El autor y sus personajes

Autorretrato con muerte japonesa

Desnudo integral, 1987

La relación de un autor con sus personajes es interesante. Por un lado, no cabe duda de que siempre hay algo nuestro en ellos, aunque aparentemente sean muy diferentes a nosotros. Pero esa cercanía no implica que sean un calco nuestro ni que en ellos se exprese nuestra autentica personalidad.

Muchas veces la relación del autor y sus personajes es como la de un pintor o dibujante que se toma a sí mismo como modelo: se trata, simplemente de la persona que tiene más a mano. Algunos autorretratos son muy precisos y exactos y pueden reconocerse los rasgos del original, pero en otras ocasiones se trata tan solo de unas líneas maestras que sirven para que el retrato sea creíble y verosímil. Pero la intención es que a partir de ese borrador inicial, de ese autorretrato, se pueda crear algo nuevo y diferente, un rostro diferente que quizá acabe por no parecerse en nada al que le sirvió de modelo.

Retrato apresurado de Daniel Tubau (por Iván Tubau). Hacia 1987

En esos rostros diversos, sin embargo, casi siempre suele descubirse una huella del original, tal vez en la forma de la nariz, en el hoyuelo de la barbilla o en la forma de los ojos, o quizá, como siempre decía Iván (mi padre), en esos rasgos concretos que denotan la  verdadera expresión, es decir, la boca y las arrugas de expresión de los ojos.

En algunos casos, se puede reconocer fácilmente la mano del autor, digamos como se detecta a David Chase en Tony  Soprano. En otros casos, tan solo se lo detecta aquí y allá, como al Chase de Doctor en Alaska.

 


[Escrito en la Escuela de San Antonio de los Baños (EICTV) de Cuba en febrero de 2017]

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