Lo psicosomático
Breve investigación acerca del pesimismo y el optimismo /8

Vuelvo al tema del optimismo.

Como dije en la primera entrada de esta investigación, parece que  todos los resultados cuantificables hacen que la vida del optimista sea mejor que la del pesimista, incluso en igualdad de estímulos externos. Por regla general, los optimistas viven más y mejor que los pesimistas, lo que es, sin duda, una estupenda razón para ser optimista.

Una de las primeras personas en darse cuenta de la benéfica influencia del optimismo fue Oliva Sabuco de Nantes Barrera, autora de la Nueva filosofía de la naturaleza del hombre, un libro delicioso, escrito en forma de diálogo y publicado en 1587, en el que se anticipa y mejora el dualismo de Descartes, refutándolo.

Su consideración de lo psicosomático (que ella no llamaba así, por supuesto) es anterior a Francis Glisson y Thomas Willis. En fin, hablé de ella en Esklepsis 5 y todavía le debo un ensayo desde hace más de diez años. Quizá pronto pague esa deuda.

Lo psicosomático puede influir en la manera en que una enfermedad evoluciona. En algunos casos puede, no ya causarla (eso quizá en algunos casos, pero no puedo afirmarlo con certeza), pero sí puede favorecer su aparición. Y aquí me permito una aclaración personal.

Tras pasar hace años por una larga enfermedad, me volví bastante quisquilloso respecto a lo psicosomático, por lo que estoy seguro de que mucha gente piensa que no creo que sea un concepto válido. Se equivocan.

Lo que sucede es que lo psicosomático se ha convertido en una manera de explicar sin explicar y muchos recurren a ello con excesiva facilidad, hasta el punto de que casi siempre que un médico te dice que algo es psicosomático lo que te está diciendo es que no tiene ni idea de lo que te pasa.

Otra consecuencia negativa del recurso a lo psicosomático es la tendencia a culpabilizar al enfermo de sus enfermedades, como si fuera alguna especie de defecto moral ponerse enfermo, a la manera de la utopía de Samuel Butler Erewhom, donde se encierra a los enfermos y se manda al hospital a los criminales. De esto habla mucho y muy bien Susan Sontag en La enfermedad y sus metáforas.

Tampoco hay que olvidar que por mucho que influya lo psicosomático en la enfermedad, casi todas las enfermedades precisan de medicinas, entre otras cosas porque las medicinas también pueden modificar el estado de ánimo (y no me refiero a los psicotrópicos, sino incluso a cualquier medicina que ataque a los gérmenes, virus o bacterias).

Mi enfermedad me demostró con bastante claridad y con abundancia de ejemplos que no basta con querer curarse para curarse, es decir, me mostró las limitaciones de nuestra voluntad como medicina. Tampoco comparto un sentir bastante extendido en contra de la medicina llamada despectivamente “convencional”, sino todo lo contrario: creo que nunca como en las últimas décadas la medicina ha alcanzado unos éxitos tan enormes, que están prolongando la vida humana más allá de los límites que hasta hace no mucho se consideraban infranqueables. Y también está dando, a las personas que tienen la suerte de disponer de la medicina moderna, una mejor salud y una vida más sana, de la que han carecido todos los pueblos que seguían o que todavía siguen lo que hoy se conoce como medicinas tradicionales o naturales.

Pero que las medicinas sean necesarias no significa que no influya también el estado de ánimo, como también admite la propia Susan Sontag, y como ella misma demostró, al vivir más de treinta años después de que le diagnosticaran un cáncer incurable y le predijeran de seis meses a un año de vida. No porque Sontag se curase de manera mágica o milagrosa gracias a su buen ánimo, sino porque se negó a aceptar ese dictamen y cambió de médico. Buscó a otros doctores que le sometieron a otros tratamientos. Tenía la suerte de vivir en Estados Unidos y disponer de la mejor y más avanzada medicina en el tratamiento del cáncer. Sin embargo, finalmente murió por otro cáncer, a pesar de que, como cuenta su hijo, hasta el ultimo momento estuvo convencida de que volvería a sobrevivir.

También al paleontólogo Stephen Jay Gould le dijeron algo parecido, pero él consultó los datos  y descubrió que en los extremos de la estadística había personas en su situación que habían vivido 20 años más, así que se dijo que él podía ser uno más de los que compensan la media por arriba. Vivió más o menos veinte años y murió a causa de un cáncer distinto.

Ahora bien, insisto en que toda la voluntad del mundo no basta por sí sola para curarse del cáncer. Tampoco la medicina moderna lo logra siempre, aunque año tras año mejora sus resultados, en gran parte gracias al diagnóstico precoz, y ya se atisba una curación casi total para muchos tipos de cáncer. Recientemente se ha hecho un descubrimiento importantísimo: el cáncer tiene células madre, por lo que no se puede reducir su explicación a un desbordamiento caótico de células.

En definitiva, aunque desde hace mucho tiempo se sabe que el estado de ánimo influye en la salud, muchas personas aplican mal las reglas de la lógica más elemental y afirman alegremente que el estado de salud sólo depende del estado de ánimo o que incluso es creado por el estado de ánimo, como hacen muchos libros de autoayuda y autocuración cuya lectura resulta indignante para cualquier persona informada, y muy peligrosa para quienes siguen esos métodos y desdeñan acudir a los médicos convencionales.

 

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Escrito desde mi lecho de enfermo, sin voz pero con ánimo optimista en un día de junio de 2004.

FIN?

[Publicado por primera vez el 10 de octubre de 2005 en Mundo Flotante]

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NOTA

Erewhom es una novela utópica (o distópica) escrita por Samuel Butler en la que el viajero encuentra una civilización desconocida, tal vez descendiente de aquella misteriosa tribu perdida de Israel. En esa sociedad, como he dicho, se encierra a los enfermos y se hospitaliza a los delincuentes. También han destruido las máquinas y son vegetarianos: en una época llegaron incluso a dejar de comer vegetales y vivir del aire y casi se extinguieron. A ese libro de Samuel Johnson se debe el título de uno de mis weblogs: Erewhom digital.

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  • Estupendo artículo en efecto. Parafraseando la obra de Tono (no recuerdo si con o sin Mihura), diría que tu contraposición medicina científica/medicina alternativa, diría que tu texto no es ni crédulo ni escéptico: es por tanto ponderado… aunque tu sensatez, como no podía ser de otra manera, acabe inclinándose por la razón en detrimento de la fe. A tall d’anècdota diré que me desagrada un poco que des como sinónimos, alternándolos un poco, médico y doctor: me parece un sometimiento innecesario al inglés y encima es cosa de pobres e incultos. Decir “Fui a visitarme y el doctor me dijo…” suena a señora de la limpieza, con perdón y los debidos respetos.

  • Bueno, no había reparado en lo de doctor y médico. De todas maneras, creo que una cosa es el uso de expresiones como “el licenciado Martínez presentó su candidatura”, “el doctor Martínez”, que es común en la América hispana, pero también en Italia y otros países, ya se trate de doctores o licenciados en medicina o en filosofía, por poner un ejemplo, y otra cosa el uso coloquial de doctor/médico, que incluso la Academia de la Lengua considera normal:
    “Doctor,a 4. m. y f. coloq. Médico, aunque no tenga el grado académico de doctor”.
    Si tenemos en cuenta que cuando pedimos hora para un médico, nos dicen siempre: “Le reservo hora con el doctor Mengano a las cinco” y nunca: “Le reservo hora con el médico Mengano a las cinco”, me parece que el deslizamiento entre “médico” y “doctor” en el terreno de la medicina es de lo más razonable e inevitable.

