Potencia y acto en Shakespeare

 

Aristóteles afirmaba que todas las cosas tienen ciertas cualidades en potencia y ciertas cualidades en acto. ES decir, que hay cosas que pueden ser (en potencia) y cosa que son (en acto).

Una persona es, cuando nace, un ser humano en acto, pero no es todavía un ser inteligente. Por el momento, solo lo es en potencia. Es decir, se convertirá en un ser inteligente si crece y es educado convenientemente.

El lingüista Noam Chomsky considera que nada más nacer todo ser humano es un usuario del lenguaje en potencia, porque los seres humanos poseemos una gramática innata. Pero esa gramática innata debe hacerse efectiva, convertirse en acto, actualizarse.

Los niños salvajes, criados lejos de la civilización, no tienen lenguaje; muchos de ellos, cuando lose encuentran y los educan, nunca logran adquirir o manejar el lenguaje con la habilidad con la que lo manejamos los seres humanos criados en una cultura humana. Es probable que se deba a que los dos primeros años de vida de un bebé son fundamentales para el desarrollo, porque es entonces cuando se establecen las principales conexiones entre las neuronas. Es entonces cuando esa gramática innata que está en potencia debe actualizarse.

Para entender claramente la diferencia entre potencia y acto, pensemos en una piedra. Una piedra no es un ser inteligente en acto (espero que el lector esté de acuerdo), pero tampoco lo es en potencia. Por mucho esfuerzo que hagamos para pulir un poco la piedra, por mucho que la cuidemos, “eduquemos” y perfeccionemos, nunca será un ser inteligente.

Aristóteles se dio perfecta cuenta de eso y distinguió entre los seres inertes, como las piedras; los vegetativos, como las plantas, los sensibles o sensitivos, como los animales, y, finalmente, los seres inteligentes, como los humanos.

Los seres humanos reúnen las cualidades de las plantas y de los animales, pero añaden la inteligencia, que tenemos en potencia cuando nacemos, pero no necesariamente en acto. La inteligencia debe actualizarse, no sólo durante la infancia, sino a diario, aunque es fácil darse cuenta de que muchos seres humanos olvidan esta sencilla recomendación y algunos casi parecen esforzarse, una vez llegados a una cierta edad, en no aprender nada más.

IPad_3

¿Una moderna tabula rasa?

Resulta curioso, por cierto, que Noam Chomsky haya construido su teoría de la gramática innata en abierta polémica con Aristóteles. Chomsky, en efecto, ataca la idea aristotélica de que al nacer nuestra mente es como una tabula rasa (una tableta no escrita), pero olvida que, como acabo de decir, para Aristóteles los seres pensantes son distintos de los seres inertes, de los vegetativos e incluso de los animales: para Aristóteles hay algo que distingue a los seres humanos como tales ya desde el nacimiento. Eso que distingue a los seres pensantes podría incluir sin ninguna dificultad una gramática innata o, en términos aristotélicos: una gramática en potencia, una tábula rasa que espera ser escrita, pero que tiene ya ciertas cualidades, como lo tiene una tableta iPad, por ejemplo, antes de que empecemos a usarla.

 

Personajes en potencia y en acto

Los personajes de una historia, una novela, una obra de teatro, un guión, también son algo en potencia y algo en acto. Un personaje como Ricardo III puede ser, al comenzar la obra, rey de Inglaterra en potencia, pero, hasta que no elimine a la larga lista de candidatos que se sitúan antes que él en el camino al trono, no podrá ser rey de Inglaterra en acto. Consciente de ello, Ricardo se propone actualizar la potencialidad que cree albergar. El camino de muerte que le lleva al trono es precisamente esa actualización y la trama misma de la obra.

Ricardo III atormentado por los espectros de todos los que se interponían en su camino al trono

También puede suceder que un personaje no esté enamorado de otro en acto, pero que sí lo esté en potencia. Cuando en Los dos hidalgos de Verona Proteo conoce a Silvia, la amada de su amigo Valentín, sabemos, ya antes de su encuentro, incluso antes de que Proteo viaje a Milán, que Proteo es un personaje que en potencia se puede enamorar de Silvia.

La verdad es que cualquier personaje de la obra podría enamorarse de Silvia, pues ya hemos visto que incluso Ricardo, el contrahecho, odiado y segundón Ricardo, puede llegar a ser rey. La mayoría de los personajes de Los dos hidalgos de Verona están en cierto modo enamorados de Silvia, desde Valentín y Proteo a Turio, desde los criados y bufones hasta el viudo Eglamur. Quizá incluso Julia. Todos ellos podrían enamorarse de Silvia (son silviaenamoradizos en potencia), pero no todos se enamoran de ella en acto.

Tres silviaenamoradizos intentan actualizar su deseo

Ahora bien, el paso de la potencia al acto en el amor hacia Silvia que más interesa a Shakespeare, y el que más nos interesa a nosotros como espectadores, tiene relación con Proteo: sabemos que si ese amor de Proteo a Silvia se actualizara  también se produciría la situación más conflictiva en todos los sentidos, la de los dos amigos, Proteo y Valentín, enfrentados a causa de una mujer.

Aunque cualquier personaje de una obra literaria puede ser cualquier cosa en potencia, y por tanto trasformarse en cualquier cosa o hacer cualquier otra, la sabiduría del narrador consiste en provocar y dirigir el interés del espectador hacia ciertas posibilidades, ciertas potencialidades, determinados cambios y trasformaciones en particular y, además, lograr convencer al espectador de que son inevitables. Eso es lo que hace Shakespeare, que nos induce desde el principio a sospechar la futura transformación de Proteo, aunque no lleguemos a darnos cuenta de manera consciente de que estamos siendo manipulados. Veamos algunas sugestiones shakesperianas.

 

Proteo

En primer lugar, el protagonista se llama Proteo.

Proteo es un personaje de la mitología griega, un dios marino que podía trasformarse a voluntad. De él procede el adjetivo proteico, es decir, cambiante.

El dios marino Proteo

En segundo lugar, Proteo, enamorado de Julia, ha aceptado que su amigo Valentín se vaya solo a Milán (“Él va en pos del honor; yo del amor”), pero poco después es obligado por su padre a establecerse también en Milán. Antes de irse, Proteo jura a Julia que siempre la amará:

PROTEO: “He aquí mi mano, en testimonio de mi constancia inalterable. Y cuando deje pasar un solo instante del día sin suspirar por ti, ¡que me castigue, Julia, una irreparable desgracia por el olvido de mi amor!.”

