Las intenciones de Canetti
Una investigación sobre la manía de escribir /2

En La obra oculta de Elias Canetti me preguntaba por qué Canetti ordenó que no se empezaran a publicar sus textos inéditos hasta treinta años después de su muerte.

La primera respuesta que se me ocurrió fue que lo hizo por la sencilla razón de que no quería que las personas que aparecen en sus escritos autobiográficos se sintiesen ofendidas o lo pasaran mal al descubrir lo que realmente opinaba de ellas.

En los tres primeros tomos de sus memorias, Canetti es a menudo muy duro con sus amigos y conocidos. No he leído todavía el cuarto tomo, Fiesta bajo las bombas, que al parecer se publicó desobedeciendo sus disposiciones testamentarias, es decir, antes de tiempo. Ya el título parece demostrar que no es un libro que Canetti tuviese listo para su publicación, pues los otros tres tomos de sus memorias tienen títulos que aluden explícitamente a los sentidos: La lengua salvada, La antorcha al oído, El juego de ojos, por lo que era previsible que el cuarto y el quinto tomo tuvieran que ver con el tacto y el olfato. Pero no conozco los pormenores de la edición de Fiesta bajo las bombas, y quizá me equivoco. En cualquier caso, en este cuarto libro de memorias parece que Canetti es todavía más implacable que en los libros anteriores, en especial con Iris Murdoch.

El juego de ojos

Así que todo hace suponer que Canetti no quiso que sus libros inéditos se publicaran hasta treinta años después de su muerte para evitar un dolor innecesario a quienes ataca despiadadamente. Porque Canetti pertenece a esa clase de escritores que en sus textos biográficos muestran que han detestado y detestan a casi todas las personas que han conocido. En alguna ocasión he dicho que al leer las autobiografías de escritores americanos como Truman Capote o Gore Vidal uno no sabe si asombrarse más de lo mal que hablan de todos sus amigos o de que pudieran haber sido amigos suyos alguna vez. ¿Cómo pudieron mantener durante tanto tiempo una amistad personas que se apreciaban tan poco? El caso de Canetti quizá no llega a igualar los de Capote o Vidal, porque él hace un verdadero esfuerzo para dotar de vida y verdad a los personajes que aparecen en sus memorias. Cada uno de los retratos que hace, Kraus, Musil, Georg, Wotruba, Broch o Alban Berg es extraordinario y cumple lo que el propio Canetti se recomendó a sí mismo en un apunte de 1980 citado por Ignacio Echevarría:

“Saca a la palestra a cada uno, verdaderamente a cada uno. Insúflale aliento. Dale sus palabras”

Aunque les da sus palabras, y aunque uno se queda conmocionado ante la intensidad de penetración psicológica y de observación empírica que despliega Canetti, por mencionar un ejemplo, al contar lo que fue Kraus en Viena, también es cierto lo que dice Echevarría, Canetti aisla algunos elementos de cada persona para destilar un carácter puro:

“La técnica de Canetti como retratista consiste siempre en la acentuación de unos pocos rasgos sobresalientes, ya se trate de la respiración de Broch y sus andares de pájaro; de la soberbiaa de Musil y su infinita susceptibilidad; de la cordialidad de Alban Berg y su naturaleza tan amable; de la impetuosidad de Scherchen y su afán de dominio”.

El resultado son pequeñas obras maestras, decenas de figuras y caracteres diferenciados, pero también, de manera casi inevitable, una cierta simplificación y bastante injusticia a costa de la claridad, como puede adivinarse al leer su reacción ante el físico Wolfgang Pauli, por quién dice sentir un gran respeto pero a quién deja literalmente de escuchar a causa de un detalle bien curioso:

“La razón de que mis oídos se hubieran cerrado  a sus palabras era una razón que él jamás habría sospechado: me recordaba a Franz Werfel -claro está que sólo en su aspecto exterior-, y ya esto tenía que preocuparme, tras mis experiencias con este último un año antes”

Aquí Canetti parece, más que un  observador preciso de la realidad, un discípulo de Lombroso, el hombre que creía que la forma del cráneo o de ciertos rasgos faciales permitía distinguir a los criminales, algo que mucha gente piensa todavía. Momentos como el citado, que al menos Canetti tiene el candor o el desparpajo de relatar sin disimulo, nos hacen estar alerta ante otros retratos en los que sin duda las antipatías o simpatías de Canetti han contribuido a acentuar ciertos rasgos.

Sin embargo, hay algo que no acaba de resultar satisfactorio en esta explicación apresurada del pudor final de Canetti. Un hombre capaz de destilar un odio tan feroz contra tanta gente, ¿se preocuparía del dolor que pueda causar a sus víctimas una vez muerto? Todo es posible, porque la complejidad, ambigüedad y contradicciones de los sentimientos de las personas son a menudo asombrosos, y lo es tal vez mucho más si se trata de un escritor, capaz de llevar una vida pública y otra privada que pueden coincidir en muy pocos detalles. Como escribió Borges en una ocasión: “Borges es el otro”.

Sin embargo, hay algo que no me acaba de convencer en esta explicación acerca de los motivos de Canetti.

 


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  • Ondina

    Ya hablamos una vez del desprecio, si no odio, hacia sus amigos que destilaban tanto las memorias de Vidal como las de Capote.

    Por muy buenos escritores que puedan ser (cualquiera de los tres, auqnue las de Canetti no las he leído, pero lo haré).

    La verdad es que me dan cierta lástima porque me parece que una vida en la que no se ha gozado de los placeres de la amistad, la convesación y el cariño de al menos un buen número de personas ha sido en cierto modo estéril. ¡Qué pérdida de tiempo y que desperdicio, con lo corta que es la vida y la cantidad de personas y cosas estimulantes que hay en el mundo para colmarla!

    Si yo un dia escribiera mis memorias, que a lo mejor lo hago, lo que intentaría sería rendir homenaje a todas las personas con las que disfruté. a las que amé y que me amaron y agradecer las bondades que me brindaron, y lo que me gustaría transmitir al posible lector es lo muy valioso que es contar con personas estimulantes en tu vida.

    Amo muchas cosas: libros, películas, lugares… pero siempre he pensado que lo más importante de todo eran las personas;

  • Ondina

    Se me escapó (y acabo):

    … que por encima de todo lo demás están los seres humanos que te importan y a los que importas. Y que sería una tragedia no poder decir cosas buenas de quienes te han acompañado en la travesía de la vida, aunque de vez en cuando alguno te “salga rana”.

  • muy buenos dias acabo de enterarme de tu website y la verdad es que me parece genial no sabia de mas personas interesadas en estos temas, aqui tienes un nuevo lector que seguira visitandote a diario.