Contragambito de dama

||| El Duelo

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9. Contragambito de dama

—Tomad alguna si lo deseáis -dijo el barón, mirando las glicinas azules que Eugenia acariciaba casi con temor. La muchacha se volvió, sorprendida, y miró al barón.

—Me gusta verlas así -dijo-, me dolería arrancarlas. Tal vez me lleve alguna cuando me vaya, pero no lo haría si viviese aquí.

—¿Os gustaría? -preguntó el barón, arrepintiéndose al instante de su audacia.

—Sí -respondió la joven-, pero éste no es el lugar en el que debo vivir.

—¿Volveréis al internado?

—No es necesario que finjáis -dijo Eugenia, pero enseguida añadió:- Perdonad mi brusquedad, pero vos sabéis qué es lo que se espera de mí, y a qué motivo obedece la fiesta que supuestamente dais en mi honor.

—Es cierto -admitió el barón-, pensé que lo ignorabais.

—Mi tía Vivienne tuvo el buen sentido de no ocultarme sus intenciones -explicó Eugenia, y añadió:- No porque respetara mi opinión, sino porque temía que, de no saberlo, mi comportamiento no fuese el adecuado para con el hombre que ella eligió para mí.

—¿Debo entender que no os agrada el futuro que han planeado para vos? -preguntó el barón, comprendiendo que de nada servían las medias palabras con aquella muchacha.

—Lo aceptaré -dijo ella-, no quiero ser una carga para mi tía.

—No lo sois -dijo el barón-; os aseguro que os aprecia de veras y, aunque quizás se equivoque, todo lo hace por vuestro bien.

—Sé que no mentís -reconoció Eugenia-, y es por ello que no quiero contradecirla, pues eso le haría sufrir. Mí tía considera que nunca seré feliz si no uno mi vida a la de un hombre que me proteja.

—No debéis ser tan cruel con vos misma -recomendó el barón-; a fin de cuentas, es vuestra vida la que importa, no la de vuestra tía. No os precipitéis en vuestra decisión.

—Mi decisión ya está tomada -dijo Eugenia.

—¿Aceptáis de antemano a un hombre al que no conocéis? -preguntó el barón.

—Sí -dijo la joven-, ¿Qué otra cosa puedo hacer?

—Luchar -respondió el barón-, impedir que otros decidan vuestro futuro.

—!Imposible! -exclamó Eugenia.

—No lo permitiré -musitó el barón, pero Eugenia no pudo oír sus palabras.

Continuará


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