Zuozhuan (Comentario o Tradición de Zuo )

Tratados de estrategia de la China antigua

El Zuozhuan es un libro de historia de la época llamada de Primaveras y Otoños (-770 a -476), pero muchos consideran que es también uno de los primeros tratados de estrategia chinos. No les falta razón, porque en sus páginas no solo se encuentra la descripción de cientos de guerras y batallas, sino que también se explican las diversas estrategias empleadas en cada conflicto e incluso citas de tratados de guerra que no se han conservado.

Recientemente se ha publicado una nueva traducción al inglés del Zuozhuan (Tradición de Zuo), a cargo de Stephen Durrant, Wai-Yee Li y David Schaberg. Es un trabajo monumental, descomunal, desmesurado y hermoso que, como dicen los autores, les ha llevado “muchas más primaveras y otoños de las esperadas”.

En El arte del engaño hemos recurrido al Zuozhuan para iluminar ciertos pasajes de la traducción comentada y también para reconstruir la guerra entre los reinos de Wu, Chu y Yue, en la que se supone que participó el estratega Sun Wu, que podría ser el verdadero autor de El arte de la guerra, el hombre que se ocultaría bajo el apodo Sunzi (maestro Sun). Sin embargo, el Zuozhuan es también uno de los principales argumentos que usan los que niegan que Sun Wu sea el autor de El arte de la guerra, pues no se menciona a nadie con este nombre en ningún momento.

Durante siglos ha sido habitual afirmar que el Zuo Zhuan era un comentario al Chunqiu, es decir los Anales de Primaveras y Otoños, libro que da nombre a la época de Primaveras y Otoños (-770 a -476). Los Anales de Primaveras y Otoños es la crónica árida y difícil de leer del estado de Lu, en el que nació Confucio, mientras que el Zuozhuan ofrece muchos más detalles de los acontecimientos y es, además, una lectura fascinante. Un ejemplo del estilo del Chunqiu o Primaveras y Otoños:

“En verano, en el sexto mes, en Renyin, el duque tuvo una reunión con el el marqués de Qi y el vizconde de Ju, cuando hicieron un pacto en Quchi.
En otoño, en el séptimo mes, en Dinghai, el duque se reunió con el duque de Song, y un oficial de Yan, cuando hicieron un pacto en Guqiu.
En el octavo mes, en Renchen, Yue, marqués de Chen, murió”.[1]Comentario de Zuo, versión de James Lege

Primer tomo de la también monumental traducción de James Leege del Zuozhuan, traducido como Comentario de Zuo y transliterado en la época como Tso Chuen. Versión digital y actualizada en Traditions of Exemplary Women

Y así a lo largo de páginas y páginas. Ahora bien, como los confucianos consideraron en algún momento que los Anales de Primaveras y Otoños habían sido escritos por el mismísimo Confucio (algo muy improbable) y que contenían incluso una especie de enseñanza codificada bajo sus áridas frases, favorecieron diversos comentarios escritos ex profeso para los Anales, o bien adaptaron otros textos, como quizá fue el caso del Zuozhuan, que se atribuye a Zuo Qiuming.

La idea de que el Zuozhuan es un simple comentario al Chunqiu cada vez se cuestiona con más energía y en una reciente traducción íntegra al inglés se defiende que el libro fue casi sin ninguna duda independiente de la crónica de Lu, y que probablemente empleó las crónicas de otros estados, así como otros textos. Por eso, en vez de Comentario de Zuo o Crónica del principado de Lu (como hizo Serafin Couvreur), han preferido traducirlo como Tradición de Zuo.

En El arte del engaño se describen la guerra que los reyes del reino de Wu, Helü y Fuchai, mantuvieron contra sus poderosos vecinos del norte y del sur.

 

El Zuozhuan y El arte de la guerra

A pesar de que en el Zuozhuan no se menciona al estratega Sun Wu, sí se describen estrategias que coinciden con las de El arte de la guerra, como he explicado en extenso en los capítulos de El arte del engaño que se inician con “Tronos de sangre en la China antigua”. Aquí citaré una de las estratagemas del Zuozhuan, en la que se emplea la fuerza del agua para destruir a un principado rival, el de Xu:

“Construyó diques al pie de las montañas para retener el agua y después abrió las compuertas para inundar la capital de Xu. El día jimao (23) la destruyó” [2]Traducción de Serafin Covreur.

De este modo, Helü destruyó la capital y al parecer borró el mapa el estado de Xu en el año -511. La idea parece atribuirse a su consejero Wu Zixu, que enseguida es mencionado y que es, junto a Sun Wu, uno de los candidatos a la autoría de El arte de la guerra.

También en El arte de la guerra se elogia la fuerza y la ductilidad del agua y se describe el ataque con agua como muy poderoso, solo inferior al ataque con fuego:

“Un ataque con fuego demuestra perspicacia, un ataque con agua demuestra fuerza: el agua permite aislar al enemigo, el fuego permite destruirlo”.[3]El arte de la guerra, traducción de Ana Aranda Vasserot

El reino de WU (al sureste) y el feudo de XU (en color verde) que Helü hizo desaparecer bajo el agua [By SY , from Wikimedia Commons]

 

La traducción al francés del Zuozhuan por Serafin Couvreur, que lo transliteraba como “Tso Tchouan” y lo traducía como La crónica del principado de Lu

Creo que un investigación interesante sería analizar todos los conflictos que aparecen en el Zuozhuan (540 enfrentamientos y 130 guerras) para detectar los elementos de engaño y sorpresa, como hicieron, en el terreno de la estrategia occidental, Barton Whaley y Liddell Hart. Me atrevo a predecir un resultado muy semejante al que ellos obtuvieron, es decir, el uso masivo del engaño y la sorpresa, así como del llamado ataque indirecto, las estrategias que también recomienda Sunzi en El arte de la guerra.

Por otra parte, se podría compilar un buen tratado militar reuniendo todos los momentos en los que los generales, los estrategas, los consejeros y los reyes explican sus intenciones ante la batalla y la guerra a lo largo del extenso Zuozhuan.

En cuanto al tratado militar que se menciona en el Zuozhuan, le he dedicado un artículo: Jun zhi.


El arte del engaño
Daniel Tubau
Editorial Ariel
600 páginas

Una cuidada edición que ofrece la más completa panorámica del arte de la estrategia china publicada hasta la fecha.
[Contiene la traducción completa de El arte de la guerra de Sunzi y Las 36 estratagemas chinas, por Ana Aranda Vasserot, así como Las 100 reglas del engaño y la estrategia]

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Jun zhi (Tratado del ejército )

Tratados de estrategia de la China antigua

En el Zuozhuan (Comentario de Zuo) se menciona un tratado militar que no se ha conservado, el Tratado del Ejército o Máximas de lo militar (Jun Zhi), del que se citan tres consejos que tienen en común la prudencia:

«Cuando llegues al punto apropiado, detente».
«Cuando sepas que las dificultades son insuperables, retírate».
«No se puede rivalizar con quienes poseen la virtud».[4]En la traducción francesa de Serafin Couvreur

En El arte del engaño se mencionan varios tratados de estrategia relacionados con El arte de la guerra.

Estas ideas coinciden con algunos de los consejos de El arte de la guerra y es posible que este libro perdido se pueda identificar con otro tratado que se menciona y se cita en El arte de la guerra, el libro de La administración militar (Jun zheng).

En otro pasaje del Comentario de Zuo vuelve a citarse el Jun zhi: “Anticípate a tu enemigo y le robarás el corazón”, donde por corazón (que es lo que traduce James Legge) probablemente debemos entender “energía” o su “voluntad”,  que es lo que traducen en Zuo Tradition, la reciente versión del Zuozhuan: “To preempt the enemy is to rob him of his will”.[5] Zuo Tradition, año 12 del Duque Xuan

Y de nuevo, en otro lugar, vuelve a repetirse casi palabra por palabra la cita anterior:

“De acuerdo con las Máximas de lo Militar, “anticiparse al enemigo es robarle la voluntad… ¿Por qué no atacarlo cuando todavía están cansados y aún no se han establecido? [6] Zuo Tradition

Que es lo mismo que recomienda Sunzi en El arte de la guerra:

“Quien llega el primero al campo de batalla espera al enemigo descansado, quien llega el último tiene que luchar exhausto”.[7]El arte de la guerra, traducción de Ana Aranda Vasserot

Finalmente, en el año 7 del Duque Wen del Comentario de Zuo vuelve a citarse el consejo, pero otra vez aplicándolo de una manera diferente:

“Anticiparse al enemigo es robarle su voluntad” es una buena estrategia militar. “Perseguir al enemigo como si uno cazara hombres al vuelo [como si cazara pájaros]” es un buen liderazgo militar.

Todo parece indicar que la segunda frase acerca de cazar hombres al vuelo también es una cita de ese libro perdido llamado Jun zhi.


El arte del engaño
Daniel Tubau
Editorial Ariel
600 páginas

Una cuidada edición que ofrece la más completa panorámica del arte de la estrategia china publicada hasta la fecha.
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Heguanzi (El maestro del gorro de faisán)

Tratados de estrategia de la China antigua

El Heguanzi es un libro que casi no ha recibido atención a lo largo de la historia. Los eruditos chinos lo consideraron una falsificación y lo despreciaron debido a su estilo disperso, a sus razonamientos confusos, a su eclecticismo y a su falta de estructura coherente. Muchas de estas acusaciones son injustas, otras se podrían aplicar a libros tan elogiados como el Zhuangzi.

Ho-Kouan-Tseu: traducción francesa de Jean Levi del Heguanzi. Editions Allia

Por una parte se pensaba que un texto con un carácter taoísta tan definido y al mismo tiempo con evidentes rasgos militares no podía pertenecer a la época Zhou, pero en 1973 se descubrieron fragmentos de textos militares con cierto aroma semejante al Heguanzi, como Los cuatro clásicos del Emperador Amarilloque han sido datados en los inicios de la época Han, lo que ha hecho que empezara a parecer plausible que el Heguanzi fuera escrito durante el tiempo anterior a la creación de China.

En cuanto al estilo deslavazado y caótico del libro, ha provocado pesadillas en los intérpretes, que se movieron entre dos hipótesis: que el libro es el resultado de una combinación de varios libros, por ejemplo porque se rompieron las cuerdas que unían las tiras de bambú de una biblioteca y se mezclaron textos diferentes, o que el autor del libro cambió de opinión y de opinión filosófica durante su redacción. Una tercera interpretación es que el aparente caos se debe a que se hicieron comentarios al texto en diferentes momentos y después no se distinguió entre el texto principal y los comentarios. Sin embargo, Carine Defoort en su reciente análisis del libro, The Pheasant Cap master. A Rhetorical Reading, siguiendo los pasos de su maestro iconoclasta Angus Graham, muestra que la decepción que muchos lectores sintieron o sienten al leer el Heguanzi se debe casi siempre a que afrontan su lectura con expectativas erróneas. Creen que van a leer una cosa y se encuentran con otra muy diferente:

“Cuando escuchamos una presentación o leemos un libro, esperamos encontrar la unidad: una persona, en un mismo tiempo, expresando un conjunto unificado o coherente de ideas. Las contradicciones aparentes, los cambios abruptos de tema o estilo y una línea de pensamiento aparentemente incoherente inducen al oyente o lector a buscar una unidad más fundamental…”

Y añade Defoort:

“Aunque existe una posibilidad lógica de que sus aproximadamente 15,000 caracteres sean el producto de un lunático copiando fragmentos de textos al azar en medio de un huracán, el principio de cooperación -la primera condición para una buena interpretación- es asumir exactamente lo contrario”.

El problema, dice Defoort, es que tenemos tan poca información y el libro parece tan caótico a primera vista, que no resulta fácil encontrar los nexos que conectan los diferentes textos o a los posibles autores. Por eso, propone lo que llama “celebración de lo fragmentario”:

“Este libro se acerca al He guan zi como a una colección de fascinantes ruinas que se levantan en medio del paisaje de los antiguos textos chinos”.

Compara Defoort su método con el de Arthur Waldron en La gran muralla china: del mito a la realidad. Se suele pensar en la muralla como una gran unidad que atraviesa China, pero, dice Waldron, es todo lo contrario: es una colección de murallas de todo tipo de formas, tamaños y longitudes, construidas a lo largo de muy diversas épocas, por diferentes personas y con distintas intenciones. El resultado de este método es un análisis delicioso y preciso del Heguanzi, renunciando, aunque solo en parte, a profundizar en su carácter filosófico para incidir en sus intenciones retóricas. El Heguanzi es un libro para persuadir, nos dice Defoort, y si buscamos por el camino de la construcción de un discurso convincente podemos encontrar pistas importantes acerca de cómo leerlo. El libro de Defoort solo tiene un defecto: que no incluye una traducción completa del He guan zi, aunque sí extensos pasajes, en ocasiones citando la traducción que ya inició Angus Graham y que dejó incompleta.

Carine Defoort

Por fortuna, el incansable sinólogo francés Jean Levi nos ha regalado recientemente una excelente traducción del libro, a la que también se le puede reprochar una única cosa: insistir en la costumbre de transliterar los nombres chinos al modo francés, sin emplear el pinyin ya aceptado en casi todo el planeta, por lo que nos encontramos con un insólito Ho-Kouan-Tseu en vez del Heguanzi que compartimos españoles, ingleses, rusos y, por supuesto, los propios chinos. Con todos sus defectos, que son bastantes, la transliteración al pinyin se ha convertido en un estándar universal que deberíamos aceptar para poner fin a la confusión de nombres. Basta con pensar en la dificultad de buscar en una biblioteca electrónica un nombre en cualquier libro chino que haya podido ser publicado recientemente en diversos idiomas. Si en Google Books hacemos una búsqueda para intentar rastrear novedades, tendremos que escribir cada nombre al menos dos veces (tres si se trata de un libro escrito por Bruce y Taeko Brooks, que proponen una peculiar transliteración) para no perdernos los libros franceses. El empeño en su especificidad, aisla a las traducciones francesas de la corriente universal, lo que es una pena, pues es una tradición deslumbrante de la sinología, también en las últimas décadas. Eso sí, salvada esta dificultad de la transliteración, la versión de Jean Levi es extraordinaria.

El Heguanzi, una vez que se lee con las precauciones que propone Defoort, ofrece pasajes e ideas muy interesantes o imágenes tan sugerentes como esta:

“Las orejas dirigen la audición y los ojos la visión, pero basta una sola hoja de un árbol delante de los ojos para hacer desaparecer el monte Tai shan, y un garbanzo en cada oreja para obstruir el rugido del trueno, pero nada puede obstruir la puerta del Dao una vez que ha sido abierta”.

Soldado de la época Han con plumas de faisán

A mí me parece que en la parte final del párrafo, cuando se alude al Dao, se pierde algo de fuerza, pero otros pensarán que esta es su gran virtud: si sigues el Dao no serás cegado por hojas que te impiden ver montañas ni por garbanzos que te impiden escuchar. Precisamente, puede ser una decisión polémica el que Levi deje sin traducir Dao y además lo ponga en mayúscula, puesto que eso confiere un eco místico a una frase que se podría entender de manera más sencilla, por ejemplo, como sucede en la traducción de Defoort, que dice más o menos: “No he oído hablar de nadie que acabara mal cuando emprendió el camino correcto (o la vía correcta)[8]”If one leaf covers the eyes, you don’t see Tai shan; if two beans plug up the ears, you don’t hear thunder peals and rolls. But of anyone going wrong when the way was opened up, I haven’t yet heard”. Ana Aranda examina este asunto en El dao de la traducción, pero aquí podemos simplemente comparar esta expresión del Heguanzi con lo que se dice precisamente en ese otro libro de la escuela militar taoísta de Huang Lao, Los cuatro clásicos del Emperador Amarillo:

“El Tao engendra las leyes. Las leyes son el criterio para medir lo que se gana y lo que se pierde, y el fundamento para distinguir con claridad lo recto de lo torcido. Por eso quienes aferran el Tao generan leyes y no osan violarlas; una vez establecidas las leyes no se treven a ignorarlas”[9]Los cuatro libros del Emperador Amarillo, traducidos por Iñaki Preciado Idoeta.

Es decir, si no interpretamos las leyes en el sentido estrictamente político (como hacía la escuela legalista), podríamos ver en este pasaje y tal vez en el del Heguanzi, un atisbo de lo que propondría con el tiempo la ciencia moderna: no fiarnos de los datos en bruto de los sentidos ni del puro instinto o la intuición, sino establecer pautas y protocolos de comprobación: medidas o criterios para distinguir lo recto de lo torcido. La traducción de ese mismo pasaje por De Bary y Lufrano incide de manera especial en esa interpretación:

 “El Tao genera pautas. Las pautas sirven como cables de marcado para demarcar el éxito y el fracaso, y son lo que clarifica lo torcido y lo recto. Por lo tanto, aquellos que se aferran al Camino generan pautas y no se atreven a violarlas; teniendo pautas establecidas, no se atreven a descartarlas. Solo después de que puedas servir como tu propio cordón de marcación, mirarás y conocerás todo lo que está debajo del Cielo y no te engañarás”[10]Traducción de la traducción al inglés de Debary y Lufrano, encontrada en Wikipedia

Pues bien, aunque por lo general es preferible traducir la palabra dao según el contexto, como vía, camino, manera, excelencia, benevolencia, etc., creo que en este caso hacen bien Preciado Idoeta y Levi, así como Debary y Lufrano al dejarlo sin traducir y en mayúsculas (al contrario que Defoort que traduce “vía”), puesto que tanto en el Heguanzi como en Los cuatro libros del Emperador Amarillo, el uso que se hace de Dao ya contiene una clara tonalidad mística. Ana Aranda y yo mismo también decidimos dejar sin traducir dao cuando Sunzi se refiere a los cinco factores fundamentales del arte de la guerra (aunque poniéndolo en minúsculas) aunque no exactamente por las mismas razones.

En cualquier caso, aquel pasaje de la hoja que nos impide ver el monte Tai shan o escuchar el retumbar de los truenos me gusta no solo por la conclusión acerca de las leyes y las pautas (que me parece una idea también brillante) sino simplemente por esa atinada observación de cómo algo diminuto puede impedirnos percibir algo gigantesco, en este caso por su cercanía a nuestros ojos o a nuestras orejas, algo sí como un equivalente de aquello de que “con un pulgar ocultas el Sol”. Además, lo bueno es que enseguida el razonamiento se dirige de manera muy certera al advertirnos del peligro de dejarnos llevar por nuestros instintos y emociones, que, se supone, son como esa hoja tan pequeña que nos impide la visión de una gran montaña o esos garbanzos que dificultan la audición.


El Heguanzi y El arte de la guerra
El libro contiene muchos pasajes de carácter militar y estratégico, como expresa el subtítulo que Levi añade a su traducción: Precis de domination, algo así como Compendio de dominación.

Se considera que el extraño nombre del libro podría tener relación con un gorro con una pluma de faisán que se empleaba en el gran reino de Chu, y en este caso podría referirse a un eremita taoísta que se hizo un gorro extravagante; pero también podría tratarse de un emblema militar empleado en el estado de Zhao por el cuerpo de élite del rey Wu Ling, usando plumas de faisán para recordar la combatividad de este animal.

En la traducción comentada de El arte de la guerra (que se incluye en El arte del engañohemos citado el He guan zi, por ejemplo al hablar de cómo confundir al gobernante rival aprovechando sus debilidades psicológicas, como la ira o la soberbia.

Aunque en todo el libro se encuentran opiniones acerca del buen gobierno y la dirección de los asuntos del estado, muy interesantes desde el punto de vista de la estrategia, hay capítulos dedicados de manera específica a asuntos militares, como el sexto, “Sobre la derrota militar”, donde se dice de manera casi idéntica a El arte de la guerra:

“__¿Cuál es la más importante de las actividades humanas?
__La guerra.”[11]Le Ho-Kouan-Tseu, por Jean Levi

“La guerra es el asunto más importante para el estado” [12]El arte de la guerra, traducido por Ana Aranda Vasserot)

En el capítulo doce, “Guerras de la actualidad”, se enumera a los emperadores legendarios, dejando claro que todos ellos emprendieron guerras constantes, incluido el Emperador Amarillo (Huangdi), que “participó en cien batallas”, mostrando así una imagen muy diferente a la que con el tiempo se presentaría de este legendario emperador, como unificador benevolente y pacífico que solo habría recurrido a la guerra como último recurso. Este capítulo también nos recuerda una y otra vez los consejos de Sunzi en El arte de la guerra, en especial por su insistencia en la imprevisibilidad, en no adoptar formas reconocibles para el enemigo y en actuar siempre de manera contraria a lo que se espera:

“Rapidez y lentitud, debilidad y fuerza se engendran mutuamente, creando situaciones cambiantes y múltiples que varían hasta el infinito”.[13]Le Ho-Kouan-Tseu,

“En la guerra solo existen dos acciones, ordinarias y extraordinarias, pero cuando se combinan resultan inagotables. Lo ordinario y lo extraordinario se originan mutuamente en un círculo sin fin. ¿Quién podría agotarlos?”[14]El arte de la guerra

Tampoco falta la metáfora del agua, tan habitual en textos chinos (y también en El arte de la guerra):

“El agua adquiere su fuerza gracias a su impetuosidad, la flecha llega lejos debido a la fuerza con la que es propulsada.”[15]Le Ho-Kouan-Tseu, traducido por Jean Levi

La espada de Goujian de Yue, encontrada casi 2500 años después y todavía afilada. En El arte del engaño se cuentan las guerras entre Goujian de Yue y sus rivales, los reyes Helü y Fuchai de Wu.

Se menciona en el Heguangzi a dos de los grandes protagonistas de El arte del engaño, el rey Fuchai de Wu y su rival, el rey Goujian de Yue, a los que se alude señalando la paradoja de que el extenso reino de Wu fue vencido debido precisamente a lo grande e ingobernable que era, mientras que cuando el reino de Yue se redujo a su mínima expresión eso le permitió lograr la victoria y la hegemonía: fue gracias a la prisión y humillación que sufrió el rey Goujian de Yue como pudo lograr el triunfo final.

Por otra parte, en el capítulo diecinueve del He guan zi se descubre una cita que parece tomada literalmente de El arte de la guerra:

“Vencer a través del combate no es lo mejor de lo mejor. Vencer sin librar combate, eso sí es lo mejor de lo mejor”.[16]Le Ho-Kouan-Tseu

Que en El arte de la guerra es:

“Cien victorias en cien batallas no es lo más excelente, sino vencer al enemigo
sin luchar”.[17]El arte de la guerra

Es una idea que también encontramos, por supuesto, en el Dao de jing: «El dao del cielo es saber vencer sin luchar». Todas estas semejanzas, por cierto, podrían tener una misma explicación, como se cuenta en El arte del engaño.


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Tratados de estrategia de la China antigua

Existen decenas de tratados de estrategia chinos. En El arte del engaño, me he ocupado de manera intensa de El arte de la guerra de Sunzi, aunque también he examinado otros como El Wuzi, atribuido a Wu Qi, el Mozi, atribuido a Mo Di, el Sima Fa, atribuido a Sima Ranju o El arte de la guerra II, de Sun Bin, supuesto descendiente de Sunzi.

En El arte del engaño se incluye una traducción íntegra de El arte de la guerra y Las 36 estratagemas chinas, realizada por Ana Aranda Vasserot.

Aquí completaré esa información, pero me limitaré tan solo a los tratados que pertenecen a la época anterior a la creación del imperio chino, cuando el Primer Emperador, Shi Huang Di, inició la dinastía Qin. Es decir, los tiempos en los que China todavía no era China, con alguna pequeña incursión en las primeras dinastías Qin y Han. Son los tratados que se pueden relacionar con El arte de la guerra de Sunzi, tal vez porque fueron escritos antes, tal vez porque fueron escritos después o en polémica directa con las ideas del maestro Sun.

Ese tiempo anterior a la unificación comienza en los tiempos legendarios de los emperadores míticos, como el Emperador Amarillo, atraviesa la primera dinastía, llamada Xia (que todavía es semi legendaria), y continúa en la primera dinastía considerada histórica, la Shang, pero los encontramos de manera especial en la siguiente época o dinastía, la Zhou, que es cuando vivió el autor de El arte de la guerra.

La época Zhou se inicia en el año -1040  y termina en el -221, cuando el rey de Qin conquista todos los territorios rivales y se convierte en gobernante del nuevo imperio de Qin. Aunque su dinastía apenas sobrevive a su heredero, a partir de entonces comienza lo que se ha llamado la China imperial, a pesar de que ese imperio ha conocido muchos cambios dinásticos y muchos momentos en los que fue conquistado o dividido.

Nos interesan, en definitiva, los tratados de estrategia que fueron escritos durante la época Zhou, la del maestro Sun.