  • Luz María López

    Acertado es que el optimismo, como bien mencionas, obra su parte en la sanación. Sin duda los estados de ánimo actúan como catalíticos. Claro, el alicaído baja los niveles de las hormonas del bienestar que produce su cuerpo y cae en otras condiciones. Innegable es que la mente actúa sobre el cuerpo tanto como el cuerpo sobre la mente. Hoy en día se promueve un sistema holístico de sanación, tomando en cuenta las creencias de las personas, sus historias de vida. Por igual, métodos alternos no “tradicionales” de sanación, como por ejemplo la “imposición de manos” la cual es practicada por enfermeras entrenadas y con licencias en ciertos hospitales en Inglaterra. Las ideas actuales sobre la enfermedad y la curación no ayudan mucho a entender la naturaleza de la enfermedad más allá de los síntomas. El término “enfermedad” posee un significado amplio que incluye no sólo la dolencia específica sino también la percepción de la persona enferma, tanto respecto de sí misma como en sus relaciones inmediatas y su entorno social. Qué bien Daniel, sanaste de tu enfermedad y qué bueno que seas optimista.

    • Hola Luz, sí, sané de mi enfermedad, aunque lo conseguí siguiendo el método de Sontag, visitando a más médicos, en mi caso cambiando de uno a otro hospital (del Ramón y Cajal al Clínico). Creo, al contrario de lo que dices, que las ideas actuales sobre la enfermedad, sí ayudan a entender la naturaleza de la enfermedad, aunque, como es obvio, todavía queda mucho que aprender en el camino que va de una ciencia empírica (como siempre ha sido la medicina) a una ciencia casi deductiva), como están permitiendo algunos avances recientes, por ejemplo, la lectura del ADN y la investigación con células madre. Por otra parte, el llamado holismo no es ajeno a la medicina ni a la ciencia moderna, y no lo es ya desde Aristóteles (yo diría desde Demócrito incluso), pero mucho de lo que hoy en día se presenta como “holismo” es un intento de escapar a cualquier método de validación medianamente fiable o contrastable, vicio casi común a casi todas las llamadas medicinas alternativas. En cuanto a mi optimismo, sí, lo soy sin dudarlo, pero eso no significa que crea que el mundo o el ser humano sean estupendos: más bien pienso lo contrario. Para mí el optimismo es una manera de moverse por el mundo, digamos, pero no una teoría sobre la esencia del mundo. Estoy de acuerdo en lo de la influencia de la mente sobre el cuerpo, a mí me llena de asombro pensar en mover una mano y efectivamente moverla, por ejemplo. Eso sí, mi opinión es que la mente, sea eso lo que sea, es un producto del cuerpo, así que se podría decir en último término que el cuerpo actúa sobre el cuerpo. Vamos, que no creo en ningún tipo de dualismo inexplicado e inexplicable (Dios/ser humano, mente/cuerpo, espíritu/materia…) Saludos!

  • Luz María López

    Hola Daniel. No desestimo para nada los avances de la ciencia y la medicina, son inconmensurables y valiosos. Tomé unos cursos muy interesantes en la universidad: Sistemas folclóricos de sanación v. la medicina moderna y la psicología. Las escuelas de medicina se mantienen en lo empírico. Debe ser así mas hay mucho que se menosprecia que la ciencia muchas termina validando. Respecto a tu comentario, siendo la mente parte del cuerpo, porque en verdad no pensaría que es un ente otro, pues sí, el cuerpo actúa sobre el cuerpo, pero es tanto más complicado que eso. Tu propia mente se apodera de tu cuerpo y a un punto el cuerpo de la mente. Luego redacto una respuesta con algunos puntos a considerar. Aunque quizá termines refutándome, jaja.

  • Luz María López

    Hola Daniel. Mi respuesta ( casi una tesis).

    La ciencia y la medicina han tenido que enmendar tantos errores que han costado no solo vidas sino la agonía de sufrir terribles prejuicios. Por ejemplo, el uso de la talidomina para evitar abortos tenía el resultado de bebés nacidos con terribles malformaciones. El DSM (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) pecaba de no considerar las culturas al hacer diagnósticos de condiciones mentales. Los científicos y teoristas promovieron la desigualdad de género con sus teorías de esencialismo biológico. La falacia de la autoridad daba por sentado que todo eso fuera cierto. Afortunadamente han ido corrigiendo tales horrores. El “síndrome del puertorriqueño”, condición en el listado del DSM, por ejemplo, fue ultimadamente eliminado como caso desorden mental. Sucede que no enterramos a los muertos sin tener ataques de llanto y hasta catarsis que parecieran cosas de “locos.

