina toda fecundidad y vegetación es Osiris, cuyo poder generador lleva del cielo a su reino el Sagrado Mophtha», Champollion lo tradujo como “Autócrata, emperador, hijo del sol y soberano de las coronas [César Domiciano Augusto]». Del mismo modo la figura del león que supuestamente representa al misterioso Mophtha, al que Kircher “dedica páginas y páginas de exégesis mística», para Champollion es simplemente la letra L<1>.

Champollion tuvo la inmensa fortuna de contar con ese diccionario trilingüe que era la piedra de Rosseta, pero en otras circunstancias el desciframiento resulta casi imposible si no se conoce la lengua que se corresponde con los caracteres desconocidos. Sherlock Holmes intentó, según parece, descifrar una lengua misteriosa, el córnico, la lengua hablada en Cornualles, como nos cuentaWatson, en “El pie del diablo”:

«El antiguo idioma de Cornualles había despertado su interés, y recuerdo que se le metió en la cabeza la idea de que estaba emparentado con el caldeo y que derivaba en gran parte del lenguaje de los traficantes de estaño fenicios. Había recibido un cargamento de libros de filología, y ya se disponía a la tarea de desarrollar su tesis cuando, de pronto…»

Lamentablemente, Holmes es interrumpido por otra aventura, lo que le impide revolucionar los estudios de filología céltica, aunque, ¿quién sabe?, tal vez algún día se encuentren en los archivos perdidos de Sherlock Holmes sus conclusiones acerca de la lengua de Cornualles, o al menos eso nos hace suponer el final de la aventura:

«Y ahora, querido Watson, creo que podemos borrar el asunto de la mente y regresar, con la conciencia tranquila, al estudio de las raíces caldeas que se advierten sin lugar a dudas en la rama córnica del gran idioma celta”.

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Sherlock Holmes en Cornualles, caminando entre piedras córnicas

El lenguaje córnico dejó de emplearse en el siglo XVIII. Se cuenta que la última hablante murió en 1777, que se llamaba Dolly Pentreath y que sus últimas palabras fueron “Me ne vidn cewsel sawznek! (“¡No quiero hablar inglés!”). Se supone, por tanto, que Holmes se interesaba tan solo por los testimonios escritos, aunque no se puede descartar que encontrara a algún hablante del córnico posterior a Dolly, pues existen testimonios y rumores de que siguió hablándose el córnico en algunos hogares rurales de Cornualles.

Al lector quizá le interese saber que los expertos consideran que el córnico estaba emparentado con las otras lenguas británicas, el bretón y el galés, todavía en uso. Tenía, en consecuencia, raíces celtas, con posibles influencias de otras lenguas indoeuropeas como el latín, el griego, el ruso, e incluso el sánscrito.

 


[Esta entrada está escrita a parir de capítulos escritos para No tan elemental: cómo ser Sherlock Holmes, que al final no incluí en el libro]

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Sobre el libro No tan elemental: cómo ser Sherlock Holmes


 

International: Not So Elementary

 

  1. Umberto Eco, La búsqueda de la lengua perfecta []
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El regreso de Ulises y la traducción

Hace más de diez años, una de las primeras páginas que subí a la red se llamaba Utanapishti. Era un extraño título que expresaba de una manera alambicada la intención de esa página. Los aficionados a las culturas mesopotámicas, o quienes hayan leído La epopeya de Gilgamesh, sabrán quién es ese personaje llamado Utanapishti. Se trata de un anciano extraño que vive con su mujer en el confín del mundo y que cuenta al rey Gilgamesh cómo escapó del diluvio en un arca. Se trata, casi sin ninguna duda, del personaje que inspiró al Noé bíblico.

La página Utanapishti en una de sus primeras versiones

La página Utanapishti en una de sus primeras versiones

Sin embargo, mi página Utanapishti no se ocupaba de mitos sumerios o asirio-babilónicos, sino que reunía poemas relacionados con un motivo mítico griego, el regreso de Ulises a Ítaca. Es un tema que ahora se conoce como el “regreso a Ítaca” o sencillamente “Ítaca”, que se hizo de nuevo popular a partir del poema de Konstantino Kavafis llamado precisamente Ítaca:

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.

No temas a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni al colérico Posidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Posidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

 Pide que el camino sea largo,
Que sean muchas las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos antes nunca vistos.

Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes voluptuosos,
cuantos más abundantes perfumes voluptuosos puedas.

Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en tu pensamiento.
Tu llegada allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta
experiencia,

entenderás ya qué significan las Ítacas.

Este poema ha sido para mí, como para muchas otras personas, una referencia constante. Hace quizá veinte años lo aprendí de memoria y también he escrito diversas variaciones en mis viajes, en especial en una corta pero intensa estancia en Brasil, en 1997. Sin embargo, como ya he dicho, no se trata de un tema nuevo, sino que Kavafis recuperó un mitema (tema mitológico) y un motivo poético que había sido célebre durante siglos: el regreso a su tierra del héroe Ulises.

konstantinos-kavafis-descontexto

Kavafis (¿por Jaime Coello Manuell?)

El regreso de Ulises a Ítaca pertenece a un ciclo mítico mayor, el de los nostoi o regresos de aquellos que combatieron en Troya, o bien el exilio de los propios troyanos, como Eneas. Es por eso que mi antigua página Utanapishti se llama ahora Nostoi, los regresos, porque en ella reúno poemas relacionados con el tema “Ítaca” pero también porque sospecho que acabaré incluyendo algunos poemas relacionados con otros regresos.

En cuanto a por qué se llamaba Utanapishti antes y no “Ítaca” o “Ulises” o algo similar, la verdad es que sé que existía una razón, pero ya no recuerdo cuál era. Tal vez, ciertas semejanzas entre Ulises y Utanapishti, pues Ulises parece esconder una personalidad más compleja que la del rey de Ítaca que combate en Troya, rasgos que lo relacionan con personajes tan dispares como Sísifo, Hermes, Simbad o incluso Nasrudín: un viajero, astuto y mentiroso, casi un genio travieso.

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Partida de Ulises de la tierra de los feacios, por Claude Lorrain

Pero aquí quiero referirme a una curiosidad relacionada con el poema, que sin duda inspiró a Kavafis para escribir Ítaca. Se trata de uno de los poemas precursores o pioneros de este motivo del regreso a Ítaca, Exhortación a Ulises, de Petronio, que también incluí en Nostoi:

“Deja tus moradas y busca costas extranjeras,
oh joven: para ti nace un nuevo orden de cosas
No sucumbas al mal: te ha de renovar el Danubio
extremo,

el bóreas helado, los tranquilos reinos del Egipto
        que ven al sol levantarse y descender.
Y, más grande, que descienda Ulises en lejanas
playas”.

La anterior es la traducción que incluí en Nostoi en 2003, donde también ofrecí el poema latino:

“Linque tuas sedes alienaque litora quaere,
o iuvenis: maior rerum tibi nascitur ordo.
Ne succumbe malis: te noverit ultimas Hister,
te Boreas gelidus securaque regna Canopi,
quique renascentem Phoebum cernuntque iacentem:
maior in externas Ithacus descendat Harena”.
                             Petronio, Exortatio ad Ulixem

En 2012, Graciela Mendaro me envío otra traducción y añadió un interesante comentario:

“Abandona tus Estados y boga hacia tierras extrañas, joven héroe.
Una carrera más noble se abre delante de ti. Arrostra todos los peligros; visita las orillas del Ister, allá en los confines del mundo, y las regiones heladas del Bóreas, y el sosegado reino de Canope, y los climas en que renace Febo, y aquellos otros en que termina su carrera.
Rey de Itaca, tú debes descender más grande a esas arenas remotas”.

Daniel, qué interesante la diferencia de la traducción. Supongo que la tuya es más correcta”.

Debo aclarar, por si hubiera alguna duda, que la otra traducción no es mía, y tampoco sé de dónde la tomé. Supongo que la encontré en internet sin referencia al traductor.

La verdad es que la diferencia entre las dos traducciones es muy interesante y en ocasiones uno duda si está leyendo el mismo poema.

Algunas diferencias se deben tan solo a una preferencia más o menos subjetiva, nacida de la pluralidad de significados de una palabra: “moradas” o “estados” por “sedes”; “tierras extrañas”, “costas extranjeras” por “aliena litora”. En otros casos se conserva el nombre antiguo en vez del moderno: “Íster” por “Danubio”, “reinos canopeos” por “Egipto”, o incluso “Febo” por “sol”.

Pero uno de los aspectos más llamativos es que en una traducción leamos: “que descienda Ulises en lejanas playas”, mientras que en la otra se dice “Rey de Ítaca, tú debes descender…”

La traducción, en este caso, depende del original “Ithacus”, claro, que ha sido convertido en “Ulises” o en “rey de Ítaca”. Mis conocimientos de la lengua latina son tan escasos que no me atrevería a decir qué es más correcto. Tal vez la palabra justa sería “itacense”, pero debo confesar que, al leer este último verso, la traducción que me vino a la cabeza fue muy distinta (sin duda debido a mi ignorancia). Algo así como:

“Y, más grande, desciende en la arena de lejanas
Ítacas”

O bien:

“Y, más grande, desciende en la arena de
otras Ítacas”

Probablemente es un error interpretar “externas Ithacus” como “lejanas Ítacas”, o bien: “otras Ítacas”, pero me parece un verso más feliz que las otras variantes, y además tiene un aroma claro al final del Ítaca de Kavafis:

“Así, sabio como te has vuelto, con tanta
experiencia,

entenderás ya qué significan las Ítacas”.

La riqueza de significados y sugerencias que ofrece el que Ulises descienda en “lejanas Ítacas”, en vez de “en Ítaca” o en “tierras lejanas”, es, en mi opinión, digna de tenerse en cuenta, como también lo era, al parecer, para Kavafis. Estoy hablando, por supuesto de significado o posibilidades de interpretación, no de cadencia ni de métrica, que probablemente podrían mejorarse mucho.

Ahora, bien, intrigado por el asunto de cómo debía traducirse el poema y ese verso en concreto, busqué información en internet y di con una entrada dedicada precisamente a ese poema de Petronio, lo que me desalentó un poco en mi investigación, pues al parecer alguien se me había adelantado.

A time of gifts

PatrickLeighFermor

A Time of Gifts, libro de Patrick Leigh Fermor en el que él mismo cita los versos de Petronio, según parece.

La entrada a la que me refiero se llama “Patrick Leigh Fermor, Petronio, Ulises y Odiseo“, y pertenece a una página llamada Patrulla de salvación. Su autor o autora, pues se esconde tras el seudónimo “la sargento Margaret”, cuenta que en la biografía de Artemis Cooper dedicada a Patrick Leigh Fermor (“aventurero, soldado e historiador inglés y posiblemente el mejor escritor de viajes de los últimos tiempos”) se incluye la Exhortación a Ulises de Petronio. La razón de la presencia de ese poema es que cuando Leigh Fermor emprendió su primer periplo por Europa, su madre Æleen le escribió el poema en la solapa de la edición de Horacio que le regaló.

Esta es la traducción española del poema de Petronio tal como se publicó en la edición de RBA del libro de Artemis Cooper:

“Abandona tu hogar, y busca costas extranjeras, oh joven: para tí nacerá un estado más grande de las cosas. No cedas al infortunio: el lejano Danubio te conocerá, el frío viento boreal y los tranquilos reinos de Canopo y quien contempla el renacer de Febo y su ocaso haga que, más grande, desciendas en arenas extrañas”.

La sargento Margaret investiga el fascinante asunto de las diversas traducciones inglesas y españolas y acaba por proponer “una buena traducción al español”:

“Deja tus moradas y busca costas extranjeras, oh joven: para ti nace un nuevo y más grande orden de las cosas. No sucumbas ante la desgracia: te ha de renovar el Danubio extremo, el bóreas helado, los tranquilos reinos del Egipto que ven al sol levantarse y descender. Y así, el que desembarca en lejanas playas llegará a ser el hombre más grande”.

Insisto en que mis conocimientos de latín y mi torpeza en el terreno de la poesía me impiden juzgar si se trata de una buena traducción, y tampoco querría verme enredado en las pullas que los expertos suelen lanzarse por una palabra aquí u otra allá, como sucede con algunos comentarios recibidos en la página de la sargento Margaret, pero creo que el último verso deja mucho que desear y que es el peor de todas las traducciones propuestas.

Al lector quizá le llame la atención que del verso haya desaparecido cualquier referencia a “Ulises” o al “rey de Ítaca” o a “Ítaca” misma, a pesar de que en el original aparece la palabra “Ithacus” (la propia sargento Margaret ofrece el verso en latín en el que aparece esa palabra: “maior in externas Ithacus descendat Harena”).

Tras investigar un poco, creo que he descubierto la razón de esa extraña ausencia, que también es la causa de la disparidad de algunas traducciones inglesas. Sucede que el verso de Petronio se conoce en dos formas:

“maior in externas Ithacus descendat harena”

o bien:

“maior in externas fit qui descendit harenas”.

La segunda forma es la propuesta por Baehrens, o más exactamente:

“maior in externas itacui descendat Harena”

Eso me hace pensar que la “buena traducción española” procede de la traducción inglesa de Michael Heseltine a partir de la segunda variante del verso de Petronio (“maior in externas fit qui descendit harenas”), que es: “he that disembarks on distant sands, becomes thereby the greater man”, que suena, quizá, un poco mejor en inglés, pero que en español es un verso aparatoso y difícil de leer y con una cadencia que parece crecer por un instante pero que luego se diluye hacia una mortecina grandielocuencia en su final.

Prefiero las otras traducciones y también ese verso final que quizá sea fruto de un error, o si se quiere de una variación, el que habla de otras Ítacas, y sospecho que algo parecido debía pensar Kavafis cuando leyó a Petronio y escribió Ítaca.

*********

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El revés y la trama

Traduttore, traditore

Estamos tan acostumbrados a escuchar aquello de “Traduttore, traditore” cada vez que se habla de la traducción, que se ha convertido en un tópico.

Lo bueno de los tópicos es que muchas veces ayudan a explicar en pocas palabras cosas complejas. Esa es también la manera en la que funcionan los refranes. Es obvio que los refranes esconden algo de sabiduría popular, pero su función básica no es conservar ese viejo saber, sino, más bien, la de facilitar la comunicación rápida de ideas. Si lo que nos interesa es señalar las virtudes de echarle horas a un trabajo, decimos: “Al que madruga, Dios le ayuda”; pero si lo que queremos es destacar el hecho, también cierto, de que no todo se arregla echándole horas, es preferible recurrir a otro refrán: “No por mucho madrugar amanece más temprano”. Es una manera de expresar una idea más o menos compleja de manera rápida y comprensible para cualquiera.

Traductor medieval

En cuanto al tópico de que los traductores son traidores, es seguro que encierra bastante verdad, pero también sirve para ocultar una verdad quizá más interesante: que la traducción casi nunca es una traición.En primer lugar, porque un traidor es alguien que traiciona, que no cumple con la palabra dada, que miente, que no hace lo que se espera que haga. Tal vez sea fácil darse cuenta de cómo se traiciona a una persona, pero ¿cómo se traiciona a un texto literario?  Voy a intentar responder a esta pregunta.


Se traiciona  a un texto cuando no se le hace decir lo que dice.

Goethe

Goethe

Como es obvio, podemos traicionar a un texto sin traducirlo siquiera, tan sólo repitiéndolo en un contexto o con una intención que no se corresponde con la intención o el contexto original.

Si decimos, como se hace a menudo, que Goethe escribió: “Prefiero la injusticia al desorden”, y después nos quedamos callados, estaremos traicionando el sentido de lo que escribió Goethe, incluos si lo decimos en alemán. Porque Goethe dijo, según Javier Marías, algo así como: “Prefiero la injusticia al desorden, porque el desorden provoca mayores injusticias que las que intenta remediar”. Lo cual puede ser discutible, pero es, desde luego, distinto de la frase mutilada y fuera de contexto.

Ahora bien, he dicho hace un momento “según Javier Marías”, pero debería decir “según Javier Marías y Daniel Tubau”, porque yo también estaba convencido de que Goethe dijo eso. Al parecer, según explicaba un lector indignado, lo que dijo fue: “Prefiero cometer una injusticia a soportar al desorden”. Lo dijo en el sitio de Maguncia, para así evitar el linchamiento de un hombre (no se sabe si para salvarle la vida o para evitar que lo lincharan en un lugar que consideraba inadecuado). En cualquier caso, lo que se quiere dar a entender con la frase de Goethe suele ser que es preferible cometer todo tipo de injusticias para salvaguardar el orden establecido, algo que nunca podrá ser, sea cual sea la interpretación correcta, lo que quiso decir Goethe. En cuanto a la frase en sí, que ya ha pasado a formar parte del acervo de frases hechas (al margen de lo que dijera o quisiera decir Goethe) sin duda prefiero la interpretación de “Prefiero la injusticia al desorden” que hace Marías (y yo mismo), porque me parece mucho más interesante y, además, cierta en muchos casos: el desorden, en efecto, suele provocar muchas injusticias; lo que no significa, como sabe cualquier buen lógico, que no se cometan injusticias en nombre del orden o con la excusa de impedir el desorden. Pero esos son otros asuntos. Volvamos a la traducción.

casablancaRecordemos ahora un ejemplo cinematográfico: si leemos un pasaje de la transcripción de la película Casablanca, dirigida por Michael Curtiz, y nos encontramos con un diálogo de Humphrey Bogart en el que dice a Ingrid Bergman: “Ya no te quiero”, es evidente que para entenderlo plenamente nos falta lo más importante: la expresión de Bogart, que en la película revela al espectador que está mintiendo al decir que ya no la quiere. Por eso, una de las cosas que descubrimos al traducir un texto es que las palabras no siempre significan lo que significan, especialmente cuando se usa la ironía o el sarcasmo. O cuando se añade el gesto del actor.


¿Cuándo se traiciona a un texto en una traducción?

Ahora bien, si de lo que se trata no es de leer con fidelidad un texto, sino de traducirlo a otro idioma (que es lo que aquí nos interesa), ¿cuándo traicionamos al original?

Sencillamente cuando no decimos en español, catalán, gallego o vasco lo que se dice, por ejemplo, en inglés. Parece sencillo, pero los traductores saben que puede ser muy complicado.

Si el texto inglés dice: “I love you”, la traducción será “Te quiero” en español. Pero alguien podría decir que hay que traducir: “Te quiero a ti”, y en algunos contextos eso será cierto. Si la persona amada hubiese preguntado: “¿A quién quieres, a ella o a mí?”, responder “Te quiero” sonaría a poco, porque parece más la expresión de un sentimiento espontáneo quizá irreprimible que una respuesta a eso que nos han preguntado.

Volviendo al “I love you”. Alguien podría decir que no hay que traducir “Te quiero”, ni “Te amo”, ni “Te quiero a ti”, sino: “Yo te quiero a ti”, por ejemplo, si luego la frase continuase de esta manera: “…y tú no sé a quién quieres”.

Todos estos problemas por un simple “I love you”.

traducción simultánea

 Ya podemos imaginar lo que sucede con frases más ambiguas como aquella del chiste que se contaba durante la Guerra Fría: los americanos enviaron un mensaje con una frase bíblica: “The flesh is weak, but the spirit is strong” (“La carne es débil, pero el espíritu fuerte”). Los rusos tradujeron: “La carne está podrida, pero el vodka estupendo”.

Evidentemente no existe una única manera de traducir un texto y, por tanto, no siempre es posible saber de qué manera no se traicionaría al texto traducido.

 Nos habíamos quedado en que la traducción no puede ser calificada tan fácilmente de traidora, porque toda traducción es, en definitiva, una lectura. Y digo lectura, no relectura. Lectura de un texto, como lo sería una lectura en el idioma original: la traducción es siempre y al mismo tiempo lectura y relectura.

Ahora bien, el sentido común parece pedirnos que nos movamos en un terreno más manejable: si no existe una “única traducción” de un texto, entonces toda traducción, más que traidora, es simplemente una elección entre posibilidades. Tenemos, en consecuencia, que elegir la opción menos mala, o al menos la mejor que podamos encontrar. Si al traductor le dicen que traduzca “I love cats”, puede dudar entre traducir “Me gustan los gatos” o “Amo a los gatos”, pero nunca debería traducir: “Me gustan los perros”.

Babel, el origen de la traducción

La conclusión de todas estas disquisiciones podría ser que, a pesar de todos sus defectos, las traducciones no sólo son necesarias, sino que además son estupendas. El trabajo de los traductores es un esfuerzo encaminado a deshacer la confusión creada por un dios colérico que destruyó la torre de Babel y confundió las lenguas. Un intento de lograr que los seres humanos vuelvan a entenderse (a pesar de que a veces se dediquen a traducir textos como el Mein kampf de Hitler, que no es que abogue precisamente por el entendimiento entre culturas).

Quiero explicar ahora por qué he llamado a este artículo El revés y la trama (pero no “El revés de la trama”, como la novela de Graham Greene).

Lo he hecho porque he recordado una idea de un libro chino de crítica literaria que se llama El arte del cincelado de dragones. Ese arte es, en la metáfora china, la literatura. Pues bien, en un pasaje de ese libro se dice que una buena traducción debería ser como el revés de un bordado: se deben ver todos los hilos aunque, inevitablemente, se pierdan algunos colores y quizá, incluso, la textura.


 Quien quiera conocer las dificultades de la traducción cuando de lo que se trata es de traducir un poema chino, puede visitar el delicioso artículo de Ana Aranda Vasserot Wang Wei, el poeta intraducible. Y también visitar mi página Wang Wei, un experimento chino.


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Bola de nieve y la doble sinecdoque

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Vete de mí es una de las más hermosas canciones que cantó el cubano Ignacio Villa, más conocido por su nombre artístico Bola de nieve, apodo que al parecer le aplicó Rita Montaner, pero que a él no le gustaba, al menos al principio. Sin duda  era preferible a otros apodos con los que se habían burlado de él antes, como Bola de Fango o Bola de trapo.

La canción fue compuesta por los hermanos Expósito, que ya estaban predestinados desde el bautizo a ser grandes artistas, pues sus padres, ambos anarquistas, escogieron para ellos los nombres del mayor poeta griego y el más excelso entre los latinos. Virgilio Expósito compuso la música y su hermano Homero la letra. Era un tango, porque ellos solían componer tangos, como el magnífico “Naranjo en flor”, pero Ignacio Villa lo convirtió en bolero cubano.

Véte de mí

Tú,
que llenas todo de alegría y juventud,
y ves fantasmas en la noche de trasluz,
y oyes el canto perfumado del azul,
vete de mí.
No te detengas a mirar
las ramas muertas del rosal,
que se marchitan sin dar flor,
mira el paisaje del amor
que es la razón para soñar y amar…

Yo,
que ya he luchado contra toda la maldad,
tengo las manos tan deshechas de apretar,
que ni te puedo sujetar,
vete de mí.

Seré en tu vida lo mejor,
de la neblina del ayer,
cuando me llegues a olvidar,
como es mejor el verso aquel
que no podemos recordar.

homeroexposito

Podemos considerar al letrista Homero Expósito el creador de esa doble sinécdoque del verso: “y oyes el canto perfumado del azul”.

¿Por qué digo que es una doble sinécdoque?

La sinécdoque es la figura literaria que consiste en tomar el todo por la parte o la parte por el todo, como decir “vela” para referirse a un barco, o “Francia ganó el mundial” aunque en realidad  en realidad lo ganaron once o catorce jugadores que salieron al campo.

En China se usa la expresión montaña-agua como sinécdoque de paisaje.

bola de nieveLa primera sinécdoque de Vete de mí consiste en emplear la palabra “azul” para referirse al cielo. Se trata de un clásico que se da en todas las culturas. El ejemplo más temprano que conozco, y creo que sería difícil encontrar alguno anterior, fue escrito en caracteres cuneiformes en algún lugar de Mesopotamia hacia el año mil antes de nuestra era. Esa sinécdoque temprana aparece en el prólogo a un extraño torneo entre dos insectos, cuando el autor recuerda cómo fue creado el universo y dice:

“Cuando los grandes dioses, reunidos en su Consejo,
habían creado [el Cielo y la Tierra]
formado el Azul, consolidado el Suelo…”

El traductor precisa, sin embargo, que más que de azul, la expresión habla de colores tornasolados (“hasamu/hussumu”).


