Causas sin efecto y efectos sin causa
Paradoja nº3

 

happy end

Se dice en las Upanishads indias: «El hijo es el padre del padre».

A veces los efectos son la causa de la causa: algo que no tiene sentido cobra significado si vemos otra cosa después. Un padre o una madre solo pueden recibir ese nombre a partir de la existencia de un primer hijo. La narración audiovisual emplea constantemente la relación de causa y efecto, pero a veces también la inversa, la que va de los efectos a las causas (ver «Causas sin efecto y efectos sin causa»).

Las paradojas del guionista

El capítulo mencionado de mi libro (“Causas sin efecto y efectos sin causa”) se ocupa de la naturaleza causal (que no casual) del cine. Allí explico algunas virtudes y desventajas de la naturaleza secuencial de las obras audiovisuales (cine, televisión, comic, incluso una conferencia). No voy a repetir aquí lo que digo en el libro, pero sólo mencionaré tres aspectos interesantes de la relación causa-efecto en toda narración audiovisual. Por otra parte, estas reflexiones han sido prolongadas en mi libro El espectador es el protagonista, manual y antimanual de guión, donde dedico varios apartados en la segunda parte al causalismo, pero también al acausalismo.

Hay que decir que, en primer lugar, el guionista construye su guión estableciendo causas que producen efectos: los soldados del Darth Vader matan a los padres de Luke y eso hace que Luke se decida por fin a luchar contra el Imperio.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que la simple sucesión de escenas una detrás de otra hace que el espectador tienda a pensar que lo que sucede en las escenas posteriores se explica por lo que pasó en las anteriores. Una excepción a esta norma sería el flashback o la historia contada hacia atrás, como en Viaje al origen de Alejo Carpentier o Memento, de Christopher Nolan.

En tercer lugar, la relación causa-efecto es tan absolutamente dominante en la construcción del guión y de su estructura, y resulta tan intuitivo por parte del espectador tanto buscar causas que expliquen los efectos como esperar efectos que se produzcan tras las causas, que los guionistas tenemos la posibilidad de confirmar esta tendencia del espectador, con el mecanicismo o ir contra ella con en el acausalismo.

El mecanicismo consiste en construir una cadena férrea de causas y efectos, una estructura rígida, donde todo encaja a la perfección pero que al mismo tiempo puede acabar por ser tan predecible que el espectador pierda todo interés en seguir la trama: aunque no se adivine siempre lo que va a suceder, sí percibe continuamente que lo que está viendo “sirve para algo”. Eso acaba fatigando, porque se detecta tras la acción la mano constante y firme del guionista, a menudo muy hábil, es cierto, pero demasiado presente. Este mecanicismo es absoluto hoy en día en las películas de Hollywood y lo era en las series de Estados Unidos hasta hace unos años. Todo en la narración era arte de guionista preciso y formulario, normas y trucos estructurales de probada eficacia comercial, pero la vida se escapaba entre las rendijas de esa red tan bien trazada. De todo esto y de cómo la obsesión por la estructura es la razón de esa previsibilidad del cine comercial, hablo también en los primeros capítulos de El guión del siglo 21.

Por otra parte, el acausalismo radical, que rompe las expectativas del espectador continuamente, no dándole nunca lo que espera, puede a veces ser muy estimulante, pero otras veces se convierte en una especie de ejercicio de estilo en el que (¡oh, paradoja!) se ve también demasiado al guionista. Porque el hecho de que ninguna causa produzca un efecto puede ser tan insólito o previsible como lo contrario. De ahí la artificiosidad de ambas escuelas.

Como suele suceder, por fortuna existe un término medio entre los extremos, que rechaza tanto el “todo tiene que servir para hacer avanzar la trama” como el “nada de lo que vemos tiene sentido”.

En este término medio se podría tal vez citar a Shakespeare, que construye tramas elaboradas, pero escribe escenas o diálogos que no tienen una función clara en la trama; o series recientes de la televisión americana, como Los Soprano, y especialmente The Wire, pero también House of cards, Boardwalk Empire y muchas otras. Hablaré de algunas de las características de estas series en otro momento.

memento

Memento es un ejemplo de estructura férrea, absoluta, pero que, al mismo tiempo propone algo distinto en lo que se refiere a la sucesión habitual de causas y efectos, pues todo transcurre al revés, lo que rompe las expectativas del espectador y la acerca al cine experimental, a pesar de ser cine comercial.


Aquí puedes ver el momento inicial (o final) de Memento

Imagen de previsualización de YouTube

Y aquí, por el contrario (o no= puedes ver el momento inicial (o final) de  Memento

 Imagen de previsualización de YouTube

En Happy End (1967), la película checoslovaca de  Oldřich Lipský, el final cronológico es el principio y el principio es el final, y toda la película se desenvuelve, como en Memento, desde el desenlace cronológico hacia atrás, mediante la sucesión de pequeños bloques narrativos como el que puedes ver aquí. Vamos, pues, desde los efectos a las causas. O, si se prefiere, desde el punto de vista narrativo, los efectos son las causas.


Aunque esta entrada se ocupa de una de las paradojas de Las paradojas del guionista, también tiene mucha relación con una de las técnicas narrativas a las que me refiero en El espectador es el protagonista, el acausalismo.

espectadoreselprotagonista

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