La lógica demente de la nueva izquierda

 

Hoy domingo se celebra la segunda vuelta de las elecciones francesas. Los sondeos indican que Macron va a superar a Le Pen quizá por un 60 frente a un 40 por ciento. Parece una tremenda ventaja en una contienda política, pero no lo es. No lo es porque quien va a obtener un 40 por ciento (o aunque solo sea más de un 30 por ciento) va a ser la dirigente de un partido fascista. Y en este caso no se trata de una metáfora o de esa afición de muchos a emplear la palabra fascista para referirse a cualquiera, como se hacía en mis tiempos de instituto y se sigue haciendo, con la intención de descalificarlo, convirtiendo cualquier debate en pura demagogia. No, en este caso se trata de un partido realmente fascista, creado por un fascista defensor del nazismo y dirigido ahora por su hija, que en la lucha por el poder intenta disimular su verdadero pensamiento.

Hay muchas razones para explicar que el Frente Nacional de los Le Pen amenace con superar la barrera del 20 por ciento que es lo que obtuvo Jean-Marie cuando se enfrentó a Jacques Chirac. No sé si la más importante de esas razones (sospecho que sí) pero sin ninguna duda la más vergonzosa es la complicidad de la nueva izquierda representada por Francia Insumisa.

Jean-Luc Melenchon, “La fuerza del pueblo”

Melenchon, líder de Francia Insumisa y esa nueva izquierda cómplice le han dado a Le Pen la mayor legitimidad que nunca antes se había dado al fascismo en la Francia democrática tras la Segunda Guerra Mundial, la que consiste en ponerlo en pie de igualdad con las propuestas de un político democrático, como Macron. Han propagado con éxito la idea de que una cosa y otra son la misma, han activado una lógica demente que les hace cómplices del ascenso del fascismo en Francia. Es perfectamente posible entender que un joven se deje llevar por el maximalismo de “quiero que gane lo mío y si no rompo la baraja”, y que no sepa lo que realmente significa la Unión Europea en el mundo, como la mejor garantía de las libertades, del estado de derecho, de la abolición de la pena de muerte, de la igualdad de los homosexuales, de las políticas activas en favor de la igualdad de hombres y mujeres, de la defensa de la protección del medio ambiente y sobre todo de la democracia y de la convivencia pacífica entre los más de quinientos millones de europeos, incluidos los que no pertenecen a la Unión Europea. También puedo entender que no sepa qué significa el fascismo. Puedo comprenderlo porque todos nos hemos equivocado alguna o muchas veces y todos hemos sido cómplices en algún momento de nuestra vida de algo infame, en especial en los años de adolescencia o juventud. Quienes no nos hemos negado a reconocer nuestros errores, con el tiempo y mejor información, nos hemos arrepentido y hemos corregido nuestras complicidades políticas más o menos criminales, unos antes y otros después, unos más claramente y otros con tibieza.

Marine Le Pen: “En nombre del pueblo”

Pero lo que no resulta comprensible es que esas complicidades con el fascismo procedan de políticos experimentados como Melenchon y los dirigentes de casi todos los partidos de la nueva izquierda, que antes prefieren derribar a socialdemócratas, liberales o conservadores que poner freno al fascismo; que antes prefieren destruir la Europa unida que corregir sus errores. Puedo aceptar que alguien sin experiencia o sin cultura política (pues se puede tener cultura política a los dieciséis años si uno se preocupa de aprender, de investigar y de poner a prueba sus dogmas) crea que será más fácil que sus ideas triunfen luchando contra un fascista que contra un demócrata, pero es difícil concebir que alguien con la experiencia y la cultura de Melenchon lo piense. Incluso Yannis Varufakis, que no siempre se ha caracterizado por su sentido de la responsabilidad política, ha dado su apoyo a Macron, no solo porque, según él, fue el único ministro de economía que intentó ayudarle durante la crisis griega, sino porque se niega a “formar parte  de una generación de progresistas europeos que habrían podido impedir a Le Pen ganar la presidencia y no lo hicieron”. O como también ha dicho: “Soy antiglobalización y anti neoliberal, pero por encima de todo soy antifascista”.