El azul en Santibáñez

En la canción de los hermanos Expósito cantada por Bola de nieve, tenemos, como se ha visto, el “azul “en lugar del “cielo” (la parte por el todo), pero esa sinécdoque forma parte de otra sinécdoque mayor: “el canto perfumado del azul”. Se trata, por supuesto, del canto de los pájaros, o de los pájaros mismos si se prefiere. En vez de hablar del canto de los pájaros del cielo, Homero Expósito prefiere referirse a ellos de una manera doblemente elíptica y decir “el canto (perfumado) del azul”.


Partitura en el azul

En esta doble sinécdoque tan hermosa, confieso que no estoy seguro de si el adjetivo “perfumado” es un acierto o un error. A primera vista parece innecesario, a no ser que con ello queramos distinguir ese sonido más o menos armónico del cielo del que son responsables los pájaros, de otros sonidos muy distintos, como los truenos. También podemos pensar que ese perfumado esconde algún otro tipo de figura literaria que no sabría cómo llamar, algo relacionado con la sinestesia, con la confusión y mezcla de los sentidos, puesto que el canto de los pájaros es un sonido y no un olor.

*****

[Publicado el 17 de marzo de 2011]

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Comprender sin definir, Wittgenstein y Huizinga

Wittgenstein y Huizinga me sirven en este fragmento de la presentación de Nada es lo que es para explicar por qué recurro a las definiciones a pesar de no creer mucho en ellas…

Imagen de previsualización de YouTube

 Menos mal que en la presentación estaba mi amigo Marcos Méndez Filesi para recordarme los nombres que yo iba olvidando uno tras otro: Huizinga, Homo Ludens, Orígenes…

Ludwig Wittgenstein

LOS JUEGOS DE LENGUAJE

Aunque preferí no recurrir a Wittgenstein, sino a Huizinga y a su definición de juego, a lo que me refería en el caso de Wittgenstein era tanto a sus “juegos de lenguaje” como a su teoría del lenguaje como uso: conocemos el significado de una palabra por los contextos o situaciones en las que es empleada, por la manera en que es usada o utilizada: “El significado de una palabra es su uso en el lenguaje”.

En cuanto a las definiciones de juego de Huizinga, aquí tenemos una que, como se puede ver, consiste en una enumeración de muchas características:

“Resumiendo, podemos decir, por tanto, que el juego, en su aspecto formal, es una acción libre ejecutada “como si” y sentida como situada fuera de la vida corriente, pero que, a pesar de todo, puede absorber por completo al jugador, sin que haya en ella ningún interés material ni se obtenga en ella provecho alguno, que se ejecuta dentro de un determinado tiempo y un determinado espacio, que se desarrolla en un orden sometido a reglas y que da origen a asociaciones que propenden a rodearse de misterio o a disfrazase para destacarse del mundo habitual.(Homo Ludens, 26)”.

Como es obvio, basta pensar en todos los juegos de casino, para encontrar ejemplos que incumplen rasgos como “sin que haya en ella ningún interés material ni se obtenga provecho alguno”. La definición de Huizinga es en este caso, a pesar de que enumera unas diez características, es más prescriptiva que descriptiva, pues dice: “A lo  que reúne las características enumeradas deberíamos llamarlo juego propiamente dicho”.

Pero, como dije en la presentación, el propio Huizinga era consciente de los puntos débiles de una definición prescriptiva, que, al fin y al cabo, podemos aceptar o no como válida. Por ejemplo, podemos aceptar que la definición de álgido es aquello que está en su punto más frío, tal como lo definía o define la Academia de la Lengua, pero también podemos rechazar la autoridad de la Academia y decir que puesto que el uso común de álgido es el punto más caliente o cumbre, debemos aceptar también dicha acepción.

