La historia que se esconde tras los mitos

Guerra y paz en la antigua China /6

«Según Evemero, los dioses míticos no son más que personajes históricos de un pasado mal recordado, magnificados por una tradición fantasiosa».

Carlos García Gual

El evemerismo  se inspira en un filósofo griego llamado Evemero, que sostenía que detrás de los dioses griegos se escondía el recuerdo borroso de antiguos reyes.

Para justificar su interpretación racional de los mitos, Evemero empleó un método paradójico, pues él mismo se inventó una fábula, que contó en La  inscripción sagrada (Hierá Anagraphé). Allí aseguró que había visitado una isla y que en esa isla había encontrado las tumbas de los antiguos dioses, entre ellos Urano, Crono y Zeus.

La historia podría haber resultado verosímil si esa isla hubiera sido Creta, pues una tradición afirmaba que allí se encontraba la tumba de Zeus, pero Evemero aseguró que la isla se llamaba Pancaya y que estaba en el Mar Rojo. Junto a cada tumba, una inscripción en letras de oro conservaba los nombres de todos aquellos reyes a los que los griegos adoraban como dioses.

De este modo, mediante un mito, Evemero propagó el ateísmo en la Antigüedad y extendió la idea de que los dioses nunca habían existido, puesto que se trataba tan solo de reyes, generales y guerreros, o incluso, como en el caso del legendario fundador de Tebas, Cadmo, cocineros que habían escapado de su cautiverio y emigrado a tierras lejanas. Por lo tanto, decía Evemero con una lógica casi perfecta, si los dioses sólo habían sido reyes, entonces los reyes actuales nunca podrán ser dioses. Carlos García Gual compara a Evemero con Voltaire y cree que es posible que su intención fuera criticar la afición de los sucesores de Alejandro Magno a autoproclamarse dioses.

Los chinos siempre han sido muy aficionados al evemerismo y han intentado descubrir los hechos históricos escondidos detrás de los mitos, rastreando lo racional y lo razonable en lo aparentemente fantástico. En una ocasión le preguntaron a Confucio por qué se decía que Huangdi tenía cuatro rostros, a lo que respondió que eso significaba que el emperador había enviado a cuatro funcionarios en cuatro direcciones para administrar el territorio y así poder conocerlo todo, aunque no pudiera verlo con sus propios ojos. Para Confucio, como para Evemero, cualquier relato fantástico del pasado escondía algún borroso recuerdo de un hecho perfectamente histórico.

William Nienhauser está de acuerdo con Confucio y aplica el método evemerista a los mitos chinos. De este modo deduce que Huangdi, el Emperador Amarillo, es un personaje que representa a una tribu o a un clan, lo que explicaría que se le atribuyan más de cien de años de vida. Lo compara con los clanes escoceses, como los Bruce, y para evitar confusiones emplea la expresión “Huangdi” cuando se refiere al gobernante principal del clan en cada momento y “los huangdi” cuando se refiere al clan. En su opinión, los huangdi vivían en la región cercana a Xincheng, que se hallaría en el actual Honan. El padre de Huangdi podría representar también a un clan anterior, del que se habrían separado también los shennong, que deben su nombre a Shennong, el Primer Agricultor. En cuanto a la expresión “clan”, hay que aclarar que tiene un sentido bastante preciso en una jerarquía ascendente que va de los individuos a las familias, de las familias a los linajes y de los linajes a los clanes.

Armados con estas primeras nociones de evemerismo, podemos por fin abordar las batallas de Huangdi, para intentar de este modo descubrir los orígenes lejanos del pueblo chino. Y también su temprana afición a la guerra.

Continuará…

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