Ciencia contra magia

agrippa-occultistEn el primer capítulo de esta brevísima introducción a la magia, me referí a los componentes científicos de la magia (La ciencia de la magia). Es decir, a las características de la magia, la alquimia o la astrología que coinciden con la manera de descifrar la naturaleza que emplearía la futura ciencia.

En el segundo capítulo (La religión contra la magia) recordé la disputa enconada de la Iglesia establecida contra las creencias más o menos supersticiosas que no contaban con una iglesia oficial que pudiera defenderlas o imponer sus ideas, como sí hacían la religión católica, el Islam o los protestantes. Ahora ha llegado el momento de asistir a la ruptura que se produjo entre esas dos viejas hermanas, la magia y la ciencia, entre el conocimiento esotérico o secreto y el conocimiento público y discutible.

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Las matemáticas son indispensables para la magia y tienen numerosas relaciones con ella, hasta el punto de que quien estudia la una sin apoyarse en las otras se adentra por una vía sin salida. Magia Celeste (1551) Cornelio Agrippa

Durante mucho tiempo, la magia y la astrología se consideraron verdaderas ciencias. Como dice Alexandre Koyré, en la Edad Media y en la época renacentista “era perfectamente lógico creer en ello”. Solo a partir del surgimiento de la ciencia moderna se pudo establecer de manera clara la diferencia entre la magia y su hermana pequeña (la ciencia, que nació mucho más tarde).

Durante siglos las supuestas certezas de la magia, la alquimia o la astrología resultaban convincentes, porque no siempre estaban claras las fronteras entre lo real y lo fantástico, entre la verdad y la imaginación. El desarrollo progresivo de la química y la astronomía, y los fracasos continuados de la alquimia y la astrología, llevaron a los alquimistas a renunciar a la fabricación de oro real y a conformarse con el sentido metafórico. Ya no se trataba de fabricar un oro material, sino uno espiritual, ahora el alquimista proponía una especie de camino iniciático capaz de trasformar no los metales sino al ser humano.

Hoy en día los aficionados a la magia, la alquimia o la astrología se conforman con hablar de vaguedades tales como “el oro alquímico espiritual”, o matizan la influencia de los planetas, que ya solo “sugieren pero no determinan”. En definitiva, mientras que la ciencia ha sido puesta a prueba durante los últimos 300 años y ha superado con creces las expectativas, aceptando ser refutada en este o aquel conocimiento concreto pero avanzando siempre hacia una mayor comprensión de la realidad, la magia todavía no ha logrado ningún éxito fiable, después de más de 4000 años de historia.

Pero durante el Renacimiento los magos, astrólogos y alquimistas podían ser, al mismo tiempo, científicos. Johannes Kepler, el mayor astrónomo de su tiempo, confeccionaba cartas astrales para ganarse la vida, y su madre fue sometida a un proceso de brujería. Solo pudo salvarse de la hoguera gracias a la elocuencia de su hijo, al que también se acusó de mago, brujo y astrólogo. Kepler es uno de los grandes nombres de la ciencia moderna debido a su afirmación de que los planetas se mueven en órbitas elípticas, pero llegó a este descubrimiento de una manera que se parece más a la filosofía hermética y a la magia que al moderno método científico. Tras descartar la figura perfecta, el círculo, porque no se ajustaba a las observaciones, intentó explicar las órbitas planetarias probando con todos los llamados sólidos platónicos o perfectos, es decir las figuras geométricas cuyos lados son iguales. Después de fracasar con las figuras favoritas de la filosofía hermética, Kepler no tuvo más remedio que recurrir a las imperfectas y vulgares elipses, lo que le permitió pasar a la historia de la ciencia.

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El intento más célebre de Kepler de representar las órbitas de los planetas usando los cinco sólidos o figuras perfectas. (Mysterium Cosmografico).

El mago y consejero de la reina Isabel I de Inglaterra, John Dee, que probablemente conoció a Bruno y a Kepler, aseguraba comunicarse con los espíritus, pero también hablaba con los navegantes que crearon el imperio marítimo inglés, ya que era un gran geógrafo. En todo caso, la formación del Imperio Británico no se debió a los conocimientos mágicos de la Escuela de la Noche y otras sociedades secretas, sino a los avances en la ciencia náutica y cartográfica, en las que Dee también era un gran experto.

Por su parte, Giordano Bruno anticipó muchas ideas que hoy en día la ciencia acepta sin dudar, como que existen otros mundos como el nuestro en el universo, pero Bruno era también un mago que rozaba la hechicería.

En consecuencia, en los comienzos de la ciencia moderna no estaban del todo claras las fronteras entre ciencia y magia, pero poco a poco se fueron delimitando, del mismo modo que siglos más tarde se empezaría también a delimitar la frontera entre la ciencia y la última gran superstición que había sobrevivido a los embates de la razón, la religión.

Continuará….


la verdadera historia de las sociedades secretas[Introducción a la magia /3]

Este texto es un fragmento de la introducción a los capítulos dedicados a las sociedades secretas relacionadas con la magia, de mi libro La verdadera historia de las sociedades secretas. No he incluido aquí las referencias a los rosacruces, los cabalistas y otras sociedades secretas, que pueden leerse en el libro.

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LA CIENCIA CONTRA LA MAGIA

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Originally posted 2015-05-13 20:09:59.