La revolución tradicional

Cuando estuve en Pekín en 2005 pude comprobar de manera directa el carácter fuertemente reaccionario de las revoluciones. Es asombroso cómo, durante el siglo XX, los que pretendían cambiar la sociedad fueron una y otra vez los que consiguieron que cambiara menos. Por todas partes se veían signos, por fortuna ya atenuados, que revelaban que la revolución china fue un retroceso hacia las peores épocas imperiales, quizá hasta igualar a la que se considera la peor de todas, la del unificador de China: Shi Huang Di.

No es en absoluto asombroso, cuando se conoce el conservadurismo de los movimientos revolucionarios, que los países ex comunistas, como Rusia o Polonia, sean mucho más conservadores que los que se quedaron en el llamado bloque capitalista. Por paradójico que resulte, el dominio de la Unión Soviética comunista sobre Polonia ha conseguido  que los polacos sean ahora (2006) los más católicos de Europa. Más católicos que el papa Ratzinger, o al menos más integristas. Incluso más católicos que los españoles que sufrieron la ultracatólica dictadura franquista.

Shi Huang Di, unificador de China bajo la dinastía Qin (-221/-206) y recordado como uno de los más sanguinarios emperadores. Se duda si ha sido por fin superado en el el siglo XX por Mao Zedong (Museo de cera de Pekín)

Es cierto que desde bastante pronto se supo en el mundo que el movimiento comunista, a pesar de sus pretensiones de cientifismo y ateísmo, era lo más parecido a una religión que se podía encontrar en todo el espectro político, por lo menos hasta que surgieron el fascismo y el nazismo.

Ya en los inicios del siglo XX se bromeaba con que los comunistas tenían un profeta (Karl Marx), una Biblia (las obras de Marx), en la que se contenía un Evangelio o Buena Nueva anunciando el mundo que vendría (el Manifiesto Comunista), unos fieles que estaban dispuestos a alcanzar el martirio si era necesario y que hablaban del marxismo como de una verdad revelada. El fuerte aroma religioso del comunismo superaba al de cualquier otra ideología, incluído el anarquismo.

Los dos primeros profetas, Marx y Engels (Parque de las estatuas, Budapest)

Pero lo que pocos esperaban era que el comunismo literalmente reinventara todo lo que la sensatez política y la lucha contra la injusticia de los últimos siglos empezaba a arrojar al desván de la historia y al museo de los horrores.

Algunos ejemplos del carácter reaccionario de la Revolución

1. Los dirigentes convertidos en héroes fundadores y después en dioses vivos, a la manera del Imperio egipcio o de la Roma de Augusto, Tiberio y sus sucesores.

El extremo increíble fue la recuperación de la tradición de los faraones del antiguo Egipto de momificar a sus soberanos (Lenin, Stalin).

Héroes revolucionarios chinos en la plaza de Tiananmen de Pekín. Los comunistas (y después los fascistas y los nazis) recuperaron la tradición de héroes legendarios, planos y sin doblez, mártires y sacrificados, siempre mirando al horizonte, propios de los peores cuentos de hadas.

Grandilocuencia heroíco-revolucionaria también en Hungría A los españoles, este tipo de imágenes nos recuerdan inevitablemente a las de los héroes franquistas (Parque de las estatuas, Budapest)

2. Un poder ocupado en exclusiva por una casta dirigente, cuyo único criterio era el que su líder supremo marcaba llevado por su propio capricho.

Lenin en una placa húngara (Parque de las estatuas, Budapest)

Los dirigentes del comunismo no sólo son grandes héroes revolucionarios, fabulosos caudillos militares y preclaros gobernantes con derecho al trono de por vida. También son los más sabios intelectuales, autores de la doctrina, que condensan en grandes obras, como Lenin o Stalin o en ediciones más asequibles, como Mao y su Pequeño Libro Rojo. Son también el Primer Científico del país, como Stalin, Ceaucescu y su esposa.

En una única persona unifican los tres poderes tradicionales y además todos los cargos posibles (Jefe Supremo del Ejército, Ministro de Cultura, Secretario General del Partido). Naturalmente, tienen tiempo para ocuparse de todo, excepto por enfermedad, como ahora Castro, que ha tenido que delegar en quince o dieciséis personas todos sus cargos.

Lenin, en esta ocasión en el Museo de cera de Pekín

 

3. El sometimiento durante décadas a un mismo gobernante, entronizado mediante la violencia y mantenido con el apoyo de las fuerzas armadas.

La herencia del poder entre los miembros de la casta dirigente, sin ninguna intervención exterior ni participación de los ciudadanos. Con extremos como el de la herencia familiar a la manera de las monarquías e imperios que, se suponía, el comunismo estaba llamado a derribar, como sucedió en Corea del Norte con Kim Il Sung y Kim Jong Il, o ahora en Cuba con Fidel Castro y su hermano Raúl.

Una Joven Guardia Roja se dispone a destrozar un violín (imagén de El violín rojo)

4. La condena de cualquier obra de arte, libro, manifestación o idea que no coincida con la ideología del poder, incluyendo la prohibición y la quema de libros.

O, como sucedió en China durante la Revolución Cultural, la destrucción de cualquier signo cultural no revolucionario, como un violín.

