Metáforas del cuenco

cuencolleno

Existe una comparación interesante de la mente con un cuenco en aquella historia de un profesor occidental que visitó a un maestro zen. El maestro le sirvió té y no dejó de hacerlo aunque la taza ya desbordaba. Al quejarse el profesor, el maestro le dijo: “Su mente es como esta taza: no puede aprender algo nuevo porque está demasiado llena de ideas”.

En el Gaudapada Gita también se hace una muy interesante comparación entre el Sí mismo o Atman y un cuenco:

“Del Sí mismo se habla como existiendo en almas individuales de la misma manera que el espacio existe dentro de un cuenco. Su existencia en las cosas compuestas es como el espacio en los cuencos.

Cuando el cuenco es hecho añicos, el espacio-cuenco se funde totalmente con el Espacio —de la misma manera, las almas se sumergen en el Sí mismo.

Cuando la porción de espacio en un cuenco es contaminado por polvo, humo, etc. Las porciones de espacio dentro de otros cuencos no son afectados. —lo mismo en el caso de las almas en lo que toca a la felicidad, la miseria, etc.

Las formas, los propósitos y los nombres difieren uno de otro, pero el Espacio mismo es homogéneo. La misma conclusión debe ser extraída en el caso de las almas.

El espacio del cuenco no es ni un producto ni una parte del Espacio. El alma no es ni un producto ni una parte del Sí mismo”.

Es una metáfora verdaderamente interesante, sobre todo por la manera en la que es desarrollada, aunque su interpretación exacta no es fácil de determinar.

Podríamos decir que lo que se dice es que existe algo así como un Alma universal o Brahman (el espacio, incluido el de los cuencos) que se extiende por todo el universo, pero que es recogida de diferente manera según la encarnadura, alma particular o Atman (el cuenco). De este modo, aunque todas las almas particulares comparten lo brahman o lo universal, cada una de ellas tiene algo particular (polvo, humo en cada cuenco, agua que se derrama) que no comparten las otras. Es una metáfora rica en consecuencias también psicológicas: compartimos mucho con los demás, pero no todo: cada uno tiene sus particularidades, aunque esas particularidades se expresen de una manera inevitablemente semejante (a través del espacio de nuestra sensibilidad o inteligencia). Podría ser incluso una respuesta al solipsismo, la creencia de que sólo existe mi propia mente: en cierto modo sí (cada cuenco), pero en cierto modo no (el espacio compartido por todos los cuencos). Y también se podría relacionar con la teoría de las mónadas de Leibniz, almas atómicas, cada una con su perspectiva diferente de un mismo universo.

La metáfora también ofrece alguna interpretación sociológica interesante.

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He hablado de la otra metáfora del cuenco en Cuenco lleno

[Publicado por primera vez el 5 de diciembre de 2007]

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