El regreso de Ulises y la traducción

Hace más de diez años, una de las primeras páginas que subí a la red se llamaba Utanapishti. Era un extraño título que expresaba de una manera alambicada la intención de esa página. Los aficionados a las culturas mesopotámicas, o quienes hayan leído La epopeya de Gilgamesh, sabrán quién es ese personaje llamado Utanapishti. Se trata de un anciano extraño que vive con su mujer en el confín del mundo y que cuenta al rey Gilgamesh cómo escapó del diluvio en un arca. Se trata, casi sin ninguna duda, del personaje que inspiró al Noé bíblico.

La página Utanapishti en una de sus primeras versiones

La página Utanapishti en una de sus primeras versiones

Sin embargo, mi página Utanapishti no se ocupaba de mitos sumerios o asirio-babilónicos, sino que reunía poemas relacionados con un motivo mítico griego, el regreso de Ulises a Ítaca. Es un tema que ahora se conoce como el “regreso a Ítaca” o sencillamente “Ítaca”, que se hizo de nuevo popular a partir del poema de Konstantino Kavafis llamado precisamente Ítaca:

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.

No temas a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni al colérico Posidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Posidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

 Pide que el camino sea largo,
Que sean muchas las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos antes nunca vistos.

Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes voluptuosos,
cuantos más abundantes perfumes voluptuosos puedas.

Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en tu pensamiento.
Tu llegada allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta
experiencia,

entenderás ya qué significan las Ítacas.

Este poema ha sido para mí, como para muchas otras personas, una referencia constante. Hace quizá veinte años lo aprendí de memoria y también he escrito diversas variaciones en mis viajes, en especial en una corta pero intensa estancia en Brasil, en 1997. Sin embargo, como ya he dicho, no se trata de un tema nuevo, sino que Kavafis recuperó un mitema (tema mitológico) y un motivo poético que había sido célebre durante siglos: el regreso a su tierra del héroe Ulises.

konstantinos-kavafis-descontexto

Kavafis (¿por Jaime Coello Manuell?)

El regreso de Ulises a Ítaca pertenece a un ciclo mítico mayor, el de los nostoi o regresos de aquellos que combatieron en Troya, o bien el exilio de los propios troyanos, como Eneas. Es por eso que mi antigua página Utanapishti se llama ahora Nostoi, los regresos, porque en ella reúno poemas relacionados con el tema “Ítaca” pero también porque sospecho que acabaré incluyendo algunos poemas relacionados con otros regresos.

En cuanto a por qué se llamaba Utanapishti antes y no “Ítaca” o “Ulises” o algo similar, la verdad es que sé que existía una razón, pero ya no recuerdo cuál era. Tal vez, ciertas semejanzas entre Ulises y Utanapishti, pues Ulises parece esconder una personalidad más compleja que la del rey de Ítaca que combate en Troya, rasgos que lo relacionan con personajes tan dispares como Sísifo, Hermes, Simbad o incluso Nasrudín: un viajero, astuto y mentiroso, casi un genio travieso.

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Partida de Ulises de la tierra de los feacios, por Claude Lorrain

Pero aquí quiero referirme a una curiosidad relacionada con el poema, que sin duda inspiró a Kavafis para escribir Ítaca. Se trata de uno de los poemas precursores o pioneros de este motivo del regreso a Ítaca, Exhortación a Ulises, de Petronio, que también incluí en Nostoi:

“Deja tus moradas y busca costas extranjeras,
oh joven: para ti nace un nuevo orden de cosas
No sucumbas al mal: te ha de renovar el Danubio
extremo,

el bóreas helado, los tranquilos reinos del Egipto
        que ven al sol levantarse y descender.
Y, más grande, que descienda Ulises en lejanas
playas”.

La anterior es la traducción que incluí en Nostoi en 2003, donde también ofrecí el poema latino:

“Linque tuas sedes alienaque litora quaere,
o iuvenis: maior rerum tibi nascitur ordo.
Ne succumbe malis: te noverit ultimas Hister,
te Boreas gelidus securaque regna Canopi,
quique renascentem Phoebum cernuntque iacentem:
maior in externas Ithacus descendat Harena”.
                             Petronio, Exortatio ad Ulixem

En 2012, Graciela Mendaro me envío otra traducción y añadió un interesante comentario:

“Abandona tus Estados y boga hacia tierras extrañas, joven héroe.
Una carrera más noble se abre delante de ti. Arrostra todos los peligros; visita las orillas del Ister, allá en los confines del mundo, y las regiones heladas del Bóreas, y el sosegado reino de Canope, y los climas en que renace Febo, y aquellos otros en que termina su carrera.
Rey de Itaca, tú debes descender más grande a esas arenas remotas”.

Daniel, qué interesante la diferencia de la traducción. Supongo que la tuya es más correcta”.

Debo aclarar, por si hubiera alguna duda, que la otra traducción no es mía, y tampoco sé de dónde la tomé. Supongo que la encontré en internet sin referencia al traductor.

La verdad es que la diferencia entre las dos traducciones es muy interesante y en ocasiones uno duda si está leyendo el mismo poema.

Algunas diferencias se deben tan solo a una preferencia más o menos subjetiva, nacida de la pluralidad de significados de una palabra: “moradas” o “estados” por “sedes”; “tierras extrañas”, “costas extranjeras” por “aliena litora”. En otros casos se conserva el nombre antiguo en vez del moderno: “Íster” por “Danubio”, “reinos canopeos” por “Egipto”, o incluso “Febo” por “sol”.

Pero uno de los aspectos más llamativos es que en una traducción leamos: “que descienda Ulises en lejanas playas”, mientras que en la otra se dice “Rey de Ítaca, tú debes descender…”

La traducción, en este caso, depende del original “Ithacus”, claro, que ha sido convertido en “Ulises” o en “rey de Ítaca”. Mis conocimientos de la lengua latina son tan escasos que no me atrevería a decir qué es más correcto. Tal vez la palabra justa sería “itacense”, pero debo confesar que, al leer este último verso, la traducción que me vino a la cabeza fue muy distinta (sin duda debido a mi ignorancia). Algo así como:

“Y, más grande, desciende en la arena de lejanas
Ítacas”

O bien:

“Y, más grande, desciende en la arena de
otras Ítacas”

Probablemente es un error interpretar “externas Ithacus” como “lejanas Ítacas”, o bien: “otras Ítacas”, pero me parece un verso más feliz que las otras variantes, y además tiene un aroma claro al final del Ítaca de Kavafis:

“Así, sabio como te has vuelto, con tanta
experiencia,

entenderás ya qué significan las Ítacas”.

La riqueza de significados y sugerencias que ofrece el que Ulises descienda en “lejanas Ítacas”, en vez de “en Ítaca” o en “tierras lejanas”, es, en mi opinión, digna de tenerse en cuenta, como también lo era, al parecer, para Kavafis. Estoy hablando, por supuesto de significado o posibilidades de interpretación, no de cadencia ni de métrica, que probablemente podrían mejorarse mucho.

Ahora, bien, intrigado por el asunto de cómo debía traducirse el poema y ese verso en concreto, busqué información en internet y di con una entrada dedicada precisamente a ese poema de Petronio, lo que me desalentó un poco en mi investigación, pues al parecer alguien se me había adelantado.

A time of gifts

PatrickLeighFermor

A Time of Gifts, libro de Patrick Leigh Fermor en el que él mismo cita los versos de Petronio, según parece.

La entrada a la que me refiero se llama “Patrick Leigh Fermor, Petronio, Ulises y Odiseo“, y pertenece a una página llamada Patrulla de salvación. Su autor o autora, pues se esconde tras el seudónimo “la sargento Margaret”, cuenta que en la biografía de Artemis Cooper dedicada a Patrick Leigh Fermor (“aventurero, soldado e historiador inglés y posiblemente el mejor escritor de viajes de los últimos tiempos”) se incluye la Exhortación a Ulises de Petronio. La razón de la presencia de ese poema es que cuando Leigh Fermor emprendió su primer periplo por Europa, su madre Æleen le escribió el poema en la solapa de la edición de Horacio que le regaló.

Esta es la traducción española del poema de Petronio tal como se publicó en la edición de RBA del libro de Artemis Cooper:

“Abandona tu hogar, y busca costas extranjeras, oh joven: para tí nacerá un estado más grande de las cosas. No cedas al infortunio: el lejano Danubio te conocerá, el frío viento boreal y los tranquilos reinos de Canopo y quien contempla el renacer de Febo y su ocaso haga que, más grande, desciendas en arenas extrañas”.

La sargento Margaret investiga el fascinante asunto de las diversas traducciones inglesas y españolas y acaba por proponer “una buena traducción al español”:

“Deja tus moradas y busca costas extranjeras, oh joven: para ti nace un nuevo y más grande orden de las cosas. No sucumbas ante la desgracia: te ha de renovar el Danubio extremo, el bóreas helado, los tranquilos reinos del Egipto que ven al sol levantarse y descender. Y así, el que desembarca en lejanas playas llegará a ser el hombre más grande”.

Insisto en que mis conocimientos de latín y mi torpeza en el terreno de la poesía me impiden juzgar si se trata de una buena traducción, y tampoco querría verme enredado en las pullas que los expertos suelen lanzarse por una palabra aquí u otra allá, como sucede con algunos comentarios recibidos en la página de la sargento Margaret, pero creo que el último verso deja mucho que desear y que es el peor de todas las traducciones propuestas.

Al lector quizá le llame la atención que del verso haya desaparecido cualquier referencia a “Ulises” o al “rey de Ítaca” o a “Ítaca” misma, a pesar de que en el original aparece la palabra “Ithacus” (la propia sargento Margaret ofrece el verso en latín en el que aparece esa palabra: “maior in externas Ithacus descendat Harena”).

Tras investigar un poco, creo que he descubierto la razón de esa extraña ausencia, que también es la causa de la disparidad de algunas traducciones inglesas. Sucede que el verso de Petronio se conoce en dos formas:

“maior in externas Ithacus descendat harena”

o bien:

“maior in externas fit qui descendit harenas”.