Proteo, en definitiva, afirma que nunca cambiará, jura que está enamorado de Julia y que seguirá así por siempre. Insiste tanto, que despierta en nosotros la sospecha. Cuando Proteo dice que no cambiará, Shakespeare, al mismo tiempo,  nos está diciendo lo contrario.

 

Romeo y Proteo

Ya antes de Shakespeare se sabía que cuando un personaje insiste demasiado en algo eso suele ser un indicio de que está mintiendo o de que, aunque no mienta, cambiará de opinión. Shakespeare empleó este método con más frecuencia que otros autores.

Comparemos la situación de Proteo en Los dos hidalgos de Verona con la obra que es el paradigma del amor eterno, incluso más allá de la muerte, Romeo y Julieta. Al inicio de la obra encontramos a un Romeo enamoradísimo:

ROMEO
¡Ay!… ¡Mísero de mí!… Mucho da que hacer aquí el odio, pero más el amor… Pluma de plomo, humo resplandeciente, fuego helado, robustez enferma, sueño en perpetua vigilia, que no es lo que es! Tal es el amor que siento sin sentir en tal amor amor alguno.

BENVOLIO
Dime, en serio, ¿de quién estás enamorado?

ROMEO
¡Cómo? ¿Tendré que decírtelo sollozando?

Muchos pensarán, ¿cómo no hacerlo?, que Romeo se está refiriendo a Julieta y que es por su afán de ver a Julieta por lo que aceptará ir a la fiesta de sus rivales, los Capuletos. Pero no es así:

BENVOLIO
En esa misma antigua casa de los Capuletos cena la encantadora Rosalina, a quien tanto amas, en unión de las más admiradas hermosuras de Verona.

En efecto, Romeo está enamorado, eternamente enamorado, pero no de Julieta, sino de Rosalina, a quien olvidará al conocer a Julieta, del mismo modo que Proteo olvidará a Julia al conocer a Silvia.

Para los seguidores del llamado “viaje del héroe” quizá sería interesante investigar si Shakespeare hace recorrer a sus personajes este viaje o no: una de las etapas iniciales consiste en que el héroe se niega a separarse de lo que tiene, de su cotidianeidad, del mundo en el que vive. La aventura consiste casi siempre en el paso del mundo ordinario o habitual al mundo extraordinario.

Podríamos considerar que Romeo vive en el mundo ordinario de su amor a Rosalina y Proteo en el de su amor a Julia. Ese amor es para ellos su mundo ordinario, lo establecido, es el territorio que se debe abandonar para que comience la aventura, la historia que nos quiere contar Shakespeare.

Romeo, guiado por Benvolio y sus amigos, que quieren desenamorarle, entrará en un mundo extraordinario en el que nunca ha estado antes, el de sus enemigos jurados, los Capuletos. En la fiesta de los Capuletos, queriendo ver de nuevo a Rosalina, Romeo verá a Julieta.

Proteo, por su parte, abandonará Verona, a pesar de que ha jurado no abandonar nunca la ciudad, para no alejarse de Julia, y viajará a Milán, donde ya le espera su amigo Valentín. En Milán, Proteo conocerá a Silvia, la mujer de la que se ha enamorado el antes escéptico Valentín.

Esa primera etapa del viaje del héroe es también el paso de la potencia al acto: entrar en el mundo extraordinario es una potencialidad del héroe, que espera ser actualizada.

Sin embargo, tal vez deberíamos analizar con más cuidado si los dos héroes de Shakespeare realmente se resisten a la aventura y a dar el primer paso en el mundo extraordinario. Eso le sucede a Valentín, y también a Julieta, pero es dudoso que podamos aplicárselo a Romeo y Proteo. En el caso de Romeo, un verdadero cambio sería de no estar enamorado a sí estarlo, pero Romeo empieza la obra locamente enamorado, aunque de Rosalina. Simplemente sustituye, quizá con una facilidad asombrosa para el símbolo del amor eterno, una pasión por otra.

 

El juego de la potencia y el acto

En cuanto al amigo de Proteo, Valentín,  Shakespeare también nos sugiere ese paso de potencia a acto antes de que suceda. Del mismo modo que la obra se inicia con los juramentos de amor de Proteo, Valentín se burla del amor de su amigo y asegura que él nunca se enamorará.

Así que ya sabemos qué es lo que le va a suceder a Valentín, porque ya hemos visto que Shakespeare suele conducirnos de la potencia al acto haciendo que el personaje diga lo contrario de lo que va a suceder. Recordemos, en efecto, que en Shakespeare los personajes a menudo no piensan lo que dicen, pero, aunque lo piensen, es frecuente que tampoco hagan lo que afirman que harán, sino todo lo contrario.

A ese juego entre lo que el personaje piensa, dice y hace, que sirve para hacer a los personajes menos previsibles y más complejos, yo lo llamo Tritogenia, recordando que el filósofo griego Demócrito definía como Tritogenia la correspondencia entre pensamiento, palabra y acción, una gran virtud que debemos imitar en lo posible, pero que no deben imitar nuestrros personajes.

Después de ver las primeras escenas, tenemos indicios suficientes para saber que Valentin es un hombre no enamorado en acto pero sí un enamorado en potencia, y que Proteo es un enamorado en acto (de Julia), pero también un enamorado en potencia (de Silvia) y un desenamorado en potencia (de Julia).

Proteo es presentado a Silvia, lo que desactualiza rapidamente su amor eterno hacia Julia y convierte su amor en potencia hacia Silvia en acto puro

Sin embargo, Shakespeare no nos cuenta todo desde el principio: sabemos que Proteo o Valentín pasarán de la potencia al acto, pero no sabemos exactamente de qué manera ni cuándo.

Es fácil sospechar que Valentín se enamorará de Julia, la mujer a la que ama Proteo. Pero no es eso lo que sucede cuando los dos amigos se separan.

Lo primero que sucede es que Valentín actualiza su posibilidad de enamorarse, pero se enamora de Silvia, y en Milán.

Lo segundo, que Proteo desactualiza su amor por Julia, se desenamora de ella, precisamente en el mismo instante en que actualiza su amor por Silvia, porque “un clavo saca otro clavo”, como dice Benvolio a Romeo en Romeo y Julieta y Proteo a sí mismo en Los dos hidalgos de Verona:

“Así como un clavo saca a otro clavo, así también un nuevo amor me ha hecho perder la ilusión de mi amor primero (II,IV)”.

Proteo conoce a Silvia y olvida a Julia al instante. ¿Por qué lo hace? ¿Sólo por amor a Silvia? Quizá no, pero no es este lugar para discutir esa interesante cuestión.

Por ahora nos basta con saber que Proteo, respondiendo por fin a su nombre, cambia, se transforma, convirtiendo las potencialidades sugeridas por Shakespeare, en actos.

Tambien las mujeres de la obra, Julia y Silvia, se mueven entre la potencia y el acto en su pasión por Proteo y Valentín. Shakespeare, en efecto, nos hace dudar de si Silvia cederá o no al acoso amoroso de Proteo y de si Julia podrá desenamorarse de Proteo.

Los dos hidalgos de Verona, es tal vez una obra menor en el índice shakesperiano, pero esconde algunos tesoros que no habría que descuidar, como este sabio y constante juego entre potencia y acto.

En otras obras de Shakespeare, sin embargo, un personaje puede permanecer inalterable toda la obra, como le sucede a Elena en su amor a Beltrán en A buen fin no hay mal principio. Y como le sucede al propio Beltrán, tozudo como ella, en el rechazo a ese amor. Tan solo al final uno de los dos cambiará, y ese amor o desamor en potencia se actualizará. En el camino, Shakespeare nos mantendrá atrapados, dudando acerca de si ese cambio se va a producir y cómo.

Todos los anteriores son buenos ejemplos de cómo podemos utilizar los prejuicios y las expectativas del espectador a nuestro favor: para satisfacerlas o para defraudarlas.

 

Potencia, acto y tensión sexual

Si quisiéramos contar todo esto en un lenguaje moderno y televisivo, podríamos considerar que el ejemplo más evidente del juego entre potencia y acto es la llamada “tensión sexual no resuelta”. Ese truco narrativo que se emplea cuando dos personajes están siempre a punto de besarse (o a punto de pegarse o de separarse), pero que nunca llegan a hacerlo.

Momentos de tensión sexual no resuelta en Expediente X (X Files). ¿Pasarán los agentes Mulder y Scully de la potencia al acto?

Momentos de tensión sexual no resuelta en Expediente X (X Files). ¿Pasarán los agentes Mulder y Scully de la potencia al acto?

Esa situación está siempre en potencia, revoloteando en cada minuto, en cada nuevo encuentro, pero nunca se convierte en acto. En Expediente X era un dogma de fe que nunca debía actualizarse la pasión entre los dos protagonistas, para no cometer el error de Luz de luna y ver caer la audiencia. Pero en Shakespeare esa actualización casi siempre sucede: Othelo mata a Desdémona, Hamlet al usurpador, Romeo se acuesta con Julieta, Macbeth es vencido por el bosque de Durhan y por un hombre no nacido de mujer.

En las obras que tienen un principio y un final, como una obra de teatro o una película, las cosas casi siempre acaban pasando de la potencia al acto, al contrario que en las series de televisión o los comics de continuará. Se necesita tensión sexual… resuelta.

Pero es recomendable que no sucedan exactamente como el espectador imagina que va a suceder: Los dos Hidalgos de Verona, al contrario que otras obras de celos, como Otelo, El médico de su honra o El pintor de su deshonra (ambas de Calderón de la Barca) no termina con la muerte de los adúlteros o el castigo a los culpables, sino con una insólita reconciliación. Quien no conozca Los dos hidalgos de Verona, puede leerla y añadir su opinión y su perplejidad a la de tantos otros lectores:  el desenlace es tan sorprendente que ha provocado continuas discusiones entre los expertos en Shakespeare.

 

 Cuando los personajes actúan

Ahora bien,aunque no haya leído nunca a Aristóteles,  cualquier persona sensata sabe que es algunas cosas en potencia y otras en acto. A menudo las cosas que esa persona es en potencia pasan por su mente cuando sueña, o cuando imagina situaciones en las que hace lo que en la vida real no se atreve a hacer. Cuántas veces hemos oído a un amigo decir, refiriéndose a una discusión que ha tenido con su jefe o con su amante:

Y, claro, yo fui y le dije:“A ver si te enteras de una vez de que…”

Pero en realidad no han dicho nada de eso, sólo han imaginado (con evidente placer) que lo decían; cuando les preguntamos. “¿De verdad se lo dijiste?”, nos responden: “No, pero lo pensé”.

 

Actuar como los actores

Valentín es un enamorado en potencia, como todos los hombres, como todas las mujeres, como todos los seres humanos. Pero, además, se enamora en acto. Eso es lo que nos ofrece la ficción: el espectáculo del paso de la potencia al acto.

El arte, como ya entendieron los griegos, es un sustituto de la vida. Vemos hacer a los actores lo que a nosotros nos gustaría hacer, convertir en actuales esas potencialidades. Por eso los actores imitan a las personas y las personas imitan a los actores. Porque, de vez en cuando, en ocasiones estimulados por lo que hemos visto hacer a un actor, también nosotros nos decidimos y actualizamos nuestras potencialidades.

Como espectadores, nos interesa mucho observar lo que un personaje es y adivinar o intuir lo que podría ser. Lo que dice y lo que desearía decir. Es algo que nos interesa también cuando nos convertimos en nuestro propio espectáculo, es decir, cuando nos observamos a nosotros mismos. Somos esto, pero podríamos ser aquello.

Pocas veces se ha expresado mejor el paso de la potencia al acto que en el poema de Pedro Salinas Perdóname por ir así buscándote:

Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.
Perdóname el dolor alguna vez.
Es que quiero sacar
de ti tu mejor tú.
Ese que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en lo alto como tiene
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.
Y entonces tú
en su busca vendrías, a lo alto.
Para llegar a él
subida sobre ti, como te quiero,
tocando ya tan sólo a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.
Y que a mi amor entonces le conteste
la nueva criatura que tú eres.