Johan Huizinga

Witgenstein recogió probablemente muchas de las ideas de Huizinga, aunque supongo que nunca se podrá saber hasta qué punto, porque Wittgenstein tenía la costumbre de no mencionar casi nunca a sus precursores (por ejemplo a Fritz Mauthner, al que sólo cita para negar su evidente influencia) y, que yo sepa, tampoco en las Investigaciones lógicas cita a Huizinga.

En este interesante pasaje, Wittgenstein establece una interesante comparación entre la dificultad de definir los juegos y lo que él llama juegos de lenguaje:

“Considera, por ejemplo, los procesos que llamamos«juegos». Me refiero a juegos de tablero, juegos de cartas, juegos de pelota, juegos de lucha, etc. ¿Qué hay común a todos ellos?— No digas: ‘Tiene que haber algo común a ellos o no los llamaríamos ‘juegos’» — sino mira si hay algo común a todos ellos.— Pues si los miras no verás por cierto algo que sea común a todos, sino que verás semejanzas, parentescos y por cierto toda una serie de ellos. Como se ha dicho: ¡no pienses, sino mira! Mira, por ejemplo, los juegos de tablero con sus variados parentescos. Pasa ahora a los juegos de cartas: aquí encuentras muchas correspondencias con la primera clase, pero desaparecen muchos rasgos comunes y se presentan otros. Si ahora pasamos a los juegos de pelota, continúan manteniéndose varias cosas comunes pero muchas se pierden.— ¿Son todos ellos ‘entretenidos”? Compara el ajedrez con el tres en raya. ¿O hay siempre un ganar y perder, o una competición entre los jugadores? Piensa en los solitarios. En los juegos de pelota hay ganar y perder; pero cuando un niño lanza la pelota a la pared y la recoge de nuevo, ese rasgo ha desaparecido. Mira qué papel juegan la habilidad y la suerte. Y cuan distinta es la habilidad en el ajedrez y la habilidad en el tenis. Piensa ahora en los juegos de corro: aquí hay el elemento del entretenimiento, ¡pero cuántos de los otros rasgos característicos han desaparecido! Y podemos recorrer así los muchos otros grupos de juegos. Podemos ver cómo los parecidos surgen y desaparecen”.

Esa dificultad de encontrar una definición de los juegos es lo que lleva a Wittgenstein a proponer que las características que los juegos comparten son como los “parecidos de familia”:

“No puedo caracterizar mejor esos parecidos que con la expresión «parecidos de familia»; pues es así como se superponen y entrecruzan los diversos parecidos que se dan entre los miembros de una familia: estatura, facciones, color de los ojos, andares, temperamento, etc., etc. — Y diré: los ‘juegos’ componen una familia”.

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La grabación de la presentación corrió a cargo de Bruno Tubau.

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Juanjo de la Iglesia dice que el libro termina en la página 107, pero termina en la 207.

En otro momento de la presentación, también se habló de las definiciones y de mi buscada indefinición: Acerca de las definiciones.

No te pierdas la historieta dedicada a Wittgenstein en la Enciclopedia de Filosofía de Bolsillo Mosca y Caja: Ludwig Wittgenstein.

Actualmente, la Academia de la Lengua recoge la acepción más popular de álgido en su tercera acepción (aunque no explícitamente el sentido de “caliente”):

álgido, da.

(Del lat. algĭdus).

1. adj. Muy frío.

2. adj. Med. Acompañado de frío glacial. Fiebre álgida. Período álgido del cólera morbo.

3. adj. Se dice del momento o período crítico o culminante de algunos procesos orgánicos, físicos, políticos, sociales, etc.

 

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“En Nada es lo que es, Daniel Tubau nos pro­pone una inves­ti­gación acerca de la iden­ti­dad de las cosas, de los concep­tos, de las ideas, de las naciones y de nosotros mismos; una inves­ti­gación que nos lle­vará, a lo largo de un viaje fasci­nante, desde la Gre­cia mítica de Teseo a la India arcaica, desde la China de los Reinos Com­bat­ientes a la Inglaterra vic­to­ri­ana de Sher­lock Holmes, desde el Japón de la época Toku­gawa a un inqui­etante pero cer­cano futuro.”

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