    La investigación relacionada a la efectividad terapéutica de para-profesionales y profesionales reveló que las personas que no poseen un grado profesional pueden ser tan o más efectivas que los profesionales. Pero claro, no estamos hablando de enfermedades como el cáncer, SIDA, coronarias y otras. Se puede asegurar que un buen santero es capaz de sanar a un alcohólico de por vida, cosa que la psiquiatría apenas logra dada las altas tasas de recaídas. Por eso dicen que un alcohólico jamás se recupera de su adicción. Evidente es que la educación profesional, el adiestramiento y la experiencia no son prerrequisitos necesarios para que una persona pueda ayudar eficazmente, en ciertos casos. Es importante rescatar la dimensión espiritual e interpersonal en la Medicina. Esto implica igualmente consideración hacia las creencias y visión de mundo de todos los envueltos en el proceso. En Puerto Rico, por ejemplo, la educación en las escuelas de medicina está basada en modelos anglosajones ajenos a nuestra cultura. Vale algo de talleres para poder atender a esta población católica y espiritista. Creo que casi todos vamos a la botánica por si acaso igual sirve y encendemos velones para pedirle a otros dioses además del médico mayor y los doctos en medicina. Y eso no está mal, va de la mano de un cierto positivismo u optimismo.

    En la era científica actual existe en los académicos una reserva en cuanto a tratar asuntos controversiales como curaciones por fe o hasta transformaciones espirituales (Helmut, 2007). La fe que posee el paciente de que su enfermedad será curada juega un papel muy importante en su recuperación, mas aunque se ha reconocido por parte de la medicina clásica, la neurobiología y hasta en circunstancias sociales, las curaciones por fe, el estudiar estos temas controversiales puede ser visto de manera negativa y podría inclusive poner en riesgo la carrera académica de quien intente experimentar con variables de este tipo. Se afirma que en la mayoría de las escuelas de medicina se fomenta el trato impersonal a los pacientes y el curandero interior del estudiante se va extinguiendo creándose esta especie de robot que diagnostica y trata solo las enfermedades.

    La antropóloga Joan Koss (2005), encontró que enfermedades como la esquizofrenia, las alucinaciones son vistas como síntomas por la psiquiatría y el espiritismo las interpreta como manifestaciones positivas del mundo espiritual. Esta interpretación, por tanto, puede llevar a un paciente a no buscar la necesaria ayuda de los fármacos para aliviar su condición, lo que podría acarrear consecuencias negativas a la persona afectada. Para que una colaboración entre estos dos sistemas de sanación, tradicional y alterno, sea efectiva se debe tener en cuenta las debilidades y fortalezas de cada una. De este modo lo mejor de dos mundos no sería una simple visión quimérica. Estamos hablando de sanadores y médicos, no de ineptos que abundan tanto en ambos sistemas. Como dices, buscar alternativas que te satisfagan, llenen tus necesidades y expectativas de sanación. Hay un mundo allá fuera al que le cerramos las puertas porque nos han educado en el método científico. Cierto, todo eso requiere de su cautela y buen juicio. Y por supuesto, la consideración mayor es cuál es tu enfermedad. Mientras que la ciencia hace avances que dejan a uno boquiabierto, los sistemas alternos se mantienes inmutables.

    • Hola Luz. Creo que casi todo lo que dices es correcto, que los científicos y la ciencia oficial se han equivocado a menudo y que la credulidad, eso que llamas fe, puede dar buenos resultados en ciertos casos. Las dos cosas son ciertas. La única diferencia importante es que en un caso (la ciencia oficial) es posible ir estableciendo métodos que sirvan para corregir los errores del pasado (lo que no evitará que se sigan cometiendo otros) y para examinar y juzgar a quienes cometan esos errores. Incluso para detectar esos errores. En el otro caso, sanadores, curanderos y demás, pueden seguir ejerciendo sus métodos durante milenios sin que sean jamás contrastados o examinados de manera mínimamente objetiva, aunque (por su acción o más a menudo por su inacción) hayan causado todo tipo de desastres sanitarios. También creo que es mejor, como dices, un trato más personal a los pacientes, aunque no creo que ello se deba tan sólo a diferencias en el método como a asuntos como la masificación y el dinero que se paga. Un sistema universal de salud es una de las grandes conquistas de la civilización, pero es obvio que precisa de mucho dinero, no ya para ser eficiente (que lo es y bastante, al menos en España y al menos hasta los últimos recortes del gobierno) sino para, además, ser amigable. Los tratamientos homeopáticos o las visitas a brujos y curanderos suelen pagarse bastante bien y es razonable que lo compensen con un poco más de dedicación junto a su palabrería habitual. En la Edad Media se curaban multitudes enteras por la imposición de manos de reyes y santos, o al menos eso se creía y se anunciaba aquí y allá. Supongo que al menos unos cuantos se curarían por mera sugestión o le darían menos importancia a sus dolores tras ser tocados por las manos santas de una reina. La mayoría seguiría igual, pero nadie les haría mucho caso. Ahora que ya confiamos muy poco en los reyes y reinas, sin embargo muchos siguen creyendo en sanadores, profetas, homeópatas y cualquier cosa que suene a oriental, alternativo, no-oficial, indígena o tribal. La verdad es que yo no creo en casi nada de eso y la mayor parte de las veces me doy cuenta del truco, pero personas como Steve Jobs, multimillonario y nacido en el país más poderoso de la tierra, prefieren recurrir a esas ideas aunque ello les cueste la vida (como le sucedió a él, según parece). ¿Hay que dejar que la gente siga creyendo y siga siendo engañada porque así se mantiene el efecto placebo? Pues no lo sé, sospecho que no. Por una parte porque el efecto placebo parece que funciona incluso cuando se sabe que es mentira; por otra parte, porque creo que la salud no es como un espectáculo de magia en el que nos lo pasamos bien con el prestidigitador a pesar de que sabemos que es un truco. Creo que es algo más serio y que muchas personas no sólo carecen de los medios para curarse, sino también de la información necesaria para saber que están siendo engañados. Por otra parte, la ciencia no cierra las puertas a nada, excepto a aquello que se niega, por medio de cualquier truco o ardid culturalista, a ser examinado. En eso consiste precisamente el método científico: con todas sus imperfecciones, es tan sólo el mejor medio conocido para poner a prueba nuestros prejuicios, nuestra subjetividad, nuestra credulidad y los métodos de muchos farsantes, y estafadores. Que hay farsantes en la ciencia, por supuesto, pero comparar un mundo de farsantes con un mundo en el que hay farsantes es como decir que la dictadura es tan buena como la democracia porque también en la democracia hay corruptos e injusticia (por supuesto, pero la dictadura es, en sí misma, pura corrupción e injusticia). La ciencia, por poner un ejemplo más que llamativo, acepta y tiene en cuenta que un medicamento compuesto literalmente de “nada” (o de una pastillita de azúcar) tiene efecto. Eso es mucho más revolucionario que la homeopatía, que habla de cantidades infinitesimales e indetectables, no de la pura nada. Pues bien, la ciencia acepta que la nada funciona en ciertos casos: es el efecto placebo. Tampoco está cerrada la ciencia a la posibilidad de que teorías controvertidas acaben formando parte de su corpus, como la acupuntura: simplemente dice que hoy por hoy no hay ningún dato que indique de manera medianamente convincente que la acupuntura funciona. Pero cada año se hacen nuevos experimentos, porque la acupuntura, al contrario que la homeopatía, al menos es contrastable de alguna manera. En realidad, casi todo es contrastable si hay causas y supuestos efectos, como una enfermedad y su curación, y quienes dicen lo contrario tan sólo recurren a maniobras de distracción y manipulación para montar una muralla en torno a sus fábulas. Lo malo no son ellos, yo siempre he sentido cierta simpatía por mí algunos farsantes y sinverguenzas (como Helena Blavatsky, Casanova o Gurdjieff), sino que haya tanta gente medianamente bien informada que, en vez de reírse de sus farsas, se las crea de manera acrítica.

  • .

    Gracias por escribir este artículo, Daniel.Hace falta comentar estas cosas que suceden a muchas personas . El no poder dar un diagnóstico claro lleva a muchos médicos a acudir a que una enfermedad está producida por una depresión o que es cosa de nervios.Eso lleva al paciente a la duda . A desconfiar de la medicína y de los médicos .Y perder la confianza en ellos creo que es lo peor para un enfermo pues la desvalidez es total.Yo lo pasé. Pero insistí con la medicina covencional.Y tardó , pero apareció la causa . Y me curé.
    Fuí de médico a médico y fuí por desesperacion a medicinas alternativas , dolor crónico , curanderos…………………………….. Todo efecto tiene una causa. Y si algo duele es que algo hay. Se puede dudar de todo, pero de lo que no hay duda es que con la desesperación de enfermos y familiares no se debe jugar. Y se hace. Y se hace con enfermos terminales.Creo, como bien expones, que la medícina cientifica es la que hasta ahora más enfermos ha curado y más vidas ha prolongado.
    Que la psiquis ayuda a mejorar y a empeorar el estado de ánimo y que podemos enfermarmos nosotros mismos, es verdad. El ultimo paso para certificar una defuncion es la descerebrización. La actividad cerebral es el indicador último de vida.
    El placebo puede que distraiga el dolor ó la enfermedad, pero nó cura.
    La sanidad pública cada vez vá a tener más problemas para atender a las personas en condiciones.Esto puede ser un coladero para tantos magos que hay por este mundo.Si hace 8 años las urgencias del Clínico de Madrid atendia a 600 personas diarias, y se quitan medios es cuando tendremos que creer en el placebo cómo cura por necesidad.

    l

  • Luz María López

    Gracias por tus respuestas Daniel. Volviendo al tema de las manos, porque mencionas eso del supuesto don conferido por Dios, te cuento: estoy segura que la mano de un rey jamás me sanaría, muy por el contario, mas la de un hombre muy cerquita a mi corazón sí, al menos por un rato. Queda algo de eso, ¿verdad? Los fieles buscan al Papa de Roma para que le pase su bendita mano. Como mencioné previamente, en varios hospitales de Inglaterra hacen uso de la imposición de manos como remedio paliativo. Lo que no dije: los niveles de energía impartidos y recibidos han sido registrados usando la tecnología de tomografía de emisión de positrones (PET), por eso de cuantificarlo y evidenciarlo. Claro que no sustituye ningún tratamiento ni medicamento, solo es otro remedio más con efectos positivos, siempre. Nosotros los humanos, hasta los animales, usamos la imposición de manos todo el tiempo. Por eso le pasamos la mano al enfermo, al afligido, al que amamos. Es un acto hasta instintivo. Siempre que no sea mal recibido, es tangible tanto para el que recibe como para el que lo imparte. Lo traigo a colación porque no es un método tradicional de sanación mas ahora está siendo re-evaluado y valorado como terapia alterna. Así que los santeros y espiritistas no estaban tan delirados con eso de sus sobos mágicos. Ahora los pagas en un hospital o SPA y cuestan mucho más. Desviándome del asunto, porque justo lo recuerdo ahora, en la biblia hay un curioso escrito que dice que Dios delega su poder en los médicos, con la abierta amenaza colgando de un hilo que dice que mejor que les temas o te las verás con Él. Tan pronto lo encuentre lo comparto.

  • Hola de nuevo Luz, la verdad es que con esto podemos ir saltando de un tema a otro, porque las terapias alternativas no tienen fin, de hecho, la única condición es encontrar algo que no esté admitido por la medicina oficial y que no obligue a hacer una carrera académica de cinco o más años. Si la ciencia oficial aceptase la acupuntura, los alternativos dejarían de practicarla, entre otras cosas porque seguramente no aprobarían los exámenes elementales una vez que la técnica entrase en un camino más o menos seguro de ensayos y pruebas fiables.
    Tocar a alguien, acariciarle, masajearle, es evidente que tiene efectos beneficiosos, entre ellos algunos psicológicos evidentes, como aliviar la sensación de dolor: al parecer sucede porque estimulamos fibras nerviosas que pueden inhibir la trasmisión del impulso doloroso. Creo que se llama “inhibición lateral” y es conocido desde hace mucho tiempo, por ejemplo por Descartes. A mí me ha aliviado ligeramente durante mi cólico nefrítico de este fin de semana, aunque ha sido mucho mejor expulsar la piedra, claro.
    Pero otra cosa es eso que llaman “imposición de manos”, “reiki” y cosas semejantes, que no se limitan a la inhibición lateral (parece que eso no suena lo suficientemente comercial) sino que proponen todo tipo de extravagancias. Podría extenderme en este tema, pero la verdad es que cada vez me gusta menos perder tiempo en desmontar las infinitas fábulas de la credulidad desatada. Si se ha usado la imposición de manos en “hospitales de Inglaterra” y se han medido sus efectos con “tomografía de positrones”, pues estupendo. Ya nos acabaremos enterando de ello, como de los otros descubrimientos científicos, y los alternativos dejarán de usarlo y buscarán el “contagio soul to soul” o algo parecido, pero me temo que sucederá como en todas las veces anteriores: los estudios serán de baja calidad o directamente un fraude y/o las conclusiones no serán las que sus fans proclaman. Cabe incluso la posibilidad de que el hospital ni siquiera exista o se llame algo así como “Hospital Bedlam para Terapias Alternativas”. He buscado un poco y no he encontrado nada, excepto un informe que dice que según un estudio los efectos son significativamente indistinguibles del efecto placebo.
    Lo que a mí me resulta más llamativo es que tantas personas sientan esa especie de fascinación por reikis, imposiciones, homeopatías, acupunturas y similares, que un día le curaron una pequeña dolencia o la de un primo suyo, y no la sientan por tratamientos médicos que les han curado varias o muchas veces a ellos y a cuantos les rodean. En las tiendas de santería deberían vender estatuas de médicos con su característica bata y con termómetros y fonendoscopios, para adorarlos en altares llenos de incienso.
    En fin, que este no es uno de mis temas favoritos, yo no soy nada polemista (lo era hace tiempo) y la verdad es que me gusta aplicar el libre vuelo del pensamiento y la subjetividad a otros asuntos, como la mitología, y el esfuerzo intelectual sereno también a otros, como los descubrimientos científicos, la arqueología o la historia. Pero gastar demasiada energía en algo que al fin y al cabo lo único que propone es creer en cualquier cosa simplemente porque choca con lo establecido, que intenta huir de la realidad sea como sea, que desprecia la ciencia y la razón y que además emplea argumentos capciosos para esquivar un debate racional, pues no. No digo todo esto por ti, Luz, sino porque llevo ya demasiados años con este tema de lo mágico/alternativo/tradicional, que tarda en pasar de moda, y además he llegado a la conclusión de que es un esfuerzo inútil. Pero seguro que pasará de moda, como pasó la moda de explicarlo todo por la economía (por el marxismo-leninismo, que también era insufrible y propio de crédulos que tenían verdaderas baterías de argumentos que servían para cualquier situación imaginable), o como ha pasado en casi todo el mundo la moda del psicoanálisis simplista.

  • Luz María López

    (UNA RESPUESTA CORTA) Confieso que no veo espiritistas, ni santeros, apenas algún médico. Gracias por tus respuestas Daniel, muy atento. Mas voy a pasarte la información que no encuentras y lo que dice la biblia que Dios nos dice sobre los médicos. Algo así: el que no respete la autoridad del médico (conferida por Dios mismo) se las verá con Él. Pues ni dudarlo, ¿verdad? Te dejo un abrazo.