El experto y el novato

|| Una cita con las musas /16

José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… Aquí puedes escuchar Una cita con las musas, en un programa en el que Alberto Cañas y Daniel Tubau hablan de la visión del experto y la del novato.


TRANSCRIPCIÓN

Alberto Cañas: Hoy me quedo menos anonado ante la sintonía de una cita con las musas, con Daniel Tubau. La semana pasada hablamos de cómo un novato, en el mundo del cine como Orson Welles trabajó con un experto, como el director de fotografía Gregg Toland y eso hizo posible una película tan increíble como Ciudadano Kane. Y creo que hoy vamos a hablar de algo parecido
Daniel Tubau: Hoy vamos a hablar de este asunto de mezclar la visión del experto con la del novato. Porque es cierto que se trata de una de las mejores recetas para escribir, para crear o incluso para resolver crímenes, como hace Sherlock Holmes. Esta receta consiste en adquirir experiencia, en entrenarse en el oficio, en primer lugar. Esto es la visión del experto y sería un gravísimo error pensar que podemos prescindir de ella. Cuando lo hacemos, nos creemos muy originales pero muchas veces lo único que acabamos ofreciendo es lo mismo de siempre. O lo que es peor, creando algo que en el mejor de los casos es aburrido o torpe y en el peor insoportable.

AC: Bien, aquí queda entonces reivindicada la visión del experto y el trabajo y la dedicación. Y sin embargo…
DT: Y sin embargo, también es cierto que muchas veces cuando nos convertimos en expertos empezamos a ponernos ciertos límites al pensamiento creativo e innovador. Cuando sabemos muy bien cómo se pueden hacer las cosas y cómo no se pueden hacer, puede suceder que ni siquiera se nos ocurra que hay otra forma de hacer las cosas. Y también que ni siquiera veamos los defectos de lo que hemos hecho, porque estamos convencidos de haber seguido un método que siempre funciona. O porque nos negamos a aceptar una solución porque no nos resulta familiar.

AC: Pero esta resistencia a aceptar cosas diferentes, que se salgan de lo ortodoxo, no se da solo en el mundo de los guionistas, escritores o artistas, ¿no?
DT: No, en realidad sucede en todos los ámbitos. También en la ciencia. Albert Einstein, por ejemplo, era un hombre tremendamente creativo y rompedor, pero, sin embargo, nunca pudo aceptar la física cuántica y pasó toda la última parte de su vida intentando refutarla, cuando quizá hubiera sido más interesante que colaborase en su desarrollo con más entusiasmo. Pero Einstein no podía aceptar el papel tan grande que la nueva física daba a la indeterminación o al azar. Por eso dijo aquella frase célebre: “Dios no juega a los dados”.

AC: Sí, esa frase la conozco, pero ¿qué quiere decir exactamente?
DT: No quiere decir que Einstein creyera en Dios, por supuesto, porque Einstein se declaraba agnóstico o bien aceptaba un difuso panteísmo al estilo de Goethe, el autor de Fausto, es decir, la creencia en que todo es Dios, que es casi lo mismo decir que nada es Dios. Pero lo que Einstein quería decir con que Dios no jugaba a los dados, es que creía que la física debía ser capaz de predecir el comportamiento de un electrón o un fotón, cosa que no hacía la física cuántica. Einstein pensaba que algo fallaba en la física cuántica y su opinión era que el azar al que recurrían sus colegas en realidad era ignorancia.

AC: Y eso le impidió colaborar con todas sus energías en la nueva física.
DT: Sí, así es. A pesar de probablemente que había sido el científico más original de la historia, porque su teoría de la relatividad es un salto de pensamiento imaginativo verdaderamente asombroso y más porque en gran parte se debió a su propio esfuerzo solitario. Pero lo de la indeterminación de la cuántica chocaba con su concepción de la física y de la realidad, así que se dedicó de manera incansable a intentar refutar a sus colegas, en vez de colaborar con ellos.

AC: A ver, voy a intentar traducirlo. Si lo he entendido bien, lo que quieres decir es que el hecho de que seas muy creativo e imaginativo en un momento dado no te garantiza que lo seas siempre.
DT: Claro. Hay otro ejemplo muy significativo, que precisamente tiene que ver con la teoría de la relatividad de Einstein. Es el del matemático Henri Poincaré del que ya hemos hablado en otra cita con las musas como uno de los pioneros en el estudio de la creatividad. Pues resulta que Poincaré dejó en uno de sus escritos una formulación que parece llevar a la teoría de la relatividad, años antes de que  Einstein la propusiera. Pero este hombre, que era muy imaginativo y que se había enfrentado a sus colegas en el terreno de la creatividad, pensó que eran tan absurdas las conclusiones a las que estaba llegando, que las descartó.

AC: Entonces, Poincaré tuvo en sus manos la oportunidad de proponer la teoría de la relatividad y la dejó pasar.
DT: Pues sí. Curiosamente hoy en día algunos en Francia reivindican a Poincaré como el verdadero creador de la relatividad, pero es una reivindicación que no tiene sentido porque Poincaré llegó a conocer la teoría de la relatividad de Einstein e incluso conoció a Einstein, por ejemplo en el Congreso Solvay de grandes científicos de 1929, y a pesar de que ya la comunidad científica había aceptado la relatividad, Poincaré siguió rechazándola. La conclusión de todo esto es que a veces nuestro juicio de experto, de alguien que sabe o cree saber cómo funciona la realidad, entorpece nuestra capacidad de aceptar innovaciones o cambiar de criterio.

AC: Entonces, es mejor no saber que saber.
DT: Sí, pero solo en cierto modo. Lo aconsejable es saber, pero, al mismo tiempo, no quedar bloqueado por las cosas que crees que son imposibles. A veces sucede que la solución de un enigma la da alguien que no sabe casi nada del tema, como en el caso del descubrimiento de la estructura del ADN en forma de doble hélice.

AC: Ah, ¿y cómo fue eso?
DT: El descubrimiento de esa curiosa forma en la que se organiza la molécula de ADN, como una especie de doble cinta que va girando sobre sí misma, fue realizado por Watson y Crick, que no eran químicos, pero que quizá precisamente por eso se atrevieron a dar el salto imaginativo para proponer una forma tan extraña.

