Otros mundos: Uexkhull y el Zhuang Zi

Hay que recordar aquí aquella frase que se hizo célebre gracias a un anuncio de colonia: “Hay otros mundos, pero están en este”.

No sólo de abajo arriba, como del mundo de la cigarra respecto al nuestro, sino también al revés: hay mucha información que las cigarras o las abejas perciben y que a nosotros nos pasa inadvertida. Por ejemplo, las abejas ven la luz ultravioleta y nosotros no.

uexkhullA principios del siglo XX, un biólogo llamado Jacob von Uexküll pretendía oponerse al darwinismo con argumentos realmente poderosos. Una de las cosas que decía Uexküll es que los animales de un determinado ecosistema viven en mundos diferentes. En el rico fondo marino, lleno de estímulos diversos (temperatura del agua, colores, formas, etcétera) una esponja sólo percibe dos cosas: me tocan/no me tocan.

Es como un ordenador digital: abierto, cerrado. A la esponja le importa un pimiento si lo que la toca es un pedazo de plancton verde, rojo o amarillo o un trozo de plástico, ella sólo percibe:

me toca|no me toca

abierto|cerrado

encendido|apagado

0|1

La esponja de Uexküll se parece al insecto de Zhuang Zi: vive en el mismo mundo que nosotros, pero como si no: de los cientos de miles de estímulos posibles sólo recibe dos.

En Cartas biológicas a una dama, un delicioso libro que escribió para la que iba a ser su esposa, la condesa Gudrun de Schwerin-Schwerinsburg, Uexküll pone varios ejemplos brillantes acerca de esto, que recuerdan muchísimo a Zhuang zi:

“Karl Ernst von Bauer ha utilizado estos hechos para construir una tesis muy ingeniosa. Supone que la vida de los distintos seres contiene el mismo número de momentos, pero con distinta duración; de modo que unas veces el momento abraza centésimas de segundo, y otras veces horas enteras. Existen empero animales que sólo viven un año y otros que viven un día. ¿Cómo se transforma para estos animales el aspecto del mundo, si su vida comprende el mismo número de momentos que la nuestra?
Sí estuvieran provistos de entendimiento humano, los padres, al morirse en otoño, después de su año de vida, dirían a sus hijos que les espera todavía un largo período de vida, en el que han de soportar los horrores del frío y de la nieve; pero que no deben perder la esperanza, porque también a ellos les ocurrió lo mismo en su juventud, y luego llegaron a mejores tiempos.
Los animales que no viven más que un día referirían a sus hijos este tiempo de horror como una vieja leyenda. El día y la noche serían meses para unos, media vida para otros.
A semejantes criaturas, todos los acontecimientos del mundo han de parecerles enormemente lentos. La bala que sale de la pistola ha de parecerles quieta en el aire. No deben tener ni idea del crecimiento de los árboles, como nosotros no tenemos del de las montañas.
Por otra parte, pueden imaginarse criaturas cuyos momentos se extiendan sobre un número mucho mayor de años. Para estos seres, las estaciones cambiarían, como para nosotros cambian los días. Transcurriría todo en un «tempo» acelerado. Las hierbas brotarían del suelo como surtídores. Verdearían, crecerían y morirían los bosques, como para nosotros las praderas. No se vería el sol; durante breve tiempo aparecería en el cielo un arco de fuego seguido de una corta oscuridad.”

Jacob von Uexküll
Cartas biológicas a una dama

Lo que proponían von Baer y Uexküll ahora nosotros tenemos la suerte de poder verlo gracias a la fotografía y el cine, que nos permiten presenciar en unos segundos el crecimiento de un árbol o durante minutos el abrirse de un párpado humano.

Es fácil también hacer animaciones en Flash u otros programas para intentar entender cómo podrían ver el mundo esas “fantásticas criaturas”. Seguramente habrá ocasión más adelante de incluir aquí algunos ejemplos. En la película Koyaanitqatsi hay hermosos ejemplos de maneras de ver el mundo a diferente velocidad.

Es muy posible que Baer o Uexküll fuesen la inspiración de un hermoso cuento de H.G.Wells, El nuevo acelerador, en el que se cuenta la experiencia de alguien que percibe los años como instantes y ve literalmente crecer la hierba.

