El credo de un escéptico apasionado: “No te contagies”

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“El credo de un escéptico apasionado: NO TE CONTAGIES.

Un lema que uno ha de llevar a todas partes donde se discuta y que, como dicen en Las Mil y Una Noches, debería escribirse con una aguja en el ojo para tenerlo siempre a la vista: “No te contagies”.

No dejes que el calor y el entusiasmo de la discusión te lleven a donde no quieres ir. No sigas a una multitud para hacer el mal, dice la Biblia, y repite el ateo Bertrand Russell.

Ten cuidado con el entusiasmo compartido por muchos, porque a menudo se vuelve violento y contra otros. Entusiasmo quiere decir estar poseído por un dios (en-Theos) y estar poseído por un dios es muy semejante a estar fuera de sí, alienado, ocupado por otro, vacío, mera caja de resonancia de consignas.

Pero no dejes tampoco que el entusiasmo nocivo te lleve al otro extremo, a la pasividad desapasionada, a una búsqueda obsesiva de la soledad, a encerrarte en una guarida protegida del ruido y la furia, rodeado tan sólo de aquellos que son como tú.

No te contagies e imites lo que dicen estos porque son poderosos, o selectos, o distintos; pero no te contagies de su actitud, negando ahora cualquier cosa que digan ellos, situándote siempre en el extremo contrario, en la postura opuesta a la que ellos mantienen: eso te hará esclavo de ellos y siempre tendrías que saber qué piensan ellos para saber qué es lo que piensas tú.

No concedas, en fin, tu adhesión incondicional a nadie y tampoco lo rechaces antes de saber siquiera que opina. Piensa siempre como un hombre libre.”

Escribí este credo apasionado y escéptico hace unas semanas (2008), tras leer la página 58 de El legado de Europa de Stefan Zweig, dedicada a Montaigne.

russell- el escéptico apasionadoEl título lo tomé de la biografía de Russell escrita por Alan Wood: Un escéptico apasionado, que es una definición que siempre he envidiado.

Una casualidad extravagante y hermosa ha querido que hoy leyese en la Biblioteca Nacional un libro de aforismos de Lichtenberg más completo que otro que compré en Argentina (y que comenté en mi anterior diario, Mazda). Entre esos aforismos de Lichtenberg que no conocía leí este que me llenó de asombro y gozo por la coincidencia:

“No te dejes contagiar, no des como tuya ninguna opinión ajena antes de ver si se adecua a ti, mejor opina tú mismo”.


[Publicado el 8 de julio de 2004]


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