Las tres máscaras
NO LUGAR 29

Sala de embarque número 1 del Aeropuerto Jorge Chavez de Lima (Perú)

[Domingo 28 de diciembre de 1997]

 

Al comenzar a escribir en este nuevo no lugar, me doy cuenta, leyendo el “Escrito en el cielo” anterior, de que ya se han intercambiado los términos iniciales de este experimento viajero. Hablé allí de no lugares y aquí hablaré de máscaras.

Entrada del Museo de la Nación de Lima

 

Ayer vi “El Señor de Sipán”, en el Museo de la Nación de Lima. Los arqueólogos encontraron un esqueleto ataviado de manera magnífica, cubierto por collares y armaduras. Su cráneo reposaba sobre una plancha de oro, llevaba un protector de oro sobre la mandíbula, una nariguera  y otra plancha sobre la frente. Todo ello formaba una especie de máscara mortuoria.

 Bien, ¿cuál es la lección o moraleja de todo esto?

Que 1700 años después de su muerte, la máscara transitoria de oro, que era de quita y pon, y la permanente de su cráneo (pero invisible para todos los que le vieron en vida) son las únicas que todavía se conservan, y son también su rostro imperecedero, mientras que ha desaparecido la máscara permanente, y la única visible en vida, que era su rostro. Lo que parecía definirle como persona se ha mostrado como lo más transitorio.

Y, por otra parte, la máscara mortuoria debe interpretarse como una prueba ante los dioses de que no se trata de un muerto vulgar, cosa que parecería si sólo viesen ante ellos el pelado cráneo del muerto. Esa máscara de oro muestra lo que el soberano quería ser aún después de muerto.


2010

La impermanencia nos define, es una manera nueva de interpretar lo perecedero de nuestra máscara más querida.

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