La conclusión de todo esto es que nosotros percibimos un mundo que no perciben las cigarras o las abejas, pero que tal vez ellas perciben mundos que nosotros ignoramos y nunca podremos conocer (esa es la tesis de Uexküll).

  Pero, por ahora, lo que me interesa es mostrar que nuestros criterios acerca de las cosas dependen del sistema de referencia desde el que las percibimos. Desde su limitado punto de vista la cigarra y la tortolilla desprecian al pájaro Kun; desde su estrecho mundo de estímulos, la esponja ignora miles de aspectos de la realidad que la rodea.

Pero no hace falta ser esponja para percibir un mundo limitado: basta con tener poca curiosidad. Personas que viven en el mismo mundo y pertenecen a la misma especie, como los seres humanos, pueden vivir percibiendo miles de estímulos o sólo unas cuantas decenas. Depende de la curiosidad de cada uno, porque, como dice la psicología cognitiva, el ser humano no es un sujeto pasivo de laboratorio conductista, sino un buscador activo de información: no recibe pasivamente los estímulos, sino que también los busca.

Para volver a la relatividad de Zhuang Zi y a la de Einstein: es importante recordar que afirmar que todo es relativo no significa decir que todo vale lo mismo, que todo es lo mismo o cualquier otra simpleza semejante.

Fragmento de Lectura del Zhuang Zi

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Aquí puedes ver casi todas las entradas relacionadas con la ciencia. Otras referencias científicas pueden estar en páginas dedicadas a la filosofía, el cine o cualquier otra cosa imaginable, por lo que, en tal caso, lo mejor es que usess el buscador lateral, con palabras relacionadas con el tema que te interese.

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Platón: el mito de la caverna

“Imagínate varios hombres en un abrigo subterráneo en forma de caverna, cuya entrada, abierta a la luz, se extiende por toda la longitud de la fachada. Estos hombres están allí desde su infancia y, encadenados por piernas y cuello, ni pueden moverse de donde están ni ver en otra direción que hacia delante, pues las ligaduras que les encadenan les impiden volver la cabeza. El resplandor de un fuego encendido lejos y sobre una altura reverbera tras ellos. Entre el fuego y los prisioneros hay una escarpada vereda ascendente. A lo largo de esta vereda imagínate un pequeño muro parecido a los tabiques que los que hacen farsas con marionetas ponen entre ellos y el público, y por encima del cual lucen sus habilidades”.
Continúa Platón:
“Ahora imagínate que todo a lo largo del pequeño muro avanzan otros hombres portadores de objetos de todas clases (figuras de hombres y de animales de todas formas y especies, talladas en piedra y madera), objetos que sobresalen de la altura del muro. Estos hombres desfilan, unos hablando entres sí, los otros sin decir nada.”
Antes de seguir, y para que el lector vea claramente la situación que propone Platon, le ofrezco una interpretación gráfica de la caverna y de la situación de los prisioneros.
Tras esta completa descripción, pregunta Sócrates a Glaukón: “¿Crees que tal cual están colocados podrán ver de sí mismos y de sus compañeros otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que da frente a ellos?”
Glaukón responde que no, pues están encadenados y ni siquiera pueden girar la cabeza. Sigue preguntando Sócrates: “¿Y no les ocurrirá otro tanto respecto a los objetos que tras ellos desfilan?”
Glaukón, como suelen hacer los interlocutores de Sócrates en los diálogos de Platón, se imita a responder que sin duda así ha de suceder.
“Y entonces -continúa Platón-, de poder conversar entre sí, ¿no te parece que al nombrar las sombras que ven creerían nombrar los propios objetos reales?
“Así es”, dice Glaukón.
“Luego, es indudable, que para tales prisioneros la realidad no podría ser cosa distinta de las sombras de los diversos objetos citados”.
Una vez convencido su interlocutor, Sócrates le pide que imagine que un cautivo es liberado y puede ver a la luz del sol los objetos que proyectan las sombras que ha visto durante sus cautiverio. Este hombre reaccionará sintiendo dolor ante tanta luz y seguirá considerando más reales las sombras que poblaron su vida anterior. Sólo poco a poco, acostumbrándose a la luz progesivamente, y saliendo de la caverna, comprenderá que las sombras no eran sino un reflejo del mundo real.
¿Y qué sucedería si este prisionero liberado volviese con sus compañeros? Sería recibido con burlas y no se daría crédito a sus palabras: “¿No dirían que por haber subido a las alturas volvía con los ojos estropeados?
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Bibliografía

zhuangzi

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Traducciones del Zhuangzi en Internet

Chuang Tzu (Zhuang zi) por Alex Ferrara a partir de la traducción inglesa de Burton Watson.

Los capítulos interiores (Nei Pian) en la traducción de Pilar González España y Jean Claude Pastor-Ferrer, publicada por la Editorial Trotta en 1998.

 

Ediciones del Zhuangzi en español

Los capítulos interiores del Zhuangzi
Pilar González España/Jean Claude Pastor-Ferrer
Editorial Trotta, 1998

Traducción de los siete primeros capítulos, atribuídos al propio Zhuang zi. En verso en vez de, como es habitual, en prosa.

 

Zhuang zi
Iñaki Preciado Ydoeta
Editorial Kairós

Una traducción completa y directamente del chino por un buen traductor, según parece. Sus interpretaciones a veces parecen tener un toque marxistas, pero se mantienen dentro de cierto rigor y fiabilidad. En mi opinión, a veces abusa de construcciones anticuadas de la frase española, algo que es frecuente en algunos traductores al verter textos antiguos: intentan que suenen también a castellano antiguo, como si así fuesen más fieles a la antigüedad del texto, pero eso, creo yo, es un error.

 

Chuang Tse
Carmelo Elorduy

Chuang Tse
Alex Ferrara
Edición digital

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Voltaire: Primera carta sobre los cuáqueros

 

“Pensé que la doctrina y la historia de un pueblo tan extraordinario merecían despertar la curiosidad de un hombre razonable. Para instruirme me fui a ver a uno de los cuáqueros más célebres de Inglaterra, el cual, tras estar dedicado treinta años al comercio, había sabido poner un límite a su fortuna y a sus deseos, retirándose al campo en las cercanías de Londres.

Lo encontré en su retiro; una casa pequeña pero bien construida, limpia y sin adornos inútiles. El cuáquero era un hermoso anciano, que nunca había estado enfermo, porque no sabía lo que eran las pasiones ni la intemperancia; jamás he conocido a nadie con aspecto más noble y simpático que el suyo. Al igual que sus demás compañeros de religión, utilizaba un traje sin pliegues a los costados, ni botones en los bolsillos o en las mangas, y llevaba sobre su cabeza un sombrero grande con las alas vueltas hacia arriba, semejante a los usados por nuestros eclesiásticos.

Me recibió sin quitarse el sombrero, adelantándose hacia mí sin hacer ni la más leve inclinación hacia el suelo; sin embargo, la expresión abierta y humana de su semblante denotaba más cortesía que la costumbre de echar un pie hacia atrás y coger con la mano lo que está hecho para cubrir la cabeza.

-Amigo -me dijo-, observo que eres extranjero. Si puedo serte útil no tienes más que hablar.

-Señor -le respondí haciendo una reverencia y echando un pie hacia atrás, según nuestra costumbre-, espero que mi justificada curiosidad no os causará molestia y querréis hacerme el honor de instruirme en vuestra religión.

-Las gentes de tu país -me contestó- hacen demasiadas reverencias y cumplidos, pero nunca encontré a ningún compatriota tuyo que se interesara en lo mismo que tú. Entra y comencemos por comer juntos.

Le hice algunos cumplidos, pues no es fácil olvidar de pronto nuestros hábitos y, tras una comida sana y frugal que empezó y terminó con una oración a Dios, me puse a interrogar a mi hombre.

-Mi querido señor -le dije–, ¿estáis bautizado?

-No -me contestó el cuáquero-, y mis compañeros de religión tampoco lo están.

-¿Cómo? Voto al cielo -repliqué yo-. ¿Entonces no sois cristianos?

-Hijo mío -repuso en tono suave-, no jures. Nosotros somos cristianos y nos esforzamos en ser buenos cristianos, pero no creemos que el cristianismo consista en echar un poco de agua con sal sobre la cabeza.