AC: Porque quienes sí eran químicos no consideraban que una forma como esa fuera posible.
DT: A lo mejor si habrían aceptado que fuera posible, pero simplemente no se les ocurría algo tan extravagante porque estaban acostumbrados a otras estructuras.

AC: Es también algo así como mirar desde fuera…
DT: Sí. Mirar desde fuera, pero, eso sí, mirar lo que han hecho otros, los expertos. Por eso digo que las dos visiones son necesarias: la visión del novato y la del experto. Por otra parte, en el caso de Watson y Crick y el ADN, después se supo que también habían empleado el trabajo de una experta, de una investigadora química, Rosalind Franklin, que iba en esa dirección, e incluso el de un ayudante de esa investigadora que colaboró con Watson y Crick. Y ahora todo el mundo está de acuerdo en que ella tenía que haber recibido junto a ellos el crédito del descubrimiento y que merecía también el Nobel que recibieron Watson, Crick y el ayudante.  Aunque no podría haber recibido el Nobel porque cuando se lo dieron a ellos ya había muerto.

AC: Es decir que ella era la experta y ellos los novatos y de la mezcla de las dos perspectivas surgió el descubrimiento.
DT: Claro. Franklin dio algunas claves fundamentales sin las que el descubrimiento no se hubiera producido y tal vez ella podría haberlo descubierto por sí misma, pero quizá no tuvo la decisión de dar ese paso, como le sucedió también a Darwin, que pasó muchos años desde que elaboró su teoría evolutiva hasta que se decidió a publicarla porque otro investigador, Alfred Russell Wallace, propuso algo muy parecido.

AC: Claro, como sabían los problemas que podían surgir con cualquier hipótesis les costaba lanzarse…
DT: Eso parece y también hay que decir que es razonable esa prudencia, porque no vas a estar anunciando un gran descubrimiento cada dos por tres y luego arriesgándote a que se compruebe que es un error. Pero es cierto que muchas veces saber demasiado nos impide dar un paso decidido y se nos adelanta el novato que no tiene esos miedos y puede ver nuestro trabajo de una forma que quizá nosotros no vemos aunque lo tengamos delante, como le paso a Franklin y casi casi a Darwin.


RECOMENDACIÓN CREATIVA

La doble hélice: relato personal del descubrimiento de la estructura del ADN
James Watson (Alianza Editorial/Salvat)

AC: ¿Qué recomendación creativa tenemos hoy?
DT: Pues hoy, puesto que hemos hablado del descubrimiento de la doble hélice podemos recomendar dos libro estupendos escritos por sus descubridores, James Watson y Francis Crick, que cuentan todo el proceso creativo que llevó a qué Watson y Crick descubrieran la estructura de la doble hélice.

AC: Con la ayuda de Rosalind Franklin…
DT: Claro, con la ayuda de Franklin y del ayudante que compartió las investigaciones de Franklin con Watson y Crick. Es de Watson es libro que no debe asustar a quienes no sepan de química o biología molecular, porque es muy entretenido y permite darse cuenta de cómo puede nacer una idea. Una idea que, como dice el propio Watson, es quizá la más importante en la biología desde la teoría de la evolución de Darwin.

AC: Entonces, dinos los datos del libro.
DT: Se titula La doble hélice: relato personal del descubrimiento de la estructura del ADN,  escrito por James Watson. Se ha editado en Salvat y también en Alianza Editorial.

AC: ¿Y el otro libro?
DT: El otro, el de Francis Crick, es, creo yo todavía más interesante y entretenido. Se llama “Qué loco propósito”. Y es un gran libro de divulgación científica, en el que Crick, además de contar también el proceso creativo desde su punto de vista, defiende que la belleza y la verdad son sinónimas, algo que también creía más o menos Platón. Está publicado en Tusquets Editores. Muy recomendable

 

 


José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… En el enlace también puedes escuchar los podcast de los programas.


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José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… Aquí puedes escuchar Una cita con las musas, en un programa en el que Alberto Cañas y Daniel Tubau hablan de la visión del novato.


TRANSCRIPCIÓN

ALBERTO CAÑAS: Hola Daniel, ¿de qué vamos a hablar hoy?
DT Vamos a hablar de la visión del aprendiz, del novato y de cómo a veces es mejor no saber algo que saberlo.

AC: Ah eso parece un poco extraño, ¿no? Porque se supone que cuando conocemos algo podemos resolverlo mejor…
DT:  En gran parte sí, por supuesto, pero a veces sucede todo lo contrario. Imaginemos a un arquitecto que está pensando en el diseño de un nuevo edificio. De manera natural, su mente le ofrecerá ideas basadas en otros edificios que ha visto, o que él mismo ha diseñado,  o que son famosos. Cada idea que tenga la comparará con lo que ya existe y si se le ocurre una idea muy diferente, enseguida se planteará los problemas de llevarla a cabo.

AC: Claro, supongo que si eres un arquitecto es inevitable que pienses en si el hormigón es suficientemente sólido, si las ventanas se pueden hacer triangulares, los costes que tendrá cada cosa…
DT Claro, todo lo que sabes te condiciona y te puede bloquear. Lo mismo sucede si quieres escribir un guión: escribes una escena y enseguida te acuerdas de otra escena parecida en una película de los años 40. Yo tengo un amigo guionista que siempre recuerda una escena que se parece a algo que estamos escribiendo…

AC: Es que también se han hecho ya tantas películas y tantos edificios, que encontrar algo nuevo debe ser muy difícil.
DT: Sí, especialmente en esta época, en la que estamos muy obsesionados con la originalidad. Pero la verdad es que como dices se han hecho ya decenas de miles de películas, cientos de miles de canciones y millones de edificios. Mi padre siempre decía que quien se cree original es que no conoce la inmensidad de su ignorancia.

AC: Vaya, pero eso puede ser también una causa para bloquearnos. Por un lado ver los problemas que surgirán al desarrollar cualquier idea, y por otro la sensación de que todo ya está hecho.
DT: Pues sí, pero no hay que preocuparse tanto por la originalidad, que es un asunto que trataremos en otra de nuestras citas con las musas… Pero en lo que se refiere a la visión del experto, muchas veces tenemos que desaprender lo que ya sabemos y recuperar, al menos en ciertos momentos, la mirada del aprendiz o del novato de la que hablan algunos budistas.

