Cómo arreglar cosas rompiéndolas

Resulta que hojeando El lenguaje de las células, de Claude Kordon, leí esta interesante reflexión:

“La misteriosa eficacia de los electrochoques se debe probablemente a su capacidad de romper brutalmente estos equilibrios sustitutorios que han alejado al organismo de los comportamientos adaptativos habituales. Al desestructurar combinaciones complejas de intercambio de señales, podemos pensar que éstas volverán a recomponerse de forma distinta, un poco como si apostásemos que un ruido violento pudiese ayudarnos a recordar intacta una melodía deformada por nuestra memoria”.

Cuando lo leí, se me ocurrieron varias cosas, pero me temo que se me han olvidado casi todas. Intento recordarlas al escribirlas:

1) Aunque la metáfora del ordenador en relación con el cerebro ya no es aceptada, en esto sí parece haber una coincidencia: a menudo, la única manera de arreglar un problema con el ordenador o con el reproductor de DVD es apagarlo y volver a encenderlo. En el caso de mi DVD, ni siquiera sirve apagarlo, sino que hay que desenchufarlo y volverlo a enchufar.

2) Precisamente, parece que este es el origen o uno de los orígenes más plausibles de la palabra hacker: para conseguir que los primeros ordenadores funcionasen, a menudo el método consistía en darles un golpe seco en el costado, a lo que llamaban hackear. (Lo cuento en detalle en Uso y abuso de los hacker).

3) Según parece, o al menos eso se dice en las películas y en los cómics, cuando a uno le dan un fuerte golpe y pierde la memoria, la manera de recuperarla es que le den otro fuerte golpe. De este modo, se supone, el sistema se reordena y se recoloca o reconstruye, como hace mi reproductor de DVD.

4) Quienes sufrimos, y mucho, migrañas y dolores de cabeza, sabemos que a menudo se nos quitan con los métodos más extraños. Oliver Sacks cuenta en Migraña algunos de ellos: eructar, gritar, mascar, darse un golpe, eyacular, etcétera. No sé si esto tiene relación o no con el asunto, creo que sí. Es como si una conmoción más o menos violenta (como la del electroshock) nos sacará de dónde estábamos atascados. Lo que sí me parece claro es que hackearse el cráneo (darse golpes) no suele funcionar. Pero creo que sí funciona gritar, como he hecho yo esta mañana tras leer el texto de Kordon, y me parece haber sentido cierto alivio. Tal vez esto tenga relación con aquello de la tarantela, que se bailaba para librarse del veneno de la tarántula (aunque tal vez se expulsaba con el sudor).

5) También está bastante claro, que muchas de las migrañas se quitan y sólo se quitan durmiendo. Es decir, apagando el sistema y volviéndolo a encender. Lamentablemente la que me atacó estos últimos días sobrevivió a dos o tres desconexiones.

6) Al revisar este artículo, he recordado otra situación en la que la desconexión es importante. Tiene que ver precisamente con la memoria. Cuando una fuerte conmoción emocional te impide recordar algo, como el número de la tarjeta de crédito o del carné de identidad, a veces el esfuerzo por recordarlo solo sirve para complicar más y más las cosas y acabar mezclando todos los números y, por ejemplo, perder la tarjeta al escribir tres veces un número equivocado. La única solución es reiniciar de alguna manera el sistema, pensar en otra cosa, dejar de intentar recordar el número, hacer algo inesperado o sorprendente o sencillamente esperar diez minutos. Después, cuando has conseguido no pensar en ello durante un rato, regresas al cajero y el número se presenta a tu mente con claridad y sin aquella confusión: a pesar de que creías que lo habías olvidado para siempre, ahora viene a ti sin ninguna dificultad.

Pues esto es todo lo que recuerdo haber pensado acerca del asunto.

[La alusión a los electrochoques no significa que Claude Kordon (que yo sepa), ni yo mismo, estemos de acuerdo en el empleo de dicho tratamiento, que a pesar de sus beneficios parece ser en exceso brutal como para ser aplicado, y cuyos efectos secundarios pueden ser peores que esos beneficios, según creo. Aunque en la actualidad ya no se aplica con la misma alegría inconsciente de los años 60 o 70, al parecer hay casos en los que sirve de ayuda y al menos un  millón de personas siguen tratamientos con electrochoques. En cuanto a lo de las migrañas, hace poco vi un aparato que daba pequeñas descargas eléctricas y estuve tentado de comprarlo. No lo hice y ahora ya no tengo esa tentación porque en los últimos años me han desaparecido las migrañas casi por completo, excepto, creo, en primavera]

 [Publicado el 17 de junio de 2004 en Mazda, bajo el epígrafe “Fantasías teóricas de ayer y hoy presenta….”]

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