Descartes y los arquetipos de las ideas

Yair Mor’s “Descartes, in his morning gown.”

Dice Descartes en Principios de la filosofía:

“Cuanto mayor es la perfección objetiva de cualquiera de nuestras ideas, tanto mayor debe ser su causa” (Punto 17).

Esto le sirve para dar otra prueba en favor de la existencia de Dios:

“Puesto que tenemos en nosotros la idea de Dios, es decir, del ente supremo, podemos examinar por qué causa la tenemos” (Punto 18).

Más adelante dice:

“Pues es evidente por luz natural no sólo que de la nada no procede nada… sino que también no puede haber en nosotros una idea o una imagen de una cosa sin que exista en alguna parte, sea en nosotros mismos, sea fuera de nosotros, un arquetipo suyo que contenga todas sus perfecciones” (Punto 18).

Descartes gusta de afirmar que “es evidente por luz natural” cualquier cosa cuando no dispone de mejores razones.

Pero lo cierto es que dista de ser evidente “bajo la luz de la razón”, como diría un ilustrado, que lo anterior sirva para demostrar, de nuevo, la existencia de Dios.

natural light

¿La luz natural de Descartes?

Creo que es muy ingenioso y, por supuesto, teológicamente correcto, que cualquier cosa que imaginemos tiene que existir, o bien fuera de nosotros o bien en nosotros. De no darse una de estas dos posibilidades, sería difícil poder decir que estamos siquiera imaginando esa cosa.

Sin embargo, la manera en que lo expresa Descartes esconde una pequeña trampa, pues no siempre existe una imagen arquetípica en nuestra mente de aquello que imaginamos o ideamos. Una cosa que imaginamos o ideamos por primera vez puede estar en nuestra mente sólo en el momento en que las ideamos y,  si existe un arquetipo de ella, ese arquetipo es ella misma.

Más importante: que esa imagen arquetípica, esa imagen del caballo que tenemos cuando hablamos de un caballo en abstracto (sin referirnos a un caballo concreto), esa imagen construida a partir de pasadas experiencias perceptivas o mentales (no voy a discutir ahora si todas las experiencias mentales pueden ser reducidas a experiencias perceptivas), pues bien, lo que no es en absoluto evidente es que ese arquetipo del caballo “contenga todas las perfecciones” de la idea o imagen que tenemos en nuestra mente.

Por otra parte, lo que en realidad pretendía decir aquí es que el argumento, aunque se aceptase todo lo anterior, no sirve para demostrar la existencia de Dios, pues esa imagen arquetípica puede que sólo exista “dentro de nosotros”, y no fuera, como supongo que pretende concluir Descartes.

 

NOTA 1999
Hacemos un garabato a ciegas. Me refiero con esto a hacer un garabato sin mirar. ¿Cuál es el arquetipo de este garabato? Y, más que a ciegas, podemos hacerlo drogados, dormidos, pueden darnos golpes y nosotros sólo sostener el lápiz. ¿De verdad se puede decir que existe en alguna parte una idea o una imagen de ese garabato?

Los espejismos existen dentro de nuestra cabeza pero no fuera. Un cadáver exquisito: cuál es su arquetipo?

 

De todas maneras, en este punto 18, Descartes también parece sostener la común idea de que la causa es más perfecta que lo causado, cosa con la que no estoy de acuerdo (aunque él matiza “lo más perfecto no es producido por lo menos perfecto, como causa eficiente y total”). La coincidencia, como ya se ha podido ver, con los arquetipos de Platón es también palmaria.

 

NOTA 2015
Mi texto es confuso, porque discutir ciertas afirmaciones vagas, caprichosas y tramposas de Descartes muchas veces hace que uno no pueda expresar nada con claridad. Ya en la primera formulación de Descartes existen un montón de cosas a discutir y a definir: “perfección”, “perfección objetiva”, ¿cómo determinar que esta perfección objetiva es mayor o menor?, ¿qué es una idea?, ¿de qué tipo de causa hablamos cuando hablamos de la “causa de una idea? ¿Qué diablos significa “Evidente por luz natural”?


 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

Descartes

Descartes

 

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