AC: Ah, no sabía que el budismo tenía que ver con la creatividad…
DT: Sí, claro, el budismo es una de las filosofías más ingeniosas e inventivas, aunque a veces también caiga en el dogmatismo. Hay una anécdota del zen, el budismo japonés, que cuenta que un profesor alemán fue a un monasterio zen para hablar con un maestro muy célebre. En cuanto se vieron, el profesor alemán empezó a discutir cada cosa que le decía el maestro zen. En un momento dado, el monje le preguntó al profesor si quería tomar un té. El profesor dijo que por supuesto y acercó su taza. Y entonces el monje comenzó a verter el té en la taza, pero aunque la taza se llenó y el té ya se caía por los bordes, el monje seguía echando té.

AC: ¿Y qué hizo el profesor?
DT: Le preguntó al monje que por qué seguía echando té, si la taza ya estaba llena y no cabía más. Así que el monje le respondió que eso era precisamente lo que pasaba con la mente del profesor: estaba tan llena de conceptos dogmáticos y de ideas hechas, que era imposible que en ella entrarán ideas diferentes como las que él le estaba proponiendo. Así que antes de pretender entender todo lo que quería aprender, el profesor debía vaciar un poco su mente y dejar espacio para nuevas ideas.

AC: Ah, pues es una historia muy simpática y una metáfora muy ingeniosa.
DT: Sí y muestra algo bastante cierto: que muchas veces nuestras ideas previas nos impiden entender algo nuevo o siquiera escucharlo con atención. En realidad la historia podría haberse dado a la inversa, y que el monje zen visitara al profesor con la mente llena de prejuicios. No es una cuestión de oriente y occidente o misticismo o ciencia, aunque muchos la interpretan así, sino de ser capaz de escuchar algo nuevo sin dejarnos llevar por nuestros prejuicios e ideas previas. Es lo que los escépticos griegos y latinos llamaban la epojé o suspensión del juicio. No siempre tenemos que juzgar o examinar las cosas.

AC: Es decir, que tenemos que poner en suspenso lo que sabemos…
DT: Claro, recuperar la visión ingenua, para no ser condicionados de manera radical por lo que ya sabemos. Volver a ser aprendices. Decía Oscar Wilde, que antes de interpretar una obra de arte, debemos entregarnos a ella sin condiciones. Por ejemplo, pensemos en Orson Welles, al que sin duda conocen todos los oyentes.

AC: Sí, por supuesto, es uno de los más grandes directores de cine. ¿Quién no conoce su gran película Ciudadano Kane, que muchos consideran la mejor de la historia?
DT: Pues resulta que Welles antes de hacer Ciudadano Kane había hecho sobre todo teatro y teatro en la radio con el Mercury Theatre, su compañía, como cuando hizo La guerra de los mundos, la adaptación de la novela de H.G. Wells…

AC: Sí, una adaptación hecha en forma de reportaje que los oyentes creyeron que era real y pensaron que los marcianos nos habían invadido. Hubo hasta suicidios.
DT: Así es. Era un genio del teatro y de la radio, pero cuando Orson Welles llegó a Hollywood no sabía nada de cine. Y lo curioso fue que el director de fotografía más famoso del mundo, que era Gregg Toland, pidió trabajar con él. Y lo pidió porque sabía que Orson Welles era un novato, un aprendiz, y que no sabía nada de cine.

AC: ¿y entonces por qué quería trabajar con él?
DT: Porque sabía que era muy ingenioso e innovador, con una imaginación desbordante, y, por eso, estaba seguro de que le pediría cosas absurdas que nadie que supiese de cine se le ocurriría pedir. Le apetecía ese desafío de enfrentarse a algo imposible y encontrar la solución.

AC: Claro y en Ciudadano Kane se hicieron muchas cosas que no se habían hecho antes. ¿No?
DT: Sí, efectivamente, hay planos donde parece que hay una grandísima profundidad, que el lugar se prolonga de manera casi infinita y lo que hay en realidad son recortables que fingen la perspectiva y crean profundidad. O también en otra escena, la cámara traspasa una claraboya de cristal mediante un ingenioso truco, porque en realidad no la atraviesa. En otra escena hicieron un agujero en el suelo para coger un contrapicado del protagonista, de Kane, en el que se representa un hombre todopoderoso.

AC: Sí, en esa película hay planos realmente asombrosos.
DT: Sí, pero fíjate que en una ocasión otro gran director, Peter Bogdanovich, le preguntó a Orson Welles qué le parecía lo que había pasado en París, donde en una conferencia de prensa un periodista preguntó a Chaplin: “Perdone señor Chaplin, pero he observado que en sus películas nunca hay ningún plano interesante”. Y entonces Chaplin respondió:  “Por supuesto que no hay planos interesantes en mis películas, porque yo soy interesante”.
Y entonces Orson Welles le dijo a Bogdanovich: “Y tenía toda la razón Chaplin. Yo tampoco he hecho nunca un plano interesante, porque todas las decisiones que he tomado al decidir un plano han sido porque quería contar algo concreto, por ejemplo la soledad de Kane cuando le llega el triunfo, cuando hice el agujero en el suelo, para mostrarlo como un titán, pero también como un hombre aislado de los demás y completamente solo. Pero nunca he hecho un plano porque fuese interesante, hermoso o deslumbrante”.

AC: Pues eso es muy paradójico, porque Welles es conocido como el director de los planos interesantes.
DT: Welles no hacía virtuosismo, lo ponía todo al servicio de lo que quería contar y del problema que quería solucionar. Buscaba soluciones a los problemas narrativos. Pero, volviendo a lo que estábamos diciendo: lo interesante de todo esto es que Welles, precisamente porque no sabía nada de cine, se atrevía a pedir cosas que ningún director experimentado le pedía a Gregg Toland.

AC: Así que una buena mezcla sería la de un experto como Toland y un novato como Welles, trabajando juntos.
DT: Pues sí, porque, claro, si no hubiera tenido a Toland, Welles seguramente no habría podido hacer realidad lo que imaginaba.


RECOMENDACIÓN CREATIVA

Cómo se hizo Ciudadano Kane

Robert L. Carringer (Editorial Ultramar)

AC: ¿Y la recomendación creativa de hoy, Daniel, ¿será de budismo zen o de cine?

DANIEL: Será de cine, el zen lo dejaremos para otra ocasión. Puesto que hemos hablado de Orson Welles y Gregg Toland en Ciudadano Kane, creo que un buen libro puede ser un ensayo acerca de cómos e hizo Ciudadano Kane.

AC: Ah muy bien, ¿y qué libro es ese?
DT: Bueno, hay muchos, porque seguramente Ciudadano Kane es la película acerca de la que se han escrito más libros, pero recomendré uno que es breve pero muy interesante y que está traducido al español. SU título es precisamente Cómo se hizo Ciudadano Kane. Su autor es Robert Carringer. El libro recorre todos los aspectos técnicos y creativos del proceso creativo que llevó a hacer posible la película y muestra precisamente esta mezcla entre la visión de los expertos de la productora RKO y del novato en cuestiones cinematográficas Orson Welles y cómo las dos cosas son buenas si se saben mezclar y equilibrar bien.

AC: Pues entonces dejamos aquí esta recomendación, ¿nos la repites otra vez?
DT: Sí. El libro está escrito por Robert Carringer y se llama “¿Cómo se hizo Ciudadano Kane. Lo publicó la editorial Ultramar.

 


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|| Una cita con las musas /14

José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… Aquí puedes escuchar Una cita con las musas, en un programa en el que Chus Natera y Daniel Tubau hablan de Ursula K. Le Guin y sus métodos para escribir.


 

TRANSCRIPCIÓN

Ursula K. Le Guin y la confianza del escritor

 

CHUS: Buenas tardes, Daniel. ¿Qué nos espera hoy en una cita con las musas?  

DT: Nos espera una gran escritora y una de mis favoritas, y cuando digo favoritas aquí me refiero tanto a hombres como a mujeres, a escritores y escritoras. Se trata de Ursula K.Le Guin.

 

CHUS: Ah, es una gran escritora de ciencia ficción, y creo que murió hace poco.

DT: En efecto, murió el mes pasado. Es verdad que escribía novelas de ciencia ficción, aunque a ella no le gustaba mucho el término, y prefería algo así como ficción especulativa o simplemente decía que era escritora. Escribió muchos libros extraordinarios, como La mano izquierda de la humanidad, El nombre de este mundo es bosque, que muchos consideran la inspiración de Avatar, o Un mago de Terramar, que también muchos consideran la inspiración de la saga de Harry Potter, o Los desposeídos, que es una utopía anarquista.

CHUS: Ah, sí, porque ella también se declaraba anarquista.

DT: Así es, anarquista del sector Kropotkin no del de Bakunin, es decir no violenta.  Y también decía que era taoísta. Pero ella siempre fue todo de manera muy inteligente, nunca fue una fanática ni simplificó las cosas y en Los desposeídos muestra que el anarquismo también tiene sus problemas, incluso en esa sociedad utópica.

CHUS: ¿Y qué nos puede contar Ursula K. Le Guin de la creatividad?

DT: Muchas cosas, porque ella decía que la imaginación es la herramienta más útil que posee la humanidad y dio talleres literarios y aconsejó a otros escritores, aunque decía que enseñar a escribir no se puede realmente. Cosa que es bastante cierta. En este tipo de asuntos, los profesores lo único que podemos hacer es señalar, como decía Agustín de Hipona. Pero aprender solo puede aprender la persona que decide hacerlo, quizá estimulada por buenos consejos.

 CHUS: Pero no vamos a hablar de la ciencia ficción de Ursula K. Le Guin, ¿verdad?, sino de su proceso creativo.

DT: Claro. A ella le interesaba mucho este tema. En uno de sus ensayos breves que se llama “Una cuestión de confianza”, Le Guin cuenta un poco su proceso creativo y dice que un escritor debe confiar en sí mismo, en la historia y en el lector para escribir algo que valga la pena. Confiar en uno mismo, dice, es algo que se adquiere con la práctica, aunque es cierto que cuando estás empezando tienes que confiar en ti un poco a ciegas y fingir, y lo curioso es que si finges bien, al final te lo crees y funciona. Es como eso de ponerse un lápiz en la boca para mover los músculos de la sonrisa y así animarnos un poco.

CHUS: Ah, muy interesante. Un poco de fingimiento puede llevar a algo bueno… ¿Y lo de confiar en la historia?

DT: Con eso se refiere a que en un cierto momento te tienes que dejar llevar por la historia, renunciar a  tener el control, pero solo en un cierto momento

 

CHUS: Bien. ¿Y en qué momento sucede eso?

DT: Ella lo cuenta de una manera que coincide mucho con los estudios acerca del proceso creativo, de los que ya hablamos en una ocasión al tratar de las fases de la creatividad propuestas por el pionero en la investigación creativa Graham Wallas. Se trata, dice Le Guin en primer lugar de planificar, leer mucho, escribir muchos borradores, hacer planes de todo tipo. Pero llega un momento en el que cuando eso empieza a funcionar, te dejas en cierto modo arrastrar por la historia.

 

CHUS: Pierdes el control.

DT: Eso es. Le Guin dice que puede sonar muy místico eso de que la historia te lleve, pero que no lo es. En realidad, dice, podemos ceder el control porque la práctica y la planificación nos ha permitido automatizar la mayoría de los aspectos de la escritura. Ella insiste mucho en que esto no tiene nada que ver con todas esas teorías que dicen que hay que cerrar el intelecto y pensar con el lado derecho creativo del cerebro. 

CHUS: Ah, eso es una cosa de la que se habla a menudo, lo del cerebro creativo…

DT: Sí, pero la teoría de los dos hemisferios cerebrales, uno creativo y otro lógico y racional, fue descartada hace ya muchos años, aunque todavía hay personas que la repiten y elaboran teorías absurdas acerca de ese supuesto hemisferio creativo, que no existe. Para escribir, dice Le Guin, hay un trabajo constante, previo, muy importante, muchas veces subconsciente.

CHUS: como esa segunda fase del proceso creativo de la que habla Graham Wallas que se llama incubación.

DT: Exactamente. Y Le Guin dice que so en su caso a veces dura años. Hace planes, anota ideas, piensa en situaciones durante mucho tiempo. Después se olvida a lo mejor d esa novela y de pronto siente un impulso, eso que Wallas llamaba la inspiración o revelación, donde entiende cómo tiene que escribirlo y se pone a hacerlo como una posesa.

 CHUS: Y es ahí  donde cede el control y deja que la historia la lleve a cualquier lado.

DT: Así es, por supuesto no se trata de perder por completo el control, pues hay que seguir sosteniendo el bolígrafo o tecleando en el ordenador, pero es cierto que a veces sientes como si te estuvieran dictando la historia, mientras que otras veces avanzas con mucha dificultad. Esos momentos en los que escribes casi sin pensar son estupendos.

CHUS: Pero sospecho que ahí no acaba la cosa.

DT: Pues no, porque ella misma dice que cuando terminas la historia se termina y está calentita te quedas encantada, pero que después se va enfriando y vas viendo los errores, las inconsistencias, las parte más flojas, y entonces tienes que volver a tomar el control y revisarla.

 

CHUS: Pero Ursula K.Le guin decía que había una tercera cosa en la que confiar, además de confiar en ti misma y en la historia, que había que confiar en el lector.

DT: Sí, porque decía que nunca debemos olvidar que al otro lado de esa historia que escribes está el lector, es a él a quien te diriges y por eso recomienda varias cosas en este sentido. Primero, que una vez revisada la historia, es bueno recibir el juicio de otras personas, que te digan lo que han sentido, lo que han pensado, qué partes les gustan más y menos. Pero también recomienda no subestimar al lector y no tratarle despectivamente, confiar en que sea un buen lector y sepa hacer su trabajo.

 

CHUS: Claro, que no sea un lector pasivo sin más

DT: Pues sí, porque, al menos en su caso, a ella no le interesaban lo lectores pasivos que quieren que el escritor se lo dé todo hecho, los devoradores de bestsellers. Y es precisamente en la fase de la corrección donde tienes que pensar en el lector. Porque una cosa es la historia que has escrito para ti, que sabes muchas cosas por todo lo que has trabajado al escribirla y sabes muchas cosas que no están ahí en eso que has escrito. 

CHUS: Porque todas esas cosas las sabes tú pero no las sabe el lector…

DT: Así es. Tienes que darte cuenta de eso y modificar muchas cosas que  a lo mejor a ti te parecen estupendas porque conoces esa historia oculta pero que el lector no conocerá.

 

CHUS: Claro. Y es obvio que tú estás de acuerdo con Ursula K. Le Guin porque tienes un libro que se llama El espectador es el protagonista.

DT: Así es, porque resulta que lo mismo que le puede suceder a un novelista le puede pasar a un guionista o aun cineasta: olvidarse del espectador. De eso es posible que hablemos en alguna cita futura con nuestras queridas musas.

 

Recomendación Creativa

 

CHUS: Supongo que la recomendación creativa será un libro de Ursula K. Le Guin.

DT: Claro. Hay que decir que podríamos recomendar cualquiera de sus mejores libros, como Los desposeídos, El nombre de este mundo es bosque o La mano izquierda de la oscuridad, pero vamos a recomendar uno que no es de ciencia ficción, sino de ensayo.

 

CHUS: Ah, perfecto, ¿y qué libro es ese?

DT: ES una colección de ensayos que se ha publicado recientemente y que se llama Contar es escuchar, y tiene el subtítulo “Sobre la escritura, la lectura y la imaginación”.

 

CHUS: Y, claro, los ensayos son acerca de esos temas.

DT: Sí, pero también acerca de muchos más. Hay algunos textos biográficos o casi biográficos, como el primero, que es muy divertido y muy incisivo, cuando comienza diciendo: “Soy un hombre. Pensarán que he cometido un error de género sin querer, o que intento engañarlos, porque mi nombre de pila acaba en a, y soy dueña de tres sujetadores, y he estado embarazada cinco veces…”

 

CHUS: Ah, pues sí que parece interesante. Tengo que leerlo y ver por qué dice que es un hombre.

DT: Sí , es un ensayo muy bueno. Porque Le Guin, además de anarquista y taoísta era feminista y ha escrito muy buenas páginas acerca del feminismo. Pero también hay textos muy interesantes sobre los pies, los perros, los gatos, la belleza, Borges, al que admiraba por encima de todas las cosas, el determinismo genético y los talleres literarios.

CHUS: Y también el ensayo del que nos has hablado hoy…

DT: Sí, este de la confianza en uno mismo, en la historia y en el lector, que se llama “Una cuestión de confianza”.

CHUS: Pues no cabe duda de que tiene que ser un libro muy interesante. Dinos los datos.

DT: El libro es de Ursula K. Le Guin y se llama Contar es escuchar y lo publicó el año pasado la editorial Círculo de tiza.

 

 

 


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Procrastinación a Go-Go

|| Una cita con las musas /13

José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… Aquí puedes escuchar Una cita con las musas, en un programa en el que José Luis Casado y Daniel Tubau hablan de la procrastinación y su remedio: la procrastinación a go-go…


 

 

TRANSCRIPCIÓN

JLC: Hoy no te escapas, Daniel, porque ya llevas dos semanas prometiéndonos que nos ibas a contar un método para luchar contra la procrastinación, pero al final siempre procrastinas, es decir, que te inventas una excusa para no contarnos tu método.
DT: Pues sí, esta vez no me escaparé. Eso sí, antes de explicar ese método, vamos a recordar a los oyentes o a contárselo a quienes no escucharon los dos programas anteriores que la procrastinación es ese fenómeno que nos sucede a todos que hace que encontremos cualquier otra tarea que hacer con tal de no hacer la que tenemos que hacer sí o sí.

JLC: En efecto, y vimos que una manera de vencer esa procrastinación, de no posponer las cosas, consistía en aceptar hacer las cosas mal.
DT: Sí, ese sería un primer método. En vez de intentar hacer esa tarea tan descomunal o que tanto nos asusta y hacerla bien desde el principio, es muy bueno hacerla de cualquier manera, hacerla mal, en definitiva, pero, digamos, de principio a fin. Si nos piden hacer un informe y todavía no sabemos cómo encararlo, pues lo hacemos de cualquier modo, inventándonos la mitad de las cosas. Si nos piden escribir un sketch, lo escribimos sin ninguna gracia, lo que Vorhaus llamaba chistoides, algo que casi parece un chiste pero que no tiene ninguna gracia. Por cierto, también Darwin empleaba un método semejante.