La segunda forma es la propuesta por Baehrens, o más exactamente:

“maior in externas itacui descendat Harena”

Eso me hace pensar que la “buena traducción española” procede de la traducción inglesa de Michael Heseltine a partir de la segunda variante del verso de Petronio (“maior in externas fit qui descendit harenas”), que es: “he that disembarks on distant sands, becomes thereby the greater man”, que suena, quizá, un poco mejor en inglés, pero que en español es un verso aparatoso y difícil de leer y con una cadencia que parece crecer por un instante pero que luego se diluye hacia una mortecina grandielocuencia en su final.

Prefiero las otras traducciones y también ese verso final que quizá sea fruto de un error, o si se quiere de una variación, el que habla de otras Ítacas, y sospecho que algo parecido debía pensar Kavafis cuando leyó a Petronio y escribió Ítaca.

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Comprender sin definir, Wittgenstein y Huizinga

Wittgenstein y Huizinga me sirven en este fragmento de la presentación de Nada es lo que es para explicar por qué recurro a las definiciones a pesar de no creer mucho en ellas…

 Menos mal que en la presentación estaba mi amigo Marcos Méndez Filesi para recordarme los nombres que yo iba olvidando uno tras otro: Huizinga, Homo Ludens, Orígenes…

Ludwig Wittgenstein

LOS JUEGOS DE LENGUAJE

Aunque preferí no recurrir a Wittgenstein, sino a Huizinga y a su definición de juego, a lo que me refería en el caso de Wittgenstein era tanto a sus “juegos de lenguaje” como a su teoría del lenguaje como uso: conocemos el significado de una palabra por los contextos o situaciones en las que es empleada, por la manera en que es usada o utilizada: “El significado de una palabra es su uso en el lenguaje”.

En cuanto a las definiciones de juego de Huizinga, aquí tenemos una que, como se puede ver, consiste en una enumeración de muchas características:

“Resumiendo, podemos decir, por tanto, que el juego, en su aspecto formal, es una acción libre ejecutada “como si” y sentida como situada fuera de la vida corriente, pero que, a pesar de todo, puede absorber por completo al jugador, sin que haya en ella ningún interés material ni se obtenga en ella provecho alguno, que se ejecuta dentro de un determinado tiempo y un determinado espacio, que se desarrolla en un orden sometido a reglas y que da origen a asociaciones que propenden a rodearse de misterio o a disfrazase para destacarse del mundo habitual.(Homo Ludens, 26)”.

Como es obvio, basta pensar en todos los juegos de casino, para encontrar ejemplos que incumplen rasgos como “sin que haya en ella ningún interés material ni se obtenga provecho alguno”. La definición de Huizinga es en este caso, a pesar de que enumera unas diez características, es más prescriptiva que descriptiva, pues dice: “A lo  que reúne las características enumeradas deberíamos llamarlo juego propiamente dicho”.

Pero, como dije en la presentación, el propio Huizinga era consciente de los puntos débiles de una definición prescriptiva, que, al fin y al cabo, podemos aceptar o no como válida. Por ejemplo, podemos aceptar que la definición de álgido es aquello que está en su punto más frío, tal como lo definía o define la Academia de la Lengua, pero también podemos rechazar la autoridad de la Academia y decir que puesto que el uso común de álgido es el punto más caliente o cumbre, debemos aceptar también dicha acepción.

Johan Huizinga

Witgenstein recogió probablemente muchas de las ideas de Huizinga, aunque supongo que nunca se podrá saber hasta qué punto, porque Wittgenstein tenía la costumbre de no mencionar casi nunca a sus precursores (por ejemplo a Fritz Mauthner, al que sólo cita para negar su evidente influencia) y, que yo sepa, tampoco en las Investigaciones lógicas cita a Huizinga.

En este interesante pasaje, Wittgenstein establece una interesante comparación entre la dificultad de definir los juegos y lo que él llama juegos de lenguaje:

“Considera, por ejemplo, los procesos que llamamos«juegos». Me refiero a juegos de tablero, juegos de cartas, juegos de pelota, juegos de lucha, etc. ¿Qué hay común a todos ellos?— No digas: ‘Tiene que haber algo común a ellos o no los llamaríamos ‘juegos’» — sino mira si hay algo común a todos ellos.— Pues si los miras no verás por cierto algo que sea común a todos, sino que verás semejanzas, parentescos y por cierto toda una serie de ellos. Como se ha dicho: ¡no pienses, sino mira! Mira, por ejemplo, los juegos de tablero con sus variados parentescos. Pasa ahora a los juegos de cartas: aquí encuentras muchas correspondencias con la primera clase, pero desaparecen muchos rasgos comunes y se presentan otros. Si ahora pasamos a los juegos de pelota, continúan manteniéndose varias cosas comunes pero muchas se pierden.— ¿Son todos ellos ‘entretenidos”? Compara el ajedrez con el tres en raya. ¿O hay siempre un ganar y perder, o una competición entre los jugadores? Piensa en los solitarios. En los juegos de pelota hay ganar y perder; pero cuando un niño lanza la pelota a la pared y la recoge de nuevo, ese rasgo ha desaparecido. Mira qué papel juegan la habilidad y la suerte. Y cuan distinta es la habilidad en el ajedrez y la habilidad en el tenis. Piensa ahora en los juegos de corro: aquí hay el elemento del entretenimiento, ¡pero cuántos de los otros rasgos característicos han desaparecido! Y podemos recorrer así los muchos otros grupos de juegos. Podemos ver cómo los parecidos surgen y desaparecen”.

Esa dificultad de encontrar una definición de los juegos es lo que lleva a Wittgenstein a proponer que las características que los juegos comparten son como los “parecidos de familia”:

“No puedo caracterizar mejor esos parecidos que con la expresión «parecidos de familia»; pues es así como se superponen y entrecruzan los diversos parecidos que se dan entre los miembros de una familia: estatura, facciones, color de los ojos, andares, temperamento, etc., etc. — Y diré: los ‘juegos’ componen una familia”.

*************

La grabación de la presentación corrió a cargo de Bruno Tubau.

******

Juanjo de la Iglesia dice que el libro termina en la página 107, pero termina en la 207.

En otro momento de la presentación, también se habló de las definiciones y de mi buscada indefinición: Acerca de las definiciones.

No te pierdas la historieta dedicada a Wittgenstein en la Enciclopedia de Filosofía de Bolsillo Mosca y Caja: Ludwig Wittgenstein.

Actualmente, la Academia de la Lengua recoge la acepción más popular de álgido en su tercera acepción (aunque no explícitamente el sentido de “caliente”):

álgido, da.

(Del lat. algĭdus).

1. adj. Muy frío.

2. adj. Med. Acompañado de frío glacial. Fiebre álgida. Período álgido del cólera morbo.

3. adj. Se dice del momento o período crítico o culminante de algunos procesos orgánicos, físicos, políticos, sociales, etc.

 

SIGNOS

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“En Nada es lo que es, Daniel Tubau nos pro­pone una inves­ti­gación acerca de la iden­ti­dad de las cosas, de los concep­tos, de las ideas, de las naciones y de nosotros mismos; una inves­ti­gación que nos lle­vará, a lo largo de un viaje fasci­nante, desde la Gre­cia mítica de Teseo a la India arcaica, desde la China de los Reinos Com­bat­ientes a la Inglaterra vic­to­ri­ana de Sher­lock Holmes, desde el Japón de la época Toku­gawa a un inqui­etante pero cer­cano futuro.”

(en Rafael Alberti (Madrid))
(en Laie Barcelona)
(en Amazon) (en Más librerías)

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El ruido es el mensaje

El modelo de la información de Shannon /2

La máquina Enigma

Desde hace bastante tiempo me interesa un aspecto del ruido, que no sé si ha sido tratado por los teóricos de la comunicación, porque todavía no he podido leer todos sus libros (deben ser unos diez mil). Ese aspecto es el siguiente: hay ocasiones en las que el ruido se convierte en el mensaje, e incluso llega a suceder que el mensaje no es otra cosa que ruido.

En mi ensayo acerca del mundo digital (Por qué el mundo digital no es digital) hablé de este asunto, recordando que un barco cercano no ayudó al Titanic porque pensó que las bengalas no eran un mensaje, sino ruido: signos de una fiesta en la cubierta del lujoso trasatlántico.

Pero puede suceder lo contrario, como en la paradoja de los indios que ya he empleado varias veces, y que aquí reproduzco de nuevo, ahora en formato de comic o chiste:

Mensajes de humo

Mensajes de humo

Para estos emisores, el mensaje qeu quieren que reciban los siux es algo así como: “Venid para luchar contra los caras pálidas”. El ruido, en este caso, son las imperfecciones inevitables en las volutas de humo. Sin embargo, en esta situación, el canal mismo, el humo, se convierte en mensaje, auqnue de manera no deseada por los emisores: un soldado del Séptimo de Caballaería que vea el humo puede decucir la presencia cercana de los indios y la intención que tienen de comunicarse a distancia. Para el general Custer ese será el verdadero mensaje, aunque sea incapaz de entender el código que los siux usan en las volutas de humo. Eso significa que los indios están trasmitiendo dos mensajes a la vez, uno  a propósito y otro sin quererlo. Uno como un mensaje a través del canal de humo, otro como el humo mismo, el canal.

Otro ejemplo era el que contaba Malcom Gladwell del puño de morse que, esta vez sí, era literalmente ruido. Los alemanes trasmitían mensajes en morse durante la guerra, pero a los ingleses, al menos hasta que descifraron el impenetrable código enigma, no les interesaban los mensajes en sí mismos, sino el ruido, es decir, la diferente manera de trasmitir un mensaje según quien fuese el operador que golpeaba la tablilla del morse. El servicio secreto británico se había dado cuenta de que cada operador alemán tenía su propio estilo, y que eso podía revelar, junto a la localización del lugar de trasmisión (que sí resultaba sencilla), si las tropas a las que pertenecía ese operador, por ejemplo el Quinto Ejército, se habían desplazado a ese lugar.

En consecuencia, el ruido no siempre es sólo ruido (probablemente no lo es nunca), sino que en ocasiones es el verdadero mensaje.

Todo esto plantea una cuestión muy interesante, porque, sea lo que sea lo que se trasmita, no sólo es la intención del emisor la que define el mensaje, sino también intención del receptor, que puede prescindir del supuesto mensaje y convertir el ruido o incluso el canal en el verdadero mensaje. Un ejemplo es la arqueología moderna, que a veces obtiene más información al examinar los materiales de que esta hecha una vasija que de unas letras grabadas en ellas. Por ejemplo, si en una vasija con letras griegas se encuentra un mineral que sólo existe en Gran Bretaña, entonces ahí tenemos importantísima información acerca del comercio entre griegos y británicos en tiempos remotos. Es lo que se llama la arqueología de la basura, aunque a veces un basurero, como el egipcio de Oxyrrinco, resulta ser uan biblioteca.

Matteo Rampin cuenta curiosos ejemplos de cómo se puede engañar a alguien, como hacen los ilusionistas o los espías, dejándole ver todo, pero distrayéndole con un mensaje aparente que, en realidad, no es más que ruido que sirve para esconder el verdadero mensaje.

Todo ello, sin duda, se podría relacionar con ideas budistas y estoicas, o con la terapia de Erikson y la filosofía constructivista de Watzlawick: no existen las cosas en sí mismas, sino el significado que les atribuimos, lo que para unos es ruido, para otros es mensaje, y a  la inversa.

¿Continuará?


Una variación del chiste anterior.


Escrito en abril de 2010 en…

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Algo más que un mensaje

El modelo de la información de Shannon /1

Claude Shannon. Electrical Mouse showing how computing machines work. (Photo by Yale Joel//Time Life Pictures/Getty Images)

Claude Shannon propuso un modelo explicativo de la información que se convirtió en legendario, a pesar de su aparente sencillez y que está en el origen dela digitalización y la revolución informática . Aquí examinaré el modelo desarrollado, que es un poco más complejo.

Tomemos el clásico modelo matemático de la información de Shannon, en el que se muestran todos los elementos implicados en un acto comunicativo. Es un poco más complejo que el que se enseña habitualmente, en el que sólo se habla de emisor, receptor, canal (o medio) y mensaje.

No sé si interpreto bien todos sus aspectos, pero lo intentaré.

Imaginemos que quiero trasmitir los resultados de las elecciones legislativas italianas a un amigo que tengo en Brasil.

En primer lugar, para que yo (el emisor) envíe un mensaje al receptor o destinatario, primero debo construir ese mensaje a partir de algo previo, lo que Shannon llama “fuente de información“.

La fuente de información puede ser, por ejemplo, la radio o la televisión. De esa fuente de información selecciono lo que a mí me interesa. Esto significa que no se puede identificar alegremente fuente de información con mensaje, algo que se hace demasiado a menudo. En una fuente de información puede haber muchos mensajes y, además es muy posible que no se encuentre en ella el mensaje mismo tal cual el emisor lo va a trasmitir.

Para trasmitir el mensaje necesito, además, un trasmisor o codificador, por ejemplo un ordenador con teclado, en el que escribo un mensaje en español.

Además, necesito un canal por el que trasmitir ese mensaje codificado, que sería, en este caso, la red de Internet.

Aquí nos podríamos perder en complejas disquisiciones acerca de cuál es exactamente el código que estoy utilizando para trasmitir mi mensaje: lo que se transmite ¿es el español en el que lo he escrito o son los bits, los ceros y unos del lenguaje binario?

Probablemente se podría hablar de una doble o triple descodificación:

1. La que hace el ordenador con mi mensaje: yo tecleo en español, pero el software de mi ordenador reconoce simplemente números del código ASCII asociados a cada tecla. Por ejemplo, la letra ‘A’ mayúscula es: “A”, mientras que la letra ‘a’ minúscula es: “a” (sin las comillas en ambos casos, claro). Después el código ASCII se convierte en lenguaje máquina, en una ristra de unos y ceros: 00110101…. etcétera.

2. La posterior descodificación que hace el ordenador de mi amigo brasileño al recibir el mensaje, convirtiendo la ristra de unos y ceros recibida a ASCII y de nuevo a letras del alfabeto latino. A todo esto quizá deberíamos añadir una tercera descodificación, la que hace mi amigo al traducir el mensaje del español al brasileño.

Si somos estrictos, deberíamos hablar de una cuádruple descodificación, pues cuando leemos algo, incluso en nuestro propio idioma, estamos aplicando nuestro conocimiento de un código al desciframiento de unas manchas de tinta sobre un papel, o de unas luces coloreadas en la pantalla de un ordenador.

Pensándolo bien, se trata de una quíntuple descodificación, pero este asunto no me interesa ahora, afortunadamente.

[2017: supongo que me refería como quinta descodificación a la que nos permite interpretar un símbolo como una palabra en forma de concepto o idea que se refiere a una cosa o quizá a una idea mental]

Lo importante es que, como se ve claramente en el esquema de Shannon, el mensaje enviado y el recibido no son el mismo mensaje: el mensaje ha sufrido, en su paso del emisor al destinatario, diversas trasformaciones y descodificaciones.

Ni siquiera, se dice, podemos identificar la señal trasmitida con la señal recibida.

