Escrito en el cielo y en ningún lugar

En noviembre de 1997 me di cuenta de que iba a viajar durante varias semanas a diversos lugares del mundo: Barcelona, París, Madrid, Bogotá, Quito, Lima, Cuzco, lo que me obligaría a pasar mucho tiempo en salas de espera, andenes, aeropuertos, trenes, taxis… Esos lugares en los que se está de paso, en tránsito hacia el lugar al que de verdad quieres ir, y en los que el tiempo que trascurre en ellos suele darse por perdido, tiempo inútil, tiempo de espera.

Decidí aprovechar todos esos tiempos muertos entre un lugar y otro. En vez de resignarme a pasar por todos los lugares de tránsito como si fueran un paréntesis fastidioso entre dos etapas, los consideraría como parte del viaje, o mejor aún, como un segundo viaje paralelo. Todo ese tiempo de espera perdido sería ahora una oportunidad para observar a los demás, para aprender y para escribir. Decidí llevar siempre encima una libreta y escribir un cuaderno de viaje durante los minutos y las horas trascurridos en los transportes y en los lugares de espera.

Al contrario que en los cuadernos que suelo escribir y dibujar en mis viajes, en Escrito en el cielo y en ningún lugar no aparecen playas soleadas ni montañas escabrosas, no hay paseos por bosques o lagos, ni excursiones a ruinas históricas o lugares insólitos. Apenas hay color local y casi no se habla de París ni de Barcelona, ni de Quito ni de Cuzco ni de Machu Pichu. En este cuaderno de viaje, el paréntesis se convierte en el texto principal, las horas muertas son horas vivas y la transición pura acción.

Tan sólo me impuse dos normas. La primera, que en los aviones, en los que estaría obligado a pasar muchas horas seguidas, desarrollaría un tema monográfico, que resultó ser, a causa de una lectura casual, el de las máscaras, mientras que en los lugares de tránsito reflexionaría precisamente acerca de la naturaleza de estos extraños sitios en los que pasamos tantas horas de nuestra vida, casi siempre como una simple etapa entre un antes y un después.

Ya antes de empezar tenía pensado llamar a los lugares de tránsito “no lugares”, supongo que porque había oído que alguien los llamaba así, lo que tuve oportunidad de confirmar durante los primeros días del viaje por esos no lugares.

 


 

Ahora, en 2011, iré subiendo día a día lo que escribí en cada día de aquél año, 1997, pues el viaje empezó un 1 de diciembre, como el qeu se inicia mañana. Tal vez tenga ocasión de comentar estas entradas durante el viaje a China que iniciaré el 5 de diciembre. Serán así dos viajes en paralelo, en los que, tal vez, encuentre similitudes, nexos, causalidades o diferencias interesantes.

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