Conocer el origen de las cosas

Big-Ben-de-Londres

Descartes en Principios de la filosofía:

 “[La mente] tiene en sí nociones comunes, como las de los números y figuras…” (Punto 13).

Pero añade:

“Pero no siempre puede prestarles atención [a las premisas básicas], cuando después se acuerda de que aún no sabe si no habrá sido creada [la mente] de tal naturaleza que se equivoque incluso en las cosas que le parecen evidentísimas, ve que con razón duda de tales cosas, y que no puede tener una ciencia cierta antes de conocer al autor de su origen (Punto 13)”.

Yo no sé de dónde ha sacado Descartes la idea de que para conocer una cosa es necesario conocer al autor de su origen. No creo que, por ejemplo, para conocer un reloj como el Big Ben haya que conocer al constructor del Big Ben.

 

NOTA 2015
Descartes, como es obvio, aquí aplica la deducción inversa: a partir de uan cosa descubrimos su origen, A partir del mundo deducimos a Dios. De este modo va a empezar uno de sus célebres trucos de prestidigitación filosófica.
Hablo de los prodigios (verdaderos) de la deducción inversa en No tan elemental: cómo ser Sherlock Holmes.

 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

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Un pensamiento en “Conocer el origen de las cosas

  1. Aunque no especifíca la parte sino sólo el parágrafo, la respuesta puede ser la siguiente:
    El método cartesiano pretende erigir una ciencia sólida y confiable a partir de juicios verdaderos y confiables, es por ello que debe alcanzar certeza de las cosas que busca conocer a través de la luz natural. El criterio de claridad y distinción es requisito indispensable para tener certeza de algo, pero hace falta una garatía de que el conocimiento que disponemos del mundo realmente dice verdad sobre él, y puesto que la certeza fundamental con la que cuenta Descartes, el “cogito, ergo, sum”, no puede garantizar sino solamente las cosas que están dentro de su pensamiento, la salida que está a su alcance es afirmar que existe un Dios perfecto, infinito, etc. que no puede engañarnos con respecto a lo que conocemos del mundo, y que por ende, garantiza la confianza en tal conocimiento si cumple con el criterio de claridad y distinción. Es por ello que no puede haber ciencia sólida para Descartes sin el conocimiento de Dios, porque los objetos que perciben los sentidos, una mesa, un árbol o el Big Ben, podrían ser una ilusión, como cuando se sueña, o un engaño de un cierto genio maligno si no estuviera Dios para garantizar le confiabilidad de nuestras percepciones.

    En pocas palabras, no hace falta conocer al creador del Big Ben para conocer al Big Ben, pero si hace falta conocer a Dios para saber que no puede engañarnos y que efectivamente podemos conocer su obra.

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