Inspiración o plagio: Platón, Matrix y la tensión sexual no resuelta

|| Una cita con las musas /17

José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… Aquí puedes escuchar Una cita con las musas, en un programa en el que Chus Natera y Daniel Tubau hablan acerca de la inspiración, el plagio, la tensión sexual no resuelta y Luz de Luna, entre otras cosas.

 



CHUS: Hola Daniel, ¿de qué vamos a hablar hoy?
DT: Vamos  hablar de copias, plagios y homenajes como instrumentos creativos.

CHUS: Ah, muy bien, pues cuéntanos…
DT: Cuando queremos por ejemplo escribir un libro o componer una canción o diseñar un traje o simplemente resolver un problema que requiere inventiva e imaginación, solemos echar mano de lo que ya conocemos, como es obvio. Por ejemplo, si nos han encargado escribir una serie de policías, lo que solemos hacer es ponernos a ver series de policías una tras otra, para buscar ideas.

CHUS: Y sospecho que eso no es una buena idea, ¿no?
DT: Bueno, es una fase necesaria del proceso creativo, de la investigación y la documentación. Es cierto que tenemos que conocer el mundo en el que nos movemos, que nos puede inspirar ver series que tengan relación con lo que queremos hacer, que incluso nos puede ayudar a resolver ciertos problemas, pero si nos limitamos a ver serie de policías, lo más probable es que acabemos escribiendo un guion completamente previsible, demasiado parecido a todo lo que hemos visto.

CHUS: O incluso podemos acabar haciendo un plagio, ¿no?
Pues sí, ese riesgo es real. Porque no solo existe el plagio a propósito, sino también el inadvertido. Muchas veces copiamos sin darnos cuenta. Cuando a veces se nos ocurre una idea brillante y empezamos a escribir sin parar, lo que suele pasar es que en realidad no estamos imaginando, sino recordando. Nos decimos: “¡Caramba, cuántas ideas se me están ocurriendo!” Pero en realidad no estamos creando algo nuevo, sino copiando algo que vimos la semana pasada o hace más tiempo, pero sin ser conscientes. Por eso, aunque es estupendo escribir sin pensar demasiado, llenar hojas sin pararnos a reflexionar, también después hay que revisarlo con atención, para evitar los tópicos y los plagios inadvertidos.

Claro, y eso puede suceder a menudo si somos guionistas y estamos todo el tiempo viendo series de televisión.
Claro, es lo más normal. Si solo nos movemos en nuestro propio medio, entonces es muy difícil escapar de la copia y el plagio. Te pongo un ejemplo. No sé si has visto la serie Luz de Luna.

CHUS: Era una de detectives pero cómica, ¿verdad?
DT: Sí. La protagonizaba Cybill Shepard y un Bruce Willis muy jovencito, cuando todavía tenía pelo (en la cabeza). Pues bien, Bruce Willis era un detective y Cybil Sheppard la dueña de la agencia y entre ellos ya desde el primer capítulo se establecía lo que los guionistas llamamos Tensión Sexual no resuelta.

CHUS: Ah, yo creo que sé lo que eso, pero mejor se lo contamos a nuestros oyentes.
DT: La TSNR es un mecanismo narrativo, un pequeño truco para mantener el interés de los espectadores durante muchos capítulos. Consiste en anunciar o anticipar algo que después no sucede, por ejemplo que los protagonistas se van a dar un beso, que se van a acostar, o que se van a casar, como en Médico de familia… pero después van pasando los capítulos y eso no sucede…

CHUS: Claro, y eso pasaba ( o no pasaba, quiero decir) en Luz de Luna, la serie de Bruce Willis y Cybill Sheppard.
DT En efecto, ya desde el primer capítulo se planteaba entre ellos una gran tensión erótica o amorosa, pero iban pasando los capítulos y las temporadas y nunca se enrollaban… Pues bien, el productor de Luz de luna contaba que cuando un guionista que quería trabajar en la serie enviaba un guión de prueba, era muy frecuente que escribiera, por ejemplo, una escena en la que los dos protagonistas eran secuestrados y los ataban de espaldas uno con otro y, claro, cuando intentaban liberarse, se tocaban y había mucha tensión sexual… Pues resulta que esa escena la enviaron varios guionistas diciendo que era súper original y en realidad salía en el capítulo 4 de la serie. Los guionistas creían que estaban imaginando, pero en realidad estaban recordando sin darse cuenta. Copiando.

CHUS: Y por eso, como decías, hay que tener cuidado con las ideas que nos parecen súper brillantes y además conviene, como decías, mirar cosas diferentes.
Claro, yo creo que un buen consejo para un escritor es mirar cosas muy diferentes. Por ejemplo, si estás escribiendo un ensayo acerca de China, como acabo de hacer yo en estos meses, es imprescindible leer muchos libros chinos, claro, varias decenas, pero también puede ser bueno leer algo completamente diferente, por ejemplo, libros de ciencia ficción o de biología, o una novela que trascurre en Colombia o Cuba. De esta manera es más posible que se te ocurran cosas imprevistas e inesperadas, que establezcas conexiones que no son tan evidentes, que escribas de manera diferente a como lo hacen quienes han escrito ya sobre ese tema.

CHUS:  Y además así te arriesgas menos a plagiar.
Pues sí, porque aunque veas o leas cosas parecidas a lo que estás haciendo, esas otras cosas diferentes te pueden dar una punto de vista diferente, una perspectiva inesperada. Además, hay una paradoja muy interesante que dice: “Cuanto más copias menos copias”

CHUS: A ver explícame eso…
DT: Quiero decir que si copias o te inspiras en uno solo, pues es difícil que lo que hagas no sea un plagio, pero si te inspiras en diez o veinte, entonces lo que tú hagas será una mezcla que difícilmente se  puede considerar un plagio. Inevitablemente será algo nuevo.

CHUS: Me podrías poner un ejemplo de un caso real…
DT: Un buen ejemplo es la película Matrix, de los hermanos Wachowski, que se inspira en muchas cosas a la vez pero no copia solamente a una. Se inspira, por ejemplo, en las películas de artes marciales típicas de Hong Kong, el género Wuxia, pero también se inspira en Alicia en el país de las maravillas, y también se inspira en la Biblia y en el mesías Jesucristo, y también en los dibujos animados japoneses o anime, y sobre todo se inspira en el mito de la caverna de Platón, esa fábula en la que hay varios hombres encadenados en una caverna que creen que están viendo la realidad, pero que en realidad están viendo las sombras de objetos que alguien está proyectando detrás de ellos. Eso es Matrix, la diferencia entre un mundo real y uno creado por una simulación de ordenador…

Claro, pero al tener tantas fuentes de inspiración como tenía Matrix, hay menos peligro de plagio.
Así es, aunque en el caso de Matrix se da una paradoja, porque se dijo que los hermanos Wachowsky, que ahora son las hermanas Wachowsky, en realidad si plagiaron, pero no a Platón, a Alicia en el país de las maravillas o a los dibujos animados japoneses, sino a una guionista llamada Sophia Stewart..

CHUS: ¿Ah sí? ¿Qué me estás diciendo?
Pues sí, Stewart los llevó a juicio y algunos dicen que logró demostrar que tanto ellos como sus colaboradores habían usado el guión de esta guionista y que en las últimas versiones incluso se dio la instrucción de cambiar algunas cosas para que no se notase tanto el plagio.

CHUS: Entonces hubo plagio…
DT: Parece que al final no, por lo que he podido averiguar estos días. Al parecer, aunque hubo juicio, los o las Wachowsky que lo ganaron, aunque de tanto a tanto se propaga el rumor de que lo ganó Stewart. La guionista, sin embargo, también dice que escribió el guión de Terminator. Y no sé si ha ganado o no el juicio.

CHUS: Bueno, en cualquier caso, mientras no venga Platón a reclamar por lo de la caverna… atribuimos Matrix a las hermanas Wachowsky.
DT: Pues sí Y por cierto, que copiar a Platón es mucho más seguro y es incluso una buena manera de copiar sin copiar: tomar un clásico y actualizarlo o incluso futurizarlo. Porque eso no se considera plagio, sino como mucho homenaje. Es un truco que usa mucho Tarantino. Y es perfectamente legítimo[1].

CHUS: Por cierto, ¿y qué pasó en Luz de Luna al final, ¿se enrollaron o no?
DT: Pues sí, al final sucumbieron a la tentación. Y entonces la audiencia cayó en picado y tuvieron que cancelar la serie. En el último capítulo lo contaron los propios personajes, que les cerraban la serie por haber matado la tensión sexual no resuelta.

RECOMENDACIÓN CREATIVA

CHUS: Y la recomendación de hoy, Daniel, ¿cuál será?
DT: Bueno, pues como ya recomendamos Alicia en el país de las maravillas en otra cita con las musas, hoy podemos recomendar al mismísimo Platón, ya que hemos mencionado su mito de la caverna.

CHUS: Ah, muy bien, porque así podemos hacer como los o las Wachowsly y copiar sin copiar.
DT: Pues sí, porque los diálogos son una fuente de inspiración inagotable.  Están llenos de historias curiosas, como al de la caverna. Por ejemplo, fue Platón quien se inventó el mito de la Atlántida.

CHUS: ¿Ah, sí? No me digas.
DT: Pues sí, el mito de la Atlántida lo cuenta en sus diálogos Timeo y Critias, como una gran civilización que existió 9000 años antes de su época. En fin, también en La República, que es donde se encuentra el mito de la caverna, se cuenta esa utopía de una República gobernada por sabios y en la que los poetas tienen prohibida la entrada y los hijos son compartidos por toda la comunidad. Se considera una utopía precursora del comunismo y también del fascismo.

CHUS: Pero Platón tiene muchos diálogos. ¿Por cuál empezar?
DT: para alguien que quiera empezar  conocer a Platón, probablemente lo mejor es comenzar por El banquete, que es divertido y entretenido, pues se trata de una reunión de bebedores que cuentan sus teorías acerca del amor. 

CHUS: De acuerdo. ¿Y recomendamos alguna editorial?
DT: Los diálogos de Platón se han editado en muchas editoriales en español. Naturalmente la más fiable es la Biblioteca Clásica Gredos, que los ha editado en su edición de lujo y en libros de quiosco. Pero también están, por ejemplo en lianza editorial.


[1] Enlace al plagio: http://newsfeed.time.com/2013/11/22/inside-the-billion-dollar-matrix-lawsuit-one-of-the-internets-most-pervasive-hoaxes/

 

 


En el enlace también puedes escuchar los podcast de los programas. Emitido el 18 de abril de 2018


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El dilema de Monty Hall

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José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… Aquí puedes escuchar Una cita con las musas, en un programa en el que José Luis y Daniel hablan acerca de uno de los problemas más célebre de la historia, “El dilema de Monty Hall”.


TRANSCRIPCIÓN

JLC: Buenas tardes, Daniel. Veo que hoy traes preparado algún tipo de juego… (Tengo que decir a los oyentes, que Daniel tiene en su mano varios naipes en este momento).

DT: Así es. He traído estos tres naipes porque quiero plantearte, a ti pero también a nuestros oyentes un célebre dilema. Se trata del dilema de Monty Hall.

 

JLC:  Ah, estupendo, como no sé quién es Monty hall, pues tampoco sé qué dilema podía tener ese hombre.

