Maravillas de la red

Voy al cine al menos una vez a la semana, pero pocas veces a estrenos, porque no me interesa casi nada lo que se hace en Hollywood, así que prefiero la Filmoteca, que me sale mucho más barata y está al lado de mi casa.

En los últimos años he descubierto que me gusta más escuchar los libros que leerlos, así que convierto los textos en audio con un lector automático que tiene una buena voz. Creo que ahora leo (o escucho) más que antes y se podría decir que he vuelto a la cultura oral gracias a la tecnología. Apenas compro libros nuevos, en parte porque ya no tengo dónde meterlos, excepto si se relacionan con el mundo asiático o son difíciles de encontrar en Internet, donde puedo acceder a inmensas bibliotecas, clásicas o modernas, en cualquier idioma, con libros que ni siquiera están en la Biblioteca Nacional.

 

Me gustan muchas series de televisión, como The Wire, Los Soprano, Mad Men, Downton Abbey, pero no las de la televisión convencional. Consigo esas series a través de Internet. Escucho también más música que nunca y descubro cada día rarezas y maravillas gracias a la red mundial.

En definitiva, estoy muy contento porhaber podido disfrutar del mundo digital, que pone al alcance de cualquier persona casi toda la cultura universal, siempre que se sepa buscar. Por eso cada vez contribuyo con más dinero a páginas de Internet que me parecen interesantes, desde la Wikipedia a una biblioteca digital que aloja clásicos anglosajones o grecolatinos, desde una página de cine japonés de los años 60 hasta el blog personal de un autor que sube gratis artículos y ensayos a Internet.

Me preguntaron en la revista El Ciervo acerca de mis hábitos culturales y en especial en la red. Mi respuesta, junto a las de otras personas, se publicaron en el número 721, en abril de 2011.

 

 

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