Una estancia en Moralia [1991]
3. En Moralia

…En Moralia

En capítulos anteriores (1 y 2), Natalia y Arlequín emprendieron la búsqueda de Moralia, debido a que Natalia había soñado que se veía a sí misma en un acantilado y no se ayudaba. Ahora han caído por un agujero.

Natalia-Daniel-Barcelona

Natalia, la Soñadora, y su hermano Daniel, cronista de sus sueños

Natalia y Arlequín descienden por un tubo en forma de espiral durante un tiempo que les parece interminable (dos minutos). Finalmente, son escupidos en un prado, uno encima del otro, primero Natalia, después Arlequín, que cae sobre ella.

Arlequín
Perdona, Natalia… Bueno, ya estamos en Moralia.

Arlequín señala, a su izquierda, un gran cartel en el que pone: “Bienvenidos a Moralia”.

Natalia
Me parece que te equivocas, Arlequín. Esto no puede ser Moralia. ¿No ves a es hombre clavado a una cruz y a ese otro con una capucha de verdugo que le está dando latigazos?

Arlequín
Es cierto, y después le echa sal y vinagre sobre las heridas [1]. Vamos a acercarnos.

Natalia
Quizá deberíamos irnos de aquí.

Arlequín
No te preocupes, Natalia. (Al verdugo) Perdone que le interrumpa. Estamos en Moralia, ¿verdad?

Verdugo
(con amabilidad) Bienvenidos. Esperen un segundo, en cuanto termine con este otro turista, me ocuparé de ustedes

Natalia
Ah, no, de verdad, por nosotros no se preocupe. Nos gusta esperar, ¿verdad, Arlequín?

Arlequín
¡Claro! usted cumpla bien con su trabajo, que eso es lo que importa: el trabajo bien hecho. Además, nos están esperando…

Arlequín agarra a Natalia y se la lleva lejos del lugar de tortura.

Arlequín
(señalando a lo lejos) Mira allí, Natalia, yo conozco a ese tipo.…

Natalia
¿Ese que está llorando y dándose golpes de pecho? Parece sufrir mucho.

Arlequín
(Al hombre que llora y se golpea) Perdone si interrumpimos un poco su congoja, ¿no es usted Inmanuel Kant?

Kant
En efecto, soy yo; pero, por favor, hable más bajo, no vaya a ser que me reconozcan mis víctimas pasadas, presentes y futuras.

Natalia
¿Se refiere usted a las que son torturadas en esa cruz?

Kant
Sí.

Natalia
¿Y qué tiene usted que ver con esto? Usted ha pasado a la historia como el pensador más moral de cuantos han existido [2]

Kant
¡Ay de mí! Esa es mi desgracia. Aquí, en Moralia, aplican mis preceptos a rajatabla. El hombre vestido de cuero negro con la capucha de verdugo, es uno de mis más fieles y perfectos partidarios.

Natalia
No puedo entenderlo.

Kant
Es muy sencillo. Ese hombre está aplicando mi imperativo categórico: “Obra como si la máxima de tu acción debiera convertirse por tu voluntad en ley universal de la naturaleza” [3].”

 Se acerca un hombre joven, con el rostro bien afeitado y con un taparrabos de tela grisácea. Antes de hablar, sonríe amablemente a todo el grupo.

Hombre
Sí, también está aplicando mi más importante doctrina, la Regla de Oro: “Cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hacédselo vosotros a ellos.”
[4]

Natalia¡Ah! Usted es Jesucristo. No le había reconocido sin barba.

jesucristo-bizantino

jesucristo rabbula Evangelios 6

El Jesucristo de pelo crespo y barba recortada en una representación de los Evangelios de Rabbula (siglo VI)

Jesucristo
Por favor, no me trates de usted, no puedo soportarlo.
[5]. En cuanto a lo de la barba, nunca la he llevado. Eso, como tantas otras cosas referidas a mí, es algo que se inventaron mucho tiempo después de mí muerte.
[6].

