Cine y física cuántica

En el cine y en la física atómica los intermedios se saltan.

El electrón no pasa gradualmente de una órbita a otra, sino que salta de una a otra sin transición. Eso es lo que se llama un salto cuántico. En el cine, a pesar de la apariencia de continuidad, se salta de un fotograma a otro y de una serie de fotogramas a la siguiente: tampoco hay continuidad bajo las apariencias. (2007)

2019: Es por eso que la experiencia cinematográfica es una de las mejores metáforas para imaginar como plausible el comportamiento asombroso del mundo atómico.

Pero también nos sirve para casi lo contrario cuando se trata del mundo cuántico, es decir, cuando no hablamos del salto cuántico del electrón de una órbita a otra, sino del salto cuántico aplicado al colapso de la función de onda, es decir, a lo que sucede cuando efectuamos una medida sobre un sistema cuántico (lo que sucede es que el resultado de la medida parece aleatorio y es imprevisible). Del mismo modo que bajo la aparente continuidad y fluidez de la experiencia cinematográfica existe discontinuidad (fotogramas separados), bajo el comportamiento imprevisible de las partículas subatómicas puede haber una explicación causal que no podemos ver, como tampoco vemos los fotogramas en la sala de cine. Serían los fotogramas ocultos, que no sé si se puede comparar con las hipótesis de variables ocultas.

Pero esta ilusión de continuidad que producen los fotogramas del celuloide y su proyección (con el obturador que se abre y se cierra, etc.) también es una buena metáfora para aceptar como posible que vivamos en un universo parpadeante, que aparece y desaparece a cada instante (la hipótesis del universo parpadeante ha sido propuesta por algún físico actual).


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