 

5. El gusto desmedido y enfermizo por todo lo militar: rifles, ametralladoras, machetes; títulos como Comandante, Subcomandante, Gran Timonel, Amado Líder, Jefe Supremo.

Dirigentes vestidos casi siempre con trajes militares, mostrando bien a las claras de dónde emana su poder: “El poder está en el cañón de la pistola”, decía Mao, en frase que envidiaría un fascista o un nazi.

6. La eliminación violenta del adversario. El exterminio sistemático de millones de personas y el traslado de poblaciones enteras, a la manera de los antiguos asirios.

Una indiferencia absoluta no sólo hacia la muerte del supuesto enemigo, sino hacia la de sus propios súbditos. El cálculo frío y pragmático de la utilidad que puede tener un ser humano, como trabajador esclavizado o como soldado a sacrificar.

Asombra este sangriento retorno al pasado a lomos de la Revolución, pero a mí siempre me ha asombrado mucho más cómo los seguidores de la Revolución que no vivían en países comunistas eran capaces de perder cualquier rasgo de pensamiento inteligente. Su manera de excusar desde la demagogia más tosca hasta el crimen más repugnante, la coexistencia de un pensamiento crítico poderoso (cuando se trataba de atacar al enemigo anti-revolucionario) junto a otro digno de un parvulario o jardín de infantes

El pequeño libro rojo de Mao, inspirador de intelectuales de medio mundo, como Sartre o Godard, que dejó de hacer sus complejas, sutiles, traviesas y exigentes películas para rodar propaganda maoísta en plena época de la Revolución Cultural.

.


[Publicado por primera vez en julio/agosto de 2006]

Tiempo después de escribir esta entrada, inicié una página dedicada al carácter religioso del comunismo, llamada El santoral revolucionario

En el Santoral Revolucionario se exploran los aspectos más religiosos del comunismo revolucionario: los profetas, los fundadores, las promesas de redención y la iconografía de la que para muchos ha sido la religión del siglo XX.

 Entradas de El Santoral Revolucionario

El santoral revolucionario

Leer Más
La religión del comunismo

Leer Más
Los líderes supremos: Lenin

Leer Más
Los líderes supremos: Oliver Cromwell

Leer Más


MAOÍSMO Y COMUNISMO CHINO

Extraños compañeros de culto: Mao y Deng

Leer Más
La anaconda china

Leer Más
¿Un país, dos sistemas?

Leer Más
La Maomanía

Leer Más
Mao, Stalin y Hitler y otras comparaciones

Leer Más


POLÍTICA

El santoral revolucionario

Leer Más
Sócrates y la ley

Leer Más
Koba el temible

Leer Más
Amos Oz: Israel y Palestina

Leer Más
La ciudad de las estatuas

Leer Más
Nazismo en Hungría

Leer Más
¿Una página apolítica?

Leer Más
La izquierda que no quiso ver

Leer Más
Aristóteles no dogmático

Leer Más
¿Dónde están los escritores soviéticos?

Leer Más
Antólogos, prólogos y errores

Leer Más
Tras las elecciones

Leer Más
Por qué no participo en los actos de la JMJ (obvio) y tampoco en la protesta contra los actos de la JMJ (no tan obvio)

Leer Más
Prensa, televisión y revolución

Leer Más
John Milton y los spartoi

Leer Más
Defensa del error por Milton y Selden

Leer Más
El imaginario revolucionario

Leer Más
John Milton y la libertad de imprenta

Leer Más
El mandato del cielo

Leer Más
Mao, Stalin y Hitler y otras comparaciones

Leer Más
¿Dónde está la izquierda?

Leer Más
sí pero no/no pero sí

Leer Más
Política y sociología

Leer Más
Entre la ética y la estética

Leer Más
La ética de la estética

Leer Más
Hágase la ley y muera yo

Leer Más
Orgía y utopía

Leer Más

Democracia e imperio

Leer Más
Unidad europea y separatismo

Leer Más
Explicar y justificar: Isaiah Berlin

Leer Más
Moral holista

Leer Más
¿Qué fue del marxismo?

Leer Más
Un hermoso símbolo

Leer Más
¿Dónde está la serpiente?

|| La lengua de la serpiente /1


Leer Más
La polémica acerca de Soñadores, de Bernardo Bertolucci

Leer Más
¿Qué diría Mathew hoy? y Brasil

en Soñadores, de Bernardo Bertolucci


Leer Más
La izquierda en la balanza

Leer Más
Volver a empezar

Leer Más
Entrevista a Martin Amis

Leer Más
Sudamérica está cambiando

Leer Más
Madres de mayo

Leer Más
Escepticismo y credulidad

Leer Más
Ética y política en Aristóteles

Leer Más
¿Programas o personas?

Leer Más
Expertos y marxistas

Lenguaje de expertos /2


Leer Más
Anecdotario de una campaña electoral

Leer Más
El pueblo no existe (y la gente tampoco)

Leer Más
El legado de Europa

Leer Más
La comprensión no implica justificación moral

Leer Más
La importancia de lo superfluo

Leer Más
Patria

Leer Más
La revolución tradicional

Leer Más
Maneras de predecir el futuro

Leer Más
La sociedad abierta de Bertrand Russell

Leer Más
La lógica demente de la nueva izquierda

Leer Más
Retorno al pasado

Leer Más

*********

Share

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *