Descartes (1596/1650)

 

Descartes se dio cuenta en algún momento de su vida de que no estaba seguro de nada. Ni de lo que le decían sus sentidos ni de lo que afirmaban los filósofos en sus libros. Buscó entonces alguna certeza a partir de la cual pudiera construir un conocimiento firme y claro. Durante su búsqueda visitó varios países de Europa, pero  acabó encontrando esa certeza en el interior de su propia mente, como aquel rabino de Cracovia que soñó que encontraría un tesoro en Praga y allí un soldado se río de él y le dijo que él también había soñado con un tesoro, enterrado en la casa de un rabino de Cracovia. Quizá no existan los objetos exteriores, pensó Descartes, como tiempo después diría Berkeley, pero de lo que no cabe duda es de que sí existe la duda acerca de la existencia de esos objetos, la duda acerca de la existencia de la mente e incluso la duda acerca de la existencia de Descartes. La claridad de esa duda fue lo que llevó a Descartes, de una manera que podemos y debemos calificar como paradójica,  a la certeza. Descartes acabó concluyendo: “Pienso, luego soy”, pero podría haber dicho con más precisión: “Dudo si soy o no soy, luego soy”.

 

Share

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *