Los polémicos discursos de Tucídides

|| Tucídides y la democracia /19

No he encontrado ningún parentesco entre Moses Finley y John H. Finley Jr., a pesar de que muchos de sus libros tratan de los mismos o similares temas

J.H Finley Jr. (que tal vez es pariente de Moses Finley) opina que los discursos de Tucídides no son en modo alguno anacrónicos, en contra de la opinión de otros historiadores.

Esta polémica acerca de la veracidad de los discursos se basa fundamentalmente en cuestiones filológicas y de estilo, por lo que no voy a examinarla, ya que carezco de conocimientos mínimos en tales cuestiones. Sólo diré que supongo que Finley Jr. basa su defensa de los discursos en su comparación con los discursos de los sofistas, especialmente de Gorgias, que habían familiarizado a los oradores y a los oyentes con un tipo de discurso similar a muchos de los que recoge Tucídides, que van desde la argumentación llamada sofística (capaz de hallar razones convincentes para cualquier opinión) a la exposición cruda de las razones que mueven a los hombres y a los Estados (el poder, la fuerza, etc.). [1]Sobre el uso de estos argumentos por los atenienses, ver la Conclusión.

También se ha señalado el uso exagerado por parte de Tucídides de los dissoi logoi (que supongo que significa algo así como ‘lugares comunes’) al hacer hablar a personajes muy diversos:

“¿Es imaginable que mientras Nicias, en su discurso del libro IV, intenta disuadir a Atenas de la expedición a Siracusa, un siracusano, en Sicilia, use los mismos argumentos y casi con las mismas palabras?” [2](Alsina, 45).

En cualquier caso, el uso que hace Tucídides de los discursos ha sido una de las razones que ha cuestionado la supuesta objetividad del historiador:

“Grosskinsky dice que cuando habla Pericles, es de hecho Tucídides quien pone en sus labios gran parte de sus propias ideas. La famosa objetividad del historiador empieza a tambalearse” [3](Alsina, 111).

Los dissoi logoi no son “lugares comunes” como aventuré entonces, sino más bien”dobles razonamientos”,  ejercicios dialécticos o retóricos, en los que quien argumenta debe hacer el ejercicio de situarse en el lugar de su oponente. Aunque son de autor anónimo, también se le atribuyen a Protágoras de Abder o a su escuela.

Se ha insistido en muchos aspectos de los discursos que resultan bastante problemáticos: por ejemplo, el uso de interlocutores anónimos, los discursos de un grupo de personas, o las síntesis que en ocasiones hace Tucídides de varios discursos en uno solo.

Por otra parte, M.I.Finley, el más respetado de todos los historiadores griegos, también dice que es fácil demostrar que Tucídides tergiversó a sabiendas la célebre reunión de la asamblea ateniense  en la que se debatió acerca de Mitiline en el libro III. [4](ver “Tucídides el moralista”, en Aspectos de la Antigüedad, 74).

En cuanto a Momigliano, compara la similitud entre todos los discursos tucídideos con la riqueza de matices con la que Platón hace hablar a cada interlocutor, y concluye que Tucídides no evita el error de una historia psicologista, como algunos han dicho, sino que “se encuentra bajo este error”, y que cae en la deformación histórica al usar a los personajes, muchos de ellos anónimos, para hilar y dar coherencia a su historia.

Mi opinión personal es que es inevitable hasta cierto punto que todos los discursos se parezcan, dado que no son transcripciones directas, sino reconstrucciones a partir de testimonios diversos (como reconoce el propio Tucídides). Creo también que el grado de fiabilidad de los discursos varía según quien los pronuncie. Me parece, por ejemplo, que en los discursos de Pericles se deben de conservar cosas que sin duda dijo Pericles, e incluso rasgos de su estilo. Por contra, pienso que los discursos anónimos, la selección misma de los discursos, la reconstrucción de discursos no escuchados por el propio historiador y el deseo de hacer de los discursos algo coherente más allá de la fragmentación inevitable de los diversos testimonios, hace que los discursos se conviertan en una poderosísima arma ideológica en manos de Tucídides. Creo que habría sido una maravilla leer las transcripciones literales de discursos de la época, pero me parece que los discursos que nos transmite Tucídides nos obligan a ser muy prudentes y que a menudo, más que explicar los hechos, los enmascaran. Considero, finalmente, que los discursos tienen una importancia desmesurada en la obra de Tucídides y que dirigen al lector a dónde Tucídides le quiere llevar. De esto se hablará en el siguiente apartado, pero también en Lectura de Tucídides.

Continuará…


[Escrito hacia 1991. El texto en otro color ha sido añadido en 2017]

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