A cualquier persona que le digan: “Eres esto, pero podrías ser esto otro”, o “Pareces ser esto, pero eres aquello”, la idea le parecera muy razonable: todos sabemos que, efectivamente, somos más de lo que parecemos. Sin embargo, sólo los tontos se quedan satisfechos con ese dictamen y presumen de que su personalidad está escrita en las estrellas, en las líneas de la mano o en la mirada de un poeta. Porque no se convierte uno en lo que puede ser mediante incienso, posturas o gestos más o menos extravagantes o la lectura de su signo zodiacal, ni siquiera tras una intensa meditación. Uno se convierte en eso que puede ser de otra manera: investigando, leyendo, observando, aprendiendo a pensar, conociendo a desconocidos, escuchando de verdad a los demás, descubriendo los propios prejuicios, acumulando, en definitiva, experiencias. Modelando y moldeando su ser. Porque, en casi todas las cosas, sólo somos en potencia lo que podríamos ser.

Si, además de serlo en potencia, queremos ser algo en acto, debemos, como es obvio, actuar. Al actuar, convertiremos lo que estaba en potencia en acto, pero no como quien saca los regalos de una caja, sino como quien fabrica sus propios regalos con materiales que ha encontrado a lo largo de su búsqueda.

Los adivinos dicen: “Eres otro: descúbrete a ti mismo”. Y muchos se creen que la cosa consiste en ponerse a escarbar dentro de uno mismo. Pero si vivimos en un pozo lleno de arena, lo único que encontraremos será arena. Hay que salir del pozo o al menos mirar hacia fuera. Mirar hacia lo que no somos nosotros. Eso es lo que nos permite pasar de la potencia al acto, porque, como bien saben los físicos, para que un sistema se mantenga vivo, o al menos caliente, necesita extraer energía del exterior.

 

 

 

 **********

[Publicado en 2009 en Variaciones ]

OTRAS ENTRADAS SHAKESPERIANAS

Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más
Las reglas del juego en Shakespeare

Leer Más
¿Dónde suceden las cosas en Shakespeare?

Leer Más
Shakespeare y los guionistas

…y un artículo de Lucía Burbano


Leer Más
Shakespeare entre showrunners

Leer Más
Hamlet, detective

Leer Más
El rey Lear en tres dimensiones

Leer Más
El autor y sus personajes

Leer Más
Shakespeare y la imperfección

Leer Más
Los celos en Shakespeare y Calderón de la Barca

Leer Más
Macbeth y las tres brujas

Leer Más
Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más
Proteo el cambiante

Leer Más
Todo Shakespeare

Leer Más
Los libros que queremos leer y el Cardenio
Shakespeare y Cervantes /3

Leer Más
El Shakespeare cervantino
Shakespeare y Cervantes /2

Leer Más
Cardenio, la obra perdida de Shakespeare
Shakespeare y Cervantes /1

Leer Más
El guionista a la búsqueda del espectador

Leer Más
Shakespeare y su época

Leer Más
El Gran Mecanismo

Leer Más
McLuhan y Shakespeare en un balcón de Verona

Leer Más
Shakespeare y los androides

Leer Más
La vida y la obra en Shakespeare y Catulo

Leer Más
Hamlet, el primer romántico

Leer Más
La invención humana

Leer Más
Escribir sobre Shakespeare

Leer Más
Diatriba contra la virginidad

Leer Más
Un curioso epílogo de Shakespeare

Leer Más
La opinión de Shakespeare sobre sus obras

Leer Más

 

Share

Las reglas del juego en Shakespeare

A William Shakespeare los críticos de su época le acusaban de inverosimilitud porque no respetaba la regla de las tres unidades. La regla de las tres unidades exigía que una obra debía desarrollarse en el mismo lugar, en un espacio de tiempo limitado, un día como máximo, y con una única acción fundamental.

Aunque los humanistas italianos creyeron encontrar estas reglas en la Poética de Aristóteles, lo cierto es que Aristóteles habla sólo de la unidad de acción de manera extensa y se refiere brevemente a la unidad de tiempo, diciendo que no hay por qué poner límites temporales a las comedias, pero que para las tragedias conviene que su duración se aproxime a «un ciclo solar», es decir, un día.

A. M. Faulkner. Antony and Cleopatra. Drawing, 1906. Folger Shakespeare Library.

A. M. Faulkner. Antony and Cleopatra. Drawing, 1906. Folger Shakespeare Library.

Sin embargo, en contra de las opiniones de los preceptistas italianos y de los clasicistas franceses, Shakespeare hace transcurrir sus obras en distintos lugares y en espacios de tiempo muy dilatados: la acción salta de un lugar y de un momento a otro, a medida que se suceden los actos, e incluso dentro de los actos mismos.

En Antonio y Cleopatra, la trama se inicia en Alejandría, pero enseguida se traslada a Roma, para regresar a Alejandría una escena después y saltar a Mesina, Roma, Alejandría de nuevo, un campamento romano, una galera en el mar, una llanura en Siria, Roma, Alejandría, Atenas, Accio y, finalmente, en la última escena del quinto acto, de nuevo Alejandría. Nada que envidiar a una superproducción de Hollywood como Cleopatra, de Mankiewicz.

Todos estos cambios les parecían inverosímiles a quienes defendían la regla de las tres unidades:

“Si el espectador advierte que el primer acto se desarrolla en Alejandría, no podrá creer que el segundo suceda en Roma, pues sabe con certeza que él no ha cambiado de lugar y que ese lugar no puede haber cambiado por sí solo; que lo que era una casa no puede convertirse en una pradera, y que lo que fue Tebas jamás podrá ser Persépolis”.

cleopatra017-joseph-l-mankiewicz-theredlist

Cleopatra habla con Joseph Louis Mankiewicz

teatro-isabelino-espectadoresSamuel Johnson dio una respuesta que se ha hecho célebre a los partidarios de la verosimilitud y de la regla de las tres unidades: los espectadores no pierden nunca el buen juicio y saben, desde el primer acto hasta el último, que el escenario es sólo un escenario y que los actores son sólo actores… ¿Por qué es absurdo admitir que un espacio pueda ser primero Atenas y luego Sicilia si siempre se ha sido consciente de que no es ni Sicilia ni Atenas sino un teatro moderno?». En la vida real sabemos que no podemos trasladarnos de un país a otro con sólo abrir y cerrar una cortina, pero también sabemos que el teatro o la sala de cine son precisamente los lugares en los que esas cosas son posibles. El público lo entendió antes que los expertos, incluso el público de las obras clásicas italianas y francesas, puesto que siempre supo no sólo que aquella divertida historia que estaba viendo no transcurría en la casa de un enfermo, sino que, además, ese enfermo imaginario ni siquiera era un enfermo imaginario, sino Jean-Baptiste Poquelin, apodado Molière, protagonista y autor de la obra.