DT: Monty Hall ha sido probablemente el presentador más famoso dela televisión norteamericana, o al menos del género de concursos. Durante casi treinta años, desde 1963 a 1990, presentó el concurso más famoso, con millones de espectadores de audiencia, que se llamaba Let’s make a deal, es decir “Hagamos un trato”. En realidad, aquí en España nuestro concurso más famoso estaba inspirado en el de Monty Hall, me refiero a “Un, dos, tres, responda otra vez”.

 

JLC: Ah, el Un, dos, tres sí que lo conozco, por supuesto, el concurso creado por Chicho Ibáñez Serrador.

DT: Pues Chicho tomó la idea principal, la de la subasta final, de Let’s Make a Deal. Lo curioso es que primero lo hizo en Argentina, con el título Un, dos, tres…. Nescafé. Adivina quién era el patrocinador.

 

JLC: Ja, ja, claro, es evidente, pero no lo voy a decir, que es publicidad…

DT: te acordarás que en el Un, dos, tres, cuando quedaba ya solo una pareja, el juego consistía en que tenían que elegir entre diferentes objetos que les iban dejando diversos invitados, como cantantes o humoristas…

 

JLC: Sí, claro y que los presentadores, por ejemplo Mayra Gómez Kemp les ofrecían al final dinero a cambio de no quedarse con el objeto, y que intentaba engañarles para que no se llevasen el apartamento en Torrevieja.

DT: Pues eso era lo que pasaba en el concurso original, el de Monty Hall, que también ofrecía a los concursantes regalos o dinero para tentarlo a que no eligieran lo que había detrás de una cortina o detrás de uan o dos puertas…

 

JLC: vale, eso ya lo he entendido, pero qué dilema tenía Monty Hall…

DT: Bueno, en realidad no es un dilema que tuviera el propio Monty Hall, sino que a alguien se le ocurrió plantear un dilema inspirándose en Monty Hall. En este dilema, se suponía que Monty Hall ofrecía a los concursantes elegir entre tres puertas, pero antes les decía que detrás de una de las puertas había un automóvil último modelo, y detrás de las otras dos puertas había dos cabras. Es decir, que había dos cabras y un coche. Como aquí en el estudio no tenemos puertas suficientes, me he traído estas tres cartas, y como puedes ver una de ellas tiene en el reverso un automóvil, mientras que las otras dos tienen cada una cabra.

 

JLC: Sí, puedo dar fe de lo que dice Daniel: en una de las cartas hay un Ferrari y en las otras dos simpáticas cabras.

DT: Bueno, pues yo voy a mezclar estas cartas para que no sepas cual es cual y las voy a poner aquí boca abajo como si fueran tres puertas.

 

JLC: Ahora Daniel está mezclando las cartas sin que yo las vea… y ahora las pone sobre la mesa, alineadas boca abajo.

DT: Bueno, pues yo soy Monty Hall y te digo: “A ver, José Luis, ya sabes que detrás de estas puertas hay una cabra y dos coches. Y ahora tienes que elegir cuál de las puertas quieres, la primera, a la izquierda, la segunda, en el centro, o la tercera, a la derecha.

 

JLC: Vaya, yo quiero el coche, claro. A ver, déjame pensarlo… Pues me quedo la del centro (ELIGE LA QUE TÚ QUIERAS).

DT: Muy bien pues la separamos un poco para que quede claro que esa es la que has elegido. Y ahora Monty Hall te dice: “Bien, bien, bien, así que te has decidido por la carta del centro. Pues ahora, como me has caído bien, te voy a dar una oportunidad. Mira, voy a levantar una de las cartas que no has elegido y te voy a enseñar lo que hay detrás…A ver… levantamos la carta de la derecha… ¡Y aquí tenemos una cabra!

JLC: ¡Qué emoción! Todavía puedo tener el coche…

DT: Pero ahora viene lo bueno, porque te ofrezco cambiar de carta o de puerta. Puedes dejar la que elegiste, la del centro, y quedarte con la otra que todavía está oculta. ¿Qué me dices? ¿Quieres cambiar de carta?

 

JLC: Ah no, ni hablar, me quedo con la del principio.

DT: ¿Ah sí? ¿Y por qué?

 

JLC: Pues no sé, porque lo vi muy claro al elegir y no voy a cambiar ahora….

DT: La intuición te dice que el coche está debajo de esa carta…

 

JLC: Sí, yo creo que sí

DT: Bueno, en primer lugar hay que decir que cuando se ofrece cambiar de puerta casi nadie cambia. Una razón es lo que dices, que ha habido una intuición primera con la que cuesta romper. Otra razón es que se piensa que si cambias y resulta que el coche estaba en la que elegiste primero, te da la sensación de que tenías el coche y lo has perdido. Mientras que si no cambias y resulta que el coche está en la que no elegiste, te quedas sin coche pero en realidad nunca lo has perdido porque nunca lo has tenido.

 

JLC: Sí, es verdad, creo que eso también influye.

DT: Bueno, pues ahora piensa si, dejando a un lado la intuición y pensando de manera lógica, si puede haber una razón por la que sea mejor cambiar de carta.

 

JLC: Pues, la verdad es que no, no veo ninguna razón por la que sea mejor cambiar. Como quedan dos cartas, la que elegí y la otra, pues haga lo que haga tengo la mitad de posibilidades de llevarme el coche o de quedarme con la segunda cabra. ¿No?

DT: Eso parece, ¿verdad?

 

JLC: Sí, hay dos cartas, hay un coche y una cabra, por lo tanto 50 por ciento de probabilidades.

DT: Bueno, pues las cosas quizá no son tan sencillas. Pero no te voy a dar la respuesta hoy, sino la próxima semana.

 

JLC: Pero, bueno, ¿y no me vas a enseñar si me llevo el coche no?

DT: Eso a lo mejor sí, pero fuera de emisión, porque lo que vamos a proponer a nuestros oyentes es precisamente que piensen si es mejor o no es mejor cambiar de puerta. Y en el próximo programa explicaré también qué relación tiene el dilema de Monty Hall con el pensamiento creativo.

 

JLC: Es decir que esa va a ser tu recomendación creativa de hoy… Pues vamos con la música adecuada…

 

 

LA RECOMENDACIÓN CREATIVA

DT: Como ya he dicho, la recomendación creativa de esta semana consiste en pensar si existe o alguna ventaja en cambiar de puerta o de carta. Pero hay que aclarar que la pregunta no es si el coche está detrás de uan u otra puerta o detrás de una u otra carta Eso no es lo importante. Pudiera ser que esté detrás de cualquiera de las dos cartas que quedan sin descubrir, pero ese no el dilema de Monty Hall, sino si puede existir alguna ventaja en cambiar o no cambiar de puerta. Si hay alguna razón lógica, más allá de la intuición para elegir cambiar o elegir no cambiar.

 

JLC: Entonces, dejamos la pregunta en el aire hasta la semana que viene y nos quedamos con la intriga de la relación entre las cabras, los coches, las puertas y las cartas y la creatividad.

DT: Eso es. La solución la semana que viene. Eso sí, no vale hacer trampa y buscar la solución en internet. Lo bueno es intentar primero encontrar uno mismo la solución. Precisamente, uno de los rasgos de las personas creativas o que ayuda a la creatividad es intentar encontrar por  uno m ismo la solución a dilemas como este.

 


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|| Una cita con las musas /16

José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… Aquí puedes escuchar Una cita con las musas, en un programa en el que Alberto Cañas y Daniel Tubau hablan de la visión del experto y la del novato.


TRANSCRIPCIÓN

Alberto Cañas: Hoy me quedo menos anonado ante la sintonía de una cita con las musas, con Daniel Tubau. La semana pasada hablamos de cómo un novato, en el mundo del cine como Orson Welles trabajó con un experto, como el director de fotografía Gregg Toland y eso hizo posible una película tan increíble como Ciudadano Kane. Y creo que hoy vamos a hablar de algo parecido
Daniel Tubau: Hoy vamos a hablar de este asunto de mezclar la visión del experto con la del novato. Porque es cierto que se trata de una de las mejores recetas para escribir, para crear o incluso para resolver crímenes, como hace Sherlock Holmes. Esta receta consiste en adquirir experiencia, en entrenarse en el oficio, en primer lugar. Esto es la visión del experto y sería un gravísimo error pensar que podemos prescindir de ella. Cuando lo hacemos, nos creemos muy originales pero muchas veces lo único que acabamos ofreciendo es lo mismo de siempre. O lo que es peor, creando algo que en el mejor de los casos es aburrido o torpe y en el peor insoportable.

AC: Bien, aquí queda entonces reivindicada la visión del experto y el trabajo y la dedicación. Y sin embargo…
DT: Y sin embargo, también es cierto que muchas veces cuando nos convertimos en expertos empezamos a ponernos ciertos límites al pensamiento creativo e innovador. Cuando sabemos muy bien cómo se pueden hacer las cosas y cómo no se pueden hacer, puede suceder que ni siquiera se nos ocurra que hay otra forma de hacer las cosas. Y también que ni siquiera veamos los defectos de lo que hemos hecho, porque estamos convencidos de haber seguido un método que siempre funciona. O porque nos negamos a aceptar una solución porque no nos resulta familiar.

AC: Pero esta resistencia a aceptar cosas diferentes, que se salgan de lo ortodoxo, no se da solo en el mundo de los guionistas, escritores o artistas, ¿no?
DT: No, en realidad sucede en todos los ámbitos. También en la ciencia. Albert Einstein, por ejemplo, era un hombre tremendamente creativo y rompedor, pero, sin embargo, nunca pudo aceptar la física cuántica y pasó toda la última parte de su vida intentando refutarla, cuando quizá hubiera sido más interesante que colaborase en su desarrollo con más entusiasmo. Pero Einstein no podía aceptar el papel tan grande que la nueva física daba a la indeterminación o al azar. Por eso dijo aquella frase célebre: “Dios no juega a los dados”.

AC: Sí, esa frase la conozco, pero ¿qué quiere decir exactamente?
DT: No quiere decir que Einstein creyera en Dios, por supuesto, porque Einstein se declaraba agnóstico o bien aceptaba un difuso panteísmo al estilo de Goethe, el autor de Fausto, es decir, la creencia en que todo es Dios, que es casi lo mismo decir que nada es Dios. Pero lo que Einstein quería decir con que Dios no jugaba a los dados, es que creía que la física debía ser capaz de predecir el comportamiento de un electrón o un fotón, cosa que no hacía la física cuántica. Einstein pensaba que algo fallaba en la física cuántica y su opinión era que el azar al que recurrían sus colegas en realidad era ignorancia.

AC: Y eso le impidió colaborar con todas sus energías en la nueva física.
DT: Sí, así es. A pesar de probablemente que había sido el científico más original de la historia, porque su teoría de la relatividad es un salto de pensamiento imaginativo verdaderamente asombroso y más porque en gran parte se debió a su propio esfuerzo solitario. Pero lo de la indeterminación de la cuántica chocaba con su concepción de la física y de la realidad, así que se dedicó de manera incansable a intentar refutar a sus colegas, en vez de colaborar con ellos.

AC: A ver, voy a intentar traducirlo. Si lo he entendido bien, lo que quieres decir es que el hecho de que seas muy creativo e imaginativo en un momento dado no te garantiza que lo seas siempre.
DT: Claro. Hay otro ejemplo muy significativo, que precisamente tiene que ver con la teoría de la relatividad de Einstein. Es el del matemático Henri Poincaré del que ya hemos hablado en otra cita con las musas como uno de los pioneros en el estudio de la creatividad. Pues resulta que Poincaré dejó en uno de sus escritos una formulación que parece llevar a la teoría de la relatividad, años antes de que  Einstein la propusiera. Pero este hombre, que era muy imaginativo y que se había enfrentado a sus colegas en el terreno de la creatividad, pensó que eran tan absurdas las conclusiones a las que estaba llegando, que las descartó.

AC: Entonces, Poincaré tuvo en sus manos la oportunidad de proponer la teoría de la relatividad y la dejó pasar.
DT: Pues sí. Curiosamente hoy en día algunos en Francia reivindican a Poincaré como el verdadero creador de la relatividad, pero es una reivindicación que no tiene sentido porque Poincaré llegó a conocer la teoría de la relatividad de Einstein e incluso conoció a Einstein, por ejemplo en el Congreso Solvay de grandes científicos de 1929, y a pesar de que ya la comunidad científica había aceptado la relatividad, Poincaré siguió rechazándola. La conclusión de todo esto es que a veces nuestro juicio de experto, de alguien que sabe o cree saber cómo funciona la realidad, entorpece nuestra capacidad de aceptar innovaciones o cambiar de criterio.

AC: Entonces, es mejor no saber que saber.
DT: Sí, pero solo en cierto modo. Lo aconsejable es saber, pero, al mismo tiempo, no quedar bloqueado por las cosas que crees que son imposibles. A veces sucede que la solución de un enigma la da alguien que no sabe casi nada del tema, como en el caso del descubrimiento de la estructura del ADN en forma de doble hélice.

AC: Ah, ¿y cómo fue eso?
DT: El descubrimiento de esa curiosa forma en la que se organiza la molécula de ADN, como una especie de doble cinta que va girando sobre sí misma, fue realizado por Watson y Crick, que no eran químicos, pero que quizá precisamente por eso se atrevieron a dar el salto imaginativo para proponer una forma tan extraña.

AC: Porque quienes sí eran químicos no consideraban que una forma como esa fuera posible.
DT: A lo mejor si habrían aceptado que fuera posible, pero simplemente no se les ocurría algo tan extravagante porque estaban acostumbrados a otras estructuras.

AC: Es también algo así como mirar desde fuera…
DT: Sí. Mirar desde fuera, pero, eso sí, mirar lo que han hecho otros, los expertos. Por eso digo que las dos visiones son necesarias: la visión del novato y la del experto. Por otra parte, en el caso de Watson y Crick y el ADN, después se supo que también habían empleado el trabajo de una experta, de una investigadora química, Rosalind Franklin, que iba en esa dirección, e incluso el de un ayudante de esa investigadora que colaboró con Watson y Crick. Y ahora todo el mundo está de acuerdo en que ella tenía que haber recibido junto a ellos el crédito del descubrimiento y que merecía también el Nobel que recibieron Watson, Crick y el ayudante.  Aunque no podría haber recibido el Nobel porque cuando se lo dieron a ellos ya había muerto.

AC: Es decir que ella era la experta y ellos los novatos y de la mezcla de las dos perspectivas surgió el descubrimiento.
DT: Claro. Franklin dio algunas claves fundamentales sin las que el descubrimiento no se hubiera producido y tal vez ella podría haberlo descubierto por sí misma, pero quizá no tuvo la decisión de dar ese paso, como le sucedió también a Darwin, que pasó muchos años desde que elaboró su teoría evolutiva hasta que se decidió a publicarla porque otro investigador, Alfred Russell Wallace, propuso algo muy parecido.

AC: Claro, como sabían los problemas que podían surgir con cualquier hipótesis les costaba lanzarse…
DT: Eso parece y también hay que decir que es razonable esa prudencia, porque no vas a estar anunciando un gran descubrimiento cada dos por tres y luego arriesgándote a que se compruebe que es un error. Pero es cierto que muchas veces saber demasiado nos impide dar un paso decidido y se nos adelanta el novato que no tiene esos miedos y puede ver nuestro trabajo de una forma que quizá nosotros no vemos aunque lo tengamos delante, como le paso a Franklin y casi casi a Darwin.


RECOMENDACIÓN CREATIVA

La doble hélice: relato personal del descubrimiento de la estructura del ADN
James Watson (Alianza Editorial/Salvat)

AC: ¿Qué recomendación creativa tenemos hoy?
DT: Pues hoy, puesto que hemos hablado del descubrimiento de la doble hélice podemos recomendar dos libro estupendos escritos por sus descubridores, James Watson y Francis Crick, que cuentan todo el proceso creativo que llevó a qué Watson y Crick descubrieran la estructura de la doble hélice.

AC: Con la ayuda de Rosalind Franklin…
DT: Claro, con la ayuda de Franklin y del ayudante que compartió las investigaciones de Franklin con Watson y Crick. Es de Watson es libro que no debe asustar a quienes no sepan de química o biología molecular, porque es muy entretenido y permite darse cuenta de cómo puede nacer una idea. Una idea que, como dice el propio Watson, es quizá la más importante en la biología desde la teoría de la evolución de Darwin.

AC: Entonces, dinos los datos del libro.
DT: Se titula La doble hélice: relato personal del descubrimiento de la estructura del ADN,  escrito por James Watson. Se ha editado en Salvat y también en Alianza Editorial.

AC: ¿Y el otro libro?
DT: El otro, el de Francis Crick, es, creo yo todavía más interesante y entretenido. Se llama “Qué loco propósito”. Y es un gran libro de divulgación científica, en el que Crick, además de contar también el proceso creativo desde su punto de vista, defiende que la belleza y la verdad son sinónimas, algo que también creía más o menos Platón. Está publicado en Tusquets Editores. Muy recomendable

 

 


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Orson Welles y la visión del novato

|| Una cita con las musas /15

José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… Aquí puedes escuchar Una cita con las musas, en un programa en el que Alberto Cañas y Daniel Tubau hablan de la visión del novato.


TRANSCRIPCIÓN

ALBERTO CAÑAS: Hola Daniel, ¿de qué vamos a hablar hoy?
DT Vamos a hablar de la visión del aprendiz, del novato y de cómo a veces es mejor no saber algo que saberlo.

AC: Ah eso parece un poco extraño, ¿no? Porque se supone que cuando conocemos algo podemos resolverlo mejor…
DT:  En gran parte sí, por supuesto, pero a veces sucede todo lo contrario. Imaginemos a un arquitecto que está pensando en el diseño de un nuevo edificio. De manera natural, su mente le ofrecerá ideas basadas en otros edificios que ha visto, o que él mismo ha diseñado,  o que son famosos. Cada idea que tenga la comparará con lo que ya existe y si se le ocurre una idea muy diferente, enseguida se planteará los problemas de llevarla a cabo.

AC: Claro, supongo que si eres un arquitecto es inevitable que pienses en si el hormigón es suficientemente sólido, si las ventanas se pueden hacer triangulares, los costes que tendrá cada cosa…
DT Claro, todo lo que sabes te condiciona y te puede bloquear. Lo mismo sucede si quieres escribir un guión: escribes una escena y enseguida te acuerdas de otra escena parecida en una película de los años 40. Yo tengo un amigo guionista que siempre recuerda una escena que se parece a algo que estamos escribiendo…

AC: Es que también se han hecho ya tantas películas y tantos edificios, que encontrar algo nuevo debe ser muy difícil.
DT: Sí, especialmente en esta época, en la que estamos muy obsesionados con la originalidad. Pero la verdad es que como dices se han hecho ya decenas de miles de películas, cientos de miles de canciones y millones de edificios. Mi padre siempre decía que quien se cree original es que no conoce la inmensidad de su ignorancia.

AC: Vaya, pero eso puede ser también una causa para bloquearnos. Por un lado ver los problemas que surgirán al desarrollar cualquier idea, y por otro la sensación de que todo ya está hecho.
DT: Pues sí, pero no hay que preocuparse tanto por la originalidad, que es un asunto que trataremos en otra de nuestras citas con las musas… Pero en lo que se refiere a la visión del experto, muchas veces tenemos que desaprender lo que ya sabemos y recuperar, al menos en ciertos momentos, la mirada del aprendiz o del novato de la que hablan algunos budistas.

AC: Ah, no sabía que el budismo tenía que ver con la creatividad…
DT: Sí, claro, el budismo es una de las filosofías más ingeniosas e inventivas, aunque a veces también caiga en el dogmatismo. Hay una anécdota del zen, el budismo japonés, que cuenta que un profesor alemán fue a un monasterio zen para hablar con un maestro muy célebre. En cuanto se vieron, el profesor alemán empezó a discutir cada cosa que le decía el maestro zen. En un momento dado, el monje le preguntó al profesor si quería tomar un té. El profesor dijo que por supuesto y acercó su taza. Y entonces el monje comenzó a verter el té en la taza, pero aunque la taza se llenó y el té ya se caía por los bordes, el monje seguía echando té.

AC: ¿Y qué hizo el profesor?
DT: Le preguntó al monje que por qué seguía echando té, si la taza ya estaba llena y no cabía más. Así que el monje le respondió que eso era precisamente lo que pasaba con la mente del profesor: estaba tan llena de conceptos dogmáticos y de ideas hechas, que era imposible que en ella entrarán ideas diferentes como las que él le estaba proponiendo. Así que antes de pretender entender todo lo que quería aprender, el profesor debía vaciar un poco su mente y dejar espacio para nuevas ideas.

AC: Ah, pues es una historia muy simpática y una metáfora muy ingeniosa.
DT: Sí y muestra algo bastante cierto: que muchas veces nuestras ideas previas nos impiden entender algo nuevo o siquiera escucharlo con atención. En realidad la historia podría haberse dado a la inversa, y que el monje zen visitara al profesor con la mente llena de prejuicios. No es una cuestión de oriente y occidente o misticismo o ciencia, aunque muchos la interpretan así, sino de ser capaz de escuchar algo nuevo sin dejarnos llevar por nuestros prejuicios e ideas previas. Es lo que los escépticos griegos y latinos llamaban la epojé o suspensión del juicio. No siempre tenemos que juzgar o examinar las cosas.

AC: Es decir, que tenemos que poner en suspenso lo que sabemos…
DT: Claro, recuperar la visión ingenua, para no ser condicionados de manera radical por lo que ya sabemos. Volver a ser aprendices. Decía Oscar Wilde, que antes de interpretar una obra de arte, debemos entregarnos a ella sin condiciones. Por ejemplo, pensemos en Orson Welles, al que sin duda conocen todos los oyentes.

AC: Sí, por supuesto, es uno de los más grandes directores de cine. ¿Quién no conoce su gran película Ciudadano Kane, que muchos consideran la mejor de la historia?
DT: Pues resulta que Welles antes de hacer Ciudadano Kane había hecho sobre todo teatro y teatro en la radio con el Mercury Theatre, su compañía, como cuando hizo La guerra de los mundos, la adaptación de la novela de H.G. Wells…

AC: Sí, una adaptación hecha en forma de reportaje que los oyentes creyeron que era real y pensaron que los marcianos nos habían invadido. Hubo hasta suicidios.
DT: Así es. Era un genio del teatro y de la radio, pero cuando Orson Welles llegó a Hollywood no sabía nada de cine. Y lo curioso fue que el director de fotografía más famoso del mundo, que era Gregg Toland, pidió trabajar con él. Y lo pidió porque sabía que Orson Welles era un novato, un aprendiz, y que no sabía nada de cine.

AC: ¿y entonces por qué quería trabajar con él?
DT: Porque sabía que era muy ingenioso e innovador, con una imaginación desbordante, y, por eso, estaba seguro de que le pediría cosas absurdas que nadie que supiese de cine se le ocurriría pedir. Le apetecía ese desafío de enfrentarse a algo imposible y encontrar la solución.

AC: Claro y en Ciudadano Kane se hicieron muchas cosas que no se habían hecho antes. ¿No?
DT: Sí, efectivamente, hay planos donde parece que hay una grandísima profundidad, que el lugar se prolonga de manera casi infinita y lo que hay en realidad son recortables que fingen la perspectiva y crean profundidad. O también en otra escena, la cámara traspasa una claraboya de cristal mediante un ingenioso truco, porque en realidad no la atraviesa. En otra escena hicieron un agujero en el suelo para coger un contrapicado del protagonista, de Kane, en el que se representa un hombre todopoderoso.

AC: Sí, en esa película hay planos realmente asombrosos.
DT: Sí, pero fíjate que en una ocasión otro gran director, Peter Bogdanovich, le preguntó a Orson Welles qué le parecía lo que había pasado en París, donde en una conferencia de prensa un periodista preguntó a Chaplin: “Perdone señor Chaplin, pero he observado que en sus películas nunca hay ningún plano interesante”. Y entonces Chaplin respondió:  “Por supuesto que no hay planos interesantes en mis películas, porque yo soy interesante”.
Y entonces Orson Welles le dijo a Bogdanovich: “Y tenía toda la razón Chaplin. Yo tampoco he hecho nunca un plano interesante, porque todas las decisiones que he tomado al decidir un plano han sido porque quería contar algo concreto, por ejemplo la soledad de Kane cuando le llega el triunfo, cuando hice el agujero en el suelo, para mostrarlo como un titán, pero también como un hombre aislado de los demás y completamente solo. Pero nunca he hecho un plano porque fuese interesante, hermoso o deslumbrante”.

AC: Pues eso es muy paradójico, porque Welles es conocido como el director de los planos interesantes.
DT: Welles no hacía virtuosismo, lo ponía todo al servicio de lo que quería contar y del problema que quería solucionar. Buscaba soluciones a los problemas narrativos. Pero, volviendo a lo que estábamos diciendo: lo interesante de todo esto es que Welles, precisamente porque no sabía nada de cine, se atrevía a pedir cosas que ningún director experimentado le pedía a Gregg Toland.

AC: Así que una buena mezcla sería la de un experto como Toland y un novato como Welles, trabajando juntos.
DT: Pues sí, porque, claro, si no hubiera tenido a Toland, Welles seguramente no habría podido hacer realidad lo que imaginaba.


RECOMENDACIÓN CREATIVA

Cómo se hizo Ciudadano Kane

Robert L. Carringer (Editorial Ultramar)

AC: ¿Y la recomendación creativa de hoy, Daniel, ¿será de budismo zen o de cine?

DANIEL: Será de cine, el zen lo dejaremos para otra ocasión. Puesto que hemos hablado de Orson Welles y Gregg Toland en Ciudadano Kane, creo que un buen libro puede ser un ensayo acerca de cómos e hizo Ciudadano Kane.

AC: Ah muy bien, ¿y qué libro es ese?
DT: Bueno, hay muchos, porque seguramente Ciudadano Kane es la película acerca de la que se han escrito más libros, pero recomendré uno que es breve pero muy interesante y que está traducido al español. SU título es precisamente Cómo se hizo Ciudadano Kane. Su autor es Robert Carringer. El libro recorre todos los aspectos técnicos y creativos del proceso creativo que llevó a hacer posible la película y muestra precisamente esta mezcla entre la visión de los expertos de la productora RKO y del novato en cuestiones cinematográficas Orson Welles y cómo las dos cosas son buenas si se saben mezclar y equilibrar bien.

AC: Pues entonces dejamos aquí esta recomendación, ¿nos la repites otra vez?
DT: Sí. El libro está escrito por Robert Carringer y se llama “¿Cómo se hizo Ciudadano Kane. Lo publicó la editorial Ultramar.

 


José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… En el enlace también puedes escuchar los podcast de los programas.


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Ursula K. Le Guin y la confianza del escritor

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José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… Aquí puedes escuchar Una cita con las musas, en un programa en el que Chus Natera y Daniel Tubau hablan de Ursula K. Le Guin y sus métodos para escribir.


 

TRANSCRIPCIÓN

Ursula K. Le Guin y la confianza del escritor

 

CHUS: Buenas tardes, Daniel. ¿Qué nos espera hoy en una cita con las musas?  

DT: Nos espera una gran escritora y una de mis favoritas, y cuando digo favoritas aquí me refiero tanto a hombres como a mujeres, a escritores y escritoras. Se trata de Ursula K.Le Guin.

 

CHUS: Ah, es una gran escritora de ciencia ficción, y creo que murió hace poco.

DT: En efecto, murió el mes pasado. Es verdad que escribía novelas de ciencia ficción, aunque a ella no le gustaba mucho el término, y prefería algo así como ficción especulativa o simplemente decía que era escritora. Escribió muchos libros extraordinarios, como La mano izquierda de la humanidad, El nombre de este mundo es bosque, que muchos consideran la inspiración de Avatar, o Un mago de Terramar, que también muchos consideran la inspiración de la saga de Harry Potter, o Los desposeídos, que es una utopía anarquista.

CHUS: Ah, sí, porque ella también se declaraba anarquista.

DT: Así es, anarquista del sector Kropotkin no del de Bakunin, es decir no violenta.  Y también decía que era taoísta. Pero ella siempre fue todo de manera muy inteligente, nunca fue una fanática ni simplificó las cosas y en Los desposeídos muestra que el anarquismo también tiene sus problemas, incluso en esa sociedad utópica.

CHUS: ¿Y qué nos puede contar Ursula K. Le Guin de la creatividad?

DT: Muchas cosas, porque ella decía que la imaginación es la herramienta más útil que posee la humanidad y dio talleres literarios y aconsejó a otros escritores, aunque decía que enseñar a escribir no se puede realmente. Cosa que es bastante cierta. En este tipo de asuntos, los profesores lo único que podemos hacer es señalar, como decía Agustín de Hipona. Pero aprender solo puede aprender la persona que decide hacerlo, quizá estimulada por buenos consejos.

 CHUS: Pero no vamos a hablar de la ciencia ficción de Ursula K. Le Guin, ¿verdad?, sino de su proceso creativo.

DT: Claro. A ella le interesaba mucho este tema. En uno de sus ensayos breves que se llama “Una cuestión de confianza”, Le Guin cuenta un poco su proceso creativo y dice que un escritor debe confiar en sí mismo, en la historia y en el lector para escribir algo que valga la pena. Confiar en uno mismo, dice, es algo que se adquiere con la práctica, aunque es cierto que cuando estás empezando tienes que confiar en ti un poco a ciegas y fingir, y lo curioso es que si finges bien, al final te lo crees y funciona. Es como eso de ponerse un lápiz en la boca para mover los músculos de la sonrisa y así animarnos un poco.

CHUS: Ah, muy interesante. Un poco de fingimiento puede llevar a algo bueno… ¿Y lo de confiar en la historia?

DT: Con eso se refiere a que en un cierto momento te tienes que dejar llevar por la historia, renunciar a  tener el control, pero solo en un cierto momento

 

CHUS: Bien. ¿Y en qué momento sucede eso?

DT: Ella lo cuenta de una manera que coincide mucho con los estudios acerca del proceso creativo, de los que ya hablamos en una ocasión al tratar de las fases de la creatividad propuestas por el pionero en la investigación creativa Graham Wallas. Se trata, dice Le Guin en primer lugar de planificar, leer mucho, escribir muchos borradores, hacer planes de todo tipo. Pero llega un momento en el que cuando eso empieza a funcionar, te dejas en cierto modo arrastrar por la historia.

 

CHUS: Pierdes el control.

DT: Eso es. Le Guin dice que puede sonar muy místico eso de que la historia te lleve, pero que no lo es. En realidad, dice, podemos ceder el control porque la práctica y la planificación nos ha permitido automatizar la mayoría de los aspectos de la escritura. Ella insiste mucho en que esto no tiene nada que ver con todas esas teorías que dicen que hay que cerrar el intelecto y pensar con el lado derecho creativo del cerebro. 

CHUS: Ah, eso es una cosa de la que se habla a menudo, lo del cerebro creativo…

DT: Sí, pero la teoría de los dos hemisferios cerebrales, uno creativo y otro lógico y racional, fue descartada hace ya muchos años, aunque todavía hay personas que la repiten y elaboran teorías absurdas acerca de ese supuesto hemisferio creativo, que no existe. Para escribir, dice Le Guin, hay un trabajo constante, previo, muy importante, muchas veces subconsciente.

CHUS: como esa segunda fase del proceso creativo de la que habla Graham Wallas que se llama incubación.

DT: Exactamente. Y Le Guin dice que so en su caso a veces dura años. Hace planes, anota ideas, piensa en situaciones durante mucho tiempo. Después se olvida a lo mejor d esa novela y de pronto siente un impulso, eso que Wallas llamaba la inspiración o revelación, donde entiende cómo tiene que escribirlo y se pone a hacerlo como una posesa.

 CHUS: Y es ahí  donde cede el control y deja que la historia la lleve a cualquier lado.

DT: Así es, por supuesto no se trata de perder por completo el control, pues hay que seguir sosteniendo el bolígrafo o tecleando en el ordenador, pero es cierto que a veces sientes como si te estuvieran dictando la historia, mientras que otras veces avanzas con mucha dificultad. Esos momentos en los que escribes casi sin pensar son estupendos.

CHUS: Pero sospecho que ahí no acaba la cosa.

DT: Pues no, porque ella misma dice que cuando terminas la historia se termina y está calentita te quedas encantada, pero que después se va enfriando y vas viendo los errores, las inconsistencias, las parte más flojas, y entonces tienes que volver a tomar el control y revisarla.

 

CHUS: Pero Ursula K.Le guin decía que había una tercera cosa en la que confiar, además de confiar en ti misma y en la historia, que había que confiar en el lector.

DT: Sí, porque decía que nunca debemos olvidar que al otro lado de esa historia que escribes está el lector, es a él a quien te diriges y por eso recomienda varias cosas en este sentido. Primero, que una vez revisada la historia, es bueno recibir el juicio de otras personas, que te digan lo que han sentido, lo que han pensado, qué partes les gustan más y menos. Pero también recomienda no subestimar al lector y no tratarle despectivamente, confiar en que sea un buen lector y sepa hacer su trabajo.

 

CHUS: Claro, que no sea un lector pasivo sin más

DT: Pues sí, porque, al menos en su caso, a ella no le interesaban lo lectores pasivos que quieren que el escritor se lo dé todo hecho, los devoradores de bestsellers. Y es precisamente en la fase de la corrección donde tienes que pensar en el lector. Porque una cosa es la historia que has escrito para ti, que sabes muchas cosas por todo lo que has trabajado al escribirla y sabes muchas cosas que no están ahí en eso que has escrito. 

CHUS: Porque todas esas cosas las sabes tú pero no las sabe el lector…

DT: Así es. Tienes que darte cuenta de eso y modificar muchas cosas que  a lo mejor a ti te parecen estupendas porque conoces esa historia oculta pero que el lector no conocerá.

 

CHUS: Claro. Y es obvio que tú estás de acuerdo con Ursula K. Le Guin porque tienes un libro que se llama El espectador es el protagonista.

DT: Así es, porque resulta que lo mismo que le puede suceder a un novelista le puede pasar a un guionista o aun cineasta: olvidarse del espectador. De eso es posible que hablemos en alguna cita futura con nuestras queridas musas.

 

Recomendación Creativa

 

CHUS: Supongo que la recomendación creativa será un libro de Ursula K. Le Guin.

DT: Claro. Hay que decir que podríamos recomendar cualquiera de sus mejores libros, como Los desposeídos, El nombre de este mundo es bosque o La mano izquierda de la oscuridad, pero vamos a recomendar uno que no es de ciencia ficción, sino de ensayo.

 

CHUS: Ah, perfecto, ¿y qué libro es ese?

DT: ES una colección de ensayos que se ha publicado recientemente y que se llama Contar es escuchar, y tiene el subtítulo “Sobre la escritura, la lectura y la imaginación”.

 

CHUS: Y, claro, los ensayos son acerca de esos temas.

DT: Sí, pero también acerca de muchos más. Hay algunos textos biográficos o casi biográficos, como el primero, que es muy divertido y muy incisivo, cuando comienza diciendo: “Soy un hombre. Pensarán que he cometido un error de género sin querer, o que intento engañarlos, porque mi nombre de pila acaba en a, y soy dueña de tres sujetadores, y he estado embarazada cinco veces…”

 

CHUS: Ah, pues sí que parece interesante. Tengo que leerlo y ver por qué dice que es un hombre.

DT: Sí , es un ensayo muy bueno. Porque Le Guin, además de anarquista y taoísta era feminista y ha escrito muy buenas páginas acerca del feminismo. Pero también hay textos muy interesantes sobre los pies, los perros, los gatos, la belleza, Borges, al que admiraba por encima de todas las cosas, el determinismo genético y los talleres literarios.

CHUS: Y también el ensayo del que nos has hablado hoy…

DT: Sí, este de la confianza en uno mismo, en la historia y en el lector, que se llama “Una cuestión de confianza”.

CHUS: Pues no cabe duda de que tiene que ser un libro muy interesante. Dinos los datos.

DT: El libro es de Ursula K. Le Guin y se llama Contar es escuchar y lo publicó el año pasado la editorial Círculo de tiza.

 

 

 


José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… En el enlace también puedes escuchar los podcast de los programas.


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TRANSCRIPCIÓN

JLC: Hoy no te escapas, Daniel, porque ya llevas dos semanas prometiéndonos que nos ibas a contar un método para luchar contra la procrastinación, pero al final siempre procrastinas, es decir, que te inventas una excusa para no contarnos tu método.
DT: Pues sí, esta vez no me escaparé. Eso sí, antes de explicar ese método, vamos a recordar a los oyentes o a contárselo a quienes no escucharon los dos programas anteriores que la procrastinación es ese fenómeno que nos sucede a todos que hace que encontremos cualquier otra tarea que hacer con tal de no hacer la que tenemos que hacer sí o sí.

JLC: En efecto, y vimos que una manera de vencer esa procrastinación, de no posponer las cosas, consistía en aceptar hacer las cosas mal.
DT: Sí, ese sería un primer método. En vez de intentar hacer esa tarea tan descomunal o que tanto nos asusta y hacerla bien desde el principio, es muy bueno hacerla de cualquier manera, hacerla mal, en definitiva, pero, digamos, de principio a fin. Si nos piden hacer un informe y todavía no sabemos cómo encararlo, pues lo hacemos de cualquier modo, inventándonos la mitad de las cosas. Si nos piden escribir un sketch, lo escribimos sin ninguna gracia, lo que Vorhaus llamaba chistoides, algo que casi parece un chiste pero que no tiene ninguna gracia. Por cierto, también Darwin empleaba un método semejante.

JLC: Ah, vaya eso sí que es una autoridad de peso.
DT: Sí, quizá el científico más influyente de la historia, con permiso de Newton y Einstein. Pues bien, Darwin, que era no solo un científico asombroso sino también una persona admirable en muchos sentidos decía en sus deliciosas memorias: 

“Parece que hay una especie de fatalidad en mi mente que me induce a empezar expresando de forma equivocada o torpe mis afirmaciones o proposiciones. En otro tiempo, solía pensar las frases antes de escribirlas, pero desde hace varios años he descubierto que ahorro tiempo garabateando páginas enteras con la mayor rapidez posible y con malísima letra, abreviando la mitad de las palabras, y corrigiéndolo luego pausadamente. A menudo, las frases escritas aprisa de este modo son mejores que las que pudiera haber escrito tras larga meditación.”

Como se ve, también Darwin era partidario de hacer las cosas mal y cuanto antes.

JLC: Claro, de esa manera perdemos el miedo que nos paraliza y que nos hace buscar excusas. Bien, pero vamos con tu método personal…
DT: Sí, enseguida, porque antes hay que recordar que un segundo método para vencer la procrastinación, que propuse la semana pasada consiste en ponerse plazos y conseguir creer en esos plazos. Si logramos que el plazo nos lo ponga otra persona, pues mejor que mejor, pero si no nos lo pone alguien, tenemos que ir entrenando la autodisciplina y ponernos al menos esos plazos para hacer mal las cosas primero y después para ir revisándolas hasta llegar a la fase final plazo a plazo. Aquí se podría recordar aquello que decía Skip Thorne: “Es el mayor de los errores no hacer nada por querer hacerlo todo”. ¿Qué solo podemos dedicar 15 minutos a aprender chino en vez de la hora que sería ideal? Pues dedicamos 15 minutos y no pasa nada. Muchos quince minutos juntos hacen horas, y además parece que el estudio breve pero continuo es mejor que el intenso pero ocasional.

JLC: Y ahora sí que sí, nos tienes que contar tu método personal.
DT: Bueno, pues resulta que en cierto modo ya lo he contado, o al menos lo he aplicado. Este método que yo uso y que me va de maravilla, lo llamo “Procrastinación a Go Go”.

JLC: Ah, bonito nombre, un poco viejuno pero con gracia.
DT: Sí, es como quien dice “Procrastinación a mansalva”. Consiste en que en vez de acabar con los motivos para procrastinar, lo que se hace es añadir más motivos.

JLC: Pero eso, así como lo cuentas parece una locura, ¿no?
DT: Sí, ya dije que no es un método apto para todos y que es como esos experimentos que advierten “No intente hacerlo usted en casa”. Pero yo puedo dar fe de que es muy efectivo. Consiste en que, en vez de intentar no distraerte con otras cosas, lo que tienes que hacer es trabajar activamente para tener más y más cosas con las que distraerte.

JLC: Pero eso parece contraproducente, porque ¿si tienes más cosas que hacer cada vez, entonces cómo vas a hacer eso que tenías que hacer?
DT: Claro, parece absurdo. Pero el truco es que esas cosas con las que procrastinas en realidad son cosas que también te resultan útiles, cosas que también tienes que hacer. Tienes que pensar en cosas que tienes que hacer, confeccionar una lista. Algunas serán urgentes, otras no tanto, pero al fin y al cabo las vas a tener que hacer. Por ejemplo, en mi caso: yo tengo que preparar un curso de guión que voy dar en Cuba, pero también tengo que corregir las pruebas finales de un libro que he escrito y que se publicará en mayo, pero también tengo que escribir una novela histórica, y además tengo que pintar varias ventanas de mi casa, y además tengo que preparar nuestras próximas citas con las musas.

JLC: Pues sí que tienes que hacer cosas…
DT: Y algunas más: tengo que ver varias películas y series porque como profesor de guión debo conocer las novedades, tengo que leerme algún libro acerca de la creatividad y tengo que leerme algún otro libro simplemente porque me apetece. En definitiva, la procrastinación a go go funciona especialmente cuando tienes que hacer muchas cosas. Una vez que has hecho la lista de cosas, la tienes que tener siempre a mano para que, cuando te asalte el deseo de procrastinar, no lo hagas a tontas y a locas: miras la lista, piensas cuál de esas tareas es la más apetecible y te pones a hacerla, y así, cada vez que tienes el deseo de procrastinar, de librarte de lo que estás haciendo, te escaqueas, sí, pero hacia otra tarea que en el fondo también tienes que hacer. Al final incluso sucede que para librarte de una de esas tareas, miras la lista y de pronto te apetece escaparte, escaquearte, haciendo precisamente eso que era tan urgente y que no te apetecía hacer.

JLC: Bueno, pues me lo apunto y ya te diré si me funciona.
DT: Lo importante, según he descubierto es que esas cosas tienen que ser lo más diferentes posible. Cosas que se hagan de distinta manera, en distintos lugares, que ocupen distintos sentidos, etcétera. No es lo mismo leer un libro en un sillón que en la pantalla del ordenador o que escuchar el libro en tu móvil mientras paseas. Ese cambio de estilo y de actividad es muy refrescante, te permite escapar de la rutina. Insisto en que se trata de cambiar de estilo, de actividad. Por ejemplo, como he dicho, no es lo mismo leer un libro impreso que leerlo en una pantalla, por lo que a veces recuperamos fuerzas simplemente cambiando la silla frente al ordenador por un cómodo sillón en el que leer un libro. En cualquier caso, como se ve también conviene planificar las tareas de la procrastinación a go go para que sean diferentes de alguna manera. Pero de eso hablaremos en otro programa. No en el próximo, pero sí en otro.

JLC: Una última duda, ahora que ya has contado el método de la procrastinación a go go. Antes dijiste que cuando en estas últimas semanas, al posponer la aplicación del método, ya lo estabas aplicando, a qué te referías…
DT Me refería a que en las últimas semanas he procrastinado a go go, porque no he contado lo que tenía que contar, la procrastinación a go go, pero sí he contado otras cosas que de todos modos tendría que contar tarde o temprano. He procrastinado de la tarea principal cumpliendo otras tareas también necesarias.

JLC: De acuerdo, ya lo entiendo. Bueno, pues supongo que también nos contarás más adelante eso que haces de escuchar libros, que es algo que sé que practicas y que al parecer te gusta mucho.
DT: Pues sí, es una de mis grandes aficiones. También hablaremos de eso en otra cita con las musas.


RECOMENDACIÓN CREATIVA
Historia de mi vida
Charles Darwin

JLC: ¿Y qué libro nos recomiendas hoy, Daniel?
DT: Puesto que hemos hablado de las memorias de Darwin, voy a recomendar precisamente ese libro, porque en él se descubre a una persona muy creativa, que combinaba a la perfección la imaginación con la observación, la investigación y la verificación, que siempre son necesarias en cualquier proceso creativo.

JLC: Es decir, que recomendamos no su gran libro El origen de las especies sino esta autobiografía…

DT: Sí, Darwin cuenta en el libro que escribió sus memorias por encargo de un editor alemán, pero pensando que podrían resultar interesantes para sus hijos. Por eso, estas memorias están escritas de una manera muy sencilla y muy sincera, con verdadero encanto. Aquí cuenta muchas cosas interesantes relacionadas con su vida de investigador y con su teoría de la evolución, que es curiosamente, una idea sencilla una vez que se conoce y que casi propuso su abuelo Erasmus Darwin. Pero muchas veces la creatividad y la invención consiste en fijarse en algo que todos pueden ver pero que a nadie le parece importante.

JLC: ¿A qué te refieres?
DT: A que Darwin observó la selección artificial que siempre hemos hecho con los animales, por ejemplo al seleccionar razas de perros, palomas y vacas y se preguntó si no podría haber también una selección que no fuera artificial, sino natural: la selección natural.

JLC: Pero su autobiografía no es un libro para científicos.
DT: No, más bien nos sirve para conocer a un hombre muy interesante, que cuenta por ejemplo ese método de trabajo que ya hemos visto, de escribir sin pensar, de mala manera, sin querer hacerlo bien. También cuenta, por ejemplo, que en su juventud leía novelas, asistía al teatro y escuchaba mucha música y que dejó de hacerlo debido a la obsesión por sus investigaciones, pero que se arrepentía, porque haber dejado esas cosas suponía una pérdida de sensibilidad. También dice con ironía que quizá sería bueno que los científicos se murieran a los 60 años, para que se aceptaran las nuevas ideas, algo que en su época era mucho más cierto que ahora, creo.

JLC: ¿Y dónde podemos encontrar esta Autobiografía de Darwin?
DT: Se ha publicado en distintas editoriales, como en Alianza, pero es recomendable buscar la edición de la editorial Laetoli de 2009, porque resulta que la Autobiografía que se publicó fue censurada por la familia de Darwin y aquí está la versión íntegra.


José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… En el enlace también puedes escuchar los podcast de los programas.


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José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… Aquí puedes escuchar Una cita con las musas, en un programa en el que Chus Natera y Daniel Tubau hablan de l procrastinación.


TRANSCRIPCIÓN

 

CHUS: La semana pasada hablamos de la procrastinación, podemos recordar en qué consiste esta cosa tan difícil de pronunciar?

DT: La procrastinación consiste en inventarnos cualquier excusa para no hacer lo que tenemos que hacer. Es la manera en la que logramos escapar de la responsabilidad.

CHUS: Pero nos dijiste que tú tenías un método para vencer la procrastinación, aunque era un método de alto riesgo.
DT: Así es. Bueno, hay que recordar que la procrastinación no consiste simplemente en ser perezoso o vago, porque casi siempre lo que sucede es lo contrario: en realidad hacemos muchas cosas, nos inventamos cualquier tarea absurda, con tal de no enfrentarnos a esa otra tarea. Y eso lo hacemos porque en gran parte lo que tenemos es miedo. Miedo a hacerlo mal. Y como no queremos enfrentarnos a ese miedo al fracaso, entonces posponemos esa tarea con cualquier excusa.

CHUS: Y no es solo una justificación. Es decir que el factor miedo es más importante que el factor pereza.
DT: Claro, no se trata solo de vaguería sin más, sino que se trata también de huir haciendo otras cosas, para escapar del miedo a hacerlo mal. Mientras no hacemos algo, todavía podemos pensar que es posible hacerlo bien, pero si nos ponemos a hacerlo y fracasamos, entonces corremos el peligro de descubrir nuestra incapacidad. Así que es mejor seguir en la ignorancia: soñar con que seríamos capaces de hacerlo… siempre y cuando nos decidiéramos. Se dice que la diferencia entre los llamados genios y el resto de nosotros no es que no pensemos las mismas cosas unos y otros, sino que ellos, los genios, además de pensarlas las hacen.  Es decir, que vencen a la procrastinación.

CHUS: Se enfrentan al desafío. Y al miedo al fracaso también.
DT: Sí. No sé si te has fijado en el alto porcentaje de alumnos de la universidad que superan los primeros años con cierta facilidad, pero que tardan varios años en terminar el último año, a veces tardan años en quitarse las dos o tres asignaturas que les quedan.

CHUS: Pues sí, la verdad es que conozco algunos casos, tengo compañero míos que procrastinaron la última asignatura sin límite. Es como si no se quisieran ir de la universidad.
DT: Y eso es lo que sucede, sin duda. No por amor a la universidad en sí, sino más bien por temor al mundo exterior. Porque cuando terminamos la carrera, el master o el grado, no tenemos más remedio que aceptar que ya no somos estudiantes, que ahora estamos de lleno en el mundo laboral, que tenemos que ganarnos la vida, que todo cambia. Y esto nos sucede incluso aunque antes de terminar la carrera estemos ya trabajando. Pero es un antes y un después que percibimos de alguna manera. Fin del mundo de estudiante, comienzo del mundo del trabajador.

CHUS: Es decir, que en esto de posponer las cosas, de dilatarlas, de procrastinar, no solo influye  el miedo al fracaso, sino incluso el miedo al cambio. A mí me recuerda el mundo de Nunca Jamás, el miedo a hacerse adulto.
DT: ES verda, muy buena comparación. Cambiar no es nada fácil cuando nos acostumbramos a algo. Ahora se dice eso de que hay que atreverse y salir de la zona de confort, que parece como anuncio de Ikea. A mí me gusta más compararlo, sin ninguna pretensión científica por supuesto, solo como una metáfora, con aquella ley de la física que dice: “Un cuerpo permanece en reposo o en movimiento uniforme a no ser que una fuerza actúe sobre él”. Si ninguna fuerza nos mueve del lugar, podemos seguir ahí parados o dando vueltas eternamente.

CHUS: Claro, si no nos obligan en cierto modo a cambiar, la tendencia natural es a quedarnos parados o haciendo lo mismo todo el rato.
DT: Sí, ya lo decía un tal Parkinson, que es un antecesor de aquel famoso Murphy de la Ley de Murphy que decía “Si algo puede salir mal, entonces saldrá mal”. Parkinson escribió antes que Murphy un libro muy divertido, del que también hablaremos. Y respecto a lo de dilatar la resolución de un problema o la terminación de una carrera universitaria o hacer un trabajo, propuso la Ley de Parkinson: “Todo trabajo se expande el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine”. Si para hacer un trabajo nos dan un mes, tardaremos un mes. Si nos dan dos semanas lo haremos en dos semas. Si nos dan dos días lo haremos en dos días. El mismo trabajo. Como me dijo una secretaria de la Facultad cundo le lleve los documentos para la matrícula: “Usted otra vez. Si el curso terminara  el 1 de septiembre, usted traería los documentos el 31 de agosto”.

CHUS: Vaya, entonces parece que un buen método es poner plazos, plazos más cortos, quiero decir.
DT: Sin duda, es uno de los métodos más efectivos. Yo mismo acabo de entregar un libro y si no hubiera sido hoy el día final, habría tardado varias semanas en hacer lo que he hecho. Se han hecho experimentos en universidades para ver qué es más efectivo al hacer frente a un trabajo universitario importante. Primero, proponer a los alumnos que ellos mismos se pongan los plazos de entrega del trabajo final. Segundo, que el profesor les vaya recordando cada cierto tiempo que tienen que entregar ese trabajo. Tercero, que el profesor les ponga fechas estrictas en las que tiene que ir entregando cada parte del trabajo. El resultado es que cuando se les ponen fechas estrictas entregan el trabajo la mayoría. Cuando se les recuerda regularmente la tarea, lo entrega un porcentaje medio. Pero cuando se deja que ellos mismos se pongan los plazos, prácticamente ningún alumno entrega el trabajo y si lo entrega es un desastre.

CHUS: Y lo mismo sucede en el mundo laboral, claro.
DT: Pues sí, pero allí las condiciones son más duras que en la universidad. Por eso, aunque yo soy bastante contrario a los exámenes, al menos en carreras no científicas, como lo que yo enseño (guión, dirección, creatividad y literatura), tengo que reconocer que poner ciertas pruebas y plazos ayuda a los estudiantes, tanto a hacer las cosas y vencer la procrastinación como a prepararse, como suele decirse, para el mundo real. Es decir, para el mundo del trabajo.

CHUS: Depende también de la materia que se enseñe…
DT: Claro, en las materias científicas. POr ejemplo, en medicina hay que poner exámenes rigurosos, porque no vas a arriesgarte a que maten a uno en la operación. Pero en las que yo enseño, literatura, guión, creatividad. no es tan necesario, excepto por este sentido de poner un plazo.

CHUS: Claro, porque si no seguiríamos posponiendo eternamente todo y quizá aprenderíamos mucho menos. Pero, espera un momento. Tú habías prometido que nos ibas a contar un truco para vencer la procrastinación…. Pero no te referías a esto de poner plazos, ¿verdad?
DT: Pues la verdad es que no, lo que iba a contar hoy era otro método y  no este de ponerse plazos. Pero es que cuando uno habla de procrastinar no puede evitar procrastinar, y esta es la segunda semana que procrastino… Mi método es un poco diferente, pero hoy ya no da tiempo a contarlo, así que creo que lo mejor es posponerlo.

CHUS: Entonces lo posponemos para el próximo programa.
DT: Sí, mucho mejor.


RECOMENDACIÓN CREATIVA

CHUS: Bueno, Daniel, aquí tenemos la impresionante música que nos dice que hoy también nos traes una recomendación creativa.
DT: Como hemos hablado de la Ley de Murphy y de la Ley de Parkinson, voy a recomendar sus libros, porque este tipo de libros que te muestran paradojas como que “Si algo tiene que salir mal, entonces saldrá mal” o que “El tiempo en el que se realiza una tarea se expande hasta ocupar todo lo que hay disponible” son muy buenos para que nos demos cuenta de ciertas paradojas y a veces poder hacerles frente por la vía del humor. Así que hoy, para empezar, voy a recomendar un libro dedicado a la Ley de Murphy.

CHUS: Vamos con el de Murphy entonces.
DT: Se llama, claro, La ley de Murphy, y es un libro que fue escrito por Arthur Bloch. Bloch cuenta la historia de la Ley de Murphy y habla también del famoso caso de la tostada que siempre cae por el lado de la mantequilla.

CHUS: Ah sí, es verdad, ya me acuerdo de eso, y puedo dar fe de que sucede así.
DT: Sí, aunque hay una manera de evitarlo. Si enfrentamos la ley de la tostada con esa otra ley que dice que un gato siempre cae de pie. Entonces, puesto que un gato siempre cae de pie y una tostada siempre cae por el lado de la mantequilla, entonces, ¿qué sucedería si atamos una tostada con mantequilla al lomo de un gato y lo tiramos desde cierta altura?

CHUS: Anda… pues sí que es un problema complejo. Porque claro, si el gato ce de pie, se podría decir que la tostada NO ha caído por el lado de la mantequilla…
 DT: Claro, y si cae por el lado de la mantequilla, entonces no podría caer el gato de pie.