JLC: Ah, vaya eso sí que es una autoridad de peso.
DT: Sí, quizá el científico más influyente de la historia, con permiso de Newton y Einstein. Pues bien, Darwin, que era no solo un científico asombroso sino también una persona admirable en muchos sentidos decía en sus deliciosas memorias: 

“Parece que hay una especie de fatalidad en mi mente que me induce a empezar expresando de forma equivocada o torpe mis afirmaciones o proposiciones. En otro tiempo, solía pensar las frases antes de escribirlas, pero desde hace varios años he descubierto que ahorro tiempo garabateando páginas enteras con la mayor rapidez posible y con malísima letra, abreviando la mitad de las palabras, y corrigiéndolo luego pausadamente. A menudo, las frases escritas aprisa de este modo son mejores que las que pudiera haber escrito tras larga meditación.”

Como se ve, también Darwin era partidario de hacer las cosas mal y cuanto antes.

JLC: Claro, de esa manera perdemos el miedo que nos paraliza y que nos hace buscar excusas. Bien, pero vamos con tu método personal…
DT: Sí, enseguida, porque antes hay que recordar que un segundo método para vencer la procrastinación, que propuse la semana pasada consiste en ponerse plazos y conseguir creer en esos plazos. Si logramos que el plazo nos lo ponga otra persona, pues mejor que mejor, pero si no nos lo pone alguien, tenemos que ir entrenando la autodisciplina y ponernos al menos esos plazos para hacer mal las cosas primero y después para ir revisándolas hasta llegar a la fase final plazo a plazo. Aquí se podría recordar aquello que decía Skip Thorne: “Es el mayor de los errores no hacer nada por querer hacerlo todo”. ¿Qué solo podemos dedicar 15 minutos a aprender chino en vez de la hora que sería ideal? Pues dedicamos 15 minutos y no pasa nada. Muchos quince minutos juntos hacen horas, y además parece que el estudio breve pero continuo es mejor que el intenso pero ocasional.

JLC: Y ahora sí que sí, nos tienes que contar tu método personal.
DT: Bueno, pues resulta que en cierto modo ya lo he contado, o al menos lo he aplicado. Este método que yo uso y que me va de maravilla, lo llamo “Procrastinación a Go Go”.

JLC: Ah, bonito nombre, un poco viejuno pero con gracia.
DT: Sí, es como quien dice “Procrastinación a mansalva”. Consiste en que en vez de acabar con los motivos para procrastinar, lo que se hace es añadir más motivos.

JLC: Pero eso, así como lo cuentas parece una locura, ¿no?
DT: Sí, ya dije que no es un método apto para todos y que es como esos experimentos que advierten “No intente hacerlo usted en casa”. Pero yo puedo dar fe de que es muy efectivo. Consiste en que, en vez de intentar no distraerte con otras cosas, lo que tienes que hacer es trabajar activamente para tener más y más cosas con las que distraerte.

JLC: Pero eso parece contraproducente, porque ¿si tienes más cosas que hacer cada vez, entonces cómo vas a hacer eso que tenías que hacer?
DT: Claro, parece absurdo. Pero el truco es que esas cosas con las que procrastinas en realidad son cosas que también te resultan útiles, cosas que también tienes que hacer. Tienes que pensar en cosas que tienes que hacer, confeccionar una lista. Algunas serán urgentes, otras no tanto, pero al fin y al cabo las vas a tener que hacer. Por ejemplo, en mi caso: yo tengo que preparar un curso de guión que voy dar en Cuba, pero también tengo que corregir las pruebas finales de un libro que he escrito y que se publicará en mayo, pero también tengo que escribir una novela histórica, y además tengo que pintar varias ventanas de mi casa, y además tengo que preparar nuestras próximas citas con las musas.

JLC: Pues sí que tienes que hacer cosas…
DT: Y algunas más: tengo que ver varias películas y series porque como profesor de guión debo conocer las novedades, tengo que leerme algún libro acerca de la creatividad y tengo que leerme algún otro libro simplemente porque me apetece. En definitiva, la procrastinación a go go funciona especialmente cuando tienes que hacer muchas cosas. Una vez que has hecho la lista de cosas, la tienes que tener siempre a mano para que, cuando te asalte el deseo de procrastinar, no lo hagas a tontas y a locas: miras la lista, piensas cuál de esas tareas es la más apetecible y te pones a hacerla, y así, cada vez que tienes el deseo de procrastinar, de librarte de lo que estás haciendo, te escaqueas, sí, pero hacia otra tarea que en el fondo también tienes que hacer. Al final incluso sucede que para librarte de una de esas tareas, miras la lista y de pronto te apetece escaparte, escaquearte, haciendo precisamente eso que era tan urgente y que no te apetecía hacer.

JLC: Bueno, pues me lo apunto y ya te diré si me funciona.
DT: Lo importante, según he descubierto es que esas cosas tienen que ser lo más diferentes posible. Cosas que se hagan de distinta manera, en distintos lugares, que ocupen distintos sentidos, etcétera. No es lo mismo leer un libro en un sillón que en la pantalla del ordenador o que escuchar el libro en tu móvil mientras paseas. Ese cambio de estilo y de actividad es muy refrescante, te permite escapar de la rutina. Insisto en que se trata de cambiar de estilo, de actividad. Por ejemplo, como he dicho, no es lo mismo leer un libro impreso que leerlo en una pantalla, por lo que a veces recuperamos fuerzas simplemente cambiando la silla frente al ordenador por un cómodo sillón en el que leer un libro. En cualquier caso, como se ve también conviene planificar las tareas de la procrastinación a go go para que sean diferentes de alguna manera. Pero de eso hablaremos en otro programa. No en el próximo, pero sí en otro.

JLC: Una última duda, ahora que ya has contado el método de la procrastinación a go go. Antes dijiste que cuando en estas últimas semanas, al posponer la aplicación del método, ya lo estabas aplicando, a qué te referías…
DT Me refería a que en las últimas semanas he procrastinado a go go, porque no he contado lo que tenía que contar, la procrastinación a go go, pero sí he contado otras cosas que de todos modos tendría que contar tarde o temprano. He procrastinado de la tarea principal cumpliendo otras tareas también necesarias.

JLC: De acuerdo, ya lo entiendo. Bueno, pues supongo que también nos contarás más adelante eso que haces de escuchar libros, que es algo que sé que practicas y que al parecer te gusta mucho.
DT: Pues sí, es una de mis grandes aficiones. También hablaremos de eso en otra cita con las musas.