-Eh. Diablos -dije, ofendido por semejantes impiedades–. ¿Es que acaso habéis olvidado que Jesucristo fue bautizado por Juan?

-Amigo, deja de jurar de una vez -dijo el piadoso cuáquero-. Efectivamente, Juan bautizó a Cristo, pero éste no bautizó a nadie. Nosotros somos discípulos de Cristo, no de Juan.

– ¡Ay !-exclamé-, si hubiera Inquisición en este país, qué pronto os quemarían, pobre hombre. Ruego a Dios que pueda yo bautizaros y convertiros en un verdadero cristiano.

-Si ello fuera preciso para condescender con tus debilidades, lo haríamos con gusto -agregó en tono grave-. No condenamos a nadie porque practique la ceremonia del bautismo, pero pensamos que los que profesan una religión verdaderamente sana y espiritual deben abstenerse, en lo que les sea posible, de realizar prácticas judaicas.

-Es lo que me faltaba por escuchar. ¿Qué ceremonias judaicas? -exclamé.

-Sí, hijo mío -continuó diciendo-, y tan judaicas que muchos judíos todavía hoy en día practican en ocasiones el bautismo de Juan. Consulta la historia antigua y verás que en ella se dice que Juan no hizo más que renovar una costumbre que mucho tiempo antes de que él naciera era practicada por los judíos, de la misma forma que la peregrinación a La Meca lo era por los ismaelitas. Pero circuncisión y ablución son abolidas por el bautismo de Cristo, ese bautismo espiritual, esa ablución del alma que salva a los hombres. Ya lo decía Juan, el precursor: «Yo os bautizo en verdad con agua, pero otro vendrá después de mí, más poderoso que yo, del que no soy digno de descalzarle las sandalias. Él os bautizará con el fuego y con el Espíritu Santo». Y el gran apóstol de los gentiles, Pablo, escribió a los corintios: «Cristo no me ha enviado para bautizar, sino para predicar el Evangelio». Pablo bautizó con el agua a tan sólo dos personas y muy a su pesar circuncidó a su discípulo Timoteo. Los demás apóstoles también circuncidaron a todos aquellos que lo deseaban. ¿Tú estás circuncidado?

Le respondí que no tenía ese honor .

-Y bien, amigo mío; de este modo tú eres cristiano sin estar circuncidado y yo lo soy sin haber sido bautizado.

De esta manera aquel buen hombre aprovechaba astutamente tres o cuatro pasajes de las Sagradas Escrituras que parecían dar la razón a su secta; pero con la mejor fe del mundo se olvidaba de un centenar de pasajes que se la quitaban. No me tomé el trabajo de rebatir sus argumentos. Nada se puede hacer con los entusiastas. Jamás hay que hablarle a un hombre de los defectos de su amante, ni a uno que litiga los defectos de su causa, ni dar razones a un iluminado. De manera que me puse a hablar de otras cuestiones.

-En lo que se refiere a la comunión -le pregunté-, ¿de qué modo la practicáis? -No la practicamos -dijo él. -¿Qué? ¿No comulgáis?

-No, tan sólo practicamos la comunión de los corazones. Volvió a citarme las escrituras. Me colocó un hermoso sermón contra la comunión y, en tono inspirado, me habló para probarme que todos los sacramentos eran invenciones humanas y que la palabra sacramento no figuraba en ningún lugar del Evangelio.

-Perdona –dijo– que en mi ignorancia no haya podido darte ni la centésima parte de las pruebas de mi religión, pero de todas formas puedes encontrarlas en la exposición que de nuestra fe hace Robert Barclay; es uno de los mejores libros que hayan sido escritos por el hombre. Nuestros enemigos dicen de él que es muy peligroso, lo cual prueba que es verdadero.

Le prometí leer el libro, con lo cual el cuáquero creyó que me había convertido.

Luego, con unas pocas palabras, me explicó la razón de algunas singularidades de su secta, que la exponen al desprecio ajeno.

