La importancia de lo superfluo

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He dedicado al tema de lo superfluo un libro sin duda innecesario llamado Lo único que importa es lo superfluo. En él explico que el avance de la civilización consiste en gran medida  en prestar una atención cada vez mayor hacia lo superfluo, hacia lo innecesario.

En lo necesario casi todo el mundo se pone de acuerdo con facilidad. Es necesario comer, dormir (al menos un poco), tener una casa (al menos un techo) y algunas otras necesidades básicas. Pero muchas otras cosas parecen, si no innecesarias, sí al menos no tan urgentes, en ocasiones incluso superfluas.

Cualquier persona que haya vivido unos pocos años (digamos, unos treinta) ha tenido ocasión de escuchar muy a menudo que esto o aquello es secundario, porque ahora hay tareas y desafíos más urgentes. Y tal vez sea cierto, quizá hay en ciertos momentos asuntos más urgentes que otros, pero es muy probable que quienes no se conforman e insisten en que esas otras cosas superfluas también son importantes sean los verdaderos responsables de que la sociedad sea más justa, equilibrada y sensata. Para muchos estadounidenses, la seguridad social es superflua, o al menos no tan importante como nos lo parece a la mayoría de los europeos. Insistir en ese asunto, fue para Barack Obama una apuesta peligrosa, que puso en peligro su victoria en las elecciones y que le hizo perder la mayoría en las dos cámaras.

Engels

En el siglo XX, e incluso ahora, en muchos países que se definían como revolucionarios, la libertad sexual y la equiparación de derechos de los homosexuales eran asuntos secundarios, que “ya se resolverían en su momento”, cuando se hubieran solucionado los problemas “realmente acuciantes” para la nueva sociedad socialista. No es mi intención, por supuesto, afirmar que ideólogos como Marx, Engels, Lenin o Fidel Castro pensaran eso, es decir, que la liberación homosexual ya se resolvería en el futuro estado socialista. Como es obvio, ellos pensaban (y piensan) que no había nada que resolver, porque se trataba, sencillamente, de una aberración. Engels, por ejemplo, consideraba la homosexualidad «moralmente deteriorada», «abominable», «despreciable» y «degradante» y Marx animaba a su amigo a buscar “un par de chistes (de maricones)” y hacerlos llegar a los periódicos, para desprestigiar al dirigente sindicalista Jean Baptista von Schweitzer, una técnica que todavía se emplea hoy en día de tanto en tanto, incluso en España, país pionero en el reconocimiento de la igualdad entre heterosexuales y homosexuales.

Johann Baptista von Schweitzer

Johann Baptista von Schweitzer

Ahora bien, muchas personas de ideología declaradamente izquierdista o progresista han excusado durante décadas las razones de los dirigentes de esos países del “socialismo real” y han “entendido” que los homosexuales carecieran de derechos justificando lo injustificable, por ejemplo, mencionando aquello de “lo superfluo”. Porque una de las mejores maneras de justificar lo injustificable consiste en decir que no es un asunto importante y posponer el problema y su solución para un futuro lejano. Así se ha considerado durante décadas en la Cuba revolucionaria, y así se ha seguido considerando, aunque en menor medida, en Estados Unidos, por ejemplo en asuntos como el matrimonio homosexual, que los políticos ponían en lo más bajo de su lista de tareas pendientes, al menos hasta que recientemente (2012)
tanto el presidente como el vicepresidente, Obama y Biden, se han pronunciado inequívocamente a favor del matrimonio homosexual.

Joe Biden

Por otra parte, casi todo el planeta considera hoy en día un asunto, si no superfluo si al menos de segunda importancia, el que la mitad de la humanidad carezca de los mismos derechos que la otra mitad en un gran número de países. Me refiero, por supuesto, a las mujeres en los países musulmanes.


Durante años, he escuchado todo tipo de excusas, basadas en el relativismo cultural y el supuesto respeto a las culturas ajenas para justificar esa discriminación intolerable, así como la afirmación, implícita o explícita, de que, aunque es un problema, tampoco es un problema “tan importante”. Resulta llamativo que no se recurra a esos argumentos cuando de lo que se trata es de condenar la trata de blancas y el tráfico de mujeres, como si el esclavismo ilegal fuese menos admisible que el legal.

Lo más curioso del asunto es que para muchas personas el hecho de que la mitad de la población esté discriminada por el hecho de ser mujer no parece ser una de las dos o tres cuestiones más importantes de la humanidad. Eso muestra de manera muy clara lo peligroso que puede ser el considerar que hay cosas importantes y cosas secundarias, o al menos usar las importantes como arma arrojadiza contra los derechos de hombres y mujeres. También explica que uno de los hechos históricos fundamentales del siglo XX, la emancipación de las mujeres, no obtenga todavía más que un lugar de relleno en los libros de historia.

Asombra que la discriminación de millones de mujeres en el mundo no sea noticia todos los días Clic para tuitearQue la actual discriminación a cientos de millones de mujeres en el mundo no sea noticia todos los días, que no se planteen cada semana preguntas en la ONU, que no se exija el fin de este abuso a cualquier estado que quiera ingresar en un organismo internacional, que las mujeres que sufren esta discriminación no tengan el estatuto de refugiadas políticas de manera automática; que se dediquen sumas enormes a combatir cosas que se presentan como vitales a la opinión pública y que en realidad no es que sean superfluas sino que son absurdas, como la estúpida lucha contra el tráfico de drogas, provocada por la no menos estúpida prohibición de su consumo, en vez de emplear ese dinero para acabar con la discriminación de las mujeres y de los homosexuales, entre otras cosas “superfluas”. Todo eso, creo, es una muestra de que a menudo lo más importante es preocuparse de lo superfluo y que hay que evitar que “lo urgente le quite el tiempo a lo importante”, es decir, a lo superfluo.


[Una primera versión de esta entrada se publicó el 14 de junio de 2012 en “La línea de sombra” (Divertinajes).
Revisado en 2016]

 

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