Confucio
Sí, no se puede uno fiar de las generaciones futuras. ¡Ah, en los buenos tiempos míticos las cosas no eran igual!

[7] Pero, claro, parte de la culpa también la tenemos nosotros por no pensar bien en las consecuencias de nuestras reglas cuando son aplicadas por otros temperamentos. Este hombre, el verdugo, no sólo es kantiano y cristiano, también aplica mi precepto llamado el cuadrado de medir: “No hagas a los demás lo que no quieras para ti mismo” [8]”.

confucioNatalia
Pero, no acabo de entender por qué hablan de ese verdugo como si se tratara de un ser perfecto desde el punto de vista de la moral que ustedes han creado, y como un fiel discípulo de sus doctrinas.

Kant
Lo es, lo es… Lamentablemente.

Jesucristo
Sí, porque ese hombre, además de ser un perfecto moralista cristiano-kantiano-confuciano, es masoquista.

Confucio
…Así que hace a los demás lo que le gustaría que le hicieran a él.

 Continúa en “Llegan más moralistas”

*********

[Esta felicitación que escribí para mi hermana Natalia tiene notas, añadidas en 1997, y otras escritas en 2014. Puedes verlas haciendo clic en las notas.  También puedes leer el texto completo de principio a fin -mucho más recomendable.-y después las notas, que también aparecen  situadas al final del texto. Hay vínculos para saltar en un instante desde el número a la nota correspondiente, y a la inversa]

 

nataliaTubau-cabecera

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5. ¿Alguien más se une al grupo?

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  1. [1] Que no es lo mismo que darle a beber vinagre y hiel, como a Jesucristo: tal vez a él no se lo dieron para hacerle sufrir más, sino para anestesiar su dolor
  2. [2]Así, Kant ocupa ese puesto en la historia, tal vez con la posible excepción de Sócrates.
  3. [3]El Imperativo Categórico de Kant se conoce en distintas formulaciones: la que el propio Kant enuncia aquí es la segunda de las cinco que ofrece H.J.Paton en The Categorical Imperative 
  4. [4]Así lo dice Jesucristo en Mateo 7.12. Aunque la Regla de Oro se conoce popularmente como: “Haz a los demás lo que quisieras que los demás te hicieran a ti”, un enunciado no aparece en ninguna de las versiones bíblicas. Pero la idea sí se expresa con bastante claridad en otros pasajes. Así, en Lucas 6.31: “Y como queréis que os hagan los hombres, así hacerles también vosotros”. Y también en Tobías 4.15 en forma negativa: “Lo que no quieres para ti, no lo hagas a nadie” (aquí no es Jesús quien habla, sino Tobías, que se lo dice a su hijo Tobías). Respecto a este último pasaje, Asimov dice que es una expresión de la Regla de oro, la idea de “guiar las acciones por empatía, es decir, poniéndose en el lugar de la otra persona”. Sin embargo, esto no es del todo cierto. Lo que sucede más bien es que se pone a las otras personas en el lugar de uno mismo: ponerse en lugar de la otra persona consiste en intentar saber cómo siente y qué piensa el otro, y no suponer sin más que siente y piensa como nosotros y que, por tanto, debemos hacer con ella lo que nos gustaría que ella nos hiciese a nosotros.

    Tobias-420px-Filippino_Lippi_016

    Tobías y el ángel, por Filippino Lippi, 1472). Uno de los pasajes más conocidos del libro de Tobías: el arcangel Rafael ayuda al ciego Tobías a recuperar la vista y a exorcizar a Sara, poseída por el demonio Asmodeo.

    En el pasaje que he citado en la felicitación, Jesucristo añade que esa doctrina “está en la Ley y en los Profetas.” En la Biblia que yo consulto (Nacar-Colunga) se dice que no se encuentra ni en la Ley ni en los Profetas esa doctrina de la caridad (?), al menos expresada de manera explícita. Ahora bien, tenemos esa formulación ya mencionada de Tobías 4.15. Sin embargo, Tobias es un libro que no se incluye ni en el Canón protestante ni en el judío jerosomilitano (pero sí por los judíos de la Diáspora), sino sólo en el católico (en el Antiguo Testamento, después de Nehemías). La historia de Tobías fue escrita probablemente hacia el año 200 antes de Cristo, pero la acción tiene lugar hacia el -720, en tiempos de Nínive (cuyo fin Tobías presencia). Aunque Tobías no es uno de los libros proféticos, guarda ciertas semejanzas con estos, como es el utilizar la narración de un desastre antiguo (la caída de Nínive) como símbolo de uno futuro (la caída del imperio seleúcida). Asimov dice, quizá con cierta ironía, que el autor del libro fue un excelente profeta: el Imperio Seleúcida cayó una generación después de ser escrito el libro de Tobías

  5. [5]Según parece, en el Nuevo testamento, Jesús habla con sus discípulos y ellos con él tratándose de “tu”, nunca de “usted”. Digo según parece porque no sé si en el original de los libros del NT, escrito en griego koiné (con la posible excepción de Mateo, que quizá fue escrito en Arameo), se empleaba una u otra fórmula. Es decir, no sabemos cómo hablaba Jesús con sus discípulos, pero todos los textos que cuentan su vida y andanzas lo muestran tratando de tú y siendo tratado de la misma manera por todos. Me di cuenta de este asunto cuando leí las Cartas Filosóficas de Voltaire, en las que éste cuenta, en un estilo no muy distinto del llamado Nuevo Periodismo, sus experiencias en Inglaterra. Las primeras cartas están dedicadas a los cuáqueros (quakers), quienes se negaban a quitarse el sombrero delante de nadie ni a tratarlo de “usted”, ya se tratase del mismísimo rey. Uno de estos cuáqueros le explica a Voltair por qué: “Confiesa que has tenido dificultad en no reírte cuando he respondido a todas tus cortesías con el sombrero en la cabeza y tuteándote; sin embargo, me pareces demasiado instruido para ignorar que en el tiempo de Cristo ninguna nación caía en el ridículo de sustituir el singular por el plural. Decían a César Augusto: te amo, te ruego, te agradezco… Sólo mucho después de él los hombres comenzaron a hacerse llamar vos en lugar de tú, como si fuesen dobles, y a usurpar los títulos impertinentes de Grandeza, de Eminencia, de santidad, que unos gusanos dan a otros gusanos, asegurándoles que son, con un profundo respeto y una falsedad infame, sus muy humildes y obedientes servidores.” Y termina diciendo el cuáquero: “Para salvaguardarnos de ese indigno comercio de mentiras y de halagos, tuteamos igualmente a los reyes y a los zapateros, no saludamos a nadie y no tenemos por los hombres más que caridad, y respeto sólo por las leyes”.
    Esta es una de las estupendas costumbres de los cuáqueros: yo creo que tratar alguien de “usted” indica sólo un respeto absurdo o un temor lamentable. Es cierto que al conocer a una persona suelo hablarle de “usted”, pero es sólo porque sé que muchas personas se ofenden tontamente si las tratas de “tu”, pensando que estás faltándoles al respeto. Yo no soy tan estricto o tan coherente como los cuáqueros, que a menudo se ganaron la cárcel o el destierro por tutear a jueces e incluso a reyes. Después de leer las cartas de Voltaire, embellecí la historia, haciendo que los cuáqueros remontasen el tuteo al propio Jesucristo y a sus discípulos, en vez de a César Augusto, como he descubierto al releer dichas cartas. Por otra parte, Corominas cuenta que ‘vos’ (del latín, vuos, vosotros) se empezó a emplear desde los orígenes del castellano además de en su forma plural, como forma singular reverente. Al final, se extendió tanto su empleo que ya no indicaba respeto, sino sólo la falta de familiaridad entre iguales y falta de respeto en boca de un noble. Se dejó de emplear, excepto en las zonas rurales (y así sobrevivió en las partes rurales de América de aquel entonces con el valor de ‘tú’). Para evitar la ambigüedad del singular de vos, se empleó sólo el vosotros con carácter plural. En cuanto a usted, es una contracción de vuestra merced, inventado para sustituir a vos, desgastado ya como pronombre de respeto. Una historia interesante, sin duda
  6. [6] Parece, en efecto, que el Jesús histórico (si es que existió alguna vez) e incluso el que es descrito en los Evangelios, no llevaba barba, aunque sí largos cabellos. No recuerdo exactamente a qué época se remontan las primeras imágenes del Cristo barbado. Entre mis libros, no he encontrado ninguna anterior al año 900: la de un iconoclasta bizantino que cubre con cal un retrato de Jesucristo (que parece llevar una ligera barba). Pero incluso en el año 1000 todavía se representa a Jesús sin barba en el Libro de los Evangelios de Otón III. En algún lugar he leído también una poderosa argumentación que sostenía que Jesucristo no podía haber llevado barba, por alguna razón muy concreta relacionada con su clase social, su oficio, o algo semejante. No recuerdo dónde.

    Caravaggio representó a Jesucristo sin barba, algo excepcional en su época.

    Caravaggio representó a Jesucristo sin barba, algo excepcional en su época.

    (Nota en 2014) Aunque estamos acostumbrados a las representaciones de Jesucristo con barba, expertos en la época en la que se supone que vivió Jesús de Nazaret creen que no podía llevar barba por razones del culto o de la secta a la que pertenecía. En las primeras representaciones de Jesucristo, se lo solía representar joven y perfectamente afeitado o con una barba pequeña y recortada y el pelo un poco crespo, es decir con un aspecto más semita que griego. Incluso hubo quienes protestaron contra la imagen que ahora tenemos de Jesucristo (y de Dios mismo) por parecerse demasiado al Zeus griego o el Júpiter romano. Así lo cuenta Teodoro Lector al recordar una anécdota que sucedió en los tiempos en que Gennadius era patriarca de Constantinopla (458-471): “En el tiempo de Gennadio era conocido un pintor que quereía pintar al Salvador con la apariencia de Zeus”. En opinión de Teodoro, en el siglo VI opina que la otra imagen, “la del pelo corto y crespo era más auténtica”. En la imagen se puede ver el Jesucristo de pelo crespo y barba recortada en una representación de los Evangelios de Rabbula (siglo VI) 

  7. [7]Para Confucio, como para muchos pensadores chinos, había existido en tiempos remotos una época mítica ideal, de carácter más o menos comunista y justo, además de varios emperadores, como el Emperador Amarillo, caracterizados por ser gobernantes perfectos. Esta idea de la edad de oro en el origen de la humanidad es común a muchas culturas. Existe, por ejemplo en Grecia. En algún lugar leí que la originalidad del cristianismo consistió en poner la Edad de Oro al final de los tiempos, en vez de al principio. Eso es muy discutible: no sólo en otras culturas existe también esa Edad de Oro futura, sino que toda la leyenda del Paraíso y Adán y Eva no es sino otro ejemplo del tópico de la Edad de Oro en la que vivieron nuestros antepasados
  8. [8]Confucio dice esta frase en Analectas XII,2., cuando su discípulo le pregunta por el significado de jen (hombre de virtud, más o menos). Efectivamente, fueron los confucianos posteriores los que llamaron a esta idea el “principio de aplicar un cuadrado de medir”, es decir uno se pone a si mismo como norma para regular la propia conducta, que, como se ve, coincide con la Regla de Oro cristiana (y también pitagórica al parecer) y con el precepto kantiano)