La estrategia de casi todos los partidos de la nueva izquierda y de la nueva o no tan nueva derecha consiste en volver a la situación en la que no existen ciudadanos, sino súbditos, a los que llaman constantemente el pueblo o la gente. Como preparación para esa sociedad sumisa, van creando una primera élite de súbditos, valga la contradicción, a los que llaman afiliados, círculos, seguidores, activistas, cuya función fundamental consiste en permitir que el líder de turno haga lo que quiera hacer sin que ningún contrapoder efectivo pueda ponerle freno. Los nuevos líderes parecen delegar su decisión en los afiliados, como ha hecho Melenchon, renunciando a toda moralidad personal: soy llevado por una marea que me dice lo que tengo que hacer y lo que no y renuncio a actuar; renuncio a actuar contra el fascismo, renuncio a mi propia conciencia, eso es lo que Melenchon nos dice, a veces como subtexto, a veces de manera explícita. Pero, sucede que hay ocasiones en las que uno quizá puede delegar y apartar su propia conciencia, pero hay otras en las que eso no es posible. Esta es una de esas ocasiones en las que un político no se puede abstener, ni de palabra ni en las urnas. Melenchon y sus afiliados, que según él gobiernan sus decisiones, han renunciado a plantar cara a un partido fascista.

Ahora bien, tal vez la tozuda realidad me obligue a admitir que lo que dice Melenchon y lo que no dice coincide con su verdadero pensamiento, tras escuchar su reiterada negativa a declarar sin ambigüedades que va a votar a Macron y su negativa a decir a sus seguidores que cualquier elector demócrata debe hacerlo también, sin dudarlo. Es decir, que Melenchon no es un hipócrita, sino un cómplice del fascismo, del mismo modo que también lo son todos esos que se hacen llamar en Francia izquierdistas insumisos: son no solo cómplices, sino sumisos al fascismo. Son, desde un punto de vista político, algunos por ignorancia e inconsciencia, otros por aplicar un cálculo demente, casi indistinguibles de un fascista.

Enmanuel Macron


POLÍTICA

El santoral revolucionario

Leer Más
Sócrates y la ley

Leer Más
Koba el temible

Leer Más
Amos Oz: Israel y Palestina

Leer Más
La ciudad de las estatuas

Leer Más
Nazismo en Hungría

Leer Más
¿Una página apolítica?

Leer Más
La izquierda que no quiso ver

Leer Más
La identidad y el mito de los orígenes

Leer Más
Aristóteles no dogmático

Leer Más
El subrayado es suyo (de Nina Berberova)

Leer Más
¿Dónde están los escritores soviéticos?

Leer Más
Antólogos, prólogos y errores

Leer Más
Tras las elecciones

Leer Más
Por qué no participo en los actos de la JMJ (obvio) y tampoco en la protesta contra los actos de la JMJ (no tan obvio)

Leer Más
Prensa, televisión y revolución

Leer Más
John Milton y los spartoi

Leer Más
Defensa del error por Milton y Selden

Leer Más
El imaginario revolucionario

Leer Más
John Milton y la libertad de imprenta

Leer Más
El mandato del cielo

Leer Más
Mao, Stalin y Hitler y otras comparaciones

Leer Más
¿Dónde está la izquierda?

Leer Más
sí pero no/no pero sí

Leer Más
Política y sociología

Leer Más
Entre la ética y la estética

Leer Más
La ética de la estética

Leer Más
Hágase la ley y muera yo

Leer Más
Acerca de Podemos

Leer Más
Orgía y utopía

Leer Más

Democracia e imperio

Leer Más
Unidad europea y separatismo

Leer Más
Explicar y justificar: Isaiah Berlin

Leer Más
Moral holista

Leer Más
¿Qué fue del marxismo?

Leer Más
Un hermoso símbolo

Leer Más
¿Dónde está la serpiente?

|| La lengua de la serpiente /1


Leer Más
La polémica acerca de Soñadores, de Bernardo Bertolucci

Leer Más
¿Qué diría Mathew hoy? y Brasil

en Soñadores, de Bernardo Bertolucci


Leer Más
La izquierda en la balanza

Leer Más
Volver a empezar

Leer Más
Entrevista a Martin Amis

Leer Más
Sudamérica está cambiando

Leer Más
Escepticismo y credulidad

Leer Más
Ética y política en Aristóteles

Leer Más
Puerta del Sol, visperas madrileñas

Leer Más
¿Programas o personas?

Leer Más
Expertos y marxistas

Lenguaje de expertos /2


Leer Más
Anecdotario de una campaña electoral

Leer Más
El pueblo no existe (y la gente tampoco)

Leer Más
El legado de Europa

Leer Más
La comprensión no implica justificación moral

Leer Más
La importancia de lo superfluo

Leer Más
Patria

Leer Más
La revolución tradicional

Leer Más
Maneras de predecir el futuro

Leer Más
La sociedad abierta de Bertrand Russell

Leer Más
La lógica demente de la nueva izquierda

Leer Más
Retorno al pasado

Leer Más
Nostalgias catalanas

Leer Más

Share

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *