Tucídides, Kautilya y otros maquiavelos avant la lettre

|| Tucídides y la democracia /17

Kautilya o Chanakya

Como ya he dicho, ciertos pasajes en los que Tucídides parece sugerir que el poder depende de la fuerza, aunque a veces lo haga a través de discursos de diversos personajes históricos, han hecho que se lo compare no sólo con Maquiavelo, sino también con Hobbes, Nietzsche y Diodoto. Yo añadiría al hindú Kautilya, autor de un manual político muy semejante al de Maquiavelo, llamado Arthasastra (Ciencia de la riqueza). Se discute si el autor del libro es el propio Kautilya, primer ministro del rey Candragupta Maurya de Magadha, o si pertenece a la escuela Canakya Kautilya, que seguiría sus enseñanzas. La obra pudo ser escrita en el siglo IV antes de nuestra era.

También se podría añadir, por supuesto, a una buena media docena de diplomáticos, estrategas y hombres de estado de la antigua China, como Lisi, consejero del Primer Emperador Shi Huang Di; Han Fei zi, condiscípulo y también consejero de ese emperador; el Señor de Shang, quizá el más coherente e inmisericorde de los maquiavelos que han existido, y unos cuantos más, casi todos del período llamado de los Reinos Combatientes, que precede a la unificación de China.

Es cierto, en cualquier caso, que en la obra de Tucídides las citas que reflejan la amoralidad de la política podrían multiplicarse hasta el aburrimiento, así: “Cuando se presenta una ocasión de incrementar la propia potencia por la fuerza, los argumentos legales nunca han detenido a nadie en su expansión (I, 76)”. Pero eso no significa necesariamente que Tucídides compartiese esta amoralidad: en algunos casos podría limitarse a constatar un hecho real que otros no querían ver [1]Aquí escribí con pluma: “Goebbels:”. Sin duda quería añadir alguna frase de Goebbels  relacionada con la amoralidad de la política, pero que luego no encontré. .

2017: No hace falta aclarar que el término maquiavelo lo uso como un adjetivo a la manera popular, sin que ello quiera decir que el propio Maquiavelo fuera realmente “un maquiavelo”

Continuará…


[El texto en otro color ha sido añadido en 2017]

TUCÍDIDES Y LA DEMOCRACIA

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Tucídides y Maquiavelo: las lecciones de la historia

|| Tucídides y la democracia /16

A menudo se ha comparado a Tucídides y a Maquiavelo. En primer lugar, por su manera de presentar las razones que llevan a los hombres y a los Estados a la guerra; en segundo lugar, porque se ha considerado que Tucídides, como Maquiavelo en El Príncipe, pretendía hacer de su obra un manual de política práctica.

Algo de  esto último parecía verse en lo que dice Tucídides de que gracias a su historia se podrá juzgar y saber de otras cosas tales y semejantes que podrán suceder en adelante”; Por otra parte, Carlos V llevaba la historia de Tucídides en sus campañas, como Alejandro la Iliada.

Karl Reinhardt ha dicho acerca de Tucídides y Maquiavelo:

“Los dos son grandes patriotas; los dos fueron menospreciados como políticos por su patria; el ateniense estuvo desterrado durante veinte años. Para ambos la moral y el poder son dos magnitudes que no emplean los mismos módulos… A los ojos de ambos, la historia es tratada como un libro de texto para futuros políticos, para los cuales ellos escriben”.

Sin embargo, esta última opinión parece actualmente descartada, a pesar del texto de Tucídides que cité en una entrada anterior, y que he repetido en parte un poco más arriba. Yo creo que, efectivamente, no se puede considerar la historia de Tucídides como un manual para políticos, pues, como señala Roussel, a pesar de que Tucídides promete formular leyes generales, a la hora de la verdad apenas formula ninguna, excepto la de que es “un principio natural que el débil sea dominado por el fuerte”, y su insistencia en el deseo de poder.

 

Continuará…


[El texto en otro color ha sido añadido en 2016]

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Estructura y superestructura

|| Tucídides y la democracia /15

Herodoto y Tucídides.

Herodoto y Tucídides.

Arnaldo Momigliano, en relación con la imagen de Heródoto como “padre de la mentira”, como historiador inventivo y poco riguroso, señala que es que es precisamente Tucídides el responsable de la mala fama de Heródoto: “Es hasta demasiado obvio que Tucídides determinó en definitiva el veredicto de la antigüedad sobre su predecesor” (Momigliano, 137).

Por otra parte, para terminar con el tema de la veracidad de Heródoto, resulta que no es en los relatos coetáneos a él (como yo suponía) donde se ha podido comprobar que Heródoto ‘merece confianza’, sino que ha sido en su faceta de historiador de Oriente, gracias a los descubrimientos arqueológicos. Dice Momigliano que los orientalistas han escudriñado en este último siglo a Heródoto y “han establecido que describía de acuerdo con la verdad lo que veía, y refería honestamente lo que escuchaba”. Para la historia de las guerras médicas, continúa Momigliano, “no estamos en condiciones tan favorables porque nuestra fuente principal es justamente Heródoto”.

[bctt tweet=”El propio Tucídides es el responsable de la mala fama de Heródoto.” username=”danieltubau”]No sé cuál es la originalidad, o las originalidades, de Tucídides pues aún no he leído toda su obra [en el momento de hacer esta investigación, en 1991]. A primera vista, me parece que uno de sus rasgos más originales es precisamente el dedicarse a narrar con todo detalle el presente, que con el tiempo se convertirá en pasado, en historia, y el incorporar la franqueza de los sofistas al tratar los acontecimientos humanos. También el destacar la influencia de la estructura, lo que le ha valido ser equiparado con los marxistas, aunque,  sin embargo, va en detrimento del absoluto desprecio que muestra por la superestructura, privándonos de informaciones sobre la cultura ateniense y de otros lugares, que habrían sido simplemente maravillosas y muy útiles para comprender las verdaderas causas de la guerra. Tan sólo le interesa, como dice Otto Regenboen “el factor político-militar del poder, no los cuadros etnográfico-geográficos en que abunda Heródoto) en su característica multiplicidad”.

En palabras de Momigliano: “En la narración de Tucídides falta todo interés por comprender las personalidades humanas… no existe en Tucídides un reconocimiento de las necesidades específicas que lanzaron a los griegos los unos contra los otros, ni un estudio profundo en torno a la distinta organización de los espartanos y los atenienses”. Otro rasgo original es, por supuesto, el uso de los discursos como hilo argumental fundamental, tema que se tratará en el apartado #4.


2016: Naturalmente, cuando hablo de estructura y superestructura me estoy refiriendo a la distinción marxista infraestructura-estructura-superestructura en su versión popular. Digamos que no de un modo muy riguroso. Simplemente, lo que todo el mundo entendía entonces, y que escuchabas una y otra vez: la superstructura es la cultura, la filosofía, la religión y todo el sistema simbólico de la sociedad; la estructura comprende las políticas económicas y cosas como las relaciones de parentesco; la infraestructura son los medios de producción y la fuerza de trabajo, la tecnología, etc. Pero insisto, que este uso que yo hacía era el popular, sin entrar en grandes detalles o precisiones y a veces, por ejemplo, no teníamos muy claro si cosas como las instituciones sociales (tribunales, escuelas, etc) eran estructura o superestructura, probablemente porque la verdadera diostinción era entre infraestructura (o base) y superestructura, así que la estructura quedaba ahí en un terreno de nadie.

La decadencia del marxismo como teoría dominante en los círculos intelectuales había comenzado un tiempo antes, pero se había desmoronado de manera brusca, y al parecer definitiva, tras la caída del muro de Berlín, en 1989. Lo que unos días antes todavía era para muchos una ciencia llena de deslumbrantes leyes, se vino abajo como los ladrillos del célebre muro. Eso impidió, por cierto, que yo mismo llevara a cabo otra investigación que le prometí a mi amigo Marcos, acerca del marxismo, porque ya no parecía razonable perder el tiempo en ello, ahora que de pronto ya nadie creía en su verdad irrefutable. Es una pena, porque en ese momento podría haber escrito algo interesante, y aunque ahora en ciertos círculos el marxismo ha reverdecido un poco, ya no tengo ánimos ni tiempo para leer todo lo que leí entonces acerca del tema. Además de que, excepto algún pasaje aquí y allá, es un tipo de lenguaje y método científico extremadamente aburrido, pedantesco y fatuo. Hoy resulta difícil creer que cualquier intelectual o persona que se preciara de tener algo de cultura repetía las fórmulas marxistas con absoluto convencimiento y de una manera dogmática inatacable, a pesar de que, en muchos aspectos, ni siquiera las llegaban a entender. Naturalmente, hay otros materialismos diferentes del histórico y el dialéctico, como el materialismo cultural de Marvin Harris, y el hecho de que el marxismo no sea una ciencia no invalida todos sus aportes teóricos: no estoy seguro de si los términos infraestructura, estructura, superestructura fueron creados por Marx, pero tienen cierta utilidad, como es obvio. Karl Popper, en las antípodas de Marx, como es obvio, en su vejez adoptó una distinción en ciertos aspectos semejante, con su teoría de los Tres Mundos, que conozco sólo de manera ligera.

 

Continuará…


[El texto en otro color ha sido añadido en 2016]

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La fiabilidad de los historiadores antiguos

|| Tucídides y la democracia /14

Se suele decir que la originalidad de Tucídides como historiador reside en que es un autor ‘serio’, ‘riguroso’ o ‘científico’, pero habría que deshacer este malentendido. Dice Strassburger:

“La aportación de Tucídides a la historiografía no es el paso de la falta de crítica a la actitud crítica, sino de una consideración no política a otra política [2]Alsina, 34.

Alsina está de acuerdo:

“No es un buen método atribuir a Tucídides mayor agudeza crítica por el simple hecho de que los documentos no hayan delatado en nuestro historiador errores importantes de información. También de amplios capítulos de la historia de Heródoto es válida esa afirmación [3]Alsina, 34”.

La verdad es que resultaría bastante extraño que se hallasen errores graves en la narración de hechos estrictamente contemporáneos por parte de Tucídides. Tales errores sólo podrían ser atribuidos al descuido, cosa difícilmente achacable a Tucídides, al interés o a la mentira.

[bctt tweet=”Errores que no podrían ser atribuidos al descuido, sino al interés o a la mentira.” username=”danieltubau”]En cuanto a Heródoto, los capítulos a los que se refiere Alsina que son también fiables y rigurosos, supongo que son aquellos más próximos al nacimiento del propio Heródoto. Eso  no quiere decir que  Heródoto no acierte en acontecimientos más lejanos, pero tales aciertos no son un, mérito directamente atribuible a Heródoto, sino a sus informadores: Heródoto, dada la amplitud de su propósito, se expone mucho más al error, pero gracias a ello nos trasmite datos, sea cual sea su grado de fiabilidad, maravillosos y que, de proponerse un absoluto rigor, se habrían perdido.

Sima Qian

Sima Qian

Recientemente (2016) he podido observar un debate semejante acerca de los primeros historiadores griegos, en especial Sima Qian, al que casi se le llamó, como a Heródoto, “padre de la mentira”. Sin embargo, los descubrimientos arqueológicos del siglo XX y XXI han dado la razón en algunos asuntos a Sima Qian hasta extremos asombrosos, en especial en lo que se refiere a su lista de reyes de la dinastía Shang, que se consideraba una invención fabulosa (más de mil años separan a Sima Qian de esos reyes). El descubrimiento de más de 200.000 huesos de animales o caparazones de tortuga con oráculos shang ha permitido reconstruir la segunda parte de la dinastía Shang, que coincide con las listas de Sima.

Por otra parte, hay que tener en cuenta cuáles eran las herramientas de las que disponían Heródoto (y Tucídides incluso): algunos textos escritos aquí y allá, casi siempre procedentes de los aduladores de los monarcas, registros históricos escritos en lenguas desconocidas o semidesconocidas (egipcio, persa, asirio). Hay que suponer que Heródoto conocía algunas lenguas, pero casi siempre necesitaría de traductores más o menos fiables. Aparte de eso, testimonios de viajeros y antiguos cuentos y leyendas. Tal vez pudieron acceder a algún texto de uno o dos historiadores anteriores, pero poco más. El resultado, en tales condiciones, es deslumbrante, en especial en el caso de Heródoto. Sima Quian, sin embargo, probablemente contaba con registros históricos mucho más elaborados, aunque en ningun caso comparables a los de un moderno historiador.

Continuará…


[El texto en otro color ha sido añadido en 2016]

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El presente crea el pasado

|| Tucídides y la democracia /13

En cierto modo, se puede decir que la visión de la historia de Tucídides es más de delante hacia atrás que de atrás hacia adelante:

“La reconstrucción que Tucídides intenta del pasado homérico no se basa en un análisis objetivo de las condiciones de aquella época, sino que aplica circunstancias sólo válidas para la Atenas del siglo V” (Alsina, 117).

Es decir, es el presente, la Atenas del siglo V antes de nuestra era, lo que determina en cierto modo cómo ha sido el pasado. Se trata, por supuesto, de un rasgo casi inevitable en cualquier historiador, pues, como decía Borges, somos nosotros quienes creamos a nuestro precursores, eligiendo  a aquellos que nos gustan o nos interesan, o nos resultan útiles, y sacándolos del olvido, pero dejando, al mismo tiempo, en el silencio a muchos otros.Y leyéndolos ahora de una manera nueva, como quizá nunca antes se habían leído.

Quien se dé una vuelta por las hemerotecas del pasado o rebusque en los catálogos de las editoriales de hace cincuenta, cien o doscientos años, descubrirá a un buen número de ilustres desconocidos… para nosotros, pero que en su época eran los autores más leídos. Muchos hechos históricos casi habrían desaparecido de la memoria si no jugasen un papel importante en la justificación del presente. Pensemos, por ejemplo, en la resistencia de la fortaleza judía de Masada en tiempos de Roma: durante siglos fue olvidada, pero ese pequeño hecho histórico se recuperó cuando los judíos regresaron a Palestina, porque era un buen mito para un estado que vivía en una guerra permanente. Cualquier batalla que haya dado origen a una nación es, por supuesto, recordada por su carácter fundacional, pero otras batallas que fueron trascendentales en su momento, por ejemplo porque significaron la desaparición de un reino del que ya no se volvió a hablar, han quedado enterradas en las arenas del tiempo, casi siempre de manera literal.

Hitler:

Hitler: “Perdóname, camarada, pero es una oportunidad TAN buena!

Aquí podemos recordar de nuevo aquella frase de Alexeiev (si recuerdo bien) que decía que en los tiempos de Stalin la tarea más difícil para los historiadores no era predecir el futuro a partir de los datos del pasado, sino predecir el pasado a partir de los datos del presente, es decir, teniendo en cuenta los caprichosos cambios de humor del dictador o su necesidad de eliminar no sólo físicamente, sino también de los libros de historia, a sus rivales. Un ejemplo curioso de esta reescritura fue uno de los principios de la estrategia militar de Stalin: el uso del engaño y la sorpresa, que era en su opinión un aspecto absolutamente fundamental. Cuando Hitler rompió el pacto entre nazis y comunistas e invadió la Unión Soviética de manera sorpresiva, la invasión dejó a Stalin tan atónito (a pesar de que el espía  Sorge había avisado de la invasión e incluso de la fecha exacta), que sufrió un colapso nervioso que le impidió reaccionar durante dos semanas. A partir de ese momento, el concepto de engaño y sorpresa en los libros de estrategia militar fue relegado a un papel absolutamente secundario y se prohibió hablar siquiera de esa estratagema, que antes había sido tan querida por Stalin, hasta la muerte del dictador en 1953.

[bctt tweet=”Nosotros creamos a nuestros precursores, dijo Borges.” username=”danieltubau”]Lo anterior, por cierto, me recuerda una investigación que no llegué a terminar: la comparación entre los índices analíticos de libros de diferentes épocas: al hacerlo descubres que hay palabras que aparecen en unos y están ausentes en otros. Digamos (es un ejemplo inventado) que la palabra “fraternidad” no aparecía nunca antes de 1789, o que la palabra “experimento” no aparecía apenas antes de 1650. No es que las palabras no aparezcan en esos libros: es que no aparecen en los índices analíticos. Este tipo de comparaciones nos permite hacer un retrato de una época a veces más certero que el atender a los grandes rasgos. Se podría comparar con la atención al detalle de Sherlock Holmes o de Giovanni Morelli, que cuento en No tan elemental.

Lo mismo, sin duda se puede aplicar a Tucídides cuando lee y selecciona pasajes o ideas de la Ilíada: su lectura no es la misma que la de Heródoto, porque las preocupaciones de su época tampoco son las mismas. Heródoto acogerá con interés los pasajes en los que se señala el conflicto entre los griegos y una potencia extranjera (Troya) porque le inquieta el conflicto entre griegos y persas; Tucídides tal vez atienda a los momentos en los que los griegos disputan entre sí, porque en su tiempo el asunto inquietante era la guerra entre griegos y griegos.

Continuará…


[El texto en otro color ha sido añadido en 2016]

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La mayor guerra que el mundo ha conocido

|| Tucídides y la democracia /12

Ilustración de A.Tassos para The Peloponesian War

Cuando Tucídides se dispone a contar la guerra entre los espartanos y los atenienses, parte de dos premisas, de las que quizá no es del todo consciente o que considera tan obvias e indiscutibles que ni siquiera les da importancia.

La primera premisa es la de  la supremacía absoluta de la cultura a la que pertenece, la griega, sobre cualquier otra. Plutarco no podrá condenar a Tucídides por lo que condenó a Heródoto, por ser filobárbaro, por sus simpatías hacia los no griegos, por su no declarada pero evidente preferencia por héroes de integridad plena, como el troyano Héctor, su esposa Andrómaca o su padre Príamo, frente a los caprichosos, mentirosos, soberbios o fatuos que pueblan las filas de los aqueos: Aquiles, Ulises, Agamenón, Áyax.

Su segunda premisa es que la guerra que va a contar es la mayor que jamás ha tenido lugar, una afirmación que llevó a Harder a opinar que Tucídides “padecía una especie de daltonismo histórico que le hacía ver como menos importante todo lo anterior a su época”  [4] Alsina, 138.

En ese “todo lo anterior” se encuentra, por supuesto, la guerra de Troya, que contempló la gran coalición de todos los estados griegos contra un reino asiático, la guerra de los Siete contra Tebas, en la que la capital beocia fue atacada por siete caudillos griegos, anterior en una o dos generaciones a la de Troya; pero también todas las guerras contadas por Heródoto en sus historias, de egipcios, persas o asirios, e incluso las Guerras Médicas entre griegos y persas.

El Imperio persa poco antes de las Guerras Médicas, en las se enfrentó a los estados griegos.

Ahora bien, quizá Tucídides no exageraba en su afirmación, pues, si tenemos en cuenta los conocimientos de la época acerca del pasado, la guerra entre el imperio ateniense y Esparta y sus aliados alcanza unas dimensiones comparables quizá no en extensión, pero sí en estrategia y poderío militar a las guerras de conquista persas. Esta idea se ve reforzada por la certeza de que la guerra entre Atenas y Esparta enfrentaba a quienes, como aliados, habían ya detenido la invasión persa en repetidas ocasiones y habían acabado por imponer sus condiciones a aquel poderoso imperio que se extendía por medio mundo conocido.

Eso sí, la afirmación de Tucídides acerca de lo incomparable de esta guerra, sí parece escrita cuando ya la guerra arquidama se había convertido en una guerra total, que implicaba a estados y ciudades de todo el Mediterráneo, desde Sicilia e Italia hasta toda la costa de Asía Menor. Posiblemente, con el desarrollo del conflicto, Tucídides se dio cuenta de que se encontraba ante algo mucho mayor que un enfrentamiento puntual entre Atenas y Esparta.

Continuará…


[El texto en otro color ha sido añadido en 2016]

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El periodista Tucídides

|| Tucídides y la democracia /11

Ilustración de A.Tassos para The history of the Peloponesian War (editorial Avon)

Muchos autores han señalado que las crónicas que nos proporciona Tucídides son un antecedente de los reportajes enviados por los periodistas actuales desde la zona en conflicto.

Cuando leemos La guerra del Peloponeso, nos parece asistir, y de hecho lo hacemos, al desarrollo progresivo de la guerra, al día a día. Tucídides no parte del resultado final y se remonta hacia atrás, entre otras cosas porque su historia, como la Iliada, no llega a contarnos el final de la guerra; tampoco anticipa lo que va a suceder, excepto de una manera más o menos subrepticia (hay alguna excepción muy importante, como se verá más adelante).

El rey Arquídamo de Esparta recibe a embajadores de Corinto y de Atenas (grabado de Hans Schäufelein en una edición de La guerra del Peloponeso). TRas escuchar las alegaciones de uno y otro bando, y tras el voto del consejo, el rey decidió declarar la guerra a Atenas.

A pesar de que se trata de una cuestión controvertida, a mí me parece bastante evidente que Tucídides no miente cuando dice que empezó a escribir cuando se inició el conflicto (muchos sostienen que lo escribió todo después): tomando notas, entrevistando a testigos, reconstruyendo discursos y batallas que había presenciado o que le habían contado, etcétera. El matiz que habría que poner a todo lo anterior es que al parecer Tucídides tenía primero la intención de contar sólo la guerra arquidámica, pero después los acontecimientos se precipitaron y se inició el gran conflicto entre Atenas y Esparta.

Continuará…

 


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Leyendas perdidas

|| Tucídides y la democracia /10

Guerrero arimaspo luchando con un grifo

Al comenzar esta investigación y examinar las razones para considerar mejor historiador a Tucídides que a Heródoto, consideré un detalle que después he visto señalado por otros autores, lo que me ha alegrado mucho, a pesar de ser algo evidente para cualquiera: Tucídides se dispone a contar acontecimientos contempo-ráneos; Heródoto, excepto en la última parte de su obra, relata acontecimientos anteriores a su nacimiento.

La ventaja de Tucídides es, en este sentido, colosal, porque se podría decir que el ateniense no está haciendo historia, no se refiere en su Guerra del Peloponeso al pasado, sino al presente. Sin el más mínimo matiz despectivo, Tucídides es el primer gran periodista, no el primer gran historiador. Su obra se ha convertido en historia debido al paso del tiempo, pero en cierto modo no lo era en su concepción original. Momigliano dice respecto a esto:

(Tucídides) leyó (o escuchó) atentamente su Heródoto y decidió que la forma heredotea de afrontar la historia era peligrosa. Para escribir historia en serio era necesario ser contemporáneo de los hechos en discusión… la historia seria, según Tucídides, no se ocupaba del pasado, sino del presente “.

Los arimaspos tenían un solo ojo, según Heródoto. Los modernos investigadores sugieren que este pueblo escita del norte, en su lengua irania se llamaban a sí mismos “Amantes de los caballos” y que Heródoto confundió dos palabras semejantes (ojo y caballo).

El influjo posterior de Tucídides tuvo la consecuencia, en mi opinión bastante lamentable, que sus sucesores “hicieran poquísimas investigaciones sobre el pasado y se dedicaran relativamente en raras ocasiones a recoger testimonios de primera mano sobre países extranjeros”. Debido a ello, hemos perdido muchas informaciones que hoy en día, combinadas con los descubrimientos de los arqueólogos, serían fundamentales. Informaciones que quizá nosotros, como ha sucedido con algunas de las “curiosidades” contadas por Heródoto, sabríamos ahora interpretar y esclarecer mejor que ellos mismos, ya que nosotros poseemos datos que ellos ignoraban o que no pudieron situar en un contexto razonable, gracias a nuestro conocimiento de la historia universal y los hallazgos de la arqueología. A cambio, hemos perdido esos testimonios parciales, quizá confusos, quizá deformados, pero también iluminadores, que aquellos historiadores sí tenían a su alcance y que, por su afán de ceñirse al conocimiento seguro, despreciaron.

 

Continuará…

 


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