Champagne, de Peppino Di Capri

 

En las distintas artes narrativas, como el teatro, la novela, el cine o incluso la música, ciertas verdades que se intentan ocultar pueden salir a flote, por lo que no es sorprendente que un elevadísimo porcentaje de obras artísticas tengan relación directa con la infidelidad. Aunque la mayoría de la gente, tanto en sociedades más libres como en las más represivas y retrógradas, defienda determinadas virtudes de cara  a la galería, después sucede que incluso a los llamados “bienpensantes” les gusta ver en escena lo que, se supone, no se debe practicar.

La fidelidad es una de esas supuestas virtudes que sirven para reprimir no ya los instintos animales, sino también las emociones, la sensibilidad y los sentimientos que nos caracterizan como seres pensantes. Es una de esas ideas que se emplean para negar la evidencia, rechazar la pasión y condenar a quienes no se reprimen de la misma manera, quienes, por otra parte, son casi todos, puesto que, junto al aspecto represivo, el elemento más característico de la fidelidad y de los que la defienden es la hipocresía. Pero a todos, incluso a los defensores a ultranza de la fidelidad, les gusta ver infidelidades en la ficción y les resulta, además, fácil empatizar con los infieles.

Por poner un ejemplo algo diferente a la fidelidad: aunque en casi todas las culturas tradicionales se ha defendido el matrimonio concertado, desde la India de las castas a la Francia de Luis XIV, en todas esas culturas el público ha aceptado con entusiasmo obras que defendían el amor “verdadero”, más allá de las convenciones y de las imposiciones de los padres. En China, por ejemplo, la obra de teatro Historia del ala Oeste, escrita hacia el año 1300, tuvo mucho éxito en época Yuan (dominio mongol de China) y, en su magnífica edición para Gredos, Alicia Relinque Eleta intenta explicar por qué:

“¿Qué es lo que convirtió esta obra en el mayor éxito del teatro Yuan? El que la historia se convirtiera en un canto al amor libremente elegido, en el símbolo contra las imposiciones de una sociedad basada en estrictas normas sociales y familiares, probablemente tuvo bastante que ver.”

A pesar de que en la época Yuan todos aceptaran de manera sumisa las imposiciones, también casi todos sabían que lo verdadero, lo bello y lo justo era lo que intentaban el letrado Zhang Junrui y la doncella Cui Yingying: estar juntos a pesar de las intenciones de la viuda Zheng, madre de la muchacha, de concertar para ella un matrimonio obligado.

Lo mismo sucede con la infidelidad, es decir, se ha producido y se produce una especie de disonancia cognitiva o esquizofrenia entre lo que la gente dice que se debe hacer y lo que demasiado a menudo esas mismas personas desean hacer.

En esta Discoteca infiel, a la que seguirá una Filmoteca infiel, traeré algunas canciones relacionadas directamente con la infidelidad, como esta de Peppino Di Capri, que causó verdadero entusiasmo en su momento (1973), incluso en un pueblo tan hostil a la infidelidad, al menos en apariencia, como el italiano: recuérdese que hasta no hace muchas décadas los jueces justificaban el asesinato de los amantes a manos del marido traicionado.

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Champagne

Champagne per brindare a un incontro
con te che gia eri di un altro
ricordi c’era stato un invito
stasera si va tutti a casa mia

Cosi cominciava la festa
e gia ti girava la testa
per me non contavono gli altri
seguivo con lo sguardo solo te.

Se vuoi ti acompagno si vuoi
la scusa piu banale per rimanere soli io e te
e poi gettare via i perche amarti como sei
la prima volta l’ultima

Champagne per un dolce segreto
per noi un amore proibito
ormai resta solo un bicchiere
ed un ricordo da gettare via.

Lo so mi guardate lo so
mi sembra una pazzia
brindare solo senza compagnia
ma io, io devo festeggiare
la fine di un amore
cameriere champagne…

La traducción la he tomado de una Internet, pero he corregido algunos errores evidentes:

Champán – Peppino Di Capri
Champán
para brindar por un encuentro
contigo
que ya eras de otro.
¿Recuerdas?
había sido una invitación:
“Esta tarde os venís todos a mi casa.”
Así
empezaba la fiesta,
y ya
te daba vueltas la cabeza.
Para mí
los otros no contaban,
te seguía con la mirada
sólo a ti.Si quieres
te acompaño, si quieres,
la excusa más banal
para quedarnos solos tú y yo.
Y después desechar los porqués,
amarte como eres,
la primera vez,
la última.Champán
por un dulce secreto,
para nosotros
un amor prohibido.
Ahora ya
sólo queda un vaso
y un recuerdo que desechar
Lo sé, me miráis, lo sé,
me parece una locura
brindar solo sin compañía.
Pero, pero yo, yo tengo que celebrar
el fin de un amor,
camarero, ¡champán!

 


Una versión mejor grabada, aunque las imágenes de fondo son un poco cursis:



Subí por primera vez la canción Champagne (aunque no porque tuviera que ver con la infidelidad), en mi blog El arte malabar en abril de 2007.

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