El diablo y la maledicencia

Para sacar la contraria y mostrar cierta imparcialidad en estos momentos de felicidad tras unos días horribles, me permitiré citar a un Papa, a Juan Pablo I.

albinoLucianiAlbino Luciani (Juan Pablo I) era un hombre excelente que no tuvo tiempo para mostrar si habría sido un buen Papa, si estaría a la altura de los dos que le dieron nombre (Juan XXIII y Pablo VI), puesto que sólo fue Papa durante 33 días.

Antes de ser Papa, Luciani escribió una deliciosas cartas dirigidas a todo tipo de interlocutores, como Mark Twain, Chesterton o el propio Jesucristo. Me gustan muchísimo y estoy de acuerdo en muchísimas cosas. En algunas no estoy de acuerdo porque sería pedir un imposible que un Papa estuviese de acuerdo con todas mis ideas: si así fuera, la Iglesia católica ya no existiría. En consecuencia, si no presto mucha atención a algunos detalles y paso de largo ciertas cuestiones, las cartas de Albino Luciani son una maravilla.

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En la carta que Luciani dirige a Pavel Ivánovic Cicikov, el pérfido protagonista de Las almas muertas de Gogol, cita a una hermana de la Caridad del siglo XVII, Magdalena de Lamoignon.

“Al leer las sátiras de Boileau, Magdalena de Lamoignon le dijo que las encontraba hirientes. Boileau le respondió que intentaría no serlo tanto pero que al menos se le diese la oportunidad de atacar en sus sátiras al Turco, “enemigo acérrimo de la Iglesia”. Ni siquiera eso le pareció bien a Magdalena.
_Me dejaréis al menos hacer una satira contra el diablo -sonrió Boileau-, no negaréis que se la merece.
_El diablo ya está bastante castigado. Tratemos de no hablar mal de nadie, para no correr el riesgo de acabar como él.

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[Publicado en 2004]

Comentario en 2013

Curiosamente, poco después de que el brevísimo (33 días) Papa Luciani obtuviera el cargo confesó a su amigo Germano Pattaro, para que aceptase ser su consejero que estaba viviendo «un mes de infierno», un vía crucis: «Comienzo a entender ahora cosas que no había comprendido antes. Aquí cada uno habla mal del otro. Si pudieran, hablarían mal hasta de Jesucristo». Supongo que se acordaría de aquella conversación entre Boileau y Lamoignon.

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Aunque tal vez sin llegar al extremo de Magdalena de Lamoignon, de algo parecido hablé en  La maledicencia.

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He hablado de la dependencia y el contagio al que se exponen los maledicentes en:

El contagio por los adversarios

[Que incluyen temas como “optimismo y pesimismo”, virtudes y defectos”, etc]

El feísmo y hacerlo mal demasiado bien

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La maledicencia

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