Las tres primeras dinastías, Xia, Shang y Zhou y su situación en un mapa de la China actual (Ilustración de Samuel Velasco para El arte del engaño)

 

ÍNDICE DE TEXTOS DE ESTRATEGIA
[Estos 11 enlaces te permiten desplazarte rápidamente por esta misma entrada]

  1. Los tratados más importantes de la época Zhou
  2. Textos militares en inscripciones
  3. Libros que existieron pero que se han perdido
  4. Libros perdidos y recuperados
  5. Tratados de estrategia de origen muy dudoso
  6. Textos militares Qin y Han
  7. Los siete clásicos del arte militar
  8. Comentarios a El arte de la guerra y textos relacionados
  9. Textos zhou relacionados de manera especial con la estrategia militar
  10. Versiones chinas de El arte de la guerra
  11. Traducciones de El arte de la guerra a otros idiomas 

Daga de bronce con decoración de tigre de la época de los Estados Combatientes (-475 a -221) [By Daderot [CC0], from Wikimedia Commons]


  1. LOS TRATADOS MÁS IMPORTANTES DE LA ÉPOCA ZHOU 

Los principales tratados chinos de estrategia y guerra de la época Zhou o pre Qin son:

  1. Wuzi 吳子, atribuido a Wu Qi.
  2. Sunzi bingfa 孫子兵法, atribuido a Sunzi. Es decir, El arte de la guerra.
  3. Sun Bin bingfa 孫臏兵法, atribuido a Sun Bin. O El arte de la guerra II.
  4. Liutao 六韜 o Tai Gong liutao 太公六韜, atribuido al Taigong. Conocido como Las seis enseñanzas o Las seis enseñanzas secretas del Taigong.
  5. Sima fa 司馬法, atribuido a Tian Rangju (田穰苴)
  6. Weiliaozi 尉繚子, atribuido a Wei Lio

Si los autores a los que se atribuyen los libros fueran los verdaderos autores, el orden cronológico de escritura sería el siguiente:

  1. Liutao
  2. Sima fa
  3. Sunzi  (si lo escribió Sun Wu, hacia -500)
  4. Wuzi
  5. Sun Bin
  6. Weiliaozi

Sin embargo, lo más probable es que se escribieran tal como se ordenan en la primera lista, el primero el Wuzi y el último el Weiliaozi, o bien el primero el Sunzi y el segundo el Wuzi, dependiendo de si el autor de El arte de la guerra fue Sun Wu hacia el año -500, o bien otro autor hacia el -300.

De las hipótesis acerca de quién fue el verdadero autor de El arte de la guerra me ocupo en extenso en El arte del engaño, así que ese asunto apenas lo trataré aquí.

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2. Textos militares en inscripciones 

Aparte de muchos otros textos grabados en todo tipo de materiales, existen dos grandes colecciones de inscripciones, una perteneciente a la época Shang (que son, por lo tanto, los primeros textos prechinos conservados) y las otras de la época Zhou.

Inscripciones Shang:  se han descubierto decenas de miles de inscripciones de la época Shang, grabadas en huesos de animales y en plastrones de tortuga (la parte ventral del caparazón).

Muchas de ellas han sido traducidas y se encuentran en Sources of Shang history: the oracle bones inscriptions, editado por David Knightley.

Inscripciones Zhou: Las de la época Zhou se encuentran en vasijas y otros objetos, generalmente de bronce. Recientemente se ha publicado una recopilación de todos los textos conservados, o al menos de la mayoría de ellos, en A Source Book of Ancient Chinese Bronze Inscriptions, editado por Constance Cook y Paul Goldin.

Una alternativa, pero no tan completa ni académica (como insiste el autor) es Inscriptional Records of the Western Zhou, de Robert Eno.

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3. Libros que existieron pero que se han perdido
Hay otros muchos tratados militares, que se citan o mencionan en otros textos, aunque casi todos ellos se han perdido.

Jun zhi (Tratado del ejército)
Este libro se menciona en el Zuozhuan o Tradición de Zuo.

Jun zheng (Libro de la Administración militar)
Se menciona e incluso se cita en El arte de la guerra (Sunzi bingfa), lo que quiere decir que es anterior y que conservamos al menos esa breve cita del libro.

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4. Libros perdidos y recuperados

Traducción de El arte de la guerra de Sun Bin por D.C.Lau y Roger T. Ames

Los descubrimientos arqueológicos de las últimas décadas han permitido sacar a la luz libros que se creían perdidos para siempre. Y también textos breves y fragmentos de carácter militar.

Sun Bin bingfa (El arte de la guerra de Sun Bin)
Uno de los textos recuperados es precisamente El arte de la guerra II o El arte de la guerra de Sun Bin, que durante siglos fue considerado una pura invención. Ahora, gracias al descubrimiento de Yinqueshan en 1972, disponemos de un ejemplar. Ya lo enumeré entre los tratados más importantes, en la primera sección.

Además de por Lau y Ames, el libro de Sun Bin ha sido traducido por Thomas Cleary (versión española El arte de la guerra II) y por Ralph D.Sawyer (Sun Pin Military Methods).

Los Cuatro Libros del Emperador Amarillo
Este libro, que también se creía perdido para siempre, fue redescubierto recientemente. Aunque el libro se atribuye al legendario Emperador Amarillo, se cree que fue escrito ya a finales de la época Zhou, quizá incluso durante la dinastía Qin. Se supone también que pertenece a una escuela conocida como huanglao, que combinaba las enseñanzas militares del Emperador Amarillo (Huangdi) y las ideas del taoismo de Laozi o Lao Dan, expresadas en el Dao de Jing. Algunos expertos, sin embargo, dudan de que este libro recién descubierto pueda identificarse con el libro perdido llamado Los cuatro libros del Emperador Amarillo.

Existe traducción española, por Iñaki Preciado Idoeta: Los cuatro clásicos del Emperador Amarillo.

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5. TRATADOS DE ESTRATEGIA DE ORIGEN MUY DUDOSO
Existen muchos libros que se atribuyen a personajes tan legendarios como el Emperador Amarillo, pero que casi con total seguridad fueron escritos ya durante la época imperial china (después de la época Zhou). A pesar de tratarse de falsificaciones muy posteriores, resultan interesantes y los descubrimientos arqueológicos nos obligan a ser prudentes: tal vez en algún caso estas falsificaciones podrían conservar de algún modo restos de un texto verdaderamente antiguo, aunque es improbable.

Huangdi yinfujing (El talismán oculto del Emperador Amarillo)
Atribuido al mítico Emperador Amarillo o Huangdi, al que se considera el fundador de la nación china.

Wojijing (Clásico para el control mediante lo inesperado
Atribuido al Emperador Amarillo. Probablemente fue escrito o modificado por Li Quan, un taoísta de la época Tang  (618 a 907)

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6. LOS SIETE CLÁSICOS DE LA ESTRATEGIA CHINA
Durante la dinastía Song se hizo una recopilación de tratados de estrategia y se eligieron siete grandes textos. Cinco de ellos ya los he enumerado en el primer apartado dedicado a los tratados más importantes de la época Zhou, por lo que aquí los enumero de nuevo pero entre corchetes. Los otros dos son posteriores a la época Zhou

[Wuzi, Libro del maestro Wu]
[Sunzi bingfa  El arte de la guerra]
[Liutao o Tai Gong liutao  Las seis enseñanzas secretas del Taigong]
[Sima fa, Los métodos de Sima]
[Weiliaozi, Libro del maestro Weiliao]

Huáng Shígōng Sān Lüè (Las tres estrategias de Huang Shigong 黃石公三略)
Se relaciona con el gran estratega Zhuge Liang, aunque se dice que no lo escribió él, sino que lo heredó y que el verdadero autor es el Taigong o Jiang Ziya (a quien también se atribuye otro de los siete clásicos (Las seis enseñanzas del Taigong). Zhuge Liang que vivió al final de la dinastía Han, cuando el Imperio se dividió tras las guerras internas, dando origen a la época llamada de los Tres Reinos. La opinión dominante es que se trata de una falsificación de la época Han.

Táng Tàizōng Lǐ Wèi Gōng Wèn Duì (Preguntas y respuestas entre Tang Taizong y Li Wei Gong  唐太宗李卫公问对)
El libro contiene las supuestas conversaciones acerca del arte militar que mantuvieron Taizong (599 a 649), emperador de la dinastía Tang, y su consejero Li Jing (571 a 649), aunque algunos expertos consideran que es una falsificación realizada tras la muerte del emperador o incluso durante la dinasía Song.

Todos estos libros, incluido El arte de la guerra de Sunzi han sido traducidos por Ralph B. Sawyer: The Seven Military Classics of Ancient China.

 

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7. COMENTARIOS A EL ARTE DE  LA GUERRA Y TEXTOS RELACIONADOS
Durante toda la historia de China, El arte de la guerra ha sido comentado una y otra vez, no solo por parte de estrategas y militares, sino también por poetas y eruditos. Durante la época Song, el erudito Ji Tiambao preparó una edición de El arte de la guerra y seleccionó a los que consideró los once mejores comentadores del libro de Sunzi en una edición legendaria que se llamó Shiyi jia zhu Sunzi, es decir, El Sunzi con las notas de once comentadores, la versión que se convirtió en canónica durante siglos. Esos comentadores, que aclaran o precisan pasajes a menudo difíciles de interpretar, son:

Cao Cao (155-220)
Meng Shi (durante la dinastía Liang, 502-557)
Li Quan (fl. 750)
Jia Lin (final del siglo VIII)
Du You (735-812)
Du Mu (803-852)
Chen Hao (época Tang)
Mei Yaochen (1002-1060)
Wang Xi (fl. 1082)
He Yanxi (siglo XI)
Zhang Yu (dinastía Song del Sur, 1127 a 1279).

Además de estos once comentadores, hay muchos más que se han ocupado de El arte de la guerra:

Zhuge Liang
Conocido como el Dragón Dormido. Gran rival militar de Cao Cao, otro de los principales comentadores de El arte de la guerra, y protagonista de una de Las 36 estratagemas chinas (“La ciudad vacía”). Como Cao Cao, Zhuge Liang era muy aficionado a El arte de la guerra de Sunzi. Se conservan diversos textos suyos en los que se refiere al libro o a los métodos de Sunzi.

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8. TEXTOS DE LA ÉPOCA ZHOU RELACIONADOS CON LA ESTRATEGIA MILITAR (Y ALGUNOS DE ÉPOCA QIN Y HAN) 

Los tratados mencionados en la sección anterior son los que se suelen seleccionar siempre que se habla de tratados militares de la época Zhou, pero hay otros textos que tienen un fuerte carácter militar ya sea como fragmentos dispersos o capítulos en el interior de otros libros. Enumero aquí los principales, aunque poco a poco iré añadiendo más. Naturalmente, en esta lista se podrían incluir todos los libros que fueron escritos durante la época Zhou, que superan el centenar, porque en todos ellos, de una u otra manera, se trata de la guerra, incluso en textos tan poco aficionados a cuestiones militares como el Zhuangzi o las Analectas de Confucio. Para no hacer esta lista interminable, iré añadiendo aquí aquellos libros de los que me he ocupado de manera especial en El arte del engaño o a los que dedicaré aquí entradas específicas.

Anales de Wu y Yue (Wu Yue Chunqiu)
Es una crónica histórica pero se considera que está más cerca de ser una novela histórica o incluso el equivalente chino de una novela de caballerías. Aunque ha sido menospreciado tradicionalmente, resulta muy interesante y por supuesto entretenido. Menciona a Sun Wu, como estratega del rey Helü de Wu y como autor de El arte de la guerra.

Chunqiu  春秋 (Anales de Primaveras y Otoños)
Este libro da nombre a toda una época, la de Primaveras y Otoños (-770 a -476). Es la crónica de Lu, uno de los principales estados de la época. El hecho de que Confucio naciera en Lu es la razón de que se prestara tanta atención a esta crónica, puesto que cada estado escribía sus propias crónicas y existían estados más poderosos, como Jin o Qi. También se propagó la idea, improbable, según la cual el libro había sido escrito por el propio Confucio y que contenía, de forma críptica, ciertos preceptos acerca del gobierno. Sin embargo, el Chunqiu es un textos seco y de lectura poco agradable, por lo que se hiciron diversos comentarios para aclarar tanto su sentido moral como el histórico, proporcionando más detalles de las diversas situaciones. El más importante de esos comentarios es el Zuozhuan (Comentario o Tradición de Zuo).

Daodejing (Tao Te King, Libro del curso y la virtud o Libro del camino y el poder)
Atribuido a Laozi (maestro Lao), que se referiría a un personaje llamado Lao Dan. Es el libro más importante del taoísmo. Ha llegado a ser considerado un tratado militar de pleno derecho, aunque esta opinión es muy discutida.

Hanfei zi (Libro del maestro Hanfei)
El gran pensador legalista Hanfei no solo menciona de manera explícita El arte de la guerra de Sunzi, sino que tiene pasajes en los que trata de la estrategia.

He guan zi (El maestro del gorro de faisán)
Es un libro que ha sido menospreciado tradicionalmente, por considerarse una falsificación escrita en un estilo caótico, pero que últimamente se está reivindicando. Se supone que su autor vivió en el estado de Chu o en el de Zhao, en la época final de los Estados Combatientes. Tiene capítulos de carácter militar. No se debe confundir con el Guanzi.

Guiguzi (El maestro del Valle del demonio)
Aunque no se ocupa apenas de cuestiones militares, este libro de estrategia y persuasión tiene mucha relación con El arte de la guerra de Sunzi. Su autor, Guigu, ha sido considerado el mayor estratega o al menos el mayor manipulador de toda la historia china. Tambiéns e dice que fue maestro de grandes estadístas políticos y del estratega Sun Bin, autor de El arte de la guerra II.

Lunyu (Analectas)
Son las conversaciones de Confucio con sus discípulos. A pesar de la aversión del maestro a los asuntos militares, contiene algunos pasajes relacionados con conflictos bélicos e incluso con estrategia.

Mozi (Libro del maestro Mo).
Este clásico de la escuela moísta, a pesar de defender el pacifismo y el Amor Universal, dedica muchos capítulos al arte de la defensa, pues los seguidores de Mo Di se negaban a participar en guerras ofensivas pero ayudaban a quienes eran atacados o asediados.

Xunzi (Libro del maestro Xun)
El Xunzi  es un libro que contiene los escritos del filósofo Xun zi o maestro Xun, que ha sido uno de los más influyentes de la historia china, a pesar de ser poco conocido en el resto del mundo. Contiene un curioso diálogo entre un militar seguidor de Sunzi y el propio Xunzi, donde se habla de la guerra.

Yi Zhou shu (Libro perdido de Zhou)
En este libro, también conocido como [Capítulos] superfluos del Libro de Zhou, se incluyen textos de carácter militar.
Es una especie de paralelo del Shangshu o Libro de los documentos confuciano. Los historiadores chinos tradicionales consideraron que este libro no era importante y los letrados lo subestimaron, peo en la actualidad empieza a ser visto de otra manera, como un valioso testimonio de la época de los Reinos Combatientes. Una teoría dice que parte de los capítulos se encontraron en el descubrimiento de los Anales de bambú.
Se ocupa del período que va desde el primer rey de los Zhou (Wen) hasta el rey Jing 周景王 (r. -544 a -521).  
Los fragmentos de carácter militar han sido traducidos por Robin McNeal en Conquer and GovernEarly Chinese Military Texts from the Yi Zhou Shu.

Zuozhuan 左傳 (Comentario de Zuo o Tradición de Zuo): es un comentario al Chunqiu  春秋 o Anales de Primaveras y Otoños, que hace más interesante esa árida crónica del estado de Lu. En la actualidad se sospecha que el Zuo Zhuan no era exactamente un comentario al Chunqiu y que tal vez era en su origen una obra independiente.´A pesar de que es una crónica histórica, se ocupa de cientos de guerras y batallas, por lo que en ocasiones, probablemente de manera muy adecuada, ha sido calificado como el primer gran tratado militar chino.
Traducido por James Legge al inglés y por Serafin Covreur al francés. Recientemente se ha traducido de nuevo, bajo el título Tradición de Zuo (Zuo tradition).

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9. TEXTOS MILITARES QIN Y HAN
Ya en época imperial, hay algunos textos militares que se hallan muy cercanos al pensamiento o el recuerdo de los tiempos Zhou, y en ocasiones hay textos que podrían ser copias de escritos anteriores o que son de datación dudosa. Por eso, incluyo aquí algunos de esos tratados de estrategia o militares.

Shiji (Registros históricos o Memorias históricas)
Escrito por Sima Qin, al que se considera el primer gran historiador de China, comparable a los griegos Heródoto y Tucídides. Aunque es fundamentalmente un libro de historia política y social, contiene innumerables pasajes dedicados a la guerra, las batallas y la estrategia militar, como una sección dedicada a tres estrategas de la época Zhou: Wu Qi, Sun Bin y Sunzi. Sima Qian menciona a Sun Wu como supuesto autor de El arte de la guerra y cuenta también la historia de las concubinas del rey Helü.

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10. VERSIONES CHINAS DE EL ARTE DE LA GUERRA
La transmisión de El arte de la guerra ha sido muy accidentada y a menudo se ha dudado acerca de unas u otras versiones. Aquí enumeraré algunas de las principales versiones transmitidas a lo largo de los siglos.

Todas o casi todas las versiones posteriores (existen fragmentos dispersos) se basan en la ordenación que hizo el estratega Cao Cao de El arte de la guerra realizada por el estratega y primer emperador de la dinastía Wei del Norte Cao Cao.

Shiyi jia zhu Sunzi
Es decir, El Sunzi con las notas de once comentadores. Versión de Ji Tianbao durante la dinastía Song que incluye las notas de los once mejores comentadores (en opinión del propio Ji Tianbao). Se puede encontrar  como anexo en la versión de El arte de la guerra de Laureano Ramírez Bellerín (Arte de la guerra), cotejado con el ejemplar encontrado en Yinqueshan en 1972 y otras versiones. Además, Ramírez Bellerín ofrece un intento de reconstrucción de El arte de la guerra original combinando las versiones tradicionales y la encontrada en Yinqueshan

El arte de la guerra de Yinqueshan
Es la última versión encontrada y al mismo tiempo la más antigua de que disponemos, pues antecede quizá en medio milenio a la edición del texto que hizo Cao Cao y que sirvió de base para las posteriores. Se puede encontrar en la traducción realizada por Roger T. Ames y D.C.Lau de El arte de la guerra: Sun-Tzu The Art of Warfare

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11. Traducciones de El arte de la guerra a otros idiomas 

  1. TANGUT
  2. MANCHÚ
  3. JAPONÉS
  4. FRANCÉS
  5. INGLÉS
  6.  ITALIANO
  7. ESPAÑOL
  8. CHINO ACTUAL

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(PÁGINA EN CONSTRUCCIÓN)

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Los Cuatro Libros del Emperador Amarillo

Lao zi o Tao Te KingEn 1999, después de reconstruir Tritogenia, el libro perdido de Demócrito de Abdera, intenté recuperar un clásico taoísta que desapareció hace más de dos mil años.

El taoísmo considera que sus libros más importantes son el Laozi (o Tao Te King), el Zhuang zi, el Lie zi y el Huang Di. El primero ha sido impreso una y otra vez en China y traducido a todos los idiomas; el segundo es cada vez más admirado, aunque algunos niegan que sea taoísta; el tercero se sospecha que es una falsificación, y el cuarto, el Huang Di Sijing o Los cuatro libros del Emperador Amarillo, que es el que me interesa aquí, se menciona a menudo pero se perdió hace mucho tiempo, tal vez en la quema de libros ordenada por el primer emperador de China.

En su prólogo al Lie zi, Iñaki Preciado Idoeta dice que la pérdida de los libros atribuidos al Emperador Amarillo ha sido “el mayor impedimento para el conocimiento del taoísmo original”.

Yo quise remediar esa pérdida hace años y reconstruir Los cuatro libros del Emperador Amarillo. Leí decenas de textos taoístas y reuní todas las menciones y testimonios que se atribuyen a este mítico personaje, uno de los héroes civilizadores de China. El resultado fue un libro en el que se mezclaban ideas extraordinariamente diversas.

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Huang Di, el Emperador Amarillo

En algunos capítulos, la doctrina del Emperador Amarillo se parecía a la de los libros clásicos taoístas, pero en otros lugares se descubre a un Huang Di alquimista, que busca fórmulas para prolongar la vida, algo que se debe a que el taoísmo tardío cayó en esta obsesión durante varios siglos.

El tao del amor y el sexo

Muchos de los fragmentos atribuidos a Huang Di se refieren al sexo, pues cuenta la leyenda que el Emperador Amarillo estaba preocupado por la pérdida de su virilidad y potencia sexual, por lo que consultó a tres mujeres y un hombre. Este es un ejemplo de llos consejos que le dio una mujer llamada Su Nu (a la que tal vez debemos identificar con la Mujer Misteriosa):

“Quienes conocen el Tao del amor son igual que los buenos cocineros que saben combinar los cinco sabores en un plato apetitoso. Los que conocen el Tao del amor y armonizan el Yin (hembra) con el Yang (macho) son capaces de mezclar las cinco dichas en un placer celestial; quienes no conocen el Tao del amor morirán antes de tiempo y sin que ni tan siquiera hayan realmente gozado del placer amoroso. ¿Verdad que Su Majestad no quiere ver así las cosas?»

Estas ideas se recuperaron y se pusieron de moda en Occidente en los años 60 del siglo pasado, en libros como El tao del amor y del sexo, de Jolan Chang.

Pero lo más usual es que el Emperador Amarillo se muestre un poco místico, hablando del tao, del no hacer o wu wei y de otras doctrinas tradicionales del taoísmo.

Así estaban las cosas en lo que se refiere a los libros atribuidos al Emperador Amarillo en 1999, cuando intenté rescatar aquel libro perdido. Pero ahora todo ha cambiado: el propio Preciado Idoeta, que entonces se lamentaba por la pérdida del libro, acaba de traducir al español Los cuatro libros del Emperador Amarillo.

Los cuatro libros del Emperador Amarillo (edicion de 2010)

¿Cómo es posible?

Los lectores desconfiados pensarán que se trata de una invención, porque parece una de esas historias que difunden los falsificadores al estilo de James Macpherson, que inventó al bardo celta Ossian y asombró durante un tiempo a la república de las letras. Pero, al menos en este caso, no se trata de una farsa.

Todo comenzó en 1973, cuando en las excavaciones de Mawandui se encontraron varios libros escritos en seda. La tumba en la que fueron encontrados fue datada en el año -168.

Excavaciones en Mawangdui

Uno de aquellos libros era una versión del Laozi, la más antigua conocida hasta entonces, versión en la que, y esto fue una verdadera sorpresa,  primero aparecía el libro de la virtud o el poder (De) y después el libro del camino (Dao), al contrario que cómo había sido ordenado durante los últimos dos mil años (De Dao Ching en vez de Dao De Ching). Otra sorpresa fue encontrar un ejemplar del Lie zi, el otro libro taoísta que, como dije antes, se había considerado como una falsificación de épocas tardías.

Fragmentos de seda encontrados en Mawangdui

Fragmentos de seda encontrados en Mawangdu

En Mawangdui también se encontraron otros textos, entre ellos algunos en los que se mencionaba al Emperador Amarillo.

Tras minuciosos estudios, muchos expertos han llegado a la conclusión de que se trata de los cuatro  libros perdidos del Emperador Amarillo. Y de este modo es como ha sido llamado, por ejemplo en la reciente traducción española.

Este Huang Di sijing recuperado nos reserva diversas sorpresas, algunas pequeñas, y una bastante notable, al menos para mí, pues no se parece en nada al libro que yo reconstruí hace once años.

Libro de masajes atribuido a Huang Di

El Huang Di es muy distinto del Laozi y del Zhuangzi, no contiene casi nada de magia o misticismo, ni de alquimia o sexo para aumentar la longevidad. Por el contrario, el Emperador Amarillo se muestra pragmático y muy preocupado por la política. En vez de defender la doctrina taoísta de wu wei, o no acción, da continuamente consejos acerca del gobierno y la acción, como se ve ya en los títulos de los diversos capítulos: De los seis límites, De las cuatro normas, De las cinco medidas de gobierno, De las tres prohibiciones, De los métodos eficaces o De los nombres y principios.

postura taoista

Como indica su traductor, el libro tiene rasgos taoístas y confucianistas, pero sobre todo legistas o legalistas, una escuela filosófica interesada en regular la sociedad mediante normas y leyes. Todo ello parece confirmar que Los cuatro libros del Emperador Amarillo era el libro de texto de la escuela de Huang-Lao (mezcla de Huangdi y Lao zi), que se distinguía de las otras tendencias taoístas, porque no recomendaba a sus seguidores apartarse de la sociedad, sino que más bien les incitaba a implicarse activamente en la política y en la vida práctica.

El descubrimiento de Los cuatro libros del Emperador Amarillo debería hacer que los investigadores fueran más prudentes al hablar de los libros perdidos, o al calificar de falsos o imaginarios a otros, incluso al aventurar el origen o la difusión de una u otra doctrina. Hay que tener en cuenta que casi todas nuestras teorías sobre el pasado se basan en pequeños fragmentos de una riqueza cultural inmensa hoy perdida y que, como me decía mi amigo Manuel Abellá cuando estudíabamos en la facultad, las más de las veces lo que conservamos es producto del capricho o del azar. Miles de libros se han perdido para siempre, aunque, como en el caso de Los cuatro libros del Emperador Amarillo, no siempre para siempre.


 

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