RECOMENDACIÓN CREATIVA
Historia de mi vida
Charles Darwin

JLC: ¿Y qué libro nos recomiendas hoy, Daniel?
DT: Puesto que hemos hablado de las memorias de Darwin, voy a recomendar precisamente ese libro, porque en él se descubre a una persona muy creativa, que combinaba a la perfección la imaginación con la observación, la investigación y la verificación, que siempre son necesarias en cualquier proceso creativo.

JLC: Es decir, que recomendamos no su gran libro El origen de las especies sino esta autobiografía…

DT: Sí, Darwin cuenta en el libro que escribió sus memorias por encargo de un editor alemán, pero pensando que podrían resultar interesantes para sus hijos. Por eso, estas memorias están escritas de una manera muy sencilla y muy sincera, con verdadero encanto. Aquí cuenta muchas cosas interesantes relacionadas con su vida de investigador y con su teoría de la evolución, que es curiosamente, una idea sencilla una vez que se conoce y que casi propuso su abuelo Erasmus Darwin. Pero muchas veces la creatividad y la invención consiste en fijarse en algo que todos pueden ver pero que a nadie le parece importante.

JLC: ¿A qué te refieres?
DT: A que Darwin observó la selección artificial que siempre hemos hecho con los animales, por ejemplo al seleccionar razas de perros, palomas y vacas y se preguntó si no podría haber también una selección que no fuera artificial, sino natural: la selección natural.

JLC: Pero su autobiografía no es un libro para científicos.
DT: No, más bien nos sirve para conocer a un hombre muy interesante, que cuenta por ejemplo ese método de trabajo que ya hemos visto, de escribir sin pensar, de mala manera, sin querer hacerlo bien. También cuenta, por ejemplo, que en su juventud leía novelas, asistía al teatro y escuchaba mucha música y que dejó de hacerlo debido a la obsesión por sus investigaciones, pero que se arrepentía, porque haber dejado esas cosas suponía una pérdida de sensibilidad. También dice con ironía que quizá sería bueno que los científicos se murieran a los 60 años, para que se aceptaran las nuevas ideas, algo que en su época era mucho más cierto que ahora, creo.

JLC: ¿Y dónde podemos encontrar esta Autobiografía de Darwin?
DT: Se ha publicado en distintas editoriales, como en Alianza, pero es recomendable buscar la edición de la editorial Laetoli de 2009, porque resulta que la Autobiografía que se publicó fue censurada por la familia de Darwin y aquí está la versión íntegra.


José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… En el enlace también puedes escuchar los podcast de los programas.


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José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… Aquí puedes escuchar Una cita con las musas, en un programa en el que Chus Natera y Daniel Tubau hablan de l procrastinación.


TRANSCRIPCIÓN

 

CHUS: La semana pasada hablamos de la procrastinación, podemos recordar en qué consiste esta cosa tan difícil de pronunciar?

DT: La procrastinación consiste en inventarnos cualquier excusa para no hacer lo que tenemos que hacer. Es la manera en la que logramos escapar de la responsabilidad.

CHUS: Pero nos dijiste que tú tenías un método para vencer la procrastinación, aunque era un método de alto riesgo.
DT: Así es. Bueno, hay que recordar que la procrastinación no consiste simplemente en ser perezoso o vago, porque casi siempre lo que sucede es lo contrario: en realidad hacemos muchas cosas, nos inventamos cualquier tarea absurda, con tal de no enfrentarnos a esa otra tarea. Y eso lo hacemos porque en gran parte lo que tenemos es miedo. Miedo a hacerlo mal. Y como no queremos enfrentarnos a ese miedo al fracaso, entonces posponemos esa tarea con cualquier excusa.

CHUS: Y no es solo una justificación. Es decir que el factor miedo es más importante que el factor pereza.
DT: Claro, no se trata solo de vaguería sin más, sino que se trata también de huir haciendo otras cosas, para escapar del miedo a hacerlo mal. Mientras no hacemos algo, todavía podemos pensar que es posible hacerlo bien, pero si nos ponemos a hacerlo y fracasamos, entonces corremos el peligro de descubrir nuestra incapacidad. Así que es mejor seguir en la ignorancia: soñar con que seríamos capaces de hacerlo… siempre y cuando nos decidiéramos. Se dice que la diferencia entre los llamados genios y el resto de nosotros no es que no pensemos las mismas cosas unos y otros, sino que ellos, los genios, además de pensarlas las hacen.  Es decir, que vencen a la procrastinación.

CHUS: Se enfrentan al desafío. Y al miedo al fracaso también.
DT: Sí. No sé si te has fijado en el alto porcentaje de alumnos de la universidad que superan los primeros años con cierta facilidad, pero que tardan varios años en terminar el último año, a veces tardan años en quitarse las dos o tres asignaturas que les quedan.

CHUS: Pues sí, la verdad es que conozco algunos casos, tengo compañero míos que procrastinaron la última asignatura sin límite. Es como si no se quisieran ir de la universidad.
DT: Y eso es lo que sucede, sin duda. No por amor a la universidad en sí, sino más bien por temor al mundo exterior. Porque cuando terminamos la carrera, el master o el grado, no tenemos más remedio que aceptar que ya no somos estudiantes, que ahora estamos de lleno en el mundo laboral, que tenemos que ganarnos la vida, que todo cambia. Y esto nos sucede incluso aunque antes de terminar la carrera estemos ya trabajando. Pero es un antes y un después que percibimos de alguna manera. Fin del mundo de estudiante, comienzo del mundo del trabajador.

CHUS: Es decir, que en esto de posponer las cosas, de dilatarlas, de procrastinar, no solo influye  el miedo al fracaso, sino incluso el miedo al cambio. A mí me recuerda el mundo de Nunca Jamás, el miedo a hacerse adulto.
DT: ES verda, muy buena comparación. Cambiar no es nada fácil cuando nos acostumbramos a algo. Ahora se dice eso de que hay que atreverse y salir de la zona de confort, que parece como anuncio de Ikea. A mí me gusta más compararlo, sin ninguna pretensión científica por supuesto, solo como una metáfora, con aquella ley de la física que dice: “Un cuerpo permanece en reposo o en movimiento uniforme a no ser que una fuerza actúe sobre él”. Si ninguna fuerza nos mueve del lugar, podemos seguir ahí parados o dando vueltas eternamente.

CHUS: Claro, si no nos obligan en cierto modo a cambiar, la tendencia natural es a quedarnos parados o haciendo lo mismo todo el rato.
DT: Sí, ya lo decía un tal Parkinson, que es un antecesor de aquel famoso Murphy de la Ley de Murphy que decía “Si algo puede salir mal, entonces saldrá mal”. Parkinson escribió antes que Murphy un libro muy divertido, del que también hablaremos. Y respecto a lo de dilatar la resolución de un problema o la terminación de una carrera universitaria o hacer un trabajo, propuso la Ley de Parkinson: “Todo trabajo se expande el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine”. Si para hacer un trabajo nos dan un mes, tardaremos un mes. Si nos dan dos semanas lo haremos en dos semas. Si nos dan dos días lo haremos en dos días. El mismo trabajo. Como me dijo una secretaria de la Facultad cundo le lleve los documentos para la matrícula: “Usted otra vez. Si el curso terminara  el 1 de septiembre, usted traería los documentos el 31 de agosto”.

CHUS: Vaya, entonces parece que un buen método es poner plazos, plazos más cortos, quiero decir.
DT: Sin duda, es uno de los métodos más efectivos. Yo mismo acabo de entregar un libro y si no hubiera sido hoy el día final, habría tardado varias semanas en hacer lo que he hecho. Se han hecho experimentos en universidades para ver qué es más efectivo al hacer frente a un trabajo universitario importante. Primero, proponer a los alumnos que ellos mismos se pongan los plazos de entrega del trabajo final. Segundo, que el profesor les vaya recordando cada cierto tiempo que tienen que entregar ese trabajo. Tercero, que el profesor les ponga fechas estrictas en las que tiene que ir entregando cada parte del trabajo. El resultado es que cuando se les ponen fechas estrictas entregan el trabajo la mayoría. Cuando se les recuerda regularmente la tarea, lo entrega un porcentaje medio. Pero cuando se deja que ellos mismos se pongan los plazos, prácticamente ningún alumno entrega el trabajo y si lo entrega es un desastre.

CHUS: Y lo mismo sucede en el mundo laboral, claro.
DT: Pues sí, pero allí las condiciones son más duras que en la universidad. Por eso, aunque yo soy bastante contrario a los exámenes, al menos en carreras no científicas, como lo que yo enseño (guión, dirección, creatividad y literatura), tengo que reconocer que poner ciertas pruebas y plazos ayuda a los estudiantes, tanto a hacer las cosas y vencer la procrastinación como a prepararse, como suele decirse, para el mundo real. Es decir, para el mundo del trabajo.

CHUS: Depende también de la materia que se enseñe…
DT: Claro, en las materias científicas. POr ejemplo, en medicina hay que poner exámenes rigurosos, porque no vas a arriesgarte a que maten a uno en la operación. Pero en las que yo enseño, literatura, guión, creatividad. no es tan necesario, excepto por este sentido de poner un plazo.

CHUS: Claro, porque si no seguiríamos posponiendo eternamente todo y quizá aprenderíamos mucho menos. Pero, espera un momento. Tú habías prometido que nos ibas a contar un truco para vencer la procrastinación…. Pero no te referías a esto de poner plazos, ¿verdad?
DT: Pues la verdad es que no, lo que iba a contar hoy era otro método y  no este de ponerse plazos. Pero es que cuando uno habla de procrastinar no puede evitar procrastinar, y esta es la segunda semana que procrastino… Mi método es un poco diferente, pero hoy ya no da tiempo a contarlo, así que creo que lo mejor es posponerlo.

CHUS: Entonces lo posponemos para el próximo programa.
DT: Sí, mucho mejor.


RECOMENDACIÓN CREATIVA

CHUS: Bueno, Daniel, aquí tenemos la impresionante música que nos dice que hoy también nos traes una recomendación creativa.
DT: Como hemos hablado de la Ley de Murphy y de la Ley de Parkinson, voy a recomendar sus libros, porque este tipo de libros que te muestran paradojas como que “Si algo tiene que salir mal, entonces saldrá mal” o que “El tiempo en el que se realiza una tarea se expande hasta ocupar todo lo que hay disponible” son muy buenos para que nos demos cuenta de ciertas paradojas y a veces poder hacerles frente por la vía del humor. Así que hoy, para empezar, voy a recomendar un libro dedicado a la Ley de Murphy.

CHUS: Vamos con el de Murphy entonces.
DT: Se llama, claro, La ley de Murphy, y es un libro que fue escrito por Arthur Bloch. Bloch cuenta la historia de la Ley de Murphy y habla también del famoso caso de la tostada que siempre cae por el lado de la mantequilla.

CHUS: Ah sí, es verdad, ya me acuerdo de eso, y puedo dar fe de que sucede así.
DT: Sí, aunque hay una manera de evitarlo. Si enfrentamos la ley de la tostada con esa otra ley que dice que un gato siempre cae de pie. Entonces, puesto que un gato siempre cae de pie y una tostada siempre cae por el lado de la mantequilla, entonces, ¿qué sucedería si atamos una tostada con mantequilla al lomo de un gato y lo tiramos desde cierta altura?

CHUS: Anda… pues sí que es un problema complejo. Porque claro, si el gato ce de pie, se podría decir que la tostada NO ha caído por el lado de la mantequilla…
 DT: Claro, y si cae por el lado de la mantequilla, entonces no podría caer el gato de pie.

CHUS: ¿Y entonces qué sucedería?
DT: Según me han dicho, lo que sucedes es que el gato y la tostada se quedan dadon dando vueltas infinitamente en el aire, puesto que no puede suceder ni que el gato no caiga de pie ni que la tostada no caiga por el lado de la mantequilla.

CHUS: Vaya, pues entonces ya sé que si quiero untar una tostada necesito un gato.
DT: Sí, aunque no te garantizo que funcione. Desde aquí invitamos a nuestros oyentes a que lo prueben y nos cuenten los resultados.

CHUS: Y ese libro está traducido al español, ¿no?
DT: Pues sí, se ha editado en España varias veces, por ejemplo en Círculo de lectores y en la editorial Temas de hoy. Es fácil conseguirlo.

 


José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… En el enlace también puedes escuchar los podcast de los programas.


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