Johnson y su Vida

|| Defensa de Shakespeare y ataque 4

Samuel Johnson

Samuel Johnson (1709-1784) Samuel Johnson en un retrato inusual (sin peluca), realizado por Joshua Reynolds, a quien Boswell dedica la Vida de Johnson

Samuel Johnson es una verdadera leyenda de las letras inglesas, célebre por varias razones. Una de ellas es que escribió casi en solitario el más completo diccionario de la lengua inglesa, que sólo fue superado, mucho tiempo después, por el Diccionario Oxford, a cargo esta vez de un equipo numeroso y cientos de colaboradores. Se dice que en su diccionario, Johnson sólo olvidó una palabra: “bond” (criada).

También es muy conocido por la biografía que de él escribió James Boswell. Muchos consideran que la Vida de Samuel Johnson es la mejor biografía jamás escrita, y tal vez sea cierto, si dejamos fuera de competición a Giacomo Casanova, a Elias Canetti y quizá a Henry Adams.

Hace no mucho tiempo se publicó en español Vida de Johnson, pero resumida y casi sin notas, cuando una de las cosas más interesantes del desmesurado empeño de Boswell son las notas y las notas a las notas. Este error ha sido corregido en 2007 con dos ediciones del texto íntegro, aunque la que yo poseo comete el error imperdonable de no añadir al final un índice de nombres.

 

Otra razón que hizo famoso a Johnson fue su ingenio y erudición, que lo convirtieron en el árbitro literario de su tiempo. Sus opiniones se convirtieron en citas mil veces repetidas, como aquello que dijo acerca de un libro: “Se trata de una obra interesante y original, pero la parte interesante no es original y la parte original no es interesante”.

Johnson, en definitiva, es el autor inglés más citado después de Shakespeare, por lo que no es extraño que en Gran Bretaña su siglo no se llame el “Siglo de la Ilustración”, sino la Era de Johnson.

Finalmente, Johnson fue el iniciador del moderno culto a Shakespeare, también conocido como “bardolatría”, puesto que Shakespeare había nacido en Stratford-upon-Avon y era llamado “el inmortal bardo del Avon”.

Ese culto se inició con el prefacio a una nueva edición de las obras de Shakespeare, prefacio y edición que corrieron a cargo del propio Johnson, sostenido por la paciencia de numerosos suscriptores, que esperaron durante años una edición crítica insuperable, pero que quedaron un tanto decepcionados, porque Johnson renunció a explicar toda la obra de Shakespeare y se declaró superado por la tarea. Sin embargo, dice Boswell, la edición de las obras de Shakespeare por Johnson:

“Si no tuviera más mérito que el de contener su Prefacio, en el cual se despliegan las excelencia y los defectos del inmortal bardo con mano magistral, no daría motivo de queja ninguna a la nación”.

En su Prefacio a Shakespeare, como tendremos ocasión de ver más adelante, y como nos recuerda el propio Boswell, Johnson atacó con dureza a Voltaire y calificó sus opiniones acerca de Shakespeare como “mezquinos reparos de mentes mezquinas”. Voltaire respondió de manera furibunda, pero Boswell se lamenta de lo mismo que yo he lamentado a propósito de la edición española de Johnson:

“Como no existe un índice general de las voluminosas obras de Voltaire, he buscado ese ataque que recuerdo haber leído y ha sido en vano, por lo cual no puedo citarlo ahora”.

El regalo que para cualquier estudioso del pasado es internet me ha permitido encontrar lo que Boswell buscó en vano. Lo contaré en la siguiente entrega de este serial shakesperiano.

Continuará


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