El propio Shakespeare, en el prólogo a Enrique V, admite que cualquier obra de teatro es en su misma esencia inverosímil:

“Pero todos vosotros, nobles espectadores, perdonad al genio sin llama que ha osado llevar a estos indignos tablados un tema tan grande. ¿Este circo de gallos, puede contener los vastos campos de Francia? ¿O podríamos en esta O de madera hacer entrar solamente los cascos que asustaron al cielo en Agincourt?”

Por fortuna, esa inverosimilitud esencial puede ser olvidada si el público pone algo de su parte y acepta jugar al juego que se le propone:

“Suplid mi insuficiencia con vuestros pensamientos. Multiplicad un hombre por mil y cread un ejército imaginario. Cuando os hablemos de caballos, pensad que los veis hollando con sus soberbios cascos la blandura del suelo, porque es vuestra imaginación la que debe hoy vestir a los reyes, transportarlos de aquí para allá, cabalgar sobre las épocas, amontonar en una hora los acontecimientos de numerosos años”.

La O de madera por la que podrían entrar los caballos que participaron en la batalla de Agincourt era probablemente el escenario del teatro, aunque aquí tenemos otra O, también de madera al fin y al cabo, en el restaurado teatro The Globe, en el que Shakespeare representó algunas de sus obras.

La O de madera por la que podrían entrar los caballos que participaron en la batalla de Agincourt era probablemente el escenario del teatro, aunque aquí tenemos otra O, también de madera al fin y al cabo, que enmarca el cielo, en el restaurado teatro The Globe, en el que Shakespeare representó algunas de sus obras.

El cine no exige tanto de la imaginación del espectador como lo hace el teatro y Shakespeare no habría tenido necesidad de escribir el prólogo de Enrique V si hubiese rodado una película, en la que habría podido mostrar a miles de hombres, un ejército entero de extras, el estrépito causado por los cascos de cientos de caballos al galope y reyes vestidos como tales en salas del trono idénticas a las que pisaron los reyes de Inglaterra.

El cine puede mostrar casi todo, pero, paradójicamente, eso hace que el espectador, acostumbrado a no tener que usar apenas su imaginación, sea más exigente que el del teatro cuando advierte cualquier pequeño detalle que no coincide con la idea que él tiene de cómo es eso en el mundo real.

El teatro The Globe en 2013. (Foto de Daniel Tubau)

El teatro The Globe en 2013. (Foto de Daniel Tubau)


 

lasparadojasEsta entrada es un fragmento, que he modificado en algunos detalles, de mi libro Las paradojas del guionista, reglas y excepciones en la práctica del guión.
Página web: Las paradojas del guionista
Comprar en Amazon



WILLIAM SHAKESPEARE

Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más
Las reglas del juego en Shakespeare

Leer Más
¿Dónde suceden las cosas en Shakespeare?

Leer Más
Shakespeare y los guionistas

…y un artículo de Lucía Burbano


Leer Más
Shakespeare entre showrunners

Leer Más
Hamlet, detective

Leer Más
El rey Lear en tres dimensiones

Leer Más
El autor y sus personajes

Leer Más
Shakespeare y la imperfección

Leer Más
Los celos en Shakespeare y Calderón de la Barca

Leer Más
Macbeth y las tres brujas

Leer Más
Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más
Proteo el cambiante

Leer Más
Todo Shakespeare

Leer Más
Los libros que queremos leer y el Cardenio
Shakespeare y Cervantes /3

Leer Más
El Shakespeare cervantino
Shakespeare y Cervantes /2

Leer Más
Cardenio, la obra perdida de Shakespeare
Shakespeare y Cervantes /1

Leer Más
El guionista a la búsqueda del espectador

Leer Más
Shakespeare y su época

Leer Más
El Gran Mecanismo

Leer Más
McLuhan y Shakespeare en un balcón de Verona

Leer Más
Shakespeare y los androides

Leer Más
La vida y la obra en Shakespeare y Catulo

Leer Más
Hamlet, el primer romántico

Leer Más
La invención humana

Leer Más
Escribir sobre Shakespeare

Leer Más
Diatriba contra la virginidad

Leer Más
Un curioso epílogo de Shakespeare

Leer Más
La opinión de Shakespeare sobre sus obras

Leer Más


prefacioashakespeare

Defensa de Shakespeare

El efecto Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 1


Leer Más
Los tópicos de Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 2


Leer Más
Prefacio al Prefacio

|| Defensa de Shakespeare y ataque 3


Leer Más
Johnson y su Vida

|| Defensa de Shakespeare y ataque 4


Leer Más
Voltaire contra Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 5


Leer Más
Algunas destrezas de Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 6


Leer Más
Los defectos de Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 7


Leer Más
Shakespeare y la novela histórica

|| Defensa de Shakespeare y ataque 8


Leer Más
Shakespeare, el vulgar

|| Defensa de Shakespeare y ataque 9


Leer Más
La improbable verosimilitud de Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 10


Leer Más
La muerte aplazada

|| Defensa de Shakespeare y ataque 11


Leer Más

Ver también: Escribir sobre Shakespeare

Todas las entradas de literatura en: El resto es literatura

Share

¿Dónde suceden las cosas en Shakespeare?


Jan Kott hace un interesante análisis de la escena de El rey Lear en la que Edgar guía al ciego Gloucester (su padre) hacia un precipicio. No existe tal precipicio, pero Edgar cree que puede curar de su locura al anciano si lo conduce hacia una falsa muerte. Se van arrastrando hasta el precipicio y, finalmente, el anciano se lanza al abismo. Cae y muere. O eso parece, porque, en realidad no hay tal caída.
Kott advierte acerca del sentido de esta escena, que puede ser echada a perder por una representación naturalista. Puesto que no existe ese precipicio, es absurdo pintarlo en el escenario o representarlo de cualquier manera. Ni siquiera, dice Kott, se puede llevar esta escena al cine sin destruirla. Ya se trate de un precipicio real o fingido, la fuerza de la situación se pierde:

“El escenario tiene que estar vacío. El suicidio, o más bien el símbolo del suicidio, debe representarse en un escenario vacío… El ciego Gloucester cae en el escenario vacío… El ciego Gloucester, que ha ascendido por una montaña inexistente para arrojarse sobre unas tablas lisas, es un payaso. Lo que se ha representado es una especie de payasada filosófica; la misma que encontramos en el teatro contemporáneo”.

Una de las mejores soluciones es cubrir de humo o nubes el escenario, lo que permite mantener el engaño tanto para Gloucester como para el espectador, sin que la trampa sea vulgar

Por un momento, el espectador del teatro cree que el abismo existe, como lo cree Gloucester, pero acaba descubriendo que no hay tal abismo, como lo descubre Gloucester. Lear y el abismo que no existe.

¿Dónde suceden las cosas? A veces el espectador completa la escena con la fuerza de su imaginación: ve puertas, castillos, mares, ejércitos, como le pide el propio Shakespeare en alguna ocasión:

“Suplid mi insuficiencia con vuestros pensamientos. Multiplicad un hombre por mil y cread un ejército imaginario. Cuando os hablemos de caballos, pensad que los veis hollando con sus soberbios cascos la blandura del suelo, porque es vuestra imaginación la que debe hoy vestir a los reyes, transportarlos de aquí para allá.” (Enrique V)

Ahora bien, aunque no existe tampoco el barco que naufraga en La tempestad, Ariel es un espíritu al que sí ve el espectador, pero que no ven ni Trínculo ni Esteban, dos de los personajes de la obra. Tampoco Bottom ve a Helena, o sus pretendientes a Puck en El sueño de una noche de verano.

Como espectadores se nos pide a veces que imaginemos, que veamos cosas que no están ahí, pero que se supone que sí ven los personajes, mientras que otras veces se nos muestra algo que vemos nosotros pero no ellos, a pesar de tenerlas delante en el escenario.
holms¿Y el puñal de Macbeth? Macbeth ve el puñal, pero el puñal no existe. ¿Los espectadores, vemos el puñal que ve Macbeth o vemos como los demás personajes que allí no hay ningún puñal? Difícil decisión para un director de escena.

¿Y el espectro del padre de Hamlet? Se supone que debemos verlo en sus primeras apariciones, como lo ve Hamlet y los guardias. Pero, ¿debemos verlo cuando Hamlet lo ve y su madre no lo ve? ¿Vemos como Hamlet o vemos como la madre? Otro verdadero dilema para la puesta en escena.

Hamlet ve el espectro de su padre tras matar a Polonio. Pero su madre no lo ve. ¿vemos nosotros al espectro? ¿Vio Hamlet al espectro antes pero ahora lo imagina?

Se trata de diferentes tipos de no existencia, no siempre coincidentes, a menudo mezclados. Podemos preguntarnos, en efecto, si en el teatro cuando Shakespeare dirigía la obra el espectador veía un puñal o si sólo lo veía Macbeth, y también podemos preguntarnos si aunque veamos al fantasma de Hamlet, el fantasma existe sólo para Hamlet. ¿Qué estamos viendo, lo que vería cualquiera o lo que ve Hamlet dentro de su cabeza? Podríamos comparar la escena del fantasma con aquella típica escena de muchas películas en la que vemos los pensamientos del personaje, sus imaginaciones, lo que está soñando, pero eso ya sería decantarse por una hipótesis acerca de la mente de Hamlet: no se finge loco, está loco.


Escena de la daga de Macbeth por Ian McKellen

[Publicado el 26 de diciembre de 2008]

WILLIAM SHAKESPEARE

Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más
Las reglas del juego en Shakespeare

Leer Más
¿Dónde suceden las cosas en Shakespeare?

Leer Más
Shakespeare y los guionistas

…y un artículo de Lucía Burbano


Leer Más
Shakespeare entre showrunners

Leer Más
Hamlet, detective

Leer Más
El rey Lear en tres dimensiones

Leer Más
El autor y sus personajes

Leer Más
Shakespeare y la imperfección

Leer Más
Los celos en Shakespeare y Calderón de la Barca

Leer Más
Macbeth y las tres brujas

Leer Más
Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más
Proteo el cambiante

Leer Más
Todo Shakespeare

Leer Más
Los libros que queremos leer y el Cardenio
Shakespeare y Cervantes /3

Leer Más
El Shakespeare cervantino
Shakespeare y Cervantes /2

Leer Más
Cardenio, la obra perdida de Shakespeare
Shakespeare y Cervantes /1

Leer Más
El guionista a la búsqueda del espectador

Leer Más
Shakespeare y su época

Leer Más
El Gran Mecanismo

Leer Más
McLuhan y Shakespeare en un balcón de Verona

Leer Más
Shakespeare y los androides

Leer Más
La vida y la obra en Shakespeare y Catulo

Leer Más
Hamlet, el primer romántico

Leer Más
La invención humana

Leer Más
Escribir sobre Shakespeare

Leer Más
Diatriba contra la virginidad

Leer Más
Un curioso epílogo de Shakespeare

Leer Más
La opinión de Shakespeare sobre sus obras

Leer Más


prefacioashakespeare

Shakespeare según Johnson

El efecto Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 1


Leer Más
Los tópicos de Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 2


Leer Más
Prefacio al Prefacio

|| Defensa de Shakespeare y ataque 3


Leer Más
Johnson y su Vida

|| Defensa de Shakespeare y ataque 4


Leer Más
Voltaire contra Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 5


Leer Más
Algunas destrezas de Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 6


Leer Más
Los defectos de Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 7


Leer Más
Shakespeare y la novela histórica

|| Defensa de Shakespeare y ataque 8


Leer Más
Shakespeare, el vulgar

|| Defensa de Shakespeare y ataque 9


Leer Más
La improbable verosimilitud de Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 10


Leer Más
La muerte aplazada

|| Defensa de Shakespeare y ataque 11


Leer Más

Ver también: Escribir sobre Shakespeare

Todas las entradas de literatura en: El resto es literatura

Share

Shakespeare y los guionistas

…y un artículo de Lucía Burbano

Shakespeare- guionistas

Ilustración de Diego Chacón para la revista Valor

Aquí puedes leer un artículo excelente escrito por Lucía Burbano para la revista mexicana Valor, acerca de la relación de William Shakespeare con los nuevos guionistas, con los llamados showrunners o creadores de series como Breaking Bad, Los Soprano, Boardwalk Empire o Mad Men.

Aunque es un asunto del que se ha hablado quizá ya mucho, a veces de manera muy superficial, y hay quien duda incluso de que se pueda establecer tal comparación, lo cierto es que las similitudes entre Shakespeare y algunos (no todos) de los nuevos narradores de televisión, son quizá más de las que parece. Una de ellas, que no he visto señalada en ningún lugar, es que las semejanzas no se limitan a los temas, los tratamientos o las intenciones narrativas, sino que también tienen que ver con el hecho de que William Shakespeare participaba en sus obras no sólo como autor, sino como director de escena y empresario, es decir, tenía un control sobre sus obras muy semejante al de un moderno showrunner y era capaz de despedir sin dudarlo al actor más exitoso de la compañía, William Kemp, del mismo modo que David Chase despidió a Todd Kessler, uno de sus guionistas, en el mismo día en el que ese buen hombre se disponía a acudir a la gala de los Emmy, quizá a recoger el premio por el mejor guión. Lo contaré en otra ocasión en esta página, pero puedes leerlo en mi libro El espectador es el protagonista, donde desarrollo la comparación entre nuevas series y Shakespeare en un aspecto que creo tampoco ha sido tratado por quienes comparan ambas cosas, o en Hombres fuera de serie, el libro de Brett Martin acerca de los nuevos creadores de series de televisión en Estados Unidos. También en El guionista del siglo 21 hablé de los aspectos shakesperianos de las nuevas series.

Por otra parte, además de acumular todas las funciones mencionadas, Shakespeare era también actor, aunque quizá no de los mejores: parece que su mejor papel era el de espectro en Hamlet. No sé si habrá muchos casos de showrunner que también participen como actores en sus series.

Volviendo al origen de esta entrada, en “Shakespeare, guionista de televisión”, Lucía Burbano ofrece datos y reflexiones muy interesantes, resultado de una investigación muy exhaustiva, en la que entrevistó a diversas personas del medio, como Javier Olivares Xavier Pérez, Jordi Balló, Naila Vázquez, Jorge Carrión o yo mismo. Como se trata de una revista que no tiene edición digital y sólo se puede adquirir en México, Lucía me ha autorizado para insertar su artículo en esta página.

 

También puedes leer mi entrada Shakespeare entre showrunners

 


WILLIAM SHAKESPEARE

La opinión de Shakespeare sobre sus obras

Leer Más
Un curioso epílogo de Shakespeare

Leer Más
Diatriba contra la virginidad

Leer Más
Escribir sobre Shakespeare

Leer Más
La invención humana

Leer Más
Hamlet, el primer romántico

Leer Más
La vida y la obra en Shakespeare y Catulo

Leer Más
Shakespeare y los androides

Leer Más
McLuhan y Shakespeare en un balcón de Verona

Leer Más
El Gran Mecanismo

Leer Más
Shakespeare y su época

Leer Más
El guionista a la búsqueda del espectador

Leer Más
Cardenio, la obra perdida de Shakespeare
Shakespeare y Cervantes /1

Leer Más
El Shakespeare cervantino
Shakespeare y Cervantes /2

Leer Más
Los libros que queremos leer y el Cardenio
Shakespeare y Cervantes /3

Leer Más
Todo Shakespeare

Leer Más
Proteo el cambiante

Leer Más
Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más
Macbeth y las tres brujas

Leer Más
Los celos en Shakespeare y Calderón de la Barca

Leer Más
Shakespeare y la imperfección

Leer Más
El autor y sus personajes

Leer Más
El rey Lear en tres dimensiones

Leer Más
Hamlet, detective

Leer Más
Shakespeare entre showrunners

Leer Más
Shakespeare y los guionistas

…y un artículo de Lucía Burbano


Leer Más
¿Dónde suceden las cosas en Shakespeare?

Leer Más
Las reglas del juego en Shakespeare

Leer Más
Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más

Defensa de Shakespeare y ataque

El efecto Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 1


Leer Más
Los tópicos de Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 2


Leer Más
Prefacio al Prefacio

|| Defensa de Shakespeare y ataque 3


Leer Más
Johnson y su Vida

|| Defensa de Shakespeare y ataque 4


Leer Más
Voltaire contra Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 5


Leer Más
Algunas destrezas de Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 6


Leer Más
Los defectos de Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 7


Leer Más
Shakespeare y la novela histórica

|| Defensa de Shakespeare y ataque 8


Leer Más
Shakespeare, el vulgar

|| Defensa de Shakespeare y ataque 9


Leer Más
La improbable verosimilitud de Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 10


Leer Más
La muerte aplazada

|| Defensa de Shakespeare y ataque 11


Leer Más


espectadoreselprotagonista

El espectador es el protagonista
Manual y antimanual de guión
(Comprar en Casa del libro)


Las paradojas del guionista
Reglas y excepciones en la práctica del guión

Casa del Libro  / Amazon

Página web del libro


El guión del siglo 21
El futuro de la narrativa en el mundo digital

Comprar en Casa del Libro
Página web del libro

Share

Shakespeare entre showrunners

Aristóteles dijo que el arte debía imitar a la vida, pero en el siglo XIX Oscar Wilde llegó a la conclusión contraria: “Es la vida la que imita al arte… y en concreto a William Shakespeare”.

nucky

Nucky Thompson en Boardwalk Empire (Terence Winten/Martin Scorssesse)

En opinión de Wilde, una opinión bastante plausible, toda la época romántica se debe a la imitación de una marioneta melancólica. La marioneta es Hamlet, por supuesto. Harold Bloom llevó la idea al extremo y tituló uno de sus ensayos Shakespeare o la invención de lo humano. La psicología moderna, es decir, todos nosotros, nos dicen Wilde y Bloom, somos una imitación de los personajes de Shakespeare, así que ya era hora de que también las series de televisión nos mostraran una buena galería de personajes shakesperianos: Al Swearengen en Deadwood, Tony Soprano en Los Soprano, Walter White en Breaking Bad, Frank Underwood en House of cards o Nucky Thompson en Boardwalk Empire.

 

Aunque no es imprescindible ser malvado para ser shakesperiano, todos los personajes que acabo de mencionar lo son, del mismo modo que lo son Macbeth, Shylock, Ricardo III e incluso Otelo y Hamlet. Son también personas temidas y respetadas en sus respectivos medios y a veces incluso ocupan la cúspide del poder, como Ricardo III, Macbeth, Frank Underwood, el presidente de los Estados Unidos, o Tony Soprano y Nucky Thompson, jefes de sus respectivas mafias. No tienen escrúpulos, están muy seguros de sí mismos, aunque tienen crisis que les llevan a ver puñales imaginarios, como Macbeth, o perseguir moscas de manera obsesiva, como Walter White; o desmayarse al ver una bandada de patos volando, como Tony Soprano. También son capaces de hacer cualquier cosa para conseguir sus objetivos, por supuesto, o de hablar con un cráneo, como Hamlet, aunque esté dentro de una caja, como hace Al Swearengen en Deadwood.