CHUS: ¿Y entonces qué sucedería?
DT: Según me han dicho, lo que sucedes es que el gato y la tostada se quedan dadon dando vueltas infinitamente en el aire, puesto que no puede suceder ni que el gato no caiga de pie ni que la tostada no caiga por el lado de la mantequilla.

CHUS: Vaya, pues entonces ya sé que si quiero untar una tostada necesito un gato.
DT: Sí, aunque no te garantizo que funcione. Desde aquí invitamos a nuestros oyentes a que lo prueben y nos cuenten los resultados.

CHUS: Y ese libro está traducido al español, ¿no?
DT: Pues sí, se ha editado en España varias veces, por ejemplo en Círculo de lectores y en la editorial Temas de hoy. Es fácil conseguirlo.

 


José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… En el enlace también puedes escuchar los podcast de los programas.


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|| Una cita con las musas /11

José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… Aquí puedes escuchar Una cita con las musas, en un programa en el que Chus Natera y Daniel Tubau hablan de l procrastinación.


 

CHUS. Buenos días, Daniel. En las últimas semanas hemos hablado mucho acerca del proceso creativo, que creo que es un asunto al que volveremos, pero me has dicho que hoy vamos a darnos un respiro en esta investigación.
DT: Pues sí, hoy vamos a procrastinar.

CHUS: Vaya, ese palabro lo conozco bien, pero, explícaselo a nuestros oyentes por si acaso.
DT: Bueno pues la procrastinación, que normalmente suele decirse procastinación, con una sola “erre”, es esa pereza que nos da cuando tenemos que hacer un trabajo importante, es eso de encontrar siempre excusas para no hacer lo que tenemos que hacer. A eso se lo llama procrastinación, que es una palabra que se usa mucho en inglés, pero que en España solo se ha popularizado en los últimos años.

CHUS: Es decir, consiste en buscar algo que hacer, cualquier cosa, para no hacer lo importante.
DT: En efecto, no sé si recuerdas la Mafalda de Quino…

CHUS: Sí, claro, ¿quién no conoce a Mafalda?
 DT: Pues uno de los amigos de Mafalda se llamaba Felipe y era ese que siempre estaba tendido en la cama mirando el techo o sentado en una silla mirando el vacío: era el símbolo de la procrastinación, incapaz siempre de ponerse a la tarea. En una de las historietas pone un cartel en la pared de su habitación en el que se lee: “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” y en la siguiente viñeta enseguida exclama: “¡Mañana mismo empiezo!”. Ese es un buen ejemplo de procrastinación.

CHUS: Es una manera, digamos de posponer las cosas, de dejarlas para mañana, para más adelante.
DT: Claro, se basa en el principio de que mañana todo es fácil. Es mucho más fácil hacer las cosas mañana, resolver los problemas mañana, enfrentarse a las dificultades mañana. Lo difícil es hacerlas hoy, claro. El problema es que cuando ese día de mañana se convierte en el día de hoy descubrimos que estamos como estábamos, quizá incluso peor porque ahora somos conscientes de que nos queda menos tiempo para cumplir los plazos y de que hemos desperdiciado un tiempo precioso.

CHUS: Pero lo importante de la procrastinación es que no consiste solo en simple pereza o vaguería, no siempre es como lo de Felipe sentado en el sillón ¿no?
DT: En efecto, la procrastinación suele ser muy activa, no es simple pereza. En realidad, podemos hacer montones de cosas, esforzarnos sin parar, ir de aquí allá… pero lo único que no hacemos es lo que tenemos que hacer. Hay un guionista británico llamado Elliot Grove que cuenta en uno de sus libros que en una ocasión le ofrecieron un encargo muy importante y que, con tal de no enfrentarse a ello, consiguió tener la casa de soltero más limpia de Londres, porque cada vez que se disponía  ponerse a escribir el guión se daba cuenta de que había algo en la casa que no estaba del todo limpio. Dice que incluso descubrió que detrás de los tubitos de la calefacción también se acumula el polvo, o en la parte de arriba de las bombillas. No quedó ni un rincón sin limpiar.

CHUS: Entonces la procrastinación puede tener efectos beneficiosos, como limpiar la casa. Algo es algo.
DT: Sí, porque para que funcione bien, tenemos que creernos la excusa que nos hemos dado: es necesario limpiar la casa, es necesario que llamemos a mamá aunque sea justo en este momento en el que teníamos que trabajar, o que vayamos a hacer la compra. Ahora bien, también hay maneras más peligrosas de procrastinar. Una manera peligrosa de procrastinar es comer. Siempre que sientes dudas y temor ante un nuevo proyecto y no sabes cómo enfrentarte a él, te entra hambre.

CHUS: Y nunca es una lechuga…
DT: No, la lechuga la dejas para el final. Si tienes a tu alcance galletas, bombones, chocolate o cualquier otra fácil tentación, te levantarás una y otra vez para comer otro trocito. Uno más, venga, el último…

CHUS: Pero de trocito en trocito o de pastelito en pastelito, eso es una espiral imparable, ¿no?
DT: Sí, porque cuando acabas con los pastelitos, empiezas los yogures y cuando acabas con los yogures empiezas con el pan, y cuando acabas con el pan te haces unos espaguetis… Yo creo que en este caso el único remedio es tener la nevera vacía. Eso es lo que hago yo. Siempre está vacía, así que es fácil resistir la tentación. Ahora bien, si somos fumadores, la cosa se puede poner incluso peor, porque puedes fumar sin parar con tal de hacer algo diferente a teclear, por ejemplo. Yo cuando fumaba era capaz de fumarme un paquete en una noche de trabajo.

CHUS: Entonces, ¿cómo podemos solucionar ese ansia de vaciar la nevera o de distraernos con cualquier excusa?
DT: Una recomendación muy conveniente, para quienes trabajamos como freelances en casa es precisamente no trabajar en casa, excepto cuando estamos muy seguros de que podemos focalizar en una tarea. Se trabaja mejor, por ejemplo, en una cafetería, mejor si es una cafetería con pocas tentaciones, claro. En una cafetería en la que puedas sentarte a trabajar con una libreta o con un ordenador, se trabaja mejor porque estás sentado en tu mesa y se supone que no vas a estar levantándote todo el rato con cualquier excusa. Además, te sientes acompañado, evitas la sensación de soledad y de estar perdiéndote la vida, que es algo si te pasas encerrado el día en casa. Ves a gente en la cafetería, pero no sueles hablar con ellos. De todos modos, la promesa de una posible aventura, de ligar con un desconocido o desconocida siempre está ahí, con lo que es un aliciente más. En fin, en una cafetería tienes muchos estímulos pero pocas posibilidades de escaquearte de lo que tienes que hacer.

CHUS. Lo que pasa es que ahora, ni siquiera tenemos que levantarnos a la nevera para procastinar o fumar un cigarrillo, porque con Internet ya podemos hacerlo sin problema.
DT: Efectivamente. En los últimos años el asunto se ha agravado y la procrastinación se ha convertido en una verdadera epidemia en todo el mundo debido a internet, a las redes sociales, a la multiplicación de canales televisivos y de internet, a los móviles, a whatsapp, a Facebook, a twiter… es casi imposible concentrarse en algo sin pensar que con un solo toque podemos ponernos a navegar por mensajes, series, páginas, jugar a mil y un juegos interactivos… Si antes ya era difícil focalizar, ahora parece misión imposible. El método de irte a una cafetería ya no es tan bueno como hace unos años, porque ahora las redes sociales, los whatsaps, los instagram y todo el mundo digital nos acecha…

CHUS: Pero yo sé que tú tienes otro método para luchar contra la procrastinación…
DT: Pues sí, tengo varios métodos. Uno de ellos, que ya hemos mencionado en algún programa anterior, consiste en hacer las cosas mal cuanto antes. Porque precisamente una de las causas de que procrastinemos es la obsesión por la perfección: queremos hacer las cosas perfectas y entonces nos exigimos estar en la situación ideal, con las ideas claras, con tiempo suficiente por delante, sin que nadie nos vaya a interrumpir y entonces, claro, esas condiciones raramente se dan, con lo que decidimos posponerlo hasta otra ocasión más propicia, que suele ser justo el día antes de que se cumpla el plazo.

CHUS: Cuando ya no tenemos más remedio que hacerlo.
DT: Claro. Por eso hay que lanzarse al agua sin pensar si estará fría: hacerlo mal sin dudarlo. Eso nos libera de muchas angustias que resultan ser absurdas. Pero, aparte de ese método, que es básico en todo proceso creativo, yo tengo otro, aunque es uno de esos métodos que cuando se hace un experimento en televisión se anuncia diciendo: “No intente usted hacerlo en casa…”

CHUS: Vamos, que es un método que tiene su riesgo.
DT: Pues sí, no es que te juegues la vida, pero no es apto para todos. Lo llamo “Procrastinación a Go Go”. Pero vamos a procrastinar un poco y lo dejamos para la semana que viene.


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José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… Aquí puedes escuchar Una cita con las musas, en un programa en el que José Luis Casado y Daniel Tubau hablan de por que´se nos ocurren tantas buenas ideas en la ducha.


 JLC: Buenas tardes, Daniel, hoy creo que nos vas a hablar de algo un poco insólito, la creatividad en la ducha, es decir, por qué tenemos tantas buenas ideas cuando nos estamos duchando.

DT: Así es, la semana pasada contamos que Graham Wallas, el hombre que empezó a investigar de manera científica la creatividad había propuesto que existen cuatro fases en el proceso creativo, la preparación, la incubación o reposo, la iluminación o inspiración y la verificación. Y que también decía que la inspiración existe, pero que es la tercera fase. Se produce cuando hemos pasado por la primera fase de investigación, documentación y trabajo sobre el problema que queremos resolver y cuando hemos pasado también por la segunda fase, la de olvidarnos del problema y pensar en otra cosa. Y entonces resulta que estamos duchándonos tan tranquilos y se nos ocurre la solución al problema

JLC: Pero a mí a veces se me ocurren muchas ideas cuando me ducho, incluso aunque no haya estado intentando resolver un problema…

Claro, porque en realidad, a lo largo de cada día nos preocupan y nos inquietan muchas cosas, pero muchas veces no somos ni siquiera conscientes de ello, pero nuestro cerebro sí lo es y le da vueltas al asunto sin que nos demos cuenta. Otras veces esas ideas que se nos ocurren en la ducha son el producto de combinaciones de experiencias que hemos tenido. Como dijo el matemático Poincaré y confirmó Wallas, nuestra mente o nuestro cerebro es creativo en el plano inconsciente y también muchas veces bromista e ingenioso.

JLC: Pero esto de la ducha y la creatividad al parecer viene de muy lejos…

DT: Pues sí, bueno, no exactamente la ducha, pero sí una bañera o una piscina. Nos podemos remontar hasta el famoso Arquímedes, un matemático y geómetra que sin duda ha sido uno de los grandes genios de la humanidad, comparable a Einstein o Newton. Te acordarás de aquella famosa historia del día en el que Arquímedes estaba en la bañera y de pronto grito “¡”Eureka!”.

JLC: Sí, me acuerdo, pero vamos a recordarla a nuestros oyentes…

DT: Pues resulta que el tirano Hieron II de Siracusa, en Sicilia, había encargado una corona de oro, pero no estaba seguro de si el orfebre le había añadido algo de plata para ahorrarse algo de oro, así que encargó a Arquímedes que lo averiguara y le dio la corona. El problema es que Arquímedes no podía deshacer fundir la corona para compararla  con una cantidad equivalente de oro puro, así que intentó solucionarlo por todos los medios, pero no lo logró. Ya estaba dispuesto a renunciar y a enfrentarse a la cólera del tirano cuando se fue a dar un baño y entonces observó que el agua de la bañera subía cuando él metía su cuerpo. Fue entonces cuando empezó a gritar ¡Eureka! como loco corriendo desnudo por las calles.

 

JLC: Vamos, que está claro que había dado con la solución al problema, pero, ¿qué quiere decir exactamente Eureka?

DT: Significa algo así como “Ya lo tengo” o “Ya lo he encontrado”. Arquímedes se había dado cuenta de que al sumergirse en la bañera, su cuerpo desplazaba una cantidad de agua que podía ser equivalente a su propio volumen. Es decir si se sumergía una persona delgada, el nivel del agua de la bañera subiría menos que si era una persona gorda la que se daba el baño. Así que lo que hizo fue sumergir la corona en un cubo de agua y dividir la masa de la corona por el volumen del agua desplazada y así supo su densidad, comparándola con piezas hechas de oro o de otros metales, como la plata o el plomo.

JLC: Vaya, yo no sigo el cálculo matemático del todo, pero entiendo la solución, porque cuando te sumerges en el agua, es verdad que sube el nivel del agua… Pero lo importante es que como decías al principio, Arquímedes tuvo esa inspiración mientras se bañaba.

DT: En este caso, es evidente que la solución al problema de Arquímedes vino del agua misma de la bañera, que no fue una casualidad sin más, pero es un buen símbolo de por qué es frecuente que se nos ocurran ideas cuando nos duchamos. Woody Allen dice que siempre se le ocurren las mejores ideas en la ducha. Pero también cuando paseamos o cuando estamos distraídos, o como me pasa a mí, cuando fregamos los platos.

JLC: ¿De verdad que se te ocurren las ideas cuando friegas los platos?

DY: Pues sí, se me ocurren tantas ideas que al final decidí ponerme una grabadora al lado cuando fregaba los paltos. Tengo varias cintas de casete grabadas con ideas. Ahora lo hago con el móvil, claro. Pero no siempre que friego, porque se puede perder el efecto.

 

JLC: ¿Ah sí? ¿Y por qué?

DT: Porque precisamente la razón de que se nos ocurran tantas ideas en lugares como la ducha, un paseo, o cuando limpiamos la casa o fregamos los platos es que en esas situaciones no estamos intentando resolver un problema o tener ideas, sino hacer otra tarea, mecánica, que deja nuestra mente libre para moverse por otros lados y recibir las ideas que han estado macerándose en nuestro cerebro de manera no consciente. Yo cuando limpio los platos me preocupo de que estén bien limpio, porque soy muy maniático, pero nada más, y el resto de mi mente consciente queda libre para recibir ideas nuevas. Digamos que esa iluminación o revelación, ese Eureka, nos viene porque hemos trabajado en un problema o hemos dado vueltas a ciertos temas, es decir la primera fase de la creatividad. Después lo hemos dejado de lado para hacer algo como fregar los platos o relajarnos en un paseo, que es la segunda fase de la creatividad según Grahm Wallas, y entonces es cuando nos viene la tercera fase del proceso creativo, la inspiración.

JLC: Así que podríamos decir, pensando en esas musas que dan nombre a nuestra sección, que las musas nos visitan porque antes las hemos llamado…

DT: Así es. Las hemos llamado al intentar solucionar un problema o simplemente al darle vueltas a un asunto, pero lo curioso es que ellas se presentan un poco cuando les da la gana, de manera inesperada. En cierto modo exigen que nos olvidemos de ellas.  La razón de esto no está del todo clara todavía, pero parece que tiene que ver, entre otras cosas, con el hecho de que nuestra memoria inmediata o de trabajo no es capaz de manejar muchas cosas a la vez y cuando nos obsesionamos por resolver un problema la llenamos de datos. También puede tener que ver el hecho de que emociones como la frustración y la sensación de que no vamos a encontrar la solución pueden también bloquearnos e impedir que escuchemos o recibamos ese trabajo subterráneo que nuestro cerebro ha estado haciendo en segundo plano.

JLC: Bueno, pues me encanta esto de que el cerebro trabaje para nosotros mientras nosotros hacemos otras cosas.
DT: Sí, es estupendo, pero hay que tener en cuenta que tenemos que trabajar antes para darle material a nuestra mente y que, además, debemos informar a nuestro cerebro de qué problemas nos interesa resolver. De eso hablaremos en otros programas.

JLC: Pues entonces, lo dejamos aquí, pero regresamos la próxima semana.

Arquímedes poco antes de morir a manos de un soldado romano

 

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La musa en el laboratorio: Graham Wallas descubre el proceso creativo

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José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… Aquí puedes escuchar Una cita con las musas, en un programa en el que José Luis Casado y Daniel Tubau hablan de cómo Graham Walls consiguió que las muss entraran en el laboratorio de los científicos y comenzaran a revelar sus secretos.


JLC: Regresamos a Una cita con las musas, que siguen con nosotros en 2018. En los últimos programas del año pasado, nos hablaste, Daniel de cómo se veía la creatividad y la intuición en la antigüedad, pero nos quedamos en un momento muy especial…
DT: Pues sí, porque en el último programa hablamos de uno de los grandes precursores del estudio científico de la creatividad, el matemático francés Henri Poincaré, y prometí que hoy hablaría de la persona que se considera el fundador del estudio de la creatividad, Graham Wallas.

JLC: Y si lo recuerdo bien, este hombre fue el que abrió a las musas las puertas del laboratorio, digamos…
DT: Así es, con Graham Wallas las musas por fin entraron en los laboratorios, o al menos en los centros de estudio de los científicos y de los psicólogos, y en la actualidad de los neurólogos para ir revelando sus secretos.

JLC: ¿Cómo logró Wallas convencerlas?
DT: Bueno, Graham Wallas estaba muy interesado por la cultura y la educación y además pensaba que solo gracias a la creatividad la humanidad podría escapar a un futuro trágico. Eso fue lo que dijo en una célebre conferencia en 1926. Anunció que Europa y el mundo se encontraban en un fin de época como la caída de la Roma y que, después de lo terrible que había sido la Primera Guerra Mundial,  podía producirse una guerra incluso más terrible y que regresáramos a la barbarie.

JLC: Vaya, y se podría decir que acertó…
DT: Pues sí, porque pocos años después Europa asistió a la llegada del fascismo, el nazismo y los totalitarismos comunistas: Stalin, Hitler, Mussolini, Franco y, poco después la Segunda Guerra Mundial, que fue mucho peor que la Primera y que casi acabó con el mundo civilizado.

JLC: Entonces acertó en su predicción pero no logró evitar que la creatividad evitara ese futuro tan oscuro.
DT: No, no lo consiguió, porque seguramente las cosas son más complejas y el ser humano no cambia tan fácilmente, aunque Wallas hizo todo lo que pudo para ayudar a crear un mundo mejor y más tolerante. Una de sus contribuciones, la más importante, fue demostrar que la creatividad, la inventiva, el ingenio o la capacidad de encontrar soluciones no estaba al alcance solo de algunos privilegiados que recibían la inspiración de las musas, sino de todos nosotros.

 

JLC: Y creo que su solución fue especialmente creativa en sí misma.
DT: Así es. Wallas se enfrentaba a un problema. Por un lado, los científicos exigen pruebas, experimentos que se puedan contrastar, datos que se puedan observar, pero, por otro lado, se decía que la creatividad solo aparecía como por arte de magia, por inspiración divina, porque el artista o el creador sufría una especie de revelación, por la inspiración de las musas.

 JLC: Y, claro, una cosa tan etérea es muy difícil de observar…
DT: Los científicos que pensaba que se podía estudiar de alguna manera el proceso creativo decían que la única manera de hacerlo era olvidarse de esas inspiraciones o revelaciones y buscar algo más concreto. Pero lo sorprendente es que Wallas decidió que por un lado tenían razón los poetas, como Shelley, del que ya hemos hablado en uno de nuestras citas con las musas, y que la inspiración existía. Pero, al mismo tiempo, lo que Wallas aseguró fue que esa inspiración no se producía al comienzo del acto creativo, sino que era una de sus fases, la tercera fase.

JLC: A ver si lo entiendo, Wallas decía que existe una inspiración como la de las musas… pero que se puede crear o provocar…
DT: Seguramente recordarás que Picasso dijo aquello de: “Yo creo en la inspiración, pero mejor que te pille con el pincel en la mano”. Lo que Wallas dijo es parecido. Dijo que en vez de esperar sin hacer nada a que nos venga la inspiración, en realidad debemos actuar, fabricar en cierto modo la inspiración. Tras muchos estudios de personas y de procesos creativos, llegó a la conclusión de que existían cuatro fases en el proceso creativo.

 

JLC: Qué interesante. ¿Y cuáles eran esas fases?
DT: Esas cuatro fases son: preparación, incubación, iluminación y verificación. Como ves, la iluminación es la tercera de esas fases. Antes de que se produzca, por lo general es necesario que antes hayamos pasado por la fase de preparación o planteamiento, donde investigamos acerca del problema que queremos resolver, y por la de incubación, que es muy sorprendente, porque consiste en cierto modo en olvidarnos del problema, pensar en otra cosa. Y entonces es cuando de repente viene la inspiración, que parece casi un milagro, pero que en realidad es el resultado de un trabajo no consciente que hace nuestro cerebro.

JLC: Quieres decir que nuestro cerebro o mente busca la solución sin que nosotros nos demos cuenta y de pronto nos la muestra como si fuera una revelación inesperada?
DT: Eso es. Aunque no seamos conscientes de ello, nuestra mente sigue trabajando. Precisamente en el programa anterior hablamos del matemático Henri Poincaré que se pasaba semanas enteras intentando resolver un problema, después lo dejaba cansado, pensando que era imposible resolverlo, se olvidaba del problema por un tiempo y, de repente, días o semanas después, tenía una inspiración súbita, por ejemplo cuando estaba a punto de subir al tranvía…

JLC: Y allí tenía la solución…
DT: Sí, bueno, no exactamente. Allí tenía una posible solución, porque la cuarta fase del proceso creativo es la verificación. Hay que comprobar si ese momento de inspiración realmente funciona, porque no siempre  lo qu nos dice la intuición o al inspiración funciona.

JLC: Bueno, pues ya conocemos las cuatro fases del proceso creativo y cómo las musas entraron en el laboratorio, pero supongo que sobre esto habrá mucho más que decir.
DT: Desde luego, y la semana que viene hablaremos más de estas fases creativas y también descubriremos por qué se nos ocurren tantas buenas ideas en lugares insólitos, por ejemplo mientras nos duchamos.

JLC: Pues  es cierto, a mí también me pasa eso, ¿por qué será?… Entonces te esperamos la próxima semana para conocer mejor el proceso creativo.


José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… En el enlace también puedes escuchar los podcast de los programas.



 

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