El hermano más listo de Henry James

|| Juicio y sentimiento 2

(…continúa desde Atroz autocontrol)

Estoy leyendo (julio de 2004) un libro extraordinario: Las variedades de la experiencia religiosa, de William James.

William James es  más conocido ahora por ser el hermano de Henry James que por sus propios méritos. Cuando los dos hermanos James vivieron (finales del siglo XIX y principios del XX), sucedía más bien al contrario, pues se cosideraba a William uno de los pensadores más importantes de su época, mientras que Henry no acababa de triunfar en la narrativa, y menos en el teatro. Son dos hermanos muy distintos y, según creo recordar, no apreciaban mucho los escritos del otro.

William James, pintando. Por John Lafargue

Desde hace años, especialmente desde 1983, tengo a Henry James entre mis escritores favoritos. Ese año leí Los papeles de Aspern. De William había leído Lecciones de pragmatismo. Era un filósofo que me caía muy bien y poco más.

William James aparece en los libros de filosofía como uno de los creadores de la corriente pragmática o pragmatista, algo que posiblemente le ha perjudicado. En primer lugar, porque el pragmatismo es una escuela filosófica que resuena como algo antiguo o como algo simple; en segundo lugar, por el hecho de que se trate de una escuela filosófica americana (estadounidense, que me perdonen mis lectores del resto de América). Desde hace décadas, mencionar a Estados Unidos les parece a muchos lo mismo que mencionar el nombre de Satanás. El antiamericanismo es una corriente de pensamiento tan popular en España que se ha convertido en una tradición, como la fiesta de los toros. Supongo que todo se inició en 1898 con la guerra de Cuba, cuando España perdió sus últimas colonias en América y Asia (Filipinas) por culpa de Estados Unidos, pero es posible que se puedan encontrar momentos anteriores para esta animadversión. Uno de quienes propagaron la mala imagen de Estados Unidos fue el propio hermano de William, Henry James, que suele presentar en sus novelas y cuentos a sus compatriotas como gente trivial, interesada y vulgar.

Los dos hermanos James: Henry (izquierda) y William.

Hacia 1991, con motivo de la Primera Guerra del Golfo, escribí un artículo contra la guerra en El Independiente. En aquellos días, periódicos como El País y el presidente español, Felipe González estaban a favor de la guerra. Mi artículo se llamaba Proamericanismo visceral. Comenzaba diciendo que me parecía absurdo el antiamericanismo visceral y que nunca había padecido esa enfermedad, a pesar del evidente riesgo de contagio viviendo en un país como España. Pero la mayor parte del artículo al dediqué a intentar demostrar que el problema en ese momento no era el antiamericanisnmo visceral, sino el proamericanismo visceral. Se trató, sin embargo, de una excepción de breve duración en el océano del antiamericanismo visceral.

Mi opinión es que todo lo anti o lo pro cuando es visceral suele ser poco recomendable, a no ser que consideremos, como hizo mi padre, Iván, al ser acusado en otra ocasión (2003) de antiamericano visceral, que la víscera de la que estamos hablando es el cerebro. Es cierto que muchos médicos opinan que el cerebro es una víscera, pero no es la víscera que suelen utilizar, me temo, los viscerales. En definitiva, ese artículo llamado Proamericanismo visceral, que se podría haber publicado también, no en 1991 sino en 2003 referido a Aznar, Blair y compañía, me libra, espero, de cualquier sospecha acerca de mis opiniones respecto a la política actual (2004) de Estados Unidos. Regresemos a William James.

Pertenecer a una escuela que suena a decimonónica y que además se llama pragmática y que además es americana, es una losa demasiado pesada, y Wiliam James es ahora pasto de profesores de filosofía especializados, pero apenas es conocido por otro tipo de público. El segundo filósofo del pragmatismo americano, Charles Sanders Pierce, ha gozado de una cierta reivindicación gracias a Umberto Eco, que lo considera uno de los padres de la semiótica, pero William James, por el momento, descansa a la sombra de su hermano Henry.


Nota en 2017. hace apenas unas semanas, tuve la alegría de recibir un libro de William James en español: Pragmatismo, un nuevo nombre para algunos antiguos modos de pensar, que es el verdadero título de las Lecciones sobre el pragmatismo. De alguna manera, el editor, Juan Carlos Mougán Rivero o los editores, me clasificaron con acierto entre los seguidores de William James, quizá al leer este Juicio y sentimiento o alguna de las otras entradas que he dedicado a James. Estoy disfrutando mucho de la lectura, que pronto comentaré, pero he aquí un fragmento en el que James equipara a los filósofos rudos (empiristas) y a los delicados (espiritualistas) con sus propios compatriotas, sin necesidad de recurrir a la disyuntiva de los europeos sofisticados frente a los americanos palurdos:

“Ahora bien, en filosofía, pocos de nosotros somos delicados bostonianos puros y simples, y pocos son los típicos rudos de las Montañas Rocosas”

 

Continuará…

(En el próximo capítulo: ¡¡Dios mío, otro americano no!!)


[ Publicado en 2004, Barcelona. Revisado en 2017, Madrid]


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