Por otra parte, en todas estas series, el personaje principal es el eje en torno al que gira todo, como explica David Simon, el creador de The Wire (que se confiesa griego en vez de shakesperiano):

“Los Soprano y Deadwood, dos series que por cierto admiro bastante, me recuerdan mucho a Macbeth, Ricardo III o Hamlet, en el sentido de que hacen un particular hincapié en la angustia y las maquinaciones de los personajes principales”.

Los paralelos entre los personajes de Shakespeare y los creados por los modernos showrunner o guionistas y creadores de las nuevas series de televisión son muchos, pero aquí quiero limitarme a una semejanza, la que existe entre Ricardo III y cualquiera de los personajes que he citado.

Tony Soprano en Los Soprano (David Chase)

Tony Soprano en Los Soprano (David Chase)

Muchos espectadores, llevados por el poder de la ficción, no se dan cuenta o no quieren entender lo que les están… Clic para tuitearCuando Ricardo, el contrahecho, el jorobado, “el enemigo de los espejos”, como él mismo se define, jura ante el cadáver de su hermano (al que él mismo ha asesinado) que se convertirá en rey de Inglaterra a pesar de que hay muchos antes que él en la línea de sucesión, el reto nos parece imposible. Sin embargo, escena tras escena, asistimos a su ascenso continuo, como lo hacemos al ver a Francis Underwood en la carrera hacia la presidencia o a Walter White, Tony Soprano y Al Swearengen en sus respectivos dominios criminales. Ese ascenso sólo puede sostenerse en el crimen, la brutalidad, el maquiavelismo permanente y el asesinato de todos sus rivales. Contemplamos cómo Ricardo se deshace de sus rivales uno tras otro, matando incluso a niños si es necesario. Finalmente alcanza el trono y proclama: “Caiga el telón y ruede la cabeza de Buckingham” y es entonces, como dice Harold Bloom, cuando, a causa de la simpatía que Shakespeare ha hecho que sintamos por Buckingham, despertamos de nuestro sueño criminal y nos damos cuenta de que hemos estado siguiendo la ascensión criminal de Ricardo con interés, incluso con agrado, deseando que lograra su objetivo. Ahora entendemos por fin que somos tan criminales como el propio Ricardo, al menos en espíritu: el telón cae también para nosotros. Del mismo modo, de tanto en tanto, también David Chase con Tony Soprano, David Milch con Al Swearengen o Vince Gilligan con Walter White nos muestran quiénes son esos personajes por los que hemos sentido tanta simpatía e incluso afinidad (omitiré las referencias exactas por aquello de no hacer spoilers). Es entonces, al menos por un momento, cuando despertamos de nuestro sueño empático y comprendemos que ese personaje por el que hemos sentido tanta empatía es un tipo repugnante, un asesino bestial, una muestra de lo peor que puede ser un ser humano.

deadwood

Al Swearengen en Deadwood

Walter White en Breaking Bad

Walter White en Breaking Bad

Y a pesar de ello, muchos espectadores, llevados por el poder de la ficción, no se dan cuenta o no quieren entender lo que les están mostrando. Vince Gilligan contaba que, a partir de la tercera temporada de Breaking Bad, él detestaba con toda su alma a Walter White y que incluso le costaba entender cómo había logrado que el público sintiera más simpatía hacia él que hacia su mujer, a la que algunos espectadores incluso llegaron a insultar en las redes sociales por interponerse en la carrera criminal de Walter White. Es el riesgo de imitar, y en ocasiones casi igualar, la grandeza y la complejidad de William Shakespeare.


WILLIAM SHAKESPEARE

La opinión de Shakespeare sobre sus obras

Leer Más
Un curioso epílogo de Shakespeare

Leer Más
Diatriba contra la virginidad

Leer Más
Escribir sobre Shakespeare

Leer Más
La invención humana

Leer Más
Hamlet, el primer romántico

Leer Más
La vida y la obra en Shakespeare y Catulo

Leer Más
Shakespeare y los androides

Leer Más
McLuhan y Shakespeare en un balcón de Verona

Leer Más
El Gran Mecanismo

Leer Más
Shakespeare y su época

Leer Más
El guionista a la búsqueda del espectador

Leer Más
Cardenio, la obra perdida de Shakespeare
Shakespeare y Cervantes /1

Leer Más
El Shakespeare cervantino
Shakespeare y Cervantes /2

Leer Más
Los libros que queremos leer y el Cardenio
Shakespeare y Cervantes /3

Leer Más
Todo Shakespeare

Leer Más
Proteo el cambiante

Leer Más
Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más
Macbeth y las tres brujas

Leer Más
Los celos en Shakespeare y Calderón de la Barca

Leer Más
Shakespeare y la imperfección

Leer Más
El autor y sus personajes

Leer Más
El rey Lear en tres dimensiones

Leer Más
Hamlet, detective

Leer Más
Shakespeare entre showrunners

Leer Más
Shakespeare y los guionistas

…y un artículo de Lucía Burbano


Leer Más
¿Dónde suceden las cosas en Shakespeare?

Leer Más
Las reglas del juego en Shakespeare

Leer Más
Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más

Defensa de Shakespeare y ataque

El efecto Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 1


Leer Más
Los tópicos de Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 2


Leer Más
Prefacio al Prefacio

|| Defensa de Shakespeare y ataque 3


Leer Más
Johnson y su Vida

|| Defensa de Shakespeare y ataque 4


Leer Más
Voltaire contra Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 5


Leer Más
Algunas destrezas de Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 6


Leer Más
Los defectos de Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 7


Leer Más
Shakespeare y la novela histórica

|| Defensa de Shakespeare y ataque 8


Leer Más
Shakespeare, el vulgar

|| Defensa de Shakespeare y ataque 9


Leer Más
La improbable verosimilitud de Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 10


Leer Más
La muerte aplazada

|| Defensa de Shakespeare y ataque 11


Leer Más

Share