EN LAS FRONTERAS DE LA CIENCIA: Homeopatía y frenología

En los últimos años el debate acerca del carácter científico de diversas creencias, teorías o hipótesis ha ocupado el primer plano de la actualidad: la homeopatía, las flores de Bach y las diversas filosofías o técnicas orientales, como el reiki, el yoga, la acupuntura o el ayurveda. Al mismo tiempo, y a menudo asociado con de lo anterior, se propagan teorías conspirativas, como la que dice de que las vacunas no sirven para nada o que trasmiten peligrosos virus para dominar o exterminar a la humanidad.

Es improbable que estas creencias sean aceptadas algún día por la comunidad científica y me temo que la mayoría serán descartadas como mera palabrería. Quizá alguna sea validada mediante pruebas fiables, pero casi todas seguirán, quizá para siempre, en el limbo de lo dudoso, de lo falso o de la simple estafa.

Podemos tener la certeza de que una de las que serán descartadas, al menos en su formulación actual, es la homeopatía, que en nuestros días ocupa un lugar en el imaginario colectivo semejante a lo que fue el mesmerismo en el XVIII y la frenología en el siglo XIX.

El mesmerismo, propuesto por Franz Mesmer, hablaba de un flujo eléctrico que nos recorría y que podía ser restablecido, y con él la salud, mediante el magnetismo animal. El propio Mesmer descubrió que poseía grandes cantidades de ese magnetismo animal, que podía trasmitir a los demás mediante métodos parecidos al reyki, con imposición de manos, e incluso a distancia, pues cuando empezó a tener muchos pacientes se vio obligado a construir una vasija para condensar y distribuir a precios económicos su magnetismo animal. El mesmerismo fue puesto a prueba y descartado por un equipo de sabios organizado por el rey Luis XVI y compuesto por el gran químico Lavoisser, por Joseph Ignace Guillotin, el físico que tuvo la mala suerte de pasar a la historia por un invento que lleva su nombre (él era contrario a la pena de muerte y el artilugio fue inventado por el médico Antoine Louis), por el astrónomo Jean Silvayn Bailly y por el inventor Benjamin Franklin.

La frenología consideraba que la forma del cráneo revelaba la personalidad y que se podía distinguir a los criminales, a los líderes o a los artistas observando  el tamaño y la forma de su cráneo. La frenología tuvo más suerte que el mesmerismo y durante mucho tiempo fue considerada por muchos expertos como una ciencia, e incluso hubo médicos que la aplicaban de modo oficial, como hoy sucede con la homeopatía, y se estudiaba en algunas universidades.

“La Sociedad Británica de Frenología se fundó en 1881. Para entonces, era común ver en los consultorios médicos unos peculiares modelos de cabezas diseñados por el americano Lorenzo Fowler. Dichos modelos ilustraban los diversos órganos de las facultades. Las parejas jóvenes a menudo se sometían a lecturas prematrimoniales para determinar su compatibilidad, y los científicos de la aptitud coleccionaban cráneos con “bultos” que delatasen los rasgos de sus dueños originales, como quien colecciona curiosidades”.    [1] E.J.Wagner, La ciencia de Sherlock Holmes

Moriarty, el temible enemigo de Sherlock Holmes, era un creyente en la frenología, aunque el cráneo del célebre detective le decepcionó: “Tiene usted un desarrollo
frontal menor al que habría esperado”. Tal vez debemos atribuir a esta creencia en una seudociencia, la razón por la que Moriarty subestimó a Holmes, lo que a su vez hizo que fuera vencido por el detective en el combate final en las cataratas de Reichenbach.

Con el tiempo, sin embargo, la frenología acabó siendo arrojada al desván de las supersticiones.

Reverso de una camiseta diseñada por TXStyle en homenaje al dulo Moriarty-Holmes

¿Y qué quedó de la frenología y el mesmerismo?

Continuará…

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