Hipotéticas manías

Lichtenberg decía al inicio de uno de sus libros de aforismos:

“Estoy decidido a no contarle nunca una mentira a este libro; quiero convertirlo en un cristal donde pueda verme reflejado en el futuro”.

Esa era mi intención con mi revista Cronos, así que hay cosas de Cronos que no puedo hacer públicas, por ejemplo, casi todas las incluídas en la sección Charlas. Pero, como una pequeña muestra de mi impudor, sí publicaré una sección que no me deja en muy buen lugar., Se llama Hipotéticas manías, y en ella me observaba y descubría mis manías y prejuicios. Espero haber abandonado alguna de esas manías desde entonces, al menos las que no son buenas manías. (2004)


HIPOTÉTICAS MANÍAS

(Cronos 1, 20 a 25 de septiembre de 1999)

Padezco diversas molestias más o menos crónicas: dolor de cabeza, dolor de ojos, estados febriles, tensión en la pierna izquierda, desarreglos intestinales. Estas son las más recurrentes.

Intento averiguar qué cosas o qué hábitos agudizan estos síntomas. El problema es que los factores que pueden causarlos nunca o casi nunca se presentan aislados. Beber y fumar son dos actividades que suelen ir asociadas. A ellas se suma a menudo el dormir poco. Si salgo por la noche y fumo y bebo y duermo poco, cuando a la mañana siguiente me duele la cabeza, no sé si es por culpa del tabaco, del alcohol, de haber dormido poco o de una conjunción de algunos de estos factores, o de todos ellos.

Otra dificultad a la hora de aislar los factores desencadenantes de una molestia determinada es la influencia del estado de ánimo. Es una tentación explicar cualquier dolencia diciendo “Eso es psicosomático”.

Se da incluso la circunstancia de que solemos atribuir nuestros problemas de salud a diversas causas, mientras que los problemas de los demás nos parecen siempre psicosomáticos. El médico que mejor me trató me dijo que cuando un médico dice que algo es psicosomático es porque no tiene ni idea de cuál es la causa.

Yo no niego la importancia de lo psicosomático, incluso le doy una extraordinaria importancia en relación con la salud, pero creo que casi siempre el estado de ánimo facilita el que se produzcan determinadas molestias, pero no las causa o provoca de manera directa. Hablaré de esto en otro de estos cuadernos y también el artículo que escribiré en Esklepsis dedicado a Oliva Sabuco.

Lo que ahora me interesa es hablar de mis manías.  Ana Aranda me ha hecho consciente de muchas de mis manías. Nos hemos divertido con ello e incluso hes jugado al Stop (las Categorías) dedicando una de las columnas al tema “Manías de Daniel”. Enumero aquí algunas de esas manías:

Alcohol: Me provoca molestias en general, las habitualmente asociadas al alcohol y además fiebre, que me lagrimeen y se me hinchen los ojos y desarreglos intestinales.

Café: creo que me produce tensión en la pierna izquierda. Tengo que comprobar si es así y si sucede partir de determinada cantidad.

Café con leche: me produce sensación de pesadez. Cada vez lo tomo menos.

Cenar: somnolencia. Falta de ganas de hacer cosas.

Contención: en las situaciones en las que me tengo que contener, creo que mi estado de salud se debilita y los más afectados son mis ojos.

Dormir mucho: cansancio.

Iglesia: cierta manía a las iglesias establecidas y a la religión en general. Una manía muy razonable, en mi opinión.

Leche: creo que, en general, me sienta mal, aunque a veces tomo café con leche e incluso leche sola. No he observado que me siente mal en salsas, crepes, quesos, yogures, etcétera.

Liderazgo: no me gusta ser líder ni que los demás me miren con respeto o reverencia, ni que me elogien más allá de lo razonable y con sencillez.

Melatonina: me dio la sensación de que la melatonina en vez de favorecerme el sueño me lo dificultó en la última ocasión que la tomé. Pero eran pastillas de 5 mg, en vez de 1 mg. Así que dejé de tomarla. Ahora lo intento de nuevo tomando una sola pastilla a la semana.

Militares: no me gusta la policía, ni los militares, ni los guerrilleros, ni nadie que lleve armas. Así que tampoco siento mucha afición por la ropa militar: como las botas militares que llevan los antimilitaristas o la actual moda de prendas de camuflaje.

Nata: la nata de la leche hervida no me gusta.

Olores: cierta percepción aguda de los olores: colonias, puros, fritangas…

Pepino: he pensado a menudo que me sienta mal, pero ahora ya no estoy tan seguro. Me gusta mucho mezclado con yogur, a la manera griega, turca, iraní o india.

Tabaco: creo que afecta a mi estado de salud general (más cansancio), que contribuye a que respire peor y que potencia mis dolores de cabeza. Además, me afecta al pulmón y, desde que tuve neumonía, los médicos me dijeron que dejara de fumar. Creo con bastante seguridad que me causa trastornos intestinales.

Vino blanco: creo que me provoca trastornos intestinales y dolor de cabeza, pero posiblemente sólo a partir de determinada cantidad. Quizá también molestias en los ojos.

Vino tinto: síntomas semejantes al vino blanco pero menos agudos, creo.

Dejo el tema aquí. No todo son manías, espero incluso que ninguna o casi ninguna de estas cosas sean manías.

Me divierte el asunto y seguiré investigando acerca de los efectos que ciertas cosas provocan en mí.”

 

Continuará…


[Publicado en Cronos en 1999, en Diletante en 2004]

Epílogo en 2017

Hace dos o tres años descubrí la causa de muchas de las molestias que describo en esta entrada y en otras publicadas en Hipotéticas manías: soy intolerante al gluten. Comencé a sospechar del asunto poco antes de uno de mis viajes a Cuba, lo puse a prueba allí, suprimiendo el pan y las harinas, advertí una  mejora inmediata y constante de mi salud y poco después los médicos me lo confirmaron. Gracias a este tardío descubrimiento, me he librado de los constantes dolores de cabeza y de ojos, de los problemas intestinales permanentes y otras manías, que más que manías eran molestias o síntomas de un enfermo crónico ignorante.


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