Supongo, a primera vista, que no podemos identificar señal trasmitida y señal recibida al menos por dos razones: porque la naturaleza misma del canal que empleemos influirá sobre la señal (a la manera del célebre “el medio es el mensaje” macluhiano), pero también porque en la trasmisión de todo mensaje hay ruido, como se indica claramente en el esquema. El ruido son todos los elementos que son trasmitidos sin que el emisor tenga intención de hacerlo, puede ser desde ruido literal, que impida escuchar bien el mensaje, a cualquier otro tipo de interferencia.

Shannon elaboró su modelo matemático de la información precisamente a causa del ruido, porque lo que quería era encontrar la manera más eficaz de trasmitir un mensaje, sin gastar energía inútil.

Quizá se puede comparar el ruido en la teoría de la información con el calor que se produce en cualquier mecanismo que trasmite o produce energía, desde un cable de la luz que se calienta, a las ruedas de un automóvil o el desgaste del motor. Si eliminásemos todo el calor y el rozamiento, podríamos inventar la soñada máquina de movimiento perpetuo. Del mismo modo, si lográramos trasmitir un mensaje sin ruido, podríamos trasmitir el mensaje perfecto. Pero yo no llevaría la comparación mucho más allá.

Continuará…

Escrito en abril de 2010 en…

SIGNOS

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SIGNOS

Breve historia de la decadencia de la lengua filosófica francesa

Comienzo aquí  una pequeña antología que recogerá textos filosóficos franceses desde sus orígenes hasta su decadencia, pasando por su larguísimo esplendor. No es una decadencia absolutamente lineal y fatal, y hay muy honrosas excepciones, pero es una pena que en el XIX, y sobre todo en el XX, los pensadores franceses, antiguos maestros de Europa y del mundo en el hablar claro y preciso, fueran haciéndose cada vez más abstrusos, enrevesados y pretenciosos, hasta acabar resultando, en algunos casos, ininteligibles, y demasiado a menudo hinchados como pompas llenas de nada.

Hoy un breve texto de Braudillard:

“Nunca llegaremos al destino, aunque se trate del Juicio Final, ya que estamos separados de él para siempre por un espacio de refracción variable. La retroversión de la historia se podría perfectamente interpretar como una turbulencia de esta clase, debida a la precipitación de los acontecimientos que invierte su propio curso y traga su propia trayectoria”
(Braudillard 1992)

¡Oh, si hubiera un nuevo Moliere para poner en solfa a estos maestros ridículos, qué graciosa obra compondría!

No deja de resultar llamativo que Braudillard se haya especializado en la sociedad del espectáculo y del simulacro y al mismo tiempo lo haya hecho empleando un lenguaje que es en sí mismo un simulacro y un puro espectáculo. ¿Se trata de una sutil ironía por su parte?

 

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[Publicado por primera vez el 10 de noviembre de 2004]

Andrew Ingraham y el lenguaje

En varias ocasiones he hablado de Andrew Ingraham y sus teorías del lenguaje. Lo hice por primera vez en mi revista Esklepsis, dentro de la sección Misterios.

Leí varios fragmentos de Ingraham en The meaning of Meaning (El significado dle significado), un interesantísimo libro de Ogden y Richards que leí cuando estudiaba en  el seminario de Inteligencia Artificial. Ogden y Richard reproducían tres textos breves de Ingraham. El primero es una enumeración de los usos del lenguaje:

USOS DEL LENGUAJE
1. Para disipar energía nerviosa superflua y obstructiva.
2. Para la dirección del movimiento en otros, tanto hombres como animales.
3. Para la comunicación de ideas.
4. Como medio de expresión.
5. Para finalidades de registro.
6. Para poner la materia en movimiento (magia)
7. Como instrumento de pensamiento.
8. Para deleitar como mero sonido.
9. Para dar ocupación a los filólogos.

¿Por qué puse a Ingraham en la sección Misterios?

Pues porque por más que busqué y busqué no encontré sus libros o más información acerca de él.

Años después, gracias a Internet, vi que su libro estaba en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. Recién el año pasado conseguí el libro gracias a mi amigo Jordi, que me lo trajo a España.

El libro al que pertenecen lso fragmentos citados se llama Mind, metaphysics and logic y fue editado en 1913.

Antes de seguir hablando del libro, veamos otro de aquellos fragmentos citados por Ogden y Richards:

“No tenemos ocasión de hablar a menudo, como de un todo indivisible, del grupo de fenómenos implicados o vinculados en el hecho de que un negro salte una empalizada con un melón bajo el brazo, mientras en ese mismo momento la luna pasa por detrás de una nube. Pero si esta situación relativa de fenómenos ocurriera frecuentemente y si tuviéramos ocasión de hablar a menudo de ella, y si su ocurrencia pareciera afectar al mercado monetario, entonces tendríamos algún nombre, como por ejemplo basino, para designarlo. La gente discutiría oportunamente si la existencia de un basino implica necesariamente una empalizada y si puede utilizarse el término cuando un hombre blanco se halla relacionado de forma similar con un muro de piedra.”

¿No es delicioso? Se podría hablar mucho de las sugerencias de este breve fragmento, pero lo dejo para otra ocasión.

En el libro de Ingraham, una preciosa edición por cierto, y muy bien conservada casi cien años después, no hay, lamentablemente, ningún prólogo ni información acerca del autor, excepto estas breves líneas:

“Andrew Ingraham, late head-master of the Swain Free School. New Bedford, Mass”

Así que Ingraham fue director de la Escuela Libre de Swain, que estaba en New Bedford, Massachussets. La cosa suena interesante, pero antes vamos a ver el tercer fragmento:

“Supongamos que alguien afirme: “El gosta distima a los doches”. Nadie sabe lo que esto significa; yo tampoco. Pero si suponemos que esto es castellano, sabemos que los doches son distimados por el gosta. Sabemos además que un distimador de doches es un gosta. Además, si los doches son galones, sabemos que algunos galones son distimados por el gosta. Y así podemos seguir y, en efecto, a menudo seguimos.”

De Ingraham he averiguado poco más. Sé que escribió un prólogo a los Cuentos de Canterbury de Chaucer y que fue miembro de la subdelegación matemática del llamado Comité de los Diez para la reforma de la educación.

De la escuela Swain si he encontrado información. Fue creada siguiendo las directrices testamentarias de William S.Swain, quien la concibió como un tributo a su amado hijo Robert Swain, muerto en 1844, cuando sólo tenía 24 años.

El símbolo de la escuela Swain: las dos eses de Swain School

 

El propósito de la escuela era ofrecer estudios a personas sin recursos gratis o a un precio simbólico de 10 dólares. En 1902 se convirtió en escuela especializada en arte, pasando a llamarse Swain Free School of Design.

swainschool_cartel

Un cartel de la escuela Swain del año en el que Ingraham escribió su libro

En cuanto al libro de Ingraham, es interesantísimo. La pena es que creo que está escrito de una manera ingeniosa y sutil que mi conocimiento del inglés no me permite apreciar como se merece. El índice de capítulos ya resulta atrayente:

I. Psicología, acerca de Mentes
II. Epistemología, acerca de Conocimientos
III. Metafísica, acerca de Existencias
IV. Lógica, acerca de Cosas como Relaciones
V. Un universo de Hegel
VI. Siete procedimientos del lenguaje
VII. Nueve usos del lenguaje
VIII. Muchos significados de Dinero
(Many Meanings of Money)
IX. Algunos orígenes del número Dos

Precisamente, Ingraham habla de la abducción,aunque Ingraham lo llama transducción, que seguramente es más útil, pues el uso actual  se confunde con esa costumbre que tienen los extraterrestres de darles un paseo espacial a los terrícolas, como ya hizo Jehová con Elías y su famoso carro. Pero de la abducción o transducción hablaré en otro momento (que está cercano, pero no tanto como el momento en que escribí “cercano”).

Como leí el libro de Ingraham en La Palma, ahora que regreso allí lo releeré poniendo muchísima atención, a ver si así entiendo mejor sus juegos de palabras y sus ingenios. Sólo citaré por el momento un texto en el que claramente anticipa al Huizinga que en Homo ludens llegaba a la conclusión de que no era posible una definición de juego que incluyera todos los juegos:

“Todo esto significa sencillamente que los epistemólogos, es decir, los cultivadores del conocimiento del conocimiento, del mismo modo que los cultivadores de otras ciencias, todavía no han llegado a un acuerdo acerca de la definición del conocimiento, y tampoco clasifican los conocimientos de la misma manera. Me atrevo a pensar que no existe una clasificación, sino que siempre hay un cierto número de clasificaciones y que algunas de ellas sirve para un propósito y otra para otro; pero que no hay clasificación posible que responda a todos los propósitos por los que el ser humano busca el conocimiento.”

Y pronto hablaré de la relación entre Ingraham y secleb. ¿Que no sabes qué es secleb?

Averígualo en la página que he dedicado a este fascinante asunto:  Secleb 

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Todos y todas

“Buenos días a todos y todas”

“Buenos días  a todas”

¿Por qué no vamos a entender “todos y todas” al decir “todas”?

Los que creen que el lenguaje es una cosa viva que cambia y que no legisla la Academia (Iván/Marías) después se oponen a cambios o a lo llamado “políticamente correcto” (“Jueza”).

¿Por qué?

Respetan el cambio que se impuso por el abuso y no el nacido de la razón, el consenso y la justicia.

¿O más bien son tradicionalistas, que dan derecho de voto a los muertos?


[Publicado en 2008]


Encontrado en la red. Pero si somos diferentes, por qué diablos nos tenemos que identificar una parte con los “todos” y la otra con las “todas”?

Comentario en 2019: lo curioso del asunto es que esta discusión, que ha aumentado de intensidad año tras año, ahora puede dar un vuelco. Pensemos que aceptamos la necesidad de decir “todos y todas” (cosa que a mí no me parecía ni bien ni mal). Pero ahora empieza a haber cada vez más personas que no se identifican con distinciones como “hombres” y “mujeres” o “masculino” y “femenino” o que dicen, que “todos y todas somos diferentes”. Pero si todos y todas somos diferentes, ¿por qué aceptamos esa brutal asimilación a los que son “todos” y a los que son”todas”?

Sea como sea, en estas polémicas, cada bando está un poco fuera de sitio. Unos quieres quitar sexismo al lenguaje y se lo ponen al señalarlas palabras como quienes señalaban a los niños y las niñas con el color azul o el rosa. Los otros dicen que el lenguaje es un ente vivo que no puede ser reglamentado ideológicamente y quieren que la Academia imponga normas o que no se acepten los cambios que se produzcan en el hablar (sea por razones ideológicas, culturales, morales o los que sea, como siempre ha sucedido)

Leibniz y la claridad: los antiguos y los modernos

Leibniz en Liepzig

En La Vorágine inicié una Brevísima historia de la decadencia de la lengua filosófica francesa, con un texto de Braudillard. Antes de añadir nuevos capítulos, vale la pena leer un fragmento de una de las autobiografías de Leibniz. En esta autobiografía, escrita en tercera persona, Leibniz  se lamenta de la manera de escribir de sus contemporáneos.

“Y quiso la casualidad que se encontrara primero con los antiguos. En un comienzo le fue imposible comprenderlos, pero gradualmente pudo hacerlo hasta que por último consiguió dominarlos plenamente. Y como todo el que camina bajo los rayos del sol adquiere poco a poco un tinte bronceado, aunque haga incluso otra cosa, así había llegado él a adquirir un cierto barniz no ya sólo en la expresión sino también en los pensamientos. Por eso al frecuentar los escritores más modernos se le hacía insoportable su estilo enfático e hinchado, característico de quienes no tienen nada que decir, y que entonces predominaba en las escuelas, como también le resultaban insoportables los centones heteróclitos de los simples repetidores de ideas ajenas. Ante esa falta de gracia, nervio, vigor y utilidad para la vida de esos escritos, cabía pensar que sus autores escribían para un mundo diferente (al que llamaban República de las Letras o Parnaso).
En efecto, tenía plena conciencia de que tanto los pensamientos vigorosos, vastos y elevados de los antiguos, que parecían cernirse sobre la realidad, como asimismo la vida humana en su total desarrollo que se veía reflejada en una especie de cuadro complejo, acertaban a infundir sentimientos muy distintos en los espíritus. Pensaba sin embargo que todo ello era el resultado de un modo de expresión, claro, fluido y a la vez conforme con la realidad. Y le concedió tanta importancia a esa unidad diferenciada de claridad y conformidad que a partir de entonces se impuso dos axiomas: buscar siempre la claridad en las palabras y en los demás signos del espíritu, y buscar en las cosas la utilidad.”

Como es sabido, Ortega y Gasset sintetizó en alguna ocasión lo que cuenta aquí Leibniz, en aquella frase célebre: “La claridad es la cortesía del filósofo”.

Me parece una coincidencia interesante que Leibniz y yo comenzáramos a leer autores antiguos antes que modernos. Eso quizá ayuda a darse cuenta de que una cosa es un texto difícil en el que vale la pena emplear tiempo para entenderlo, porque tiene sentido y ese sentido puede acabar descifrándose, y otra cosa muy distinta es que un texto resulte ilegible porque se ha escrito expresamente para que sea ininteligible.

Por cierto, Leibniz escribió muchas de sus obras en francés, que era entonces la lengua cultural de Europa junto al latín. De ahí lo lamentable de esa decadencia en el uso de la lengua por parte de muchos filósofos franceses actuales.

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Además del capítulo dedicado a Braudillard, puedes leer el de Félix Guattari.

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LEIBNIZ

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Signos, semiótica y lenguaje

Aquí puedes ver todas las páginas alojadas en mi sitio web dedicadas al estudio de los signos, la semántica y el lenguaje.

SIGNOS

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Muchas personas se han interesado en los últimos días por el Trund, pero nadie parece ponerse de acuerdo en qué es. Así que, si queréis ver el Trund, atentos, que aquí está…

trund

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[Publicado el 7 de diciembre de 2003 en Erewhon digital]

La historieta es de El prehistórico B.C, de Johnny Hart.

2013: me gustaba mucho esta historieta porque entonces (2003) estaba muy interesado por el metalenguaje en las historietas. En este caso, se trata de una curiosa mezcla de metalenguaje, de lo diegético (lo que procede de la historia) y lo extradiegético (lo que está fuera de la historia pero que sí existe en la percepción del espectador o lector). Nosotros, los lectores, vemos el “Trund”, pero el personaje no, al menos no la onomatopeya dibujada TRUND (sí puede escucharlo, al impactar la piedra con su cabeza).

Pero, por otra parte, no se trata sólo de metalenguaje, sino de que, dentro de la realidad misma de la historieta, el cartel avisa no de las piedras sino de un efecto colateral: el sonido de su impacto en la cabeza del desprevenido paseante.

Se puede considerar, en fin, que es un ejemplo tanto de tomar el efecto por la causa (el humo por el fuego), como de tomar la parte (el sonido) por el todo (la piedra que impacta en la cabeza del desprevenido prehistórico) y, por tanto similar a una sinécdoque, como aquella de la que hablé en Bola de nieve y la doble sinecdoque.

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Todo el cómic aquí.

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