-Confiesa -me dijo- que tuviste que hacer un gran esfuerzo para no echarte a reír cuando respondí a tus cumplidos con el sombrero puesto y tuteándote. Sin embargo, creo que eres lo bastante instruido Como para saber que en los tiempos de Cristo ningún pueblo cometía la ridiculez de reemplazar el singular por el plural. A César Augusto se le decía; te amo, te ruego, te agradezco. Ni siquiera toleraba que se le dijese señor, dominus. Sólo después de mucho tiempo los hombres se hicieron llamar vos en lugar de tú, como si fueran dobles, y usurparon los impertinentes títulos de Grandeza, Eminencia, Santidad, que son los mismos títulos que los gusanos de tierra dan a otros gusanos de tierra, asegurándoles, con profundo respeto e insigne falsedad, que son sus más humildes y obedientes servido- res. Para ponernos en guardia contra ese indigno comercio de adulaciones y mentiras tuteamos tanto a los reyes como a los zapateros remendones y no saludamos a nadie, sin- tiendo por los hombres caridad, y respeto tan sólo por las leyes.

Usamos un traje diferente al del resto de los hombres para que ello nos recuerde continuamente que no debemos parecernos a ellos. Los demás llevan las insignias de sus dignidades; nosotros, las de la humildad cristiana. Huimos de las fiestas mundanas, de los espectáculos, del juego, por- que creemos que seríamos dignos de lástima si llenáramos con trivialidades semejantes unos corazones que están reservados a Dios. No juramos nunca, ni siquiera delante de la justicia. Pensamos que el nombre del Altísimo no debe prostituirse mezclándolo con las miserables querellas de los hombres. Cuando debemos comparecer ante los magistrados por asuntos que conciernen a otros (pues nosotros nunca nos metemos en procesos), decimos la verdad únicamente, un sí o un no, mientras que muchos cristianos cometen perjurio sobre los Evangelios. No vamos nunca a la guerra, no porque temamos a la muerte, ya que, al contrario, bendecimos el momento que nos une al Señor de los seres, sino porque no somos ni lobos, ni tigres, ni dogos, sino hombres cristianos. Nuestro Dios, que nos ha ordenado amar a nuestros enemigos y sufrir en silencio, no quiere que crucemos los mares para estrangular a nuestros hermanos tan sólo porque unos verdugos vestidos de rojo, con gorros de dos pies de altura, enrolan a los ciudadanos haciendo ruido con dos palitos que golpean una piel de asno tirante. Cuando tras una victoria de las armas Londres entera resplandece iluminada; cuando, el cielo brilla con los fuegos de artificio; cuando los aires resuenan con el ruido de las acciones de gracias, de las campanas, de los órganos, de los cañones, nosotros nos lamentamos en silencio por esas muertes que causan el público regocijo.

 

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Lectura del Zhuangzi

zhuangzi-retrato

ÍNDICE DE NOMBRES, PERSONAJES Y LUGARES

Ji o Chi o Ge
Probablemente un ministro o consejero del rey Tang de Yi, según Elorduy. Esta conversación se reproduce en extenso en el Lie Zi, precisamente en el capítulo llamado Tang Wen, relacionado con el rey Tang de la dinastía Shang (también llamada Yin). En el Liezi, sin embargo, Ji aparece como Ge, por lo que es posible que Zhuangzi le cambiara el nombre levemente para hacer un juego de palabras, pues Ji significa estrecho, mientras que el nombre del rey (Tang) significa ancho o amplio.

Kun [K’un]
Es un gran pez que se supone legendario, aunque podría tratarse de una ballena, aunque ni siquiera una ballena mide varios kilómetros. Aunque suele decirse que no hay menciones anteriores a esta del Zhuang zi, en un foro de cultura china al que perenezco alguien dice que encontró una mención al pez Kun en  宋玉对楚王问 (Respuesta de Song Yu a las preguntas del rey de Chu), un texto que sería de la época de los Reinos Combatientes, antes de la unificación de China. Song Yu era un poeta del reino de Chu, que respondió al rey Xiang cuando éste le preguntó por qué se oían tantas críticas al propio Song Yu. El poeta explicó que él estaba tan lejos de la gente común como el pez Kun de las criaturas comunes, así que era lógico que las personas ignmorantes le criticaran. El comentarista añade que hay un poema llamado 郢中 (Ying Zhong) de la dinastía Tang escrito por 汪遵 (Wang Zun) en el que se cuenta este incidente.  Se trata d euna información muy interesante, porque el poeta de Chu está respondiendo al rey algo muy semejante a lo que se dice en el texto del Zhuang zi, empleando el concepto de lo relativo, al compararse con un animal prodigioso al que las personas vulgares no deberían juzgar. Recuérdese lo que se dice en el Zhuang zi de la cigarra y la tortolilla y la conclusión:  “Un corto entendimiento no se puede comparar con un gran entendimiento, ni un ser de corta vida con otro de prolongada existencia”. La aparición del reino de Chu en la historia del poeta Song Yu, es especialmente interesante, y más teniendo en cuenta que en el pasaje del Zhuang zi se habla después de una tortuga prodigiosa del reino de Chu.

También se dice que el pez kun se empleaba para referirse a las huevas de un pez o a un pez pequeño, por lo que Zhuang zi llama kun a su enorme pez con sentido irónico, pero creo que esto es bastante improbable, pues haría el texto demasiado confuso con una doble broma: el lector ya no sabría a qué atenerse.

Lago del cielo
“Lago del Cielo”,”Tian es Cielo, pero para los chinos, el Cielo se identifica con la naturaleza, por ello el lago del cielo es obra de la naturaleza, dice Preciado Ydoeta. Así, se dice que un emperador lo es por mandato del cielo y que debe dejar de serlo cuando pierde ese mandato.

li
Medida china de longitud equivalente a medio kilómetro.

Lie zi
Lie Zi es el nombre del tercer libro del taoísmo, que tiene una curiosa historia, porque al parecer existió un libro llamado así que se perdió, pero se conservó un comentario. Siglos después alguien reescribió el Lie zi a partir de ese comentario y añadiendo historias sacadas de otros libros, como el Zhuang zi, o de su propia invención. Lie zi era también, según parece, un sabio capaz de volar por los aires, como se ve aquí.

Peng
El pájaro Peng, como el pez Kun, a partir del que se transforma, es una criatura más o menos legendaria. Para muchos autores no es otro que el feng, es decir, el fénix, que es, junto al dragón, probablemente el animal más importante para la cultura china. Pero, como señala Iñaki Preciado Ydoeta, en este contexto del Zhuangzi, el Peng es un pájaro gigantesco equivalente al roc de los cuentos árabes y al ave Garuda de la India.

Nombre en chino simplificado:
Nombre en chino tradicional:
Nombre en pinyin: péng
Nombre en Wade-Giles: p’eng
También llamado Dapeng (大鵬) o Dapengniao (大鵬鳥)

Pengzu
El Matusalén chino, que vivió 800 años.

Qi Xie
No se sabe si se trata del nombre de un autor o de un libro, o ambas cosas, como en el caso del propio Zhuang zi. Ferrara, que sigue a Burton Watson, lo traduce ‘Armonía Universal’. Se trataría de un libro que recoge portentos o rarezas, similar a otros libros chinos que sí se conservan, como el  Bowu zhi (Relación de las cosas del mundo), de Zhang Hua, que se puede encontrar traducido al español en la magnífica esdición de Trotta a cargo de Alicia Relinque, Yao Ning y Gabriel García-Noblejas. Sería el equivalente chino de los libros griegos llamados de pararadoxógrafos y maravillas, que cuentan todo tipo de curiosidades, muchas de ellas absolutamente insólitas, pero que también contienen información muy valiosa que hay que desentrañar.

Song Rong Zi
 Alex Ferrara, que sigue a Burton Watson, este personaje es mencionado en otros textos del periodo como Sung Chien o Sung K’eng. Según el capítulo 33 del propio Zhuang zi, enseñó una doctrina de armonía social, frugalidad, pacifismo y rechazo de los convencionalismos del honor y la desgracia”.

Taishan
Creo que es una montaña (ver el comentario de Ana Aranda).

Tang
Tang es el fundador de la primera dinastía histórica china, la Shang (hacia el siglo -XVI), también llamada Yin. Al rey Tang de Yin, uno de los legendarios emperadores, se le conoce también como Zi Lu, Tai Yi, Gao zu Yi, Wu Tang y Cheng Tang.

 

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